Skip to main content

Full text of "El Primitivo Obispado del Tucumán y la Iglesia de Salta"

See other formats


Google 



This is a digital copy of a book that was prcscrvod for gcncrations on library shclvcs bcforc it was carcfully scannod by Google as parí of a projcct 

to make the world's books discoverablc onlinc. 

It has survived long enough for the copyright to expire and the book to enter the public domain. A public domain book is one that was never subject 

to copyright or whose legal copyright term has expired. Whether a book is in the public domain may vary country to country. Public domain books 

are our gateways to the past, representing a wealth of history, culture and knowledge that's often difficult to discover. 

Marks, notations and other maiginalia present in the original volume will appear in this file - a reminder of this book's long journcy from the 

publisher to a library and finally to you. 

Usage guidelines 

Google is proud to partner with libraries to digitize public domain materials and make them widely accessible. Public domain books belong to the 
public and we are merely their custodians. Nevertheless, this work is expensive, so in order to keep providing this resource, we have taken steps to 
prcvcnt abuse by commercial parties, including placing lechnical restrictions on automated querying. 
We also ask that you: 

+ Make non-commercial use of the files We designed Google Book Search for use by individuáis, and we request that you use these files for 
personal, non-commercial purposes. 

+ Refrainfivm automated querying Do nol send automated queries of any sort to Google's system: If you are conducting research on machine 
translation, optical character recognition or other áreas where access to a laige amount of text is helpful, picase contact us. We encouragc the 
use of public domain materials for these purposes and may be able to help. 

+ Maintain attributionTht GoogXt "watermark" you see on each file is essential for informingpcoplcabout this projcct and hclping them find 
additional materials through Google Book Search. Please do not remove it. 

+ Keep it legal Whatever your use, remember that you are lesponsible for ensuring that what you are doing is legal. Do not assume that just 
because we believe a book is in the public domain for users in the United States, that the work is also in the public domain for users in other 
countries. Whether a book is still in copyright varies from country to country, and we can'l offer guidance on whether any specific use of 
any specific book is allowed. Please do not assume that a book's appearance in Google Book Search means it can be used in any manner 
anywhere in the world. Copyright infringement liabili^ can be quite severe. 

About Google Book Search 

Google's mission is to organizc the world's information and to make it univcrsally accessible and uscful. Google Book Search hclps rcadcrs 
discover the world's books while hclping authors and publishers rcach ncw audicnccs. You can search through the full icxi of this book on the web 

at |http: //books. google .com/l 



Google 



Acerca de este libro 

Esta es una copia digital de un libro que, durante generaciones, se ha conservado en las estanterías de una biblioteca, hasta que Google ha decidido 

cscancarlo como parte de un proyecto que pretende que sea posible descubrir en línea libros de todo el mundo. 

Ha sobrevivido tantos años como para que los derechos de autor hayan expirado y el libro pase a ser de dominio público. El que un libro sea de 

dominio público significa que nunca ha estado protegido por derechos de autor, o bien que el período legal de estos derechos ya ha expirado. Es 

posible que una misma obra sea de dominio público en unos países y, sin embaigo, no lo sea en otros. Los libros de dominio público son nuestras 

puertas hacia el pasado, suponen un patrimonio histórico, cultural y de conocimientos que, a menudo, resulta difícil de descubrir. 

Todas las anotaciones, marcas y otras señales en los márgenes que estén presentes en el volumen original aparecerán también en este archivo como 

tesümonio del laigo viaje que el libro ha recorrido desde el editor hasta la biblioteca y, finalmente, hasta usted. 

Normas de uso 

Google se enorgullece de poder colaborar con distintas bibliotecas para digitalizar los materiales de dominio público a fin de hacerlos accesibles 
a todo el mundo. Los libros de dominio público son patrimonio de todos, nosotros somos sus humildes guardianes. No obstante, se trata de un 
trabajo caro. Por este motivo, y para poder ofrecer este recurso, hemos tomado medidas para evitar que se produzca un abuso por parte de terceros 
con fines comerciales, y hemos incluido restricciones técnicas sobre las solicitudes automatizadas. 
Asimismo, le pedimos que: 

+ Haga un uso exclusivamente no comercial de estos archivos Hemos diseñado la Búsqueda de libros de Google para el uso de particulares: 
como tal, le pedimos que utilice estos archivos con fines personales, y no comerciales. 

+ No envíe solicitudes automatizadas Por favor, no envíe solicitudes automatizadas de ningún tipo al sistema de Google. Si está llevando a 
cabo una investigación sobre traducción automática, reconocimiento óptico de caracteres u otros campos para los que resulte útil disfrutar 
de acceso a una gran cantidad de texto, por favor, envíenos un mensaje. Fomentamos el uso de materiales de dominio público con estos 
propósitos y seguro que podremos ayudarle. 

+ Conserve la atribución La filigrana de Google que verá en todos los archivos es fundamental para informar a los usuarios sobre este proyecto 
y ayudarles a encontrar materiales adicionales en la Búsqueda de libros de Google. Por favor, no la elimine. 

+ Manténgase siempre dentro de la legalidad Sea cual sea el uso que haga de estos materiales, recuerde que es responsable de asegurarse de 
que todo lo que hace es legal. No dé por sentado que, por el hecho de que una obra se considere de dominio público para los usuarios de 
los Estados Unidos, lo será también para los usuarios de otros países. La l^islación sobre derechos de autor varía de un país a otro, y no 
podemos facilitar información sobre si está permitido un uso específico de algún libro. Por favor, no suponga que la aparición de un libro en 
nuestro programa significa que se puede utilizar de igual manera en todo el mundo. La responsabilidad ante la infracción de los derechos de 
autor puede ser muy grave. 

Acerca de la Búsqueda de libros de Google 



El objetivo de Google consiste en organizar información procedente de todo el mundo y hacerla accesible y útil de forma universal. El programa de 
Búsqueda de libros de Google ayuda a los lectores a descubrir los libros de todo el mundo a la vez que ayuda a autores y editores a llegar a nuevas 
audiencias. Podrá realizar búsquedas en el texto completo de este libro en la web, en la página |http : / /books . google . com| 






-^' 







- 1> 













. < 



.H' 






V' 



■o- ,.* - , : : , 






'. f*K ''j 



t . 



>:!■ 



V, *^ 



>Í-'A 



. -r 'i ' ~» 






> ",■' 



.♦-•V» 



HARVARD 
COLLEGE 
LIBRARY 




t'-v 



■,r . 



BOUGHT WrTH THE INC»ME OF THE 

TOHN L. WARREN FUND 






*. 






.4»''^ 



-«■' t^^' 



.. : j^^'^^.<í- í« 



.vjr^^M 



.■i^.* 






*J< 



•1. 



1.-M 



rs 






v. ^-t- 



23 



''-.▼<;■ 

^V..' 



.?-í^'.'' 



^«^MtVWWTO.'SRI^X ^^ 



•"i 



fev;- • ■ ■.,»1 ■■«.-'I 



^*7T>., -•,-^>-^. ,V/''^'^ »,-•%•;.▼ ;^' 



f^-'^'^ 




v-ft^ 






^-'^ 



:í¿^'': 



* <( 



^l^w».^ 



— - ^» í 






^• 



■> 



-r z' 




. r- 



<; 'j,, *, , ,.v--'^ 






>A 



' N » 1 



.<r 




(t*-t-^ ^ $ 



A.^L<-.^ ^^^^'^'^ ■ 






ESTUDIOS HISTÓRICOS 



;. 



EL PRIMITIVO OBISPADO DEL TÜCÜMAN 



. X 



\ 



LA IGLESIA DE SALTA 



POR 



J. TOSCANO 

Yieftrio GeiMral de la Diócesis de Salta 



TOMO I 



BUBNOS AIRES 



IMPRBHTA DE M, BIBDMA t HIJO 

BOLÍVAR 535 

1907. 



— ■* 




^, /) , <^»^ ¿ftrvuL 'U^ 








^ ^:^^^ 



ESTUDIOS HISTÓRICOS 



< 



INTRODUCCIÓN 



Los estudios históricos llevan un sello de sinn- 
patía, no sé. si porque la verdad histórica tiene de 
suyo formas atrayentes para el lector, ó porque ellos 
constituyen un recuerdo de lejanas edades con sus 
hechos peculiares y heroicos que dejan no pocas 
enseñanzas y acoso no poco que admirar. 

Escribimos estas páginas recogiendo fragmentos 
de viejos papeles y las noticias concernientes al 
Obispado de Salta, deseosos de conservar aquellos 
restos ne pereant y la memoria de tantos hechos 
dignos de la historia que deben perdurar in mo 
numentum para los tiempos venideros. Debemos 
internarnos en el seno de cuatro centurias, cuyo 
punto de arranque se remonta á los primeros dias 
de la invención de América para descender á los 
orígenes del vasto y primitivo Obispado del Tucu- 
mán^ y luego particularizarnos con el de Salta^ 
objeto principal de este trabajo. 
' En nuestras investigaciones históricas tocamos 
de paso otros asuntos que, por el engranaje de los 
hechos, tienen alguna relación con las materias de 
que nos ocupamos, las cuales pueden resumirse en 



— 6 — 

los siguientes conceptos: la Iglesia de Salta en las 
múltiples fases que desempeñó ya como parte in- 
tegrante de aquel extenso obispado, al cual fué 
incorporada desde su primera época, ya como dió- 
cesis independiente, segregada por la conveniencia 
de los intereses religiosos de la misma. 

Los puntos que nos sirven de fundamento hemos 
ido á buscarlos en los viejos legajos del archivo 
del obispado, muy deficientes y truncos la mayor 
parte, con inmensas lagunas que hemos debido 
llenar con el examen de otros documentos; quedan, 
sin embargo, no pocas aun, especialmente de la 
primera y segunda épocas, que apagan todo rayo 
de luz, con cuya claridad hubiésemos podido pene- 
trar más á lo íntimo en las etapas de su desenvol- 
vimiento, y conocer el mecanismo de los esfuerzos 
con que contribuyó al impulso de la civilización de 
la sociedad en cuyo seno ha derramado la semilla 
del progreso y ha hecho sentir el espíritu fecundo 
de su misión civilizadora. 

No obstante, las noticias recogidas suministran, 
en parte, lo conveniente para exteriorizar su acción, 
ya se la considere como consecuencia de la insti- 
tución misma en la organización perfecta de su 
gobierno bajo el régimen de sus celosos pastores, 
ó en la difusión de la enseñanza de la fé y doc- 
trina cristianas bajo la acción heroica de labor del 
infatigable misionero, ó en los cuidados que la re- 
ligión y las costumbres de los pueblos demandan 
<5omo base de su florescencia y estabilidad. 

Este es el espíritu de la Iglesia católica en la mi- 



— 7 



sión divina que desempeña en su larga carrera á 
través de los siglos: desarrollar los gérmenes fe- 
cundos del bien en todas las latitudes de la tierra, 
guiar á la sociedad por el mejor de los caminos 
diseñados en las sencillas y santas máximas del 
Evangelio por su divino fundador Jesucristo, y lu- 
char con el error, combatiéndolo bajo cualquiera 
forma que aparezca, en defensa de los intereses 
bien entendidos de la misma sociedad. 

La Iglesia de Salta al constituirse llevó á la prác- 
tica estos principios fundamentales^ que han venido 
é ser el principal factor de su obra al formar nue- 
vas sociedades por el arraigamiento de la fé de 
Jesucristo, por la doctrina católica que civiliza los 
pueblos y les imprime el carácter de libertad que 
los distingue. 

De este modo se ha desenvuelto la Iglesia de 
Salta en su vida, allá en sus primeras horas, cuan- 
do el desierto la rodeaba por todas partes, se ex- 
tendía en dilatadas llanuras, en tupidos é impene- 
trables bosques, y había que salvar momentos di- 
fíciles, poniendo á prueba la intrepidez y el valor 
altivo del heroico misionero, y mil otras dificulta- 
des propias de la vida humana. 

El conjunto de estos hechos historiados á grandes 
rasgos, denominamos: «El Primitivo Obispado del 
Tucumán y la Iglesia de Salta», título con que 
aparecen estas páginas. 

Quedan muchos otros documentos, aun inéditos, 
que hemos podido añadir; pero tratando sobre ma- 
terias administrativas ya conocidas, aunque difie- 



— 8 - 

len en la forma, habríamos recargado demasiado 
la lectura, por cuya razón hemos optado |)or no 
insertarlos. Esta misma causa nos ha hecho parcos 
en nuestras consideraciones y comentarios para evi- 
tar su pesadez. 

Explayar con holgura los asuntos y materias 
tratados habríamos dado triple extensión á nuestro 
trabajo y salido de la órbita que nos propusimos. 
Sin embargo, en lo que queda escrito no pretende- 
mos haber hecho una obra completai tanto más, si 
se tiene en cuenta que solo hemos consultado el 
Archivo del Obispado de Salta; habremos aportado, 
por lo menos, un grano de arena para la formación 
(ie la historia eclesiástica de toda la región del 
antiguo Tucumán. 

Puede no encontrarse novedad en el raciocinio 
ni en la manera de presentar los hechos, pero nos 
queda la satisfacción de haber levantado el velo 
que cubre la historia de un pasado para hacerla 
accesible á la ilustrada consideración del lector. 



CAPÍTULO I. 



Ideas generales sobre los primeros orígenes del Tucnmán. 



Sumario:— Mérito de la obra de Colón— Grandeza que reviste 
el descubrimiento de América— Misión providencial— 
Cuadros que ofrece su historia— Su posición— Pano- 
ramas— Contrastes con las bellezas de la naturaleza- 
Deseos y aspiraciones— El Papa y la obra de Colón— 

w Festejos públicos— Motivos de regocijo del Papa— Su 

carácter de Pastor y Vicario de Jesucristo— Mandato 
de Jesucristo— La predicación del Evangelio— Sentir 
de los Apóstoles— Deber de. los Pontífices— Encargo á 
los Reyes de España— Derechos de Jesucristo— Poder 
de los Papas— Medios para llenar su misión —Consi- 

í deración del asunto— Bula de Alejandro VI ínter cce- 

] /era— Demarcación imaginaria — Error acerca de la 

infalibilidad— El liberalismo y su ignorancia— Deduc- 
ciones de la Bula— Opiniones de los escritores rega- 
listas— El Vicariato Apostólico de los Reyes - Institu- 
ción de Vicarios— Ideas del Dr. Velez Sarsfield— Sus 
propósitos — Concesión del derecho de patronato— 
Falta de concordancia con las instituciones republica- 
nas—Fórmula para legalizarlo— Lo que es el patronato 

U —Sus consecuencias y doctrina— La consulta de la 

Junta de 1810— Confusión de ideas— La soberanía de 
los Reyes y la soberanía de la República -Respuesta 
del Dean Funes— Tesis acerca del origen del patronato 



— 10 — 

—Causas para adquirirlo— Caracteres del patronato— 
Contradicción con los cánones— Nulidad de los carac- 
teres—Inherencia al estado— La Junta puede suplir al 
Rey por razón de la necesidad de un gobierno— Obli- 
gaciones de los gobiernos con la religión— Falta de 
necesidad para ejercer el patronato y el riesgo de 
usar de un derecho no deslindado— Los Presidentes 
podrían considerarse Vicarios Apostólicos— El Derecho 
Público Eclesiástico del Dr. Velez Sarsfield— Conclu- 
siones del capítulo II— Suposiciones erróneas- Espíritu 
y letra de la Bula ínter c?a?/erfl— Trascripción trunca 
—Nombramiento del P. Boil— Palabras de López Go- 
mara—Aseveración del Dr. Velez —Opinión inaceptable 
—Palabras de la Bula— El Dr. Qordillo contra la opi- 
nión del Dr. Velez sobre el mismo asunto— Funda- 
mentos de su argumentación que apoyan la opinión 
del Dr. Qordillo— Prerogativa ficticia— La conquista- 
Ordenes Religiosas que vinieron al Tucuman— Juicio 
del Dr. Velez sobre los trabajos del misionero— Pro- 
gresos de la religión— Las ciudades y sus fundadores- 
Erección de templos y hospitales— Acción bienhechora 
de los Obispos— Circunscripciones eclesiásticas— Crea- 
ción de Arzobispados y diócesis —Antigüedad del Obis- 
pado del Paraguay y Tucumán— Diócesis sufragáneas 
del Metropolitano de Lima Territorios dilatados de 
cada obispado — Dificultades y realización de la obra 
encomendada á los obispos. 



La obra inmortal de Colón ha sido laureada con 
el hermoso título de «Nuevo Mundo»: este es el me- 
jor elogio de tan magna empresa que levanta el 
ideal perseverante de aquel gran hombre. Su des- 
cubrimiento es la obra de un genio iluminado por la 
fe y por la ciencia. Nadie sino Colón ha podido 
poner á prueba las teorias de una convicción 
universalmente combatida, audaz para la inte 
ligencia humana, obscura para la ciencia y peregrina 



• li- 
ante la opinión pública, que crecía y se agigantaba 
á medida que la oscuridad, la zozobra y el desa- 
liento se desencadenaban en su derredor. 

Sin advertirlo, quizás, el intrépido navegante de- 
sempeña una misión providencÍ8|.l, apoyado en su fe 
cristiana por un lado y en las deducciones de la 
ciencia conjetural por otro, que le dieron tenaz 
constancia hasta llegar al supremo desiderátum de 
sus anhelos. 

La historia de América, en su descubrimiento y 
conquista, está realzada por los cuadros más hermo- 
sos dibujados por la religión y la ciencia, por el 
valor y el espíritu inquebrantables de los que em- 
prendieron tan magna obra. Con el descubrimiento 
comienza á desarrollarse el gran lienzo que más 
tarde ha de presentar ante la consideración pública 
las pinceladas y toques de primorosos matices en 
el fondo, representado por hechos y acontecimien- 
tos que se desenvuelven en el nuevo continente 
americano Cada uno de esos cuadros, cada página 
de esos hechos encierran |)reciosas leyendas que 
dominan y levantan el espíritu, sin dejar que admi- 
rar más, si lo inquebrantable del carácter varonil 
de los hijos de la clásica Iberia ó el espíritu de fe 
arraigado y profundo en el ánimo invicto de raza 
tan esclarecida. 

Acariciada la tierra americana por las frescas 
auras de dos océanos que lamen sus ricas y ex- 
tensas costas, se levanta de sus bordes erguida la 
cabeza, ataviada con la belleza encantadora de sus 
selvas y con su sol que bruñe las nevadas cimas 



— 12 - 

de sus gigantescas montañas. Las primeras ráfagas 
de luz doran el horizonte, y las últimas vislumbres 
se extienden como rayos de fuego por el occidente 
sobre las caprichosas nubes* del azulado cielo para 
colorear los hermpsos celajes que allí se forman, 
contrastando con la belleza de los paisajes diseña- 
dos por la naturaleza virgen del Nuevo Mundo. 

El tesoro descubierto por Colón despertó, como 
es natural, en unos la avidez del aventurero, en 
otros la explanación de los secretos de las ciencias, 
primando el interés de la civilización y conversión 
de la raza americana á la religión católica en el 
ánimo de los pontífíces de la Iglesia y en el de los 
monarcas de España, Fernando é Isabel la Católica, 
como en los demás reyes que les sucedieron en un 
período de más de tres siglos. 

Los papas dieron su verdadero mérito á la obra 
de Colón, desde Alejandro VI, que celebró en Roma 
con extraordinarios regocijos y festejos públicos la 
noticia recibida del descubrimiento de América, por- 
que, decía, los romanos con todo su poder nunca 
llegaron á ser descubridores de un continente. Los 
regocijos pudieron ser alentados por la nacionali- 
dad del pontífice, pues era español, y se trataba 
de un acontecimiento que engrandecía á la corona 
de España, bajo cuyos auspicios se había llevado á 
cabo; pero, ante todo, primaron los justos motivos 
de tales alegrías, porque, como á Pastor supremo 
de la Iglesia, se le presentó un nuevo campo de 
acción para hacer práctico el mandato de Jesucristo: 
pasee oves meas^ aquel rebaño designado por estas 



— 13 — 

otras palabras: alias ooes habeo quce non sunt ex 
hoc ovile^ los pueblos gentiles que debían entrar 
necesariamente en el seno de la Iglesia católica, 
convertidos á la fe de Jesucristo para tener parte 
en la heredad misteriosa del reino de los cielos. 

La predicación del Evangelio, la dilatación del rei- 
nado de Jesucristo sobre las almas^ como base de 
esperanza y de salvación en los destinos eternos 
de toda sociedad, es Iq misión augusta que recibió 
la Iglesia en el colegio de los apóstoles de Jeru- 
salen. 

He a(|uí el propio sentir de los primeros discí- 
pulos de Jesucristo confirmando estas palabras de 
su Maestro: «Id y enseñad á todas las gentes, ha- 
ciéndoles observar todas las cosas que os he man- 
dado»: (1) Prcecepit nobis Dominus praedicare populo 
et testificare quia ipse est qui constitutus est á Deo 
Judex vioorum et mortuorum; (2) ó como se lee en 
otro lugar : Ecce convertimur ad gentes : sic enim 
prcecepit nobis Dominus: possui te in lucem genti' 
bus ut sis in salutem usque ad extremum terree. (3) 
Lo que equivale á decir : tenemos un gran mandato 
de predicar y convertir los pueblos haciendo cono- 
cer á Jesucristo como la vida y la salvación de 
todas las almas. 

Los pontífices de Roma han mirado siempre como 
un deber imprescindible la predicación del Evange- 
lio en todas las latitudes de la tierra, como legíti- 



(1) Math. 88, 

(2) Act. 10. 
(8; Act. IS. 



— 14 - 

mos sucesores de los apóstoles, y por el encargo 
especial hecho directamente al Vicario que consti- 
tuyó Nuestro Señor Jesucristo en la persona del 
Príncipe de los apóstoles, San Pedro, en cuyo pri- 
mado y gobierno de la Iglesia le han sucedido los 
pontífices de Roma. 

De aquí las paternales palabras de Alejandro VI 
á los reyes católicos, consignadas en su primera 
bula, referentes á América. 

«Nos, pues, alabando grandemente vuestro lauda- 
ble propósito, — de la conversión á la fe católica de 
los habitantes de las tierras descubiertas, — y de- 
seando que él tenga un exacto cumplimiento, de 
modo que el nombre de Nuestro Divino Salvador 
sea conocido en aquellas partes, os exhortamos en 
cuanto podemos en el Señor, que por el sagrado 
bautismo que habéis recibido, por el cual debéis 
obediencia á los mandatos apostólicos, y por las 
entrañas de misericordia de Nuestro señor Jesu- 
cristo, os requerimos diligentemente que cuando 
intentareis emprender y proseguir semejante em- 
presa, con ánimo y celo inspirados en la verdadera 
fe, queráis inducir á los pueblos que viven en las 
islas y tierras firmes á que reciban la religión cris- 
tiana». (1) 

Jesucristo, Rey de las almas ilustradas por la fe, 
tiene también plena potestad sobre las naciones in- 
fieles; son agrupaciones que le pertenecen, para 
quienes nada ha excluido y cuya vocación entra en 
el vasto plan de la redención. 

(1) Bula ínter costera de () de Mayo 1498. 



— 15 — 

De aquí el principio que ha guiado los actos de 
los pontífices romanos para organizar con plena 
autoridad la dilatación de la fe cristiana ya en los 
países y territorios conocidos, ya en los nuevos que 
acababan de descubrirse. 

Mas si los pontífices tienen en sí este poder para 
desarrollar su acción en el orden espiritual, él ne- 
cesita, á la vez, de un vehículo que le facilite los 
medios y sea como un auxiliar secundario en la 
eficaz consecución de los fines. 

Nadie más ó propósito, á la verdad, que los mis- 
mos monarcas, cuyos ofrecimientos había aceptado 
el Papa, para el desempeño de tal misión, tratán- 
dose de una empresa en parte realizada con el 
descubrimiento anterior de una parte del Nuevo 
Mundo, y á completarse en breve con la convei- 
sión de sus habitantes, sujetos á la corona de Es- 
paña desde que sus tesoros, sus hombres, sus 
naves y sus iniciativas fueron los elementos con 
que se abrió el glorioso camino que condujo á Cris- 
tóbal Colón á las playas americanas. 

Alejandro VI había considerado con madurez el 
examen de este asunto cuando le fué transmitida 
la noticia, por un correo especial, por los monarcas 
españoles desde Barcelona, de las tierras descubier- 
tas y del ánimo que movía sus propósitos en orden 
á la predicación y conversión de sus gentes. 

Es á consecuencia de esto que expidió la bula 
Ínter caetera de 6 de Mayo de 1493, con las amo- 
nestaciones oportunas y sus alabanzas, amparando 
los derechos de los reyes católicos sobre lo descn- 



— 16 - 

bierlo y lo que se descubriere en adelante, pora lo 
cual trazó una línea imaginaria del polo ártico al 
antartico, distando cien leguas de las islas Azores 
y de Cabo Verde hacia el occidente. 

Esta línea, bien comprendida en sus alcances 
demarcatorios por las naciones interesadas, ha sido 
motivo de impugnación y de sofismas por las ten- 
dencias del espíritu liberal moderno, que no ve si- 
no ignorancia en la religión y en la Iglesia después 
que ellas ilustraron el mundo y fueron la pi&dra 
fundamental de las ciencias y de la civilización en 
su más amplio desarrollo; después que los mismos 
que la censuran recibieron el beneficio, y hoy con 
tenaz ofuscamiento se confunde lastimosamente las 
materias de mera geografía con el dogma y la mo- 
ral, para atacar la infalibilidad del Romano Pontí- 
fice en su cargo de Pastor infalible y supremo de 
la Iglesia en materias de fé y de costumbres. 

Nada, pues, tiene que ver la geografía con el 
dogma; nadie sostiene, ni es doctrina de la Iglesia 
que el papa es infalible en geografía ó en aritmé- 
tica, en política ó en astronomía. La línea daba 
derecho para explorar con libertad en el espacio 
marcado en la bula con la designación del occiden- 
te para España y del oriente para Portugal, con 
el fin de evitar disputas que ya habían comenzado 
á surgir. 

En la letra y el espíritu de esta célebre bula se 
ha creído ver los poderes extraordinarios con que 
los papas, desde Alejandro VI hasta Pío VII, en el 
intervalo de más de tres siglos, revistieron á los 



- 17 — 

monarcas españoles para intervenir en les cosas 
eclesiásticas del pueblo americano. 

Muchos son los escritores, antiguos y modernos, 
embebidos en estas ideas completamente regalistas, 
que han juzgado á ios monarcas católicos, bajo 
cuya acción se desenvolvía el descubrimiento de 
esta tierra americana, su conquista temporal y re- 
ligiosa, como revestidos de aquellos poderes que 
los elevó á la categoria de Vicarios Apostólicos 
para obrar é intervenir en lo que correspondía al 
culto y á la religión, con facultades excepcionales 
en nombre de la Santa Sede. 

Y aunque lo apartado de estas regiones, lo des- 
conocido de ellas y lo dificultoso de las comunica- 
ciones, ofrecían serios inconvenientes para los re- 
cursos á la Silla Apostólica en aquellos tiempos, 
para llenar inumerables necesidades espirituales que 
debían producirse á medida que la luz del FA'ange- 
lio tomara mayor intensidad en su camino progre- 
sivo, y la conversión de los pueblos infieles se 
manifestara con formas más eficaces, era de suyo 
muy atendible para que el Papa instituyera un 
Vicario Apostólico que, con sus facultades extra- 
ordinarias, contribuvese á la eficacia de los esfuer- 
zos y trabajos implantados por la gloria de Dios y 
salvación de las almas. 

En efecto, el Papa se apresuró á hacer este nom- 
bramiento con entera independencia de los reyes, 
es decir, en personas eclesiásticas que ejercieran la 
jurisdicción espiritual delegada, de modo que nunca 
pudieron adjudicarse semejante título por la bula 
Ínter caeiera de Alejandro VI de 1493i 



— 18 — 

Nuestro eminente codificador, el Dr. Dalmacio 
Velez Sarsfield, dejóse marear por las opiniones y 
doctrinas de los viejos escritores regalistas en ma- 
teria eclesiástica, para los cuales todos los títulos 
con que podían esmaltar la corona de grandeza y 
poderío de los reyes católicos, eran pocos; y aun 
todavía les adjudicaran el eminente título de Pontí- 
fices de América sino temieran una justa reivindi- 
cación y despojo de él por los legítimos pontífices ó 
quiénes se les usurpaba la más alta prerrogativa de 
su representación. 

En nuestro codificador primó una idea, sin duda, 
envuelta en un propósito preconcebido, de elevar á 
principio aquellas opiniones y doctrinas, con esa 
perspicacia de ingenio de que era poseedor, en 
nuestra incipiente legislación, como ha sucedido, 
estando toda ella impregnada del regalismo de las 
leyes coloniales en materia eclesiástica. El Papa 
concedió por derecho propio á los Reyes de España 
el derecho de patronato con las gracias expresas en 
las bulas respectivas, y nada más. Cuando los Re 
yes llegaron á extralimitarse en el uso de esas fa- 
cultades, la Santa Sede nunca ha consentido en 
ello. Y los Reyes reconocieron llanamente el ori- 
gen de sus altas prerrogativas. 

La herencia del real patronato español no ha po- 
dido tener título legítimo en nuestras instituciones 
patrias sin una sanción suprema que la legalize^ 
análoga al principio que dio existencia al derecho 
ejercido por la soberanía de los Reyes, concedida 
por los Pontífices de Roma; pero se buscó una fór- 



— 19 — 

muia y se la incorporó á la soberanía del nuevo 
estado republicano, creando con esto el derecho 
que se llanaó inherente á las mismas instituciones, 
para que nuestros Presidentes continuaran usando 
de las amplias prerrogativas concedidas á los Reyes 
de España, sin procurar la legalización legítima que 
le diera base. 

Cierto es que en un principio se iniciaron las 
gestiones de un concordato por el primer gobierno 
constitucional argentino; mas no se arribó á con- 
clusión alguna. El mismo gobierno intentó enton- 
ces usar de las regalías- más altas en la elección 
de los obispos y encargo para la administración de 
las diócesis; pero ni lo primero fué reconocido por 
la Iglesia, como en la actualidad en la presentación 
de los mismos, en que el Papa obra motu proprio; 
mas también ni lo segundo, por expresa prohibición 
de los Pontífices de Roma, como contrario á los 
principios de la legislación canónica. 

El patronato, estudiado en su origen, entre noso- 
tros, opínese como se quiera, no es sino un dere- 
cho adquirible con el fundamento de una concesión 
legítima, hecha por la Iglesia, que pasa á incorpo- 
rarse legalmente á la soberanía del Estado, lo cual 
no repugna que, bajo de este aspecto, pueda con- 
siderársele como inherente á la misma soberanía, 
puesto que la regalía es concedida á la entidad mo- 
ral del Estado y de ningún modo particularmente 
al individuo ó persona que lo rige aunque tenga la 
facultad de ejercerla. De aquí* se desprende que 
no es un derecho propio de toda soberanía, ni me- 



- 20 — 

nos puede serlo por la voluntad sola de cualquier 
Estado: la doctrina contraria nunca la invocaron los 
Reyes, como que, verdaderamente, conocían la fuen- 
te de tales prerrogativas, ni cabe tamjioco bajo el 
aspecto jurídico canónico, como atentatoria á la in- 
dependencia de la Iglesia en su carácter de socie- 
dad autónoma. 

Nuestra primera Junta de Gobierno, después de 
producido el movimiento de Mayo de 1810, á poco 
andar, vióse en apuros para aplicar el patronato en 
un caso concreto ocurrido. La Junta juzgó acerta- 
damente que su investidura de gobierno por la vo. 
lunlad de las Provincias no le daba suficiente título 
para ejercitarlo, entonces buscó el amparo de la 
soberanía real, sin medir los alcances del movimien- 
to que cambió el orden político entre nosotros que 
desligaba por completo uno y otro régimen, y con- 
sultó con toda buena fe: si la Junta representan- 
do la voluntad general de las Provincias, debía su- 
plir las incertidumbres de un legítimo representante, 
dice, de nuestro Rey cautivo, en cuanto al patro- 
nato. 

La Junta hace escrúpulo para ejercer el patronato 
de si podría suplir las incertidumbres del cautive- 
rio del Monarca, olvidando el absoluto derrocamien 
to de su autoridad, cuyos derechos caducados no 
podía representar desde que, derrumbada la sobe- 
ranía regia por el movimiento separatista de 1810, 
con ella quedaron sepultados entre las propias rui- 
nas las prerrogativas y regalías unidas á la corona, 
conforme á aquella regla muy conocida en derecho: 
eliminado lo principal cede lo accesorio. 



-- 21 — 

La revolución de Mayo creando un estado de 
institución diversa, al régimen anterior, es claro, 
creó también una nueva soberanía, que de ningún 
modo podía considerarse una continuación de la 
primera. Según el criterio de la Junta, aunque 
ejerce el gobierno independientemente de la auto- 
ridad real, no se cree con derecho propio para 
ejercer el patronato; las incertidumbres del Rey 
cautivo le suscitan dudas acerca de su representa- 
ción para con é<^te, porque su autoridad había sido 
subrogada ya por la soberanía nacional, que no de- 
bía admitir patronatos reales. 

El Deán Funes fué consultado en la siguiente 
forma por la Junta : 

«Es una obligación de los Gobiernos consultar 
los consejos de varones sabios y prudentes que es- 
cuchan la razón ,en el retiro sin los riesgos y equi- 
vocaciones ó que expone la agitación de los nego- 
cios y es el más honroso empleo de los talentos 
consagrar sus luces á la dirección de los f|ue sa- 
criñcan su tranquilidad y reposo por el bien de los 
pueblos que gobiernan. 

«Entre el inmenso cúmulo de nsunlos graves 
que agobian á estn Junta se presentan algunos de 
urgente despacho cuyo acierto pende de h\ resohi- 
ción de dos cuestiones: l'^ si el patronato es una 
regalía afecta á la soberanía ó á la persona de los 
ReyeSy que la kan ejercido; 2** si residiendo en esta 
Junta representación legítima de la voluntad gene- 
ral de estas Provincias, debe suplir las incertidum- 
bres de un legítimo representante de nuestro Rey 



— 22 — 

cautivo, presentando para la canongía Magistral que 
se halla vacante y sobre la cual se han pasado á la 
Junta los asuntos de concurso que deben acompa- 
ñar á la nominación. 

«La Junta espera del celo de Vd. un dictamen 
que ponga á toda luz los verdaderos principios que 
deben asegurar el acierto en materia tan delicada. 
— Agosto 8 de 1810.— Cornelio Saavedra, Presi- 
dente. — Dt\ Mariano Moreno, Secretario». (1) 

El Deán Funes contestando el oficio anterior, 
sienta como principio incontrovertible la siguiente 
tesis: «Nada es más bien averiguado en los princi- 
pios de la ciencia canónica como que el derecho de 
patronato trae su origen del reconocimiento de la 
Iglesia, por el que se propuso recompensar la libe- 
ralidad de los fundadores, benefactores y promove- 
dores de la religión y su culto)?. • 

Efectivamente, él es una institución creada por 
la soberanía de la Iglesia, quien otorga y concede 
como un título meramente gracioso, con más ó me- 
nos amplitud de facultades delegadas, para interve- 
nir en la administración externa sujeta exclusiva- 
mente á su jurisdicción. 

Es muy elemental que ningún Estado puede in- 
tervenir sino dentro de la armonía de su propio 
organismo, dentro de aquello que nace de su pro- 
pia soberanía, sin ir más allá para invadir el campo 
de una autonomía extraña, completamente indepen- 
diente á su acción. 



(1) Archivo Oeneral de la República Argentina, tomo V, pág. 240. 841. 



— 23 — 

Y no puede ser de otro modo, dada la indepen- 
dencia y autonomía que le son propias á la Iglesia 
para coasentir la acción de poderes extraños den- 
tro de su organismo^ sino á título de mere gracioso, 
como lo hemos dicho. 

Pero, léase el documento del Deán Funes, que no 
trepidamos insertarlo íntegro, porque dilucida el 
primer caso sobre patronato á raíz de la revolución 
de Mayo, muy especialmente acerca de su origen y 
de sus causas; lo insertamos con las reservas con- 
siguientes en su parte expositiva. 

Dice así : 

«Excelentísimo Señor: 

«Tengo el honor de poner en manos de V. E. 
el dictamen que he formado sobre los dos puntos 
comprendidos en la consulta que ha tenido la dig- 
nación de hacerme. 

«El primero se reduce ó averiguar si el Patro- 
nato Real es una regalía afecta á la soberanía ó á 
la persona de los Reyes, que la han ejercido. Sobre 
este punto soy de sentir que el patronato es un 
derecho unido á la soberanía y que no tiene sus 
raíces en ninguna consideración personal á favor de 
los poseedores de este derecho.— Nada es más bien 
averiguado en los principios de la ciencia canónica 
como que el derecho de patronato trae su origen 
del reconocimiento de la Iglesia, por el que se pro- 
puso recompensar la liberalidad de los fundadores, 
benefactores y promovedores de la religión y de su 
culto. 

«Por estos mismos títulos, es verdad, se adqui- 



_ 24 — 

rieron los Reyes de España esta distinguida prerro- 
gativa que para mayor firmeza y validación confir- 
maron por SuS bulas los Pa|)as Alejandro VI y Julio 
II; pero esa liberalidad de nuestros Reyes no fué 
ejercida con los bienes patrimoniales suyos, sino 
con los fondos públicos del Estado^ cuya fiel admi- 
nistración les prohibía otro destino que no fuese el 
de la utilidad común. Si el patronato fuese una re- 
,!^alía afecta á las personas de los Reyes y no á la 
soberanía, nada otra cosa habrían hecho entonces 
que negociar para si propios con ageno caudal y 
hacerse dueños de un beneficio que, teniendo razón 
de resarcimiento, debía ser del que hizo la ero- 
gación . 

« El reino patrimonial se distingué del usufruc- 
tuario, en que aquel es adquirido en su origen con 
bienes propios del que lo formó ó conquistó; siendo 
así que esto no reconoce otro origen que la expon- 
tanea voluntad de los pueblos con derecho de tras- 
mitirlo |)or el orden de sucesión. Por estos princi- 
pios si el |)Oseedor de un Reyno usufructuario 
adquiriese otro, no á expensas suyas, sino del 
estado que disfruta, vendría este nuevo Reyno á 
incorporarse ni primero por medio de adyacencia y 
participaría de su propia índole, reputándose no 
por patrimonial, sujeto á una disposición arbitraria, 
sino por usufructuario con dependencia á las leyes 
constitucionales del Reyno. 

<( A esta misma semejanza es preciso decir que, 
debiéndose el derecho de patronoto ó los gastos del 
erario público, vino ó ser una extensión de los de- 



— 25 — 

rechos de la soberanía por la que quedó consoli- 
dado á la corona y no á las personas que la 
ceñían. 

«Esto lo entendieron así los propios Reyes cuan- 
do en sus leyes califican este derecho por una de 
esas grandes regalías del primer orden que afectan 
mes inmediatamente á la corona. En el lenguaje de 
esta diplomacia el patronato es inalienable, impres- 
criptible, irrevocable, y esencialmente adherido á la 
soberanía. (1) Propiedades que no convienen á los 
derechos personales y transitorios de los Príncipes, 
de que pueden disponer sino aquello que se les 
confían como un depósito sagrado para que los 
trasmitan con la majestad misma sin aquellas alte- 
racionCvS á que está sujeto todo aquello que no re- 
conoce otra ley que la voluble voluntad de los 
hombres. 

«Cualquiera renuncio de este derecho (|ue quiera 
innovación se miraría como un exceso de autoridad, 

(1) Estos cuatro conceptos necesltiin considerarse según la doctrina ez- 
trieta del derecho y de la legislación canónica. El patronato es á la ver- 
dad inalienable. 

No es atributivo del soberano de un Estado, por sí, traspasar, delegar, 
investir á segundas ó terceras personas, parte ó el todo del ejercicio que 
soto compete al representante del Estado quien solo puede ejercerlo. For 
este principio ajustado á la doctrina de los cánones, concretando el caso 
á las repúblicas ^sudamericanas, ba,io la base de que los gobiernos lo po 
seyeran legitiinamen e. no pueden delegar el uso y ejercicio del patronato 
A los Estados menorrs ó componentes de la Nación, salvo los concordatos 
njústados con la Santa Sede; los gobiernos de provincia carecen de dere- 
cho para ejercerlo; por consiguiente, su sola invocación constituye una 
eztralimitación de facultades. 

Los caracteres de impreacriptibilidad é irrecocabilidad pugnan abierta- 
mente c>ntra los principios canónicos: la Iglesia concesora de un acto 
meramente grncioso, no se despoja del derecho que tiene en sí aunque no 
lo ejercite en contra, sen cual fuere la duración de tiempo de aquel. La 
Iglesia por mu propio derecho, puede perfi-ctainente revocar el acto gra- 
cioso concedido; asi como ei mismo derecho de patronato puede perderse 
también iior la c«-Haclón y cambio de las causas que lo motivamii. 

En cnanto á la inherencia esencial ¿ la soberanía del Estado, esta nota 
queda explicada en las premisas anteriores, de donde no puede deducirse 
la consecuencia de tal inherencia como una facultad propia sin un des 
pojo del derecho de la Iglesia y un atentado contra .su propia autonomía. 



— 26 - 

contra el que tendría la nación derecho de recla- 
mar. — El Reyno de Aragón usó ya de este derecho 
que pretendía hacer Pedro II á favor de Inocencio 
III. El patronato de las Iglesias de América es más 
privilegiado y más copioso de acciones y derecho: 
su esfera debía corresponder á la enorme base que 
abrieron los beneficios: por los mismos sus títulos 
son más augustos, tocan más de cerca la soberanía 
nacional y le dejan un derecho más extenso para 
oponerse á toda división. 

«Estas reflexiones tal que ellas sean, nos indu- 
cen á juzgar que el patronato real es una preemi- 
nencia inherente á la soberanía y no a la real 
persona. 

«El segundo punto tiene por objeto investigar si 
residiendo en V. E., representación legítima de la 
voluntad general de estas provincias debe suplir las 
incertidumbres de un legítimo representante de 
nuestro rey cautivo^ presentando para la canongía 
magistral que se halla vacante, etc. 

«Para analizar debidamente esta duda me parece 
necesario considerarla por separado bajo los dos 
aspectos que presenta: 1° si en el caso de la supo- 
sición debe suplir la junta las incertidumbres de un 
legítimo representante de nuestro Rey cautivo; 2" 
si en fuerza de esa representación podrá presentar 
para la canongía magistral de que se trata. 

«Que autorizada la junta con la voluntad de las 
provincias se halle legítimamente subrogada en lu- 
gar de ese representante equívoco cuya existencia 
es muy dudosa, parece una verdad que no sufre 



— 27 — • 

contradicción. Somos hombres, vivimos en sociedad: 
preciso es que haya entre nosotros todo lo que 
constituye esencialmente el orden social. Los ele- 
mentos de este orden no son otros que la sobera- 
nía individual y colectiva, leyes ó magistrados, 
¿quién podrá dudar por un momento que á falta de 
ese representante cierto de nuestro Rey cautivo 
debe la junta ejercer todas las funciones de su 
cargo? 

. «El fin primero de los gobiernos no es olro que 
mantener la sociedad para asegurar sus ventajas. 
Sin leyes y sin magistrados sería imposible con- 
seguirlo, mucho menos sin alguna soberanía. Su 
existencia en orden político viene é ser el centro 
de unidad y por lo mismo es exigida por el inte- 
rés más evidente y más esencial al género huma- 
no, ¿qué sería de nuestra República sin esta auto- 
ridad tutelar? Lo que la especie humano eq el 
estado de naturaleza y acaso peor. Digo peor, por- 
que nuestra vida social ha debido causar entre 
nosotros impresiones muy sensibles, y después de 
una larga fruición de sus ventajas, el retroceso á 
la anarquía ya no sería posible y causaría nuestra 
entera destrucción. A lo menos los hombies opre- 
sores y oprimidos sin esa autoridad, no estarían 
ocupados sino en forjarse asechanzas y sus divi- 
siones domésticas privarían al estado de las fuerzas 
que son el fruto de la unión. Ooncluyamos pues, 
que en el caso de la suposición debe suplir la junta 
provisoria las incertidumbres del legitime.» represen- 
tante de Fernando VII. 



~ 28 - 

«Pero, por haber reconocido en la junta esa au- 
toridad suprema ¿la divisamos revestida en toda 
la extensión de su poder? A la bien acreditadn 
sabiduría y moderación déla junta no puede agra- 
darle que llevemos tan lejos nuestros juicios. La 
necesidad de mantener el orden público es todo su 
título legal. Las facultades de su gobierno deben 
terminar donde termina esa necesidad. Es decir, 
que su poder está ceñido á la ley que le imponga 
el momento y las circunstancias, que debiendo sos- 
tenerse las leyes establecidas en toda su energía, 
debe formar pnra ello reglamentos provisionales; y 
en ñn, que exigiendo esas mismas leyes la defensa 
y protección de los magistrados, deben mantener- 
se los que se hallan en puestos ó subrogarles otros 
interinos á consulta de lo que pide la pública tran- 
quilidad. 

«fistos principios nos conducen naturalmente á 
la decisión del último punto en qne snbdividimos 
la segunda duda propuesta: esto es si en fuerza 
de la re|)resentación de la Junta podrá presentar 
para la canon^íQ mogistral de que se trata. 

«Nada más cierto como el (|ue la reli^^ión y el 
culto público se merecen las primeras atenciones 
del gobierno. La principal obligación de un buen 
gobierno, decía un sabio del paganismo, es eslnble- 
cer el cuito i)úblico si no lo hnv v celar sobre su 
observancia cuando va se haya establecido. 

«Quitar la leligión decía otro, es destruir en sus 
fundamentos toda sociedad humana. Con todo, es- 
tas verdades, de que considero á lo Junta sumnmen- 



— 29 — 

te penetrada, ni juzgo que induzcan una necesidad 
tan urgente de presentar al Canónigo Magistral. Es 
muy cierto que la institución de esta silla tiene por 
objeto promover la religión y contribuir á la ma- 
gestad del culto; pero no lo es menos que su falta 
no traerín consigo una decadencia irreparable. Diez 
siglos habían corrido sin que en la Iglesia se co- 
nociese el instituto canomical, por eso ¿faltó la re- 
ligión y la piedad? 

«A más de que la falta del Canónigo Magistral es 
de fútil reparación, costeándose por el ramo de va- 
cantes, como siempre se ejecuta, otro eclesiástico 
que supla las pensiones afectas á esta prebenda. 
Por este medio se conseguirían dos efectos salu- 
dubles: el uno socorrer las urgencias de la corona 
en una guerra como la que sufre tan tenaz y de- 
sastrada: el otro evitar V. E. el escollo algo arries- 
gado de usar del real patronato sin absoluta ne- 
cesidad. 

«Hemos sentado que la necesidad es el princi- 
pio activo que valoriza las operaciones de la Junta 
en el orden civil. Por una consecuencia de doc- 
trina me parece que debemos sostener esto mismo 
en el orden eclesiástico. 

«Por último V. E, debe tener presente que la 
Nación está citada para un próximo congreso ge- 
neral de cuyo resorte será el establecimiento de un 
gobierno más ñrmé y duradero. La naturaleza de 
una provisión en propiedad parece que tiene más 
analogía con esta clase de gobierno que con el pro- 
visorio que nos rige. 



- 30 — 

((Este es mi dictamen: sobre todo V. E. juzgará 
como siempre lo mejor. — Dios guarde á V. E. 
ms. as.— Córdoba 15 de Septiembre de 1810. — Doc- 
tor Gregorio Funes. — Señores de la Junta Provi- 
soria de Gobierno.» (1) 

Pero volvamos al asunto del Vicariato. Según 
las teorías sostenidas por los modernos juristas, 
creemos no les vendría mal á nuestros presidentes 
el concepto de Vicarios Apostólicos en fuerza del 
mismo derecho creado por la herencia adquirida, 
aunque no lo consientan el legítimo institutor ni la 
liberalidad de nuestras instituciones republicanas; 
sin embargo, en la práctica nuestros primeros ma- 
gistrados han optado por el título de hecho, de Pa- 
tronos, aunque esto es también nada republicano, 
para ejercerlo no obstante el no reconocimiento por 
los sumos pontífices que lo concedieron por justos 
motivos á la soberanía de los Reyes de España, y 
no á los soberanos de América, y que. no nega- 
mos, podrían concederlo también en la actualidad, 
mediando tratados de concordia, á los gobiernos 
que lo invocan sin derecho. 

Todo el Capítulo II del Derecho Público Ecle- 
siástico se reduce á probar el Vicariato Apostólico 
de los Reyes de España como una institución ema- 
nada por la referida bula de Alejandro VI de 1493. 

Natía más arbitrario y erróneo. 

Ni el espíritu* ni la letra de la bula dicen seme- 
jante cosa. El Papa habla simplemente á los Reyes 



(1) Archivo General citado, tomo V. pág. 261 A 257. 



— 31 — 

Católicos: «que en virtud de santa obediencia les 
manda, — no dudando que así lo ejecutarán como lo 
habían prometido por su piedad y devoción, — des- 
tinen sujetos probos y expertos para el ministerio 
de la conversión de los habitantes, poniendo toda 
diligencia en la enseñanza de la fe católica y buenas 
costumbres.» (1) 

Estas palabras, como se ve, constituyen un man- 
dato paternal, no una institución, ni la creación do 
un título; son una recomendación oportuna, al pro- 
pio tiempo, para que se procurara la mejor instruc- 
ción en la doctrina cristiana y buenas costumbres 
de los moradores de estas tierras por personas ador- 
nadas de eximias cualidades y aptas para la misión 
de predicar y convertir los pueblos. Se trata de 
llenar una misión difícil, muy propio es que se bus- 
caran hombres preparados y hábiles, como reco- 
mendaba el Papa, por los llamados á organizar la 
obra evangelizadora en América. 

El párrafo de la bula, transcripto por el Dr. Vélez, 
está trunco, precisamente en lo que juzga responde 
á su propósito; están suprimidas las palabras in 
oirtutce sanctce obedientice y todo el paréntesis que 
les sigue, que da fuerza al encargo y mandato, como 
puede hacerlo un padre con sus hijos para intere- 
sarlos en la perfecta ejecución de una obra. Nues- 
tra cita anterior es rigurosamente exacta, que tra- 
ducimos del texto de la bula que trae en su Mo^ 
narquta Indiana el P. Juan de Torquemada, igual 



(1) Bula int&r entera citada. 



— 32 — 

al texto latino que traen todos los demás autores, 
como Gomara, Montenegro, etc. 

Si los reyes fueron instituidos Vicarios, está de- 
más el nombramiento del P. Boil, hecho por el 
mismo Alejandro VI, con título y cargo igual, que 
vino á América en compañía de Cristóbal Colón en 
su segundo viaje, para desempeñar su oñcio, que 
lo ejerció por el espacio de dos años; están demás, 
igualmente, los nombramientos que después conti- 
nuaron haciendo los papas á solicitud de los reyes 
ó sin su intervención con idéntico fin. Y por lo que 
hace al primero, al nombramiento del P. Boil, Go- 
mara trae las siguientes palabras: «Buscaron doce 
clérigos de ciencia y conciencia para que predica- 
sen y. convirtiesen, juntamente con Fray Boil. cata- 
lán, de la Orden de S. Benito, c|ue iba por Vicario 
del Papa con breve apostólico.» (1) 

La suposición es, pues, errónea, como la conse- 
cuencia que deduce nuestro eminente jurisconsulto 
cuando dice: «Esto en verdad importaba una omní- 
moda delegación que estaba en las facultades del 
Pontífice, por la imposibilidad en que de otra ma- 
nera se hallaba la Silla Apostólica en regiones tan 
lejanas y desconocidas. Los Reyes de Es|)aña des- 
de entonces se creyeron Vicarios Apostólicos facul- 
tados para el gobierno temporal y espiritual de las 
iglesias de América.» (2) 

No. Es inadmisible una intromisión tal en el go- 
bierno espiritual de las iglesias de América! 



(1) Historia de Autores Primitivos de Indias, tomo I, pág. 170. 
(t) Derecho Páblico Beco., pág. 8. 



— 33 — 

Pueden leerse las palabras íntegras del texto la- 
tino de la bula del párrafo aludido, que copiamos 
de los autores anteriormente citados, y se verá que 
no puede deducirse semejante consecuencia. 

((Et insuper mandamus vobis in virtute santae 
obedientise (ut sicut pollicemini et non dubitamus 
pro vestra máxima devotione et Regia magnanimi- 
tate vos esse factures) ad térras fírmes et Ínsulas 
prsedictas viros probos et Deum timentes, peritos 
et expertos, ad instruendum Íncolas et habitatóres 
preefatos in Fide Catholica, et bonis moribus imbuen- 
dum destinare debeatis, omnem debitam diligentiam 
in pra3missis adhibentes.» 

Nado hay en estas palabras del Papa que pueda 
dar fundamento á las opiniones de los antiguos es- 
critores y modernos, ni á las deducciones consig- 
nadas en su Der^echo Público Eclesiástico por el 
Dr. Dalmacio Vélez Sérsfield. 

El Dr. Ángel M. Gordillo trae una nota muy 
oportuna en sus «Apuntes Cronológicos» que pre- 
ceden al Repertorio del Obispado de Salta, qué 
transcribimos casi íntegra porque corrobora y ex- 
plana lo que acabamos de exponer. 

«Hemos observado que el párrafo eí insuper de 
este bula que dice el señor Calvo haberla tomado 
de un ejemplar impreso en Lisboa en 1570^ no esté 
conforme con la transcripción que hace el Dr. Vélez 
Sársfield en su «Derecho Público Eclesiástico», pá- 
gina 8, lo que viene á refutar por sí solo la teoi^fa 
de Delegación ó Vicariato Apostólico que de ella 
hace surgir en favor de los reyes de España y por 



— 34 — 

consiguiente la omnímoda intervención del gobierno 
en las iglesias de América, que sistemaran las Leyes 
de Indias, pues mandar in virtute sanctce obedien- 
tice no es delegar. 

<íY nos decidimos á creer más exacta la cita del 
señor Calvo. 1° porque ese sentido de la bula se 
acomoda más al siguiente concepto que le precede 
en el párrafo «Nos igitur de la misma. . . hortamur 
vos quam plurimum in Domino, et per sacri laoacri 
suscepíionem qua mandatis Apostólicis obligati estis, 
et per viscera misericordias Domini nostri Jesu Chrislí 
attente requirimus, ut cum expeditionem hujusmodi 
omnino prosequi et asumere proba mente ortodoxas 
ñdei zelo intendatis, populis in hujusmodi insulis et 
terris degentes ad christianam religionem susci- 
piendam inducere velitis et debeatis.,. cosa no 
extraña, en especial en aquellos tiempos en que 
conforme al derecho internacional los soberanos 
reconocieron primacía al Romano Pontífice, aun en 
cosas temporales ó administrativas, con gran pro- 
vecho de los pueblos, máxime en épocas calamito- 
sas, — cuando recientemente hemos visto una carta 
de S. S. Pío IX, que ha publicado la prensa europea, 
en que declara al Emperador de Alemania sujeto 
á los mandatos apostólicos por el bautismo per 
lavacri suscepíionem^ como se expresaba la bula de 
Alejandro VI.— 2» porque esa Delegación ó Vica- 
riato Apostólico que se hace surgir del texto de la 
bula de Alejandro VI en la forma transcripta por 
el Dr. Vélez Sársfíeld, es combatida por los A. A., 
lo que arroja la idea de duda sobre su exactitud. — 



r 



- 35 - 

3*^ porque hecha la publicación ele la bula en Lisboa, 
y afectando también á derechos de Portugal, era 
natural que el soberano de esta nación la declarara 
apócrifa: lejos de eso, el señor Calvo cita esa edi- 
ción en garantía de su autenticidad. — 4° porque la 
calidad de Misioneros es distinta de la de Prelados: 
aquella es extraordinaria y ésta ordinaria; y como 
la autorización ó mandato á que se refiere la bula 
de enviar varones doctos para instruir á los indí- 
genas en la fe católica^ no podía referirse sino á 
los primeros desde que no había aún circunscrip- 
ción de diócesis, la facultad conferida era también 
transitoria y no podía ejercerse después de la erec- 
ción ó división de las diócesis; y 5° porque si esa 
bula contenía una delegación amplia ó Vicariato 
Apostólico en favor de los Reyes Católicos, no ha- 
bría objeto en que la Silla Apostólica hiciera tales 
provisiones en otra forma para la administración 
espiritual de las nuevas iglesias, mientras que ve- 
mos que, después de los Padres Boil y Valencia 
que fueron investidos de ese carácter, el señor Paulo 
III otorgó igual investidura á los Religiosos Mendi- 
cantes. El P. Morelli tan citado por el mismo doctor 
Vélez Sársfiel, dice: (Orden 70 pág. 102). «Paulus 
tertius cunctos Ordinum Mendicantium Prff?Iatos 
suos commisarios ac delegatos constituit in qua de- 
ouo concedit omnes gratias et facultates euntibus 
in térras infidelium concesas per suos pra^decesores 
in genere vel in specie»— Y refiriéndose á Vera Cruz 
agrega: «non tantum praelatis sed ómnibus Mendi- 
cantibus quí de licentia suorum Preeiatorum profi- 



— 36 - 

ciscuntur ad térras inñdelium ut eant tamquam 
legatis Sedis ApostolicaB. . . Para qué esto, si los 
Reyes como Delegados ó Vicarios Apostólicos po- 
dían en virtud de esa amplia facultad proveer por 
sí al gobierno espiritual de las Iglesias de América? 
De todo lo que se deduce cuando más, que si esas 
palabras importaran un mandato en sentido legal, 
sería una concesión de las que el Derecho Público 
llama de mere facultatis^ que nunca constituyen 
un derecho adquirido, pues como mere gracioso, 
está sujeto á la voluntad del que lo concediera». 

Es, pues, un título ficticio con que se ha ffuerido 
condecorar á los reyes, ageno á sus más grandes 
regalías. Ellos han ejercido, á la verdad, ciertas pre- 
rrogativas que salen del orden general del patronato 
en la Iglesia americana; pero no á título de Vicarios 
Apostólicos, ni en fuerza del mismo derecho de 
patronato, sino como simples delegados con espe- 
cial comisión ó mandato para determinados asuntos. 
Esto está plenamente confirmado con hechos ema- 
nados de la autoridad del Romano Pontífice y se- 
cundados por los mismos reyes. 

Desde luego, la corona de España levantó ban- 
dera de dominio y de labor en tierra americana. 
Los exploradores se multiplicaron; después de Colón 
vinieron otros, y tras de éstos Hernán Cortés tomó 
la ruta de Méjico, y poco después Francisco Pizarro 
la del Perú. 

Las Ordenes religiosas, á su vez, habían buscado 
sus respectivos puestos. La de la Merced y San 
Francisco fueron las primeras en internarse en la 



— 37 — 

región del Tucumán juntamente con la dominicana; 
á éstas les siguió la Compañía de Jesús. 

A este respecto dice el Dr. Vélez Sársfield con 
antera verdad, en su Derecho Público antes citado: 
«Los Reyes de España cumplieron por su parte el 
encargo de la Santa Sede Apostólica aún más allá 
de lo que podía exigírseles. En muy pocos años 
los ídolos de los imperios del Perú y Méjico vinie- 
ron al suelo; sus templos fueron abatidos; una cruz 
plantada en los desiertos era el símbolo de la con- 
quista y de la nueva Religión. Vinieron Apóstoles 
que no habían tenido iguales los siglos pasados. 
El Evangelio en ñn fué predicado desde la misión 
del Volcan al sud de Buenos Aires hasta las costas 
de California, obra inmensa, incomprensible, y que 
parecía superior á los esfuerzos de la España. En 
todas partes se levantaban Iglesias y Conventos, se 
bautizaban millares de naturales, y pasado un siglo 
estaban ya erigidas Catedrales é Iglesias metropo- 
litanas perfectamente dotadas y servidas desde Mé- 
jico al Río de la Plata». (1) 

Los terrilorios del Tucumán explorados por Diego 
de Rojas, pocos años después fueron incorporados 
á la conquista de Pizarro por Juan Núñez de Prado, 
como una ampliación de aquella. 

Trazadas así las primeras líneas en estos terrilorios, 
poblados de centenares de miles de indígenas, co- 
menzaron á levantarse numerosas ciudades, unas 
en pos de otras, de oriente á occidente y de sud 



(1) Obra citada. 



— 38 — 

á norte, las ciudades hoy florecientes, fundadas 
por Aguirre y Villarroel: Santiago y Tucumán; por 
Cabrera, Lerma, Velasco y Mendoza: Córdoba, Salta, 
Jujuy, la Rioja y Catamarea, con las demás que 
desaparecieron por la acción de violentos cataclis- 
mos ó por la fiereza indómita de los naturales del 
país. 

A medida que las ciudades se levantan, acor- 
tando las distancias del desierto, los templos se 
mult¡[)lican también y se erigen hospitales y cole- 
gios por la acción bienhechora de los prelados, 
puestos para cuidar la salud de las almas, lleván- 
dolas al conocimiento del Dios verdadero, é ilus- 
trando sus inteligencias con el aprendizaje de las 
letras. Las necesidades suben de grado, natural- 
mente, y demandan una atención espiritual mayor; 
no era posible que ellas se llenaran por el solo mi- 
sionero. Los territorios requerían así circunscrip- 
ciones eclesiásticas determinadas, su división en 
diócesis menos extensas, como se había verificado 
en Méjico, Perú y otros lugares para facilitar el ser- 
vicio espiritual y religioso. 

Cinco arzobispados se habían creado hasta fines 
del siglo XVIII: en 1545 el de Santo Domingo con 
cuatro diócesis sufragáneas: San Juan de Puerto Rico, 
Santiago de Cuba, Venezuela y Jamaica; en 1547 el 
de Méjico con diez obispados: Tlaxcala, Mechoacan, 
Antequera, Guadalaxara, Guatemala, Mérida, Chiapa, 
Truxillo, Vera Paz y Nicaragua; el de Lima en 
1547, con ocho sedes episcopales: Cuzco, Arequipa, 
Guamanga, Truxillo, Quito, Panamá, Santiago de 



— 89 ~ 

Chile y la Imperial; el de Santa Fó de Bogotá con 
tres diócesis: Popayén, Cartagena y Santa Marta; 
en 1609 el de Charcas con cuatro sillas: La Paz, 
Santa Cruz, Paraguay y.Tucumón. 

Algunos de estos obispados se remontan á tiem- 
pos muy lejanos, entre nosotros, como el del Para 
guay á 1546 y el de Tucumán erigido veinticuatro 
años después. En esta primera época, todo el terri- 
torio de la Provincia de Tucumán formó un solo 
obispado, que fué sufragáneo del Metropolitano de 
Lima, como igualmente el del Paraguay, es decir, 
antes de pasar á ser sufragáneos de Charcas. Los 
obispos acudían desde estos extremos á la Metró- 
poli toda vez que eran requeridos su concurso y su 
presencia en desempeño de sus deberes de prela- 
dos sufragáneos. 

No obstante la circunscripción que dejamos di- 
señada, cada obispado abarca territorios inmensos, 
casi difíciles de ser recorridos por sus pastores á 
])esar del gran celo que los anima; pero, al ñn, se 
habían dividido en espacios concretos, teniendo cada 
diócesis su obispo que debía interesarse de una ma- 
nera ó de otra en el mejor régimen eclesiástico, en 
la vigilancia inmediata de la conversión de la raza 
indígena, y en el fomento de las nuevas sociedades, 
formadas á la sombra de la religión cristiana, para 
encaminarlas á una era de civilización con sus es- 
fuerzos evangélicos. 

Labor grande, impregnada de dificultades; pero 
todo se realizó, afrontando innumerables inconve- 
nientes y multiplicando los escasos elementos hábi- 



— 40 — 

les de que se pudo disponer para constituir la obrn 
colosal que iniciaron como fruto de su celo y vigi- 
lancia pastoral, de ciencia y probada virtud, los 
eminentes prelados que tomaron á su cargo el le- 
vantamiento de la Iglesia tucumana. 



. Sk. Fr. Francisco Victoria 



CAPITULO II 



Erección del Primer Obispado del Tucnmán 



Sumario : —Honrosa distinción á la ciudad de Tucumán— Pri- 
mera Sede episcopal— Declarada un ciudad en 1570— 
Su ubicación— Fertilidad del terreno— Nombres con 
que era conocido su territorio— Erección del Obispado 
y su Catedral— Comentarios— Motivos porque no se 
erigió la Catedral en Tucumán— Hostilidad de los na- 
turales— Inundaciones— Gestiones del Cabildo— Conse- 
cuencias de la ineficacia de sus esfuerzos— Traslación 
de la ciudad— Santiago, capital de la gobernación y del 
obispado— Bula de Erección— Primeros Obispos— El 
Iltmo. Victoria— Su preparación para el episcopado— 
Su institución— Toma de posesión— Lerma, Goberna- 
dor del Tucumán— Hostilidades al Dean Salcedo— Sus 
persecuciones en Esteco— Impresiones del Obispo á 
su llegada— Desmanes del Gobernador— Nuevas veja- 
ciones al Obispo— El clero regular con beneficios ecle- 
siásticos—Estatutos capitulares— Corta residencia del 
Obispo— Viaje á Lima— El tercer Concilio límense— 
Lerma en Salta— Preparativos de la fundación de la 
ciudad— Sus causas— Presencia del Obispo en la fun- 
dación— Reclamaciones ante la Real Audiencia— Opi- 
nión del Obispo ante el concilio— Su regreso— Obse- 
quio de la imagen de Nuestra Señora del Milagro á la 
Matriz de Salta— El Cristo del Milagro enviado desde 



— 4J — 

Madrid — Aspecto de la diócesis— Extensión— Ciudades 
que encerraba—Visita pastoral—Composición de de- 
savenencias entre Talavera y la Concepción— Aper- 
tura del primer colegio— Lerma y el Obispo en Ma- 
drid—Condenación de Lerma — Su muerte— El gobier- 
no de la diócesis— Fallecimiento del Obispo— Los pri- 
meros jesuítas misioneros— Deberes pastorales— Error 
de fecha en la Historia de las Imágenes del Mila- 
gro—E\ templo de los franciscanos— La Misa en la 
ciudad en 1583— El primer Párroco— Documento his- 
tórico—Las primeras iglesias en Salta — Alonso Gó- 
mez de los Ríos— Sus servicios— Venida á Salta con 
Velasco— Entrada á Humaguaca— Tratado de paz con 
Viltipoco— Residencia de Alonso Gómez en Salta- 
Narración de los alzamientos indígenas— Muertes oca- 
sionadas—Regalos de Alonso Gómez— Obras á que 
contribuyó— Iglesias, puentes y cárcel— Asesinato del 
P. Zerda— Aclaración de algunos lugares — Espíritu 
esforzado de los misioneros— Fundación del Colegio 
de los Jesuítas— Residencia en Jujuy— Erección del 
Arzobispado en Charcas— El obispado de Tucumán 
pasó á ser sufragáneo de este— Arzobispado de Bue- 
nos Aires— Organización de la gerarquía eclesiástica — 
División de la diócesis del Tucumán. 



Hemos de reivindicar, onte todo, la honrosísimo 
distinción (|ue justamente pertenece á la benemé- 
rita ciudad de San Miguel de Tucumán, por haber 
sido designado allá en los primeros años de su 
fundación, como cabeza de la primera diócesis, — 
hoy diríamos argentina,— que se erigió en esta re- 
gión del extenso territorio denominado del Tucumán. 
según la historia, aunque no llegó á efectuarse en 
ella por causas que explicaremos más adelante. Y 
esta reivindicación es tanto más digna de ella, cuantc» 
que á la gracia honrosa de que fué objeto, de po- 



— tí — 

seer la primera sede episcopal, mereció también esta 
otra: de ser declarada y constituida en ciudad por 
un Pontíñce de la Iglesia cuando apenas tenía las 
formas de una pequeña aldea. 

Fundada en la vertiente oriental del Aconquija, 
sobre un plano muy ameno por la fertilidad del 
terreno, llamado ibotin por los naturales, dice Mo- 
relli en su obra Fasíi Nooi Orbis, y |)or los prime- 
i-os colonos españoles Tierra de promisión^ Diego 
de Villnrroel abrió sus fundamentos el día de San 
Miguel, á 29 de Septiembre de 1565. 

Cinco años después de estar fundada, el Papa 
San Pío V, en 1570, erige en ciudad el pueblo lla- 
mado Tucumán en la provincia del mismo nombre, 
y en ella instituye la Iglesia Catedral... ac prop- 
terea, dice la bula de erección, oppidum Tucuman 
numcupatum in eadem prooincia in cioitatem^ et in 
ea Caíhedraiem ecclesiam erigi et instituid (1) 

Morelli en la nota IV de comentarios á la mismo 
bula, conñrma lo que acabamos de decir con lo si 
guiente: que las palabras oppidum Tucuman num 
cupatum aunque es nombre común para designar 
la gobernación y la diócesis, en el caso actual espe- 
cialmente se designa á la ciudad de San Miguel, 
fundada en la falda del Aconquija. 

Muchas razones militaron en contra para que se 
verificara la erección de la Catedral en la pintoresca 
ciudad de Tucumán. Santiago del Estero le aven- 
tajaba en habitantes y en mayor número de fami- 



(1) Véase el texto latino de la Bula en Morelli, p&g. 232. 



- 44 — 

milias, como ciudad más antigua, amparada por la 
residencia provisoria de las autoridades civiles en 
ella; la ciudad de San Miguel hallábase más pró- 
xima á las fronteras de las tribus calchaquinas, 
aun no sojuzgadas, por lo que sufría continuos 
asaltos y sostenía una lucha constante con ellas. 
Esta exposición, como es natural, traía una manera 
de vida llena de alarmas y de sobresaltos á toda 
hora y momento por el peligro de ser víctima de 
aquellas feroces gentes; además, este temor influía 
para que la ciudad, no obstante la bondad de su 
suelo, no prosperara en su vecindario con el aumento 
rápido de nuevos pobladores, antes, por el contrario, 
comenzó á despoblarse, especialmente de los habi- 
tantes naturales del país por las causas referidas, 
y otras nacidas por defectos de bondad, de equidad 
y justicia de los principales vecinos encomenderos 
que recargaban con excesivos trabajos las fuerzas 
agotadas de los indígenas, aminorándose así el cul- 
tivo de la tierra y su comercio. 

Por otra parte, las inundaciones continuas del río 
sobre cuyos bordes levantábanse las agrupadas y 
blanquecinas casas de la privilegiada ciudad, cons- 
tituían otros tantos peligros de no menor influencia 
para contener su acción de labor y de progreso; 
la mala calidad del agua para el uso doméstico, que 
producía el bocio en demasía, si bien este mal era 
casi genérico en las demás ciudades del norte de 
la gobernación, todo vino á formar un muro insal- 
vable, en aquellos tiempos, contra sus legítimos 
derechos. 



— 45 — 

Sin embargo, este cúmulo de inconvenientes pudo 
destruirse con solo cambiar la ubicación de la ciu* 
dad, lo que más tarde se veriñcó como medida im- 
prescindible; la preponderancia de Santiago era cosa 
de momento; el tiempo se encargó de comprobarlo. 

Con todo, los vecinos y particularmente el Cabil- 
do pusieron tal empeño en sus gestiones, no solo 
ya por lo que respecta á la erección de la sede 
episcopal^ sino en que se declarase por capital de 
la gobernación á la ciudad de San Miguel, laureada 
con su título de ciudad, porque, aunque corto su 
vecindario, la feracidad de la tierra y el ánimo em- 
prendedor de sus vecinos, le abrían hermosos sur- 
cos de riqueza y los más halagüeños horizontes de 
esperanza para el porvenir; pero la suei^e le fué 
adversa por completo: la accidental preponderancia 
de su rival inclinó en su favor el obispado y la go- 
bernación. 

En vano se alegó por causal el derecho de prio- 
ridad que le asistía, puesto que debía considerarse 
á la ciudad de San Miguel como una restauración 
de la primera colonia española, fundada allí mismo 
ó en sus cercanías con el nombre de EL Barco por 
los primeros exploradores; apero el uso y el tiem- 
po, dice Lozano, decidieron el litigio á favor de la 
ciudad de Santiago, que también se hizo cabeza del 
Obispado.» 

Este doble fracaso influyó sobremanera en el 
animo de los vecinos, contrariados á la vez por las 
atraá causas expuestas, piara nó dedicar mayor aten«- 
oión al crecimieato y prosperidad de la ciiüdad, 



— 46 — 

hasta que con el correr de los años, D. Fernando 
de Mendoza Male de Luna, mediante una autoriza- 
ción real, hizo su traslación en 1665 al nuevo paraje 
en que hoy se levanta floreciente^ repleta de vida 
y de aninnación. 

Mientras tanto, declarada por capital de la go- 
bernación la ciudad de Santiago, allí se veriñcó la 
erección de la catedral, hecha por su primer obispo 
Fray Francisco de Victoria desde su convento de 
Sevilla ó diez y ocho de Octubre de 1578, con au- 
torización apostólica, aunque el nuevo obispo recién 
á fínes de 1581 tomó posesión personal de su 
sede. 

Ahora léase la traducción íntegra de la bula de 
erección «del obispado de Tucumán, que copiamos 
del texto publicado en los Antecedentes del Minis- 
terio del Culto en 1899. Ella es un verdadero mo- 
numento de historia y de honrosa memoria para la 
ciudad de San Miguel de Tucumán. 

Bula de Erección del Obispado del Tucumán. 

«Pío Obispo, siervo de los siervos de Dios — Para 
perpetua memoria— Colocados por divina disposi- 
ción, aunque sin méritos proporcionados, sobre la 
atalaya de la Iglesia Militante, dirigimos continua- 
mente las miradas reflexivas de nuestra considera- 
ción á todas las provincias y lugares del Orbe, 
principalmente á aquellos que por la misericordia de 
Dios Todopoderoso han sido conquistados del po- 
der de naciones ínfleles y bárbaras por medio de 



- 47 - 

los reyes y príncipes calólicos. y prestamos gusto- 
sos nuestro eficaz auxilio y diligencia, ya para que 
on los mismos lugares, decorados con títulos más 
dignos, se implante la religión cristiana, ya también 
l>ara que sus moradores robustecidos por la auto- 
ridad y doctrina de venerables pastores, adelanten 
en la fé, y no carezcan en lo espiritual del incre- 
mento que han alcanzado en lo temporal. En efecto, 
como entre otras provincias descubiertas en las 
Islas de las Indias del mar Océano bajo los auspi- 
cios de Carlos V Emperador de los Romanos, de 
esclarecida memoria, que entonces vivía, se encuen- 
tre una llamada Tucumán en la Provincia del Perú, 
cuyos naturales carecen del conocimiento de la ley 
divina, y en la cual, aunque habitan muchos cris- 
tianos, sin embargo no se halla erigida ninguna Igle- 
sia Catedral, y como nuestro carísimo hijo en Cristo. 
Felipe, Rey católico de las Españas, desee con pia- 
doso afecto que en la dicha provincia, sujeta á su 
dominio temporal por razón de los reinos de Casti- 
lla y de León, se ensanche el culto del gloriosísimo 
nombre de Aquel de quien es el Orbe de la tierra 
y su plenitud y todos los que habitan en él, y que 
los predichos naturales sean conducidos á la luz de 
la verdad, y que se atienda á la salud de las almas, 
y que por tanto el pueblo llamado Tucumán en la 
misma provincia, sea erigido en ciudad y en ella se 
instituya una Iglesia Catedral— Nos, después de ha- 
ber tenido una madura deliberación sobre estas 
cosns con nuestros Hermanos, siguiendo el consejo 
de ellos á mérito de las humildes súplicas del su- 



— 48 — 

sodicho Rey Felipe sobre este particular; para 
alabanza y gloria de Dios Todopoderoso y honor 
de su gloriosísima Madre María y de toda la corte 
celestial, y para exaltación de la misma fe católica, 
con autoridad apostólica, por el tenor de las presen- 
tes, erigimos é instituimos perpetuamente el predio 
cito pueblo en ciudad^ que se llamará Tucumán // 
en ella una Iglesia Catedral bajo la advocación de 
Pedro y San Pablo para un Obispo que se ha de 
llamar del Tucumán, que haga construir la dicha 
iglesia y en ella, y en su ciudad y diócesis procure 
que se predique la palabra de Dios, y convierta ó 
sus naturales infieles al culto de !a fe ortodoxa^ é 
instituya y confirme en la misma fe á los converti- 
dos, y les imparta la gracia del bautismo, y tanto 
á los así convertidos como ó todos los demás fieles 
que moren en la tal ciudad y diócesis ó que ó ella 
pasaren, administre y haga y procure que se admi- 
nistren los sacramentos de la Iglesia y demás bie- 
nes espirituales, y pueda por lo demás en la predi- 
cha Iglesia, ciudad y diócesis, ejercer libremente la 
jurisdicción, potestad y autoridad episcopal — y erija 
é instituya dignidades, canonicatos, prebendas y 
otros beneficios eclesiásticos, con y sin cura de al- 
mas, y confiera y establezca las demás cosas espi- 
rituales según entendiere convenir al aumento del 
culto divino y á la salud de las almas de los mis- 
mos habitantes, — y que en cuanto al derecho me- 
tropolitano esté sujeto al Arzobispo de la Ciudad 
de los Reyes (que es el más vecino), que por tiem- 
po existiere, — y que de todos los proventos que allí 



— 49 — 

hubiere en cualquier tiempo (fuera del oro, la plata 
y otros metales^ perlas y piedras preciosas, que de- 
cretamos queden libres á favor de ios Reyes de 
Castilla y de León que por tiempo existieren) pueda 
libre y lícitamente exigir y percibir los diezmos y 
primicias que corresponden por derecho, y asimismo 
los demás derechos episcopales según lo perciben 
los otros obispos en las Españas por derecho ó 
costumbre, — con sede y mesa y demás insignias y 
jurisdicciones episcopales como'tambrén con las in- 
munidades, privilegios y gracias que las otras igle- 
sias catedrales y sus obispos en las mismas Espa- 
f^as, por derecho ó costumbre, usan, poseen y 
gozan, ó pueden usar, poseer y gozar de cualquier 
modo en lo futuro. — Y á la misma Iglesia le conce- 
demos por ciudad el predicho pueblo así erigido; 
y por diócesis la parte de dicha provincia, que el 
mismo Rey Felipe estableciere y mandare estable- 
cer, fijando límites (cuya mudanza como, cuando y 
cuantas veces pareciere convenir la reservamos á 
Nos y á nuestros sucesores, los Romanos Pontífices); 
y por clero y pueblo los naturales y habitantes de la 
misma ciudad y diócesis. -^Asimismo á la mesa epis- 
copal predicha le aplicamos y apropiamos por dote la 
renta anual de doscientos (200) ducados de oro de 
cámara, los que habrán de ser asignados por el mismo 
Rey Felipe de las rentas anuales que á él pertenecen 
en dicha Provincia, hasta que los frutos de la misma 
mesa asciendan al valor de tales doscientos duca- 
dos,— desde ahora, como desde entonces y para 
después que hayan sido asignados. — Y ade- 



— 50 — .- 

VCíAs^ con el mismo consejo y autoridad y según 
el tenor predicho, reservamos, concedemos y asig- 
namos perpetuamente al predicho Felipe y al Rey 
de Castilla y de León, que por tiempo existiere, el 
derecho de patronato de presentar dentro del año^ 
á causa de la distancia del lugar, personas idóneas, 
para la susodicha Iglesia erigida, cuantas veces 
ocurriere su vacante en lo sucesivo, excepto esta 
primera vez, . al Romano Pontífice que por tiempo 
existiere^ para que por él, en virtud de esta pre- 
sentación, haya de ser instituida la persona presen • 
tada en Obispo y pastor de la misma Iglesia; como 
también para las dignidades, canonicatos, preben- 
das y beneficios que se hayan de erigir, tanto desde 
su . primera erección, después que hayan sido eri- 
gidos, como los que desde entonces y en los suce- 
sivos tiempos vacaren, al Obispo de Tucumán que 
por tiempo existiere, para que del mismo modo, á 
virtud de esta presentación, hayan de ser instituidos 
por él en las respectivas dignidades, canonicatos, 
prebendas y beneficios. — A ninguno pues, sea lícito 
quebrantar ó contrariar temerariamente esta pá- 
gina, etc.. {Ks la conclusión ordinaria de las 
Letras Apostólicas en esta materia). 

Dadas en Roma á catorce de Mavo de 1570. 

Antes del señor Victoria habían sido instituidos 
obispos de la mismo diócesis Fray Jerónimo de 
Villocarrillo y Fray Jerónimo de Albornoz, en 1570' 
y 1574 respectivamente: el primero, por el Papa 
San- Pío V, y el segundp |)or Gregorio XIII; Villa- 
carrillo renunció el obispado y Albornoz murió antes 
de posesionarse del cargo. 



- 51 - 
El nuevo obispó Fray Francisco de Victonn, de 

• • • • 

nación poHugnés, pertenecía S la orden dominicana, 
y se hallaba en Lima de Algunos años atrás cuando 
fué presentado para la diócesis del Tucumáñ, ha- 
biendo estado en Roma anteriormente coii el cargo 
de Procurador de la Orden para Id expedición de 
asuntos concernientes á la misma. San Pío V que 
le conoció le fué muy afecto y le apreciaba én sumo 
grado por sus raras dotes de ciencia y virtud; pero 
su institución la hizo el Papa Gregorio XIII en 
1576. 

En su entrada al obispado se hizo preceder por 
el Dean de la misma Iglesia Catedral, el Licenciado 
I). Francisco Salcedo, como Gobernador delegado 
de la diócesis. 

La Provincia del Tucumán estaba gobernada por 
•ol Licenciado Hernando de Lérmia, que recibió con 
muestras fingidas de agasajo al representante del 
obispo en la capital de Santiago, agasajo y bene- 
volencia que muy luego se convirtieron en odio y 
en persecuciones contra el Dean Salcedo por el 
mismo' g'obernador. 

Comenzó por poner á pleito, según Lozano, la 
dignidad del nuevo Dean y negarle hasta su título 
académico; los asuntos llegaron á tal altura que él 
Deañ abandonó la capital, tomando camino de re- 
greso al Perú. Detúvose en Esteco; pero allí el 
escándalo promovido por los esbirros de Lerma fué 
mayor, porque lo mandó prender juntamente con 
el P. Comendador de la Merced, en cuyo Convento 
se había hospedado. Ni el encargado interino dé 



— 62 ^ 

la diócesis, el dominico Fray Francisco Vázquez, 
reemplazante de Salcedo, quedó libre de los vejá- 
menes del soberbio gobernador de la ciudad de 
Santiago. 

Llegado el obispo, sintió amargarse su espíritu 
con las turbulencias promovidas por Lerma» cuyos 
hechos no tenían precedentes. Todo lo había ho- 
llado con un despotismo ilimitado: vejó la sociedad 
de la capital sin respetar sexo, ni títulos, ni no- 
bleza; se apoderó de la hacienda agena y llevó sus 
desmanes hasta matar toda libertad en las delibe- 
raciones délos ayuntamientos ó cabildos. 

La voluntad del déspota imperó como una pesa- 
da carga en las ciudades de la gobernación. 

Creyóse por un momento que la llegada del obispo 
á su sede produjera algún cambio favorable en su 
ánimo; pero las esperanzas luego quedaron fallidas, 
cuando se vio que las cosas continuaban sin ate- 
nuante y con un empeño tan irritante, que la pre- 
sencia del gobernador se hizo por demás odioseen 
la gobernación. 

«[^erma le perdió también muy pronto el respeto, 
consigna Lozano, como lo había hecho con otros 
(M^lesiásticos que salieron de la provincia por no 
verse ultrajados, y con su ilustrísima llegó á des* 
cK)mponerse de manera que se hablaba indigna- 
tiiente de su venerabilísima persona, y lo trataba 
con tales modos, que aun sus ovejas recelaban ir 
í\ comunicar sus necesidades espirituales ó tem- 
porales con su amado y venerado Pastor, valién- 
dose de las tinieblas de la noche, porque temían 



— sa- 
que la luz del sol les hiciese reos de un gran delito 
si eran descubiertas; obligó al Cabildo secular de 
Santiago diese poder á un criado del mismo Lerma 
contra el dicho señor obispo. Apenas Lerma salió 
para Salta, cuando el Cabildo revocó aquel poder, 
lo que sabido por Lerma recibió grande enojo y 
habló de los capitulares con expresiones indignas 
de la memoria» (1). 

Dada la penuria de sacerdotes, algunas de las 
sillas canonicales fueron provistas con miembros 
del clero regular, conforme lo había dispuesto la 
Santa Sede en tiempo del obispo Albornoz que 
obtuvo tal privilegio. 

Morelli trae in extenso las ordenaciones hechas 
por et frustrísimo Victoria en la organización del 
Capítulo Catedral: ellas sirvieron de norma para la 
formación de estatutos de los obispados que pos- 
teriormente fueron creados. 

Pocos meses alcanzó ó residir en su sede des- 
pués de llegado el obispo, porque al siguiente año, 
en 1582, tuvo necesidad de emprender viaje al Perú 
para asistir al tercer Concilio Límense^ y primero 
á celebrarse por el Arzobispo Santo Toribio, que 
se verificó en 1583. 

Lerma le había precedido en abandonar la capital 
de Santiago, prosiguiendo sus proyectos de explo- 
ración y fundación de la ciudad de Salta, la cual 
estuvo ya en el ánimo de su antecesor Gonzalo de 
Abreú. 



(1) Conquista del Paraguay, Ri> de la PlaU y Tucumán. pig. 368. 



- 54 - 

Sabiendo que el obispo debía ausentarse y seguir 
el camino ordinario por Tolavei*a de Esteco, se 
adelanló para prepaiar los asuntos de la fundación 
con el objeto de que se llevara esta nueva al Perú, 
como consecuencia de su animosa labor y actividad, 
y atenuar las noticias que hubiesen llegado á la 
Audiencia de sus desmanes y atropellos. 

En efecto, el obispo puesto en viaje, llegó á Tn 
lavera y luego á Salta, cuya fundación se efectuó 
el 16 de Abril de 1582, presidiendo el ceremonial, 
bendiciendo sus fundamentos y fírmando el acta 
labrada con tal motivo. 

Es prudente creer que llegado á su destino, in- 
terpusiera sus reclamaciones en formo ante el aHo 
tribunal de la Real Audiencia |)or la conducta de 
Lermj, reclamaciones que no fueron sino una con- 
firmación y pruebo superabundante del clamor ge- 
neral y de las acusaciones llevadas por los princi- 
pales vecinos de las ciudades del Tucumán hasta 
la corte de España. 

El señor Victoiia despachado de los asuntos del 
concilio, que dicho sea de paso, dejó allí bien sen- 
tada :su fama de prelado ilustrado, regresó á su 
diócesis leandundo el larguísimo y penoso camino 
hecho anteriormente, para entrar de lleno á organi- 
zar sus trabajos pastorales. 

Una tradición autorizada afirma que este prelado 
trajo consigo desde Lima la imagen de la Purísima 
Concepción, que se venera actualmente en la Ca- 
tedral de Salta con el título del Milagro, y la ob- 
sequió á la primitiva Iglesia Matriz para devoción 
de los vecinos de la ciudad. 



= 55 - 

. Grande es el afecto qiie este prelado tuvo á la 
iglesia y ciudad de Salta: sus demostraciones así 
lo maniñestan con los recuerdos que les dejó, el 
de la imagen de la Virgen, primero, y el otro sin- 
gularísimo, también, que envió desde España, el 
hermoso y devoto Cristo de estatura natural, invo- 
cado igualmente con el título del Milagro desde los 
terremotos de 1692: son dos prendas que publican 
altamente la bondad característica de tan insigne 
prelado para con Salta. 

La diócesis del Tucumán era un vasto desierto 
que se extendía por más de cuatrocientas leguas 
de.sud á norte, y tocaba los límites del obispado 
del Paraguay del cual dependía Buenos Aires, y 
por el occidente la diócesis de Santiago de Chile. 

Dentro de estos límites se levantaban las ciuda- 
des de Talavera, Santiago, Tucumán y Salta. La 
Rioja, Jujuy y Villa de las Juntas se fundaron po- 
cos años después, mientras la ausencia del señor 
Victoria con motivo .de su viaje á España, si bien 
lu última no tuvo larga duración porque veinte años 
pasados de su fundación ó antes, se refundió en 
Talavera, la cual a su vez desapareció con el ter- 
remoto de 1692. 

Visitó y evangelizó la diócesis como verdadero 
apóstol; arregló las desavenencias de los vecinos 
de Talavera y la Concepción, ciudad levantada so- 
bre las márgenes del Bermejo y arruinada por los 
asaltos y depredaciones de los indígenas del Chaco; 
cuestiones jurisdiccionales sobre territorios habían 
alterado la paz de los respectivos cabildos. Después 



— 56 — 

abrió el primer colegio de enseñanza en la capital 
del obispado, bajo la dirección de los |>adres de la 
Compañía, como base de un futnro seminario. 

La causa de Lerma, llevada á la corte de Espa- 
ña con las quejas del obispo, para ventilarse en 
última instancia ante el Supremo Consejo de Indias, 
le arrastró allá también para abogar por los dere- 
chos de su iglesia, de sus diocesanos y reivindicar 
los propíos, desconocidos y conculcados por aquel, 
habiendo salido en 1590 por el puerto de Buenos 
Aires. 

La justicia no tardó en hacerse: Lerma llegado 
á España purgó sus delitos en una cárcel y termi- 
nó sus últimos días en el abandono y en la miseria. 

Nfientras la ausencia del obispo gobernó la dió- 
cesis Fray Francisco Vázquez, según la facultad 
obtenida de la Santa Sede por su antesesor. Des- 
graciadamente, la iglesia del Tucumán no volvió á 
escuchar la voz de su amadísimo pastor por haberle 
sorprendido la muerte en 1592, en su propio Con- 
vento de N. S de Atocha. 

Cuatro años antes de partir tuvo el indecible con- 
suelo de recibir á los primeros misioneros Jesuítas, 
venidos por sus repetidas instancias á ñnes de 1586, 
con los cuales debía echar los primeros fundamen- 
tos de la obra de las misiones en su vasto obispa- 
do, para evangelizar los millares de habitantes que 
lo poblaban. 

Los encargos del Papa en la bula de erección de 
la Catedral acerca de la predicación del Evangelio, 
eran verdaderos mandatos para el celoso obispo: 



- 57 — 

por esto sus decididos empeños para obtener mi- 
sioneros, buscándolos [)or todas partes, ya en el 
Perú, ya en el Brasil, y en la misnia corte de Es- 
paña, los que una vez conseguidos cuidó de que se 
radicaran en las capitales de las cuatro ciudades 
del obispado: en Santiago, Talavera, San Miguel y 
Salta, aunque no llegó á ver la fundación de las 
casas en estas últimas ciudades; igual cosa hizo con 
las demás órdenes religiosos establecidas en la ca- 
pital de la diócesis, promoviendo la ediñcación de 
sus templos |)ara el servicio del culto. 

En la Historia de las Imágenes del Milagro^ 
consignamos al ñnal de la página 71, que la primera 
iglesia franciscana en Salta y tercera entre las que 
se ediñcaron en la ciudad, se levantó á mediados 
del siglo XVII, en vez de decir al final del XVI ó 
en el primer tercio del siglo XVII, que es lo verí- 
dico. Rectificamos hoy el dato porque cuando pre- 
paramos los materiales de la Historia antedicha, lo 
hicimos tan precipitadamente que no tuvimos el 
tiempo necesario para confrontar las fechas. 

Por los documentos que tenemos á la vista, en 
1583, un año después de la fundación de la ciudad, 
la misa celebrábase en casa particular hasta que fué 
levantada la Iglesia Matriz de la cual figura como 
primer párroco en 1587 el Licenciado Pedro López 
de Barraza. Véase lo que era Salta en aquella 
época. 

El documento que transcribimos más abajo, dice 
que en 1592 no había iglesias en Salta; segura- 
mente al hablar en plural se refiérela las iglesias 



— 58 — 

de.103 conventos que se trabajaron después de esta 
fecha, |X)rque, f)rec¡samente, en ese mismo año dé 
1592 aconteció la llegada del Cristo del Milagro, al 
cual se le tributaron solemnes cultos en la Iglesia 
Matriz; y en 1626 existían ya cinco iglesias en la 
ciudad: la Matriz, la Compañía, la Merced, San 
Bernardo y San Francisco. 

Hé aquí el documento aludido, que es una de- 
claración de Alonso Gómez de los Ríos, producida 
en 1626, con motivo de un pleito sobre mejor de- 
recho á una estancia con Rodrigo Pereira, en la 
cual al hacer la relación de sus servicios habla de 
los primeros lemplos que se edificaron en la ciu- 
dad. Lo ínserlnmos íntegro por la novedad de las 
noticias y dolos de aquella época remota, que no 
carecen de interés histórico. 

«En la ciudad de Lermn, á veinticuatro de Sep- 
tiembre de mil seiscientos veintiséis — Alonso Gó- 
mez de los Ríos, vecino encomendero feudatario en 
esta ciudad, y vecino de los que más han servido 
en ella é su Majestad, digo: que yo entré el año de 
ochenta y seis (1586) en esta provincia juntamente 
con Ramírez de Velasco, gobernador que fué de 
ella, á servir á su Majestad, como lo he hecho en 
todas las ocasiones (\i\e se han ofrecido del real 
servicio y en la conquista deVlos naturales, con mu- 
cho lustre de mi persona, sin hober i^ecibido ayuda 
de la real caja, ni de otias cosas que las ciudades 
dan; y el año de ochenta y nueve (1589) volví á 
esta ciudad con el gobernador Ramirezde Velasco, 
el cual teniendo noticia de que en el Valle de Oma- 



-r .59 ^ 

guaoa había cantidad de indios con el curaca Vil- 
tipoco que impedían el paso haciendo daño á los 
pasajeros con robos y huitos y muertes, y habían 
despoblado á Jujuy con muerte de muchos españo- 
es, pareciendo muy conveniente para la seguridad 
de esta ciudad enviar, como envió al coronel Gon- 
zalo Duarte con doce hombres, y á mí entre ellos, 
y llegamos á Omaguaca donde . estuvimos algunos 
dias sin que pudiésemos ver al curaca del Valle, y 
tomamos por medio buscallo y hallado el curaca 
Viltipoco, tratamos con él cosas de importancia, de 
que resultó, el dar la paz, mediante la cual se pobló 
Jujui; y el año de noventa y dos (1592) volví á esta 
ciudad y á la conquista de ella, para lo cual traje 
cotas, dos arcabuces, dos sillas, treinta caballos y 
otros pertrechos de guerra, y seis mil pesos, con 
lo cual puse una estancia y adorné esta ciudad. El 
año de noventa y cinco (1595) se alzó esta tierra 
por muerte de catorce personas y entre ellas un 
fraile; asi bajé lo noche que se supo el alzamiento, 
salí yo y otros doce soldados con el capitán Lope 
Rrabo de Zamora á recorrer la tienn, y al amane- 
cer llegamos siete leguas de esta ciudad, donde 
cerca de una estancia, en el campo, hallamos á Cris- 
tóbal de Jerez y á Burgos, que se habían salido de 
las casas, y tomamos aviso y lumbre, por lo .cual 
lleganí)os á Loco-loco y nos enteramos del alza- 
miento; y al cabo de cuatro dias me envió el dicho 
capitán con doce soldados á correr la tierra con 
orden de que avisase de todo, y estuve ocho dias 
emboscado en diferentes quebradas, y vuelto se des- 



— eo - 

pacho ai gobernador aviso de todo, y luego fuimos 
treinta hombres al castillejo, sitio inexpunable, don* 
de hacían grandes daños á esta ciudad en ganados 

y caballos, y los castigamos, tomando el dicho 

capitán de Ábrego y yo y Estrada cuatro de los 

cuales tuvimos aviso de las demás gente, y venido 
el gobernador ayudé para la guerra con armas y 
municiones, con novillos, carneros, herraje, maíz, 
cuatrocientas gallinas para el gobernador y sus gen- 
tiles hombres; de tocinos, cabras para leche, que 
paran en el campo. Cuando vine é avecindarme á 
esta ciudad (1592), no había campanas ni iglesias^ 
con un cencerro llamaban á misa; ahora hay cinco 
iglesias á las cuales he ayudado para todas las co- 
sas, sus ornamentos y campanas, y las demás co- 
sas de iglesia, y he ayudado á hacer cárcel, casas 

de Cabildo y Cárcel, puentes y acequias fuera 

de otros servicios prestados en Chile». (1) 

Esta relación, en lo concerniente al alzamiento y 
muerte de un religioso se reflere á una sublevación 
calchaquina de los indígenas luracataos en con- 
nivencia con los putares y chicoanas, que asesina- 
ron al P. franciscano Fray Ignacio de la Zerda, 
según otra relación de Rodrigo Pereyra, y se creía 
que la quebrada de Escoipe fuese la guarida de los 
sublevados, por ser camino directo de Calchaquí, 
para asaltar la ciudad de Salta. El lugar de Loco- 
loco citado, hoy Los-los, está en las cercanías de la 
expresada quebrada, y el fuerte ó castillejo se re- 
fiere al que se hallaba construido en la parte opues- 

(1) Archivo de U ProYlDcia— Juzgado de l* Instancia, legajo I de 16S6. 



— 61 - 

ta, en Cobos, aunque en las cercanías de Escoipe, 
donde Gonzalo de Abreú tenía una estancia, había 
también allí otro pequeño fuerte. 

Hemos insistido en aclarar la fecha de la funda- 
ción de las primeras iglesias y conventos en la ciu- 
dad de Salta, para que pueda valorarse la acción 
religiosa del misionero en medio del salvajismo rei- 
nante, exponiendo y derramando su sangre sin más 
recompensa que su ideal de convertir almas á la 
fé de Jesucristo; acción revestida de verdadero herois- 
mo que se desenvolvía bajo la vigilancia pastoral 
de los obispos^ allá en aquellos tiempos de penu- 
ría, de rudos sacrificios y de soledad. 

La casa de la Compañía, que llevó nombre de Co- 
legio, se fundó en Salta en 1596 por el P. Juan 
Romero, superior de los jesuítas en el Tucumán, en 
esa época, y la pequeña residencia de Jujuy pocos 
años después. 

El obispado del Tucumán, como queda dicho, por 
la bula de erección era sufragáneo del Arzobispa- 
do de Lima; creado posteriormente el de Charcas 
en 1609, pasó á formar parte de éste hasta que se 
erigió el de Buenos Aires en 1866, después de dos 
siglos y medio en que organizada la gerarquía ecle- 
siástica en nuestra República, quedaron incorpo- 
radas todas las diócesis subdivididas de la pri- 
mitiva del Tucumán al de Buenos Aires^ La pri- 
mitiva diócesis del Tucumán actualmente la forman 
los obiepados de Córdoba, Salta y Tucumán, y con 
probabilidades de crearse dos más de las Provin- 
cias de Catamarca y Santiago. 



í . . . ^ -< • ."I - ■•• j 



CAPÍTULO HI 



Labor EYangélica-^Las Misiones 



Sumario:— Mérito del obispo Victoria— Obra del misionero je- 
suíta — Vestigios existentes— Fundamento de los mé- 
ritos del sefior Victoria— Apertura de tas misiones del 
Tucumán y Paraguay— Error de M. de Moussy— Ver- 
dad sobre el número de los primeros jesuítas— Prime- 
ros trabajos de los misioneros— Gozo delSr. Victoria 
por la llegada de los jesuítas— Recepción— Oración 
congratulatoria— Misión en Salta y Esteco- Padres 
del Brasil— Falta de personal en las órdenes religio- 
sas— ^Esfuerzos en pro de la conversión de los natu- 
rales—Dirección de los trabajos del obispo Victoria. 
Obras realizadas— Perfeccionamiento de ellas— El P. 
Ronlero— Tribus indígenas que se evangelizan— Escue- 
las— Garta del obispo Victoria al Rey— Elogios al 
misionero jesuíta- FundacioueB' de casas de la Com- 
pañía—Promoción del obispo Trejo— Sus primeros ac- 
. . tos pastorales— Concesión á favor de la Compañía- 
Cédula del Rey— Providencia del Gobernador del Tu- 
cumán— Licencia del obispo Trejo— Título de curas 
doctrineros— Pretensión del obispo de Chuquisaca— 
Defensa del territorio de la diócesis— Fundación del 
Seminario— Convictorio de S. Francisco Javier— La 
Universidad— Concesión de grados— Frutos de la Uni- 
versidad^Provisión de parroquias— Facultad de Teo- 
logía—Disposiciones inconsultas del Gobierno— Acción 
grandiosa del obispo Trejo— Celebración de sínodos 



— 64 — 

f 

—Progresos de las misiones— Organización— Territo- 
rios en que se fundaron— Ubicación principa! de las 
misiones de Jujuy, Salta, Santiago y Tucumán— Es- 
fuerzos y labor que requerían— Víctimas de tos in- 
dígenas—Mapa de las misiones y centros de pobla- 
ción evangelizados— Misiones existentes después del 
siglo XVIII— Su decadencia— Disposiciones del obispo 
Moscoso— Misiones sobre el Río Pasaje— Ruinas y 
desolación— Efecto de las medidas de Carlos III— Sus- 
titución de personal en las misiones— Resultados fa- 
tales—Beneficios de la presencia del jesuita^Defensa 
de los derechos del indígena — Asamblea pública— De- 
claración— Personas que tomaron parte -rMuerte del 
obispo Trejo— Los obispos Pacheco y Cortázar— Es- 
píritu y celo del ultimo— Su traslación— El obispo 
Torres— El Gobernador Albornoz— Su conducta para 
con los naturales— Sublevaciones y represalias — Males 
ocasionados á las misiones— Fallecimiento del obispo 
Torres— Contingente del clero secular— Primeras pa- 
rroquias y doctrinas— Traslación de tribus indígenas ~ 
Inconveniencias - Causas del poco fruto— Pacificación 
de Calchaqui— Sacerdotes doctrineros en Salta, Jujuy, 
Tucumán, Santiago y Córdoba— La Villa de Trancas— 
RIarte —Tribus calchaquíes trasladadas-deducción — 
La huella del misionero -Ultimas misiones en el Cha- 
co por padres de S. Francisco— Anhelos del Gober- 
nador Puch y del Vicario de Salta— Viafe del doctor 
I. Fernández en busca de misioneros— Llegada á 
Salta— El Convento de padres franciscanos— Su per- 
sonal y ocupación— Instalación de los misioneros— De- 
salojo de la antigua Comunidad— Primeros trabajos 
del P. Prefecto— Misión del P. Puigdengolas— Su 
ineficacia— Fin de la misión y del Padre.— Primeros 
irabajos de los misioneros sin resultados beneficiosos 
Creación de recursos— Asociación Católica Civiliza- 
dora—Misión de la «Inmaculada Concepción» —Su 
destrucción— Misión de las Conchas— Trabajos perdi- 
dos -Ocupación de los misioneros— El P. J. Remedí-- 
Su memoria y sus obras — «Misión de Nueva Pompe- 
ya»— El Chaco y el misionero. 



-- 65 ~ 

Pertenece al obispo del Tucumán, ilustrísimo se- 
ñor Victoria, la gloria de haber traído los primeros 
misioneros de la Compañía de Jesús á su diócesis, 
-de donde después se desparramaron por otros lu- 
gares de América para producir el inmenso bien 
((ue dejaron como fruto de sus obras de evangeli- 
zación. No traspasamos los límites de lo cierto al 
^ñrmar que la evangelización del vastísimo obispado 
del Tucumán, hoy fraccionado en tres diócesis, fué 
obra casi exclusiva del misionero jesuíta, cuyas 
huellas aun perseveran en las soledades del desier- 
to, á través de las llanuras y de las montañas ó 
-en el fondo de lejanos valles. He aquí porque ca- 
lineamos de gloriosa su entrada y como un timbre 
de honor para el primer obispo del Tucumán. 

El viajero que recorre estos territorios no tarda 
•en encontrar de improviso, por todas partes, uno 
de esos monumentos que en formo de humilde 
•capilla fueron los centros de atracción para el indí- 
gena y de labor para el inquebrantable celo del 
espíritu del misionero, que todavía subsisten en pe- 
dazos de muros derruidos por el tiempo y por los 
años, ó en algún objeto de arte que se conserva en 
las iglesias fundadas con posterioridad en el mismo 
•teatro de sus fatigas. 

La gloría del señor Victoria es justísima porque 
ni el Paraguay contó con este valioso elemento an- 
tes que lo utilizara el prelado tucumano, sin em- 
bargo de ser aquella diócesis mucho más antigua, 
ni Buenos Aires que formó parte de ella en ese 
4iempo, y que por su proximidad mayor al Brasil, 



— 66 - 

donde el P. Anchieta tenía abiertas sus misiones, 
podía haber participado del provecho con ante- 
rioridad. 

Es, pues, el iiustrísimo obispo del Tucuraán el 
que abrió ^1 camino á las grandes misiones que, 
con el tiempo, adquirieron celebridad en el Paraguay 
y en el extenso territorio de su diócesis.- 

M. de Mussy dice que fueron cuatro los prime- 
ros padres venidos del Perú por llamado del señor 
Victoria, y cita los nombres de Ángulo, Barzana, 
Gutiérrez y Villegas. Muchos han copiado este dato 
y nosotros también lo consignamos en la «Región 
Calchaquina»; pero el editor de la «Conquista Es- 
piritual» del P. Ruiz de Alontoya escribe en una 
nota de la página 23 á 24, que fueron tres: esta 
debe ser la verdad mejor conocida por el editor que 
pertenecía á la misma Orden. Debemos, pues, des- 
contar al P. Gutiérrez, cuyo nombre no vemos figu- 
ror entre los primeros misioneros de esta región. 

«El principio de los trabajos apostólicos de la 
Compañía de Jesús, dice la referida nota, en las 
regiones del Paraguay, se puede fijar en el año de 
1586. Abrió á los jesuítas la puerta de aquellos paí- 
ses el celo de dos ilustres obispos de la Orden de 
Predicadores, Fr. Francisco de Victoria, elevado á 
la silla de Tucumán en 1578, y Fr. Alonso Guerra, 
que ceñía la mitra de la Asunción y tenía á su car- 
go el país llamado propiamente Paraguay. 

El primero de estos prelados viéndose falto de 
clero, escribió cartas muy fervorosas á los Padres 
Provinciales de la Compañía en el Perú y en Bra- 



— 67 - 

sil, pidiéndoles socorro de misioneros para el cul- 
tivo de su vastísima diócesis. Acudieron del Perú 
tres jesuitas en dicho año 1586, y poco después 
desembarcaron en Buenos Aires otros cinco, en- 
viados por el venerable P. Anchieta, Provincial del 
Brasil. Hallábase en esta ciudad Fr. Alonso Gue- 
rra, que viendo llegar á los misioneros, los convidó 
con su diócesis de la Asunción. 

Como aquellas regiones del Tucumán y Para- 
guay estaban colonizadas por españoles, pareció á 
los jesuitas que la nueva misión debía depender de 
la provincia española del Perú y no de la portu- 
guesa del Brasil, y por eso habiéndose vuelto dos 
de los misioneros del Brasil, permanecieron los 
otros tres, unidos á los del Perú, á cuya provincia 
se agregaron. 

Durante unos quince años trabajaron estos pa- 
dres y algunos más que llegaron de refuerzo, pri- 
mero con los españoles de las ciudades y después 
con los indios de las selvas. Copioso fué el fruto 
que recogieron, pero de poca duración por el 
carácter nómada y pasajero que tenían aquellas 
misiones. A principios del siglo XVII se trató de 
dar consistencia y formalizar aquellos trabajos apos- 
tólicos, objeto que s^ logró con la fundación de Pa- 
raguay y Chile, de que habla el P. Montoya». 

En tan pocas palabras no puede estar mejor com- 
pendiada la historia de los primeros trabajos de los 
misioneros jesuitas en el Tucumán. 

Nada fué más placentero para el celoso obispo 
señor Victoria que la llegada de los primeros tres 



- 68 — 

padres de la Compañía, á quienes hizo un magníñco 
recibimiento en su Catedral de Santiago, expresan- 
do públicamente su alegría y entusiasmo desde la 
Cátedra sagrada, con tal motivo, después de un so- 
lemne Te-Deum en acción de gracias por el primer 
contingente de obreros que Dios le deparaba, para 
sembrar la semilla del Evangelio en el campo in- 
culto de las almas puestas al cuidado de su celo 
pastoral. 

«Años hace, decía el elocuente obispo en medio 
de sus trasportes de regocijo, en una magníñca 
oración congratulatoria, que mi corazón suspiraba 
por este día, en el cual gozo del colmo de mis de- 
seos. La dicha y la felicidad puede decirse igual- 
mente mía y vuestra: mía porque Dios me envía 
coadjutores en cuyos hombros descansa el funda- 
mento de su iglesia; vuestra también porque su 
venida es para utilidad vuestra. 

cSaita publica ya los grandes bienes que ha re- 
cibido de estos misioneros en su tránsiío. Esteco, 
ese jardín de Venus, sobrenombre que dice poco 
y significa mucho, y otros le apellidan feria de co- 
dicia, teatro de tiranía contra los naturales é indi- 
ferencia de la religión cristiana, epítetos que la fama 
pública en su descrédito ya los mueve ahorrar del 
lienzo de la fama, mancha tan infame». 

Los padres á su paso por Salta y Esteco habían 
probado, efectivamente, sus primeras fuerzas, y des- 
cargado el celo de su espíritu recogiendo los más 
hermosos frutos de sus dos primeras misiones, de 
las cuales se hizo eco el ilustrísimo señor Victoria. 



^ 69 — 

Con el segundo contingente de padres venidos del 
Brasil, unido al del Perú, formó la primera colum- 
na de misioneros, base relativamente pequeña para 
el ancho campo de labor, pero que gradualmente 
aumentó con otros refuerzos sucesivos llegados del 
Perú. 

Muchas otras comunidades religiosas se habían 
radicado con anterioridad en la diócesis, pero con 
un personal diminuto que no proporcionaban obre- 
ros bastantes para la evangelización, como lo indicó 
- el ilustrísimo obispo Fr. Melchor Maldonado en 
carta al Rey de España, en 1635; «Las Religiones 
tienen en este obispado mucha cortedad, porque la 
de San Francisco tiene pocos sujetos con que ape- 
nas puede servirse en sus coros», lo que podía 
decirse igualmente de las demás comunidades de 
la Merced y Santo Domingo; y luego pedía, á ren- 
glón seguido, cuarenta padres de la Compañía para 
diseminarlos por todos los ámbitos del obispado. 

No obstante la penuria de religiosos, justo es 
reconocer que las comunidades existentes, así es- 
casas de personal, supieron aprovechar todos los 
momentos que se les ofrecían para emplearlos en 
la obra magna de la conversión de la raza indígena. 
Por esto se vé que el religioso franciscano Fr. Ig- 
nacio de la Zerda, no trepida internarse hasta las 
tribus luracataos en 1595 para morir en sus manos, 
víctima de la ferocidad indígena. 

Pero si ellas no pudieron aportar grandes ele- 
mentos á la obra de la evangelización de los natu- 
rales, valga por todas la fecunda labor del gran 



— 70 — 

apóstol del Tucumán, San Francisco Solano, cuyo 
celo no conoció límites en predicar la fe de Jesu- 
cristo y convertir almas para el cielo. 

Qué admirable y fecundo es el espíritu de Dios 
en sus santos! 

San Francisco Solano, hijo del gran patriarca de 
Asís, lleno de ese espíritu se lanzó á esta región 
del Tucuraán, que fué teatro de sus admirables 
proezas por la gloria de Dios. Recorre las ciuda- 
des de un extremo á otro del territorio, á paso 
lento, de á pié, y evangeliza las tribus salvajes des- 
de los confines de Jujuy hasta la Rioja. En el 
Convento franciscano de esta ciudad se conserva 
todavíu un vetusto naranjo, recuerdo de su estadía, 
cuyo tronco hueco, apenas sostenido por algunas 
fibras, revela su vida tres veces secular; en Tucu- 
mán existía un ornamento sagrado de su particular 
uso, según lo hemos oído á personas que lo vieron; 
en Santiago vimos un cordón de lana de su hábito, 
un pedazo de palo de quebracho que le servía de 
almohada y la pequeña celda donde moraba, tes- 
tigo de sus austeridades. 

En los años que vivió en estos territorios fué el 
ángel de Dios que, con el inñujo de su palabra, do- 
blega dulcemente la cerviz del feroz indígena ante 
el signo de la Cruz, y lo regenera con el agua del 
santo Bautismo, fruto hermoso de su catequización 
y de sus fatigas. 

Los que le sucedieron de su misma Orden, por la 
razón que dejamos apuntada, evangelizaron parcial- 
mente, sin tener misiones fijas, las tribus más 



— 71 — 

cercanas á las ciudades, especialmente las tribus 
estecas que circundaban la ciudad de Talavera, y 
suponemos que las demás Ordenes debieron seguir 
esta misma línia de conducta en las diferentes ciu- 
dades donde tenían fundados sus conventos. 

El obispo Victoria no alcanzó á ver perfectamente 
organizadas las misiones en su obispado^ lo hemos 
dicho ya: su primera labor la concretó á misionar 
las ciudades y aldeas ya formadas y pobladas ó por 
colonos españoles ó naturales del país. Los con- 
quistadores ó pobladores españoles necesitaban tanto 
como los naturales de los auxilios de la religión: 
despertar sus ideas y sentimientos adormecidos con 
la vida de abandono y de aventurero en que pasa- 
ban los años, corriendo de una parte á otra, y en 
la que las costumbres relajadas en extremo, cons- 
tituian un germen de inmoralidad perenne y un mal 
fundamento para la formación de las poblaciones 
que comenzaban á levantarse. 

Quedó, pues, para los obispos del porvenir la or- 
ganización deñnitiva de las misiones jesuiticas en el 
campo inculto de tan dilatado obispado. 

Sin embargo, en su tiempo se hicieron algunas 
entradas parciales ya á Calchaquí, como la del P. 
Barzana en 1589 con el Gobernador Velasco, ya á 
los territorios de las tribus indígenas de Jujuí y 
del Chaco también. 

El P. Romero, superior de los jesuitas en el Tu- 
cumáii. inició en 1593 la organización de un plan 
de misiones sin residencias fíjas ó locales, como 
principio de los trabajos apostólicos. Destinó tres 



— 72 — 

padres para evangelizar á Tuoumán, Salta y Jujuy: 
con tal motivo las tribus lules experimentaron el 
influjo del celo de la palabra de Dios al escuchar 
en su propio idioma las verdades eternas, lo cual 
verdaderamente las llenaba de asombro, al decir de 
un historiador, viendo que los padres no ofrecían 
diferencias en el lenguaje, y se sometían sin ma- 
yores resistencias á la ley de Jesucristo; las tribus 
pulares y chicoanas más próximas á Salta; las 
ocloyas, tobas y humahuacas de Jujuy, todas oyen 
por primera vez el anuncio feliz de la buena nueva 
con la predicación del Evangelio. 

Como el rocío de la mañana dulciñca la tempe- 
ratura y la refrigera de los ardores del sol^ así la 
palabra de Dios todo caridad y amor, dulciñca el 
corazón del indígena; apaga sus sentimientos san- 
guinarios, doblega su cerviz ante la grandeza de 
Dios que admira, y nuevas corrientes sustituyen á 
las ideas que poco antes lo dominan. 

Esteco, las tribus del Chaco sobre el Bermejo, 
en Calchaquí las tribus diaguitas^ sienten la misma 
influencia de la fe y doctrina cristianas. 

Otros padres son retenidos en Santiago para 
atender los estudios en las escuelas abiertas. Asi 
quedan diseñadas las línias generales de las mi- 
siones, reconocido el campo de labor, y se afrontan 
los trabajos sin más, entrando de lleno á esa vida 
de duro sacrificio voluntario que gravita á toda 
hora sobre el misionero. 

Poco antes de emprender viaje á Europa, el ilus- 
trísímo Señor Victoria decía en carta á Felipe II: 



— 73 — 

«Si fallasen de esta y la otra América los de la 
Compafjía de Jesüs, bien podría V. M. temer que 
los naturales de ellas no perseverasen mucho tiem- 
po en la fe: á no haber conseguido algunos de di- 
chos padres y esperar otros del Brasil, suplicaría 
á V. M. me concediera licencia para renunciar des- 
de luego el obispado, y volverme á España al retiro 
de una celda. Porque, Señor, solo los jesuítas son 
el imán de los indios^ y se aplican é solicitar de- 
veras su salvación, como lo enseña la experien- 
cia. (1) 

Palabra tan autorizada nos excusa de las consi- 
deraciones del caso; no obstante, hemos de llamar 
la atención, aunque sea doloroso confesar, sobre la 
verdad que ellas encierran, de los desastrosos efec- 
tos que se experimentaron cuando los padres se 
vieron obligados á abandonar las misiones por la 
violencia de los acontecimientos que sobrevinieron 
casi dos siglos más tarde. Las misiones florecen 
en tanto que el espíritu del misionero jesuíta de- 
rrama su celo sobre el neóñto; mientras él encamina 
los primeros pasos de su fe vacilante, la enciende 
y la vigoriza; ilustra su entendimiento y es el alma 
de su civilización. Desaparece de los centros que su 
acción da movimiento y el retroceso recobra sus 
primitivas posiciones. 

Mientras tanto, el P. Romero emprende nuevos 
trabajos en las ciudades: la fundación de casas, 
colegios y residencias según la conveniencia de las 



(1) Lozano, Historia citada, cap. 6 .pAg. 18. 



— 74 — 

localidades para dar mayor impulso á ia obra con- 
versora. 

En Santiago, como sede episcopal, fundó la pri- 
mera casa, ó mejor, la encontró ya habilitada por 
los primeros padres venidos del Perú. Estacase ó 
Colegio con el andar de ios años, en 1794, pasó á 
poder de los Padres dominicos, desde cuya fecha 
tienen allí el Convento dichos padres, si bien su 
primera fundación se remonta á tiempos anteriores 
según expresa el oñcio dirigido al ilustrísimo obis- 
po Moscoso : 

« Ilustrísimo » Señor : 

«Señor: el adjunto documento de solemne ju- 
ramento que en toda forma de derecho hizo esta 
República á los SS. MM. San Fabián y Sebastián 
en ocho días del mes de Julio de 1579, con el Cabildo, 
Justicia y Regimiento y demás individuos que com- 
pusieron este Ayuntamiento, para que Dios Nuestro 
Señor se apiadase mitigar su divina ira, que de pre- 
sente fué servido enviar á esta tierra, y para que 
la aplaque eligieron por Patronos é los referidos 
SS. MM. con promesa solemne á Dios N. Señor 
que de aquel tiempo en adelante, en cada un año 
para siempre, ayunarían la víspera de dichos MM. 
y guardarían esta promesa y voto con las demás 
solemnidades que contiene dicho documento auto- 
rizado, y que se guardaría la fíesta en pública for- 
ma, con misa cantada en la Hermita que fundaron 
y dotaron los dichos señores del dicho Ayunta- 
miento y demás vecinos de esta República. 



— 75 - 

«Y habiéndose fundado después ei Convento de 
los R. R. Dominicos en la misma Hermita, quedó 
el pueblo con la misma pensión de ir anualmente, 
como hasta lo presente, á dicha Hermita ó iglesia, 
en procesión de Rogación, con la misma solemni- 
dad hasta el presente año. 

«Y ahora que se ha trasladado el Convento de la 
referida Religión, ha procurado esta destruir y de- 
rribar la iglesia, llevándose á la que fué de los ex- 
patriados jesuítas, donde se han trasladado, aún 
las cosas que no les hace falta alguna, como todas 
las campanas que tenían, habiendo en el consabido 
Colegio cuatro confesonarios, el pulpito y escaños; 
y finalmente no han dejado estaca en pared en la 
iglesia para venderlo. 

((Señor: estas acciones no dan lugar á la pruden- 
cia de V. S. llustrísima, ni á la obligación mía para 
representar á V. S. I. para el reparo de la parle 
que me comprende. En vista del adjunto docu- 
mento testimoniado que incluyo, se servirá V. S. I. 
instruirme el modo como debo manifestarme en el 
presente asunto tan recomendable al beneficio de 
esta ciudad, á que debo propender.-— Dios guarde 
la importante vida de V. S. I. muchos años. — San- 
tiago, Junio' 12 de 1794. Maestro Francisco Ibañez. » 

La casa de Salta la fundó en 1596, y probable- 
mente, por esta misma época ó antes, la de Esteco, 
y luego la residencia de Jujuy. En la ciudad de 
Tucumén abrió una casa provisoria que sirvió hasta 
1616, en cuya fecha, bajo la proctección del Canó- 
nigo Tesorero D. Francisco Salcedo, nombrado más 



— 76 — 

tarde obispo de Chile, sobrino del Deán de la 
Catedral, que llevó el mismo nombre, se levantó á 
sus expensas, deñnitivamente, el Colegio que pose- 
yeron en la referida ciudad. El Convento de Lules, 
hoy de los Padres dominicos^ da una idea de la 
importancia de las tribus que poblaban ese terri- 
torio. 

La diócesis del Tucumán había quedado viuda 
en 1592 por muerte del Señor Victoria; más la soli- 
citud de los monarcas españoles se apresuró á po- 
ner inmediatamente un sucesor tan digno como el 
que acaba de bajar á la tumba. Fr. Fernando Trejo 
y Sanabria, franciscano, que había recorrido todas 
las escalas de la Orden en sus cargos más eleva- 
dos en América, hasta el de Provincial en el Perú, 
fué el escogido. Era natural del Paraguay. Su 
promoción la hizo Clemente VIII en 1592; pero tardó 
en tomar posesión personal del obispado hasta 1595. 
Sin embargo, desde Lima nombró al Canónigo Te- 
sorero Francisco Salcedo, Gobernador Delegado, 
mientras su ausencia temporal. 

Apenas llegado á la diócesis, abrió la visita pas- 
toral con el objeto de conocer las necesidades de 
su grei y proveerla de los remedios oportunos. 

Continuador decidido de las obras de* evangeliza • 
ción de su antecesor, no se dio reposo en propa- 
gar la fe y la religión en la raza indígena, recono- 
ciendo el verdadero mérito del obrero auxiliar que 
tenía para ello en cada misionero, prodigando con 
tal motivo á la Compañía toda clase de facilidades 
para hacer más esñcaces sus efuerzos. 



— 77 — 

Hallábase en los primeros meses de 1597 en la 
ciudad de Salta practicando la visita pastoral; é 
interiorizado de cuanto convenía al fomento de las 
misiones jesuíticas expidió el auto que insertamos 
más abajo, concediendo á la Compañía que pudiera 
fundar iglesias y casas en el obispado en las partes 
y lugares que fuere de su beneplácito. 

Una cédula real de Felipe 11^ dirigida al Go- 
bernador de las Provincias del Tucumán, datada en 
Toledo á 12 de Junio de 1591, ya había recomen- 
dado de una manera especial á los religiosos de la 
Compañía para que fuesen tratados, honrados y 
favorecidos con todos los respectos debidos á su 
estado y profesión, «habiendo entendido, dice la 
citada cédula, el mucho fruto que con su predi- 
cación, vida y ejemplo han hecho y hacen en la 
conversión y doctrina de los indios de esas Pro- 
vincias los religiosos de la Compañía de Jesús». 

Del buen fruto recogido por el celo y labor del 
misionero jesuíta, ya lo testiñca también el mismo 
Gobernador del Tucumán desde la ciudad de la 
Rioja, en una provisión otorgada en favor de la 
Compañía, por la cual concede al P. Juan Romero 
facultades amplias para fundar casa en cada una de 
las. ciudades, villas y lugares de la Provincia de su 
mando. Insertamos los párrafos más sobresalientes 
de este documento. 

«Por el mucho fruto que hacen y han hecho en 
ella, en los naturales y demás personas, con la.doc- 
trina y buen ejemplo, particularmente los religiosos 
de la Compañía del nombre de Jesús, que han acu- 



— 78 — 

dido y acucien ó esto con más dilii^encia, solicitud 
y cuidado... mondo al Cabildo, Juslicia Mayor y 
Regimiento de las dichas ciudades, villas y lugares 
de esta gobernación, le den todo el favor y ayuda, 
tal cual paro el dicho efecto les fuera pedido, de 
manera que no les falte ni mengüe cosa alguna, y 

no les ponga estorbo ó impedimento alguno 

Que es fecho en la ciudad de Todos los Santos de 
la Nueva Rioja en 29 del mes de Noviembre 
de 1596». 

Con estos antecedentes v el conocimiento ad- 
quirido por la experiencia propia, el obispo pudo 
valorar el alcance de la acción religio.sa de estos 
obreros evangelizadores, en tránsito por estas re- 
giones, desde Córdoba hasta Salla. De aquí el auto 
pastoral, á que nos referimos más arriba, tan lau- 
datorio y comendaticio en favor de la Compañía. 

Dice así : 

«Nos Don Fray Fernando de Trejo y Sanabria, 
por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostó- 
lica, Obispo del Tucumán, del Consejo de su Ma- 
gestad> etc— Atendiendo el mucho fruto que los re- 
ligiosos de lo Compañía de Jesús hacen en todas 
partes en servicio de Nuestro Sefíor, y que sería 
buen medio para el aumento de nuestra santa fe 
católica, y buenas costumbres, tener más iglesias y 
casas de los que tienen en este nuestro obispado 
del Tucumán, por las presentes doy licencia al P. 
Juan Romero de la dicha Compañía, superior de 
los padres de ella, para que en los partes y luga- 
res que le dieren gusto, pueda fundar iglesia y casa 



— 79 — 

de dicha Compañía en este nuestro obispado, y man- 
damos en virtud de santa obediencia, y so pena de 
excomunión mayor latee seníeníice trina canónica 
monitione praemisa, y una pro trina^ que no les 
impida esta nuestra licencia, ni vaya contra ella; lo 
cual también mandamos so pena de quinientos pe- 
sos, aplicados para obras pías, según nuestra dis- 
tribución, en que desde luego sin más declaración 
los damos por condenados. Y les exhortamos y 
encargamos á todos nuestros Guras y Vicarios les 
ayuden y admitan á dichos Padres, porque así es 
nuestra voluntad, y en ello nos tendremos por muy 
contentos y gratos. Fecha en 15 días del mes de 
Abril áe 1597 años en la ciudad de Lerna, Valle de 
Salta. Y. declaramos dar la misma licencia al Pa- 
dre que tuviere licencia del dicho Padre Juan Ro- 
mero, para poder fundar como dicho es fecho--El 
Obispo — Por mandato de S. S. Iltma, Antonio Ro- 
sillo, Secretario». 

Posteriormente, en 9 de Octubre de 1614, el mis- 
mo obispo por una nueva resolución nombró á los 
padres de la Compañía, especialmente doctrineros 
del Valle Calchaquí, no obstante la protección que 
otorgó con no menos benevolencia á los misioneros 
de las demás órdenes religiosas. 

He aquí el auto episcopal que lo acredita. 

«Nos D. Fray Fernando Trejo y Snnahria, Obis- 
po del Tucumán, del Consejo de S. M., etc — Te- 
niendo atención á la extrema necesidad que los 
indios del Valle de Calchaquí tienen de ser doctri- 
nados y enseñados en los misterios de nuestra 



— 80 — 

santa fe católica, y que los padres de la Compañía 
lo han hecho, entrando muchas veces en el dicho 
Valle con nuestra licencia y conforme á su instituto^ 
sin estipendio ni interés alguno, y tienen bautiza- 
dos muchos indios y reducidos al gremio de la 
Iglesia: — por la presente damos facultad al P. Pro- 
vincial, que es ó fuere en esta Provincia, para que 
pueda señalar y enviar al dicho Valle seis Padres, 
más ó menos como le pareciere, para que doctrinen, 
enseñen y catequicen y administren los sacramen- 
tos á todos los indios del Valle de Calchaquí, como 
verdaderos y propios curas, que por tales los nom- 
bramos, elegimos y creamos desde ahora para siem- 
pre, mientras quisieren tener á cargo dichas doc- 
trinas. Y así mismo nombramos por Vicario de 
ellos y de todo el Valle al Padre que en él estuvie- 
ra nombrado por superior, y le damos toda la fa- 
cultad necesaria para el cumplimiento y ejecución 
de dicho oficio, etc— En testimonio de todo lo cual 
mandamos dar la presente, firmada de nuestro nom- 
bre, y sellada con nuestro sello, y refrendada de 
nuestro Secretario en la ciudad de Córdoba en 9 
de Octubre de 1614— El Obispo del Tucumán— Lá- 
zaro Fernández de Paredes, Secretario». 

«Don Luis de Quiñones Osorio, Caballero del 
Hábito de Alcántara, Gobernador y Capitán General 
de estas Provincias del Tucumán, por S. M., etc — 
Vista la nomiración fecha por el R. S. D, Fr. Fer- 
nando Trejo y Sanabria en el Provincial Diego de 
Torres y en el que en adelante lo fuera, para poder 
nombrar sacerdotes religiosos que acudan á doctri- 



— Bi- 
nar los indios del Valle del Calcbaquí y lo demás 
á ello anexo; por la presente en nombre de S. M. 
presento al R. O. al dicho P. Provincial para que 
se le dé título y canónica institución, etc. Fecho en 
la ciudad de Córdoba, Gobernación del Tucumón, 
en 13 de Octubre de 1614~D. Luis de Quiñones 
Osorio — Gregorio Martínez Campusano, Escribano 
M. de Gobernación». 

El señor Trejo incansable en promover todo el 
bien posible, y celoso de conservar íntegros los de- 
rechos de su diócesis, «defendió, dice Lozano los 
límites de su obispado contra la pretensión del Iltmo. 
señor doctor D. Alonso Ramírez de Vergara, obispo 
entonces de Chuquisaca, que no contento con su am- 
plísima y opulenta diócesis, que pocos años después 
se dividió en tres, quiso extenderse á los términos 
de la del Tucumán, enviando el año de 1598, á to- 
mar de hecho posesión de los pueblos de Huma- 
huaca, Casavindo y otros, pero opúsose con valor 
el señor Trejo, enviando al Tesorero de la iglesia 
á hacerle contradicción, por cuyo medio mantuvo 
sin desmembrar su obispado». 

Ha dejado verdaderos monumentos en las gran- 
des instituciones que levantó con desprendimiento 
inimitable, que recuerdan gratamente su memoria. 

En 1599 fundó el Seminario de Loreto en la ciu- 
dad de Santiago del Estero para la formación del 
clero diocesano; en 1613 un colegio de enseñanza 
en la ciudad de Córdoba, denominado «Convictorio 
-de San Francisco Javier», y en este mismo año 
^chó los fundamentos de la Universidad de San 



— sa- 
carlos para instruir y educar la juventud de su dio* 
cesis y la del Paraguay, de donde él era oriundo, 
dotándola con cuarenta mil pesos de renta para su 
sostenimiento. La dirección de todos estos esta- 
blecimientos de enseñanza la conñó á los padres de 
la Compañía. 

El Papa Gregorio XV aprobó la Universidad por 
bula de 8 de Mayo de 1621, y Felipe III por cédulas 
de 2 y 26 de Febrero del mismo año le concedió fa- 
cultad de conferir grados de Maestro en Artes, Ba- 
chillen y Licenciado y Doctor ^ por diez años. Estos 
privilegios fueron renovados más tarde, á perpetui- 
dad por Urbano VIII en 29 de Marzo de 1624, y por 
Felipe IV en 1633. 

Contar los grandes talentos, los hombres notables 
que han salido de las aulas de estos establecimien- 
tos, sería trabajo interminable. El clero ha contado 
con intelectualidades eminentes en las ciencias de 
ambos Derechos y de la Teología, en todas las ciu- 
ciudades del obispado desde la primera época, y de- 
bemos hacer notar que ninguna parroquia era provista 
sino por un laureado en alguna de las facultades, por 
concurso, mediante los trámites canónicos, aunque 
estuviese en los mós apartados lugares de la dió- 
cesis. 

El Seminario ha tenido una marcha no interrum- 
pida hasta los presentes tiempos, bajo la vigilancia 
de los propios pastores, mnnleniendo los estudios 
con más ó menos vigor; la Universidad, como se ha 
visto, que fué una institución eclesiástica, también 
persevera; pero con cambios completamente radi* 



-sá- 
cales. La Facultad de Teología, que estaba incor- 
porada como estudio fundamental para que los sa- 
cerdotes pudieran optar grados en ella, se la ha 
eliminado por un acto anómado del Gobierno de la 
Nación. Primeramente fué nacionalizada la Univer- 
sidad; después se cometió el atentado de la supre- 
sión de la Facultad, acto tanto más sensible cuanto 
que fué llevado á cabo por un gobierno regular, lla- 
mado á respetar el derecho individual y á ejercer 
justicia. El gobierno no ha podido modificar ni me- 
nos anular la voluntad del fundador, aunque la Uni- 
versidad se hubiese nacionalizado, sin lesionar prin- 
cipios y derechos de extricta justicia, dada la índole 
de la institución, completamente particular y esen- 
cialmente eclesiástica, eliminando de ella la Fa- 
cultad de Teología, y obstruyendo al clero los 
medios de habilitarse para el desempeño de los car- 
gos de su ministerio, conforme alas prescripciones 
canónicas, uno de los objetos principales de su crea- 
ción. 

La juventud, pues, afluía de todos las ciudades 
de la vasta diócesis, y Córdoba se hizo notable, 
desde luego, como centro de enseñanza de las cien- 
cias sagradas y profonos, contando con estableci- 
mientos tan completos para la instrucción y educación 
como los que funcionaban, fundados por la muni- 
ficencia de un obispo y el amor decidido á las le- 
tras de un fraile. 

El espíritu emprendedor del Iltmo. Trejo y su 
vigilancia pastoral no se detienen aquí: los hori- 
zontes de su ministerio adquieren mayor amplitud. 



1 

i 



-Ba- 
se dilatan y distinguen por la grandeza de miras 
en las obras que ejecuta, que abarcan el presente 
y el porvenir, á medida que nuevos proyectos ad- 
quieren formas concretas bajo de su inteligencia 
organizadora. 

La conversión de los naturales, la difusión de la 
fe, los medios más adecuados para llegar á los fines 
que se propone, y hacer más pronta y eficaz la 
acción del misionero, hé aquí otro hermoso capítu- 
lo de la actividad de su espíritu infatigable. 

Ha practicado la primera visita de la diócesis; ha 
palpado las necesidades y los males que requieren 
auxilios sin demora, y después de una conveniente 
demora en las ciudades de Talavera, Villa de las 
Juntas, Salta y Jujuy, regresa á Santiago por Tu- 
cumán para abrir el primer sínodo diocesano el 8 
de Septiembre de 1597. Esta asamblea tan respe- 
table por la presencia de las personas que la com- 
ponen^ auna las voluntades todas de gobernadores, 
sacerdotes, misioneros y seglares; á todos interesa 
y todos tienen un solo propósito de coadyuvar efi- 
cazmente á las altas miras de los intereses religiosos 
que afectan en favor de los naturales. 

En 1606 y 1607 celebró otros dos sínodos, que 
fueron un complemento del primero, aunque ellos 
no se distinguen por el carácter de las personas 
convocadas en (^iste, tanto en el orden civil como 
eclesiástico de las diversas ciudades del obispado. 

Después de la visita pastoral, los sínodos consti- 
tuyen los medios eficaces para regularizar la mar- 



— Bo- 
cha y organización de los intereses religiosos de la 
diócesis. 

Las misiones prosperan asi, relativamente, en alto 
grado á su vez. 

Palpados los progresos de la evangelización, el 
P. Estevan Paez recibió encargo de poner en prác- 
tica los planes de una organización permanente, 
más vigorosa, de reconcentrar la acción del misio- 
nero en reducciones locales. 

((Nada había podido hasta entonces detener los 
progresos de la fe, dice Cretinan-Yoly, y en 1602 
sintieron la necesidad de regularizarlos. Aquaviva 
seguía desde Roma á todos esos operarios disemi- 
nados por el nuevo continente, y aplaudía sus tra- 
bajos; pero creyó que era preciso, á fin de darles 
más fuerza, someterlos á una dirección uniforme. 
Esas misiones ambulantes que atravesaban el de- 
sierto y que llevaban una civilización pasajera á las 
extremidades del mundo no debían dejar más que 
un recuerdo confuso entre los salvajes. No basta- 
ba á su vez derramar la simiente del Evangelio en 
una tierra, sino que era preciso hacerla germinar y 
cultivarla hasta que madurase, á fin de que la cose- 
cha fuese más abundante. Aquaviva había creído 
trazar un plan para moderar y dirigir los arrebatos 
del celo: el P. Estevan Paez, visitador de las misio- 
nes transatlánticas, fué encargado de ponerlo en 
práctica. 

((Reunió en Salta los jesuitas diseminados en el 
Tucumán, en el Paraguay y en las riberas del Río 
de la Plata, y todos convinieron en que sus excur- 



— se- 
siones, necesarias al principio para propagar el 
nombre de Cristo y aguerrir á los. Padres no eran 
ya tan indispensables; y que sin renunciar del todo 
á ellas se debía concentrar la acción para que fue- 
se más vigorosa». 

Así, una línea de misiones se abre por el oeste en 
una extensión de más de mil kilómetros, que abar- 
ca el extensísimo Valle Calchaquí, desde la región 
norte hasta sus límites por el sud en Balasto, y la 
continuación de los diversos valles y territorios ha- 
bitados por las famosas tribus diaguitas que confi- 
nan con la Rioja. En el centro mismo de aquel 
valle, tan lleno de fama por las proezas de sus hi- 
jos, por su carácter guerrero, se estableció la misión 
de San Carlos en 1642, destruida por el simulado 
Inca el andaluz Bohorquez en 1658. La población 
actual de San Carlos, data de la época de esta mi- 
sión; fué el primer núcleo urbano formado con los 
indios conversos de las numerosas tribus que ha- 
bitaban en las pendientes y quebradas de la monta- 
ña del occidente, y con los de las tribus angastacos, 
situadas á diez ó doce leguas más al norte. Aquí 
todavia se ven las ruinas de una pequeña capilla, 
en el lugar denominado «Piedra Pintada», ^ 

En la cabecera norte del mismo valle, hay ves- 
tigios de otra reducción que existió en el actual 
pueblo de Cachi, y es muy probable que en Mo- 
linos, primera parroquia en esa región, que llevó 
por nombre el mismo del Valle, de Calchaquí, haya 
existido alguna otra misión por la capilla, conver- 
tida después en parroquia, que data del siglo XVIII. 



— 87 — 

Por el sud queda la misión de Santa María, de 
la cual tanto se ocupa el P. Lozano^ cercana á las 
tribus Quilmes, Cólalaos y otras, y luego seguían 
escalonándose las demás por el territorio de las 
tribus diaguítas. 

Entre los lules, cercanos á la ciudad de Tucumán, 
se fundó la de San Estevan de Lules en 1711. Esta 
misión mereció una atención especial según se vé 
por el empeño de los padres encargados, de apli- 
carse á un estudio prolijo del idioma propio indí- 
gena, de lo cual resultó que el P. Machoni escribió 
un «Arte y Vocabulario Lule y Tonocote». Las 
tribus llamadas Ingas, Velichas y Simocas por el 
sud, las Ghiquiligastas^ Marapas, las Tafí y Amai- 
chas por el oeste, son otros centros importantes de 
conversión bajo el cuidado del misionero jesuita. 
Salta, Jujuy y el Chaco, las tribus que pueblan los 
territorios de Santiago y Córdoba, el desierto dila- 
tado son magníficos campos de labor fructífera para 
el ejercicio del celo del abnegado evangelizador. 

Desde 1628 el P. Gaspar Osorio había comenzado 
é misionar las tribus situadas en los alrededores 
del Fortín Ledesma de Jujuy, que protegía la ciu- 
dad de Guadalcazar fundada por D. Martín Ledesma, 
en aquella región. Asolada la ciudad por los in- 
dios, el misionero tuvo que ponerse en salvo, aban- 
donando sus neóñtos después de más de año y 
medio de labor continua y fatigoso, hasta tener 
nueva ocasión propicia. 

En 1638 volvió á reanudar sus trabajos, ayudado 
por el P. Antonio Ripari. Conocedor de toda aque- 



— 88 — 

Ha región no trepida en internarse hasta las tribus 
Ocloyas en donde abrió los fundamentos de una 
reducción, allí en el corazón de las mismas mon- 
tañas. 

Frente á la población actual de Ocloyas se levanta 
por un lado una elevada montaña; allá, en su cono 
más alto, se mira desde la hondonada una vieja 
cruz que viene renovándose de siglo en siglo por 
los habitantes naturales; es una cruz tradicional cuya 
historia se pierde en los siglos pasados; su vene- 
ración como objeto sagrado y amparo de aquellos 
habitantes, lo publican ellos mismos con palabras 
llenas de fe y de confianza; por esto, dicen, la te- 
nomos delante de nuestros ojos para mirarla á toda 
hora desde nuestras casas. 

Esa cruz es un recuerdo de los tiempos prime- 
ros de la predicación en Ocloyas? No lo sabremos 
decir ni asegurar; pero su historia se remonta á 
época muy remota, probablemente á la primera mi- 
sión jesuítica. 

Últimamente el P. Luis Lorber, misionero Reden- 
torista, ha renovado la cruz colocando una nueva 
en el mismo local de la primitiva después de una 
misión celebrada con provecho de aquellas gentes. 

El P. Osorio y su compañero Ripari fueron mar- 
tirizados con suma crueldad por los indios chirigua- 
nos (1). Son las primeras víctimas en esta región 



(1) Léase lo que escribe al respecto Critinean-Joly en el tomo 4, pAgina 
S68 de la Historia de la Compañía. 

«El Obispo del Tncum&n se había empeñado en consolidar el cristia- 
nismo en el Chaco, y el superior de los Jesuítas dio orden al Padre Oso- 
rio para que penetrase en él. Osorio toma el camino del país de los Oclo- 
yas y empieza á formar una colonia; más apenas se ha ganado algunos 



- 89 — 

que riegan con su sangre la semilla del Evangelio 
arrojada en el corazón de estas naciones indígenas. 

En Ocloyas se conserva alguna tradición entre 
aquella gente de vida centenaria. Se dice que per- 
seguidos los Padres Jesuítas por los indígenas, to- 
maron el camino que baja al Fuerte de Ledesma. 
Como á diez leguas de Ocloyas existe el lugar deno- 
minado «Misión» en que los Padres tenían casa y 
capilla: en el intermedio de Ocloyas y el lugar de 
la «Misión, acosado uno de los Padres por la fatiga 
y cansancio, cayó rendido, por lo que le dieron al- 
cance los indígenas y lo mataron. El otro Padre, 
para ponerse en salvo, se internó por aquellas áspe- 
ras montañas en donde seguramente pereció á ma- 
nos de los mismos bárbaros. 

La tradición agrega que la persecución fué mo- 
tivada porque los indios creían que los Padres de- 
bían tener mucha hacienda. Aunque degenerados 
los móviles del suceso, se vé que existen rastros 
del hecho salvaje, del martirio de los Padres, cuya 
memoria persevera á través de los siglos. 

Aún se ven los cimientos de la primitiva capilla, 
tanto en Ocloyas como en el lugar de la «Misión». 



prosélitos, cuando los FranclscaDOS reclaman aquel pueblo naciente como 
una misión perteneciente á su Instituto. Osorio j el P. Ripari, que se le 
había unido abandonan al momento sus cristianos; más al atravesar las 
montañas caen en una emboscada que les tenían preparada los chirifirua- 
nos, los cuales se lanzan sobre un joven español que acompañaba á, loa 
dos Jesuítas y lo devoran, haciendo perecer en seguida á las misioneros 
en los tormentos*. 

Cierto es que el Gobernador Quiñones adjudicó á los religiosos de San 
Francisco la evangelización de las tribus de la jurisdicción de Jujuv; 
pero ellos no habían abierto ó fundado misión alguna antes de la entrada 
de los Jesuítas al Chaco, tal vez por falta de personal. El P. Osorio, al 
ceder al reclamo de los franciscanos, sin duda tuvo en cuenta lo dispuesto 
por el sobredicho Gobernador, aunque estos no cultivaron la misión des- 
pués de martirizados sus fundadores. 



— 90 — 

No obstante la situación montañosa de aquellos pa- 
rajes, son de aspecto muy pintoresco; en alguna 
parte hay un bosque de pinos, hermoso, único en 
toda aquella región, cnyo origen no sabemos sí data 
del tiempo de los Padres Jesuitas. 

Alguna importancia debe haber tenido la misión 
de Ocloyas, por los restos y datos que todavía sub- 
sisten, los que manifiestan que ella no fué abando- 
nada: hay dos misales impresos en 1657 y sus cam- 
panas fundidas en 1670. Ya hicimos notar en otro 
lugar, que á fines del siglo XVIII el Maestro Carrizo 
de Hores atendía la misión de Ocloyas como Cura 
doctrinero, en cuyo puesto murió en 1700. 

La evangelización de estas tribus y las demás mi- 
siones que se fundaron en los llanos ó campos cer- 
canos á Ledesma, respondían á la catequización 
exclusivamente de los indios tobas, raza inquieta y 
feroz. 

La población actual de Ledesma, hoy estación de 
ferrocarril, próxima al Fuerte que llevó el mismo 
nombre, fué asiento de una tribu toba y en ella se 
echaron los fundamentos de una Reducción en 
debida forma en Mayo de 1756, como lo acredita 
el acta original que insertamos á continuación. 

«En el Presidio y Fuerte de Ledesma á 29 de 
Mayo de 1756, habiendo venido por disposición del 
señor Gobernador y Capitán General de esta Pro- 
vincia á formar la reducción de la nación infiel de 
los tobas, en compañía del muy R. P. Superior de 
misiones Pedro Juan Andreu de la Compañía de 
Jesús, y de su compañero Pedro Antonio Artiguez 



— 91 — 

de la misma Compañía, se presentaron los dos caci- 
ques principales de dicha nación Marini y Thesodi^ 
con toda la gente de sus parcialidades y dominio, 
cuya copia de gentío compone el número de dos- 
cientas y doce almas, que á una con dichos caciques 
pidieron se les concediese la reducción que en el 
discurso de cinco años habían estado pretendiendo 
con ansia; y después de la Misa del Espíritu Santo 
que hice se celebrase, enteré á dichos indios de lo 
que contenía dicha reducción y el ñn para que se 
formaba, por medio de intérprete, quienes admitie- 
ron todos los tratados y artículos que les propusie- 
ron, ofreciendo cumplirlos en todo y por todo, y 
en particular guardar ñel lealtad al Rey nuestro 
Señor y sus ministros, acudiendo á los lances de 
la guerra que fuesen llamados, y el celar con vigi- 
lancia el contorno de este distrito y dar noticia de 
cualquier rumor de gente enemiga que intentase 
invadir; y que como neóñtos que intentaban abrazar 
nuestra santa ley acudirían ai rezo, doctrinas y fun- 
ciones de Iglesia, cada y cuando fuesen llamados por 
los muy R. Padres, á quienes prometían igualmente 
una ciega obediencia en cuanto se les mandase é 
instruyese, á fin de lograr el poder ser cristianos, 
cuyas obligaciones se les explicó lo más claro y 
sucinto que se pudo. Y en este estado, en pre- 
sencia de todo el concurso, en el que se halló mi an- 
tecesor General D. Diego Tomás Martínez de Iriarte, 
Alcalde mayor provincial de la ciudad de Jujuy y su 
Cabildo, y D. Miguel de Pacheco de Meló, Maestre 
de Campo, vino el más antiguo de estas milicias y 



— 92 - 

fronteras, y demás oñciales y personas políticas 
que á este acto concurrieron, me levanté y loman- 
do á dichos dos caciques de las manos los recibí 
en nombre de su Majestad (Que Dios guarde) y en- 
tregué en las de los muy R. Padres para su ins- 
trucción y doctrina, señalándoles al mismo tiempo 
interinamente el terreno correspondiente para dicha 
reducción, contenido dentro de los términos y lin- 
deros del Río de Sora por la parte del norte; por 
el sud el monte del Saladillo; por el oriente el Río 
Grande, y por el poniente las lomas y cuchillas 
más inmediatas á este dicho Presidio, reservando 
para dicho señor Gobernador el título y confirmación 
de esta data, dejando asimismo dispuesto el lugar 
para la formación del pueblo á la parte oriental de 
este referido fuerte, inmediato á él, y prevenidas 
todas estas diligencias, nombré Cabildo, compuesto 
de Corregidor, Alcaldes y Alferes reales, y asimis- 
mo nombré dos capitanes con sus tenientes para 
lo militar, entregándoles á todos las respectivas 
insignias en nombre de su Majestad, lo que con 
semblante agradable y humilde rindieron las debi- 
das gracias, y luego haciéndolos poner en orden 
marché con ellos acompañado de toda la comitiva, 
á son de caja de guerra y bandera tendida á sus 
rancherías, en las que dejando á los dos caciques 
principales me retiré con los mencionados Padres 
y demás circunstantes, acompañados del Cabildo y 
demás Oñciales electos á este presidio, en cuya 
Iglesia entramos á dar gracias á su divina Majestad 
con el Te Deum laudamus, y despidiendo á dicho 



— 93 — 

Cabildo y los Oficiales con su comitiva, di por con- 
cluida y hecha la fundación de la reducción bajo 
de la protección de N. Patriarca San Ignacio de 
Loyola, que por disposición del Señor Gobernador 
se nombró por titular. 

«Y para que conste lo autorizo y firmo con di- 
chos muy R. Padres, dicho mi antecesor y Maestre 
de Campo, yo el General D. Francisco Antonio de 
Azebey, vecino encomendero de dicha ciudad de 
Jujui, Teniente Gobernador y Justicia mayor y Ca- 
pitán de guerra de ella, su jurisdicción y fronteras, 
en este papel común á falta del sellado, y de este 
instrumento se sacarán los testimonios necesarios 
para remitir al Señor Gobernador y entregar á los 
R. Padres, y dejar este de fundación original en mi 
juzgado. — Francisco Antonio Azebey — Jhs. Pedro 
Juan Andreu— Pedro Antonio Artiguez— Diego To- 
mas Martínez de Iriarte— Miguel Pacheco Meló». (1) 

Otras reducciones se fundan casi simultáneamente: 
una sobre las márgenes del Río Negro, otra entre 
este río y Ledesma, que aun conserva' el nombre 
de Reducción. En San Pedro también hubo otra 
con más la de San Simón, abierta con alguna otra 
cuyo nombre se nos escapa. 

Avanzando siempre al norte está la gran misión 
de Humahuaca. Los Padres tenían una pequeña 
residencia en Uquia, tres leguas antes de llegar á 
ella. En este lugar, ó sea en la capilla de Uquia, 
se cree descansan los restos del benemérito P. Lo- 



(1) Del ArehiYo de U Vicaria de JnJul. 



— 94 — 

zano, sorprendido allí por la muerte en su paso para 
Charcas desde Córdoba. Una investigación prolija 
daría con el precioso tesoro de los restos del sabio 
jesuita. 

La región de la Puna de Jujui es otro inmenso 
campo de labor donde hace sentir su acción el in- 
fatigable hijo de Loyola, extendiéndola desde Hu- 
mahuaca, por Cochinoca y Casavindo y va hasta las 
fronteras de la Argentina por el oeste y el norte. 
Sobre las riberas del Bermejo se levantó la misión 
de San Francisco Regis para los indios mataguayos 
en 1653. 

En la Provincia de Salta deben contarse otras 
más, fuera de las del Vahe Calctiaquí, las que se 
fundaron sobre las márgenes del Río Salado, Pasaje 
ó Juramento: siete misiones se levantaron allí esca- 
lonadas^ formando verdaderos núcleos de naciente 
civilización. La misión de San José de Petaéas, 
fundada en 1735 por el Iltmo. Obispo del Tucumán, 
señor Cevallos, para evangelizar las tribus Vilelas 
de Santiago; la de San Esteban de Miraflores es- 
tablecida en 1711 por el P. Machoni; la de N. Señora 
del Buen Consejo de Ortega (Fuente de Agua de 
San Francisco Solano), en 1763; la de Pitos en 1750; 
la de N. Señora del Pilar de Macapillo en 1763; la 
de San Juan Bautista de Balbuena en 1751, y la de 
Santa Rosa fundada por estos mismos años. 

La denominación de «Fuente de Agua de San 
Francisco Solano» creemos le fué añadida á la mi- 
sión de Ortega cuándo ésta quedó á cargo de los 
padres franciscanos después del extrañamiento de 



— 95 — 

los jesuítas, pues así la llama Fray Antonio Flor 
en 1792, por estar fundada en las proximidades de 
la fuente ó manantial que, según la tradición, se 
debe á San Francisco Solano cuando evangelizó esa 
región. 

En Santiago del Estero funcionaban tres misio- 
nes entre los abipones, una en los yucunvampas y 
la que hemos mencionado entre los indios Vilelas. 

Como se ve, para cultivar este inmenso campo 
de labor de las misiones establecidas, y en las cua- 
les muchas reducciones se nos escapan ó quedan 
sin consignarse, cuantos esfuerzos, cuanta abnega- 
ción de espíritu se requiere de una voluntad bien 
probada para someterla á sacrificios solo apreciables 
en toda su intensidad por el que los experimenta, 
y para llegar á la altura del progreso sensible que 
en pocos años distinguió é estos centros. 

Esos esfuerzos, sin duda, ese celo perseverante, 
llevaron el germen fecundo del amor de Jesucristo 
por quien el misionero trabaja, cuya caridad le hace 
superar las mayores dificultades, dándole alientos 
para continuar en su fatigoso apostolado. La sangre 
que vierte es nuevo principio de fecundidad para 
su ministerio. Los Podres Torino y Pablo de la 
Orden de la Merced en los territorios de la Rioja; 
el Padre Zerda, franciscano, entre las tribus Lura- 
cataos de Calchaquí; los Jesuitas Osorio y Ripari 
entre las Tribus Chiriguanas de Jujui, y el P. Cas- 
tañares en las Mataguayas del Bermejo; y cuantos 
mas no han fecundado esta tierra inculta con el 
sudor y la fatiga, con la sed y el hambre, y con 



- 96 - 

SU propia sangre hasta recoger el hermoso fruto de 
almas que lleven la regeneración del bautismo y la 
fe salvadora de Jesucristo. 

Arrojemos una mirada sobre el mapa y veremos 
que no hay montañas ni desiertos que no salvara 
el misionero con la misma fuerza de su caridad y 
celo inagotables. 

Entre los viejos papeles del archivo del Obispado 
hemos encontrado un pequeño mapa que señala la 
ubicación de los Fuertes militares establecidos para 
contener el avance de los naturales y proteger las 
misiones; la fundación de éstas y la extensión de 
los lugares que recorrió el espíritu del misionero 
jesuíta en los territorios de Salta y Jujuy, Tucumán 
y parte de Santiago: las capillas y centros de con- 
versión están marcados con puntos rojos, asi como 
los pueblos ó villas designados ya con sus propios 
nombres. 

Calculamos que el mapa por los datos que sumi- 
nistra ha sido confeccionado, masó menos, á fínes 
del siglo XVIII. Reducido á una escala menor lo 
reproducimos exactamente. Los datos, la ubicación 
de los lugares y cuanto contiene todo está hecho 
con proligidad y verdad; algún defecto se nota úni- 
camente en la distancia que media en algunos lu- 
gares, lo que nada tiene de extraño dada la época y 
la ninguna facilidad con que se contaba en esos 
tiempos. 

Algunas de estas misiones han existido hasta 
principios del siglo XIX, pero ya en completa de- 
cadencia, según se deduce de los autos de visita 



- 97 ^ 

pastoral de los señores obispos. En el trascurso 
de veinticinco años, desde que los padres de la 
Compañía dejaron de cultivarlas, habían llegado al 
estado que informa el siguiente documento: 

«En la Reducción de S. Estevan de Miraflores é 
5 de Julio de 1792, el Iltrao.. señor Dr. D. Ángel 
Mariano Moscoso, dignísimo Obispo del Tucumán^ 
del Consejo de su Magestad, mi señor, practicando 
la visite general de este Obispado del Tucumán, y 
la particular de esta sobredicha Reducción, enterado 
S. S. Iltma. del lamentable estado en que se hallan 
la doctrina y las costumbres de los indios que la 
componen, en quienes muy distante de advertirse 
que el árbol de la fé haya tomado algún progreso, 
después de casi un siglo de su establecimiento, ape- 
nas se perciben algunos débiles brotes, muy fáciles 
de secarse, perseverando la misma ignorancia que 
los cubría en tiempo de su gentilidad; lo que no 
pudiendo ser efecto de la esterilidad de esta tierra, 
•en que infructuosamente ha caído la semilla del 
lüvangelio, pues se descubre que estos indios son 
susceptibles de toda educación; es necesario atri - 
buirlo al poco cuidndo que se ha puesto en culti- 
varla con el continuo riego de la enseñanza; y 
deseando poner remedio ó este gravísimo mal, de 
que debe responder en todos tiempos el ministerio 
pastoral; dijo S. S. Iltma. debía mandar y mandó 
que el Padre doctrinero de esta Reduóción observe 
puntualmente en adelante los capítulos siguientes: 
«Primeramente— Que siendo la escuela de prime- 
ras letras uno de los medios más eficaces y opor- 



— 98 - 

tunos para formar el Animo y hacer que se impri- 
ma toda suerte de verdad, aplique todo su cuidado 
á este utilísin^o establecimiento, procurando ante 
todas cosas poner un sujeto de buena vida y sufi- 
ciente instrucción, de cuyo cargo sea enseñar á los 
pequeftuelos mañana y tarde la Doctrina Cris- 
liana, dándoles por partes lecciones acomodadas 
por alguno de los catecismos aprobados; como asi* 
mismo imbuyéndoles en la lectura de los libros 
castellanos, de manera que en lo sucesivo puedan 
por si mismos valerse de este socorro, asi para 
perfeccionarse en las instrucciones recibidas, como 
para adquirir otras nuevas; y porque no será fácil 
encontrar actualmente entre los indios sujeto de 
estas cualidades, se buscará entre los extraños en- 
tre tanto que lo haya del pueblo, á quien se le do- 
tará completamente con los fondos comunes. 

«Considerando que la multiplicidad de coopera- 
dores quienes velen sobre este punto, puede facili- 
tar su más exacta consecución, será de la primera 
obligación del preceptor de esta escuela instruir con 
toda anticipación dos de aquellos indios, en quienes 
advierta más juicio y capacidad, quienes con títulos 
de fiscales coadyuven bajo sus órdenes al ñn que 
se lleva dicho. 

«Que por cuanto había observado S. S. Iltma. el 
mal método de enseñar la I>octrina á la comunidad 
de este pueblo, reduciéndose á precisarlo que repita 
en confuso las voces mal entendidas de un indio 
que ignora lo que dice, se pusiese por el doctri- 
nero especial cuidado en distribuir este pasto espi* 



- 99 - 

ritual de un modo que pueda servir de nutrimento 
á estas almas, ya dándoles en aquella medida con- 
veniente que exigen las circunstancias, ya ilustrando 
con explicaciones perceptibles lo que hallan más re- 
pugnancia en los sentidos, y ya finalmente acercán- 
dose á examinar en particular el fruto que haya 
producido estas instrucciones, como también las 
causas que lo impidan. 

«Que no pudiendo ejercerse cómodamente por 
una sola persona los oficios de doctrinero y admi- 
nistrador de los bienes temporales, que hacen el 
fondo de subsistencia de esta Reducción, por cuan- 
to siendo éstos de una naturaleza vastos, prolijos 
y capaces de ocupar toda la atención, es forzoso 
quiten el tiempo que debía dedicarse á la instruc- 
ción de los indios, se procure buscar un Religioso 
á propósito que en clase de ayudante se encargue 
de todo el gobierno espiritual de la Reducción, 
presidiendo á la escuela, doctrina y demás funcio- 
nes religiosas, á quien se les asignará salario 
competente de los fondos comunes, del mismo modo 
que queda ordenado en cuanto al maestro de es- 
cuela; y porque para esto se hace preciso el con 
sentimiento del señor Gobernador Intendente de 
esta Provincia, á cuya inmediata dirección se hallan 
las temporalidades de ésta y demás Reducciones, 
se le pasarán por S. S. los oficios correspondien- 
tes con testimonio de este auto, teniendo en todo lo 
demás, entendido el P. Capellán doctrinero, que 
cuidará S. S. Iltma. en informarse asi por medio 
de visitadores como por otros conductos, del esta- 



— 100 — 

do de la Reducción, y de los efectos que haya pro- 
ducido lo mandado. 

«Respecto á que las demás Reducciones de esta 
Provincia exigen los mismos y aun mayores reme- 
dios» mandó asimismo S. S. litma. que el P. Cape- 
llán doctrinero de ésta de Miraflores, sacando tanto 
autorizado con dos testigos^ le pasase á cada una 
de las demás, á efecto de que sus respectivos ca- 
pellanes los observen en la parte que fuese adapta- 
ble, sacando recibo de ello el que remitirá á S. S.. 
Iltma.— Así lo proveyó, mandó y firmó de que doy 
fe. — Ángel Mariano, Obispo del Tucumán. — Ante 
mi: Tomás Montano, Notario Público y de Visita», (1) 

Las misiones á que se refiere el escrito anterior 
son las que ya hemos mencionado más anterior- 
mente, levantadas sobre las riberas del Pasaje, con 
excepción de la de Pitos y San José de Petacas, que 
habían desaparecido antes de 1792; las otras como la 
de Macapillo estaba á cargo de Fr. Antonio Lapa; 
la de Balbuena al cuidado de Fr. Joaquin Cito; la 
de Ortega atendida por Fr. Antonio Flor; la de Mi- 
raflores por Fr. José Navarro Jerez, y la de Santa 
Rosa por Fr. Francisco Martín Lucas, todos reli- 
giosos de la Orden de San Francisco. 

Con el extrañamiento de sus primitivos funda- 
dores, después de 1767, las misiones tuvieron un 
descenso rapidísimo, como lo dejamos indicado, no 



(i; Documento del archivo del Obispado. Para evitar la multiplica 
ción de citas Indicamos que todos los documentos que se inserten en lo 
sucesivo en este y en loa siguientes capítulos, si no llevan llamada espe 
cial, proceden del archivo del Obispado, cuyos originales pueden con- 
sultarse en él. 



— 101 — 

obstante la solicitud de los obispos de proveerlas 
de nuevos obreros y de todas las medidas condu- 
centes para su mayor prosperidad, según se ha 
visto en el auto pastoral anterior. 

Muchas desaparecieron paulatinamente, y por fin 
oasj todas; las poblacipnes formadas siguieron el 
mismo camino, sus habitantes tornaron á su pri- 
mitiva vida nómade; las escuelas se clausuraron, 
y lo que en otro tiempo ofrecía animación, labor, 
vida de progreso y civilización, fué reemplazado 
nuevamente por la soledad del desierto. En Mira- 
flores hoy todavía se ve un pedazo de muro de la 
pequeña torre que hermoseaba la primitiva capilla 
de la misión; en Balbuena los restos de un molino 
que presupone cultivo de cereales en gran escala, 
y por consiguiente, agricultura floreciente en el 
bosque que ha reemplazado á la llanura y labranza 
de otro tiempo. 

Son las consecuencias legítimas del crimen de 
lesa civilización cometido contra la Compañía de 
Jesús con las medidas de extrañamiento^ ordena- 
das por Carlos III, que separó á los padres misio- 
neros de sus centros de enseñanza, dejando que la 
barbarie vuelva á reinar en todo su apogeo en estas 
regiones. 

Los padres de la Orden de San Francisco hablan 
sustituido al jesuíta misionero; pero ya se sabe que 
el solo cambio de métodos es por si un retroceso, 
tanto más si ellos no se aplican con extricto rigor 
al bien general y particular, adaptable á cada caso; 
ó la decadencia tuvo por causa la apuntada por el 



— 102 — 

Iltmo. Moscoso, el hecho real es que las misiones 
quedaron abandonadas, sin más, al comenzar el si* 
glo XIX. 

Igual cosa sucedió con las restantes de las regio- 
nes diferentes del Tucumán. 

En Santiago del Estero habían quedado dos en 
pie; después una en Abipones, y posteriormente 
ninguna; en Jujuy, la de San Ignacio que terminó 
por el abandono; en Salta no hay que contar. Solo 
pudieron resistir á la destrucción general aquellos 
núcleos de población que habían arraigado con ma 
yor profundidad en la fe ven la enseñanza cristiana. 

Incontables son, en verdad^ los frutos dejados por 
el celo y las fatigas de los padres de la Compañía; 
mayores habrían sido aun si se les da tiempo para 
terminar su obra. Nada son los inconvenientes 
que la naturaleza de los lugares les opone, ni la 
ferocidad indígena que la dulciñcan con su espíritu 
de caridad. Omnia saferst, dice el Apóstol, lodo 
lo sobrellevan sin queja por amor á Jesucristo, en 
cuya milicia se habían alistado con vocación verda- 
dera para ir hasta el sacriñcio. 

Y en esta lucha han de sacar victoria hasta de 
las intrigas y odios, á que se ven expuestos de con- 
tinuo, por la defensa de los derechos de sus neófi- 
tos, obligados á sostenerla para librarlos de las 
cargas que gravitan sobre ellos. 

Tales debieron ser estas cuando el clero todo de- 
liberó presidido por su Obispo, en una reunión pú- 
blica habida al efecto, referente al servicio personal 
á que eran obligados los naturales. Una declaración 



4 

» 



— 103 — 

solemne sobre la ilicitud de esa carga fué el resul- 
tado de la reunión, redactada en la acta siguiente 
que insertamos, y de la cual se hizo eco el Oidor 
D. Francisco de Alfaro para publicar sus ordenan- 
zas por las que mitigó el servicio de una manera 
racional. 

El Iltmo. Obispo Trejo presidió la asamblea. 

«En la ciudad de Santiago del Estero, Capital de 
la Gobernación del Tucumán, lunes doce del mes 
de Diciembre de 1611 años^ todos los que aquí de 
yuso firmamos, decimos: que habiéndonos juntado 
á tratar y conferir sobre si el servicio personal de 
los naturales de la Provincia, conforme .á las orde- 
nanzas hechas por el Gobernador Gonzalo de Abreu, 
es lícito ó ilícito; hemos sido y somos de parecer 
que el dicho servicio personal, como el día de hoy 
se practica y usa de él, conforme á dichas ordenan- 
zas, no es lícito^ por las causas y razones que re- 
ferimos cada uno de nos en la dicha razón, en 
presencia y con asistencia de muchos que se ha- 
llaron en esa junta. — El Obispo del Tucumén — 
Alonso de Rivera— El Licenciado D. Francisco de 
Alfaro— D. Luis de Quiñones — Tesorero de la Cate- 
dral, Francisco Salcedo— Fray Cristóbal de Ayala 
del Orden de San Francisco, Custodio de esta Cus- 
todia de San Jorge del Tucumén— Fray Pedro Ló- 
pez Valero— Diego de Torres, Provincial de la Com- 
pañía de Jesús— Fray Baltazar Navarro— Fray Geró- 
nimo Barrientes, Procurador General de la Custodia 
de San Jorge— Francisco Vasquez Truxillo — Fray 
Baltazar Escudero— El Licenciado Antonio Rosillo. 



« 

r 



— 104 — 

I 

Fray Pedro Guerra de N. Señora de las Mercedes 
dijo: que acerca del dicho servicio personal, hablan- 
do absolutamente, se conforma con los demás que 
arriba han ñrmado, y firmólo— Fray Pedro Guerra. 
Todos ñrmaron ante mí y lo dijeron como está 
escrito, y por mí se leyó y doy fe que los conozco. 
Juan de Vergara, Escribano de su Majestad.» 

Fué, pues, un aliento para el misionero esta decla- 
ración y un punto de apoyo para el porvenir en 
sus defensas. 

Tres años después de esta junta, el Illmo. Obispo 
Trejo, lleno de méritos bajó al sepulcro en 24 de 
Diciembre de 1614, mientras recorría la diócesis en 
visita pastoral y regresaba de Córdoba á la capital 
del obispado. 

Una vacante de cuatro años siguió hasta la 
venida del sucesor, el Dr. Julián de Cortázar, natu- 
ral de España, é instituido obispo en 1618 por el 
Papa Paulo V. Sin embargo de ésto, el mismo 
Papa había nombrado con anterioridad al Iltmo. Cor- 
tazar, á Fray Alonso Pacheco, Provincial de la Or- 
den de San Agustín, y natural de Lima; pero no 
aceptó el cargo. 

Tuvo un gobierno corto el Iltmo. Cortázar en la 
diócesis, por haber sido trasladado á la silla Arzo- 
bispal de Santa Fe de Bogotá en 1625. Su promo- 
ción á este alto rango pone de relieve sus méritos y 
su preparación para el gobierno eclesiástico, no 
menos que su talento, sus virtudes que le hicieron 
acreedor para tan delicada y honrosa misión. 

Así, á medida de su vasta ilustración era la pro- 



— 106 — 

fundidad de su virtud que nunca pudo ocultar, por- 
que se revestía de formas sensibles en su celo 
ardiente para recorrer hasta ios últimos confínes 
del obispado: las fatigas y las privaciones tan fre- 
cuentes en los largos y penosos viajes, eran regalos 
exquisitos, que los gozaba con mayor fruición, si de- 
bía suministrar algún auxilio espiritual á las almas 
conñadas á su vigilancia pastoral & costa de sus 
voluntarios sacrificios. 

Este mismo espíritu informó á su sucesor Fray 
Tomás de Torres, dominico, trasladado del obispa- 
do del Paraguay en 1626. Este prelado, oriundo de 
España también, se distinguió allí en diversos Con- 
ventos de su Orden como Maestro en Sagrada Teo- 
logía, y en la Universidad de Lovaina como público 
profesor de gran nota. 

Por esta época gobernaba la Provincia del Tu- 
cumán D. Felipe de Albornoz. Ocupado en contener 
y sofocar las sublevaciones de las tribus calchaqui- 
ñas, no pudo prestar auxilio alguno al ministerio 
pastoral del obispo, ni á las misiones para impri- 
mirles estímulo, estabilidad y desarrollo. Los al- 
zamientos de los naturales ordinariamente tomaban 
un carácter general, y ya puede comprenderse los 
graves inconvenientes que debían ocasionar para la 
marcha regular de las misiones. 

Los últimos sublevamientos se habían originado 
por causa del mismo gobernador Albornoz, nada 
hábil para el trato de los negocios públicos y mucho 
menos para entenderse con la clase de gente des- 



— 106 — 

tinado á gobernar que, por su propia índole, reque- 
ría un tacto especial. 

Es muy conocida la afrenta que inñrió á los princi- 
pales jefes de las tribus calchaquinas, los cuales con 
un número considerable de los suyos habían acu- 
dido á darle la bienvenida en su llegada ó la ca- 
pital de la gobernación, aleccionados por el misio- 
nero que los dirigía y doctrinaba. Disgustado el 
gobernador y echándolo á falta de respeto á su 
soberanía, de que los indios se hubiesen presentado, 
aunque modestos en el traje, con el cabello largo 
flotante sobre las espaldas, á usanza de sus propios 
hábitos y costumbres, mandó trasquilarles la ca- 
beza, ordenando que en lo sucesivo debían así pre 
sentarse para rendirle homenaje. El bochorno su- 
frido por los indígenas fué grande, y como tal ju- 
raron vengarse del desacato cometido para con ellos, 
cuyo orgullo no quedó satisfecho sino con la de- 
predación y el asalto á las poblaciones españolas 
en la guerra cruel que declararon en venganza de 
la humillación inferida. 

En estos incidentes, mortales para las reduccio- 
nes^ imagínese el lector, cuantos esfuerzos, cuanta 
solicitud debía desplegar el misionero para conser- 
var el fruto de sus trabajos, la fe de los neófítos; 
para salvar su propia vida y conservar también las 
posiciones conquistadas en el terreno de la civiliza- 
ción, viendo el desbande general que se operaba 
en los centros de catequización y las hostilidades 
consiguientes que le ponían en inminente peligro. 

El obispo Torres murió hacia el año de 1632, en 



— 107 — 

la ciudad de Chuquisaca^ con ocasión de asistir á 
un Concilio Provincial, al cual había sido convocado- 
No completaríamos este capítulo sino menciona- 
ramos la parte que cupo al clero secular en la evan- 
gelización de los indígenas, compartiendo la abne- 
gada tarea de doctrinante con el misionero jesuíta. 
Las doctrinas ó centros de converción, multipli- 
cados bajo la acción organizadora de los obispos y 
de la actividad laboriosa del misionero^ tuvieron 
también á su frente muchos sacerdotes seculares, 
respetabilísimos, y peritos en el idioma de los natu- 
rales; muchos de ellos habían actuado como vicarios 
ó curas en esta ciudad de Salta, antes de ir á so- 
terrarse al fondo de una reducción indígena. 

Entre los ceotros más antiguos de la jurisdicción 
de Salta y Jujuy, cuyos misioneros comenzaron á 
denominarse curas doctrineros, hemos encontrado 
los de Guachipas, Chicoana y Calchaquí— hoy Mo- 
linos — y los de Perico, Ocloyas y Humahuaca. 

Los gobernadores civiles, con el fin de producir 
un debilitamiento de fuerzas en la unidad de las 
tribus para facilitar su sometimiento á la conquista, 
adoptaron el sistema de traslación por secciones ó 
tribus á lugares diversos y distantes. Esta medida 
aunque inconsulta, por cierto, porque originaba la 
despoblación llevando los indios á climas diversos, 
pudo dar mejores resultados, si no hubiera tenido, 
por otro ladp, el fantasma de la encomienda que 
obstruía todo anhelo noble. 

Las tribus luracataos fueron trasladadas á Perico; 
muchos pueblos de Calchaquí á Guachipas, otros 



- 108 -- 

como los de Tolomboná Choromoro de Tucumán con 
los de Colalao; los Quüraes á Buenos Aires, como 
se sabe, y muchísimos á diferentes lugares. 

Merced, pues, á esita medida de dibilitamiento en 
sus localidades ordinarias con la disminución de 
los habitantes, pudo entrar el Valle Calchaquí en 
una era de pacificación. 

Entre los curas doctrinantes de Guachipas^ en- 
contramos al Licenciado José Diaz Loria en 1689: al 
Maestro Simón Díaz de Zambrano en la doctrina de 
San Francisco de Ampascachi en 1696. Próxima 
á esta reducción habían sido trasladadas las tribus 
calchaquíes de Bombolan y Gualfin. En San Pedro 
de los indios Pulares, reside el Maestro Pedro de 
Carabajal, cuya atención la extiende hasta las tribus 
vecinas escoipes; en Perico, el Maestro Don Cosme 
del Campo Rosa en 1690; en Ocloyas el Maestro 
Juan Nicolás Carrizo de Hores en 1691; en Choro- 
moro de Tucumán el cura de Esteco en 1693, des- 
pués del hundimiento y ruina de esta ciudad. La 
villa de Trancas, cercana á la doctrina Ghoromoros, 
se erigió para sustituir á ésta, pocos años más tai- 
de, y el Maestro Martinez de Iriarte edificó una 
capilla en Riarte, fundo capellánico suyo, para 
ayudar á la evangelización de los mismos indios 
lolombones. 

A principios del siglo XVIII encontramos la doc- 
trina de Chiquiligasta en la jurisdicción de Tucu- 
mán, al Dr. José de Toledo; y más tarde al doctor 
Juan de Saavedra Gramajo, cura doctrinante de los 
pueblos ó tribus de ingas, Ampatilla, Simoca, Beli- 



— 109 - 

cha y Araaicha, todos bajo el cuidado del mismo 
cura doctrinero deChiquiligasta. En las tribus Ma- 
rapas actuó en sus primeros años de sacerdocio el 
Dr. José de Frías, de origen santiagueño como lo 
era el Dr. Gramajo. 

Las tribus vuelas y matalaes de Santiago del Es- 
tero tenían al Dr. Juan Bravo en 1735, y en 1595 el 
presbítero Don Miguel de Milla era cura doctrinante 
de los naturales de Córdoba. 

Aunque incompletos estos datos, maniñestan con 
todo, que el clero secular seguia las pisadas del mi" 
sionero con ardor, llevando su contigente á la causa 
de la civilización cristiana. 

A propósito de la traslación de las tribus indíge- 
nas de Calchaqui á Guachipas, encontramos en un 
alegato sobre mejor derecho á unos terrenos de en- 
comienda de este lugar, entre don José A. Cruz 
con Don Felipe Apolinar Arias, el párrafo siguiente 
en que el primero dice: 

«Guando don Alonso Mercado de Villacorta desna- 
turalizó los indios del Valle Calchaqui, sacándolos 
á los llanos que así llamaban, de la quebrada de 
Escoipe para fuera, en esta jurisdicción, habían en 
Calchaqui varias parcialidades que se llamaban Fu- 
lares, Tonocotes, Sichas, Payogastas, Cafayates, Ca- 
chis, Bombolanes, Animanaes, y otras naciones cu- 
yos nombres y etimologías se derivaron de aquellos 
pueblos que en Calchaqui tuvieron en su gentilidad, 
y tomando el mismo renombre de los naturales, 
asimismo, y bajo ese título fueron fundadas las en- 
comiendas que aquí se repartieron (en el Valle de 



— lio - 

Guachipas) y las reducciones para su habitación». O 

Es indudable que el Valle Galchoquí estuvo po- 
blado por numerosísimas tribus, cuyos nombres de 
muchas de ellas hoy no se conocen. En el espacio 
que media entre Cafayate y San Carlos, de cuatro 
á cinco leguas, habitaban las tribus Cafayates, Chus- 
chas, Anquingastas, Animanó, (') Bombolan y Cas- 
rainchangos, tribus que fueron sacadas, como que- 
da dicho, á los llanos de la jurisdicción de Salta^ y 
las de Casminchango á Tucumán. 

Entre Bombolan y Animanó existía una reduc- 
ción. Todos estos datos los hemos tomado del do- 
cumento que hemos citado anteriormente. 

La huella del misionero está aun patente á través 
de los siglos, es cuanto podemos añadir. 

Como remate de este capítulo vamos á agregar 
algunas noticias referentes á las últimas misiones 
que se establecieron en el Chaco, casi un siglo des- 
pués de la expatriación de los jesuítas, bajo la di- 
rección de Padres de la Orden de San Francisco, 
llamados de Propaganda fide. 

Siempre ha sido un anhelo general la evangeli- 
zación de las tribus del Chaco, sumidas en la ido- 
latría y en la barbarie. La erección del nuevo obis- 
pado de Salta respondía también á este fin según 
la intención del Monarca español: «para que pueda 
ir adelantando en la reducción por la proximidad 
al Chaco, facilitándose de este modo la navegación 



(l) Doenm«iitoB del Sr. Delfín Nofiez, yeeino de Oaachipas ^corres- 
pondientes & 177S. 

(S) En muchas partes está escrito Ablmani. 



— 111 — 

del río Bermejo y los intermedios del Pilcomayo». 

Gobernaba la provincia de Salla en 1855 el señor 
D. Dionisio Puch, quien de acuerdo con el Vicario 
Capitular Don Lorenzo Aznarez y el presbítero Doc- 
tor Isidoro Fernández, trató de que se fundaran 
nuevas misiones sobre las margenes del Bermejo. 
A consecuencia de esto el Doctor Fernández hizo un 
viaje á Europa para procurar los misioneros. Arre- 
glado el asunto en Roma, con la mediación del su- 
mo Pontífice Pío IX, en 1856 se puso en marcha 
con un personal de catorce Padres misioneros, con 
rumbo á Salta, trayendo por superior Prefecto al 
P. Fr. Pedro M. Pelicci. En Marzo de 1857 se 
hallaban instalados ya en Salta. 

El actual Convento ocupado á la sazón por Pa- 
dres argentinos de la Provincia franciscana de la 
Asunción del Río de la Plata, contaba con un per- 
sonal diminuto de cinco Padres, ancianos la mayor 
parte. La Provincia franciscana en aquella época 
pasaba por una de esas crisis tremendas, con mo- 
tivo de las agitaciones políticas, que conmovieron al 
f)aís desde la revolución de Mayo de 1810, que llevó 
sus conmociones hasta el fondo de los claustros, en- 
torpeciendo la vida regular con la anarquía en que 
envolvió al país entero durante cuarenta años. Sin 
embargo, aún así, procuraba con esfuerzos no co- 
munes mantener sus Conventos, llenos de hombres 
sabios, haciéndolos útiles á la religión y la socie- 
dad; y el Convento de Salta tenía abierto un Cole- 
gio frecuentado por jóvenes de las principales fami- 
lias de la ciudad. 



- 112 — 

Llegada la nueva Comunidad, se instaló provi- 
soriamente en el Convento de la Merced; pero el 
gobierno deseando instalarla de una manera esta- 
ble, propuso la unión de las dos Comunidades. Re- 
chazada la proposición, sea porque el asunto debía 
sujetarse á algún trámite, ó por otros motivos, por 
los Padres de la Provincia, fueron estos inmediata- 
mente desalojados y posesionados los recién llega- 
dos. El acto tuvo sus formas desagradables. De 
la antigua comunidad quedó un Padre en el Con- 
vento por muy anciano, que luego murió; un se- 
gundo murió también en una casa de familia á 
poco del suceso; un tercero secularizó; Fr. Abraham 
Argañaráz, fraile eminente por su talento, buscó 
refugio en otro Convento de su Provincia; el quinto 
se ocupó en una parroquia de campo. 

Instalada la nueva Comunidad de misioneros, el 
superior Prefecto dotado de una actividad extra- 
ordinaria y de una energía á prueba, emprendió 
los primeros trabajos en buscar los medios para 
llegar á su ñn. 

Una base inesperada encontró el P. Pelicci para 
-sus misiones. 

El P. José de Puigdengolas, español de naciona- 
lidad y antiguo alumno del Colegio misionero de 
Tarata en Bolivia, se había adelantado á su pensa- 
miento, fundando una misión ó fines de 1856 ó á 
principios del 57, en el lugar llamado «Esquina 
Grande» en la ribera occidental del Bermejo. 

La obra del P. Puigdengolas, grande en sí pero 
efímera en sus resultados, no podía considerarse 



— 113 — 

sino como una iniciación para futuros trabajos, 
porque era materialmente imposible que un solo 
misionero pudiera atender á la catequización evan- 
gélica de las tribus y á las múltiples demandas 
que requiere una obra de misión: la mayor parte 
del tiempo debía emplearla en andar de un lado á 
otro para proporcionarse medios de subsistencia 
para sí y sus neófitos, invocando la caridad pú- 
blica. De aquí pueden graduarse los resultados, 
cuando para procurarse semillas y plantas, tuvo 
que hacer un viaje de cuatro meses, entre ida y 
vuelta, á Potosí, en cuyo camino supo la llegada 
de los Padres misioneros de Italia á Salta. 

El fin del P. Puigdengolas fué desastroso, como 
el de su misión: esta hubo de abandonarla, y él á los 
pocos meses, en una de tantas correrías, regre- 
sando á formar una nueva misión en la ribera 
opuesta del mismo río Bermejo, murió á manos 
de los bárbaros en 30 de Noviembre de 1860. 

Hemos dicho que la misión de la Esquina Grande 
sirvió de base á los proyectos del P. Pelicci, por- 
que, efectivamente, con motivo de ella, tuvo oca- 
sión de visitar y reconocer personalmente esos de- 
siertos y ponerse en contacto con las tribus, para 
seleccionar los terrenos y elegir lo más conveniente 
para las nuevas misiones. A fines de 1857, apro- 
vechando la formación de una colonia boliviana en 
la ribera oriental del Bermejo, frente á Esquina 
Grande, como á ocho leguas de distancia de este 
lugar, trató de echar los cimientos de una misión 
que reemplazara á la del P. Puigdengolas: tres Pa- 



- 114 - 

dres trabajaron inútilmente en esa amalgama de 
cristianos é infíeles, que, al ñn tuvieron que aban- 
donar éste primer ensayo de su obra, rodeados por 
dificultades insalvables. 

Mientras estos trabajos preliminares, el P. Pelicci 
redactó los estatutos de una «Asociación Católica 
Civilizadora» para procurar recursos en toda la Re- 
pública en favor de las misiones, así como los re- 
glamentos porque debfan regirse dichas misiones. 

La Asociación mereció no solo la aprobación del 
Exmo. Delegado de la Santa Sede, Monseñor Ma- 
rino Marini, de las autoridades eclesiásticas de las 
diversas diócesis de la República, sino muy parti- 
cularmente del gobierno civil de Salta y del Vica- 
rio Capitular del obispado. 

A fines de 1859 se abrieron los fundamentos de 
la «Misión de la Imaculada Concepción» en la ri- 
bera oriental del Bermejo, con un número de fa- 
milias de más de cien. Cuatro podres trabajaron 
constantemente durante 17 años, y cuando su es- 
lado prometía llegar á constituir un núcleo de po- 
blación urbana, las veleidades del Bermejo^ río sin 
cauce ni lecho estable, un día, desbordándose ex- 
tremadamente, arrasó la misión y se llevó todo^ 
salvándose apenas la gente que huyó á las alturas 
y á los árboles. 

En 1862 se fundó la «Misión de San Francisco 
de las Conchas» en la misma ribera oriental del 
Bermejo. Esta misión tuvo otras cousas de con- 
tratiempo para su abandono, como el reclutamiento 
forzoso que se hacía por los dueños de las Hacien- 



— 115 — 

das y establecimientos agrícolas de las Provincias 
(le Salta y Jujuy de los indios mansos, dejando á 
la misión exhausta de las familias que la compo- 
nían, con la pérdida de los frutos alcanzados y de 
cuanto sacriñcio y labor se habían impuesto los mi- 
sioneros, para obtener con la perseverancia y el 
cuidado, los resultados favorables en la catequiza- 
cíón que se les arrebataba de entre las manos, des- 
pojando así á la misión de sus moradores neófitos, 
para volverlos á la vida salvaje. 

La misión de la Inmaculada fué fraccionada en 
1868, fundándose la de San Antonio á una legua 
de distancia de la primera. Su fin fué el mismo 
que el de la Inmaculada Concepción, destrozada por 
el Bermejo. 

Dura labor es la obra del misionero, y labor 
expuesta á muchas contingencias y adversidades 
para el misionero y su obro. Los Padres no por 
et fracaso sufrido han dejado de emplear sus ener- 
gías y su celo en bien de los pobres matacos. 
Muchos años, y puede decirse con verdad, casi 
durante el tiempo que han pasado sin misiones, 
han venido desempeñando el ministerio parroquial 
en iglesias fronterizas al Chaco, como Rivadavia y 
Oran, para derramar el bien, de algún modo, sobre 
la raza mataguaya. 

Entre los Padres misioneros que han dejado una 
memoria imborrable por la constancia de su carác- 
ter, por su celo apostólico, por su espíritu obser- 
vador, se ha« distinguido el muy recordado Padre 
Fray Joaquín Remedi, que ha vivido incansable- 



— 116 — 

mente en el desierto. Como fruto de sus observa- 
ciones nos ha dejado un importantísimo trabajo, 
único en su género, del idioma mataguayo, un «Vo- 
cabulario Mataco-Castellano», digno de su espí- 
ritu cultivado, que podrá servir de fundamento para 
estudios posteriores, que pudieran afrontarse por 
los entendidos en ñlología, de los diversos idiomas 
de las razas que han poblado y pueblan todavía los 
desiertos de nuestra extensa República. 

Últimamente, una nueva tentativa ha llevado al 
Chaco á los Padres misioneros de Salta. El 29 de 
Noviembre de 1900 el P. Bernabé Tambolleo, Pre- 
fecto de misiones, ha fundado la de «Nueva Pom- 
peya», situada en el Chaco austral, á 50 leguas del 
pueblo de Rivadavia, en la cual trabajan tres Pa- 
dres. El Chaco constituye todavía un problema y 
será objeto del más vivo anhelo para el celo apos- 
tólico del misionero. 



CAPITULO IV 



Primeras isambleas Sinodales 



1597-1606-1607 

Sumario ¡—Mérito histórico de los sínodos del Obispo Trejo— 
Lectura del manuscrito— Importancia del primer sínodo 
—Su composición— Apertura— Orden de las sesiones- 
Materias á tratarse — Bondad de ' las ordenaciones — 
Postergación del segundo sínodo— Causas— Convoca- 
toria—Dificultad para la lectura del manuscrito— Im- 
portancia del documento — Noticias interesantes del 
tercer sínodo — Complementando los anteriores — Re- 
ducciones-Industrias de la época— Las carretas tucu- 
manas — Monedas — Precios de mercaderías — Lienzo, 
calzetas, sayal— El algodón -Alcohol en la Rioja— No- 
ticias diversas. 

Como un monumento de historia insertamos en 
apéndice el texto íntegro de las materias definidas en 
los tres sínodos celebrados por el iltmo. señor Tre- 
jo, labor digna del celo y del espíritu episcopal de 
su iniciador. Para nosotros ha sido un trabajo ím- 
probo descifrar el manuscrito, copia de 1635, por 
el deterioro y apagamiento de la letra en muchas 
partes; algunas pocas lagunas han quedado, pero 
fáciles de comprenderse su sentido. 



— 118 — 

La organización de la primera asamblea, celebrada 
en la ciudad de Santiago en 1597, que relata el acta 
preliminar, hace conocer el carácter é importancia 
que se le imprimió y su respetabilidad por la com- 
posición de las personas asistentes, tanto del clero 
como del estado laico. Indudablemente, fué medida 
muy acertada la del señor obispo Trejo dar un ca- 
rácter general á esta primera asamblea diocesana 
con la composición hecterogénea de las personas 
convocadas: las materias á tratarse, encaminadas 
si bien al- mejor provecho espiritual de la diócesis, 
particularmente de los intereses y adelanto de los 
indios, cuyo porvenir preocupaba vivamente al obis- 
po, en muchos puntos debían rozar con intereses 
particulares; de aquí la conveniencia de la compo- 
sición (le personas dada á la asamblea. De la dis- 
cusión serena resultarían dilucidados los principios 
de justicia, base de los mandatos á sancionarse con 
el voto común, que debían regir sin discrepancia 
de opiniones en todo el territorio de la diócesis. 

La asamblea inició sus trabajos con una reunión 
preparatoria la víspera del día 8 de Septiembre de 
1597, designado para su apertura, y terminó el 29 
del mismo mes, después de un trabajo diario de 
nueve á once de la mañana para las sesiones pú- 
blicas en la Catedral, y de dos á cuatro de la tarde 
para las sesiones secretas en la casa del obispo. 

Las materias están divididas en tres partes: la 
primera contiene once constituciones que versan 
acerca de la doctrina y modo de enseñar á los na- 
turales; la segunda consta de diez y ocho mandatos 



— 119 — 

que se reñeren á la administración de los sacra- 
mentos; la tercera de veinticinco sobre diferentes 
asuntos de reforma. 

Han pasado más de tres siglos hasta la época pre- 
sente, desde que se sancionó este sínodo, y sin 
embargo, aun podría servir de norma en mucha 
parte de sus ordenaciones, como las contenidas en 
ios subsiguientes, con especialidad en lo que con- 
cierne á la catequización y buena marcha de las 
misiones. 

Insertamos la carta sonidal preliminar de cada uno 
de ellos, porque hay una sencillez de lenguaje que 
cautiva, una bondad de miras que enaltecen todas 
y cada una de las resoluciones adoptadas: el lector 
podrá admirar el espíritu que movió al ilustre obis- 
po para derramar el bien bajo formas tan provecho- 
sas en pro de la diócesis y de los intereses de la 
raza indígena. 

Aunque quedó decidido en este primer sínodo 
que el segundo se celebraría el 15 de Agosto de 
1599, sin embargo, trabajos de otro género, absorbie- 
ron la atención del iltmo. señor Trejo, especialmente 
en lo que mira á la ñnalización general de la visito 
pastoral y conocimiento de la diócesis, así como 
en lo concerniente al cumplimiento de las disposi- 
ciones adoptadas en la asamblea de 1597. Para po- 
ner en práctica lo que tenía relación con las misio- 
nes, esto solo debía ocuparle gran parte de su 
tiempo. La diócesis, que debía considerarse como 
un vasto desierto, por lo mismo había necesidad 
de crearlo todo en ella, organizar y cimentar lü 



— 120 — 

obra civilizadora, cuya gerencia se hallaba en ma- 
nos de los obispos. 

Nueve años habían pasado desde la celebración 
del primer sínodo; llegó el de 1606, y recién pudo 
convocarse para el segundo, cuyas decisiones miran 
casi exclusivamente é la administración eclesiástica 
y á la buena marcha del capítulo Catedral. 

Con la misma diñcultad que hemos descifrado el 
manuscrito del primer sínodo, hemos hecho el de 
este segundo, con el deseo de conservar, como he- 
mos dicho, estos monumentos de historia que se 
relacionan íntimamente con esta diócesis, es decir, 
con los fundamentos de las primeras obras que le 
habrían horizontes de luz y de civilización cristiana. 

Los datos históricos que el lector encontrarará en 
las diversas ordenaciones del tercer sínodo, hacen 
muy interesante su conocimiento, tratándose de no- 
ticias de una época tan remota. 

Este sínodo es una ampliación perfeccionada del 
primero, en el cual la parte más sobresaliente mira 
al porvenir y suerte de los pobres indios, defendi- 
dos y amparados por las ordenanzas de que consta. 

El aumento de misiones para acelerar la conver- 
sión de los naturales, es una de las primeras medi- 
das que se adopta; se legisla para las ya estableci- 
das en las estancias de Salta entre las tribus pu- 
lares y de las Villa de las Juntas, lo mismo que 
para las de Humahuaca en Jujuy. 

Por la constitución cuarta se viene en conoci- 
miento de las industrias dominantes de la época, 
cuyo incremento y desarrollo se había generalizado 



— 121 — 

en las diversas ciudades de la gobernación del Tu- 
cumán, y los precios á que se cotizaban las mer* 
cancias en ese entonces. 

Las carretas tucumanas, que tanta nombradía al- 
canzaron en la República, al servir de vehículo para 
el transporte de mercaderías desde Buenos Aires á 
las provincias del norte, hasta mediados del pasado 
siglo, es una industria que nació al propio tiempo 
que se abrieron los hindamentos de la ciudad de 
San Miguel en su primera ubicación. Los ricos 
bosques de maderas apropiadas que circundaban á 
la ciudad^ la facilidad para explotarse, sin duda al* 
guna, abrieron entre los tucumanos esta fuente de 
comercio, de la cual se hicieron casi exclusivos con 
el andar de los años, en la fabricación de carretas. 

Es curioso que entre los estipendios de monedas 
para pagos de misioneros y de cualquier negocio, 
la constitución antes citada, señala lo que copiamos 
textualmente, bien que los mandatos sinodales te- 
nían fuerza de ley en el orden eclesiástico como en 
el civil: «En San Miguel del Tucumán hay lienzo y 
carretas: el lienzo corra al precio dicho (cuatro rea- 
les vara); las carretas que se han de dar y recibir, 
á treinta y ocho pesos por cada una». 

La industria de tejidos estaba muy desarrollada 
en todas las ciudades de la diócesis, como que su 
exportación se hacía en gran escala para las provin- 
cias del Perú. En Tucumán se fabrica lienzo; en 
Santiago del Estero calcetas, lienzo y alpargatas; en 
Córdoba sayal y lienzo, y en todas las demás ciu- 
dades, por lo general, lienzo; lo que prueba el de- 



— 122 — 

sarrollo que había alcanzado el cultivo del algodón 
con resultados sumamente satisfactorios. 

Por otro documento que tenemos á la vista, la 
Rioja se distinguió en la fabricación de alcohol de 
uva, cuyo precio se cotizaba á doce pesos la botijn 
de arroba y media. Verdad que esta industria apa- 
rece un siglo después de las anteriores, á principios 
del siglo XVII. Seguramente las primeras cepas 
fueron introducidas á Talavera de Esteco como ciu- 
dad más antigua^ de donde trajeron á Salta las pri- 
meras plantas por los años de 1630 á 1635 al lugar 
que hasta hoy se conoce con el nombre de la ^ Viña», 
cerca de Cobos, que data de esa época, y su culti- 
vo se propagó paulatinamente con toda probabilidad 
desde lilsteco hasta la Rioja, el Valle Calchaquí y 
otros lugares. 

El lector encontrará muchas otras noticias en es- 
te último sínodo de 1607, que son una verdadera 
novedad por la previsión y oportunidad de las me- 
medidas adoptadas^ asi como podrá admirar el es- 
píritu eminentemente justiciero que lo informa. Una 
cosa resalta á primera vista con los colores más 
simpáticos: la caridad y amparo de que fué digno 
el pobre indígena, desplegados por el corazón pa- 
ternal de los obispos, quienes usaron de toda su 
autoridad para defenderlo en sus derechos, en sus 
bienes y en su persona, y organizaron las reduc- 
ciones, doctrinas y misiones, proveyéndolas de todos 
los elementos conducentes á alcanzar una civiliza- 
ción rápida en beneficio suyo. 



CAPITULO V 



Apostolado en Iccióo 



Sumario:— La obra de los obispos en el primer medio siglo— 
Cualidades sobresalientes— Su ilustración y su celo- 
Semejanza con los primeros apóstoles — Caracteres 
especiales de los hombres según las épocas— Diversi- 
dad de obras— Constancia y ánimo para su ejecución- 
Bandera de principios— Ejercicio del apostolado— Difi- 
cultades — Asistencia á los concilios provinciales- 
Caminos difíciles y largos— Resarcimiento del tiempo — 
Sínodos diocesanos— Propósitos y fines — Frutos— In- 
conveniencias del carácter indígena— Sublevamientos- 
Causas— Promoción del obispo Maldonado— Su entrada 
por Jujuy— Visitas pastorales-Contradicciones— Ente- 
reza— Dos sínodos— Peligros y celadas contra la vida 
del obispo— La gloría de Dios ante todo— Duración 
de su episcopado— Su muerte— Espíritu de celo y de 
entereza de los obispos— El íltmo. Cevallos— Carta al 
Marqués de Castelfuerte— Condiciones de las tribus 
indígenas— Defensa del obispo— Privilegio en favor de 
los indios Vil elas— Condenación del sistema de enco- 
mienda—Recaudación de la renta por los caciques- 
Misionero en peligro de muerte — Los Yucunvampas y 



— 124 — 

Vuelas — Promesa de visita — Ocupaciones á que se 
someterá el obispo — Abandono de la Provincia — El 
nuevo Gobernador— Noticia placentera->Asalto á tres 
fuertes— Muertes ocasionadas—Peligro para Salta- 
Actitud del obispo Ceballos- Instancias del Cabildo- 
Partida del obispo y su regreso— Carta ú un misionero 
de Santiago— Felicitaciones del obispo— Dos bautis- 
mos entre los Yucunvampas — Disposiciones varias — 
Consejos paternales— Medidas de seguridad— Tribus 
Matalaes— Disminución de la renta del obispo— Des- 
prendimiento— Iglesia provisoria— Cesión de terrenos- 
Manutención de los indios— Residencia del misionero 
entre los Vilelas— Necesidad de preveerlo todo— Móvil 
de tales medidas— Sucesor del obispo Maldonado— 
Iltmo. Bor ja— Primeros cargos— Su institución— Tiempo 
que gobernó la diócesis— Su traslación á Truxillo— 
Cualidades sobresalientes— Despedida— El iltmo. Ulloa 
—Medidas para pacificar las tribus— Encargo á los 
jesuítas— Gestiones para trasladar la sede episcopal— 
Iniciación de trabajos para una Catedral— Fundación 
de Catamarca— Traslación de Tucumán— Solares de 
terrenos destinados para templos en Tucumán— Las 
misiones del Chaco— Carácter pródigo del obispo- 
Muerte del iltmo. Ulloa— El doctor Juan Bravo Dávila— 
Su promoción— Hermosas prendas personales— Su falle- 
cimiento—Estado floreciente de la diócesis— Recuerdo 
imperecedero de los ocho primeros Obispos — Sus 
obras y trabajos. 



El lector ha podido darse cuenta, aunque some- 
ramente, por las ligeras narraciones que dejamos 
consignadas en los capítulos anteriores, de los tra- 
bajos llevados ó cabo por los cuatro primeros obis- 
pos que han gobernado la diócesis del Tucumán, 
durante el primer siglo de existencia. 

La figura de estos grandes prelados, grandes por 
su vasta ciencia, por el vigor inquebrantable de su 



— 126 — 

espíritu, por el celo pastoral que jamás experimentó 
decadencia ó flojedad en los mayores aprietos, ni 
en los peligros inminentes de la vida, se destaca 
agigantada, solo comparable con la de los primeros 
apóstoles del cristianismo, que derramaron la semi- 
lla fecunda del Evangelio; es verdad, ellos eran tam- 
bién los primeros apóstoles de esta tierra americana, 
que la regaron con el sudor de sus fatigas y la 
engrandecían con sus hermosas virtudes. 

Dios prepara los hombres, amolda los espíritus 
y los reviste de caracteres singulares^ según las 
épocas y las necesidades de los tiempos; los obis- 
pos de la vasta diócesis del Tucumán, llevaron sin 
duda alguna, este distintivo, pues no se concibe de 
otra manera tanto aliento, tanta fuerza de vida, 
sino solo porque estaban inspirados en la caridad 
de Jesucristo^ verdadero molde en que se funden 
las almas de los apóstoles, que se inmolan á toda 
hora por todos, por el bien del prójimo. La diver- 
sidad de obras apostólicas que emprenden á la vez, 
esa labor asidua para implantarlas, cuidar de su 
organización, administración, estabilidad y creci- 
miento, hasta poder recojer el fruto de ellas, como 
el árbol que se levanta, cuya simiente se la ha he- 
cho germinar y desarrollar hastó constituir el ro- 
busto tronco, que sostiene un frondoso ramaje, cu- 
bierto de flores y de frutos, así los obispos habían 
creado sus obras y cultivádolas en la diócesis con 
admirable constancia, sin desalientos para atravesar 
los desiertos, salvar las grandes distancias, marca- 
das por centenares de leguas, para hacer presencia 



- 126 - 

corporal en los grandes y pequeños centros de po- 
blación, en las reducciones do indios conversos^ á 
fín de tomar una parte activa en la catequización^ 
dar métodos precisos para la enseñanza y alentar 
al pobre misionero en su vida dura y fatigosa, en- 
cerrado ya entre ásperas montañas ó rodeado por 
las sábanas interminables del desierto. 

Todos habían gravado en su corazón un mismo 
lema y habían desplegado una misma bandera de 
principios: gloriñcar á Dios por la conversión de 
ios pueblos inñeles encomendados á su vigilancia; 
iluminar sus almas con la luz del Evangelio y pro- 
pender con sus obras al progreso y á la civilización 
cristiana, en beneficio de la raza indígena. 

Por eso se les ve entre las tribus tonocotes de 
Córdoba ó entre las abipones de Santiago; mañana 
en las vilelas y yucunvampas; otro día entre las 
luleS; tafí y aconquijas de Tucumán, ó entre las 
diaguitas y calchaquíes; ya sobre las márgenes del 
Juramento y del Bermejo ó entre los tribus ocloyas, 
purmamarcas y humahuacas de Jujuy, ó bien entre 
los pulares, chicoanas y luracataos de Salta. 

Y al considerar la falta de caminos en aquellos 
tiempos, sin medios cómodos de viabilidad, sin ele- 
mentos para hacer un tanto soportable la vida en 
las travesías y desiertos de un extremo al otro del 
obispado en las visitas pastorales, cuántas dificul- 
tades no debieron vencer para llenar su deber como 
lo cumplieron. Cuando la fatiga era excesiva oca- 
sionada por el andar continuo sobre el caballo ó la 
muía, se permitían el gran lujo, diremos así, de un 



— 127 — 

iDiserabie carretón, cuya marcha lenta é incómoda 
debían soportar hasta llegar donde hubiera almas 
que salvar. 

Por otra parte, la asistencia á los concilios pro- 
vinciales les demanda inmenso trabajo por el largo 
tiempo, que ordinariamente se empleaba en el viaje, 
nunca menos de uno á tres meses, siendo muy fre- 
cuentes las reuniones en aquella primera época por 
la necesidad de formar leyes y reglas adaptables á 
las necesidades de las nuevas cristiandades de cada 
región; los obispos debían transportarse desde Cór- 
doba ó desde Santiago del Estero hasta Linña ó 
Charcas, primeras capitales metropolitanas, desig- 
nadas como punto de reunión. 

El tiempo consumido en estos viajes lo resarcían 
después con ardor y celo encomiables, poniendo en 
práctica los mandatos sancionados, entre los suyos, 
y sacando nuevos estímulos de esas mismas juntas 
fraternales y apostólicas en bien de la propia 
grey. 

La legislación de estos concilios, á su vez, era 
secundada por nuevas constituciones y decretos de 
los sínodos diocesanos, que venían después á com- 
plementar las instrucciones generales. Los sínodos. 
como se comprende, es otiía labor fecunda para 
cortar abusos, extirpar vicios y remediar infinidad 
de males, en alivio de la pesada cargo que gravita 
sobre el natural que gime bajo la voluntad despó- 
tica del odiado é insaciable encomendero; era el 
medio de dar unidad y vigor á los esfuerzos comu- 
nes para producir amplio vuelo á la obra de la pro- 



— 128 — 

pagación de la fe cristiana y á la mejor organiza- 
ción de los trabajos á emprenderse ó emprendidos 
ya en los centros de conversión, ya también en las 
parroquias que habían podido erigirse. 

El pastor reúne en estas asambleas á sus cola- 
boradores y los enciende en su propio celo para 
luego lanzarlos al campo de acción ó de labor; allá 
van robustecidos por vínculos más estrechos de 
correspondencia con su obispo, y por consiguiente, 
llevando en su espíritu miras más elevadas en prp 
de la causa común del bien de las almas y del pro- 
greso de la religión. 

De aquí la abundancia de frutos que se recoge, 
no obstante lo indomable del carácter indígena y 
los inconvenientes que surgen, á cada paso, á con- 
secuencia de los continuos sublevamientos, ya ge- 
nerales ó parciales de los naturales, ocasionados 
las más de las veces por las extralimitaciones de 
ios colonos españoles; sublevaciones hasta cierto 
punto justificadas porque representaban un princi- 
pio en la defensa de los propios derechos, ó para 
contrarrestar la fuerza con la fuerza que encarnaba 
su libertad. 

El Papa Urbano VIII había promovido en 1632 
para el obispado del Tucumán á Fr. Melchor de 
Maldonado y Saavedra, oriundo de Sevilla, otro de 
los prelados cuyo celo no conoció reposo ni en- 
friamientos. Pertenecía á la orden de San Agustín. 
«Entró en Jujuy, dice Lozano, primera ciudad de 
su obispado, á V de Agosto de 1634. Pero no llegó 
á su catedral de Santiago hasta 28 de Junio de 



— 129 — 

1635, por venir visitando muy despacio, por aquella 
parte, el resto de la diócesis, que fué esmero, que 
le duró todo el tiempo que se lo permitieron los 
achaques, haciendo indefectiblemente la visita todos 
los años, ó por mejor decir, andando incansable 
toda la vida ocupado en atender al alivio de sus 
ovejas como solícito pastor, por toda la diócesis, la 
eual siendo tan dilatada y de caminos ó muy incó- 
modos ó muy fragosos, solo concebirá cuan inmenso 
trabajo le costaría y cuan grande era el celo de su 
ilustrísima, quien los hubiese visto y andado». (1) 

Sus visitas pastorales, lentas, respondían á inte- 
riorizarse de las menores dificultades que pudieran 
obstaculizar el fruto espiritual de las nuevas cris- 
iiandades, y á dejar bienes menos pasajeros en pro- 
vecho de las mismas, morando en ellas y robuste- 
ciendo la acción del misionero con la palabra, con 
el ejemplo y con su presencia. 

En su largo episcopado sufrió hondos pesares y 
amarguras de todo género con las contradicciones 
•que le hicieron los señores poderosos de la con- 
quista, por defender y amparar la libertad y los 
derechos de los pobres neófitos y de su iglesia, sin 
que ni la fuerza bruta, ni las violencias, intimidaran 
€u ánimo y su espíritu apostólicos en el cumpli- 
miento de sus grandes deberes episcopales y de 
justicia para con sus diocesanos. 

Siguiendo el camino trazado por el ilustrísimo 
Trejo, celebró dos sínodos en 1636 y 1644 respecti- 



,(l) Historia citada, tomo V, pág. 386. 



— 130 - 

valúente; utilizó las órdenes religiosas radicadas en 
el obispado para acelerar la propagación del Evan- 
gelio y aquietar el espíritu belicoso de los natu-- 
rales. 

Con este motivo corrió grandes peligros de per- 
der la vida, pues él mismo tomaba á su cargo per- 
sonal, en muchas ocasiones, de reconciliar los 
ánimos sublevados de los indígenas y procurar la 
paz en los vecindarios constituidos; nada, pues, le 
arredra en sus penosas empresas, ni lo delicado de 
su salud, ni las incertidumbres á que le impulsa su 
celo para afrontar los mismos peligros. 

Así le aconteció cuando el levantamiento de Bo- 
horquez con las tribus calchaquíes contra las armas 
de la conquista para proclamarse jefe de ellas, por 
cuya pacificación tanto interés puso que corrió ha- 
cia las tribus sublevadas, creyendo que su sola 
presencia ó su |)ersuasiva palabra bastaría para 
calmar las cosas; pero esta vez nada consiguió, y 
pudo dar gracias á Dios de haberse salvado, provi- 
dencialmente, sin caer en las celadas preparadas de 
antemano por la ferocidad indígena, azuzada por 
Bohorquez. 

Todo lo pospone en tratándose de los intereses 
religiosos, como buen obrero de la causa de Dios y 
de la religión. El lema de su bandera era llegar 
hasta el sacrificio por la gloria de Dios. 

Consumido por un laborioso y fecundo pontifi- 
cado de 27 años entre los suyos, entregó su alma 
á Dios en la ca|)ital de su diócesis, lleno de méri- 
tos, por el año de 1661. 



— 131 — 

La entereza de los obispos corre pareja con el 
temple de su celo, lo hemos dicho ya. Aunque 
tengamos que adelantarnos á la época que describi- 
mos, nada prueba mejor la tesis del presente capí- 
tulo que el precioso documento del iltmo. Obispo 
Cevallos al Marqués Castelfuerte, Virrey de Buenos 
Aires en 1735. Al describir su labor apostólica hace 
conocer la situación precaria del indígena por quien 
aboga, condenando el sistema de encomiendas im- 
plantado por la conquista, «como la peste más per- 
judicial» en estas regiones. 

Nada teme: su entereza apostólica le hace hablar 
claro hasta pedir la abolición completa de la obra de 
los conquistadores, las encomiendas, yugo inso- 
portable que gravita sobre el natural con pesadez 
y fiereza abrumadoras 

He aquí el documento aludido. 

«Excmo. señor: 
«Cuarenta y seis días há que estoy padeciendo; 
los seis primeros de unas puntadas, y después de 
un calambre reumático á la pierna izquierda, de 
que, gracias á Dios, quedo mejor, aunque todavía 
ó poco ejercicio se me exita el dolor; y ha sido la 
causa de no haber dado más pronto respuesta á tres 
que recibí con fecha de 31 de julio de V. E. en que 
venero los dictámenes que se sirve V. E. expresar 
como producciones de su alta inteligencia y acre- 
ditadas experiencias, y por la provisión real que 
se ha dignado V. E. despachar á favor de estos po- 
bres indios vilelas; (1) doy á V. E. muchas gracias, 

(1) Tribus indígenas situadas sobre las márgenes del Rio Salado de 
Santiago del Estero. 



— 132 — 

pero en cnanto á ser encomendados, siendo el pri- 
vilegio solo por diez años, debo decir á V. E. que 
si lo llegasen á entender^ no saldría ni parecería 
ninguno, porque están muy ladinos y advertidos, y 
de lo primero que se cautelan es de esto como de 
las mes dura y cruel servidumbre, y sería hacer- 
los de peor condición y más desgraciados siendo 
reducidos por el Prelado á sus propias y grandes 
expensas, y solicitándolo ellos voluntariamente, que 
si corriesen por los padres de la Compañía de Je- 
sús, que goza de este indulto, así en los pueblos 
de los Chiquitos como en los del Paraguay, y go- 
zarán con las nuevas del Chaco que le están encar- 
gadas en la misma conformidad, y si en las supe- 
riores facultades de V. E. no hay arbitrio para más 
equidad con estos desdichados, respecto á las leyes 
que se citan, habré de ocurrir á su Majestad en su 
real y supremo consejo de las Indias, á representar 
no solo lo referido, sino que se extingan todas las 
encomiendas de la provincia como la peste más per- 
judicial al servicio de Dios y de su Majestad, y 
que las tazas tributos se apliquen á los gastos de 
esta guerra, recogiéndose por los mismos caciques, 
que los entreguen á los tesoreros, y no por admi- 
nistradore*!? que, como temporáneos y al quitar, 
solo l^\aan u^ disfrutar los indios con más rigor 
que los encomenderos mismos. 

«El doctrinante de resulta de la entrada que hizo 
ó sus rancherías enfermó gravísimamente con peli- 
gro de perder cuando no la vida, el juicio; pero 
habiendo convalecido, volvió á su empresa, y tiene 



,- las- 
en el sitio de la nueva fundación un buen número 
de la nación de Yucunvampas, y despachó á los 
vílelas ó su conñnante Domingo Céspedes para con- 
venirse con ellos del tiempo y disposiciones que 
necesitan para salir de una vez con toda su chusma 
de mugeres y niños; pero como entre los mismos 
que tengo destinados para esta obra haya resulta- 
do alguna desunión y otras especies y chismes para 
desconñarlos á ellos, y entibiar ó los indios, porque 
el diablo no duerme á vista de la guerra que se le 
hace, he determinado pasar allá sin bajar á Córdoba, 
atravesando por Santiago desde Rioja y Catamar- 
ca, encerrando allí la vuelta de mi visita, que será 
mediante Dios para la semana santa, y no salir de 
entre ellos, cargando tierra y madera para su igle- 
sia y casas, vestido de pañete, en cinco ó seis me- 
ses, hasta dejarlos bien fundados y establecidos. 

((Esta provincia se ha visto estos meses en el 
mayor desconsuelo v turbación como acéfala y sin 
cabeza, habiendo parado el gobernador D. I. de 
Armaza en Cgrdoba y dudándose por muchos de la 
venida de D. Matías de Angles; por lo que ha sido 
el arco iris de la mayor serenidad la noticia que ha 
llegado estos días de tener ya los despachos en su 
poder, y próximo á salir de Potosí, como será del 
mayor consuelo su presencia y su conducta de ge- 
neral alivio y defensa de la tierra. 

((Cuando llegué de vuelta á esta ciudad, que fué 
á 11 de septiembre, concurrió la noticia de que los 
enemigos habían hecho algunas muertes en todos 
los tres fuertes de Balbuena, Cobos y San José, 



— 134 — 

y decirse quo estaban inmediatos á esta ciudad, y 
teniendo por preciso que se saliese en su alcance, 
hice una plática á la gente que salió á acompañar- 
me con el Teniente, en ocasión de agradecerles el 
trabajo, y despedirlos exhortándolos á ello, y ofre- 
ciéndome á acompañarlos en persona, y en su mis- 
ma presencia mandé prevenir caballos con traje de 
campaña y lo demás necesario, y con efecto salí el 
día 15 por la tarde, pero habiéndome repetido el 
Cabildo sus representaciones y los Prelados de las 
Religiones, y salido los capitulares e( día siguiente á 
traeime, me hube de volver desde el primer aloja- 
miento, como verá V. E. por las copias adjuntas. 

«De mi parte y la de Juan Manuel, doy á V. E. 
infinitas gracias por lo que se digna favorecerle; 
está bueno y gustoso, y como el criado más obli- 
gado y rendido de V. E. se repite á sus pies, y yo 
mi fiel gratitud y reconocimiento á los infinitos fa- 
vores de V^ E. con grandes deseos de ejercitarme 
en mayor obsequio y agrado. — Guarde Dios la ex- 
celentísima |)ersona de V. E. muchos años, como se 
lo suplico y ha menester. — Salta y Noviembre 4 de 
1735.— Excmo. señor. — B. L. M. de V. E. Su más 
favorecido y obligado siervo y capellán.— José, Obis- 
po de Córdoba. — Excmo. Señor Virrey, Marqués de 
Castelfuerte». 

Respondiendo á un misionero de las tribus Yu- 
cunvampas, (1) al Dr. José Bravo, escribía con la 
misma fecha la minuciosa carta que también Iras- 



(1) Tribus ÍndÍK»'"fis de Santlaí^o del Estero, cercanas á las Vilelas. 



— 135 -- 

cribimos para que se palpe más el temple de estos 
grandes obispos, gloria del episcopado tucumano, 
que en tratándose del bien de las almos y de la 
sociedad que estaban llamados á cimentar, no re- 
huian el duro trabajo, «siendo el primero, como lo 
afirma el mismo prelado, á trabajar en la iglesia y 
casas para esos hombrea, vestido de pañete de la 
tierra». 

Los datos que suministra hacen más interesante 
este documento histórico que libramos de la poli- 
lla y del olvido, no obstante que su introducción 
está redactada en iguales términos que la anterior. 

Dice así: 

«Señor Doctor José Bravo. 

«Cuarenta y seis días há que estoy padeciendo 
de gravísimos dolores, al principio de violentas 
puntadas con alguna calentura y después de un 
calambre reumático á la pierna izquierda, que temí 
perder; pero gracias á Dios quedo mejor y levantado, 
aunque á poco ejercicio todavía me aflije bastaitte- 
mente, y ha sido la causa de no haber respondido á 
ladeVd. de Santiago de 24 de Junio, que recibí el 
mismo día que me entró el accidente, con las dos 
que me cita de Luna é Ituarte, ni á la de Mátala de 
4 de Septiembre que recibí después, no habiendo lle- 
gado otra que Vd. refiere en la de 24 de Junio, haber 
escrito desde Santiago. 

«Y visto su contenido y su cristiana y generosa 
resolución de haber vuelto ó sacrificarse á esa Santa 
empresa, remitiendo la carta de providencia que 
daba en el Maestro Mercado, le doy á Vd. muchas 



— 136 — 

gracias, confesándome muy envidioso del gran ser- 
vicio que en ello hace á Dios y al Rey, y á la causa 
pública; y particularmente me ha sido de gran ter- 
nura el consuelo que me ha causado la noticia de 
haber salido voluntariamente tan buen número de 
Yucunvampas, y lográdose con tanta solemnidad 
el bautismo de los dos párvulos ejecutado por los 
R. Padres Misioneros de la Compañía, y no dude 
Vd. de los Vilelas, ni se detenga en cuentos y 
chismes para enturbiar su animosidad y celo^ danda 
por bien empleados sus trabajos con el logro de los 
dos bautizados, que haciendo lo que está de núes* 
tra parte para adquirirlos á todos, nos debemos 
contentar con los pocos que Dios permite, haciendo 
su voluntad y no la nuestra. 

«Debo estrañar la poca aplicación y celo de Luna, 
mayormente en haber desamparado á Vd. en la 
oportunidad de hallarse con los Yacunvampas, so- 
bre que le escribo, y lomaré la demostración con- 
veniente á su obligación y mi respecto, pasando á 
este paraje como lo tengo determinado, desde Cata- 
marca sin bajar á Córdoba, encerrando allí la vuelta 
de mi visita, que espero en Dios será, estar en la 
reducción, él día de San José ó para Semana Santa 
si los bañados lo permiten, ó inmediatamente des- 
pués; con que me alegro infinito de la resolución 
de irse con los dichos Yacunvampas á lo de Félix, 
y desde luego Vd. disponerme un rancho de dos 
piezas, y que la de dormir sea de bastante abrigo, 
porque es mucha molestia subir y bajar del carre- 
tón, cuando pienso tomarlo tan despacio como de 



— 137 — 

cinco ó seis meses, siendo el primero á trabajar en 
la iglesia y casas para esos hombres, vestido de 
pañete de la tierra, y en el supuesto de que de 
muerte muera no habrá falta en ello; puede Vd. 
asegurar á los vitelas que, aunque hayan caído en 
alguna tibieza, no dejarán de animarse á salir luego 
que tengan esta noticia; y para los padres misione- 
ros procure Vd. disponer otros dos ranchitos, y 
uno grande para pirua para el maíz, y otro para 
almacén, y sobre todo cuide Vd. de que la semen- 
tera sea abundante, y descuide en cuanto á la ropa 
de Córdoba y otras providencias de cuanto juzgare 
necesario, que yo las daré todas á mi llegada, y 
con ella la de recoger las vacas de Peñaloza, en el 
interior, para la diaria manutención. Puede Vd. pe- 
dir á los de Soconcho, Salavina y Guañagasta las 
que hubiere menester, porque aquellas y las de la 
estancia del Maestre de Campo don José López, 
juzgó que ahora estando Vd. tan solo, le sería de, 
mucho embarazo el cuidado de su guarda y pas- 
toreo, y prevenga á Ramírez que me espere á ce- 
lebrar la fíesta del Corpus en su pueblo. 

« Y si entre tanto ocurriese la salida de los Vi- 
lelas, podrá Vd. pedir los caballos y lo demás que 
dije en mi antecedente de Abril 17, y en cuanto á 
ayudantes y coadjutores, antes de salir dejaré la 
orden conveniente y llevaré conmigo los que sean 
menester. 

(( D. Nolasco me escribe, y sin la expresión de 
cosa particular se me queja del modo de Vd., que 
le parece es al fin de desviarlo de la concurrencia. 



— 138 — 

manifestándose bastante desabrido y con deseos de 
dejarlo, pero no me dice nada en cuanto á que no 
sea en lo de Félix la fundación. Todos son ardides 
del demonio, v el del acaecido con el mandón de 
Matará lo que fué muy grande^ tomando de ello 
motivo los malsines para acreditar á Vd. de bravo 
é insufrible; y en cuanto lo hacen los compañeros, 
que deberán entender los pobres infieles para si 
llegándolo á saber, y ciertamente, que no compren- 
do la conveniencia que Vd. iba á lograr en que el 
dicho D. Nicolás manifestase los despachos, pues 
siendo cosa de negocio suyo, á él le tocaba el ha- 
cerlo cuando juzgase conveniente el uso de ellos; 
por lo cual me es preciso volver á encargar á Vd. 
el mejor modo, término y, mansedumbre que se 
pudiere, no solo para con los nuevos feligreses, sino 
con los asistentes y de su compañía, y que se haga 
todo á todos y de todos para ganar á algunos hasta 
, deshacer el contrario concepto en que le han queri- 
do poner, y por ahora hasta sacar á los vilelas con- 
viniera mucho pasar lo mano á D. Nicolás, |)orque 
juzgo muy conveniente su asistencia, aunque yo le 
escribo sin dárselo a entender así, y con algún des- 
pejo y desabrimiento, porque discurro que esto ha 
de conducir más que otros halagos á ponerlos en 
razones 

«Por lo que toca á escoltas, respecto á que ese 
paraje no es de riesgos de enemigos, parece que 
por ahora para el respeto de Vd. bastará la com- 
pañía de los indios amigos y sus asistentes con 
doce bocas de fuego, que podrá Vd. pedir, nolifi- 



~ 139 — 

cando la real provisión adjunta al General don Juan 
Ángel, para que se las mande entregar con bastante 
pólvora Y balas, á quien también le escribo sobre 
esto y lo demés que se ofreciere, y al Sargento 
Mayor de la frontera, dándole las gracias por la 
fineza con que asistió á Vd. en la ocasión pasada, 
y encargándole que con la misma prosiga en ade- 
lante, cuidando de tener ó los matalaes en respeto, 
obediencia y sujeción. 

«Y sobre lodo, Vd. se haga cargo de que tres 
años á esta parte, se ha perdido la mitad de la 
corta reiita del obispo, y que corre de mi cuenta 
la obra que se está prosiguiendo en la Catedral, y 
sin solo para tanto como se necesita en esa nueva 
población, que á no haber mucha economía, no la 
podré mantener aunque venda todo mi pontifical, 
y por ahora me parece excusar de soldados por no 
juzgarlos necesarios; y (|ue no se han de sujetar 
& trabajar, queriendo el mismo salario que llevan 
en el fuerte. 

((Por lo que toca á iglesia, procure Vd. hacer una 
ramada grande, y en paraje que no embaraze el 
sitio en que se ha de fabricar la que se hiciere, 
pero que así esta como los ranchos sean muy 
como de prestado, porque todavía hasta ver y re- 
conocer esos parajes de Félix y demás hasta Yu- 
quiliguala el viejo, no me determino en el que se 
ha de hacer la población; y en cuanto á merced, 
descuide Vd. que el General D. José de Aguirre, 
que está aquí, y es buen caballero, la tiene de todas 
esas tierras y las cede con mucho gusto para los 



— 140 — 

indios, con quienes procurará Vd. irse á la mano 
en ración de boca y otras cosas por no enseñarlos 
mal,á los que acaso no se pueda mantener después^ 
siendo preciso irlos enseñando desde el principio 
á que conozcan que, como el español lo hace, han' 
de comer de su sudor y trabajo. 

«Por lo que pudiera importar, que acaso será mu- 
cho, me ha de hacer usted el gusto de echar la voz, 
y que llegue á los vuelas, de que su asistencia en 
la reducción solo ha de ser hasta que yo llegue, 
porque llevo otros ministros por tener destinado á 
usted para otra importante incumbencia. — Guarde 
Dios é usted muchos años. — Salta y Noviembre 4 
de 1735. — José, Obispo de Córdoba». 

Todo había que preveerlo de antemano y de indi- 
car las cosas más minuciosas para ganar tiempo, 
como lo hace el ilustrísimo obispo; nada se le es- 
capa en sus previsiones, todo lo organiza á través 
de centenares de leguas, porque conoce palmo á 
palmo los lugares, los elementos de que puede dis- 
poner, los hombres con quienes va á actuar y hasta 
las deficiencias de carácter de los pueblos indíge- 
nas á quienes va á evangelizar. En todo esto se 
manifiesta el interés que domina su espíritu en el 
ejercicio de su apostolado para asegurar la conver- 
sión de las tribus vilelas y yucunvampas, reducién- 
dolas y formando con ellas pueblos civilizados en 
parajes apropiados, donde puedan ser instruidas 
convenientemente. 

Después del iltmo. Maldonado vino al obispado 
del Tucumán el Dr, Francisco de Borja, de escla- 



- 141 ^ 

recido linaje, nacido en Bogotá, y biznieto del Gene- 
ral que fué de la Compañía de Jesús, San Francisco 
de Borja. 

Siendo Dean y Vicario General de la Metropoli- 
tana de Charcas, fué elegido obispo en 1665; pero 
las bulas se despacharon recién en 1668 por la 
Santidad de Clemente IX. Hizo un gobierno de 
nueve años con gran regocijo de su diócesis; las 
ciudades todas habían gozado también de una paz 
inalterable durante aquel tiempo, proporcionada por 
los indígenas. 

Trasladado al obispado de Truxillo, su Cabildo 
le vio alejarse con el sentimiento más profundo 
á la nueva diócesis que le esperaba con los brazos 
abiertos. Su carácter afable, sus maneras suaves 
constituian otras cualidades encomiables que ador* 
naban su persona y motivos de general aprecio, 
además de la ciencia y virtud en que descollaba 
por su gran talento y piedad. 

Al despedirse hizo al Cabildo eclesiástico una sen- 
tida exhortación paternal, que contribuyó á ahon- 
dar más los sentimientos de su partida. 

La vacante se llenó al siguiente año de 1677 con 
el iltmo. Fray Nicolás de Ulloa, limeño, de la Or- 
den de San Agustín, y fundador de la Universidad 
Agustiniana en aquella ciudad. 

Hablando de este prelado escribe el Dr. A. M. 
Gordillo en sus Apuntes Cronológicos: «La paz in- 
terna, hemos dicho, estaba asegurada en el obis- 
pado, lo que favorecía en mucho el celo de estos 
Prelados, y solo se presentaba el peligro del Chaco. 



— U2 — 

Todos deseaban la paciñcación de estos bárbaros^ 
dice el Dean Funes, pero se discurría el medio de 
alcanzar lo que la fuerza no pudo conseguir. Go- 
bernaba el Tucumán desde 1681 D. Fernando Men- 
doza Mate de Luna» natural de Cádiz^ y regía la 
diócesis el obispo D. Nicolás de Ulloa, anibos capa- 
ces de sostener con sus obras todo el crédito de 
la virtud y de hacer gustar á los pueblos el objeto 
de su asociación. Por unanimidad de sentimientos 
se creyó que el medio de las reducciones siempre 
era preferible al de la guerra, cuya llama encendía 
las más veces una codicia feroz. Los religiosos de 
la Compañía de Jesús fueron encargados de llevar 
á cabo esta empresa». 

El gobierno del iitmo. Ulloa fué sumamente la- 
borioso con iniciativas de gran trascendencia. 

Solicitó la traslación de la sede episcopal de San- 
tiago á Córdoba, viendo el notable incremento de 
esta ciudad y el porvenir que le esperaba produ- 
cido por sus establecimientos educacionales; por 
otra parte el estado ruinoso de su Catedral en 
Santiago, á consecuencia de un incendio anterior, 
le ofrecía serias dificultades para su reconstrucción; 
y aunque no consiguió su objeto por el momento, 
el traslado de la sede episcopal, tampoco se aban- 
donó la idea, sino, al contrario, se iniciaron los 
primeros trabajos de la nueva Catedral de la futura 
Sede que, más tarde ó mñs temprano, se preveía 
debía verificarse. 

Por una comisión especial del Rey, en 1684 de- 
lineó y fundó la actual ciudad de San Fernando de 



- 143 — 

Gatamaroa, según lo afirma el Dr. Gordillo en sus 
Apuntes citados; y en su tiempo, en 1685, se hizo 
también la traslación de la ciudad de San Miguel 
de Tucumán al local en que hoy se levanta. 

Por el acta de fundación de esta ciudad, consta 
que la traslación la verificó D. Miguel Salas y Valdez, 
Lugar Teniente del Gobernador D. Fernando Men- 
doza Mate de Luna, el 4 de Octubre del año referido 
de 1685, y se destinaron dos solares de terrenos 
para la Iglesia Matriz (1), y otro tanto para los con. 
ventos de San Francisco, N. S. de las Mercedes y 
Colegio de la Compañía de Jesús como lo tenían en 
el primitivo sitio. 

Pero, á donde más encaminó su celo pastoral fué 
á las misiones del Chaco. «Dio fomento con sus 
limosnas, escribe Lozano, y por su dictamen se de. 
terminó el Gobernador á que se emprendiese otra 
vez esta conquista, con solo la predicación evan- 
gélica». 

El iltmo. Ulloa tenía un corazón pródigo en el uso 
de sus rentas para todas sus santas empresas. Fiel 
administrador de lo que Dios puso en sus manos 



(1) Por un oflcio dirigido al illmo. obispo Dr. Ángel Mariano Moscoso, 
fechado en Tucamá,n á 9 de Febrero de 1800, D. Pedro Antonio de Za va- 
lia hace denuncia « que con el mayor desembarazo se han tomado tres 
« Taras de terreno áf frente, correspondientes á la fábrica y unido al sirio 
* contiguo que actualmente se está edificando. Además del robo á una 
« iglesia pobre, cuando haya de reedificarse no será posible verificar á 
« menos que derriben parte de la casa para poder maniobrar los maestros; 
« además que con el tiempo pudieran ser necesarísimas las tres varas refe- 
« rldas para fiarle mayor magnificencia al templo, pues caen detrás de su 
c moginete actual. Así la han despojado á esta Matriz de cosa de solar 
€ ▼ medio de terreno, cífténdola al único que ocupa, pues consta de los 
« libros capitulares de esta ciudad que á su traslación se le señalaran dos 
« solares, y en ellos están edificados D José Velarde, D. Pedro Gramajo 
€ y D. Domingo García, no sé con qué títulos de su primitiva adqul- 
« Bidón ». 



— 144 — 

llevó á la práctica el principio del Apóstol: omnia 
habenteSy et nihil possidentes: el decoro de la casa 
de Dios, las misiones^ las obras de caridad forman 
una trinidad para derranoar en ella las larguezas de 
su desprendimiento. 

Practicando la visita de su diócesis había llegado 
á Córdoba; Dios quiso premiar una vida consumida 
por su gloria, y le llamó á sí por el mes de Sep- 
tiembre de 1686. 

En la Iglesia de Dios sucede lo que en los cuer- 
pos de ejército bien organizados: los claros se llenan 
prontamente con jefes que hacen alto honor á la 
misión de su cargo. 

Así sucedió con el iltmo. Dr. Juan Bravo Dávila, 
Arcedean de la Catedral del Cuzco, que vino á ocu- 
par la sede episcopal del Tucumán en 1687. 

Tan bellas prendas adornaban al sucesor del ilus- 
trímo Ulloa que el anuncio de su promoción recibió 
el Cabildo Catedral con marcadas muestras de re- 
gocijo, «por los aciertos que le prometían, escribe 
Lozano, sus grandes prendas. Era varón doctísimo, 
gran teólogo y eminente predicador, uno de los que 
más celebraba el Perú en su tiempo, y por eso 
solicitado en el pulpito para desempeño de las fun- 
ciones más lucidas». 

Dios se lo llevó tambión i' i de Diciembre de 
4691 en Córdoba. La diócesis del Tucumán sintió 
profundamente este nuevo golpe de prueba, cuando 
comenzaba á recoger los hermosos frutos de su 
pastor. El supo captarse el cariño y la benevolen- 
<cia de todas las ciudades del obispado que le ama- 



— 146 — 

ban sinceramente, haciendo verdadera justicia á sus 
méritos. 

Después de un siglo de existencia de la diócesis 
<lel Tucumán, de nada tenía que resentirse de sus 
vigilantisimos pastores^ tan llenos de abnegación 
para soportar una vida asaz trabajosa por las con- 
diciones especiales de la nueva grey, en su mayor 
parte recién á formarse por su conversión al cato- 
licismo. 

Cerramos este capítulo orlando la memoria de los 
ocho esclarecidos pastores que dieron tanto lustre 
á la diócesis del Tucuman, durante la primera cen- 
turia de su institución, con el recuerdo y la admi- 
ración de espíritus tan elevados, que pusieron el 
sólido cimiento de civilización en las nuevas socie- 
dades levantadas con el calor de su alma, de su 
celo, y fecundadas con su palabra, sus virtudes y 
su ciencia. 



CAPITULO VI 



Tendencias eo las Costuiíbres Indígenas 
á Pretexto de Religión 

» 

Sumario: Propensión en los hábitos de los naturales— Vicio 
dominante— Consecuencias de la idolatría— Predispo- 
sición del indígena— El alcoholismo— Pretextos de que 
se vale— Prohibición de la iglesia— Los alferazgos- 
Las cofradías de negros y sus consecuencias— Auto 
del vicario capitular Dávalos— Excesos reprochables— 
Vigilancia conveniente— Petición de los negros de Sal- 
ta—Cofradía de San Baltasar— Negativa del obispo— 
Carta-orden del gobernador Jaáregui— Corroboración 
del auto del vicario Dávalos— Persistencia en los há- 
bitos—Dificultades para extirparlos— Parodia del bffu- 
tismo- Medios de acercamiento para contraer relacio- 
nes íntimas— Consecuencia final— Las fiestas— Carac- 
terística de los bailes— Sentimientos que despierta en 
el indígena— Obra del misionero— Vigilancia de los 
obispos— Efectos de la influencia de la religión. 

Nada extraño parecerá, dada la flaqueza humana, 
la propensión natural de nuestros indígenas á ser- 
virse de todo, aún de lo más santo, para amoldarlo 
á sus costumbres, hayan encontrado ocasión opor- 
tuna en ciertos acto§ de culto externo para con- 



— 148 — • 

vertirlos en abusos, con la intemperancia de sus 
costumbres gentílicas bajo pretextos de religión. 

La raza originaria de estas regiones^ y aún de la 
América toda, adolecía de un vicio capital: la beo- 
dez. Este mal tan generalizado, llama verdadera- 
mente la atención como él se maniñesta en sus 
formas más degradantes en cualquier punto del 
Continente. 

Cierto es que la idolatría lleva consigo el germen 
de todos los vicios, y el abuso de bebidas alcohó- 
licas ha sido uno de los m&s difíciles de extirparse; 
ha sido el mal con que ha luchado tenazmente el 
misionero á toda hora, tal vez sin alcanzar resul- 
tados evidentes por su duración pasajera. 

El indígena es amigo de beber todo lo que em- 
briaga, casi es decir por naturaleza, y su vicio lo 
trasmite como herencia á los suyos. En su genti- 
lismo es el medio que tiene para celebrar lo prós- 
pero y lo adverso, la orgía continuada, hasta sin 
raolivos, por el solo hábito que se ha formado de ani- 
malizarse, haciéndose semejante al bruto en su esta- 
<lo de beodez. Después de la conversión ha quedado 
con sus mismas propensiones, su afición al alcohol, 
especialmente el habitante montañés. Aunque hoy 
en día tanto se ha generalizado el alcoholismo en 
el mundo entero llamado civilizado, que nada habría 
({ue admirar en el indígena sino los restos de gen- 
tilismo que siente despertarse en su mente, en sus 
hábitos y costumbres con motivo de cualquiera 
fiesta ó pretexto para volver á sus excesos. 

Las fiestas religiosas le sjrven de ocasión muy 



• _ 149 — 

oportuna para convertirlas en reuniones profanas: 
en nuestra campaña todavía se celebran los misa- 
chicosy costumbre que trae su origen desde los tiem- 
pos de la conquista, la celebración de la ñesta pro- 
fana después de la ñesta religiosa en el templo, en 
casa del dueño del santo, para terminarla con toda 
clase de excesos. Es uno de tantos medios inven- 
lados j3ara entregarse á momentos de expansión 
con un pretexto de religión. 

Semejantes abusos, sin embargo, nunca han sido 
consentidos ni tolerados por la Iglesia y la religión, 
ni por sus prelados, como es natural. 

Igual cosa sucedía con los alferazgos, título to- 
mado de los alféreces reales, cuya misión consistía 
en hacer pasear publicamente el estandarte del Rey 
en los días de mayor solemnidad y concurso^ en 
seí^al de dominio y autoridad, seguido de los al- 
guaciles de justicia. 

Los alféreces, á cuyo cargo corría la solemnidad 
de alguna fiesta religiosa, paseaban también su es- 
tandarte, en honor d^l santo, montados en briosos 
caballos, mayormente inquietos con el estruendo de 
bombas y los acordes de una música ruidosa que 
les precedía; pero cuyo término ñnal, iba derecha- 
mente é acabar en casa del alférez mayor con actos 
. de completa relajación. 

Hallábase vacante la diócesis en 1692 por muerte 
de su pastor el Dr. Juan Bravo Dávila, y la gober- 
naba como Vicario Capitular el Arcediano de la 
Catedral de Santiago, Maestro Bartolomé Davales, 
quien, en presencia de los abusos y de la gran re- ^ 



— 150 — 

lajación de costumbres que venían generalizándose 
en el obispado, puso todos los esfuerzos posibles 
para extirpar las causas que los producían, prohi 
biendo con censuras canónicas las reuniones de 
cofradías de negros, indios y mulatos, que con 
pretexto de devoción cometían tales excesos; ya 
buscando también el auxilio de las autoridades ci* 
viles pura dar mayor eficacia á sus disposiciones. 

Léanse los documentos que en seguida insertamos, 
relativos á lo que acabamos de exponer. 

((Nos el Maestro D. Bartolomé Dávalos, Arcedián 
de esta Santa Iglesia Catedral, Provisor y Vicario 
General de este Obispado de Tucumán en Sede 
vacante. 

((A nuestros Vicarios, Guras y Beneficiados de 
las ciudades y doctrinas de este obispado, y á las 
demás personas de cualquier estado, condición y 
calidad que sean, á quienes toca ó tocar puede lo 
ejecución de este nuestro Auto, Salud en Nuestro 
Señor Jesucristo que es la verdadera. 

«Por cuanto para la perfecfa observancia de los 
divinos preceptos y leyes eclesiásticas,— contra quie- 
nes en todos los tiempos da continua guerra el in- 
fernal enemigo, — no basta hacer sola resistencia á 
las declaradas armas con que pelea, antes si se 
debe temer y prevenir la defensa de las que. cual . 
astuto enemigo, como dijo San Atanasio: diabolus 
prudens in malitia^ so capa de virtud y bien, des- 
pide contra la constancia y firmeza de nuestra santa 
fe, para que viéndose la ponzoña disfrazada del 
venenoso áspid del vicio encubierto con la hermosu- 



- 151 — 

ra ((e flores de las virtudes, sea menos temido y 
tengan efecto sus depravados intentos; y siendo ya 
experimentada esta malicia en esta Provincia, pues 
con títulos tan justos y santos como son de cofra- 
días, hermandades y devociones se hacen juntas 
de diversas personas, hombres y mujeres, hones- 
tando con tan piadoso celo las ofensas tan grandes 
que se siguen á su divina Majestad, así de em- 
briagueces públicas en los negros, indios y mulatos, 
como en estos y en todos los demás, los que se 
pueden seguir de semejantes juntas, profanando 
las sagradas ñestas con ritos y ceremonias gentí- 
licas^ buscando so color de espíritu ocasiones pró- 
ximas, sino necesarias y actuales, para la culpa, lo 
cual reconociendo el iltmo. Sr. Dr. D. Fr. Nicolás 
de Ulloa, obispo que fué de este obispado, movido 
de su ferviente celo, despachó auto su fecha en 
Córdoba en 15 de Septiembre de 1683 años, prohi- 
biendo con censuras todas y cualesquiera cofradías, 
hermandades de indios, negros y mulatos, celebri- 
dades de la Santa Cruz, San Juan, la Concepción 
y Santa Rosa, y todas las demás en que intervie- 
nen semejantes concursos de gente, por la expe^ 
rienci9 que se tiene de los insultos y pecados que 
se originan, haciendo los desempeños de sus ofi- 
cios que se reducen á comer y beber, bailar y can- 
tar, bailes y cantares profanos, y hoy por la omi- 
sión que se ha tenido en la ejecución del castigo 
de penas dispuestas por dicho auto, y las que por 
si merecen semejantes excesos, parece ha crecido 
con nuevo vigor esta mala semilla, que entre las 



— • 152 — 

buenas de nuestra santa fe que sembró el niejor 
padre de familia, encargando á sus ministros y pre- 
lados de la Iglesia su cuidado y vigilancia, por ha- 
berse dormido en cosa tan grave, tiene introducido 
el enemigo, inimicus homo hocjecit; y lo que más 
digno de lástima es,- cogido y recogido mucho fruto 
tan pernicioso á las almas, valiéndose de tan san 
tos y justos motivos como son los de mayordomías 
y devociones de santos, para las que se hacen juntas 
así en las ciudades como en las estancias y doc- 
trinas de este obispado, con menosprecio y desa- 
cato que, con aparente título de virtud, se hace así 
á los preceptos divinos como á los eclesiásticos y 
sagrados cánones, haciendo decir misa y dioiéndola 
los sacerdotes en cualquier ramada ó rancho, sin la 
decencia que se debe, solo porque se hace fíesta á 
tal santo, debiendo reservarse solo para las capillas 
é iglesias aprobadas por el Ordinario, de que tene- 
mos bastante experiencia y de que de semejantes 
ñestas, juntas y regocijos se pueden esperar otros 
mayores inconvenientes, como el que tenemos ex- 
perimentado á diario en concurso de negros é in- 
dios Y mulatos, y demás gente de esta ralea que 
causaría horror á cualquier católico celo, y q^ ha- 
ber fundado cofradía al Rey de Bastos, nombrando 
mayordomos y concediendo indulgencias y privi- 
legios, abusando tan santo título en menosprecio y 
sospecha de escarnio á las que por la Santa Sede 
Apostólica están concedidas á las verdaderamente 
piadosas y católicas cofradías; todo digno de cas- 
tigo y remedio á que nos mueve nuevamente á su 



— 158 ^ 

reparo un informe que sobre ia materia hizo con 
sonto y piadoso celo el muy R. P. misionero Diego 
Fermín de Calatayud de la Compañía de Jesús^ á 
nuestro Vicario de la ciudad de Córdoba, que se 
nos remitió, doliéndose de las gravísimas ofensas 
que se siguen á Dios Nuestro. Señor de semejantes 
juntas, mayordomlas y devolsiones, como más lar- 
gamente consta de dicho informe. Por tanto: 
Considerando que toca á la obligación de nuestro 
oñcio guerrear y desarraigar tan perniciosa cizaña, 
ordenamos y mandamos á nuestros Vicarios, Cu- 
ras de las ciudades y de los partidos de doctrinas 
no concedan á españoles, indios, negros y mulatos 
ó mestizos, ni ó cualquiera persona, mayordomías, 
pendoneros, alférez, rey ó reina, capitanes y otros 
títulos, en cofradías que no estén aprobadas por el 
Ordinario, y sus constituciones, y aun en éstas las 
juntas, acompañamientos de dichos pendoneros y 
convites que con el pretexto de celebrar el santo 
se hacen así en estancias, doctrinas y casas parti- 
culares, como en las ciudades, haciendo solo cele- 
brar sus devociones con la decencia que piden 
tan santos ministerios, no consintiendo pasen di- 
chas gestas de lo ordenado y decencia con que se 
hicieran en las capillas ó iglesias aprobadas, de la 
misa y vísperas que se celebraren, á acompaña- 
mientos, juntas ni convite alguno, pero que de esta 
suerte se cuiden tan graves insultos, sobre lo 
cual encargamos la conciencia á los señores nues- 
tros Vicarios, Curas y demás benetíciados, y en la 
suya descargamos la conciencia nuestra, poniendo 



— 164 — 

como ponemos á su cuenta y cargo, las ovejas que 
en semejantes abusos del católico rebaño robare 
el infernal lobo por su omisión en la ejecución de 
éste auto, el cual ejecutarán so pena de excomunión 
mayor latoe sententice una pro trina canónica mo- 
nitione jure prcemissa, ipso fado incurrenda^ con 
privación de sus oñciós y beneficios, pena tiempo 
de cuatro meses, que asistirán en esta santa igle- 
sia, sirviendo en los ministerios que se ofrecieren, 
y á las demás personas que fueren en contraven- 
ción de este nuestro auto, siendo español solo la 
dicha pena de excomunión mayor ipso fado in- 
currenda^ y de cincuenta pesos aplicados á nues- 
tra distribución, y siendo negro, mulato ó indio 
de cincuenta azotes, con apercibimiento que se pro- 
cederá contra los inobedientes .con todo rigor de 
derecho, sin que obste alegación, razón ó motivo 
alguno que se pueda dar. 

«Y porque para tan grave mal es menester valer- 
nos de los remedios mejores y que más sensible 
oposición hagan en orden á desarraigarlo; recono- 
ciendo que el poder y mando unido es el más 
fuerte, siendo tan del encargo de su Majestad, que 
Dios guarde, por las reales cédulas el quitar se- 
mejantes cofradías de indios, negros y mulatos, de 
parte de nuestra Santa madre Iglesia católica ro- 
mana exhortamos y requerimos, y de la nuestra 
pedimos y rogamos al Señor Gobernador y Capitán 
General de esta Provincia, sus lugar Tenientes, 
Alcaldes Ordinarios, y demás Jueces y Justicias de 
las ciudades, se sirvan poner el hombro á tan pia- 



— 155 — 

dosa causa, y en caso necesario nos importen el 
auxilio hacia Nos como á nuestros Vicarios para 
qué dándose la mano una jurisdicción con otra» 
se dé el remedio más conveniente y necesario para 
evitar tan graves escándalos. Y porque ninguno 
alegue ignorancia, mandamos é nuestros Curas y 
Vicarios hagan publicar y publiquen éste nuestro 
auto edicto general en las plazas con asistencia del 
Juez Real, para cuyo efecto los dichos nuestros 
Vicarios exhortarán, suplicarán y rogarán, y de 
haberlo hecho así nos darán razón judicial para 
que sepamos como se obedecen nuestros man- 
datos. 

«Que es fecho en Santiago del Estero en 1** del 
mes de Febrero de 1692— Maestro Bartolomé Dá- 
valos— Por mandato del señor Provisor y Vicario 
General, Francisco de Alba, Secretario y Notario 
Público. 

«Esta disposición del Vicario Capitular Maestro 
Dávalos, no pudo estar mejor encuadrada entre los 
límites de un celo racional, conforme á las pres- 
cripciones de la Iglesia. 

Las nuevas cristiandades estaban expuestas á 
toda clase de abusos por la transición misma de 
culto ó religión si no se tenía una vigilancia extre- 
mada en las costumbres y ritos de los neófítos, 
fáciles para mezclar y amalgamar sus antiguas preo- 
cupaciones con las ceremonias del Culto externo 
de la Religión católica. Es por esto las parodias 
gentílicas y cuanto menciona el auto anterior de 
los naturales conversos, como la cofradía instituida 



en honor del Rey de Bastos y otros actos repro- 
chables, á ios cuales en muchos casos no eran ex* 
traños los mismos españoles. . 

Los negros de Salta habían dirigido una petición 
al ilustrísimo Obispo Moscoso en 1792, un siglo 
después de las providencias adoptadas por el Vi- 
cario DávaloSy por donde se vé la añción predomi- 
nante en sus sentimientos, en el culto de prefe- 
rencia que hacen de los santos que creían más de 
cerca pertenecerles por la similitud del color, aun- 
que no por las virtudes. 

Una docena de negros se presentan al Obis|)o 
con la solicitud siguiente: 

(dllmo. señor Obispo: Todos negros esclavos, con 
venia y licencia de nuestros amos parecemos y de- 
cimos: Que teniendo especial devoción á San Balta- 
sar (que ha tenido culto público en la Iglesia que 
fué de los ex-jesuitas) hemos acordado fundar una 
Cofradía según la Ley 25, tit. 4, lib. 1<>, de las de 
Indias para los ñnes pios y espirituales que más 
convengan en beneñcio de nuestras almas^ teniendo 
pora ello juntas para estos ejercicios en la misma 
iglesia de los dichos ex-jesuitas, y para poderlo 
conseguir suplicamos á V. S. I. se sirva formar las 
ordenanzas v estatutos que se deban observar en 
ésta cofraternidad, para que remitidas por mano 
de V. S. I. al Real Consejo de las Indias se vean, 
y provea lo que convenga, y estando aprobadas nos 
presentaremos al señor Gobernador Intendente para 
que S, S. se sirva nombrar persona que concurra 
á las juntas de dicha Cofradía en su nombre. 



— 157 — 

' «Por tanto: á V, S. I. pedimos y suplicamos que 
habiéndonos por presentados^ se digne su caritativa 
piedad de concedernos lo que pedimos por ser ó 
mayor honra y gloria dé Dios y bien de nuestras 
almas; y por no saber firmar rogamos á don Ni- 
colás Rodríguez lo hiciese por nosotros, y juramos 
lo' necesario en derecho y para ello, eto — Nicolás 
Rodríguez». 

ccSalta, 14 de Abril de 1792— Respecto de que en 
la iglesia y Orden del señor San Francisco de ésta 
ciudad, está y corre la Cofradía de San Benito con 
intervención y oficios de los negros; y ésto basta 
por ahora á que los sujetos de esta clase ejerciten 
sil devoción, no ha lugar á la otra que ahora pre- 
tenden entablar— El Obispo del Tucumán — Loman- 
do y firmó el iltmo. señor doctor don Ángel Ma- 
riano Moscoso, del Consejo de Su M. dignísimo 
Obispo del Tucumán, mi señor y doy fé— Antonio 
Gil Infante, Pro-secretario. 

El auto del Vicario Dávalos fué á su vez corro- 
borado por el gobernador de aquella época, D. Mar- 
tín de Jáuregui, cuya circular á los vice-gobernado 
(lores de las ciudades de su jurisdicción dice así: 
«En la ciudad de Córdoba, en 16 días del mes de 
Febrero de 1692 años, el señor don Martín de Jáu- 
legui, gobernador y capitán general de esta Pro- 
vincia del Tucumán, por su Majestad, que Dios 
guarde. Habiendo visto el exhortatorio á S. S. fe- 
cho, por parte del señor Maestro D. Bartolomé Dá- 
valos, Arcediano de la Santa Iglesia Catedral de la 
ciudad de Santiago del Estero, cabeza de esta Pro- 



— 158 — 

vincia, Provisor y Vicario General de esle obispado, 
en razón de pedir ser auxiliado por la Real justicio 
lo prohibido en dicho exhorto, por lo que importa 
al servicio de ambas majestades, por las causas y 
motivos que tan justificadamente por él se repre- 
sentan por dicho señor Provisor, por habérsele á su 
Señoría insinuado por personas celosas del servicio 
de Dios y tener su Majestad por Real Cédula man- 
dado no haya alferazgos; — dijo S. S. estar presto á 
dar todas las asistencias de que necesitare dicho 
Sr. Provisor y jueces eclesiásticos de esta Provin- 
cia para que en todo se guarde» cumpla y ejecute 
dicho auto y exhorto, y en su virtud mandaba y 
mandó todas las justicias mayor y ordinarias de 
esta Provincia den y hagan dar por su parte las 
asistencias de que se necesitaren para su cumpli- 
miento á los jueces eclesiásticos á quienes se co 
mete su ejecución y en especial en esta ciudad al 
Sr. Maestro D. Gabriel Gregorio Bazón de Pedraza, 
Vicario y Juez Eclesiástico en ella, teniendo las di- 
chas justicias particular cuidado en excusarse y no 
permitir por su parte alferazgos de pie ni á caballo, 
dentro ni fuera de la ciudad, cumpliendo con lo que 
Su Majestad manda, so pena de doscientos pesos, 
aplicados mitad Cámara de Su Majestad y la otra 
gastos de guerra. Y devuélvasele al Sr. Vicario 
para su ejecución y cumplimiento. — Y lo firmó — 
D. Martín de Jáuregui. — Ante mí Tomás de Salas, 
Escribano de su Majestad » 

No obstante estas providencias y las que en el 
curso de los años se continuaron adoptando, las 



— 169 — 

costumbres primitivas de los indios y negros hai) 
perseverado, si se quiere, hasta los presentes 
tiempos. 

Nosotros podemos dar fe, de cuantos obstáculos 
tuvimos que vencer para desarraigar y extirpar por 
completo estas parodias de ñestas y de devoción, 
convertidas en bacanales, cuando nos encontramos 
al frente de una parroquia en un lejano valle. Las 
costumbres, ya sean buenas ó malas, siempre son 
resistentes cuando tienen algún incentivo que las 
fomenta, por un motivo ú otro. 

Hoy todavía se las encuentra atrincheradas en sus 
últimos reductos, por lo que hace ¿ los hábitos 
viciosos, allá en la hondanada solitaria del valle 
de lejanas montañas, en las ásperas punas de 
nuestros extensos territorios del norte. 

El bautismo se parodia fabricando figuras de for- 
mas humanas de masa de pan que llaman huahua, 
c^iyo bautizo se hace por los mismos indios con lo 
ceremonia de padrinos, celebrándose el acto con 
los excesos de una abundante bebida. 

Cualquiera tiene derecho de enviar una de estas 
huahuas á quien quiera del sexo contrario para for- 
mar compromisos de compadrazgo; y aunque el 
bautismo no se verifique, de hecho, con la acepta- 
ción del obsequio, quedan ligados con los vínculos 
de una amistad íntima de compadres. Esto, como 
se comprende, no es sino uno de tantos pretextos 
para fomentar reuniones periódicas de una y otra 
parte, en las que el compadrazgo suele terminar 
con el mayor de los escándalos. 



— 160 — 

Las fiestas^ yá sociales ó religiosas, tienen por 
fln especial la intemperancia; las reuniones no ad- 
quieren vida y animación, y no pueden llamarse fies- 
tas, sino á merced del gran noque de aloja^ (1) 
cuyos efectos tanto se hacen sensibles que no dejon 
parado á uno solo dé los asistentes. 

El baile tiene también su característica: la simula- 
ción de animales salvajes, de tigres, por ejemplo, 
denominados uturuncos^ y otros cuyos bramidos 
descompasados son tanto más feroces y estridentes 
cuanto el alcohol ha caldeado las cabezas humanas 
con el fuego que enciende en ellas. 

Va pueden comprenderse los efectos desastrosos 
y consecuencias de tales reuniones y fiestas entre 
mujeres y hombres doblemente animalizados por las 
formas simuladas de cuadrúpedos y la beodez que 
los domina, que no obstante la idea religiosa ad- 
quirida en un largo aprendizaje, renacen en In 
mente del indígena los recuerdos de su gentilismo, 
que siente despertarse para volver al goce de sus 
primitivos hábitos y costumbres. 

Cuanto había que vigilar en los centros de re- 
ducción; cuanto trabajo para el misionero. Enseñar 
los rudimentos de la fe, formar la idea religiosa en 
la mente del indígena, y luego modificar sus cos- 
tumbres, purificarlas con los principios de la moral 
cristiana, requerían cuidados asiduos y perseve- 
rantes. 

Los obispos, por su parte, redoblaban su vigi- 



(n Depósito fabricado de an caero de bney para fermentar algrarroba 
triturada. 



— 161 — 

lancia sobre la formación de las costumbres; por 
-esto estaban en todos los lugares y recorrían sin 
cansancio en sus visitas pastorales los centros más 
apartados. 

De sus providencias hemos tomado los datos an- 
teriores: alli están indicados los medios prescriptos 
para combatir los vicios y los nuevos giros de las 
costumbres naturales, á fin de encerrarlas en la 
sencillez encantadora del Evangelio. 

La influencia de la religión debía aparecer con su 
propia pureza y elevación, por lo mismo que for- 
ma el corazón en el temor de la transgresión de la 
ley de Dios, que es el gran principio de la moral 
cristiana y de la salvación de las almas. 



.i 



CAPÍTULO VII. 






ControTersias de ildea.— Los Cabildos Coloniales 
j los Yicarios Eclesiásticos. 



Sumario : —-Importancia de la obra de los obispos - Falta de 
cooperación á sus iniciativas— Los Vicarios Foráneos 
—Su jurisdicción— Holgura de tiempo — Empleados 
civiles -Espíritu de progreso— inercia— Necesidades de 
la diócesis^Peligros de las tribus salvajes— Medios 
para alejarlas — Disposiciones del obispo Cevallos— 
Informe del Vicario Olmedo de Córdoba—Conducta 
del Gobernador- Suscripciones en Salta —Actividad 
de los Cabildos— Reclamaciones sobre ceremonial- 
Intromisiones y Controversias— Reclamo del Cabildo 
de Salta — Decreto Gubernativo— Legislando sobre ce- 
remonias—Exposición de los Curas de la Matriz— 
A la sombra del Patronato— Falta de energía en el 
Vicario— Nueva exposición de los Curas- Reconside- 
ración-Prohibición del obispo Moscoso— El Cabildo 
de Jujui —Juicio del Dr. Qorriti— Intromisiones en 
asuntos religiosos— Queja del Vicario Leaniz— Recla- 
maciones del Cabildo— Cuestión sobre el hisopo- 
Prerrogativas del Cabildo— Móvil del Procurador- 
Origen de la cuestión— Manejos del Cabildo— Cues- 
tión sobre la llave y cinta de la Urna de Jueves Santo 
—Competencias— Decisión del Cabildo— Pretexto de 
nuevas cuestiones— El Cura Zamalloa— 'Exposición y 
defensa del Dr. Gorriti- Su presencia ante el Cabildo 
—Actitud de este— Pedido del Dr. Gorriti— Violación 



I 



- 164 — 

de leyes— Procedimiento legal— Legislación sobre la 
materia— Casos análogos— Consecuencias del caso de 
Jujui— Ignorancia marcada— Distinción entre declarar 
y fulminar censuras— Situación del Cabildo — Cediendo 
de sus pretensiones— Terminación del litigio— Conduc- 
ta análoga de los otros Cabildos— El Cabildo de San- 
tiago—Cuestión por una alfombra— El Cabildo de 
Tucumán — Intromisiones indebidas — El Cabildo de 
Catamarca— Despojo al Alcalde de la vara de justicia 
—Causas originarias de los litigios— Abuso de las 
censuras— Mandato del obispo Tre jo— Otras rencillas 
—Las Comunidades y los Vicarios- Rogativas por el 
Rey— Aviso conminatorio del Vicario Troncoso— Ex- 
horto al Teniente Gobernador Viniegra— Excusa de 
este— El P. Guardián de San Francisco— Respuesta 
negativa— Réplica del Cabildo al Vicario— Incidentes 
en la iglesia -El Teniente Gobernador y el arpero de 
la Matriz— Otros incidentes en las comunidades reli- 
giosas—Cuestiones sobre precedencia - Rencillas de 
aldeas— Los Vicarios Chaves y Carrizo de Hores— 
Últimos días del Vicario Hores. 

Ai ñj£ir la atención en las magníñcas obras del 
episcopado tucumano en bien de las almas conñadas 
á su celo, obras que realzan más su propio mérito 
cuando las vemos levantarse exentas hasta de li- 
geros visos de pequeneces humanas, solo inspiradas 
en el espíritu de Jesucristo por quien se ejecutan 
y mueven los resortes de la caridad, para extender- 
las bajo todas las formas benefactoras en que puede 
aprovechar la sociedad, no es posible dejar de ad- 
mirar el heroísmo, el sacrifício de esa vida fecunda 
de labor que se consume en una sola aspiración: 
hacer el bien. 

Los altos cargos traen grandes responsabilidades, 
y seguramente el que medita la seriedad que re- 



I 



— 166 — 

• 
visten sus obligaciones, está mejor preparado para 

llenarlos; no todos, sin embargo, se preocupan de 
los resultados de la misión que desempeñan ó deben 
llenar por el mandato que ejercen: por esto^^ mien- 
tras admiramos por un lado la vida activa de los 
ilustres prelados, meritoria por sus resultados, la- 
boriosa por sus iniciativas, no podemos decir otro 
tanto de los encargados en el orden civil, ni de los 
mismos Vicarios de las diversas ciudades, como en- 
cargados de secundar aquellas obras, aquel espíritu 
apostólico, verdadera palanca de progreso para las 
nuevas sociedades que venían paulatinamente incor- 
porándose al seno de la religión católica. 

En el orden eclesiástico las ciudades de la dió- 
cesis tenían un Vicario Foráneo, revestido al propio 
tiempo con el cargo de Juez eclesiástico, conforme 
á la legislación de la época, y de otros títulos para 
ejercerlos dentro de los límites del Vicariato; á 
todos estos títulos se unía también, en lo general, 
el cargo de Cura Rector de la iglesia principal, la 
Matriz. En el Vicario recaía, por consiguiente, la 
superintendencia de la vigilancia, en general, de los 
intereses religiosos de cada circunscripción eclesiás- 
tica. Los obispos podían así contar con un cola- 
borador en el gobierno del obispado, que al cuidar 
y cumplir las disposiciones emanadas de la auto 
ridad superior, ellos podían en su esfera y según 
su celo, dentro de aquellos mandatos, dar vuelo á 
nuevas iniciativas y empresas en las obras espiri- 
tuales en favor de las almas. 

Las misiones establecidas dentro de cada Vica- 



- 166 — 

* 

riato, se atendían directamente por los padres doc- 
trineros, de modo que la acción del Vicario quedaba 
reducida á un límite muy corto, al radio urbano de 
'as ciudades, donde compartía con las comunidades 
religiosas la atención del servicio religioso de aqué- 
llas. Es creíble que siendo ellas de un vecindario 
sumamente corto, no habría recargo de trabajo^ ni 
menos constituirían una obligación de todo punto 
fatigosa, aun añadiendo la vigilancia sobre las muy 
pocas parroquias rurales establecidas. En resu- 
men: había mucha holgura de tiempo. 

En el orden civil, además del Gobernador Inten- 
dente General de (oda la gobernación^ cada ciudad 
tenía uno local, es decir un Vicegobernador, un Sín- 
dico, un Procurador para defender los derechos de 
las ciudndes v de los naturales: dos Alcaldes Ordi- 
narios y un cuerpo colegiado de cuatro, seis ó más 
miembros, denominado Cabildo, para velar por los 
intereses de los municipios y promover sus ade- 
lantos. 

Del espíritu de progreso, de la actividad y ele- 
vación de miras de cada individuo, especialmente 
de los gobernadores y Cabildos, dependía la marcha 
próspera de los nuevos núcleos de población ó el 
estacionamiento del comercio v de las industrias 
de las ciudades. 

Los Cabildos, con muy raras excepciones, adole- 
cían siempre del mal de la inercia. 

Los señores obispos, por sus continuas visitas á 
las ciudades y misiones que recorrían, palpaban 
sus necesidades más premiosas y á la vez los peli- 



— 167 — 

gros inminentes de invasiones á que estaban ex- 
puestas por asaltos de los naturales: de aquí sus 
instancias, sus exhortos á los Cabildos y goberna- 
dores para decidirlos á precaver aquellos males; aun 
más, querían por sí mismos buscar los medios para 
facilitar los gastos de la organización de cuerpos 
voluntarios que llevaran á cabo un pian de defensa 
ó de alejamiento de las mismas tribus indígenas, 
poniéndose á la cabeza de las listas de suscripciones 
mandadas correr entre el gremio de los eclesiás- 
ticos y sin esquivar sus propias personas. 

Los habitantes vecinos de las ciudades españolas, 
ordinariamente se prestaban con la mejor voluntad 
para tales defensas, sin que recargaran los gastos 
de guerra sobre el erario público: bastaba un bando 
á voz de pregón para que cada vecino se presentara 
el día señalado con sus armas, caballo y bagaje de 
mantención, pronto para recorrer los lugares domi- 
nados por los salvajes, desde que el bien que se 
perseguía era general y cada uno contribuia á sal- 
var las vidas de los suyos y á asegurar sus propios 
intereses y haciendas. 

El iltmo. obispo Cevallos, que' hemos citado en 
otra ocasión, era uno de los más entusiastas en 
procurar la paz y tranquilidad de las ciudades como 
causa enciente de sus progresos y estabilidad de las 
mismas; pero ¿cómo dominar la inercia de los Ca- 
bildos y gobernadores? 

Véase lo que decía el Vicario de Córdoba, Dr. Juan 
Pablo Olmedo, al iltmo. obispo José Cevallos, en 
carta de 13 de Septiembre de 1735: 



— 168 — 

«Luego que recibí el pliego de V. S. iltma. y en 
él los despachos, pasé luego á mandar hacer saber 
el exhorto al Cabildo, cuya respuesta después de 
varias instancias, asi al General D. Bartolomé de 
Ugalde como á los demás, apenas la pude conseguir 
á los doce días, y harto he sentido se haya fatigado 
el celo y deseo de V. S. iltma. en alivio de la Pro- 
vincia sin que se consiga el fruto que se desea. Yo, 
señor, bien me lo tenía persuadido que estos seño- 
res del Cabildo tratarían esta materia con ninguna 
eficacia por el olvido y descuido con que viven sin 
atender á materia tan importante, pues me asegu- 
ran que todos los fuertes de la jurisdicción de esta 
ciudad, están sin gente por falta de mantenimientos, 
y están solo atendidos en la vana confianza de que 
los indios están de amistad en Santa Fé, donde, se 
dice, los detienen para que no pasen á hacer estra- 
gos en esta jurisdicción, como si eso fuese bastante 
para contener su osadía. 

«Yo de mi parte tengo hechas varias instancias 
para que se practique la entrada general ligera por 
el mes de Noviembre, y me han respondido, que 
de poner en ejecución dicha entrada se imposibili- 
tará la que se espera hacer por el mes de Mayo; 
pero juzgo que una y otra se quedará en blanco, 
según veo las cosas. Y supuesto, señor, que en 
breve se espera á D. Matías de Angles, allá se po- 
drá facilitar siquiera la del mes de Mayo para que 
no se acabe de perder todo. 

«El auto para que los eclesiásticos diesen algún 
donativo, también se enteró el Cabildo, y tengo sus- 



— 169 — 

pensa la ejecución de éste y el otro hasta nueva 
orden de V. S. á quien G. D. m. a. en la grandeza 
que se merece para nuestro alivio y consuelo. — 
Córdoba, Sep. 13 de 1735 años. - Iltmo, Sr.— A los 
sagrados pies de V. S. Iltma. su verdadero siervo 
y subdito, Q. S. M. B.— Dr. Juan Pablo de Olmedo». 

Así, toda buena iniciativa era un fracaso ante la 
inercia desplegada por las autoridades civiles, que 
debieran ser las primeras en contribuir con sus 
esfuerzos á la desaparición del vandalaje y trabajar 
por el sometimiento de la raza indígena á las leyes 
.de la civilización cristiana. 

Por la lectura de la carta anterior se ha visto ya 
que los sacerdotes eran notificados en primera línea 
para ayudar á los recursos que requerían los mo- 
vimientos de gente contra los avances de los indí- 
genas. 

El iltmo. obispo Cevallos hallábase en Salta en 
aquella época, y deseoso de poner en práctica su 
pensamiento, inició una suscripción en esta ciudad, 
cuyo resultado copiamos de su auto al poner á 
disposición del Cabildo los siguientes donativos: 

((El iltmo. obispo, cien pesos en lo más necesa- 
rio de trigo, maiz, vacas y plata; con las funciones 
de iglesia para implorar la ayuda de Dios, por la 
pobreza de la iglesia Matriz, y con la obligación de 
despachar á su hermano menor, á su costa^ bien 
amunicionado de boca, guerra y caballada, con paje, 
también, bien armado. El Vicario Foráneo, 4 pesos 
plata— El Presbitero Gregorio L. Zuñiga Icharte, 20 
pesos— Maestro Juan Jucinto de Aguirre, 20 pesos — 



-^ 170 — 

Dr. José de Peñalva, 60 pesos— Maestro Blas Cas- 
tellanos, 20 pesos—Félix Carbajal, 12 pesos — Miguel 
Díaz Zambrano, una carga de arína de maiz tostado, 
buena — José Ruiz de Inistrosa, clérigo de menores, 
un quintal de biscochos que lo pedirá á su padre — 
Antonio Jiménez, 12 pesos — El Convento de San 
Francisco, 50 misas aplicables por la intención del 
obispo— El Convento de la Merced, 40 misas apli* 
cables por la misma intención — El Colegio de la 
Com|)añia de Jesús, 6 fanegas trigo y 6 de maiz». 

De este modo se reunían los recursos y provi- 
siones necesarias para sostener cualquiera expedi- 
ción que alejara al enemigo jurado de las ciudades 
ó contuviera sus avances. Muchas de las ciudades 
españolas desaparecieron acaso por falta de vigi- 
lancia, por la inacción de los que llevaron su re- 
presentación como encargados de los poderes pú- 
blicos. 

Pero si consideramos é los Cabildos y goberna- 
dores en otro orden, los encontraremos activos v 
enérgicos, decididos batalladores por el lustre de 
sus prerrogativas y grandes respetos. 

Las cuestiones del ceremonial que debía obser- 
varse con ellos les absorbía todo su mejor tiempo; 
no de otra manera se comprende el número infinito 
de reclamaciones, exhortos y querellas promovidas 
á los Vicarios y Curas, en sostén de pretendidos 
derechos, como representantes de la autoridad real. 

El estrecho radio de las ciudades aldeas, no es- 
taba en relación con la grandeza de las altas pre- 
rrogativas y del exigente ceremonial reclamado por 



-. 171 — 

los respetos de los Cabildos; pero de algnn modo 
debían hacerse notorios y formar el tema obligado, 
á diario, con las discusiones y querellas de aldea 
con los curas, para hacer resallar más el lustre y 
homenaje á queeran acreedores sus gentiles hombres. 

Vamos á reducir lo más que podamos las ma- 
terias del presente capítulo al dar á conocer las 
intromisiones y pequeneces vanidosas de los Ca- 
bildos coloniales, porque tantas son las cuestiones 
promovidas, que necesitaríamos de mucho espacio 
y tiempo para ocuparnos de todas; ellas, sin em- 
bargo, hacen conocer el espíritu de la época y de 
los hombres, razón que nos ha guiado para com- 
poner este capítulo que titulamos: «Los Cabildos 
Coloniales y los Vicarios Eclesiásticos». 

Comenzamos por Salta. 

Inseí'tamos íntegra la representación del Cabildo 
de Salta al Gobernador don Gerónimo Matorras y 
el decreto de este de 22 de Junio de 1773: ambas 
piezas son el proemio de lo que el lector se impon- 
drá más adelante. 

«Señor Gobernador y Capitán General: 

«Los individuos de que al presente componen 
este Cabildo de Salta con su Procurador General, 
dicen: que en las funciones de iglesia que se ofre- 
cen en lo Matriz, tienen los Alcaldes la gravosa 
pensión de costear los gastos para la festividad de 
Nuestra Señora del Milagro, en que es notorio su 
esmero y la cantidad de pesos que para ello bas- 
tan. Para la función del Corpus contribuye cada 
uno con el estipendio de una misa y cera^ que aun- 



— 172 — 

que en otras partes se regula uno y otro por diez 
pesos, en esta se ejecuta de catorce, sin que para 
uno y otro haya otra obligación que aquella que los 
señores Curas han establecido, y ios Alcaldes gus- 
tosamente se conforman á ella, y á cuanto conduce 
á las existencias y demás pensiones en dicha 
Matriz. 

«De este mérito que pudiera esperar el Cabildo 
que fuese atendido, se ha abusado y abusa de tal 
suerte, que siendo costumbre el que los señores 
Curas salgan á recibirlo á la puerta de la iglesia, 
y lo mismo cuando se retiran, experimentan las 
más veces una notoria falta en este asunto, que 
hasta el presente ha disimulado con suma tolerancia. 
Pero de esta ha resultado otra falta mayor, y es 
de que siendo costumbre en otras ciudades el que 
á los Cabildos se les suministre la cera de manos 
por un eclesiástico, ó á lo menos por un monigote, 
con sobrepelliz, ha llegado ¿ tanto la falta de los 
actuales Curas, que se ejecuta por un secular, cuyo 
carácter es de los más despreciables, subiendo á 
tanto esta falta que ha llegado el caso de dar la 
cera de manos un mulatillo con tal irrisión de 
cuantos lo han visto. Pero no pudiendo tolerar más 
los individuos de este Cabildo tan notorias faltas 
y siéndole preciso á los individuos de que al pre- 
sente se compone, ocurrir por el remedio, porque 
si pasara á más nuestra tolerancia nos fuera re- 
prensible por el más ignorante, y de gran cargo en 
los de residencia, hacemos presente á V. S. todo 
lo antecedente para que como Gobernador y Capi- 



— 173 — 

ton General, y en conformidad de las facultades que 
le franquea el Vicepatronato real, promueva de aquel 
remedio que se hallare por conveniente. Salta, Ju- 
nio 10 de 1773— Antonio de Figueroa— Domingo de 
Legarribay-— Ambroció Fernández de Saravia — San- 
tiago de Pucheta-T- Agustín de Zuviría, Procurador 
General. 

El Gobernador Matorras después de un largo trá- 
mite y de consultas, dictó un decreto yendo aun 
más allá de lo solicitado, constituyéndose en Maes- 
tro de Ceremonias y abrogándose una autoridad 
sobre materias que se escapan de su jurisdicción. 

He aquí el texto principal del referido decreto: 

«Salta, Junio 22 de 1773— Cúmplase y obsérvese 
en la Matriz de esta ciudad, en las concurrencias 
que tuviere en ella el Cabildo secular, acompañán- 
dole los señores Curas á la entrada y salida en 
ella, dándosele la cera de manos por un acólito con 
sobrepelliz; y á los gobernadores de esta Provin- 
cia la paz con la patena, el subdiácono, y la vela 
con arandela por un presbítero con sobrepelliz y 
estola. Y para su cumplimiento y observancia pá- 
sese á dichos señores Curas copia legalizada con 
carta de oficio, y otra igual al Cabildo secular — 
Gerónimo Matorres». 

A tamaña imposición, no se hizo esperar la pro- 
testa consiguiente de los curas de la ciudad, — la 
Matriz en esta época estaba servida por dos curas 
que se turnaban por semanas, — ante el Vicario pi- 
diéndole su intervención acerca de lo legislado por 
el gobernador. 



— 174 — 

Insertamos los párrafos más notables del extenso 
escrito de la exposición presentada por los seño- 
res Guras. 

<xHaciendo la critica correspondiente del asunto^ 
su peso y gravedad, dicen, hemos conferido pasar 
é V. Merced nuestro informe pora que se determine 
lo que parezca de justicia y conforme á las leyes 
reales y cédulas de S. M., omitiendo el contestar 
sobre los gastos que expresa el Cabildo emprende 
en las funciones de iglesia, ya en la fíesta que tie- 
ne jurada, cuyo título es N. Señora del Milagro, ya 
en el solemne Octavario del Corpus, por que bien 
le consta que este mérito no es á benefícío de los 
Rectores que no se interesan en un maravedí, si 
solo en el ingente trabajo de pulpito y confesonario» 
que á ellos se consigue para deducirlo ante S. S. 
iitma., porque tocan moteria de sindicato; y solo 
tratamos de demostrar que es por parte de nues- 
tro empleo inveriñcable lo contenido en el citado 
auto á excepcitm de acompañar al Cabildo á la en- 
trada y salida, de que jamás nos hemos separado 
en el reconocimiento de una obligación política muy 
debida á su representación, excepto alguna vez que 
por haber su puntual asistencia prevenido al último 
signo del reclamo, ha dejado burlado su religión y 
modestia, la exacta disciplina y presurosa atención 
de nuestra voluntad; pero pretender (|ue un acólito 
con sobrepelliz les ministre cera de mano, es de 
falso supuesto, porque esta iglesia no tiene acólitos 
ni monacillos que la sirvan, ni beneficiados, ni ren- 
tas con que mantenerlos, sino único el sacristán 



— 176 — 

menor que sirve al altai\ y este no io puede veri- 
ficar por incompatible con su ejercicio y minis- 
terio ^ 

(cY que en estas materias de procedencias y ce- 
remonias se deba atender la costumbre en casos 
que no se hallan decididos como el que (retamos^. 
Jo trae con muchos clasicos autores el señor Fraso 
De Regio Patronatu indiarum cap. 97, pag. 424, 
número 45, y que esta misma costumbre se debe 
observar en el orden de proceder en la deoscuiación 
del Evangelio, en la paz, en la turiñcación, número 
49, y que así se resolvió por la S. C. de Ritos en 
varias declaraciones 

«Y aunque en el punto de ministrar la cera y 
demás cosas concernientes á ceremonias se deba 
á la práctica, usos y costumbres de las ciudades, 
lo da ó entender Su Majestad en cédula de 9 de 
Agosto de 1621 sobre ciertas diferencias suscitados 
entre el Presidente y Oidores de Manila, que refiere 
el señor Fraso, cap. 100, número 74, y dice asi: 
ii Y porqué de gastar el tiempo en- semejantes ma- 
terias^ no solo se pierde el necesario para otras, 
slkio que se causan algunas emulaciones dañosas 
al bien común, y debajo de este prelexto se suelen 
vengar de algunas pasiones y causar disturbios por 
las personas que están obligadas ó dar buen ejem 
pío, tendréis entendido que juntamente con pro- 
veer lo conveniente en semejantes mateiios, mandaré 

que sea castigado severa y ejemplarmente el 

que quebrantara las costumbres en actos pú- 
blicos» . . . • 



— 176 — 

((Ni es de menos consideración lo que continúa 
mandando dicho señor Vicepatrono, sobre que se 
le ministre la paz por nAinos del subdiácono con 
patena, porque aunque el ministrar la paz el sub- 
diácono á los señores gobernadores expresamente 
lo prohibe el Gocilia límense segundo por estas 
palabras: que se dé la paz en las misas mayores 
al pueblo con porta-paz, y á los sacerdotes con 
patena, y por ministro de orden sacro, y al Vir- 
rey ó Presidente aVgun sacerdote vestido con so- 
brepelliz, que es el mismo que previene la Ley 20, 
tít. 15^ libro 3 de las municipales de estos do. 

minios 

.... y aún dado casó que se debiera por el título 
del real vicepatronato y sus regalías, observar en 
nuestra parroquia las ceremonias que prescribe el 
auto del Señor Gobernador, parece que se debía 
proceder por dicho Señor Gobernador conforme á 
ja, Ley 4b tít. 6 lib. 1° etc., de las recopiladas para 
las indias, en que se manda guardar las leyes del 
patronazgo según y como en ellas se contiene, y 
de lo que se dudare se consulte con eí supremo 
Consejo, y que en el entre tanto no se haga nove- 
dad contraria á lo convenido en las leyes, cuyas 

observancias encarga á los señores obispos 

pero estas leyes y su tenor se deben entender con- 
forme á la doctrina del Señor Solorzano en la Po- 
litica^ que si algo hubieren de obrar los virreyes y 
gobernadores seculares cerca de ello, ha de ser 
advirtiéndolo á los Prelados eclesiásticos y ejecu- 
tándose por su mano 



-- 177 — 

. «Todo lo qué hacemos presente á V. md. para 
como superior eclesiástico, provea y mande lo que 
en las materias que se han tocado, debamos prac- 
ticar, pasando al Sefior Gobernador un oflcio de lo 
que determinare con inserción y copia de esta 
nuestra representación, dándose cuenta de todo al 
Señor obispo de la diócesis y á la Real Audiencia 
del Distrito. Que es fecho en Salta á 26 de Ju- 
nio de 1773 Dr. Fernando Arias— Dr. José Do- 
mingo Frías». 

A la sombra del patronato nada faltaba para que 
los gobernadores legislaran, como se ha visto, sobre 
materias eclesiásticas, que aunque eran de orden 
ceremonial, debían venir por la vía respective, con- 
forme á lo expuesto por los curas. 

El Vicario Juan José Arias Renjel había cedido 
en el primer momento, pro bono pacis^ á las pre- 
tensiones del gobernador Matorras, no obstante lo 
alegado por los dos párrocos; pero, el mismo día 
que dictó su auto mandando observar lo dispuesto 
por el gobernador, horas después, suspendió su eje- 
cución, pasando á la audiencia episcopal todos los 
obrados para su resolución. 

No quedó, por cierto, contento el gobernador con 
el estado á que había llegado el asunto sobre ce- 
remonias, por las observaciones hechas a su de- 
creto. Un nuevo oficio de Matorras al Vicario, dio 
motivo á la carta siguiente de los curas, que contuvo 
las vacilaciones del Vicario Renjel y lo decidió, sin 
miramiento alguno, á volver sobre sus pasos, expi* 



^ 178 — 

diendo un contra auto á raíz de sus primeras dis- 
posiciones. 

Dice así la carta: « 

«Señor Vicario, Juez Eclesiástico. 

Los Curas Rectores, vista la carta ofício del Se-r 
ñor Gobernador y Capitán General de la foja ante- 
cedente, decimos: que por ella misma se evince 
que es ardua empresa la que se ha emprendido y 
de imposible veriñcación en esta Matriz, aún cuan- 
do no lo contradijeran las cédulas de su Majestad, 
reales leyes y clásicos autores, sej^ún hemos de- 
mostrado en nuestro anterior informe, como el que, 
no obstante, se pcoveyó in promptu^ la Iglesia de- 
ñera a la solicitud del Señor Gobernador y del 
Magistrado, sin más justiñcación que la de una 
mera condescendencia en una materia que el mis- 
mo Monarca y soberano reputaré por cesión ver- 
gonzosa, cuando hasta con la vida y la sangre se 
deben defender los fueros de la Iglesia, no coa 
armas more castrorum, sino con santas razones y 
religiosa resistencia, como lo hizo San Ambrosio 
con el emperador Valentiniano y con Teodosio el 
Grande. 

«Por cédula de su Majestad reprende otra tal ce- 
sión en tiempo del iltmo. Señor Mercadillo, sobre 
la pretensión del Señor Gobernador para que en 
la Colecta se nombre primero la Real Persona que 
el obispo, y allí se manda la Colecto que está al 
último del Misal romano. Por todo lo cual se ha 
de servir vm. mandarnos dar los testimonios que 
tenemos pedidos por los ocursos conducentes á la 



— 179 — 

defensa de los fueros de nuestra iglesia, arreglán- 
dose en el todo á nuestra anterior representación 
por ser justa.— Que es fecha en Salta á 6 de Julio 
de 1773. Dr. José Domingo Frías— Dr. Fernando 
Arias». 

Asediado el Vicario Renjel por esta nueva carta 
de los curas, no tuvo más que dictar el contra 
auto, como lo dijimos anteriormente, cuyo texto 
no carece de importancia, aunque pone de mani- 
fíesto las pocas energías de carácter del tímido Vi- 
cario. 

c(Y así estando: Teniendo presente la carta de 
12 de Mayo del presente año que escribe á esta 
Vicaría el iltmo* Señor Dr. D. Juan Manuel de Mos* 
coso y Peralta, mi Señor, dignísimo obispo de esta 
Provincia; y por otras consideraciones, temores y 
recelos que me asisten, y evitar disturbios estrepi- 
tosos que puedan causar escándalos perjudiciales 
al pueblo, y más cuando es constante, público y 
notorio, de pública voz y fama en esta diócesis la 
mala voluntad que me profesa el Señor Goberna* 
dor y Capitán General actual de esta dicha Pro- 
vincia, D. Gerónimo Matorras, por haber defendido 
la jurisdicción eclesiástica por los términos dis- 
puestos en derecho» como lo tengo informado con 
autos en 4 de Abril de 1771 años á S. M. en su Real 
y Supremo Consejo de Indias, al Superior gobierno 
de estos reinos, á la Real Audiencia de la Plata 
y al iltmo. Señor Dr. Manuel Abad y Llana, sien- 
do obispo de esta Provincia, y con reserva de in- 
formar á S. S. iltma. los más poderosos motivos 



— 180 — 

que ó elio me mueveD. y estandi) próximo á llegar 
á la ciudad de Jujuy .mi iltmt>« Prelado, como igual- 
mente el Sr. Provisor y Vicario, General de este 
obispado. Dr. D. José Antonio Ascasubi á la cele- 
bración del sínodo provincial: suspéndase la eje- 
cución del proveído hoy día en el antecedente auto 
hasta que este se apruebe y confírnoe por S. S. 
iltma. á quien suplico y ruego se sirva declaj*ar 
con ex|)reso pronunciamiento los puntos disputa- 
dos en estos; eutos; como igualmente el que en la 
Colecta y demás deprecaciones que se hacen en 
el santo sacrificio de la mi^a, rio se ha de nom- 
brar ni se nombi*e á ios señores gobernadores de 
esta Provincia, como" se previene en las sinodales 
del Señor -Trejo, ónl coaíravencióni de la Réé I' vo- 
luntad, por haberse notado que por. el afecto que 
se les profesa, se les ha puesto por algunos sacer- 
dotes, en cuarto lugar en la dicha Colecta. 

((Igualmente se declare que él ilustre Cabildo, Jus- 
ticia y Regimiento de esta ciudad, es Patrón de la 
festividad déla Santísima Virgen de la Concepción 
del Milagro y del Santo. Crucifijo que se veneran 
en esta santa iglesia Matriz, y de la festividad del 
Dulce Nombre de María Santísima, para que de 
este modo. queden sin controversia alguna decidi- 
dos estos artículos; y cjue los curas y sacristanes, 
sacerdotes y demás asistentes á esta santa iglesia 
Matriz, tengan entendida el cumplimiento de su 
obligación,, sin que sea* visto que por este acto me 
aeparOy qaito, ni aparto en manera alguna de todo 
aquello: que xsonduzoa á la defensa de la jurisdic- 



— 181 -- 

ción eclesiástica, sin agravio del Real patronato, como 
es tan de mi obligación, en -cuyo cumplimiento pro- 
curo guardar toda buena armonía con los señores 
vicepatronos y magistrados y demás tribunales, 
como daré prueba bastante en .caso necesario. 

Y los señores Curas Rectores y sacristán de 
esta santa iglesia Matriz, informarán ó S. S. iitma. 
sobre los puntos que les pareciere necesarios y 
precisos para el mejor esclarecimiento en el cumpli- 
miento de su obligación, y que por ahora, y sin que 
sirva de ejemplar, ni se tenga por costumbre, ni 
sea contra la jurisdicción eclesiástica, procuren el 
día de mañana en la misa y sermón de la fiesta de 
S. Pedro Apóstol, y én los. demás días en que con- 
curran en la dicha iglesia Matriz él señor Gober- 
nador y el ilustre Cabildo, sobreseer en todo ó en 
parte de la pretensión y puntos declarados por di- 
cho señor Gobernador en su auto de 22 de Junio, 
guardando toda buena armonía con su Señoría y 
el Cabildo, como hasta ahora lo han ejecutado, sin 
que se les haya notado el menor defecto en la 
atención, urbanidad y respetuosa, recíproca corres- 
pondencia, con que hasta el presente se han mane- 
jado; siendo de extrañ&r lo que expone el dicho Ca- 
bildo en*su informe de 18 del citado mes y año, 
sobre que deberán satisfacer, informando á S. S. 
iltma. estos autos luego que llegue á esta Provin- 
cia, como está mandado; y también se dé cuenta 
con testimonio de ellos á su Alteza por mano del 
muy ilustre señor Presidente, como lo tienen pe- 
dido los dichos señores Curas Rectores para que 



— 182 — 

se sirva decidir, como ó quien corresponde, la re- 
solución de las dudas concernientes á las regalías 
del Reo! patronato. Fecho ut supra^ y lo proveyó 
y firnió su merced, de que doy fé — Maestro Juan 
José Arias Renjel— Ante mi: Rafael de Hoyos, Pro- 
notario eclesiástico». 

Ninguna medida adoptó el iltmo. obispó por las 
circunstancias muy apresuradas que tuvo con mo- 
tivo de verse obligado á regresar de Jujuy á Char- 
cas, sin haber llegado á Salta, sen por que se dio 
más importancia al asunto de la que tenía, ó por- 
que mediaron otras razones de composición; pero, 
veinticuatro aí^os más tarde, el iltmo señor obispo 
Ángel Mariano Moscoso, prohibió por auto de 13 
de Marzo de 1797, expedido desde la ciudad de 
Buenos Aires, se diese á los gobernadores en toda 
la diócesis la paz con patena, mandando observar 
la cédula real de 26 de Marzo de 1650, que también 
lo prohibía. Esta resolución fué comunicada al Vi- 
cario General de Córdoba doctor Gregorio Funes. 
y por este á los gobernadores y vicarios del obis- 
pado 

Vengamos al Cabildo de Jujuy, de quien decía 
el señor Juan Ignacio de Gorriti, en Enero 2 de 
1806: «Parece que en este desgraciado lugar hay 
cierta clase de sujetos que se persuaden que la 
justicia nunca está autorizada sino cuando estre- 
llándose con los párrocos, los hace el objeto de la 
befa del público; y apenas habrá en todo el obis- 
pado otra ciudad donde tengan menos motivos 
para ello». 



— 183 -- 

El Cabildo de Jujuy era uno de los más ardien- 
tes en pasar los límites de la prudencia, como se 
verá más adelante. Los alcaldes se inmiscuyen en 
los asuntos religiosos de las congregaciones y co- 
fradías de las iglesias á título de representantes de 
la autoridad real, estorban sus deliberaciones y 
llegaban hasta vetar las resoluciones de las juntas. 

El Vicario Dr. Manuel José de Leániz se queja 
al obispo de esta intromisión, «porque si bien^ dice, 
por una cédula real de 8 de Marzo de 1791 se 
prohibe celebrar juntas de cofradías ó hermanda- 
des sin la presencia de un juez real, esta asistencia 
nó tiene otro objeto que para contener los desórde- 
nes que á veces se originaban en las referidas jun- 
tas^ alterando la paz y rompiendo los vínculos de 
la caridad fraterna, cuando se trata algún punto 
sobre que están divididos los intereses de los vo- 
cales, sin que por dicha asistencia se les de voz 
ni voto sobre las materias que se tratan». 

A falta de iniciativas saludables al bien del Mu- 
nicipio, el Cabildo llena su tiempo ó lo pierde, me- 
jor dicho, en susceptibilidades pueriles, defendiendo 
fueros y derechos imaginarios, ó creándolos para 
satisfacer ambiciones vanidosas por ese espíritu 
estrecho que reina ordinariamente en las pequeñas 
localidades, en donde el personalismo imperante 
echa raíces profundas en unos y se huelga del aire 
de supremacía con que fomenta su despotismo, 
bien cave abismos y divisiones ó altere la buena 
armonía de los vecindarios. 
Ningún Cabildo suscita tantas pendencias como el 



— 184 — 

de Jujuy, que suscita cuestiones por nimiedades á 
cada paso. 

Léase el siguiente exhorto sobre sus fueros acerca 
del hisopo y del agua bendita. 

< «Nos el Cabildo, Consejo, Justicia y Regimiento 
de esta ciudad de San Salvador de Jujuy, por $u 
Majestad que Dios guarde, etc. 

«Hacemos saber á V. M., Sr. Cura Rector sus- 
tituto, Dr. D. José Antonio Arburu, como en el 
día de hoy 17 del corriente, habiendo pasado á la 
santa iglesia Matriz, á la misa mayor que se cele- 
bra de nuestro glorioso San Roque, Vice Patrón 
de esta ciudad, en su novena, salió V. M. con su 
clerecía á recibir é este ilustre cuerpo como ha sido 
de costumbre, en cuyo acto y al tiempo de hacer 
la correspondiente venia, y alcanzar el hisopo para 
dar el agua bendita, se ha notado que V. M., faltan- 
do á la práctica y obligación de su ministerio, lo 
ejecutó en su presencia el sacristán mayor Don 
Antonio Araoz, con cuyo hecho y otros que ha ex- 
perimentado este ayuntamiento se le ha inferido á 
este Cabildo, no solo desaire público, sino falto 
y atropellamiento de respeto á la autoridad que 
representa, cuya regalía se halla observada por sus 
antecesores, sin alteración alguna desde tiempo in- 
memorial. Y siendo conveniente se evite un abuso 
como el que V. M. intenta introducir contra el te- 
nor de las leyes y práctica observada; en nombre 
de su Majestad, que Dios guarde, y de los oñcios 
que en su real nombre ejercemos, exhortamos y 
requerimos se sirva guardar á este dicho ilustre 



— 185 — 

Cuerpo la posesióa en que se halla, recibiendo á 
sus individuos en la forma establecida sin excu- 
sarse á este acto de coger por sí el hisopo y alcan- 
zar el agua bendita^ y de lo contrario protesta este 
Cabildo ocurrir por pronto é inmediato recurso al 
ilustrísímo Señor Obispo de esta diócesis, con re- 
servas de usar dQ los demás recursos que con- 
venga... que es fecho en esta Sala Capitular hoy 
17 de Agosto de 1773 años.— Francisco Llera Mon- 
son— Juan Francisco de Leániz— Tomás Argañaraz 
—Miguel de Indahuru»,. 

Fué tan ruidosa esta cuestión del hisopo y agua 
bendita en Jujuy, por el solo hecho de que el pá- 
rroco se valió de otro sacerdote, el sacristán mayor 
de la iglesia, para ministrarla al ayuntamiento, que 
de ello manifiesta el grueso expediente seguido. Las 
pretensiones del Cabildo encontraron eco en el Pror 
curador de la ciudad D. Andrés de Eguren, quien, 
para má9 enaltecer las ilustres prerrogativas del 
venerable ayuntamiento jujeño^ decía: «que por co- 
medimientos y atenciones del Justicia Mayor y ex- 
trajudiciales oficios que á nombre del ilustre Ca- 
bildo se ejecutaron, corrió ante S/ S. Iltma. para 
que se resolviese». 

El Cabildo concediendo una gracia al obispo en 
declinar de su autoridad, cuando por sí mismo po- 
día levantar tribunal para juzgar el gran abuso de 
irreverencia cometido por el párroco con motivo 
del hisopo y del agua bendita! 

Nombrado un comisionado por el obispo para 
entender en el asunto, expidió su informe consiga 



_ 186 — 

nando las siguientes palabras: «Que ei Procurador 
era quien pretendía alterar y perturbar la paz pú- 
blica, único móvil de la instancia en que demues- 
tra un espíritu de discordia opuesto á su empleo 
y cargo». 

Lo que había en todo esto es lo siguiente: que 
algún cura había practicado expontáneamente el 
acto que exigía el Cabildo, con anterioridad, por 
mera cortesía, y cuando permitían sus ocupaciones, 
acto que tampoco sabía el Cabildo entraba en sus 
altas preeminencias, pero que lo> encontró muy de 
su agrado, cuando llegó á sus noticias que en 
Córdoba se rendían este y otros homenajes al Ca 
bildo, y sin más se creyó dueño de todos los ho- 
nores, porque como decía el mismo Procurador 
litigante: «representando en sí tanta autoridad este 
Cabildo como aquel, no es posible tenga el uno más 
preeminencias que el otro». 

Por de contado, el Cabildo no sacó la mejor parte 
al ñn de la cuestión, sin embargo de manejos nadn 
correctos para satisfacer sus pretensiones, como 
dice un testigo declarante en la causa, el Dr. Mar- 
tín Ignacio de Goyechea, al hablar de sus antiguas 
mañas, (cque las Justicias de esta Provincia acos- 
tumbran vejaciones con los curas y vicarios con 
las amenazas de la provisión de extrañamiento, 
que llaman ellos La rabona^ con que suelen insul- 
tarlos, no perdonando aún los respetos de los se- 
ñores obispos». 

La llave de la Urna de Jueves Santo enardecía 
año por año el ánimo del Cabildo. Entre otras 



— 187 — 

cuestiones preferimos esto para consignarla en po- 
cas palabras. 

Se había introducido la costumbre en Jujuy de 
que el Justicia Mayor, 6 en su defecto el Alcalde 
de primer voto, comprara una cinta de precio^ abo- 
tonada. — que después servía para la confección dé 
un cíngulo, — para la llave que debía entregarse en 
guarda a su autoridad el día de Jueves Santo, 
honor que, según lo certifico un testigo, correspon- 
día al Cabildo por una provisión de la Audiencia 
de Charcas. La cinta era reemplazada en algunas 
ocasiones por una cadena de oro por algún Alcal- 
de fastuoso, debiendo rescatarla en este caso con 
la suma de doce pesos. No faltaron émulos entre 
los particulares que hicieron competencia al Alcalde, 
lo que dio por resultado que el Cabildo, formando 
causa sobre esto, falló en esta nueva cuestión que 
los alcaldes no podían ser privados del honor, pero 
sin ser condenados al pago de los doce pesos, cuan- 
do les correspondía. 

Tiempos después, no pudiendo sostener estos ras- 
gos vanidosos, ó no queriendo conliniiarlos por el 
desembolso de la cinta y de los botones, y más 
por los pesos cuya oblación se hiciera de tabla, el 
Cabildo acordó no estar obligado á tales gastos. 

Pero las cuestiones no tenían término, y se su- 
cedían unas tros de otras como las erupciones de 
un cráter. Fué tan ruidosa la que promovió en 
1802 que en ella tuvieron que tomar parte el Fis- 
cal Eclesiástico, el obispo, y hasta el Gobernador 
de Salta D. Rafael de la Luz. 



-T- 188 TT 

Se trataba de que ei ilustre Cabildo debía seis 
pesos al Dr. Juan Prudencio de Zamalloa, Cura 
Rector de la Matriz; el tiempo corría, pero aquel no 
cancelaba su cuenta; un amigo del Dr. Zamalloa, 
interiorizado de la morosidad del Cabildo, le es- 
cribe, tal vez con algo de sorna para éste, dicién- 
dolé que no debia carecer de su dinero; á lo que 
contestó el Dr. Zamalloa: «que no había cobrado 
porque suponía que el Cabildo se componía de su- 
jetos de honra y distinción, á quienes no es de- 
cente cobrar con exigencia esas ridiculezas», alu- 
diendo á lo exiguo de la cantidad. 

Tal era el pretexto de que se valió el Cabildo 
para darse por ofendido por las palabras del párro- 
co. El Cabildo quería c uesti ón^ á toda trance; y ia 
armó de tal manera que no dejó derecho por vio- 
lar, ordenando la prisión del cura para juzgarlo 
con todo el rigor, no diremos de las leyes, puesto 
que no había una que amparase al Cabildo, sino 
de la ira que le producían sus vanidosas suscepti; 
bilidades. 

Tales avances y audacias los pone de manifiesto 
el documento que insertamos más abajo, salido de 
la pluma de una notabilidad jujeña: 

Es una pieza jurídica del Dr. Juan Ignacio de Go- 
rriti con ocasión del asunto en cuestión, como fiscal 
en la ciudad de Jujuy, al elevarse los autos del 
juicio ai Gobernador Intendente de Salta, D. Rafael 
de la Luz. 

El Dr. Gorriti, de quien nos ocuparemos en otro 
lugar, era uno de los hombres más notables, nacido 



^ 189 -- 

en el suelo jujeño; sacerdote ilustradísimo y patrio- 
ta distinguido contribuyó con su talento al esplen- 
dor de la religión y al áñanzamieñto de la indepen- 
cia argentina eñ ia epopeya de su libertad. 

La lógica de los argumentos en que fundamenta 
su vista fiscal ó exposición al gobernador de la Luz, 
son golpes de martillo que aplastan al pobre Ca- 
bildo. El Dr. Gorriti le dejó corregido por algún 
tiempo^ sin ánimo para provocar hostilidades contra 
los curas de la Matriz. 

Léase el documento aludido: 

I . ■ 

(.(Señor Intendente, Gobernador y Capitán General 
Z). Rafael de la Lus: 

((Dos días cabales hacían, señor intendente, á que 
se me había pasado en vista fiscal el expediente 
obrado por el Vicario Eclesiástico de esta ciudad 
sobre la competencia que al Cabildo le formó, para 
aVocar á su juzgado el proceso iniciado por el ayun- 
tamiento contra el Cura Rector Dr. D. Juan Pruden- 
cio de Zamalloa, cuando se me manifestaron por el 
tnismo Vicario los oficios de mediación practicados 
por V. S. 

((Aunque por el nombramiento de promotor fiscal 
que se había hecho de mí, consideraba por de mi 
obligación pedir la completa reintegración de los 
agravios hechos á la Iglesia por el Cabildo de la 
escandalosa violación de la inmunidad eclesiástica, 
^ero me parecían tan prudentes las reflexiones de 
V. S. preveía todas las funestas consecuencias át 



— 190 — 

esta dispulo, y la ruina casi inevitable de los com- 
petidores de la iglesia, (|ue acomodándome á la pie- 
dad tan propia de esta Santa Madre, ful de sentir 
no se debía trepidar un momento en acceder á las 
insinuaciones de V. S. Hallé toda la docilidad nece- 
saria asi en el Vicario como en el Curo Rector. 

«El Cabildo, aunque hizo algunas novedades por- 
que el Alcalde de 2"* voto creía abatida su autori- 
dad y real jurisdicción, si llanamente se conforma* 
ba con los medios propuestos por V. S.; pero al 
fin vino en condescender, y se resolvió juntarse en 
casa del Subdelegado, Comandante don Manuel de 
la Quintana; así se verifícó el día 21 de éste á las 
doce del día: se me mandó asistir á esta junta don- 
de debía tratarse unos asuntos recomendados á mi 
defensa, y poco faltó para votarme de ella, porque 
los alcaldes decían que mis títulos de nombramiento 
no estaban presentados en el Cabildo. 

«Yo había creído que iba á trotar con hombres 
racionales que dirfan rozones, se harían cargo de 
ellas, y no se obstinarían á cerrar los ojos á la ver- 
dad para conocerla. El desatino del primer paso 
ya me desconsoló, y al momento me cercioré que 
me habían engañado mis esperanzas. 

No encontré hombre más racional que el Alcalde 
provisional, que escuchaba y se hacía cargo de las 
reflexiones que se podían hacer en los cortos in- 
tervalos que permitía el embolismo de los otros. 

((Allí, nada había menos que un deseo sincero 
de conocer la verdad, y abandonar las ideas de un 
capricho precipitado. El Alcalde de 2^ voto cuya 



— 191 - 

masa es ¡nca|.)az de una desimpresión, y cuyo or- 
gullo no le permite confesar una equivocación, todo 
lo perturbó con voces, con modos y acciones im- 
propias de gente de crianza, y con expresiones 
descorteses. Si hubiere triunfado, si hubiera logrado 
de la superioridad una completa aprobación de sus 
operaciones, si en juicio contradictorio se hubiesen 
declarado las palabras de la carta del cura, ofensi- 
vas en sumo grado al ayuntamiento; no se habría 
mostrado tan arrogante, ni hubiese pedido satisfac- 
ción con más desembarazo. Después de haberlo 
turbado todo dicho alcalde con inenarrables desa- 
tinos, de haber aumentado los agravios hechos al 
estado; nada más se pudo hacer que acordar, por lo 
tocante al asunto del cura, que se remitiese á suje- 
to inteligente é imparcial el juicio de aquellas ex- 
presiones. 

«Mi asistencia á aquel congreso no había sido en 
calidad de un mero testigo, sino de un procurador 
ó defensor de los fueros de la Iglesia: pedí que se 
corrigiesen y anotasen los acuerdos del día 12 y 14, 
y se me diese testimonio de todos; pero se me 
contestó que no había acuerdos. Además de que 
tengo poderosos fundamentos para no dar entero 
asenso á esta respuesta, ni ella es una satisfac- 
ción competente á la. pública y escandalosa viola- 
cit^n de la inmunidad, ni yo quedo resguardado 
con ella; y aunque yo pedí que de eso se me diese 
certiñcado, ni se ha resuelto hacerlo, ni se ha he- 
cho, de modo que la injuria hecha al estado queda 
sin el menor desagravio. 



^ 192 — 

«Las injurias que' yo deduzco hechas por el Ca- 
bildo á las canonésl de la Iglesia y á su inmunidad 
no son parecidas ó la que el Cabildo arguye al 
Cura Rector: ésta, como V. S. advierte, consiste en 
una falsa aprensión: estaba satisfecho con que el 
mismo que proñrió tales expresiones, explícase su 
sentir, y como debían tomarse; nada más podía 
exigir el Cabildo en todo rigor: más cuando el 
Cura Rector fuese convencido de haberlas proferi- 
do en la acepción qué \bé toma el Cabildo, no hu- 
biera sido un agravio público y escandaloso sí los 
mismos dolientes no lo divulgan por su indiscre- 
ción. No obstante esto, ellos no se contentan con 
menos de una solemne retractación. 

«Pero las disposiciones del Cabildo contra la in- 
munidad eclesiástica son demasiado solemnes. Ha 
establecido que cualquier juez por incompetente que 
sea tiene bastante jurisdicción para mandar com- 
parecer á un clérigo, obligarlo ó jurar y declarar. 
Ha establecido que en el Cabildo residen facultades 
bastantes para proceder contra el Cura Rector, 
prescindiendo de la licencia del Vicario: se deduce 
evidentemente de todos los erróneos principios que 
establece en sus oñcios, autos, etc., que la licencia 
que se solicita de los ordinarios eclesiásticos para 
cualquier auto en que un juzgado secular ha de 
entenderse con un clérigo, es una mera ceremoiíia 
que nada influye en lo substancial del acto: se de- 
duce. ..¿pero, que error no tiene lugar en estos 
tiempos? Así van todas las operaciones del ma- 
gistrado que se arregla á ellos. Todos estos ab- 



— 193 — 

sardos son notorios, son públicos, que tienen una 
autenticidad y evidencia incontestables, que solo 
se deshace con otra tan solemne corrección y en- 
mendación de todas estas proposiciones y resolu- 
ciones. 

(cAunque el Cabildo se ha comprometido dar 
satisfacciones al Cura Rector de los agravios he- 
chos á su persona, si resultase que las expresiones 
notadas de la carta no le son injuriosas; pero esto 
no es suficiente para exonerad al Cabildo. Yo 
distingo en este asunto dos puntos entre si in- 
conexos: el primero el de la causa de la injuria 
hecha (ó imaginada) por el Cura Rector; el segundo, 
el derecho de conocer de ella, y de reconvenir en 
juicio á dicho cura por su delito. Cuando éste 
fuera convencido de tal y juzgado delincuente en 
el punto que el Cabildo lo acusa, no por eso que- 
daba el Ayuntamiento justiñcado de sus procede- 
res; siempre será reo de violación de la inmunidad; 
siempre será acusado de haber puesto la mano en 
lo sagrado, y aún de haberse hecho juez de una 
causa donde á los particulares que lo componían les 
correspondía hacer gestiones como parte, 

«No es mi ánimo, señor, presentar á V. S. un 
confuso papelón probando que los atentados de| 
Ayuntamiento han vulnerado la inmunidad eclesiás- 
tica, creo inoficioso este trabajo: gracias á Dios 
vivimos en los dominios de un Monarca católico, 
y del mejor protector de los cánones de la Iglesia, 
donde es delito en los tribunales aun dudar esta 
verdad. Si lo creyera necesario muy pronto y á 



-Ira- 
niano tenía los argumentos para demostrar delin- 
cuentes á los procedimientos del Ayuntamiento. 

«Además de los principios incontrovertibles del 
derecho, que establece deber el autor seguir el fuero 
del reo, debe éste ser reconocido en el fuero com- 
petente, que anulan todas las actuaciones que se 
hacen sin guardar esta forma; loda la república de 
los juristas inhibe al Cabildo el conocimiento de 
esta causa por ser contra un eclesiástico. Ni puede 
excusarse el Cabildo con que sus operaciones no se 
dirigían á la corrección y castigo del clérigo, sino 
para informar al Prelado que podía reprenderlo; ya 
porque el caso no es de aquellos exceptuados en 
que el Rey permite hacer una sumaria al eclesiás- 
tico por los jueces legos, ya porque esto no se les 
permite á los Cabildos, ni á otros jueces subalter- 
nos, sino á las R. Audiencias, señores Virreyes y 
Presidentes, como se puede ver en varías cédulas 
reales que ni caso traen los señores Solórzano y 
Fraso, y de todos modos quedaría convencido el 
Cabildo de sus excesos. 

«Me contraería á las disposiciones canónicas y 
haría ver que había incurrido en él caso del capí- 
tulo 6 de Seiit. excom. in. 6, y cap. final de rebus 
ecclesiasticis non alienandis, y otros innumerables 
cánones, bulas y Apostólicas Constituciones que 
fulminan sentencia de excomunión mayor contra 
los que usurpan la jurisdicción eclesiástica, contra 
los que violan la inmunidad, y contra los que ponen 
manos violentas en ios clérigos; compararía estas 
sanciones canónicas con los establecimientos diplo- 



— 196 — 

mátícos de nuestra monarquía y manifestaría la más 
admirable armonía, y por no aglomerar especies 
Rolo pondré á la vista la Ley 2 tít. 9 de la partida 1*^ 
en que terminante dice el señor D. Alfonso el sabio: 
que los jueces incurren en mayor excomunión si 
hacen lo que tuella á los perlados, y esto aunque 
no proceda sentencia, ni declaración. Acercnndonos 
más á nuestros tiempos encuentro una cédula real 
fecha 25 de Octubre de 1662, en que reprende su 
Majestad á los señores Oidores de la Audiencia de 
Quito por haberse avanzado á formarle sumaria al 
Provisor de aquella Iglesia: son muy notables sus 
palabras para dejarlas de copiar. Dice así: Exe- 
disteis de lo que os es permitido por derecho, y 
cédulas mias dadas en orden á escribir sobre los 
procedimientos de los eclesiásticos con gran riesgo 
y conocido peligro de incurrir en la bula In Coena 
Dominiy pues pudiendo solamente en casos de escán- 
dalo y perturbación de la quietud y pa^ pública 
hacer proceso informático sin pedimento ni querella 
departe, etc. 

«No podrá el Ayuntamiento de Jujuy decir que 
el caso que los movió á hacer el proceso que ini- 
ciaron contra el Gura Rector fué de los expresados 
en dicha real cédula. 

«Porque la necedad 6 ignorancia pudiera persua- 
dirles ser este de esos casos para engañarse á sí, 
engañar á los incautos y ahogar los clamores de 
su conciencia, no será fuera del caso reflexionar 
sobre el motivo que dio mérito á esos señores 
Oidores para formarle proceso al Provisor: su ob- 



— 196 — 

jeto fué informar al Soberano que aquel eclesiástico 
era el alma de las disensiones frecuentes entre la 
Real Audiencia y el seftor Obispo. No obstante, 
pesadas con toda madurez en el supremo concepto 
todas las circunstancias, se declaró exceso de di- 
chos señores. ¿Cómo se caliñcarfa el presente de 
nuestro Cabildo? 

«Acudiera también á la práctica de los tribunales 
y la encontraría conforme á esta doctrina. En el 
archivo de ia Curia episcopal de Lima se conserva 
un proceso seguido por el sefler D. Pedro de Villa 
Gómez, en que consta que por haber los señores 
Oidores de la Audiencia de Lima pronunciado un 
auto poco favorable á la inmunidad eclesiástica, 
fueron declarados incursos en el capítulo 19 de la 
bula In Coena Domini^ que no es de los reclamados 
en España, y asi tuvieron aquellos señores necesi- 
dad de reformarlo y corregirlo con circunstancias 
notabilísimas. El mismo inconveniente de pugnar 
con dicho capítulo 19 de la bula de la Cena, objetó 
en 1684 el Arzobispo de Lima al señor Duque de 
la Plata, Virrey del Perú, y este Príncipe conoció 
debía mandar recoger su despacho de 20 de Fe- 
brero del mismo año, en que, entre otros puntos, 
instruía á las Justicias que con mucho sigilo, sin 
citación ni acción alguna contenciosa, hiciesen pro- 
ceso informativo de la conducta de los eclesiásticos 
para instruir á sus prelados y á la superioridad del 
virreynato, y es muy de notar, que este punto fué 
el que rebatió el señor Arzobispo en su represen- 
tación. Y últimamente el novísimo de Córdoba con 



— 197 — 

el Alcalde D. Hipólito Posse que por una causa 
aunque muy justa no era tan evidentemente con- 
traria á la inmunidad eclesiástica, fué excomulgado 
por nuestro iltmo. Prelado, que ha logrado la sa- 
tisfacción de ver aprobados todos sus procedimien- 
tos por la Real Audiencia de Buenos Aires y también 
por el Rey. 

«El Ayuntamiento de esta ciudad no solo ha 
usurpado la jurisdicción elesiéstica, ha formado 
proceso á un clérigo, lo ha citado á juicio^ aun ha 
resuelto prenderlo; él mismo se ha autorizado para 
todo, y esto de un modo tan estrepitoso, con tal 
escándalo y publicidad, que apenas se citaría otro 
ejemplar semejante. ¿Y podremos dudar que en 
todo esto ha habido una solemne violación de in- 
munidad eclesiástica? ¿un formal desprecio de las 
leyes que la establecen? ¿un ultraje escandalosísimo 
hecho á la persona sagrada de un eclesiástico, su 
propio párroco, y hombre por todas sus circustan- 
cias digno de mejor respeto y atención que los 
que celebraron el acuerdo del día doce? ¿Podra 
caber duda en que estos señores han incurrido en 
censuras y excomunión mayor latae senteníiae otras 
tantas veces cuantos son los autos que han ejecu- 
tado, los acuerdos que han celebrado y las resolu- 
ciones ó decretos que han tomado para iniciar, 
continuar y concluir su designio, y mantenerse en 
la posesión de un proceso, y una autoridad usur- 
pada? Si un solo auto contrario á la inmunidad 
eclesiástica proferido por un tribunal tan respetable 
y autorizado como una Real Audiencia, fué sufi- 



— 198 — 

cíente para declarar á los señores que lo proveye- 
ron incnrsos en excomunión; si solo la usurpación 
de la jurisdicción eclesiástica en seguir una infoi* 
mación, á instancias y pedimento de un eclesiástico, 
fué sufícíente para declarar excomulgado á un Al- 
calde; si los recursos hechos en ambos casos son 
declarados á favor de la censura, y el Rey ha apro 
bado los procederes de los prelados que así deci- 
dieron, ¿quién podrá acusar la conducta del Vicario 
de esta ciudad si publicaba las censuras en que 
había incurrido un magistrado que no solo provee 
un auto contrario á la inmunidad, sino que arras- 
tra á su foro á un clérigo, que lo cita á juicio, que 
se prepnra á prenderlo, que establece tener facultad 
cualquier juez, por incompetente que sea, para tales 
|)rocede! es, que lo afrento, desacredita y publica de 
él un c?imen no solo falso sino improbable? A un 
magistrado que no solo usurpa la jurisdicción ecle- 
siástica sino que perturba el libre uso de ella, que 
atropella á la Vicaría, y en términos muy precisos, 
formales y ejecutivos le manda nada menos que 
prestar su consentimiento para un hecho detestable 
y criminoso por todos sus aspectos? 

«Qué es esto, Señor? Dónde vivimos? 

«Cuánto horror causaría este escandaloso proce- 
so á nuestro católico Monarca! 

«Podría creerse que los magistrados que ejercen 
la jurisdicción de un monarca tan piadoso, y cuyo 
mayor timbre es ser patrono y protector del estado 
eclesiástico de las américas, así lo ultrajen y vili- 
pendien? No es posible. No ha obrado tal el raa- 



— 199 — 

gistrado: allí obró el frenesí de unos hombres tras- 
tornados; allí obró, la ignorancia de unos jueces 
entregados á la dirección del Escribano que ni 
sabe lo esencial de su obligación, ni tienen la mejor 
intención, ni su juicio está siempre en disposición 
de dar un consejo sano. 

(cNo por esto los creo disculpables, y mucho me- 
nos al Procurador que los Alcaldes Ordinarios y 
provisional, que tienen voz y voto y jurisdicción, 
creyesen que ella se extendía á lo que intentaban, 
es un error crasísimo, es una ignorancia supina, 
que jamás excusará sus acciones, pero al fin pue* 
de crerse que fué error; pero como se podrá su- 
poner lo mismo del Procurador de la ciudad? 
¿A quién le ha occurido jamás que tiene jurisdic- 
ción para mandar, desidir y decretar sentado pro 
íribunali como los demás jueces? No acredita solo 
este hecho el desprecio con que se miró al estado 
eclesiástico, siendo bastante autorizado para juzgar 
y desidir sus sagradas personas cualquier Pedro 
Fernández, juez ó no juez? Mucho fué que al cor- 
chete que en aquel momento quisieron honrar con 
el nombre de portero de Cabildo, también no lo lla> 
masen para juzgar á un clérigo! 

«Todos estos son unos atentados, Señor, dignos 
de toda la severidad de las leyes. Las censuras 
con que ios conminó el Vicario ligan ya sus al- 
mas desventuradas: las impuestas á este género 
de delitos son de tal condición que se incurre en 
ellas antes de la declaración del juez competente; 
en semejantes circunstancias no hace el eclesiás- 



— 200 — 

tico otra cosa que avisar á sus feligreses, deben 
separarse de ia comunicación de unos hombres que 
ya ha arrojado de su seno la Iglesia. Debemos 
distinguir entre fulminar censuras y declararlas: 
para lo primero se necesita un proceso muy lega- 
lizado, treguas, convicción de contumacia, etc.; para 
para lo segundo basta la notoriedad del hecho que 
tiene anexa censura. Lo primero es pena; lo se* 
gundo remedio, es corrección. 

«El presente hecho del Cabildo no puede ser más 
notorio, y es de la clase de aquellos que tienen ya 
fulminado el juicio de la Iglesia, y la declaración 
no sería otra cosa que ponerla en estado de cono* 
cer sus errores, y detestar unos excesos que los 
separaban de la comunión de los ñeles, de la par- 
ticipación de los sacramentos, de las oraciones y 
sacriñcios de la Iglesia, para que humillados soliciten 
el remedio. Cuando el ñscal debía pedir la declara- 
ción de las censuras y el Vicario proceder á de- 
clararlas, entró de garante V. S. y era muy justo 
hacer toda la honra posible á unas insinuaciones 
tan prodentes como piadosas: todo se ha suspen- 
dido; y pues en V. S. residen las facultades bas- 
tantes á reintegrar ios derechos que reclama la 
Iglesia, esperamos que no sufrirá quede su ultraje 
sin fatisfacción. 

«La corrección y anotación de los acuerdos que 
es regular estén estampados en los libros capitu- 
lares, y un certificado de estar así practicado para 
que se archive en la Vicaria, es lo que corres- 
ponde. 



— 901 -- 

«El Cabildo no habría desistido de su infundada 
querella si el Cura Rector no se hubiese compro- 
metido á darles satisfacción si resultase delin- 
cuente. 

«El Vicario y el Fiscal que reclamaban los dere- 
chos de la Iglesia, tan sagrados, é inñnitamente 
más imperantes que la honra particular de los in- 
dividuos del Cabildo^ no deben dejar de reclamar 
la satisfacción de los notorios é incontestables ul- 
trajes que han padecido. 

«Al mismo tiempo que conozco que nuestro res- 
peto y condescendencia á las insinuaciones deV. S. 
será de la aprobación de nuestro iltmo. Prelado, á 
quien es indispensable informarlo de todo lo acae- 
cido; sé también que reprendería mi imprudencia 
si no tomara estas precauciones: cumplo mi de- 
ber y espero hallar disculpa en el piadoso ánimo 
de V, S. 

«En este estado, se me acaba de informar que el 
Cabildo resuelve pedir á V. S. los autos de la ma- 
teria, sin asesoría, por ser ya asunto concluido. El 
foro eclesiástico tiene un derecho incontestable á 
ese expediente, y habiendo V. S. retenido por con- 
venir así al restablecimiento de la paz, ni el Ca- 
bildo debe reclamarlo, ni el Vicario lo ha hecho: si 
es asunto concluido dista la equidad que el expe- 
diente se aniquile en poder de V. S , ó si sale fuera, 
deba remitirse á esta Vicaría ó á la Curia episcopal. 
En fin, el fiscal está seguro que no se apartará de 
lo justo V. S., cuya vida ruego á Dios guarde por 
muchos aftos— Jujuí, Julio 28 de 1802— Dr. Juan 



— 202 — 

Ignacio Gort'iti— Señor Intendente Gobernadc^ y 
Capitán General don Rafael de la Luzd. 

Los buenos oficios interpuestos por el Gober- 
nador de la Luz, contribuyeron á que terminara 
esta cuestión sin otrw consecuencias violentas, y sin 
que por esto iiaya dejado de sacar el Cabildo la 
])eor parte. 

Dejamos otros asuntos de este Cabildo porque 
nos abarcarían demaciado espacio, y aun nos resta 
que completar este Capítulo con lo que toca á los 
Vicarios de las ciudades. 

La actitud de los demás Cabildos está reglada 
por el mismo espíritu que el de Jujuí, que deñen- 
den con igual calor los homenajes que demandan 
de los Curas v Vicarios. 

La extensión del documento transcripto nos hace 
acortar los relatos y pasar por alto los actos admi- 
nistrativos de los otros Cabildos en sus relaciones 
con los Curas ó Vicarios. Sin embargo, léase la 
parte dispositiva de un exhorto del Cabildo de San- 
tiago al Párroco de la Matriz. 

«Persuadido este ilustre Cabildo que el defecto 
de no distinguírsele su banca de asiento, que tiene 
en la santa iglesia Matriz, con algún chuse ó al- 
fombra al pie para no experimentar el continuo 
desaseo v manchar los vestidos de sus individuos 
en sus indispensables asistencias, será efecto de 
las graves ocupaciones de Vm. ó descuido del sa- 
cristán; hemos tenido á bien de advertírselo para 
que se sirva mandarlo correjir, así en esto como 
en hacer poner dicha banca con alguna separación 



- 203 -- 

y distinción de las del vecindario, pues ya vé Vm. 
lo unidas que están, y no es decente, ni se acos- 
tumbra en parte alguna esta uniformidad que tiene 
más visos de desprecio que de casualidad por su 
continuación, lo que no siendo regular permita, 
este Ayuntamiento lo hace presente á Vm. para que 
en el caso de que en los mismos términos se con- 
tinúe, tenga entendido no concurrirá á función al- 
guna hasta otra superior determinación — Sala Ca- 
pitular de Santiago del Estero y Febrero 25 de 1796». 

La banca nunca cambió de lugar porque las con- 
diciones del templo no lo permitfan; siempre es- 
tuvo bIH, y en ella, en el mismo sitio, se habían 
sentado los señores gobernadores intendentes antes 
de la reclamación del Cabildo. Por lo que hace al 
chuse, la banca tenía una tarima de madera, adhe- 
rida, para comodidad del ilustre Cuerpo, lo que ya 
constituía una distinción para el Cabildo; pero el 
Cura contestó este punto en los siguientes térmi- 
nos: «Y que si sobre la tarima es indispensable 
la alfombra ó cualquiera otra distinción, la debe 
poner ó su costa el ilustre Ayuntamiento como se 
practica en los Reales Audiencias, Tribunales y 
cuerpos distinguidos». 

El Cabildo de Tucumán, á estar é los oficios del 
párroco, en 1795, Dr. Luis Santos del Pino, poníale 
trabas de todas maneras para estorbar la acción de 
su ministerio. «Los oficios que incluyo á V. S. 
iltma., decía al obispó Moscoso el referido párroco, 
demuestran claramente asi la autoridad que dicho 
Cabildo quiere abrogarse, no solo introduciéndose 



— 204 — 

en el gobierno espiritual del Párroco, sino también 
en la jurisdicción eclesiástica del Vicario, despre- 
ciando su autoridad y tomándose el dominio que por 
ningún derecho le compete». 

El Cabildo se entromete en cuestiones, como dice 
el Dr. del Pino, que no le competen. Dio comisión 
al Alguacil Mayor D. Joaqufn Monson para que 
tome declaraciones para probar como inútil la tras- 
lación del Sagrario á una nueva sacristía, no obs- 
tante el peligro de ruina que ofrecía la Matriz; ha- 
ce queja porque se suprime la procesión en una 
misa la renovación del Stmo Sacramento, lo que 
da motivo para que el Mayordomo de la cofradía 
D. Manuel Fernández Carranza, haciendo junta 
con otros cofrades le nieguen el estipendio de cua- 
tro pesos al Cura. 

El Cabildo de Catamarca pide al Vicario una in- 
formación sumaria para averiguar si los presbíteros 
José Antonio de la Concha v Andrés Tula, tuvie- 
ron parte en el hecho de un secular que arrebató 
al Alcalde el bastón ó vara de la justicia de las 
manosi en la vía pública. 

A estas rencillas de aldea, suscitadas con tanta 
frecuencia por los Cabildos, no poco contribuían tam- 
bién los medios violentos y extremos de que se 
valían los Vicarios ó los Curas, — cuando estos de- 
sempeñaban á la vez los dos cargos, — para defender 
sus derechos y personas contra los avances auto- 
ritarios de aquellos, como erail las censuras, de las 
cuales hacían un uso muy pródigo en fulminarlas, 
que rayaba ya en un verdadero abuso. Tal vez 



— 206 — 

esto podría ajustarse- la época y de los hombres, 
dada ia dureza de carácter de estos, señalados 
por un espíritu de inflexible soberbia; más siem- 
pre era un acto odioso. 

No se hacia, pues, un mandato, por una cosa 
cualquiera, hasta para la asistencia al templo, sin 
la conminación irritante de censuras. 

El iltmo. Señor Trejo dándose cuenta de se- 
mejante práctica y de los males que de ella podían 
originarse, en la Constitución XVI del Sínodo de 
1607, ordenó que no se pronuncie fácilmente ex- 
comunión, porque siendo ella una pena grave, re- 
quería así mismo motivos y causas graves para 
constituir la falta que debía castigarse con censura 
canónica. 

Pero no siempre se cuidó de la observancia de 
este mandato. 

Las rencillas no eran únicamente el asunto día- 
rio de los Cabildos con los curas y vicarios, sino 
que en- muchos casos, y muy frecuentes, lo formaban 
los últimos con las comunidades religiosas también. 

En las ciudades no podía hacerse á la vez en ún 
mismo día y menos á la misma hora, una función 
cualquiera de iglesia en dos ó más templos, porque 
el diminuto vecindario no alcanzaba para repartirse 
en todos ellos. No pocas polémicas llegaron á sus- 
citarse con este motivo, cuando por algún incidente 
se llegó á quebrantar ia línea de conducta que el 
buen sentido había dictado para armonizar las di- 
versas voluntades á este respecto. 

Hé aquí uno de tantos hechos que nos relatan 
los viejos papeles del siglo XVIII. 



— 206 - 

El Rey había pedido oraciones públicas á los obis- 
pos, por cuyo motivo el iltmo. Mercadillo pasó una 
circular á todos los Vicarios Foráneos de las ciu- 
dades de su diócesis, celebraran un novenario de 
misas cantadas por la intención del Rey. En Salta 
se dispuso debían cantarse en el altar de lo Virgen 
del Milagro, como intercesora poderosa, para obte- 
ner las gracias conforme á la intención real. 

El Vicario de la ciudad lo ero entonces el Maes- 
tro Manuel Troncoso, hombre de aquellos que han 
nacido para formar articulaciones y querellas hasta 
de lo inconcebible. 

Apenas tubo recibido la orden, por vía de aviso, 
ante todo, hizo colocar el siguiente cartel en las 
puertas de los templos. 

«El Maestro Manuel Troncoso, Cura Rector, Vi- 
cario, Juez eclesiástico y de diezmos de la ciudad 
de Salta y su jurisdicción, manda á todos los enco- 
menderos y moradores de esta dicha ciudad, que el 
domingo próximo venidero, que se contaron- dos de 
Enero del año de i701, acudan á su iglesia parro- 
quial á tratar con dicho juez eclesiástico un nego- 
cio del servicio de ambas Majestades que le ordena 
el Iltmo. Rmo. Señor Obispo de esta Provincia; y 
lo cumplan pena de santa obediencia y de excomu- 
nión mayor ipso fado incurrenda al inobediente. 
Y para que llegue á noticias de todos se pasen 
carteles de convocatorias en las |»artes acostum- 
bradas; y dicha asistencia ha de ser á la hora de 
la misa mayor, que serán las nueve de la mañana. 
Que es fecho en Salta en 30 de Diciembre de 1700. 
—Maestro Manuel Troncoso». 



— 207 — 

Los carteles se colocaron en los parajes públicos 
y se pasaron exhortos convocatorios, igualmente, 
al Teniente Gobernador, Maestro de Campo Don 
José Moreno Viniegra, al .Cabildo y á los superio- 
res de las Comunidades religiosas. Con anterio- 
ridad á estas disposiciones había estado en Salta 
el Gobernador Intendente General D Juan de Za- 
mudio, quien al partir encargó á Viniegra man- 
dara celebrar lín novenario para el Rey en la igle- 
sia de San Francisco, coincidiendo casualmente el 
comienzo de la celebración de estas misas,— 2 de 
Enero,— con las de la Matriz, oficiadas por el Vi- 
cario Troncoso. 

Viniegra recibió el exhorto y lo contestó en tér- 
minos corteses, excusándose de asistir por el mo- 
mento hasta no terminar el novenario cantado de 
misas dispuesto por el Gobernador Intendente, el 
cual pasado asistiría con mucho gusto, decía^ al 
de la Matriz. 

La excusa resultó una ofensa para el Vicario por 
el desaire, según él, y entabló una gran polémica 
con el Gobernador y el Cabildo; el Guardián del 
Convento fué instado á no celebrar el novenario por 
el derecho de prioridad que correspondía á la pa- 
rroquia; más el Guardián se mantuvo en el legí- 
timo suyo, .y contestó al Vicario la respuesta que 
sigue tan respetuosa como razonada. 

«Fray José Caro, Guardián de este Convento de 
N. P. San Francisco de esta ciudad de Salta, res- 
pondiendo al exhorto del Maestro Manuel Troncoso^ 
Cura Rector, Vicario eclesiástico y de diezmos de 



— 208 — 

esta sobredicha ciudad y su jurisdición, presentado 
hoy domingo, 2 del corriente^ como á las ocho de 
la mañana, digo: que leído por mí con atención 
dicho exhorto extrañó en él el que se pretenda sus- 
pender los sufragios y rogativas en mi convento 
cuando estas miran al mismo fin que lleva V. M. 
en las que ejecuta en su iglesia: pues es constante 
que en el tribunal divino es más eficaz la oración 
siendo de muchos, como estos estén unidos en amor 
y caridad yCristiana, y porque creo que asi es, me 
persuado que ofreciéndose á un mismo tiempo sa- 
crificios y oraciones en la Matriz y en mi Convento, 
mirando estos como miran á un mismo fin, es sin 
duda más eficaz la oración, como fuera aún más 
poderosa si en todas cuatro iglesias de esta ciudad 
se ejecutase á un mismo tiempo; con que no es 
mucho extrañe el exhorto en orden á la suspensión, 
cuando debían esperar el ruego y la ejecución; ni 
el concurso de estos novenarios debe, por lo que 
toca al Convento, atribuirse á oposición cuidadosa, 
pues cuando se me pidió que hiciese en este mi 
Convento dicho novenario, no tuve noticia de que 
V. M. tuviese dispuesto otro en su iglesia, y ha* 
hiéndeme sido lícito el admitirlo, pareceme que no 
debo dejar de ejecutarlo. 

«Ni es razón, ni conforme á derecho, que el Con* 
vento de San Francisco despida, por respetos de 
la Matriz, la congrua limosna de los sacrificios, 
que no le han dejado otro medio para mantenerse, 
y más cuando el admitir dicho novenario no fué 
oposición sino ignorancia de semejante concurso. 



— 209 — 

(cNi creo que permitirá V. M.,— según la devoción 
con que nos mira,— el que este su Convento falte á 
su palabra en la ejecución de su promesa, desai- 
rando públicamente á un juez superior de esta Re- 
pública, que pretende cumplir la orden y mandato 
de un señor gobernador, tan devoto á la religión de 
mi Padre San Francisco, y más llegando la noti- 
cia del caso y exhorto de V. M. á tiempo tan aho- 
gado, que era ya casi hora de principiar la función. 
Pero, no obstante, porque el deseo de este Conven- 
to es y ha sido siempre conservarse en paz con 
V. M., atendiendo á que no pudiese formar queja, 
hize repicar al novenario de mi iglesia cuando ya 
casi estaba concluida la función en la suya, como 
lo haré en adelante, dando lugar á la mayor solem- 
nidad del concurso en la Matriz, atendiendo, como 
siempre he mirado, el respeto y primacía de dicha 
iglesia, y por evitar el que alguno de los fieles 
arrastrado de su devoción, incurra en la excomu- 
nión puesta por V. M. sobre la dicha asistencia. 

«De todo lo cual se infiere la respuesta á lo últi- 
mo del exhorto: pues hallándome con función grave 
en mi Convento, no es posible la asistencia á la Ma- 
triz, pues no ignora V. M. el corto número de religio- 
sos que componen esta comunidad, y que no son 
bastantes cinco religiosos á duplicada función, y 
ambas solemnes, sin mucho trabajo, y lo principal 
sin atropellar la disposición ordinaria y religiosa 
del Convento, que á no hallarme con el dicho em- 
barazo, á que ni pude negarme, ni hoy debo desistirme, 
asistiera convidado solo y sin la circustancia de 



^ 2ia — 

exhorto, pues sabe V. M. que este convento, en lo 
corriente de su religiosa atención, nunca ha nece- 
sitado de instrumento jurídico para las asistencias 
públicas y precisas de la Matriz. Que es fecho en 
este Convento de San Francisco de esta ciudad de 
Salta en 2 de Enero de llOl— Fray José Caro.yy 

El Cabildo, menos humilde que el Guardián, en 
un alegato de diez páginas protestó en términos 
enérgicos contra el proceder del Vicario, «á vista, 
dice, de tamaños estrépitos y atropellamientos al 
respeto y veneración que se debe á la Real Justicia 

y según los clamores generales de queá todo 

genero de gentes los haya de intimidar y alborotar 
con censuras .... cuando con medios suaves y de- 
corosos debían ser citados, con buena política y 
amistosa disposición, tanto más si se considera que 

el novenario no lo pagaba ni el cura ni el obispo 

hallándose precisado el Cabildo como padre de esta 
República, exhortar, requerir y amonestar á V. M. 
como Cura y Vicario, juez eclesiástico de ella, de 
parte del Rey Nuestro Señor, como á su leal va- 
sallo, y de la del señor gobernador, y de la nuestra 
le pedimos y suplicamos rendidamente, se sirva de 
contenerse en su jurisdicción, atendiendo y consi- 
derando los puntos que en este nuestro exhorto le 
prevenimos, con el buen celo y deseo que asiste á 
este Cabildo, como padre y amparador de esta Re- 
pública, omita en adelante excesos semejantes como 
los referidos, para que logren los vecinos y mo- 
radores la paz y quietud que tanto encarga su Ma- 
jestad, y que á vista de la noticia de los ruidos de 



- 211 — 

que es calumniada esta ciudad, no cesen los conier- 
cios en los tratos y contratos, porque de lo contra- 
rio se seguirán gravísinaas y malas consecuencias, 
asi en los haberes de su Majestad como en los 
demás que se deja enfender, conteniéndose en su 
jurisdicción, como lo ha hecho y lo hará el dicho 
Teniente Gobernador, cesará todo. 

«Y, últimamente, á V. M. no toca ni compele 
mandar se cierre la casa pública de la mesa de 
trucos, á donde se recojen sus habitadores á tan 
lícito entretenimiento, y que es del cuidado del di- 
cho Gobernador Teniente y demás justicias, celar y 
mirar las cosas que no fueren muy lícitas en la 
República, y que de andar V. M. con semejantes 
inquietudes y alborotos, se inñere no desea la paz 
y sociego de esta República á que todos debemos 
aplicar los esfuerzos posibles.. .. Que es fecho en 
esta ciudad de Lerma, Valle de Salla, en 8 de Enero 
de 1701. — José Moreno Viniegra — Blas Bernardo 
Diaz Zambrano — Juan José Cordero Montagon— 
Por mandato de sus mercedes, Pedro Pérez «del 
Hoyo, escribano público y cabildo.» 

El exhorto del Cabildo causó el efecto de una 
descarga eléctrica en los nervios del Vicario, po- 
niendo en movimiento su juzgado, con una anima- 
ción inusitada. El Cabildo le había llevado el apunte 
de sus actos; el Vicario, á su vez, no descuidó de 
echar á lucir, por lo menos, las incorrecciones del 
gobernador Viniegra, sus desacatos. 

Efectivamente, por la información seguida acerca 
de los actos de Viniegra, este había formado, un 



— 212 — 

día de los más clásicos, tumulto mayúsculo en el 
templo, saliéndose de él y profiriendo voces en alto, 
mientras se hacia la publicabión de la Bula de la 
Cruzada, una de las fuentes que aumentaba el te- 
soro real. 

Guando el predicador comentaba la bula, Vinie- 
gra dejó su asiento; atajado en la puerta del templo 
por personas amigas y rogado á entrar nuevamen- 
te, dijo: «que no volvería si no se apeaba el pre- 
dicador»; este que oyó sus palabras, le responde: 
la bula no más, es decir, que solo daría lectura de 
la bula, pero luego agregó: «pues V. M. no gusta, 
me apearé», y bajó del pulpito. En seguida en- 
tró Viniegra. 

Este heoho indignó al Vicario, que sucediera en 
su templo, y llevado á cabo nada menos que por el 
Teniente Gobernador. 

Otro día de los del novenario, que continuó á un 
mismo tiempo en las dos iglesias, con disgusto del 
Vicario, en San Francisco y en la Matriz, Vinie- 
gra* valiéndose del ascendiente de su autoridad, lo 
dejó á media misa al Vicario, llevándose al músico 
para tocar en su novenario de San Francisco. 

En ese tiempo, en Salta había un solo arpero, 
que fué el que se llevó el gobernador para solem- 
nizar su función. 

Estos y otros actos de mayor entidad, de que fué 
acusado el Teniente Gobernador, le produjeron un 
serio conflicto, cuya causa terminó con la interven- 
ción del obispo y la sumisión de Viniegra. 

A semejanza de los Cabildos en la defensa de sus 



— 213 — 

derechos, los vicarios, ya como rectores de las igle- 
sias matrices ó representantes de la autoridad dio- 
cesana, ya en sus templos ó fuera de ellos, no 
transigían un ápice en ceder sus fueros de preemi- 
nencias, lo cual traía protestas, infundadas las 
demás, de parte de los prelados regulares de las 
comunidades de San Francisco y de la Merced, 
que querían hacer prevalecer cierta prioridad de 
derechos. 

Incidentes desagradables venían produciéndose 
de tiempo en tiempo, á consecuencia de esto, con 
las comunidades mencionadas, incidentes que ha- 
bían tomado no ya solo un carácter de frecuencia, 
sino de gravedad, pues se producían en público con 
no poca novedad de los fieles. 

Celoso el Vicario Troncóse de sus fueros y re- 
galías, puso en movimiento su juzgado para aclarar 
sus preeminencias; después de una larga y labo- 
riosa sumaria acerca de los usos y costumbres que 
habían gozado sus antecesores, resultó: ((Que ha 
sido costumbre inmemorial, dice un testigo decla- 
rante, que el Vicario presida en el coro de la igle- 
sia Matriz, sentándose en la silla del medio, en 
concurso de prelados y comunidades; que en tiem- 
po del Vicario Andrés Calvo,— 1678, — presidió sin 
controversia en los primeros años, hasta que tuvo 
sobre un entierro una diferencia con el Guardián 
Fray Juan de Muxica, de que resultó haber inten- 
tado dicho P. Guardián novedad sobre dicho asien- 
to... Que años después celebrándose la fiesta de la 
publicación de la santa Bula en dicha iglesia Ma- 



— 214 — 

triz, y concuiTÍendo con el Comisario de la santa 
Cruzada, Maestro J. de Garabajal y Soria, el ilustre 
Cabildo, Justicia y Regimiento, sagradas Religio- 
nes y resto de la ciudad, tomando su asiento de 
Vicario y Juez eclesiástico en el coro, el declarante, 
como había derecho, uso y costumbre; el P. Co- 
mendador Frav José de Acevedo, haciendo novedad 
se bajó del coro, diciendo no le debía presidir dicho 
Vicario, y siguiéndole el P. Guardián se salieron 
con sus comunidades y se fueron con sus cruces 
altas á sus conventos, dejando dicha solemnidad de 
la bula, misa y sermón». 

Esto basta para medir las susceptibilidades á que 
habían llegado en los ánimos, las causas que motiva- 
ban las controversias, cuando no por la negativa 
de la predicación de un sermón ó faltas de asisten- 
cias á las procesiones públicas del Corpus y Leta- 
nías, de las comunidades religiosas, en represalia 
de no tener los primeros asientos en las funciones. 

Salta, que no pasaba de la categoría de una aldea 
en esa época, estaba, pues, sujeta á las rencillas de 
aldea, como las demás ciudades, con sus intermi- 
nables cuestiones de competencia y primacía, sos- 
tenidas con una fogosidad di^na de mejor causa. 

Excepción hecha del Vicario Maestro Pedro Cha- 
ves de Abreu. que ejerció dos veces el cargo en 
esta ciudad de Salta, por los años de 1687 á 169S, 
y de 1704 á 1713, en cuya primera época aconte- 
cieron los terremotos de 1692, y los sucesos atri- 
buidos á las imágenes del Cristo del Milagro y de 
la Virgen Nuestra Señora del Milagro, en 13 de 



— 216 — 

Septiembre de aquel año^ sucesos que á sus ins- 
tancias se hicieron certificar por un acto público 
del Cabildo, como lo diremos en su lugar; la acción 
de los demás vicarios nada tiene que llame la aten- 
ción á no ser las oposiciones y controversias de que 
hemos hecho referencia más arriba. 

Sale también de este silencio el nombre del Maes- 
tro Pedro Carrizo de Hores que, á nombre del 
iltmo. obispo Fray Melchor Maldonado, y por co- 
misión especial suya, aceptó el voto y juramento 
de esta ciudad de Salta en 8 de Diciembre de 1658, 
que proclamó defender el misterio de la Concep- 
ción Inmaculada de la Santísima Virgen María, en 
una reunión pública habida al efecto en la iglesia 
de San Francisco. 

El acta labrada con este motivo, documento pre- 
cioso y de actualidad, por haberse celebrado el año 
pasado el 50^ aniversario de la definición del mismo 
dogma Mariano, cuya creencia estaba tan arraigada 
en la fe de estos pueblos, el lector la encontrará 
en otro capítulo como un hecho histórico notable. 

£1 Vicario Carrizo de Hores, alcanzó una foja de 
servicio muy meritoria: dejada la Vicaria de Salta, 
pasó como cura doctrinero á la reducción de las 
tribus Ocloyas, en cuyo puesto permaneció hasta su 
muerte, acaecida en los primeros meses de 1700. 



CAPÍTULO VIII. 



Reconocimiento Público hacia el Cristo y la Virgen 

del lílagro. 

Sumario:— Luto de la iglesia tucumana— Sucesor del obispo 
Dávila— Aflicción y ruinas en las ciudades— Destruc- 
ción de Esteco por un terremoto— Salvamento de fa- 
milias—Peligros en Salta— Ángel tutelar— La Santísima 
Virgen— Su patrocinio— Certificación pública— Expo- 
sición del Vicario Arias Renjel— El Cristo y la Vir- 
gen del Milagro— Demostración pública— Primer acuer- 
do del Cabildo en 1692— Establecimiento de la fiesta 
de la Virgen del Milagro— Mayordomos— Postergación 
de otros asuntos— Segundo acuerdo del Cabildo— Con- 
firmación del primer acuerdo— El 13 de Septiembre 
jurado como fiesta de guarda y la Virgen del Mila- 
gro por Patrona de la Ciudad— Solemnidades de la 
fiesta— Declaración del patrocinio del Cristo y de la 
Virgen por el Cabildo— Institución de la fiesta del 
Dulce Nombre de María en la Compañía - Petición al 
Vicario Capitular— Remisión de documentos— Certifi- 
cación— Importancia de los acuerdos capitulares— El 
título del Milagro dado á las Imágenes— Causas— In- 
formaciones de los sucesos— Manifestaciones sensi- 
bles de la Virgen— Su actitud— Creencia general- 
Palabras del Magníficat— Iníormac'iones detalladas — 



— 218 — 

Cesación de temores- Agradecimiento de Salta- Ce- 
lebración de las fiestas juradas— Palta de documentos 
—Cultos continuados— Coronación de las Imágenes— 
Noticias detalladas del acto—Cultos seculares— Las 
funciones en la actualidad— Concurso en los Viernes 
y Sábados del afío. 



El corlo pontificado del ¡Itrao. obispo Juan Dávi- 
la, del cual hicimos mención al final del capítulo V, 
enlutó la diócesis del Tucumán con la muerte 
prematura de este prelado en 1691. A su muerte 
siguió una vacante de cuatro años, ó mejor dicho 
de siete, porque aunque consagrado el sucesor en 
1695, no llegó á su iglesia sino en 1693. 

Durante la viudedad ó vacancia de la diócesis, 
muchas de las ciudades habían experimentado se- 
rios contratiempos: la aflicción, !a desolación y la 
ruina vino sobre ellas con los estragos que dejan 
los grandes cataclismos. 

La mañana del día 13 de Septiembre de 1692 
fué fatal para la ciudad de Nuestra Señora de Ta- 
lavera, llamada Esteco por otro nombre, así como 
los días siguientes 14 y 15 del mismo, en los que 
se dejó sentir un violento terremoto, tan prolonga- 
do y fuerte, que sepultó la ciudad entre sus propias 
ruinas y los ayes desesperantes de las innumera- 
oles víctimas del terrible fenómeno sísmico. 

Nada quedó parado en esta floreciente y rica ciu- 
dad; los habitantes que pudieron escapar tomaron 
el camino de Tucumán y de Jujuy, en donde fue- 
ron menos sensibles las oscilaciones terrestres. 

Salta experimentó la misma violencia del terre- 



moto durante tos días antedichos, como puede 
leerse en nuestra Historia de las Imágenes del Mi- 
lagro; pero aquí había una mano protectora, todo 
piedad, y un corazón todo ternura; había un Ángel 
tutelar que velaba por la ciudad y sus habitantes, é 
quienes acogió por hijos para ampararlos en las gue- 
rras y asaltos de los inñieles, en las pestes y ham- 
bres que tantas veces asolaron estos territorios; y 
en los terremotos^ como ellos se lo habían pedido 
á su más grande abogada, la Santísima Virgen Ma- 
ría, venerada en el misterio de su Concepción In- 
maculada, y proclamada por ellos mismos con la fé 
sincera del creyente, hasta ofrecer sus vidas y su 
sangre por la confesión de esta verdad, según reza 
el acta labrada al efecto. 

La Virgen amoblé, constituida en madre cariñosa 
de los hijos de Salta, si no detuvo, por el momento, 
el oleaje subterráneo que hacía ostensible su furia 
por los efectos que producía en el agrietamiento y 
derrumbe de edificios, en la ansiedad y terror que 
ocasiona en ios habitantes de la ciudad, por lo me- 
nos no hubo que lamentar desgrocia alguna per- 
sonal por el patrocinio decidido que ejerce á la vista 
de todo un público por medio de su imagen de N. 
Señora del Milagro, según hizo constancia el Ca- 
bildo y lo certificaron las personas más caracteri- 
zadas de la ciudad que presenciaron el caso. 

Hablando de este hecho el Vicario Arias Renjel 
dice en una provindeiicia de 28 de Junio de 1773: 
«Y teniendo á la vista los acuerdos de 8 y 13 
del mes de Octubre de seiscientos noventa y dos, 



— 220 — 

que el dicho Cabildo juró el día 13 de Septiembre 
por de guarda para los españoles, y por patrona y 
abogada á la Purísima Virgen de la Concepción 
del Milagro, por el que hizo el dicho día 13 en el 
terremoto y temblor que en aquel día se experimentó 
en esta dicha ciudad, cuya fiesta se había de hacer 
con vísperas solemnes, misa y sermón en la dicha 
iglesia Matriz, con toda la demás pompa y luci- 
miento que se pudiere, y á que asistiría el pueblo 
con la demostración de procesión y penitencia que 
cada uno pudiere, en memoria del favor y patro- 
cinio que esta ciudad tiene recibido de dicha San- 
tísima Virgen y del Santo Crucifijo que está en la 
misma iglesia Matriz; jurando igualmente dicho Ca- 
bildo la festividad del Dulce Nombre de María 
Santísima, constituyéndose como se constituyó el 
Cabildo por patrono de dicha fiesta, y nombraron 
Mayordomo que lo fué, el primero, el Alcalde Or- 
dinario Capitán Blas Bernardo Díaz de Zambra- 
no» (1). 

Ahora pueden leerse los acuerdos del Cabildo á 
que hace referencia el escrito anterior, producidos 
á raiz de los acontecimientos de 1692: ellos son un 
testimonio público que corroboran la grandeza de' 
asunto que les dio origen, tan digno de perpetuarse 
á través de los siglos. 

Dice así el primer acuerdo: 



(1) En nuestras investigaciones históricas hemos encontrado este docn- 
mento. que publicamos por primera vez, asi como los acuerdos del Ca 
bildo de Salta de 8 y 18 de Octubre de 16»2. perfectamente autenticados, 
que hasta hoy solo se conocian por la tradición. 

Hoy, pues, recien se publican, gracias & un hecho casual que nos hizo 
encontrarlos. 



— 221 — 

«En la ciudad de Lerma Valle de Salta, en ocho 
días del mes de Octubre de 1692 años, el Cabildo, 
Justicia y Regimiento, los que aquí firmamos, es- 
tando juntos y congregados en las casas del Ca- 
bildo y nuestro ayuntamiento, etc. 

«Y en este estado Su Merced el Capitán Blas 
Bernardo Díaz de Zambrano, Alcalde Ordinario de 
primer voto, hizo demostración de las diligencias 
que hizo y íe del presente Escribano, sobre el mila- 
gro que el día trece de Septiembre próximo pasado 
hizo la Purísima Imagen de la Concepción de la 
Iglesia Matriz en el terremoto y temblor que hubo 
aquel día, y pidió dicho Alcalde que respecto de 
estar inmediato el día que se ha destinado por este 
Cabildo para su fiesta, se nombre mayordomo, 
ofreciéndose Su Merced á celebrarla; y que se jure 
por abogada y se guarde el día en que hizo el mi- 
lagro, trece del dicho mes; y habiendo sido y ser 
la propuesta tan del servicio de la divina Majestad 
y en mayor honra y gloria suya y de la Santísima 
Virgen, unánimes y conformes dijeron que se cons- 
tituían y constituyeron todo este Cabildo por Pa- 
trón de dicha fiesta y Santuario, en cuya atención 
eligieron y nombraron por mayordomos de dicha 
Santa Imagen y su fiesta al dicho Alcalde Ordina- 
rio, Capitán Blas Bernardo Díaz de Zambrano, y al 
Licenciado don Francisco de Ribera y Ceballos, 
persona de toda virtud, pues mereció ocurrir el 
primero á la iglesia Matriz á ver dicho Milagro, y 
movido de semejante caso se ha esmerado en su 
culto y veneración. 



— 222 — 

(lY por lo que toca á lo demás del juramento, se 
reserva pai*a el primer Cabildo en que se ha de tratar 
de los demás puntos para este caso, y por edtar 
fuera de esta ciudad el señor Vicario. Juez Ecle- 
siástico, se deja, y ser precisa su asistencia, con 
lo cual, y ser ya de noche se acabó y cerró este di- 
cho Cabildo. Y lo firmaron sus mercedes: Teniente 
de Gobernador v Justicia Mavor, Francisco Gómez 
de Vidaurre— Blas Díaz de Zambrono— Leonardo 
Rodrigo y Valdes — Francisco Velez de Alcoser — 
Don Juan Pardo de Fiffueroa — Don Juan de Villagra 
y Mena — Pedro Pérez del Hoyo, Escribano del Ca- 
bildo». 

((Segundo Cabildo sobre lo mismo. 

«En la ciudad de Salta en trece días del mes de 
Octubre de 1692 años, el Cabildo, Justicia, etc. 

«Y en esie estado y por virtud del Cabildo ante- 
cedente, llamado y rogado de él, entró á este ayun- 
tamiento el Señor Maestro don Pedro de Chaves y 
Abreú, Cura interino, Vicario, Juez eclesiástico y 
Comisario de la Santa Cruzada, y estando su mer- 
ced se le dio lectura por mí el presente escribano 
del Cabildo antecedente y mayordomos electos á 
la Santísima Virgen del Milagro, que nuevamente 
la instituye este Cabildo y ciudad por su abogada; 
y oído por su merced dicho Vicario, dijo lo confir- 
maba y confirmó dicho nombramiento de mayor- 
domos. 

«Y en cuanto á jurarla por pntrona y abogada, 
y que el día trece sea de guardo para los españoles, 



— 223 -^ 

.por lo que á este Cabildo toca y en cuanto pode- 
mos y ha lugar en derecho, y con la misma unión, 
parecer y sentir de dicho señor Vicario al de este 
Cabildo, unánimes y conformes, habiendo visto el 
exhorto de su merced sobre dicho milagro, y jun- 
tamente la fe y diligencias hechas, (1) del dicho 
Alcalde, Capitán Blas Díaz de Zambrano y presente 
Escribano, lo juraron el día trece de Septiembre 
por de guarda para los españoles y por tal patro- 
na y abogada á la Purísima Virgen de la Concep- 
ción del Milagro; y su fiesta se ho de hacer el día 
trece con vísperas solemnes, misa y sermón en dicha 
Iglesia Matriz con toda la demás pompa y lucimien- 
to que se pudiere á memoria del favor y patrocinio 
que ésta ciudad tiene recibido de dicha Santísima 
Virgen y del Santo Crucifijo que está en la misma 
iglesia Matriz, para que Madre é Hijo en la solem- 
nidad prevenida del dicho día trece, para memoria 
perpetua, tengan el culto y veneración que desean. 

«Y los dichos mayordomos formen libro para 
asentar lo que á la Santísima Imagen dieren de 
limosna los devotos. 

«Y por lo que toca al otro punto del exhorto so- 
bre dedicar al Dulce Nombre de María, por haber 
sucedido en su víspera el terremoto, á que asistie- 
ron los muy reverendos padres de la Compañía de 
Jesús con todo fervor y celo, con pláticas y misio- 
nes y sermones los nueve días primeros en la no- 



(1) El exhorto y diligencias á que se refiere el Cabildo, pueden verge 
en el Apéndice I Nota B. C y F de la «Historia de las Imágenes del Hi- 
lagro». 



— 224 — 

che, convocando y exhortando al pueblo á peni- 
tencias y confesiones, como así nnismo otras pro- 
cesiones que se han hecho por las sagradas religiones, 
y que hasta hov día de la fecha se continúan las 
cuarenta horas al hacimiento de gracias en la dicha 
iglesia Matriz, en cuya atención este Cabildo con 
la unión de dicho señor Vicario, juran también la 
festividad del Dulce Nombre de María Santísima, y 
la instituyeron y nombraron por abogada en el Colé 
gio de la Compañía de Jesús en esta ciudad, para 
que la celebre el pueblo el día que la Iglesia la tiene 
asignada, la que así mismo, con la antecedente, pide 
esta ciudad á los señores del Venerable Dean y 
Cabildo en sede vacante, concedan y confirmen lo 
referido para mayor gloria y honra de Dios nuestro 
Señor y de su Santísima Madre, para consuelo es- 
piritual y temporal de esta ciudad; y para efecto se 
saque testimonio de este Cabildo y lo obrado por 
dicho Alcalde Ordinario y presente Escribano, po- 
niéndolo por cabeza, para que dicho mayordomo 
ocurra á la aprobación de dichos señores de la 
sede vacante. Con lo cual se acabó y cerró este 
Cabildo, y lo firmaron sus mercedes con dicho se- 
ñor Vicario—Francisco Gómez de Vidaurre— Maes- 
tro don Pedro de Chaves y Abreú— Blas Bernardo 
Díaz de Zambrano— Leonardo Rodrigo y Valdes— 
Francisco Velez de Alcoser— Don Juan de Villagra 
y Mendoza— Juan Coronel—Ignacio Gómez de Ce- 
ballos— Ante mí, Pedro Pérez del Hoyo, Escribano 
Público y Cabildo». 
«Concuerda con lo acordado en el libro Capitular 



inserto á que me reñeró^ testigos los señores capi- 
tulares. Fecho en la ciudad de Salta en trece días 
del raes de Septiembre de rail setecientos y diez y 
nueve aflos, y en fe de ello lo signo y firmo. — En 
testimonio de verdad. — Hay un signo.— Francisco 
López de Fuenteseca, Escribano Público y Cabildo». 

Los preciosos documentos que acabamos de trans- 
cribir, verdadera reliquia histórica, contienen en 
substancia todo el proceso de los acontecimientos 
que conmovieron á la ciudad de Salta en los días 
13. 14 y 15 de Septiembre de 1692. 

La ciudad de Esteco se perdió con el terremoto, 
pero Salta se salvó mediante la intercesión de la 
Virgen Santísima, es el hecho maravilloso cele- 
brado« y por el cual desde el día 15 de Septiembre 
se la llamó del Milagro^ lo mismo que al Señor 
Crucificado, por un acto público celebrado ese mis- 
mo día á instancia del Alcalde de primer voto 
Capitán Blas Díaz de Zambrano, á que se refieren 
ios acuerdos anteriores: «habiendo visto el exhorto 
de su Tnerced)), — se refiere al Vicario en esta parte, — 
«sobre dicho milagro, y juntamente la fé y diligen- 
cias hechas del dicho Alcalde y presente Escri- 
bano», — esto es á las -actuaciones verificadas por el 
Alcalde el último día de los sacudimientos de tierra, 
en presencia del hecho sensible 'que ofrece á la 
consideración pública el semblante de la imagen de 
la Virgen; (1) ó como empieza el acta capitular del 
primer Cabildo: «Y en este estado su merced el 



(1) Véase el Acta pág. 97 de la Historia anteriormente citada. 



— 226 — 

Capitán Blas Bernardo Díaz de Zambrano, Alcalde 
Ordinario de. primer voto, hizo demostración de las 
deligencias que hizo y fé del presente Escribana 
sobre el milagro que el día trece de Septiembre 
próximo pasado, hizo la Purísima imagen de la 
Concepción de la iglesia Matriz en el terremoto y 
temblor que hubo aquel díñis^. 

La demostración de las diligencias son el Acta 
labrada, ó actuaciones anteriormente mencionadas^ 
á raíz de los sucesos, cuyo extracto publicamos en 
la Historia de las Imágenes del Milagro, y la rela- 
ción del hecho mismo con sus pormenores, publi- 
cada también en la misma historia. 

El Cabildo en sus acuerdos dá á la imagen de la 
Purísima el nombre de Virgen del Milagro, con que 
las generaciones que se han sucedido, la invocan y 
la llaman hasta hoy desde aquella fecha inmemorial 
para el pueblo de Salta 

El hecho portentoso de la Virgen, según se des- 
prende de los documentos anteriormente citados, no 
es otro que la actitud sensible que tomó, sif sem- 
blante, las diversas mutaciones ó transiciones del 
color de su rostro, que experimenta, visible á la 
mirada humana, á los ojos de todos los que la ven 
en aquellos momentos. 

En sus facciones, que nada tienen ni siquiera del 
más pequeño tinte afligente, se ve la angustia des-^ 
garradora como la de una persona que sufre; se ve 
una demacración pronunciada y denegrido el color 
hermoso de la cara de la imagen. 

La aflicción de los hijos de Salta que la invocan 



^ 227 — 

con el espanto en el corazón, por el terremoto que. 
amenaza destruirlo todo, se convierte en plegaria 
que la Virgen recoge, y elia á su vez, conmovida 
por la sentencia que tal vez va á pronunciarse, se- 
mejante á la de Esteco, vuelve su corazón de Madre 
á su divino Hijo N. Señor Jesucristo, para pedirle 
perdón y misericordia por ellos. Y la súplica no 
cesa día y noche, durante tres días consecutivos, 
hasta alcanzar la gracia solicitada, en que recobra 
la belleza y naturalidad simpática de su semblante, 
y el terremoto apacigua por completo su furia. 

En su actitud, así visible, todos creyeron palpar 
su intercesión salvadora, por la afligente situación 
que atravesaba la ciudad, próxima á desaparecer 
bajo la violencia del cataclismo. El pueblo se agolpa 
á su derredor, vuelve su corazón hacia ella, y la 
oración llena de fe alcanza de su amor maternal el 
triunfo más espléndido de misericordia. 

Efectivamente, durante ios tres días aflictivos, la 
imagen de la Virgen del Mila/^ro, obsequio del 
obispo Victoria á la Matriz de Salta, como del Santo 
Cristo del Milagro, desde un siglo atrás, presenta 
tales manifestaciones de tristeza en aquellos días 
aciagos, que son objeto de la más viva consideración 
por parte del público, interpretando su actitud y 
sensibilidad, como lo dejamos dicho, de súplica al 
Dios de quien ella misma dijo, con la humildad 
más profunda de corazón, cuando vivía en carne 
mortal: «Porqué Dios miró la bajeza de su sierva, 
hé aquí porque me llamarán bienaventurada todas 
las generaciones; porque me ha hecho grande El 



— 228 — 

que es todopoderoso y santo su nombre». (1) Habla 
sido criada para ser intermediaria entre Dios y el 
hombre, de aquí la grandeza de su poder inter- 
cesor. 

El hecho se verifica en pleno día, en parajes pú- 
blicos, en la plaza y en el templo, á vista de todos, 
para que nadie dude y cada uno pueda dar testimo- 
nio por sí mismo, como visto por sus propios ojos. 

En la Historia de las Imágenes del Milagro en- 
contrará el lector todos los documentos pertinentes 
á este acontecimiento, las relaciones detalladas del 
hecho, la información seguida, al efecto, y el auto 
exhorto del Vicario Abreú sobre lo mismo. 

Una procesión pública de las imágenes del Cristo 
y Virgen del Milagro puso término á las angustias 
del pueblo de Salta, que fué como el anillo de amor 
con que se unió á ellas para rendirles culto per- 
petuo en todas las edades de los siglos. 

En presencia pues, de tales acontecimientos, es 
que el Cabildo de Salta se reúne en 1692 asistido 
por el Vicario eclesiástico y el Teniente Gobernador 
de la ciudad; deja constancia del hecho y en agra- 
decimiento de él, instituye el día 13 de Septiembre 
como fiesta particular del Cabildo en lo tocante á 
la función de iglesia, y como de guarda para, la 
ciudad y los españoles; nombra dos mayordomos 
que corran con las funciones para su mayor esplen- 
dor, y desde aquellos remotos tiempos las funcio- 
nes de las imágenes del Milagro han revestido la 
nota más sobresaliente en las de su clase. 

(1) Lúe. cap. I. 



— 229 - 

Hflista mucho después de proclamada la indepen- 
dencia argentina, mientras han subsistido los anti- 
guos cabildos coloniales, anualmente se ha hecho 
la renovación de mayordomos con el objeto antes 
indicado, en las personas mejor caracterizadas. 

El Cabildo, el Gobernador á nombre de la ciudad, 
conjuntamente con el Vicario eclesiástico, la juraron 
por Patrona de la misma, hermoso rasgo de fé hacia 
la pertentosa imagen de la Virgen del Milagro. 

La gratitud manifestada por el acto capitular del 
Cabildo, fué aun más allá de todo lo que queda 
narrado. Como el terremoto se dejara sentir el día 
13 de Septiembre, y este día en 1692 fuese sábado, 
víspera de la festividad del Dulce Nombre de María, 
en que la Santa Virgen comenzó las manifestaciones 
de angustia en su semblante, el Cabildo, igualmente, 
hizo suya la celebración de esta festividad, con voto 
perpetuo, en el Colegio de la Compañía de Jesús 
de esta ciudad. 

Todos los obrados del voluminoso expediente se 
remitieron al Vicario Capitular de Santiago del Es- 
tero para que proveyera lo que fuera de derecho. 
Nada hemos encontrado de las diligencias poste- 
riores, ni del Vicario Capitular Maestro Bartolomé 
Dávalos, Arcedian de la Catedral, nombrado Vicario 
á la muerte del iltmo. Dávila, ni del obispo sucesor 
el ilustrísimo Mercadillo. 

Los cultos dedicados á las imágenes del Milagro 
desde aquella lejana época, jamás han tenido inte- 
rrupción, siempre han sido solemnísimos; en la 
actualidad, la Catedral de Salta reúne inmensa con* 



- 230 — 

currencia de peregrinos y visitantes de todo9 los 
puntos de la República, y el mes de Septiembre es 
el Mes del Milagro^ como se lo llama, porque casi 
entero está consagrado á los solemnes y extraor- 
dinarios cultos religiosos celebrados en la Catedral, 
en honor del Señor del Milagro y de Nuestra Se- 
ñora del Milagro. 

Colocadas las imágenes del Milagro entre las in- 
signes por su historia y sus misericordiosas mani- 
festaciones seculares, el actual obispo de Salta ges- 
tionó ante la Santa Sede la coronación de ambas 
imágenes, cuyo acto solemnísimo se realizó en 
Septieml)re de 1902. 

Preferimos insertar la crónica que escribimos, con 
tal moiívo, con todos los detalles de la augusta 
ceremonia, en ese tiempo, por(|ue reúne cuanto pue- 
de inteiesar al lector. (1) 

Es a.-»i como se han perpetuado estos cultos, ba- 
sados en manifestaciones de la más viva gratitud 
popular, y las imágenes insignes han recibido el 
más alto homenaje de veneración. El pueblo sabe 
á donde acudir en los momentos que sufre ó se 
vé agobiado por la aflicción, en las públicas cala- 
midades ó necesidades particulares: la Virgen del 
Milagro dulcifíca las amarguras de la vida y el Señor 
Crucificado del Milagro vuélvela paz y la tranquili- 
dad á los corazones que sufren. 

Como recuerdo hist(3rico publicamos el orden que 
antiguamente se ha observado, hasta principios del 



(1) VéftBe el Apéndice II. 



- 2ai — 

8iglo<'XIX, en la celebración de la festividad del 
Milagro, que nos ha dejado el muy benemérito Pa* 
dre Borge en su manuscrito de Crónicas, escrito 
en este convento de San Diego de Salta. Dice así: 

«Como se hace la función del Milagro.» 

((Primeramente: Los señores curas rectores, con 
tiempo, encomiendan nueve pláticas morales, para 
que se prediquen en las nueve noches del nove- 
nario; ó sus mercedes predican todas ó algunas, 
pero lo que no predican, encomiendan á señores 
clérigos y á religiosos. Y por todas éstas, no se 
paga é los predicadores por ser asunto de misión 
y causa pública, común á todos. 

((Día 8 de Septiembre —Por la tarde comienza la 
novena del Milagro, y se remata ésta con una de 
las pláticas, lo que se veriñoa en todo el novenario: 
y porque es grande el concurso, en cada día por 
la mañana también se hace la novena con plática. 
Y en todos estos días, á hora de la misa pantada, 
está su Divina Magestad Sacramentada, patente. 

((Día 11 — Los señores curas ú otros señores clé- 
rigos, á sus nombres, pasan á los conventos á con- 
vidar á los reverendos prelados con sus comuni- 
dades para la actuación de esta gran función, y á 
suplicar que los padres confesores se dignen asistir 
á los confesonarios, porque no se tiene por cristiano 
al que no se conñesa en estos días. Es de notar 
que en la santa iglesia Matriz, cuando se acaba de 
alzar en la misa mavor, en su torre se toca con 



w 282 — 

todas las campanas rogativas hasta consumir el 
Sacramento. Es en los días 13, 14 y 15. 

((Día 12— Por la tarde hay vísperas solemnes en 
la santa iglesia Matriz, y á estas vísperas asisten 
las comunidades religiosas. 

((Día 13— Es la fiesta principal, con misa de la 
Natividad de Nuestra Señora, que cantan los señores 
curas, hay sermón del asunto del Milagro que en- 
comiendan los señores del ilustre Cabildo; asisten á 
esta misa los de las comunidades religiosas. En este 
día y en los dos siguientes hay en esta iglesia 
Matriz cuarenta horas. En este día 13 por la tarde, 
la comunidad franciscana va á la Matriz á hacer la 
reserva ó encierro del Sacramento, porque al día 
siguiente canta la misa. 

((Día 14— Va el R. Prelado franciscano con su 
comunidad á la Matriz á cantar la misa de la Exal- 
tación de la Cruz, y hay sermón de este misterio. 
Este día por la tarde va la muy R. Comunidad 
Mercedaria á hacer la reserva, porque el día si- 
guiente canta la misa de María Santísima. 

((Día 15 — El R. P. Comendador con su comuni- 
dad canta la misa, y hay sermón del asunto del 
Milagro. No asiste á ésta la comunidad francis- 
cana. La reserva de este día la hace algún señor 
cura. Este mismo día 15, á la noche, van á la 
santa iglesia Matriz las dos comunidades religio- 
sas, esperan allí á que se acabe la novena de este 
último día, y en seguida la plática ñnal, la que 
acabada, sale la solemne procesión con el Santo 
Cristo y María Santísima del Milagro; y da vuelta 



^ 283 — 

de la Matriz á San Francisco, en cuya plazoleta 
paran Ihs andas^ y nuestros religiosos cantan la 
Tota Pulckr^a; camina la procesión dando vuelta 
hacia la Matriz antigua, y pasa por la Merced, en 
cuya plazoleta paran las andas, y se canta por los 
RR. Mercedarios un Motete; camina por la calle 
del Comercio hasta entrar á la Matriz nueva, que 
es la iglesia que fué del Colegio. 

«Es de notar que al salir esta procesión de la 
Matriz, en todas las iglesias se tocan rogativas ó 
plegarias hasta que se recoge. 

«Día 16 — Hay en la Matriz, fiesta con misa y 
sermón del Santísimo Nombre de María. — Para 
constancia y que se tenga conocimiento del modo 
como se hace la fiesta, firmo hoy día 16 de Sep- 
tiembre de 1800. — Fr. José Pacheco Borge» 

En la actualidad, por un auto del iltmo. obispo 
B. Rizo, diocesano de Salta, la función del Milagro 
se hace por el Capítulo de la Catedral. Desde el 
día primero de Septiembre comienzan los solemnes 
cultos de misas cantadas, celebradas á turno por 
los señores canónigos, con exposición diaria del 
Santísimo Sacramento, habiéndose anticipadamente 
adornado la iglesia Catedral con sus mejores col- 
gaduras, bajado las imágenes de sus nichos y re- 
vestidas de sus hermosas coronas de oro, se las 
coloca en sus respectivas andas bajo de dos ricos 
doseles: el Cristo á la parte del Evangelio y la Vir- 
gen al lado de la Epístola, en el crucero de la 
iglesia. 



— 234 — 

El día 3 comienza la novena, (1) que se reza tres 
veces diariamente: á la 1 de la tarde, á las 5 y 7 de 
la noche, siendo ésta última con pláticas de misión 
y cánticos, precedida del Santo Rosario. 

El 12 se cantan vísperas á las 5 de la tarde para 
dar principio á las 40 horas al día siguiente, que 
por voto del pueblo es dedicado á Nuestra Señora 
del Milagro y jurado como festivo para la ciudad. 
El 14 es dedicado á la festividad de la Exaltación 
de la Cruz, y el 15 á la Imagen del Señor del Mi- 
lagro. 

Estos tres días son con sermones alusivos á los 
cultos que se celebran. 

La procesión se hace el día 15 por la tarde, con 
asistencia del Gobierno civil, el Capítulo de la Ca- 
tedral, comunidades religiosas, colegios y congre- 
gaciones, y con la inmensa concurrencia de gente 
y peregrinos, que de todos loa puntos de la provin- 
cia y de la República acuden á esta pública demos- 
tración de fé. 

En todos los Viernes y Sábados del año, es no- 
table el concurso edifícente de gente que llena las 
naves de la iglesia Catedral, á la hora de la misa 
que el Capítulo canta en honor del Señor y de la 
Virgen del Milagro. 

Hé aquí como ha atravesado los siglos la devo- 
ción hacia el Cristo y la Virgen milagrosa, que el 
pueblo de Salta venera con fé profunda y sincera. 



U) En la «Historia de las Imágrenes del Mllafirro» dijimos en la padri- 
na 188 qne la Novena del Señor fué compuesta por el doctor Francisco 
Javier Fernández en Potosí. Efectivamente, el í)r. Fernández la com- 
puso, pero no en Potosí sino en Humahuaca, de donde fué cura durante 
muchos afios. 

El doctor Fernández era de origen saltefio. 



CAPITULO IX. 



Salta 7 la Yírgen Inmacolada— La Tírgeo del lilagro. 

Sumario: Manifestaciones recíprocas— La Virgen María y Salta 
—La Virgen del Milagro— La Virgen de la Viña— La 
Virgen del Incendio — La Virgen de Lágrimas— La 
Virgen de Nieva— Culto por las tradiciones— Fe reli- 
giosa—Ceremonia en memoria del Titular y fundación 
de la Ciudad— Adhesión ai Misterio de la Inmaculada 
—Manifestación popular— Juramento para defender el 
Misterio Mariano— El dogma de la Concepción Inma- 
culada—Acta de proclamación en 1658— Fundamento 
de la proclamación— Principio de otras manifestaciones 
—Ciudad Mariana — Primeras demostraciones de la 
Virgen del Milagro— Intercesión — Título del Milagro 
—Importancia de la confesión del Misterio de la In- 
maculada—Falta de precedentes— España difunde la 
fe y la religión— Beneficios de los Reyes— Hecho fun- 
damental—Nueva Junta— Celebración de la fiesta de 
la Inmaculada— Confirmación del obispo Sarricolea— In- 
vocación de la Virgen por el primer Cabildo de Salta. 

El capítulo que acabamos de trazar nos lleva á 
considerar un hecho que merece un estudio más 
detenido de los sentimientos de piedad y devoción 
de la ciudad de Sallu hacin la Santísima Virgen 
María en el misterio de su Inmaculada Concepción, 
y las manifestaciones que en distintas épocas y ba- 



— 236 — 

jo formas diversas hizo la Santa Virgen en su favor. 

Son, á la verdad, altamente significativos los mo- 
dos diversos con que la Santísima Virgen ha que- 
rido dejar memoria en Salta, sin duda en corres- 
pondencia á un pueblo que desde su naciente vida 
la amó y aclamó con el fervor de una fe viva. 

La Virgen del Milagro hizo las primeras mani- 
festaciones sensibles en su rostro; la de N. Señora 
de la Viña deja que las saetas de los salvajes se 
le claven en la cara, y las heridas manen sangre, 
según lo cuenta la tradición; la Virgen del Incen- 
dio sale ¡lesa de entre las llamas y las brazas, du- 
rante 18 horas de fuego ardiente; y la Virgen 
de Lágrimas autentica por dos veces sus demos- 
traciones públicas. Aun podriamos añadir los cul- 
tos tributados á la Virgen de Nievo, las esperanzas 
que el pueblo de Salta pone en la protección de 
Maria, y los testimonios que de ella surgen como 
de una fuente de amor y de misericordia. 

Trataremos en capítulos separados, coda uno de 
estos tópicos, para dar la mayor omplitud posible á 
los relatos y documentos que nos vemos obligados 
á insertar, agregando al final ligeras noticias acerca 
del Señor de Sumalao y de las demás imágenes 
insignes del antiguo obispado del Tucumán. 

Nada más elocuente que las demostraciones sin- 
ceras de los pueblos por el culto de sus tradiciones, 
tanto más cuando ellas rememoran principios ó acon- 
tecimientos revestidos de caracteres que las levan- 
tan por la grandeza y la santidad del pensamiento 
que encierran. 



— 287 — 

Salta, lleva en su vida la savia de la fe cristiana; 
fortalecida con el ambiente de piedad en que nacie- 
ra, ha hecho en todo tiempo, pública manifestación 
de fe de sus tradiciones religiosas con la entereza 
de las almas viriles. Recordamos á este propósito, 
antes de entrar en la materia de este capítulo, la 
ceremonia sencilla con que ha celebrado, durante 
tres siglos, la designación del titular del templo 
mayor de la ciudad en el acto de su fundación, y 
este mismo acto como un recuerdo de gloriosa me- 
moria. 

El titular fué designado según reza el documento 
labrado con tal motivo, el lunes de pascua de Re- 
surrección: <(E mandaba ó mandó sea el nombre é 
advocación de la iglesia mayor de esta ciudad, cu- 
yo sitio queda señalado en la traza de ella, la Re- 
surrección^ por cuanto hoy dicho día, seguido de 
pascua de Resurrección se ha fundado y establecido 
dicha ciudad.» Ha rememorado este hecho en aquel 
largo periodo de tiempo, sacando procesionalmente 
la imagen de Jesucristo resucitado el día de Pascua 
de Resurrección en las primeras horas de la ma- 
ñana; después cuando la Matriz fué elevada al rango 
de Catedral, la imagen se trasladó al templo de N. S. 
de la Candelaria, y allí se ha continuado practican- 
do la misma ceremonia en ef referido día, reco- 
rriendo diversas calles de la ciudad, hasta incorpo- 
rarse á la procesión que sale de la Catedral á la 
inisma hora. 

Esto se ha veriñcado anualmente hasta el comien- 
zo del último tercio del pasado siglo, sin embargo 



— 238 — 

que el titulnr de la parroquia fué cambiado poco 
después de fundado In ciudad por el de los Após- 
toles S. Felipe y Santiago, los misnf)os que son 
actualmente de la Catedral. 

Viniendo al asunto de que vamos á ocuparnos, 
de los sentimientos de fe hacia el migusto misterio 
de la Concepción Inmaculada de la Santa Virgen, 
preciso es trasíadaruois hacia la mitad del siglo 
XVII para preguntarnos: ¿que móvil impulsó é los 
habitantes de Salta para deliberar en acto público, 
solemne; para formar una sola opinión y adherir sü 
voto á la creencia de los pueblos respecto de este 
misterio? Nada, otra cosa, sino dejar constancia 
de las corrientes vigorosas de la total decisión de 
su amor hacia la gloriosa Vír¿^en, colaboradora en 
la obra redentora de Jesucristo, en cuyo poder in- 
tercesor confía y espera, y cnyus glorias las ensal- 
za y publica, confesándolos con entereza. 

Corría el afio de 1658. siendo obispo de la dió- 
cesis del Tucumán el illmo Fr Melchor Maldona- 
do, el cabildo secular de Spitn, movido por senti- 
mientos de acendrada fe, se une al clero secular y 
regular, y convocado el pueblo lodo de la ciudad, 
celebra cultos solemnes en honor de la excelsa 
Virgen en el misterio de su Concepción Inmaculada. 
Invitado de antemano el obispo pora esta función 
y el acto que debía r^e^Miirle, hízose representar por 
el Vicario de la ciudad, asi como el Provisor y Vi- 
cario General del obispado, no pudiendo hacer pre- 
sencia corporal por motivo de hallarse ausente de 
la capital de la diócesis el primero, ocupado en sus 



- 239 - 

visitas pastorales, en puntos opuestos y lejanos, y 
el segundo por retenerle su cargo en el asiento de 
la sede episcopal. 

Pasada la ceremonia religiosa, celebrada con toda 
la pompa posible de la época en el templo de San 
Francisco, en honor de la Santísima Virgen» el 8 
de Diciembre de 1658, se procedió á la proclama- 
ción del misterio Mariano, de la Concepción Inma- 
culada de la Madre de Dios y al juramento solemne 
de defenderlo en todo momento y lugar, bajo la 
presidencia del Vicario Maestro Pedro Carrizo de 
Hores, con el cuerpo capitular, el clero y pueblo 
reunidos para este acto tan expontnneo y expresi- 
vo, como guiado por una inspiración de verdad, 
que más tarde la Iglesia con su criterio infalible 
puso el sello divino sobre ella, colocándola entre 
los dogmas revelados por Dios. 

Efectivamente, dos siglos y medio después, la 
verdad proclamada en la asamblea de 165S, es de- 
finida como verdad dogmática por el Augusto Pon- 
tífice Pío IX, el 8 de Diciembre de 1854. El dogma 
de lo Concepción Inmaculada de María es una de 
las hermosas glorias que realza sus grandes pre- 
rrogativas, y revela el buen criterio que guió á los 
habitantes de Salta al adelantarse con sus manifes- 
taciones piadosas de fe. 

Hé aquí el acta labrada que ha quedado como un 
monumento de fe y de historia. Dice así: 

^Inmaculada Concepción)) 
«En el nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu 



— 240 — 

Santo, tres personas distintas, un solo Dios verda- 
dero; y de la Santísima siempre pura é inmaculada 
desde el primer instante de su concepción, la Vir- 
gen María Madre de Dios y Señora Nuestra, y de 
la Iglesia triunfante y militante: en particular del 
glorioso San Beriiai*do Patrón de esta ciudad de 
San Felipe de Lerma del Valle de Salta, y de N. 
P. San Francisco en cuyo templo nos hallamos. 

«Notorio sea á todas las criaturas racionales, ce- 
lestiales y vivientes en este mundo mortal, que hoy 
viven y están presentes en esta ciudad, en la Pro* 
vincia del Tucumón v en la redondez del mundo, 
y á los que en adelante fueren, así de ésta como de 
otra cualquiera de la cristiandad— Sepan todos lo 
siguiente: como habiendo sido ésta ciudad de Sal- 
ta devotísima de la Virgen Santísima, respetándola 
y reverenciándola sus habitantes, no contentándose 
hoy con el afecto y devoción antepasados, singula- 
rizándonos elegimos la advocación de su Santísima 
Concepción, por ser desde el primer instante en 
que ha sido llena de gracia y escogida de Dios 
para Madre, limpia y pura de la mancha y pecado 
original con que los hijos de Adán fuimos y naci- 
mos manchados— Y poniéndonos bajo su protec- 
ción como Madre y Abogada de los pecadores, 
alcance de su Hijo nuestro amparo y nos sea pro- 
picia y favorable en iodos nuestros trabajos, ñestas, 
hambres, guerras y terremotos. Nos, resolvimos 
y acordamos, todos los de este Cabildo, J. y R. en 
nombre de toda esta Provincia, y con el señor Go- 
bernador don Alonso de Mercado y Villacorta, 



— 241 — 

nuestro Gobernador y Capitán General, que todos 
votemos y juremos sentir y defender haber sido 
la Santísima Virgen María concebida desde el pri- 
mer instante de su concepción sin pecado original, 
y si necesario fuere para ello dar las vidas, derra- 
mar la sangre: todo lo cual protestamos hacer, su- 
jetando nuestro juicio á lo que ordenare nuestra 
Santa Madre Iglesia, fundándonos en las razones 
que hacen pió y laudable este misterio, apoyado 
por la Sagrada Escritura, doctrina apostólica, con- 
cilios generales, etc. 

«Por tanto, Nos dicho Cabildo, por nos y en 
nombre de esta ciudad de Lerma, y por los veni- 
deros votamos y prometemos, y juramos á Dios 
N. Señor y por su Santa Cruz, y por los cuatro 
Evangelios, en manos del Señor Pedro Carrizo de 
Hores, Cura y Vicario de esta ciudad, que sentire- 
mos y defenderemos que la Santísima Virgen María 
desde el instante de su Concepción, fué preservada 
de la culpa original, pura y limpia con plenitud de 
la gracia de Dios, como escogida y prevenida por 
el Espíritu Santo para Madre del Verbo Eterno, 
y para Reina y Señora Nuestra y de todas las 
criaturas; y que si fuere necesario daremos la san- 
gre y las vidas. Oh! serenísima Reina de los An- 
geles, Puerta Oriental, Vara de Jesé florida, Aurora 
de vuestro Hijo, Sol de la Iglesia, Madre de nues- 
tro Redentor, Abogada nuestra y de pecadores, 
recibid por vuestra gran piedad el afecto de nues- 
tros humildes corazones, presentándolos á vuestro 
precioso Hijo, y siempre tenednos bajo vuestro aro- 



— 242 — 

paro y protección— E yo el dicho Vicario, en nom- 
bre de Dios, Trino y Uno, y de Jesucristo nuestro 
Señor y de su Santísima Madre, concebida sin man- 
cha de pecado original, y de la Santa Sede Apos- 
tólica; y en virtud de la potestad y jurisdicción que 
me tienen dada el íltmo. señor don Fr .Melchor Mal- 
donado de Saavedra, Obispo de la Catedral de este 
obispado del Tucumán, y de su Provisor y Vicario 
General, acepto el juramento y voto de ésta muy 
noble y leal ciudad^ y por mí y en nombre de esta 
Provincia; postrados rogamos á Dios N. Señor que 
por intercesión de su Santísima Madre, reciba nues- 
tros humildes afectos; y Vos, Madre y Abogada 
nuestra admitidlos y Sed nuestra patrona— Así se 
haga en el cielo y en la tierra— Que es fecho en esta 
ciudad de Salta y Convento de San Francisco en 
8 de Diciembre de 1658 años — Pedro Carrizo de 
Hores— Fr. Baltazar Basilio de Avila — Andrés Frías 
de Sandoval — Francisco Díaz de Loria — Juan de 
Rivas — Sebastián Díaz— José Bamonde — Miguel de 
Lizondo — Luis Medina de Pomar — Gregorio Aguirre 
— Alonso Costa — Alonso Racero, Procurador Gene- 
ral — Juan Francisco Montenegro— Ante mí, Isidro 
Cáseres, Notario Público». 

Esta manifestación de fe hecha por la ciudad de 
Salta en homenaje á la Santísima Virgen Maria^ 
manifestación tan llena de sentimientos filiales y 
de una entereza tan altiva, propia de las almas sin- 
ceras, creyentes, no tiene otra causa sino la con- 
vicción profunda de la verdad que proclama; ella 
es también el origen de recíprocas demostraciones 



— 243 — 

que se entrelazan entre la fe de un pueblo que no 
oculta sus creencias y el amor maternal de la Vir- 
gen, cuya invocación se había sellado con el jura- 
mento más solemne y la devoción más profunda 
hacia ella. 

Y no podía ser de otra manera. 

Los términos del Acta que hemos transcripto ra- 
tifican nuestro razonamiento cuando dicen: «Como 
habiendo sido ésta ciudad devotísima de la Virgen 
Santísima», lo cilal se confirma con el acto mismo 
que acaba de realizarse, y la ostensible confianza 
que domina los espíritus délos habitantes de Salta 
en la excelsa protectora, lo que atrae sus miradas 
cariñosas y maternales; todo esto está realzado con 
los hechos que se desarrollan, unos tras de otros, 
en ese mutuo consorcio de fe, de piedad, de amor y 
de propicia correspondencia. 

Efectivamente, la ciudad de Salta, á quien pode- 
mos llamar la ciudad Mariana, ha confesado á la 
faz del mundo las glorias de la Virgen María; ha 
cantado con el entusiasmo de su fe sus grandezas^ 
y con la convicción sincera del creyente promete y 
jura hasta dar su vida y derramar su sangre por 
defender el singular privilegio de Inmaculada de 
la Madre de Dios. 

La cariñosa Virgen aceptó el voto de sus hijos y 
no tardó en dar la prueba de haberlo escuchado 
benignamente, en momentos aciagos, y de una 
manera palmaria, como público testimonio de amor 
y de misericordia. 

No repetiremos lo que tenemos escrito al respec- 



— 244 — 

to en nuestra Historia de las Imágenes del Mila-- 
gro, y lo que dejamos consignado en el capítulo 
anterior; pero sí hemos de patentizar, una vez más, 
la actitud de que se sirvió la Santísima Virgen 
para demostrar su predilección, sensibilizando su 
rostro en la imagen de la Purísima Concepción, 
con ocasión de los movimientos sísmicos en los 
terremotos de 1692, en amparo por los hijos que 
había adoptado. 

Salta se vio libre del terrible fenómeno, lo dicen 
todos, por la intercesión de la Virgen, cuya imagen 
muestra visible tristeza, apaga el color sonriente de 
sus mejillas para presentarlas macilentas en el mo- 
mento de su plegaria, sensibilizada así ante los ojos 
de la ciudad entera. El pueblo la llama con este 
motivo, cariñosamente, la Virgen del Milagro como 
recuerdo perenne del portento maravilloso. 

Pero no es esto de lo que queremos dejar cons- 
tancia. 

El hecho producido en Salta, la proclamación del 
misterio de la Inmaculada Concepción de María y 
los términos con que se ha querido perpetuar aquel 
acto, tienen tal importancia que basta considerar la 
época en que él se realizó para comprender su gran 
significado. La ciudad proclama y confiesa el mis- 
terio; el juicio y voto que formula, sin embargo, 
los sujeta sencillamente á lo que ordenare la Igle- 
sia en semejante asunto, manifestando así, con 
esto, su completa docilidad de espíritu y el someti- 
miento de su opinión y de su fe exteriorizada sobre 



— 245 — 

materias que son de la competencia exclusiva de 
la Iglesia el pronunciarse. 

El hecho, decíamos, cuando se produjo, no tenía 
precedentes de actos análogos para apoyarse, ni la 
Iglesia se había pronunciado sobre el particular; 
pero ni aún había sido traído exprofesamente á tela 
de juicio el pro y el contra del misterio para adop- 
tar una sanción decisiva. 

Es cierto que el Patronato de la Virgen María, 
bajo el título de su Inmaculada Concepción fué so- 
licitado por el Rey Carlos III á instancias de las 
Cortes en 1760 al Sumo Pontífice Clemente XIII, 
que lo concedió para España y sus Indias; pero 
esto sucedía un siglo después. También á petición 
del mismo Rey, Clemente XIII concedió posterior- 
mente un nuevo privilegio de rezar el oficio propio 
con misa de la Inmaculada Concepción para España 
y sus dominios; pero todos estos actos pontificios 
no son otra cosa sino fundamentos que se allegan 
y robustecen la declaración del acto producido en 
Salta. 

¿De donde, pues, nacieron los profundos rasgos 
de fe que muestra el corazón de los hijos de Salta? 

Sin duda alguna, de España lo había recibido 
todo como su mejor tesoro: ella se afanó para di- 
fundir la luz del Evangelio en América, ella le 
trasmitió también con su sangre, su espíritu y su 
fe, la arraigada creencia de sus mayores en el 
misterio glorioso de la Inmaculada Concepción de 
María. 

Después del descubrimiento de América, los Re- 



— 246 — 

yes de España ninguna gracia solicitan, ni ia con- 
ceden, sin hacerla extensiva á todos sus dominios, 
de suerte que el anniericano puede gozar de iguales 
regalías y tiene los mismos derechos que el nacido 
en el suelo ibérico. La magnanimidad de los reyes 
es demasiado maniñesta en este sentido. Con la 
religión y la fe que á sus expensas se difunden en 
el Nuevo Mundo por celosos y sabios misioneros, 
se difunden las ciencias y las letras en su más 
amplia esfera. Los establecimientos de educación 
fundados ó protegidos por los reyes, es la mejor 
prueba de ello. 

Sin embargo, si hemos de buscar precedentes 
para el acto realizado en Salta, tal vez que su inspi- 
ración no haya sido agena al efectuado por las Cor- 
tes en 1621, en que ya España se ligaba con voto 
y juramento «de tener y defender que la Virgen 
Nuestra Señora fué concebida sin pecado original», 
fundamento que se hizo valer entre otras razones, 
al solicitarse el Patronato de la Virgen bajo el tí- 
tulo de su Inmaculada Concepción por Carlos III 
en 1760. 

La resonancia del hecho producido por las Cor- 
tes pudo abarcar grandes proporciones, y como él 
era un acto tan simpático y muy conforme á la 
creencia popular, y aceptado unánimemente, su 
memoria ha podido conservarse en todo corazón es- 
pañol y traspasar el océano con los mismos que 
vinieron á avecindarse en esta ciudad, para repro- 
ducirse de la manera que se ejecutó. 

De todos modos, el testimonio que la historia 



— 247 — 

nos ha trasmitido de la proclamación de un mis- 
teriOy sancionado dos siglos después por la Igle- 
sia, es un timbre de honor para la ciudad de 
Salta. 

El espíritu cristiano de las autoridades civiles 
que se sucedieron en el curso de los tiempos en 
Salta, en su devoción acendrada hacia la Madre 
de Dios en el misterio de su Concepción Inmacu- 
lada, ha dejado signos muy sensibles de su fe. El 
Cabildo de 1716, adelantándose á las disposiciones 
eclesiásticas que podían haberse tomado con la opor- 
tunidad conveniente, había convocado una reunión 
general de las personas más espectables en el tem- 
plo parroquial, para tratar sobre la forma á adop- 
tarse en la ñesta anual que se propone celebrar en 
honor del glorioso misterio de María. 
Hé aquí el acuerdo de la resolución adoptada: 
«En la ciudad de Lerma, Valle de Salta, Provin- 
cia del Tucumán, en 24 días del mes de Diciembre 
de 1716. Habiéndose congregado en la iglesia Ma- 
triz parroquial de esta dicha ciudad^ á saber: el se- 
ñor don Esteban de Urizar y Arespacochaga, Ca- 
ballero del Orden de Santiago, Gobernador y Capitán 
General de esta Provincia, y Maestre de Campo de 
Infantería española, y concurrencia del Maestro don 
Agustín de Armas y Montalvo, Cura Rector, Vi- 
cario, Juez eclesiástico y de diezmos, y el doctor 
don Gabriel Bernal, Cura Rector de dicha iglesia, 
á que concurrieron de las sagradas Religiones de 
esta dicha ciudad el R. P. Lector de S. Teología, 
Guardián del Convento del Seráfico P. San Fran- 



— 248 ~ 

cisco, Fr. Juan de Saavedra, y el R. P. Fr. Boni- 
facio Ramirez, Presidente del Convento de N. S. 
de las Mercedes, Orden Real militar de redención 
de cautivos, y el R. P. Martin García, Rector del 
Colegio de la S. Religión de la Compañía de Jesús; 
y el Sargento Mayor Francisco de Carvajal y Loria, 
vecino encomendero, Alcalde Ordinario de primer 
voto, Alguacil mayor de la Santa inquisición; Sar- 
gento mayor Pedro Arias Renjel. Alcalde Ordinario, 
y el Sargento mayor de Campo Agustín de Esco- 
bar Castellanos, vecino encomendero, Lugar Te- 
niente de dicho señor Gobernador y Capitán á gue- 
rra, y el Sargento mayor Juan de Peñalva, Procu- 
rador General, y estar ausente en el campo el 
capitén don Agustín de Olmos y Aguilera, Alcalde 
Provincial, y no haber más capitulares en el Ca- 
bildo y Regimiento, todos los cuales mencionados 
consultaron la forma de celebrar la fiesta anual, 
perfectamente asignada en dicha iglesia, que tiene 
asignada el Rey nuestro señor, — que Dios guarde, 
—el día de la Dominica de la Pura Concepción de 
N. Señora, con sermón del asunto y desagravios 
de las injurias que los enemigos de nuestra santa 
fe católica hicieron al Santísimo Sacramento, como 
se refiere en su real cédula, su data en Corella á 19 
de Junio del año de 1714, á que se refieren, y 
unánimes y conformes resolvieron para estableci- 
miento de dicha fiesta en adelante, perpetuamente, 
que concurran alternándose en el clero las sagradas 
Religiones por su antigüedad, dando predicador 
una vez en cada cuatro años, cuando les tocare. 



i 



— 249 — 

empezando los dichos curas rectores en conformi- 
dad de la real voluntad que se expresa en dicha 
real cédula, y antes en una Ley de la nueva reco- 
pilación de estos reinos, y sin llevar por dicho ser- 
món estipendio, en que se han de alternar como 
dicho es dichas Religiones por su antigüedad, dan- 
do predicador competente, y que á dicha festividad 
concurra el Cabildo, Justicia y Regimiento en for- 
ma de Ciudad, con el gasto de la cera competente 
y demás adorno necesario que asignarán especial- 
mente en su libro capitular; y que la misa la can- 
ten dichos Curas Rectores 6 convidasen á su vo- 
luntad á uno de los prelados de las sagradas 
Religiones sin llevar por ella ningún estipendio. Y 
que para el convite de dicha fiesta á dichas sagra- 
das Religiones» concurra en cada año un capitular 
del cuerpo del Cabildo, Justicia y Regimiento, y por 
parte de dicha Santa iglesia el cura semanero, por 
sí ó el sacristán mayor, siendo sacerdote, empe- 
zando dicha alternativa desde este presente año; 
en cuya conformidad asi quedó y queda asentada 
y establecida esta fiesta para todos los tiempos ve- 
nideros, precisa é inviolablemente é indispensable 
por parte de todos los expresados, y se obligan á 
ello y consienten en lo referido por ser en servicio 
de Dios nuestro Señor á quien todos son obligados, 
y cumplimiento de la real voluntad. Y consienten 
que ésta determinación se asiente en el libro ca- 
pitular para su observancia de lo que cada uno 
debe cumplir. Y que se den los testimonios ne- 
cesarios que convengan para su cometido efecto, y 



I 



— 250 — 

en ello dicho señor Vicario, juez eclesiástico inter- 
puso 8u autoridad en su validación en cuanto ha 
lugar en derecho. Y dicho señor Gobernador y 
Capitán General, por lo que toca al Cabildo, Justicia 
y Regimiento de esta dicha ciudad, manda se 
guarde y cumpla, y ejecute perpetuamente, como 
confía de su celo en el real servicio, pena de culpa 
y cargo en su residencia por ser cumplimiento de 
la real voluntad y determinado á sus exhortos fe- 
chos en esta razón, y lo ñrmaron con su Sria. — D. 
Esteban de Urizar y Arespacochaga — Maestro don 
Agustín de Armas y Montalvo— Dr. D. Gabriel Ber- 
nal— Fr. Juan de Saavedra — Fr. Bonifacio Ramírez 
—Martín García — Agustín de Escobar Castellanos — 
Francisco Carbaja! y Loria — Pedro Arias Renjel — 
Francisco de Aguirre— Juan de Peñalva — Ante mi: 
Francisco López de Fuenteseca, Escribano Público 
y Cabildo». 

A instancias del Procurador de la ciudad, ha- 
llándose en Salta el iitmo. señor obispo Sarricolea, 
por auto de i° de Julio de 1726, confirmó el acuer- 
do anterior en todas sus partes. No insertamos el 
texto del auto por qué él no es más que una repe- 
tición del documento transcripto. 

Réstanos decir que el primer Cabildo organizado 
en Salta, cuatro años después de la fundación de 
la ciudad, ó sea en 1586, comenzaba sus delibera- 
ciones y acuerdos invocando el nombre de la San- 
tísima Viegen Marín, como puede verse en el que 
publicamos más adelante. 



CAPÍTULO X. 



La Tirg^en de la YiSa. 

SuMARioi-^Acontedmientos notables— La Virgen de la Viña— 
Comisión del obispo— Información sobre los sucesos 
de la Vifla— Documento trunco— Devoción á la Virgen 
de la Viña— Fundo de la familia Pedroso— Primeras 
plantas de vid— Erección de una capilla— Dedicación á 
Nuestra Señora de la Candelaria— Origen de la ima- 
gen- Época de hallarse en la Viña— Cultos tributados 
—Denominación de Santuario — Fundamento del título 
—Gracias obtenidas— Decaimiento del culto á la Vir- 
gen—Traslación de la imagen— Efecto producido— Re- 
presentación del Procurador de la ciudad al obispo- 
Decreto— Sufrimiento de la familia Valero— Creencia 
general— Reposición de la imagen en la vieja capilla- 
Frialdad en los cultos— Muerte del obispo— Deterioro 
de la capilla— Proyectos— Reconstrucción de la pri- 
mera—Erección de otra por el Gobernador- Auto del 
vicario de Salta— Notificación al señor Pedroso— Ex- 
cusación— Representación del vicario al obispo— Ex- 
plicaciones del Gobernador— Carta respetuosa— Res- 
puesta del obispo— Confirmación del auto del vicario- 
Oficio aU vicario— Información sobre el asunto capilla 
y sucesos relativos á la Virgen— Nueva carta del Go- 
bernador al obispo— Términos respetuosos — Carta 
laudatoria del obispo— Conducta esquiva del Goberna- 
dor—Abandono de la obra de las dos capillas— Peli- 



— 262 — 

gros de asaltos—Salida del obispo— Misiones en San- 
tiago yTucumán— Su llegada á Salta— Cultos solemnes 
á San Francisco Javier— Voto del Cabildo— Pastoral 
del obispo desde Jujuy— Invitación á los Cabildos para 
una entrada general al Chaco -Aceptación de los Ca- 
bildos de Tucumán y Salta— Acuerdo del de Salta- 
Invitación al clero para cooperar con donativos— Sus- 
cripción levantada - Oficio del vicario— Regreso del 
obispo á Salta—Irrupción de los indígenas— Muertes 
perpetradas en tres fuertes— Actitud enérgica del 
obispo— Acompaña á la tropa -El Cabildo y las co- 
munidades religiosas le obligan á volver— Carta del 
obispo al Virrey— Batida á los salvajes— El asalto al 
Fuerte de Cobos ó Santa Ana— El Fundo de la Viña — 
Incendio de la capilla— La Imagen de la Virgen asae- 
teada—El degüello— Sangre que mana de las heridas— 
El Niño cautivo— Rescate— Gracia obtenida— Fuentes 
que consignan el hecho— Traslación de la imagen á 
Salta— Capilla— Su ensanche— El último templo— Dos 
rectificaciones — Texto del Memorial — Destrucción 
sensible. 

Rl siglo XVII y el siguiente son notables en 
acontecimientos que se relacionan con la Santísima 
Virgen María en Salta, ya dentro de los muros de 
la misma ciudad ó en sus cercanías. A parte del 
hecho del que ya hemos hablado anteriormente, 
de la Virgen del Milagro, vamos á considerar, hoy 
en posesión de nuevos documentos, el que se re- 
fiere á N. S. de la Candelaria de la Vifia del cual 
escribimos muy ligeramente en la Historia de las 
Imágenes del Milagro. 

En el archivo del obispado debió existir una in- 
formación detallada de cuanto atañe á la Virgen de 
la Viña, porque el iltmo. obispo de Córdoba del Tu- 
cumán, D. José de Gevallos, ordenó al vicario de 



— 253 — 

Salta en 31 de Diciembre de 1733, que en esa época 
lo era el Maestro D. Francisco Castellanos, «pasara 
á recibir información, — dice el oficio de comisión 
del prelado, — con bastante número de testigos, de la 
obra de reedificación que se estaba haciendo de la 
capilla de N. Señora, de su antigüedad, culto y 
milagros, y que nunca ha padecido irrupción de 
los bárbaros infieles». También debió existir una re- 
lación ó crónica que se escribió por ese mismo tiem- 
po, con motivo de haber sido trasladada la imagen 
á esta ciudad. Nada existe, ni la información del 
Vicario ni la relación de referencia: todo se ha per- 
dido. 

Dos páginas hemos encontrado, sumamente de- 
terioradas, del comienzo de la crónica, y los docu- 
mentos que se produjeron cuando se intentó por 
primera vez trasladar la imagen de la capilla al 
Fuerte de N. Señora de Santa Ana, situado en el 
paraje de Cobos, distante próximamente dos leguas 
de la Viña, por los cuales se viene en conocimiento 
de la gran devoción que Salta tenía á la Virgen de 
la Viña, la fama que ésta había adquirido entre es- 
pañoles y naturales convertidos, y la protección 
visible que dispensaba contra los asaltos é irrup- 
ciones salvajes á todos los moradores del predio 
en que se hallaba erigida la capilla y se tributaba 
culto á la Santa imagen. 

A poco de fundada la ciudad de Salta, ó mejor, 
en el primer tercio del siglo XVII, la familia de 
Fernández Pedroso adquirió en propiedad el fundo 
<;onocido con el nombre de. la Viña, por haber allí 



— 254 — 

SUS propietarios plantado las primeras cepas de vid, 
introducidas de Esteco, cercano al primitivo fuerte 
de Santa Ana, que trabajó el Gobernador Gonzalo 
de Abreu para contener las depredaciones de los 
salvajes del Chaco, en Cobos, y distante ocho le- 
guas de esta ciudad, el fundo ó estancia prosperó 
con rapidez ya en población como en los intereses 
que en él se explotaban. 

La familia Fernández Pedroso, pudiente y noble, 
oriunda de la Provincia de Extremadura, erigió una 
cómoda capilla en la misma propiedad de la Viña, 
que, por su situación ventajosa fué declarada vice 
parroquia de la Matriz de Salta, dedicada á honrar 
el misterio de la Purificación de la Virgen María, 
ó sea la advocación generalmente conocida con el 
nombre de N. Señora de la Candelaria. 

Erigida la capilla, fué celebrado con solemnes 
cultos el estreno de la hermosa imagen de talla, 
de más de un metro de alto, de N. S. de la Can- 
delaria, traída según el memorial de la Provincia de 
Extremadura, y según el Procurador de la ciudad 
en 1726, don Manuel Garcia Fernández, de la ciu- 
dad de Coimbra de Portugal. 

Al decir del Procurador en 1726, la imagen hacia 
un siglo que existía en su capilla, lo cual está co- 
rroborado por un informe del Vicario Castellano al 
obispo en 1733, en donde dice: «que en cien años 
que tiene de fundación dicha capilla no hay tradi- 
ción alguna de haber muerto el enemigo en dicho 
paraje una alma». 

La existencia, pues, de la imagen de la Viña, 



— 255 — 

como se ve, data de principios del siglo XVII ó de 
su primer tercio. 

Los cultos con que era venerada en su fiesta y 
octava del 2 al 10 de Febrero eran solemnísimos, 
y tal era el concurso de personas que acudían, que 
en las páginas del memorial citado, se consigna: 
«No solo en estos días, sino también en otros del 
año era frecuentado este templo de varias personas 
que iban á cumplir sus votos y promesas hechas á 
esta Santísima Madre por los beneficios recibidos 
de su mano, 6 para impetrar los que deseaban con- 
seguir»; y aquí, agrega> refiriéndose al lugar en que 
se hallaba edificada la capilla, ccera el concurso mes 
de los habitantes de esta ciudad á celebrar el oc- 
tavario de sus festividades desde el día 2 de Fe- 
brero, repartido entre varias clases y gremios de 
personas, siendo los indios naturales los que se 
esmeraban con fausto y magnificencia los días que 
tenían señalados; y ciertamente, parece que esta 
Santísima Señora se agradaba mucho de las de- 
mostraciones y devoción que la manifestaban estos 
pobres; lo que no tiene duda es que en ellos más 
que en otros se ha conservado constante esta de- 
voción, y aún diremos con toda certeza que á ellos 
se debe en la mayor parte el culto fervoroso que 
hoy tiene en esta ciudad». 

La capilla del paraje de la Viña se la consideraba 
como un verdadero santuario, tan numerosas eran 
las gracias que la Santísima Virgen María dispen- 
saba por medio de su imagen allí venerada, que 
no se llamaba con otro nombre sino con el de San- 



— 256 - 

tuario de Nuestra Señora. Esta misma denomina- 
ción se le dio también^ posteriormente, a la capilla 
trabajada en esta ciudad al ser trasladada é ella la 
imagen de la Viña. 

Todos los documentos del siglo XVIII que tienen 
algún motivo de referencia al paraje de la Viña, lo 
hacen con el nombre de Santuario. El español don 
Manuel Martinez, natural de Galicia, al consignar 
sus últimas disposiciones en el testamento que otor- 
gó en 13 de Diciembre de 1770, dice: 

«ítem-mando que mi cuerpo sea enterrado al pie 
del altar del Señor de la Viña, en el santuario así 
llamado á la otra banda del puente, al sur de esta 
ciudad. Y es mi voluntad se funde una capellanía 
por mis albaceas por el bien de mi alma, y que la 
sirva el actual capellán Dr. Miguel Alonso de Vi- 
zuara del dicho santuario de Nuestra Señora de la 
Viña, para que no falte la misa rezada á N. Señora 
en dicho santuario, que precisamente se ha de de- 
cir todos los domingos. Y es mi voluntad se in- 
vierta toda la cantidad que se cobrare en agrandar 
la capilla del dicho Santuario de la Viña». 

Tal denominación no tenía otro significado sino 
el reconocimiento de las muchedumbres de gracias 
que la dadivosa Virgen dispensaba á sus devotos. 

Una de las gracias generalmente reconocida, es 
como dice el Vicario Castellanos, que durante un 
siglo no hay tradición que los salvajes del Chaco 
hubiesen molestado, ni perseguido ni dado muerte 
á persona alguna de las innumerables que poblaban 
^1 paraje de la Viña y sus cercanías, mientras la 



— 257 — 

consternación se extendía y tomaba proporciones 
lamentables por todas partes, fuera de aquel lugar, 
por las continuas y repetidas irrupciones anuales 
de los indígenas, 

Aquel paraje se había hecho como un refugio 
seguro é inexpugnable para los habitantes, y es á 
consecuencia de esto, con ser de muchas leguas de 
extensión el referido predio, que se pobló de nu- 
merosos vecinos con una prontitud increible, atrai- 
dos por la confianza y por el amor á la Virgen de 
la Viña', verdadera torre de fortaleza para los que 
vivían bajo su amparo y la invocaban con fe. 

Y no se diga que las irrupciones salvajes podían 
sec contenidas por temor al fuerte militar, situado 
en Cobos, á dos leguas de distancia, como ya lo 
hemos dicho, porque los salvajes llevaban sus de- 
predaciones sin miramiento alguno en todas direc- 
ciones, aun en los caminos públicos, en las granjas 
cercanas al fuerte y de esta ciudad, y hasta llega- 
ron á poner en peligro á los moradores mismos de 
ésta en ocasiones diversas. 

Encontrar una explicación satisfactoria contraria 
á la creencia popular, no la creemos fácil, porque 
la situación del predio de la Vííla era análoga á las 
condiciones generales de los demás. Su población 
aunque numerosa estaba diseminada, por consi* 
guíente, fácil para ser asaltada en cualquier mo- 
mento ya la casa principal de los propietarios ó 
alguna de sus muchos pobladores. 

Después de un siglo, la Virgen comenzó á tener 
sus vicisitudes; el predio de la Viña dejó de estar al 



— 258 — 

cuidado inmediato de sus dueños, decayendo así 
ei cuidado de la imagen, sus cultos, y aún la mis- 
ma capilla ofrecía alguna ruina. 

A principios de 1700, vino á poder de don Luis 
de Medina y María Valero, casados, de quienes fué 
hijo don Enrique de Medina, alumno del colegio 
de Monserrat de Córdoba y más tarde sacerdote, 
domiciliado en Salta. 

Sea por el derecho que habían adquirido los pa- 
dres del sacerdote Medina, al arrendar la propie- 
dad de la Viña, sobre la imagen de la ViVgen, ó 
por el estado ruinoso de la capilla, con el deseo de 
colocarla en lugar más decente, el Presbítero Me- 
dina pretendió sacar la imagen de su capilla y tras- 
ladarla á un fundo propio en lugar opuesto, que su 
madre le había adjudicado como bien patrimonial 
para la recepción de las sagradas órdenes. 

El acto no pudo pasar desapercibido y ocasionó 
un verdadero escándalo á las personas que fre- 
cuentaban el paraje de la Viña y á sus moradores, 
tanto más á la sociedad de Salta que tenía puesta 
toda su conñanza en ella de no ser asaltada por 
esa parte de los salvajes del Chaco. 

El Procurador de la ciudad, señor Manuel García 
Fernández, asumiendo la representación correspon- 
diente, mirando por el bien de la religión en el culto 
secular tributado á la Virgen de la Viña en su pro- 
pia capilla, y el de sus representados, no menos 
que por la novedad ocasionada con la pretensión 
del traslado, elevó el siguiente oficio al iltmo. señor 
obispo Sarricolea, por demás interesante por las no- 



~ 259 — 

ticias y referencias relacionadas con la Virgen de 
la Viña. 

Dice así: 

«Ilustrísimo señor: 

«Don Manuel García Fernández, Procurador Ge- 
neral de esta ciudad de Salta, en nombre de ésta 
se presenta ante V. S. Iltma. y dice: 

c<Ha llegado á su noticia que el Maestro don En- 
rique de Medina, presbítero, pretende sacar la ima- 
gen de Nuestra Señora, que dicen de la Viña, de 
la capilla donde se halla colocada al presente y 
trasladarla á una posesión suya, por decir tiene de- 
recho á la propiedad de dicha imagen; y siendo 
notorio el que há un siglo, poco más ó menos, que 
se halla colocada en la capilla sita en la estancia de 
la Viña, poblada á la parte de la frontera del ene- 
migo; y el que en este discurso de tiempo ha 
obrado repetidas maravillas en defensa y amparo 
de esta ciudad, librándola de la invasión de los in- 
fieles mocobies, que por aquella parte han intentado 
entrar, no habiendo podido jamás pasar adelante 
ni menos ejecutar en dicha estancia los ordinarios 
estragos que se experimentan en otras donde han 
acometido, felicidad que se atribuye á la existencia 
y protección de esta milagrosa imagen, que con- 
tiene la osadía y crueldad de dichos bárbaros, por 
cuya notoriedad y no molestar á V. S. Iltma. omite 
el referirlas; ár que se agrega el que de sacarla del 
citado paraje se entibiará la general devoción que 
esta ciudad tiene á la milagrosa imagen y decaece- 
rá su culto y fiesta anual que se le celebra con la 



— 260 — 

decencia posible, pues clama la mayor parte de la 
república no se traslade de su antiguo y primitivo 
lugar que ha tenido desde que la trajeron de Goim- 
bra. En cuya atención tiene el Procurador General por 
perjudicial á esta ciudad, el que se saque de donde 
al presente se halla colocada por escudo y defensa 
de ella. Por tanto, debajo de las protestas necesa- 
rias, á V. S. Iltma. pide, y suplica que atenta la 
presupuesta representación se sirva mandar que 
con pretexto ninguno se saque dicha imagen de su 
capilla donde se halla actualmente, por lo que re- 
sulta de aumento á su culto y bien público de esta 
ciudad, que espera recibir en ello merced de la jus- 
tificación de V. S. Iltma., etc. — Manuel Garcia Fer- 
nández». 

Hallábase el obispo en Salta en esta época, al 
recibir la representación del Procurador, y como 
ya había concedido, con anterioridad, el competente 
permiso á la señora Valero, madre del sacerdote 
Medina, para trasladar la imagen, visto el informe 
del vicario y la conveniencia de la traslación tal 
vez, por la mejor decencia del nuevo local, dictó en 
respuesta á la petición del Procurador, el decreto 
que copiamos en seguida. 

«Salta y Julio 1® de 1726— Por presentada: y res- 
pecto de haberse concedido licencia con informe 
del vicario de esta ciudad para la traslación de 
esta sagrada imagen á petición de doña María Va- 
lero, se le dará traslado de este escrito, y con su 
respuesta se traiga para dar la providencia conve- 
niente. — El obispo. — Proveyó lo de suso decretado 



— 261 — 

y firmado, el iltmo. señor Dr. D. Juan de Sarricolea 
y Olea mi señor, obispo de la Santa Iglesia Cate- 
dral de Córdoba en esta Provincia del Tucumán 
del Consejo de su Majestad, etc., en 1° de Julio de 
setecientos y veintiséis.— Ante mi, D, José Sebastián 
Clavijo». 

El desenlace final fué, pues, la traslación de la 
imagen contra las protestas generales, al fundo del 
presbítero Medina. 

Pocos días pasaron después de esto, y el sacer- 
dote enfermó gravemente. Contrariada la señora 
Valero con las quejas y críticas de que fueron ob- 
jeto ella y su hijo, su corazón sintió amargarse más 
con la muerte del sacerdote y los comentarios 
que se hacían al respecto, atribuyéndola á un cas- 
tigo manifiesto de la Virgen, de cuya creencia par- 
ticipó hasta el mismo Vicario que antes había infor- 
mado favorablemente y consentido en la translación. 

La Virgen volvió á su capilla de la Viña, y con- 
tinuó recibiendo los cultos ordinarios, aunque con 
más frialdad, y peligrando sobremanera una ruina 
completa la vieja capilla. 

Trascurrieron siete años, y en este intervalo de 
tiempo el obispo Sarricolea también bajó á la tum- 
ba, habiéndole sucedido el iltmo. D. José de Ge- 
ballos. 

El peligro de ruina de la capilla apremiaba por 
el levantamiento de una nueva ó por la traslación 
de la imagen á lugar seguro. De nuevo comenzó 
á surgir la idea de realizar esto último; pero otra 
opinión, y era la general, propiciaba que la Virgen 



— 262 — 

de la Viña quedara en su puesto y se reconstruyera 
allí mismo la capilla. 

En estas alternativas, un devoto forastero, don 
Francisco de Sevilla, tomó á su cargo la recons- 
trucción por su |)ropia cuenta y organizó el trabajo. 
La capilla quedó trazada de 22 varas de largo con 
su sacristía, y la obra comenzó. 

Por su parle, el Gobernador General del Tucumán 
don Juan de Armaza y Arregui, emprendió el tra- 
bajo de otra capilla en el fuerte de Cobos con el 
propósito de llevar allí a la imagen y dotarla de 
un capellán permanente. 

Como ésta última obra llevaba visos de termi- 
narse primero que la otra capilla, el Vicario de 
Salta creyó de su deber intervenir para que no se 
estorbara la reedificación de la Viña, atentos los 
inconvenientes á que daría lugar si se fomentara la 
del fuerte por la mezcla de personas, de* mujeres y 
soldados, y otras causas atendibles. 

El Vicario dio el siguiente auto, cuya parte dis- 
positiva está concebida en estos términos: 

<(En la ciudad de Salta, en dos días del mes de 
Noviembre de mil setecientos y treinta y tres años, 
el señor Maestro D. Francisco Castellanos, Cura Rec- 
tor, Vicario Foráneo, Juez Eclesiástico y su juris- 
dicción. 

«Dijo su merced que por cuanto estaba mandado 
reedificar una capilla de su Vice parroquia, que 
estaba de inmemorial tiempo fundada en el Rio de 
Siancas y apellidada publicamente Nuestra Señora 
de la Viña, por cuyos milagros y experimentar es- 



— 263 — 

te pueblo en su invocación los beneficios que le 
piden, me han suplicado su atención. 

«Y siendo de mi mayor incumbencia la atienda 
para su reedificación y prosecución de su mayor 
agrado y culto, ha puesto todas sus fuerzas y poco 
valimiento para su consecución, concertando peones 
y supliendo lo que faltaba de lo necesario, que un 
devoto y compasivo cristiano costeaba dicha capi- 
lla, que lo es D. Bernardo de Sevilla, forastero y 
sin vecindad alguna en esta ciudad^ á cuya súplica 
le dio su merced el despacho necesario. Y habién- 
dose ausentado y dejado todas providencias y con- 
ciertos de peones, y omisos algunos, mandó su mer- 
ced se recogiesen por personas verídicas y de cris- 
tiano celo algunas limosnas de los devotos, que en 
la mayor escasez de medios en que se halla esta 
ciudad, y sin haber pedido en la ciudad sino en lo 
más inmediato de sus contornos, se halló lo suficien- 
te para la conclusión de dicha capilla; y estando 
ya en estado de techar le han noticiado á su mer- 
ced los peones que tenía concertados, fugitivos de 
dicha obra, diciendo que varias personas decían 
que se mudaba dicha capilla al fuerte de Cobos, tres 
para cuatro leguas de distancia, por disposición del 
Señor Gobernador, y mandando ó toda la gente no 
trabaje en ella, verbalmente, y sin orden de su Se- 
ñoría, expresa, y por no constar á su merced tal 
disposición, debía mandar y mandó que ninguna 
persona se entrometa en dicha reedificación á estor- 
barla, por voz activa y pasiva, sin que lo contrario 
se mande por juez competente, por pertenecerle á 



— 264 — 

SU merced este conocimiento por jurisdicción y 
parte. 

«Y si hubiere alguna cosa que puedan pedir los 
pocos devotos, lo hagan en forma porque su merced 
da razón individual con autos á S. S. Iltma., en 
cuyo Ínter y de las súplicas que se hicieren de las 
partes legítimas y beneñciadas, manda que se pro- 
siga en la reediñcacióny que á todos los verdaderos 
cristianos no se entrometan, so pena de santa obe- 
diencia y excomunión mayor latee sententice ipso 
/acto incurrenda una pro trina canónica monitione 
en que al punto los declara por incursos en dicha 
pena, y respecto de haber llevado |)ara la manten- 
ción de dicho fuerte las vacas que se recogieron de 
limosna para dicha capilla, el cabo de dicho fuerte 
ú otro soldado particular que lo supiere, no lo res- 
tituyere, los declara desde luego por incursos en 

excomunión de la Bula in coena Domini y 

se le manda debajo de la misma excomunión ma- 
yor al Sargento Mayor D. José Fernández, no desa- 
tienda dicha obra, sino que con su cristiano celo 
la ampare y dé razón individual de todo á este juz- 
gado, y lo notificará el presente Notario al dicho 
D. José Fernández como á todas las personas que 
procuraren embarazar una obra tan santa; y hechas 
todas las diligencias se traerá á este juzgado. 

«Asi lo proveyó, mandó y firmó su merced di- 
cho Señor Vicario de que doy fé. — Maestro Fran- 
cisco Castellanos— Ante mí, Andrés del Sueldo, No- 
tario Público Eclesiástico»: 

Esta providencia fué notificada al señor José 









— 265 — 

Fernández Pedroso, dueño del fundo de la Viña, y 
encargado al mismo tiempo de la reedificación de 
la capilla. 
Contestando al auto del Vicario expuso: 
«Que el señor Gobernador y Capitán General de 
ésta Provincia le tiene mandado cese con la pro- 
secución de la Capilla, llevando toda la gente al 
presidio de la señora Santa Ana, donde ha de eri- 
girse dicha Capilla, según la disposición de su se- 
ñoría, pideá su merced dicho señor Vicario se sirva 
exhortar á dicho señor Gobernador le deje el per- 
miso para la prosecución que se le manda, con 
cuya orden y licencia está pronto á continuar con 
la obra hasta su finalización, y en tanto no le corra 
perjuicio ni gravamen la conminación que se le 
impone en este auto, porque aunque es como due- 
ño de la hacienda de la Viña ó Patrón de su ca- 
pilla, tiene cedida la acción de dicha erección á su 
señoría, y obedecido su orden verbal, y en tanto 
que por dicho señor Gobernador no se le permita 
y ordene la prosecusión de dicha obra, no puede 
continuarla, respecto á hallarse la gente que la tra- 
bajaba sujeta al dicho orden, el cual no suspen- 
diéndole no podrá proseguir !a obra; y esto dio por 
respuesta, y lo firmó de lo que doy fé— José Fer- 
nández Pedroso — Andrés del Sueldo, Notario Pú- 
blico Eclesiástico». 

Llegado el asunto á este estado, y ante las difi- 
cultades de poder continuar los trabajos por razón 
de la escasez de obreros albañiles que, acaso, no 
había otros sino los* que se llevaron al fuerte de 



- 266 — 

Cobos, y la persistencia del Gobernador de trasladar 
la capilla y la imagen al fuerte, el Vicario elevó su 
auto con un informe detallado al iltmo. obispo Ce- 
vallos, pidiéndole una resolución decisiva, 

He aquí el informe, que trascribimos por su im- 
portancia. 

«Ilustrísimo seílor: 

«Con la ocasión de la ida á esa ciudad del Pres- 
bítero Maestro, don José Castillo, no permite mi 
veneración omita la solicitud de la apreciabie salud 
de V. S. Iltma., la cual permita el señor sea prós- 
pera y dilatada por muchos años para el amparo 
de sus rendidos subditos. 

«Señor: Con la ocasión de haber pretendido el 
señor Gobernador mudar la ca|)illa de la Viña, un 
santuario muy devoto y milagroso que está ocho 
leguas de esta ciudad, en su jurisdicción, siendo 
vice parroquia nuestra, al fuerte de Cobos tres le- 
guas de distancia de dicha capilla, no puede omitir 
el participar á V. S. Iltma. los gravísimos incon- 
venientes que hay para su translación, y de los in- 
decentísimos modos con que ha procurado estorbar 
la nueva capilla que se estaba haciendo, la cual 
habiéndola costeado un forastero, que se halla 
ausente, y trabajádose en ella seis meses, siendo 
su hueco de 22 varas con su sacristía, á todo cos- 
to; y estando en estado de techar, faltaron algunos 
bastimentos por defecto de los apoderados de don 
Bernardo de Sevilla, que suspendieron el suple- 
mento, y á pedimento de muchísimos devotos con- 
cedí licencia para que pidiesen en los extramuros 



— 267 — 

de esta ciudad alguna limosna, y fué tanta la de- 
voción, que se recogió lo necesario para su finali- 
zación. Y estando trabajando actualmente 16 per- 
sonas, envió una orden el señor Gobernador de 
dicho fuerte de Cobos para que llevasen toda la 
gente á dicho fuerte, para que en él trabajasen, de- 
samparando del todo la capilla; como lo ejecutaron 
los soldados que envió para este efecto, y habién- 
dose escapado algunos peones de los que tenía yo 
concertados, me dieron aviso del hecho, y discur- 
riendo fuese espanto de los soldados y no deter- 
minación del señor Gobernador, hice un auto, el 
cual va adjunto, y por la respuesta del notificado, 
verá V. S. lltma. como se mete la mano á lo sagrado 
sin que le hayan abstenido tantas persuasiones para 
otros f'xcesos, confiado solo en que ocurrirá á V. 
S. lltma y sin primero hacerlo ni esperar su fiat. 

((Envió bastantes soldados á traer todos los man- 
tenimientos y bienes de la Virgen, á mano absoluta, 
para el mantenimiento de dicho fuerte, sin reservar 
el ganado vacuno que tenía en la estancia de Nues- 
tra Señora, que no era muy poco, no habiendo 
precedido aviso alguno que me hubiese hecho, ni 
requiriéndome siquiera por la jurisdicción eclesiás- 
tica, que, aunque indigno, recae en mi y cargo de 
Cura, introduciéndose en jurisdicción y conocimiento 
de materias que no le competen. 

((Y vista su resolución, y que de defender la 
jurisdicción eclesiástica han de resultar muchísimos 
escándalos, he resuelto omitirlos y dar cuenta de 
todo á V. S. lltma. para obedecer con rendimiento 



— 268 — 

y veneración las órdenes de V. S. Iltma. En cuyo 
ínter quedo con bastantes lágrimas de sentimiento 
por ver el desbarato de dicha capilla y sin poderlo 
remediar por la suspensión hasta la orden de V. 
S. Iltma. 

((Y siendo de mi mayor cuidado el atender el 
rebaño de las ovejas que V. S. Iltma. ha puesto á 
mi cargo, debo poner en su alta consideración: que 
no hay una mujer que no baya venido á clamarme 
con bastantes lágrimas, para que suplique A V. S. 
Iltma. y le maniñeste la razón de sus sentimientos, 
por que siendo estas las más frecuentes á sus ro- 
merías, y ser preciso de que en dicho fuerte se 
mantengan bastantes soldados, y estos no son de 
los más cristianos sino de la gente más baladí, 
necesariamente se han de intripular dichos solda- 
dos con las mujeres que fueren, y que resulten 
graves ofensas á Dios, y se hagan romerías; y dado 
caso que esto se remedie por algún modo, que lo 
dudo, decaerá muchísimo la devoción de esta so- 
berana Señora, por lo incómodo que para mantener 
las cabalgaduras en que fueren los novenantes, es 
este paraje. 

«Y también aviso á V. S. Iltma. que estando po- 
blado todo este paraje que está la Virgen, por el 
sumo amor y devoción que le tienen, y confiados 
en la defensa que han tenido en su protección de 
las hostilidades del enemigo, que en todas partes 
ha hecho hasta entrar á esta ciudad, con esta no- 
vedad han empezado á despoblarse y retirarse de 
esta ciudad y su jurisdicción, pues se ha experi- 



— 269 — 

mentado en que en cien años que tiene de funda- 
ción dicha capilla^ no hay tradición alguna de haber 
muerto el enemigo en dicho paraje, ni haber hecho 
daño, como ni tampoco haberse ahogado en el río 
que se pasa para ir allá, una alma, siendo estas cir- 
cunstancias muy misteriosas, y despoblado este pago 
que es el mas fértil, se nos quita esa vice parro- 
quia y distrito, por pretender el señor Gobernador 
poner Capellán en dicho fuerte, sin que tengan in- 
tervención los curas de esta ciudad. 

«Por la notificación de dicho auto y su respuesta 
vero V. S. Iltma. haber cedido D. José Fernández 
el patronazgo de dicha capilla al señor Gobernador, 
no teniendo ocasión ni derecho á ello por no estar 
fundada dicha capilla en sus tierras, ni ser la Ima- 
gen suya, que no mostrará instrumento alguno, 
pues quien tenía derecho era doña María Valero, 
como consta por los autos que se hicieron cuando 
estuvo aquí su meritísimo antecesor de V.S. Iltma., 
y habiendo sido causa su hijo, Maestro D. Enrique 
de Medina para que también se mudase á otra 
parte más cómoda, luego enfermó, de cuyo acci- 
dente murió, y con esta ocasión y atribuirse este 
efecto á la causa de pretender sacarla, no quiere 
su madre doña María Valero hablar más sobre el 
punto; y remito la petición del Procurador General, 
que fué en ese tiempo, quedando yo muy resignado 
á la disposición de V. S. Iltma. que, por no moles- 
tarlo, dejo otras circunstancias; y solo pido á Dios 
guarde y prospere la salud de V. S. Iltma. muchos 
años en los mayores ascensos á que le llaman sus 



— 270 — 

merecimientos.— Salta y Noviembre 13 de 1733.— 
Iltmo. señor— De V. S. Iltma. su rendido subdito y 
Capellán— Maestro Francisco Castellanos». 

Mientras esta documentación llegaba á Córdoba 
y el iltmo. señor Cevallos dictaba la providencia 
del caso, con vista de ella, el Gobernador señor 
Armaza trató de justificarse y dar explicaciones 
sobre su conducta. Su carta revela un espíritu 
pacífico y lleno de prudencia, pues en lugar de sen- 
tirse airado por las expresiones del Vicario «de 
poner la mano en lo sagrado, arrogarse jurisdicción 
que no le compete, y de haber hecho uso de bienes 
de la Virgen por su propia autoridad», elevó al 
iltmo. obispo la sencilla carta que insertamos más 
abajo, en la que explica el móvil piadoso que lo 
llevó á intervenir en el asunto, cediendo todo en 
bien y decoro de la sagrada imagen. 

Dice así la carta: 
Ilustrísimo señor: 

((Deseando que tranquilamente corran las cosas y 
en la mejor conformidad, he dispuesto sacar una 
soberana imagen de Nuestra Señora,— y no sin 
graves y justificados motivos, — que se halla en un 
paraje que llaman la Viña; sus dueños son secula- 
res; su desamparo y poco culto es notorio y hallarse 
expuesta á los ultrajes de los bárbaros infieles: y 
porque no antecedan indiscretas y alentadas im- 
posturas á V. S. Iltma., mi ánimo y parte de las 
muchas razones que me han movido á levantarle 
templo á mi propia costa, el que espero fenecer 
para el año venidero, en donde espero en el Señor 



— 271 — 

se verán los efectos de la piedad cristiana, y cuan 
provechosa sea esta resolución, toda de mi obliga- 
ción: y aunque el desengaño de la ingratitud hu* 
mana pudiera haberme retraído de tan santo pro- 
pósito, vivo cierto de que tal vez permite Dios las 
tormentas de las tribulaciones para que se hagan 
más dignas las obras, por medio del merecimiento, 
que se halla en la tolerancia de injustas sinrazo- 
nes. 

«Deseo á V. S. Illma. fuera de todo lo que á mí 
me aflige, y colmado de muchas glorias espirituales 
y temporales, y que el Señor me lo guarde felicí- 
simos años. — Salta y Noviembre 12 de 1733 años. — 
lltmo. señor.— B. L. M. de V. S. Iltma. su muy 
afectuoso servidor — Don Juan de Armaza y Arre- 
gui. — lltmo. señor Dr. D. José Antonio Gutiérrez 
de Cevallos». 

La resolución del obispo ik) se hizo esperar, con- 
firmatoria en un todo del auto del Vicario. 

Sentada la doctrina de derecho sobre patronatos 
particulares en un meditado auto, decidió se prosi- 
guiera la reedificación de la capilla, y no haber de- 
recho para trasladar la imagen ni extinguir la pri- 
mitiva iglesia. El prelado envió directamente al 
Gobernador Armaza su resolución con la respuesta 
correspondiente á su carta de 12 de Noviembre. 

Ambas piezas deben conocerse por el lector, al 
mismo tiempo que las incorporamos á la historia 
de Virgen de la Viña. 

Insertamos primero la carta del iltmo. obispo y 
en seguida el auto: 



— 272 — 

«Muy señor mío: 

((Recibida y vista la de V. S. en que se sirve 
decirme, que deseando corran tranquilamente las 
cosas y en la mejor conformidad, ha resuelto V. S. 
sacar una imagen de Nuestra Señora que se halla en 
un paraje llamado la Viña, siendo sus dueños secula- 
res, su desamparo y poco culto, notorio, y hallarse 
expuesta á los ultrajes de los bnrbaros inñeles, ra- 
zones que han movido á V. S. á levantarle templo 
á su propia costa, que espera fenecer para el año 
venidero. 

«Debo significar á V. S. que aunque sean de pa- 
tronatos particulares las capillas erigidas, como es 
preciso con la facultad ordinaria eclesiástica, no les 
queda ó los que se juzgan dueños, derecho de pro- 
piedad á disponer de sus imágenes y alhajas, y mu* 
cho menos en pasar á la extinción y profanación de 
su sagrado, porque todo queda sujeto y dependiente 
de la jurisdicción eclesiástica, y en nada se puede 
innovar sin que preceda determinación de aquella, 
con conocimiento de causa, lo que tiene más lugar 
cuando la capilla sirviere, como parece ha servido 
la de Nuestra Señora de la Viña, de ayuda de pa- 
rroquia. En cuya conformidad tengo proveído un 
auto declarándolo así; y no haciéndolo como corres- 
pondía en derecho, contra los que han impedido la 
obra de reedificación de dicha capilla que se estaba 
haciendo, tomándoles sus peones y efectos. Por la 
buena atención y correspondencia que deseo con 
V. S. juzgando los sujetos de su inmediata depen- 
dencia, remito á V. S. copia de dicho auto, para 



- 273 — 

que con su vista quede instruido de su justifica- 
ción. 

«Y respecto á que es tan cristiano el celo que á 
V. S. le mueve hasta levantar iglesia á su costa, 
espero que no ha de querer ejercitarlo en perjuicio 
de lo sagrado y de la jurisdicción eclesiástica, y 
que no habiéndose de acabar hasta el año venidero 
la nueva iglesia, tendrá V. S. á bien sobreseer en 
la translación de dicha imagen de Nuestra Señora, 
pues para entonces espero en Dios estar en esa 
ciudad, y que todo se disponga muy al gusto y sa- 
tisfacción de V. Sm como lo deseo guarde Dios á 
V. S. muchos años. — Córdoba y Diciembre 31 de 
1733 años.— De V. S. su más afectuoso y seguro 
servidor y Capellán— José, Obispo de Córdoba. — 
Señor Gobernador y Capitán General D. Juan de 
ArmBza y Arregui». 

He aquí ahora el auto, aunque la carta transcripta 
es un resumen de él: 

«En la ciudad de Córdoba, ó 15 días del mes de 
Diciembre de mil setecientos y treinta y tres años, 
el iltmo. señor D. José de Cevallos, mi señor, del 
Orden de Santiago», dignísimo Obispo de esta Santa 
iglesia Catedral de Córdoba, Provincia del Tucumán, 
del Consejo de su M., etc. 

«Vista la carta del Vicario de Salta, de 13 de 
Noviembre de este año, y el auto por él proveído 
en 2 de dicho mes, y su notificación y respuesta 
del Sargento Mayor D. José Fernández, y la peti- 
ción del Procurador General de aquella ciudad, D. 
Manuel García Fernández, con lo á ella proveído por 



— 274 — 

el íltmo. señor D. Juan de Sarricolea en 1<> de Julia 
de 1726: 

((Dijo: que aunque la capilla de Nuestra Señora 
de la Viña fuese en su principio de patronato par- 
ticular de algún vecino, erigida y fundada al culto 
público, como es preciso que fuese con la licencia 
y autoridad de la jurisdicción eclesiástica, no tienen 
los que se juzgan interesados en dicho patronato^ 
facultad ni derecho de propiedad á dicha capilla, ni 
á sus imágenes, bienes y alhajas, dadas y consig- 
nadas una vez al servicio y culto de dicha capilla, 
y mucho menos para pretender innovación, transla- 
ción ó extinción de ella, menos que precedan las 
diligencias necesarias por el Ordinario, y con pleno 
conocimiento de ellas, como é quien privativamen- 
te toca su determinación, lo que tiene más fuerza 
y se debe observar y guardar más cumplidamente, 
cuando las capillas sirven ó han servido de ayuda 
de parroquia, como se entiende que lo ha sido la 
contenida de N. Señora de la Viña; por lo que y 
constar de respuesta del Sargento Mayor don José 
Fernández que la obra de reedificación que se es- 
taba haciendo de dicha capilla,.*^ se suspendió por 
haber extraido y llevado los peones que trabajaban 
en ella al fuerte de Santa Ana, que se edifica de 
nuevo. Debía de mandar y mandó que se prosiga 
su obra y reedificación como se había empezado, y 
que persona ninguna directa ni indirectamente lo 
estorbe, impida ni embarace, pena de excomunión 
mayor latee sententios ipso facto incurrendo^ trina 
canónica monitione en derecho praemissa, con cita- 



— 276 — 

ción para la tablilla, y que serón declarados por in- 
cursos en la Bula de la Cena contra impedien- 
tes, etc. 

«Y mandaba y mandó al dicho Vicario de Salta, 
que política y extrajudicialmente se lo haga saber 
á dicho señor Gobernador y Capitán General de 
de esta Provincia, por lo que su Iltma. se promete 
del gran celo y cristiandad de S. S. coadyuvará y 
fomentará lo prevenido para el fin de que se logre 
el acierto en el servicio de Dios y del Rey, y que 
dicho Vicario reciba las informaciones y autos con- 
venientes sobre todo lo conferido; y lo firmó. — Y 
despáchesele testimonio de este auto que sirva de 
bastante despacho. — José, obispo de Córdoba. — 
Ante mi: Dr. Ángel Manuel de Quintana, secre- 
tario». 

El Vicario, por su parte, recibió el siguiente ofi- 
cio, en donde se le cometía facultad para levantar 
información de todo lo que se relacionaba con la 
Virgen de la Viña: de su antigüedad, culto y mila- 
gros, y de la cual información hicimos referencia 
de su extravio, pues no es creible no se hubiese 
hecho, dada la orden del iltmo. obispo y la actitud 
asumida por éste para exclarecer derechos y los 
acontecimientos atribuidos á la imagen. 

Para comprobar nuestros asertos insertamos su 
texto: 

«Habiendo recibido la de Vm . de 13 de Noviem- 
bre con los papeles que la acompañan, en orden á 
la extracción pretendida de N. Señora de la Viña, 
he proveído el auto cuya copia va con ésta, que 



— 276 — 

luego Vm. hará notificar al Sargento Mayor don 
José Fernández, y á los demás vecinos que tuviere 
por conveniente, y particularmente á los que se juz- 
gan patronos de esta capilla y dueños para dispo- 
ner de la santa imagen; y pasará á recibir informa- 
ción con bastante número de testigos de la obra de 
reedificación que se estaba haciendo de dicha ca- 
pilla, de su antigüedad, culto y milagros, y que 
nunca ha padecido irrupción de los bárbaros infie- 
les, y de la extracción violenta que se hizo de los 
peones que trabajaban en ella, y de los manteni- 
mientos y bienes de la Virgen y ganado vacuno que 
estaba en su estancia, haciendo que se exprese 
quienes fueron los que lo llevaron, y porque causa, 
y á donde, obrando en todo con mucha prudencia 
y moderación, y excusando conversaciones que al- 
terando los contemplativos, solo sirven de excitar 
mayores discordias. Y cuanto á la prevención que 
se hace en el auto por el Señor Ggobernador, podrá 
Vm. excusar de remitírsela porque yo le envío una 
copia simple en la adjunta, y para que Vm. se en- 
tere de lo que le digo, va también esa copia; pero 
si sucediere llegar el caso de la extracción de la 
santa imagen podrá exhortarle con inserción de 
dicho mi auto sin pasar á declaración, ni ir á otra 
ninguna cosa, hasta que con vista de los que Vm. 
me remitiere se determine lo que pareciere mas 
conveniente. Guarde Dios á Vm. muchos años. — 
Córdoba y Diciembre 31 de 1733.— De Vm. su mas 
afectuoso servidor y capellán.— José, obispo de Cór- 
doba.— Señor Maestro don Francisco Castellanos». 



- 277 — 

Una tormenta de cargos pesaba, pues, sobre el 
gobernador Armaza según los documentos anteriores; 
pero él no era hombre de formar tumultos ni que- 
rellas, por consiguiente, no hubo necesidad de apa- 
ratos de trámites judiciales para ser notiñcado; con 
su espíritu inalterable contestó sencillamente, con 
llaneza, que acataba el auto, explicando ligeramente 
los motivos de su conducta. Su carta tan respe- 
tuosa al obispo, termina con estas palabras: «que 
ninguno desea complacerle mas que el gobernador 
del Tucumán, y con la obra terminada, quedaré 
satisfecha su devoción aunque no le sirva al culto 
de la Santísima Señora». 

Sin embargo, léanse los respetuosos conceptos 
consignados en la carta aludida, por mas que algún 
resentimiento quedó oculto entre los pliegues del 
corazón, como lo veremos mas adelante, 
(dlustrísimo Señor: 

«Muy señor mío: Doy respuesta á la V. S. Iltma. 
de 31 de Diciembre en la que incluía el auto pro- 
veído por V. S. en el particular de la nueva erec- 
ción de la capilla de N. Señora, el que venero y 
respeto con todo mi rendimiento; y debo asegurar 
á V. S. Iltma., que no fué más en mí que un vivo 
y reverente deseo del mayor culto de la Santísima 
Señora, pues estando en la fábrica del fuerte de 
mi Señora Santa Ana, salieron por allí en dos oca- 
siones unas puntillas de vacas y me dijeron eran de 
la limosna de la Santísima Virgen, que iban ya 
perdidas; y con ésta ocasión me informaron el gra- 
vísimo peligro del enemigo en que se hallaba aque- 



— 278 - 

lia imagen y el ningún culto que tenía, y desórdenes 
de su templo, y averiguando yo que aquel poco 
ganado que había quedado sin derecho efecto al- 
guno de lo que se había juntado, se iba perdiendo, 
puse reparo en que lo cuidase mejor el que lo te- 
nía, y á instancias de los que conmigo estaban, 
sobre que sería muy acertado trasladar la santa 
imagen á la inmediación de aquel tuerte para su 
seguro y de los novenantes, condescendí en ello 
con el celo de la devoción, por sus representaciones, 
sin más fin que, primero, edificarle su templo, como 
lo principié con la gente que allí tenía yo y no con 
la que han informado á V. S. Iltma., pues no fue- 
ron más de tres ó cuatro los que allí había, como 
lo experimentará V. S. á la vista si lo merece la 
mía. Y puede V. S. Iltma. estar ciertísimo que 
ninguno desea complacerle más á su gusto que el 
Gobernador del Tucumán, que, aunque se fenezca 
la obra que tengo principiada, quedará mi devoción 
satisfecha aunque no ie sirva al culto de la Santí- 
sima Señora. Guarde Dios á V. S. Iltma. muchos 
años — Salta y Marzo V de 1734 años — Illmo. Señor 
— B. L. M. de V. S. Iltma — su mayor servidor y 
afectuoso -Iltmo. Señor Dr. D. José de Gevallos — 
D. Juan de Armaza y Arregui». 

A tan comedida como respetuosa carta, el señor 
obispo no pudo menos que alabar los sentimientos 
cristianos del Gobernador, y le envió esta lacónica 
respuesta. 

((Muy señor mío : 

c(Recibida la de V. S. de 1° de Marzo en res- 



— 279 — 

puesta y vista del auto que remití á V. S. sobre 
la translación de N. Señora de la Viña, y agradezco 
en mi corazón á V. S. la cristiana conformidad que 
me la expresa, pues en nada se acredita más ser 
sus deseos de buena intención al culto de la santa 
imagen, que en la resolución á que se disponga en 
la mejor forma que se debe; y quedo disponién- 
dome para salir á más tardar en toda la semana 
de Quasi modo en derechura á esa ciudad, sin más 
detención que la que fuere muy precisa en Santiago. 
Y en este punto y en todos los que se ofrecieren 
procuraré dar á V. S. muy cumplidos gustos y 
satisfacción. — Guarde Dios á V. S. muchos años. — 
Córdoba y Abril 21 de 1734. — José, obispo de Cór- 
doba. — Señor Gobernador D. Juan de Armaza y 
Arregui». 

E\ auto fué endulzado con la última carta del 
obispo al gobernador, por las satisfacciones cum- 
plidas que esperaba darle á su próxima llegada; 
pero el gobernador las esquivó: cuando el iltmo. 
obispo se aproximaba á Salta, él tomó el camino 
de Córdoba, de modo que no tuvo lugar á entre- 
vistarse con el obispo. 

Por cierto, con tantas contradicciones que sur- 
gieron, ninguna de las dos capillas se terminó: el 
gobernador con la decepción sufrida abandonó la 
obra emprendida por él, haciendo extensivo su 
desgano por las cosas de Salta hasta de la segu- 
ridad del fuerte, reduciendo el número de soldados 
que podrían custodiar esa parte y asegurar la 
tranquilidad de la ciudad. La capilla de la Viña 



— 280 — 

tampoco pudo arribar á más, y la imagen con sus 
cultos quedaron, como lo aseguró el gobernador^ 
en un verdadero abandono. 

Tal incuria pronto hizo sentir sus consecuen- 
cias. 

Casi es de aseverar, que el iltmo. señor Cevallos, 
tenía presentimientos muy seguros que los salvajes 
del Chaco, de un momento á otro, harían un gran 
levantamiento hostil para caer sobre las ciudades. 

Salió de Córdoba como lo había prometido, acom- 
pañado de misioneros jesuítas para dar misiones en 
todas las ciudades y lugares que debía visitar. Su 
marcha fué muy lenta por el tiempo empleado en 
las misiones. 

Después de misionar la ciudad de Santiago y la 
parroquia de Matará con otras, por los meses de 
Junio y Julio, llegó á Simoca de Tucuman, y más 
tarde á su ca|)ital, practicando la visita pastoral. 

Probablemente á fines de año estuvo en Salta, por 
la lentitud con que hacía el viaje y las demoras 
largas en las ciudades: en una pastoral datada en 
Jujuy en 27 de Julio de 1735, hace referencia á su 
estadía en Salta. 

Decíamos que el obispo tenía sus presentimientos, 
porque el año de 1735 fué uno de los más agitados, 
por los amagos que de todos los lados y en todas 
las ciudades se sentían, mayormente en Salta «que 
ya soportó en los primeros días de Enero de ese 
año, una invasión formidable de inesperadas irrup- 
ciones salvajes. De su llegada á Salta, decía el misr 
mo obispo: ((después de fiesta y procesional Apóstol 



— 281 — 

de las Iffdias San Francisco Javier, celebrando en 
ella de pontiñcal, erigimos en de precepto la de su 
día, habiéndole votado por abogado de estas gue- 
rras y necesidades su Ilustre Cabildo, y ahora re- 
petimos órdenes á los curas todos del obispado 
para que el 1® de Noviembre, en que suponemos se 
ejecutará la entrada insinuada, hagan pública ro- 
gativa de Misa cantada y procesión con asistencia 
de las comunidades de las sagradas religiones». 

En Jujuy recibió cartas del Virrey de Buenos 
Aires, y con este motivo, recomendándosele en ellas 
el cuidado y sometimiento de los indios salvajes, 
dirigió su pastoral á las ciudades y cabildos de la 
gobernación, incitándoles á preparar una entrada 
general contra los infieles para el l^ de Noviembre 
en que se efectuaría simultáneamente. 

Todas estas medidas hacian presentir un inmi- 
nente peligro de invasión, «especialmente, dice el 
Prelado, en su citada pastoral, en estas partes del 
Tucuman y Salta en donde es mayor, por verse la 
Provincia casi como acéfala, porque del señor Go- 
bernador se sabe que está en Córdoba, desde don- 
de no puede dar las disposiciones con la prontitud 
que se necesitan». 

Tucuman y Salta respondieron gustosos & la in- 
vitación del obispo, cuyos Cabildos contestaron 
aceptándola de buen grado. 

He aquí el ¿icuerdo del Cabildo de Salta. 

«En la ciudad de Salta en diez y nueve días del 
mes de Agosto de 1735 años, el Ilustre Cabildo, 
Justicia y Regimiento de ésta dicha ciudad, estando 



— 282 — 

juntos y congregados en sus casas de Ayunta- 
miento, como lo tenemos de uso y costumbre, á 
tratar y conferir lo conveniente á la utilidad pú- 
blica, los que abajo firmamos, entró el señor Vi- 
cario Juez Eclesiástico de ésta ciudad con un ex- 
horto de 8. S. Iltma el señor Dr. D. José Antonio 
Gutiérrez de Gevallos, el Caballero, dignísimo Obis- 
po de esta Provincia, y dos autos proveídos por 
S. S. iltma., su fecha de dicho exhorto en Jujuy en 
27 de Julio de este presente año, y los autos el uno 
de 27 de dicho mes, y el otro de 28, é fin de que 
se consiga hacer una entrada general de todas las 
ciudades por el tiempo del día 1° de Noviembre de 
éste presente año. esforzando é toda la vecindad á 
que concurra según el posible de cada cual para 
que se pueda mantener el ejército que cada ciudad 
saliere, por el tiempo de un mes ó mes y medio, 
que es lo más que puede permitir el tiempo inme- 
diato de las aguas y terraje del Chaco; acordamos 
de común sentir se le den las debidos gracias por 
este Ayuntamiento á S. S. Iltma., por el santo celo 
que nos manifiesta en su exhorto Pastoral, y que 
se actúen las más precisas diligencias á citar, desde 
luego, toda la vecindad de esta jurisdicción por 
los Cabos militares, y proveyéndose auto por este 
Cabildo para que el día 16 de Septiembre concurra 
toda con sus armas á esta plaza, para que se haga 
reseña de ellas, imponiéndole las penag competentes 
al que fuere inobediente. Y en todo lo demás que 
contiene dicho exhorto, proveeremos, según acor- 
damos, lo más conveniente, para que teniendo el 



— 283 -~ 

debido efecto que deseó S. S. Illma., tengamos el 
consuelo de gozar algún alivio. Así lo acordarnos 
y firmamos, actuando por nos y ante nos á falta 
de escribano público y real; y désele testimonio de 
este acuerdo al señor Vicario, dándosenos el exhorto 
presentado—Antonio Arias Velazquez— Ventura Ca- 
rabajal — D. Juan de Palacios— Francisco de Aguirre 
—Domingo de Isasmendi». 

«En dicho día, mes y año acordamos los mismos, 
que para el mejor y más breve éxito, cometemos 
que el Alcalde de primer voto, libre los autos que 
fueren menester, y consulte, dando la noticia al 
Gobernador de las armas y el exhorto de S. S. Iltma. 
para que de su parte coopere, como Cabo principal 
al ñn que todos deseamos. Así lo acordamos y 
firmamos — Arias — Carabajal — Palacios - Agoirre — 
Isasmendi». 

En su celo pastoral, el iltmo. obispo movió todos 
los resortes á fin de asegurar el éxito de la entrada 
á los territorios de los salvajes para escarmentar á 
estos. 

Con la misma fecha de su pastoral que, dicho 
sea, no la insertamos por su demasiada extensión, 
pero cuyo sentido ya hemos insinuado, dirigió á los 
Vicarios el auto que va en seguida, incitándoles 
juntamente con su clero, á cooperar con donativos 
para reunir recursos para el sostén del escuadrón 
que debía efectuar la entrada al Chaco. 

Todo es importante, lodo revela la gran previsión 
del prelado, cuyo desenlace no tardará en conocer 
el lector. 



— 284 — 

Mientras tanto léase el auto. 

«En la ciudad de San Salvador de Jujuy á veinti- 
siete días del mes de Julio de 1735 años^ el Iltmo. 
señor D. José de Cevallos, el Caballero, mi señor» 
del Orden de Santiago, Obispo de Córdoba, Provin- 
cia del Tucumán del Consejo de su Magestad^ etc. 

«Dijo que por cuanto esta dicha Provincia se ha 
reducido al último extremo de perderse con ruina 
inmediata de sus cinco principales ciudades, por 
haber quedado ya de frontera y expuestas al primer 
asalto, abandonados y despoblados sus territorios 
con los muchos muertos, cautivos, robos y destro- 
zos, causados por los inñeles, y que está en suma 
necesidad por la pobreza de sus habitadores, sin que 
se alcance ni discurra de donde subvenir á los gas- 
tos que se han de necesitar para una entrada ligera 
de todas las dichas ciudades á sus tierras, que es 
preciso hacer en esta primavera á fin de contener 
el orgullo, soberbio y victorioso ímpetu del ene- 
migo, porque de omitirlo es irremediable se dejen 
perder y arruinar algunas de las dichas ciudades 
referidas, con muerte, cautiverio de sus vecinos, 
porque aunque se haga repartimiento, según están 
de atrasados y pobres, no puede sufragar á tanto 
como se necesita para municiones, bastimentos y 
remontas; y atendiendo á (]ue la causa es pública 
y común, y muy principalmente interesado en ella 
el estado eclesiástico en la pérdida que experimenta 
de muchos curatos, capellanías, patrimonios, obras 
pías y en las rentas decimales, de suerte que en 
tres años ha bajado á la mitad la corta del obis- 



— 285 — 

pado; y atendiendo asimismo á que es un bárbaro 
infiel el enemigo, que hace esta guerra, y que en 
su poder y servidumbre son infinitos los cautivos 
que desertan de nuestra santa fe católica, que se 
vuelven tan infieles y bárbaros como ellos, y tan 
enemigos 6 más, por más prácticos de estos para- 
jes, como sucedió el año pasado con una mujer de 
Santiago del Estero, que habiéndola recobrado, des- 
pués de diez ó doce de cautiva, se reconoció ha- 
bérsele olvidado el ser de cristiana y conocimiento 
de la existencia de Dios. Por tanto, v siendo esta 
causa tan urgente, común y de pública utilidad, y 
tan del servicio de Dios y de su Majestad, man- 
daba y mandó, que para la entrada, que se necesita 
y desea se haga para primero de Noviembre, todos 
los eclesiásticos de este obispado concurran con al- 
gún donativo, el mayor que pudieren, y que los 
Vicarios foráneos contribuyendo respectivamente 
por su parle, se lo hagan notificar, y cobren lo que 
hubieren de dar, entregándoles recibo si lo quisieren, 
y haciendo memoria y lista muy particular de lo 
que cada uno diere, remitiéndola á S. S. Iltma. 
que atenderá en todo lo que se ofreciere de su 
adelantamiento é informes á su Majestad, á los que 
se esforzaren y señalaren en el celo de socorrer 
semejante necesidad; y lo que así se juntare y re- 
cogiere en plata ó especies lo entregarán á la dis- 
posición del Cabildo, Justicia y Regimiento de la 
ciudad de cada uno de dichos Vicarios, tomando 
recibo, y su S. Iltma. de parte de Dios y de su Real 
Majestad exhorta y requiere, y de la suya ruega 



— 286 — 

y encarga á las sagradas religiones y muy R. R. 
Prelados superiores y locales de ellas, concurran 
por su parte, según su posible, como que la nece- 
sidad es extrema y común. Y los Vicarios se lo 
harán saber, y en Córdoba se ejecutará y cumplirá 
por el Provisor y Vicario General, y ios referidos 
Vicarios harán también saber á los referidos Ca- 
bildos de la dicha ciudad de Córdoba v demás de 
la Provincia, el exhorto que irá con cada uno de los 
transcriptos de este auto. Y así lo proveyó, mandó 
y firmó — José, Obispo de Córdoba — Ante mí: Dr. 
Ángel Manuel de Quintana, Secretario». 

Verificada la subscri|)ción en Salta, entre los sa- 
cerdotes residentes en la ciudad, cuyo resultado es 
el mismo que consignamos en el capítulo VII, el 
Vicario Castellanos dio entero cumplimiento á las 
disposiciones del auto diocesano, y con fecha de 27 
de Agosto pudo escribir al obispo, que estaba toda- 
vía en Jujuy, los párrafos siguientes, que copiamos 
de su oficio. 

Transcribimos tan solo lo pertinente al asunto, 
(dlustrísimo señor: 

((Acompaño á ésta el exhorto, autos y obrados, y 
demás diligencias con el tanto del acuerdo que en 
su virtud hizo este Cabildo en orden á la entrada 
dispuesta por V. S. Iltma. se haga á 1« de Noviem- 
bre, y por ellas verá lo gustoso que quedan, esfor- 
zándose todos á más de lo que pueden, y con vivos 
deseos de cumplirlo, no siendo menor el gusto y 
agradecimiento de todos los vecinos, insinuándome 
en particular con estas vo'^es: ((así lo mereciésemos 



— 287 — 

por nuestro Capitán General, como todos nos esfor- 
záramos á seguirlo, y perder nuestras vidas, siendo 
un príncipe tan benigno y generoso que no mira á 
otro fin sino al de nuestra propia conveniencia», de 
que no tengo poco gusto y vanagloria del común y 
general aplauso de V. S. Iltma. con aquella reve- 
rencia y estimación que se ha granjeado, que mi- 
rándonos Dios con suma piedad, ha retardado sus 
tan merecidos ascensos para aliviar á esta abatida 
y perdida Provincia. 

«Luego le remití los testimonios á Francisco Car- 
vajal, escribiéndole se esforzase, y que también se 
|0 hiciese saber al Dr. Cabral; no dejará de hacerlo, 
pues es buen caballero, y el otro cura de Calchaquí 
llegará muy en breve, y con sus respuestas daré 
cuenta á V. S. Iltma., quedando aquí minuta de 
todo lo ofrecido. 

«Guarde Dios la persona de V. S. Iltma. y pros- 
pere por muchos años. ~ Salta y Agosto 27 de 
1735. — Maestro Francisco Castellanos.» 

Pocos días habían pasado después de esta carta, 
y como se aproximaran las grandes fiestas secula- 
res del Milagro en Salta, el obispo vino á esta ciu- 
dad para oficiar en ellas. 

Llegó el día 11 de Septiembre, y conjuntamente 
con su arribo llegaba también la fatal nueva de un 
asolamiento general llevado á cabo por los salvajes 
á tres fuertes: de Balbuena, Cobos y San José, oca- 
sionando muertes en todos ellos. 

Los salvajes adelantaron el golpe que se les pre- 
paraba, y lo dieron con tal seguridad que queda- 



— 288 - 

ron dueños del campo. Dominado el fuerte de Santa 
Ana de Cobos y arrasadas todas las casas y estan- 
cias cercanas^ pasaron á poner asedio á esta ciudad. 
El 15 estaban en sus inmediaciones. 

Visto el peligro inminente por el iltmo. obispo, y 
como la gente preparada de antemano estaba lista 
en este día, como lo dispuso el Cabildo, hizo una 
alocución á ella y la despachó^ ofreciéndose él mis- 
mo á incorporarse á la expedición. Nadie esperó 
que el ofrecimiento se cumpliera tan pronto; pero 
el obispo como hombre de palabra, lo era también 
de obras, y mandó enganchar su carretón de viaje 
en presencia del Cabildo y del pueblo reunido. 

El iltmo. obispo era caballero de la Orden de 
Santiago y estaba dotado de una gran voluntad: 
nada temía; antes al contrario, dirigiendo personal- 
mente la batida á los indios salvajes, la gente se 
encontraría más animosa. Contra ruegos é instan- 
cias que se le opusieron, salió ese mismo día por la 
tarde con la gente. 

El Cabildo deliberó, y unido á todos los superio- 
res de las órdenes religiosas, al día siguiente fué 
en alcance del obispo. Nuevas representaciones se 
le hicieron é instado á una por todas, su espíritu 
animoso encontró prudente condescender y re- 
gresó. 

De una carta del mismo obispo, de fecha 4 de 
Noviembre de aquel año, dirigida al Virrey de Bue- 
nos Aires, marqués de Castelfuerte, tomamos el 
dato, carta que hemos insertado en el capítulo V, 
in extenso. 



— 289 — 

Como el lector ha visto en ella, el obispo hace esta 
lacónica relación que no trepidamos en reproducirla 
«n este lugar. 

((Cuando llegué de vuelta á esta ciudad, que fué 
-el 11 de Septiembre, concurrió la noticia de que los 
enemigos habían hecho algunas muertes en todos 
los tres fuertes de Balbuena. Cobos y San José, y 
decirse que estaban inmediatos á esta ciudad, y 
teniendo por preciso que se saliese en su alcance, 
hize una plática á la gente que salió á acompañarme 
con el Teniente, en ocasión de agradecerles el tra- 
bajo, y despacharlos exhortándolos á ello, y ofre- 
ciéndome á acompañarlos en persona, en su misma 
presencia mandé prevenir caballos con traje de cam- 
paña, y lo demás necesario; y con efecto salí el día 
15 por la tarde; pero habiéndome repetido el Ca- 
bildo sus representaciones y los Prelados de las 
Religiones, y salido los capitulares el día siguiente 
á traerme, me hube de volver desde el primer alo- 
jamiento.» 

Los salvajes fueron batidos; el peligro se alejó; 
pero las ruinas de la irrupción quedaron como un 
acontecimiento de las mayores desgracias. 

Con toda probabilidad el asalto al fuerte de Cobos 
fué cometido en la noche del 10 de Septiembre, por 
que los fugitivos trajeron la noticia al día siguiente 
á Salta. Los salvajes tuvieron cuatro días comple- 
jos para ensañarse y asolar las casas, estancias y 
granjas de aquellos parajes, desde el día 11 hasta 
el 14, puesto que el 15 ya estaban en las cercanías 
.de esta ciudad. 



— 290 — 

La estancia de la Viña sufrió el mismo asalto; 
fué una de las víctimas y trofeo codiciado por los 
bárbaros: todo quedó asolado é incendiado como 
era de costumbre hacerlo. Allí estaba la capilla de 
la Virgen; allí la imagen venerada por tantos años. 
La capilla aun sin terminarse fué presa de las lla- 
mas; una ñgura de mujer se destacaba en medio de 
aquel chisporroteo producido por el fuego. Inmóvil 
la imagen, esbelta como es, con un hermoso Niño 
en los brazos, fué observada por los salvajes. Uno 
preparó su arco y tiró; la flecha fué á clavarse unas 
líneas más arriba de la frente; volvió á tirar, la 
|)untería siempre certera dio otra vez en el blanco; 
tiró por tercera vez y la flecha se clavó en el carrillo 
izquierdo de la cara. 

Como la imagen que se tomó por mujer humana 
no cayese y conservara su primitiva actitud, el sal- 
vaje se lanzó hacia ella y la derribó tomándola de 
los vestidos. 

La sangre corría de las heridas, por lo que el 
salvaje creyendo tener por delante un ser vivo se 
dispuso á degollarlo, lo que efectivamente ejecutó 
sin conseguir separar la cabeza del cuerpo. La san- 
gre segía manando; pero el indio, sea por temor 
ó por lo inexplicable del suceso, la abandonó así, 
llevándose una india que presenció el acto salvaje, 
cautivo al Niño Dios. 

Durante ocho ó nueve años permaneció el Niño 
en poder de la india, no obstante las grandes dili- 
gencias que se hicieron para rescatarlo. 

Cuenta la tradición que la india cautivadora del 



— 291 — 

Niño, después de obtenido el rescate de éste, se 
hizo cristiana^ como una gracia que Dios le había 
otorgado misericordiosamente. 

Los detalles del suceso los hemos tomado de la 
tradición que aún se conserva, á través de los años, 
muy fresca en personas ancianas que la oyeron de 
sus antepasados, y muchos de los puntos se hallan 
consignados en una información mandada levantar 
por el actual .obispo monseñor Linares para com- 
probar la verdadera imagen primitiva. 

En las páginas del memorial trunco que mencio- 
namos al principio de este capítulo, de la historia 
de la Virgen de la Viña, para dejar constancia de 
los sucesos que acabamos de referir, aunque son 
las dos primeras del escrito, allí se insinúa el pro- 
pósito principal que movió á su autor: «para que 
los devotos queden enterados de los acasos dolo- 
rosos, ó por mejor decir, altos juicios de Dios, 
experimentados ó sucedidos en la santa imagen de 
esta Purísima Señora, motivo por el cual está hoy 
trasladada á esta ciudad, en donde sus devotos go- 
zan el consuelo de tener más inmediato este archivo 
de las misericordias del Señor, en donde las hallan 
abundantes por medio de su poderosa intercesión. 
Este memorial, escrito á raíz de los sucesos, es fuera 
de toda duda que ha sido otra de las fuentes que 
narran los sucesos descriptos. 

La translación de la imagen á esta ciudad se ve- 
rificó después del acto de profanación salvaje. Una 
pequeñísima capilla se le edificó, humilde y sencilla 
al principio; más tarde ensanchada y decorada por 



— 292 — 

-el español D. Manuel Martínez, hasta que pudo le- 
vantarse el magnífico templo que hoy tiene, verda- 
dero monumento de arquitectura. 

Es al esfuerzo de la fe y de la piedad cristiana 
de las damas salteñas, á quienes se debe tan es- 
pléndida obra, como una reparación de los ultrajes 
inferidos á la Santísima Virgen en su imagen de la 
Viña, con cuyo nombre se ha dedicado el templo 
actual. 

Debemos rectificar lo que escribimos en las pá- 
ginas 80 y 81 de la Historia de las Imágenes del 
Milagro, acerca de la fecha de ios sucesos ocurri- 
dos á la Virgen de la Viña, hoy mejor informados 
con la documentación que hemos compulsado. Allí 
digimos que el caso debió producirse en el intervalo 
de 1702 á 1709 por el mes de Febrero, lo cual, 
como se ha visto, aconteció en Septiembre de 1735. 

La depredación salvaje llevada á cabo en aquella 
época, de 1702, seguramente no alcanzó al paraje de 
Viña, lo que confirma la creencia, ó mejor el hecho, 
de no haberse intentado mal alguno en ese lugar 
por las tribus del Chaco. Igual rectificación merece 
respecto al tiempo que permaneció cautivo el Niño: 
en lugar de seis meses que consignamos al final 
de la página 81, la tradición consultada es conteste 
en que fueron de ocho á nueve años, como última- 
mente dejamos escrito. 

Insertamos las dos páginas del memorial por tra- 
barse de un documento, aunque trunco, coetáneo á 
la época en que se produjeron los acontecimientos 
de la Virgen de la Viña. 



— 293 — 



MEMORIAL 

de la 

DBYOCIÓN Y CULTO QUE TRIBUTA ESTA CIUDAD 

Á LA Santísima Madre de Dios 

CON EL título D£ CANDELARIA EN SU SIMULACRO. 

«Compele al deseo para hacer una breve descrip- 
ción histórica de su principio y progreso hasta el 
presente estado que hoy tiene, coq la cual se satis- 
fará la ansia de sus devotos, para que se enfervo- 
ricen nnás en su veneración y queden enterados de 
los acasos dolorosos, ó por noejor decir, altos jui- 
cios de Dios, experimentados ó sucedidos en la 
santa imagen de esta Purísima Señora, motivo por 
el cual está hoy trasladada á esta ciudad, en donde 
sus devotos gozan el consuelo de tener más inme- 
diato este Archivo de las misericordias del Señor, 
en donde las hallan más abundantes por medio de 
su poderosa intercesión. 

((Dista de esta ciudad como cosa de ocho leguas 
á la parte naciente, un pago ó paraje llamado la 
Viña, cuyo nombre tomó por la que algún tiempo 
hubo en él, y fué propio de los Fernandez Pedroso, 
familia antigua de esta ciudad, y que hoy subsisten 
rtiuy propagados en ella. Aquí, pues, de tiempo in- 
memorial se veneraba á esta Sacratísima Señora en 
una casa fabricada en lugar elevado ó ribazo pe- 
queño, y aquí era el concurso más de los habitantes 
de esta ciudad á celebrar el Octovario de sus festi- 
vidades desde el día 2 de Febrero, repartido entre 
varias clases y gremios de personas, siendo los in- 



— 294 — 

dios naturales los que se esmeraban con gran fausto 
y magnificencia los días que tenían señalados, y 
ciertamente parece que esta Santísima Señora se 
agradaba mucho de las demostraciones de devoción 
que la manifestaban estos pobres ; lo que no tiene 
duda es que en ellos, más que en otros, se ha con- 
servado constante esta devoción, y aún diremos con 
toda certeza que á ellos se debe en la mayor parte 
el culto fervoroso-que hoy tiene en esta ciudad, como 
más adelante se expresará; 

«No solo en estos días, sino también en otros del 
año era frecuentado este templo de varias personas 
que iban á cumplir sus votos y promesas hechas á 
esta Santísima Madre por los beneficios recibidos 
de su mano, ó para impetrar los que deseaban con- 
seguir. 

«El como ó de que manera vino esta santa ima- 
gen á esta jurisdicción de Salta, no se sabe; lo que 
sí consta por tradición de personas respetables y 
deposición de los Fernandez, es que fué traída de 
España de la Provincia de Extremadura, pero se 
ignora como fué su conducción á estos reinos y 
parajes, aunque su sola presencia nos abre un cam- 
po grande para dilatar el discurso. Sin embargo, 
es una conjetura racional y fundada, si atendemoé 
al fin ó como otras imágenes, principalmente de la 
Madre de Dios, fueron transmigradas de aquellos 
reinos de España á estos. 

«Es cierto que conforme se iban conquistando 
estos dominios, sacando á sus naturales de la infi- 
delidad y sujetándolos al suave yugo de la Santa 



— 295 — 

Iglesia y de nuestros monarcas, aquellas piadosas 
reinas y principales señoras se esnneraron en pro- 
veer de imágenes para colocar en los templos que 
se fuesen fabricando para la veneración y adoración 
de los fieles, y, de la misma manera, de ornamentos 
sagrados para el santo sacrificio de la misa y de- 
más funciones eclesiásticas, recordando la imposi- 
bilidad de éstas providencias necesarias en unas 
tierras que se hallaban al principio de su conquista, 
¿pues porque no se ha de hacer juicio de que esta 
santa imagen sería una de las que la piedad de 
aquellas reinas y señoras remitieron? 

«Es constante que á las diligencias de la Reina 
D*^ Isabel la Católica se debe la empresa del descu- 
brimiento de las Indias, mediante los auspicios con 
que fomentó á Cristóbal Colón y que continuó con 
ellos para el logro de su conquista, siendo uno de 
sus mayores empeños proveer á la preparación de 
la fe y culto de las iglesias, ilustrándolas con imá- 
genes sagradas de que hay muchos ejemplares así 
en este reino como en el de Nueva España. Tam- 
bién hace mucho al caso para la prueba en que es- 
taraos, la consideración de los sujetos conquistado- 
res de este reino: es cosa indubitable que lo fueron 
los Pizarros y Almagros y aquellos fundadores de 
la ciudad de Lima, y que así unos como otros fue- 
ron Extremeños, en cuya compañía pasaron y asis- 
tieron muchos paisanos suyos, dándole á la ciudad 
de Truxillo el mismo nombre de Truxillo por ser, 
como dicen, muy parecida á la que está en Extre- 



— 296 — 

madura, patria de muchos de estos insignes con- 
quistadores. 

«No hay duda que éstos, sosegadas las turbulen- 
cias de la conquista, se fueron propagando, hacen- 
dándose y estableciéndose por todo el reino, y que 
conservaron y mantuvieron la comunicación y trato 
con sus parientes y paisanos extremeños en Es- 
paña, y es natural que fundando estas provincias y 
erigiendo capillas en sus heredades y estancias, 
ocurriesen á España por las santas imágenes para 
darles culto en ellas, respecto á la difícultosa pro- 
videncia que habría en aquelles tiempos, de las que 
su devoción les inspiraba. 

((Por qué, pues, no sería esta santa imagen de la 
Candelaria una de las que la piedad de estos ñeles 
harían traer de España, mayormente cuando es tra- 
dición constante que vino de Extremadura? 

((Sea como fuese su tránsito á esta jurisdicción y 
paraje de la Viña, lo cierto es que este felicísimo» 



Hasta aquí las dos páginas del memorial trunco. 
Sensible por demás es la destrucción de este escrito 
porque nos priva de conocer la parle más intere- 
sante, con todos sus detalles, de los hechos que se 
atribuyen á la imagen de la Viña, y los aconteci- 
mientos últimos que dieron motivo á su translación, 
narrados cuando aún estaba fresca su memoria, v 
los hechos eran conocidos hasta en sus más peque- 
ños pormenores. 



CAPÍTULO XI. 



La Virgen del Incendio 



Sumario:— Sorpresa agradable— Una carta del P. Hernández- 
Relato sobre el suceso de la Virgen del Incendio- 
Hecho milagroso— La imagen en Cervera -Grandes 
cultos en su honor— Otros detalles— Siglo de luchas 
para Salta— Contra las tribus del Chaco— Veracidad 
de un relato— Otros asaltos análogos— Historia del 
suceso— Granja donde pudo verificarse— Documenta- 
ción y pruebas en Cervera— Colocación de la imagen 
en su camarín— Dimensiones de la imagen -Homenajes 
de la ciudad— Cultos solemnes— Propaganda de devo- 
ción á la Virgen del Incendio— Cesación de los cultos- 
Desaparición de la imagen— Decreto del Obispo de 
Solsona que autentica el milagro. 



Puede imaginarse el lector la grata sorpresa que 
tuvimos, cuando al hallarnos revolviendo los pape- 
'es viejos del archivo del obispado, recibimos una 
carta del P. Pablo Hernández S. J., cuyos párrafos 
principales nos sirven de introducción á este capí- 
tulo, en la cual nos comunicaba una verdadera no- 
vedad de que no teníamos la más pequeña noticia. 

El conciso relato que nos hacía, tan interesante 



— 298 — 

en todos sus detalles, redobló nuestro empeño en 
la prolijidad del examen de los viejos legajos, á fin 
de encontrar algún rastro del acontecimiento, pro- 
ducido en las inmediaciones de la ciudad de Salta, 
en la mitud del siglo XVIII. Demoramos algunos 
días la respuesta; pero, por desgracia, nada halla- 
mos, ni después, y acusamos recibo al distinguido 
padre, que nos proporcionó la tan grata noticia so- 
bre la Virgen del Incendio de Salta. 

Comienza asi la referida carta : 

«La ocasión de escribir á Vd. es para comuni- 
carle lo que hasta ahora tengo averiguado sobre 
una imagen milagrosa de la Inmaculada en Salta, 
lo que podrá tal vez servir para hacer más fervo- 
rosas las fiestas que ustedes celebren á tan digna 
Señora en este jubileo, y para que me participe 
Vd. á su vez si alguna noticia más se pudiese ad- 
quirir. 

c(En dos libros impresos del siglo XVIII hallé 
relatado el hecho: hice diligencias en España y de 
allí me han enviado varias cosas, y de todo el con- 
junto resulta ya averiguado lo siguiente: 

«El año de 1745 dieron los indios vsalvajes un 
asalto á la provincia, invadiéndola en número de 
hasta mil: llegaron á tres leguas de Salta: saquea- 
ron, mataron é incendiaron, llegando ó 400 el nú- 
mero de las víctimas entre muertos y prisioneros 
que se llevaron. Entre los edificios que se quema- 
ron en la campaña, fué uno la granja de los jesuítas 
(ignoro el nombre), distante tres leguas de la capital. 
En una choza de allí, que estuvo ardiendo diez y 



— 299 ^ 

ocho horas seguidas^ había una imagencita de la 
Inmaculada de medio palmo de alto: y con ser tan 
largo el incendio, y la estatua hecha de madera, que 
que por añadidura era de madera resinosa, y así 
más apta para el fuego, !o único que permaneció 
ileso en aquel gran incendio fué la estatua de la 
Virgen. Tuviéronlo todos por gran milagro, y mila- 
gro propio para declarar el mismo misterio de la 
Inmaculada Concepción, en que del universal incen- 
dio de la culpa quedó ilesa la Santísima Virgen. 
— «Habiendo ido á parar aquella imagencita á ma- 
nos del P. jesuíta Vicente Sans, y sabiendo él que 
su profesor de Filosofía en la Real Universidad de 
Cervera en España, P. Pedro Ferrusola, insigne 
devoto de la Virgen, labraba una capilla para la 
Inmaculada, se decidió á enviarle la imagen prodi- 
giosa. Recibióla el Padre con júbilo; y presentados 
los testimonios auténticos ante el obispo, dio éste 
un decreto con que autorizaba la publicación del 
milagro y el culto público de la imagen bajo el tí- 
tulo de Virgen Inmaculada del Incendio. Hízose 
gran fíesta para ponerla en la capilla, concurriendo 
ó la procesión toda la ciudad de Cervera.» 

Este es en compendio el acontecimiento sutíedido 
en las inmediaciones de la ciudad de Salta^ encon- 
trado digno de ser declarado como un hecho mila- 
groso por el iltmo. obispo de Solsona, veinte años 
más tarde, ó sea en 1765. 

El Padre Hernández ha publicado numerosos de- 
talles y noticias en la «Revista Eclesiástica del Ar- 
zobispado», de donde tomamos el Decreto Episcopal 



- 300 — 

y los demás datos que forman la historia de la Vir- 
gen del Incendio. 

Aunque, como hemos dicho, nada encontramos 
referente al suceso de que se trata; en cambio está 
probado que, con pequeños intervalos, todo el siglo 
XVIII fué de lucha, particularmente para Salta. 
Así se vé por las disposiciones diocesanas adopta- 
das, ya de los señores obispos, ya de los Vicarios 
Capitulares, en repetidas providencias, ordenando 
preces públicas por la cesación de los asaltos de los 
enemigos infieles. 

En 1746 Salta estaba en armas contra las tribus 
del Chaco, en el gobierno de D. Juan Alonso Es- 
pinosa de los Monteros, y no sería aventurado 
juzgar que ello tenía por causa la irrupción del su- 
ceso del año anterior. 

El relato de un testigo presencial, el Padre Fran- 
cisco Javier Miranda, cuyas palabras cita el P. Her- 
nández, no puede ser más verídico, al describir la 
situación peligrosa en aquella época y muy agitada 
para las ciudades españolas: él es un retrato fiel 
de las irrupciones salvajes, y análogo á las des- 
cripciones existentes de otras, en ocasiones más ó 
menos cercanas á la de 1745. 

El asalto de 5 de Enero de 1735, que narra el 
P Lozano, coincide casi en un todo con los prin- 
cipales detalles del hecho de 1745, pues solo dis- 
crepa en la distancia de la ubicación de la granja 
de los Padres Jesuítas. El número de víctimas 
hechas por los salvajes, su coraje, la multitud de 
asaltantes y la manera de ensañarse con aquéllas, 



1 



— 301 — 

en todo esto hay mucha similitud entre uno y otro 
suceso. Llegaron los salvajes hasta Sumalao, ha- 
ciendo fechorías, de donde no dista mucho la anti- 
gua granja del «Bañado» que fué de los Padres, 
pero distante de ocho á diez leguas de la ciudad de 
Salta. 

Seguramente la irrupción de 1745 se produjo con 
la misma facilidad y ferocidad que las anteriores de 
5 de Enero y 10 de Septiembre de 1735, de las cuales 
ésta última dio ocasión á los sucesos de la Virgen 
de la Viña, de que nos ocupamos en el capítulo 
respectivo. 

Por lo demás, el relato del testigo presencial ya 
citado, dice así: 

((Los bárbaros habían tomado tanto ascendiente 
sobre los españoles, y éstos se hallaban tan cons- 
ternados por los continuos estragos que hacían en 
las vecindades, y casi á vista de las ciudades, que 
apenas se atrevían á alejarse media legua de ellas. 
Los Guaycurus, los Abipones, los Tobas, los Mo- 
covis, los Chiriguanos, los Mataguayos y otras 
naciones infieles corrían libremente por las comar- 
cas de las ciudades españolas, y aun se presentaban 
á la vista con aire de provocación y desafío. Tala- 
ban sus campos y sementeras; pegaban fuego á las 
mieses, mataban ó cautivaban á toda la gente de 
campaña; robaban los ganados y los arreaban á sus 
bosques; se apoderaban de cuanto trajinaban los 
comerciantes, cortando la cabeza á toda la gente 
del convoy». 

Aunque no desesperamos de encontrar, hasta úl- 



— 302 — 

tima hora, otros datos que se aproximen al suceso, 
de las investigaciones verificadas queda averiguado 
que una de las granjas más próximas á esta ciu- 
dad, perteneciente al Colegio de la Compañía, fué 
el actual paraje de San Lorenzo, hoy lugar veraniego, 
muy pintoresco por su posición, los bosques y la 
quebrada del mismo nombre que dulcifica su clima, 
recostado sobre la vertiente oriental de la cadena 
de montañas que corre por el occidente, no dis- 
tante más de dos leguas de la ciudad. 

Pero, para que haya podido verificarse el suceso 
en este lugar, hay el inconveniente de estar situado 
al lado opuesto de la entrada de los salvajes del 
Chaco, circunstancia muy atendible para pensar que 
el hecho no pudo producirse en San Lorenzo. 

Adelantando más en nuestras investigaciones, re- 
cogemos este otro dato de la ubicacipn de otra 
granja perteneciente á los Padres, situada en el 
paraje de la «Isla» y distante tres leguas próxima- 
mente de la ciudad hacia el sud. 

Es muy probable que en esta granja de la dlsla» 
se produjo el hecho del asalto salvaje, que dio lugar 
al acontecimiento de la Virgen del Incendio. Este 
paraje era conocido por los indios, quienes burlando 
la vigilancia del Fuerte de Cobos ó de Santa Ana, 
pudierorj penetrar fácilmente hasta la «Isla», y aun 
más acá, como lo hicieron el 5 de Enero de 1735, 
llegando hasta Sumalao por el mismo camino. 

Esto, pues, parece lo más verídico. 

Son por demás interesantes las páginas escritas 



~ 303 — 

por el P. Hernández en la «Revista del Arzobispado» 
acerca del suceso de la Virgen del Incendio. 

Producido el hecho en Salta y llevada la Virgen 
á Gervera á manos del Padre Pedro Ferrusola con 
la documentación que la autenticaba, el referido 
Padre presentó sus instancias al obispo para el 
levantamiento de la información jurídica, que llegó 
á finalizarse con abundancia de pruebas y testimo- 
nios verídicos de todo género, hasta la declaración 
de hecho milagroso, sancionado con el decreto de 
la autoridad episcopal. «Dispúsole, dice el P. Her- 
nández, nicho en la capilla de la Inmaculada que 
por entonces edificaban los Jesuitas, en su nueva 
iglesia, y vio colmados sus deseos cuando pudo 
celebrar en aquella capilla y con la imagen ameri- 
cana los obsequios que le dedicaron los fervorosos 
habitantes de la ciudad de Gervera, con todo el clero 
y la Universidad en corporación». 

La estatua de la Virgen medía de diez á once cen- 
tímetros y era de madera, representada en el mis- 
terio de su Purísima Concepción. «Para esta imagen 
tan diminuta se previno en la misma capilla de la 
Inmaculada, agrega el Padre Hernández, un relica- 
rio proporcionado que la contuviese, colocándolo en- 
tre la gradería del altar, á la manera que se ponen 
los tabernáculos». 

«Día grande para la ciudad de Gervera iba á ser el 
l^ de Diciembre de 1765». 

«Hízose aquel día solemnísima fiesta por la ma- 
ñana, con una |)rocesión la más numerosa y bri- 
llante que se hubiese visto allí en muchos años. 



— 304 — 

Iban en ella los moradores ordenados por sus gre- 
mios y clases, los jóvenes congregantes alumnos 
de la Universidad, los doctores y maestros que 
formaban el claustro académico^ y á lo último la 
Reverenda Comunidad de sacerdotes de la igle- 
sia Matriz. (1) De esta manera, con inexplicable 
regocijo de aquellos ciudadanos y singularísimo 
consuelo de todos, fué conducida en triunfo la ima- 
gen americana del milagro por las calles de la ciudad, 
hasta llegar á la iglesia de la Compañía y é la capi- 
lla que le estaba destinada. Allí se celebró la Misa 
solemne en que ofició de Preste un señor Canónigo, 
asistiéndole otros dos, todos ellos enviados de pro- 
pósito para el acto por el iltmo. señor Mezquia des- 
de Solsona, y predicando el P. Ferrusola al nume- 
roso concurso acerca de las glorias de la Santísima 
Virgen» 

Debido á la piedad y devoción del P. Ferrusola 
se vio extendido el culto de la Virgen del Incendio, 
de la cual hizo sacar estampas para propagarlo más, 
consiguiendo que se fundase una fiesta anual en 
honor de la Virgen americana. A poco, llegada la 
nefasta fecha del extrañamiento de los Padres de 
la Compañía, cesaron los fervorosos cultos instituí- 
dos para honrar á la Santísima Virgen, y más tarde, 
en 1769, la sagrada imagen fué extraída de su ca- 
marín, no conociéndose su paradero hasta la época 
presente. 

Léase ahora el interesante auto episcopal del 



(1) Peramas, Vincentlns S&ns, citado por el P. Hernindes. 



— 305 — 

iltmo. obispo de Solsona que confirma el suceso y 
lo declarü como verdadero milagro, publicado en 
aquel tiempo en su texto latino y versión castellana 
por la imprenta de la Universidad de la ciudad de 
Cervera. 

Decreto del Obispo de Solsona en que autentica el 
prodigio^ é identidad, y promueoe el culto y devo^ 
ción de la Virgen del Incendio. ^^^ 

«Nos Don Fr. Joseph de Mezquia, Ex-General de 
toda la Real y Militar Orden de la B. S. de la María 
de la Merced Redención de Cautivos, por la Gracia 
da Dios, y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de 
Solsona, y del Consejo de su Majestad, etc. 

«Haviéndonos los Religiosíssimos Podres de la 
Com()añía de Jesús de San Bernardo de la Ciudad 
de Cervera en esta nuestra Diócesi, erí un memo- 
rial que presentaron, expuesto, que este año les ha- 
bía sido trahida de Indias Occidentales una sagrada 
imagen de la Santíssima Virgen María, Madre de 
Dios en el Myslerio de la Puríssima Concepción, 
de escultura hermosa, y devota, para que la colo- 
caran en la Capilla de la misma Puríssima Concep- 
ción, que hay en la Iglesia de su Colegio; en la cual 
imagen, en el año de mil siete cientos cuarenta y 
cinco, cerca de la ciudad de Salta de la Provincia 
del Tucumán en la America Meridional de España, 
en una granja, que pertenecía al Colegio, que en 



(1) Revista Eclesiástica del Arzobispado, número 48, correspondiente 
á Diciembre de 190i. 



— 306 — 

aquella ciudad tiene la Compañía de Jesús, havfa 
obrado Dios un nuevo y grande milagro; es á sa- 
ber que Iq misma sagrada imagen, siendo solamente^ 
sin los adornos, de medio palmo, y de una madera 
odorífera pingue, y muy combustible, no obstante 
por espacio diez ocho horas permaneció enteríssima 
en medio de un gran incendio, que había excitado 
una tropa de indios bárbaros é infieles, y que con- 
sumió todo lo demás que había en la granja; sin 
quedarle otro vestigio del incendio, que el salir un 
poco señalada, según se vé también ahora, del hu- 
mo, como para memoria del milagro: Haviéndonos 
también presentado la misma sagrada imagen, para 
este fin conducida con gran reverencia de su Cole- 
gio á Solsona, y presentado assi mismo algunos 
testimonios originales, que contestan aquel milagro, 
y que con la misma imagen havían sido traídos de 
Indias, y allí con grande aseveración: y para la 
cierta fe ¡mblica, havian sido escritos por muchos 
hombres graves, Sacerdotes y Religiosos, y entre 
ellos el testimonio escrito por él mismo, que, vién- 
dolo muchos, había sacado sin lesión alguna de 
en medio de las brazas ardientes de aquel incen- 
dio la sagrada imagen; y habiendo juntamente aña- 
dido sus testimonios, escritos también con grande 
, aseveración, y para la cierta fe pública, en los cua- 
les con muchas |)ruebas afirmaban, que de ningún 
modo podían dudar, que los testimonios enviados 
de Indias, eran de los que, puestos bajo sus nom- 
bres, se habían firmado en ellos, como tampoco, 
que la imagen, que les había sido trahida, y que 



- 307 — 

nos presentaban, era la misnia, de que hablaban 
aquellos testimonios: Haviéndonos finalmente ro- 
gado, que para mayor gloria de Dios, y de su In- 
maculada Madre, y para mayor edificación, y con- 
suelo del Pueblo Cristiano: si todas estas cosas, á 
nuestro parecer, bastemente constaban, también con 
nuestro parecer aprobáramos, y con nuestra Au- 
toridad autorizáramos, que se publicara un milagro 
tan grande; y que la misma sagrada imagen, como 
ilustrada por Dios con él, se propusiera á la pú- 
blica veneración, y adoracií3n de los fieles; y por 
cuanto havia sido milagrosamente preservada de un 
tan grande Incendio^ que se llamara, con nombre 
propio, la Madre de Dios, ó la Virgen del Incendio; 
Nosotros fuimos muy singularmente movidos de la 
gravedad de las cosas, que se contenían en el Me- 
morial. 

Por lo cual, antes de todo lo demás por Nosotros 
mismos, y por algunos doctores en sagrada teolo- 
gía, y en sagrados cánones, y por otros Hombres, 
píos, peritos y graves consultados sob»e eso, exa- 
minamos los testimonios, que se nos havían presen- 
tado, juntamente con toda la pretensión. Dimos 
también orden, que en forma judicial se hiciera lo 
mismo en nuestra Curia. Y haviéndose ejecutado 
assi con severidad, y diligencia, hicimos juicio sin 
tener duda alguna, en ello, que los mismos testi- 
monios, principalmente atendiendo las personas, que 
en un asunto tan grave, y con tanta aseveración 
los havían, escrito, hacían fe humana gravfssima, 
y que eran digníssimos, de que todos les dieran 



— 308 — 

essenso. Y observando a más de esto en los mis- 
mos testimonios muchas cosas, que mostraban la 
grandeza del milagro; y que un milagro de la pre- 
servación de un grande incendio, que había consu- 
mido todo lo demás, obrado en una imagen de la 
Madre de Dios, no como quiera, sino del Mysterio 
de su Puríssima Concepción, parecía una nueva y 
clara significación divina, de que la misma Madre 
de Dios fué preservada del Universal Incendio del 
Pecado original; y que parecía assí mismo consen- 
tir mucho con aquella grande Vision de la Zarza 
Ardiente, que havía visto Moyses Incombusta, y en 
la cual los Santos Padres han reconocido también 
á la Madre de Dios, y que la ha reconocido ella, 
lo canta la Iglesia; y que podía á más de esto el 
mismo milagro con la luz de In Sagrada Escritura, 
y de los Santos Padres, acomodarse con un modo 
semejante á otras interpretaciones pías, y graves: 
.con el pensamiento y verdad de todas estas cosas, 
creció mucho más en nosotros la admiración y 
conmoción. Y lo primero, con lodo el afecto del 
corazón, y con acción de gracias, las mayores que 
pudimos, dimos alabanzas al Poder, y Bondad de 
Dios, que aun en nuestros tiempos no cessa de 
obrar milagros para confirmarnos más de la Ghris- 
-tiana Piedad, y colmarnos por esta de todos los bienes. 
Renovamos después, también con todo el afecto del 
corazón, nuestros gozos de la Gloria, y Privilegios 
<Ie su Santíssima Madre; y por cuanto la misma 
imagen con tan grande milagro, y con significacio- 
nes sagradas nos representa tanto los mismos Pri- 



— 309 — 

vilegios, la adoramos con mayor veneración, postra- 
dos humildemente delante de ella. Pero volviendo 
ó más de ésto nuestro ánimo á las peticionas del 
Memorial; vimos claramente ser cosa muy justa, 
que á los Religiosfssimos Padres, que nos le habían 
presentado, concediéramos con benignidad lo qué 
tan pía y prudentemente nos pedían. Antes bien 
reconocimos que les debemos nosotros dar las gra- 
cias, de que con su virtud, y sabiduría lo hacen 
perpetuamente en todos sus demás ministerios; assí 
con esta nueva idea de promover el Culto de una 
tan sagrada imagen de la Madre de Dios, quieran 
fortificar más la Piedad de las Almas, que tenemos 
encomendadas, y estimularla, para que dé frutos 
más copiosos. 

Por todas estas cosas, pues, por tenor del pre- 
sente Decreto, á los mismos religiosíssimos Padres 
del Colegio de la Compañía de Jesús de San Ber- 
nando de la Ciudad de Cervera en esta nuestra 
Diócesis, á los cuales, assí como á toda la Compa- 
ñia de Jesús, por los esclarecidos y continuos mé- 
ritos de la misma Compañía para con la Santa 
Madre Iglesia, abrazamos con estrechíssima caridad; 
de consejo de dichos Doctores en Sagrada Teología 
y en Sagrados Cánones, y de los otros hombres 
píos, peritos, y graves; de muy buena voluntad con- 
cedemos todas las cosas que nos pidieron en su 
Memorial. Es á saber, aprobamos con nuestro pare- 
cer y autorizamos con nuestra Autoridad, que para 
mayor gloria de Dios y de su Inmaculada Madre, 
y para mayor edificación, y consuelo del Pueblo 



— 310 — 

Chrisliano; corno los mismos Padres religiosissimo- 
mente se explican; lo primero un tan grande mila- 
gro se publique como verdadero y como digníssimo 
de que todos lo crean. Lo segundo que aquella 
imngen de la Santíssima Virgen María Madre de 
Dios en el Mysterio de su Puríssima Concepción, 
que en este año les ha sido trahida de Indias, que 
nos han presentado y en que añrman que se hizo 
el milagro; como ilustrada, y consagrada de Dios 
con El, se proponga á la pública veneración, y ado- 
ración de los Fieles, y que de los mismos Fieles, 
ó bien á ella |)resentes, ó bien de ella ausentes, sea 
honrada con particular reverencia y devoción. Lo 
tercero, que por cuanto la misma imagen por aquel 
milagro fué sobrenaturalmente preservada de un 
grande Incendio |)or tantas horas y esto no sin sig- 
nificaciones sagradas, í|ue del mismo Incendio se 
sacan ó por él se explican; ella; ó |)or decir más 
claro lo que ya se entiende; como representada en ella 
la Divina Madre, que esté en los cielos y desde allí 
nos mira y nos oye, sea llamada é invocada, con 
nombre propio, la Madre de Dios, ó la Virgen del 
Incendio. 

Y considerando, que la Sagrada Imagen de la 
Madre de Dios, ó de la Virgen del Incendio, que 
ya por sí misma, y mucho más por su milagro pone 
tan claro á la vista de todos el Mysterio de la Pu- 
ríssima Concepción de María; por sucesos no espe- 
rados, y admirables, como también se ve en los 
testimonios, que nos han sido presentados, y por 
caminos de muchos millares de leguas, y desde casf 



- 311 — 

lo último de la América, ha venido á España; y que 
ha venido siendo aún reciente aguel celestial é ines- 
timable beneñcio, con que por las religiossfsimas 
súplicas de Nuestro Poderosísimo y Grande Rey 
Carlos Tercero, toda la Monarquía Española ha 
recibido del Vicario de Ghristo, Nuestro Santísimo 
Padre Clemente Decimotercio á la Madre de Dios 
por Principal Palrona en aquel Myslerio; con- 
siderando, decimos^ estas cosas: también ocupa 
nuestro ánimo el pensamiento y lo levanta la espe- 
ranza, de que esto ha sucedido por especial, y muy 
benéfica Providencia de Dios; es é saber, para que 
en la misma España, que es la parte más noble de 
toda la Monarquía, la devoción de todos para con 
el mismo verdaderíssimo Mysterio, con la oportuna 
celebración del nuevo milagro se ilumine, y encienda 
más. 

Pero, por lo que mira á que la Benigníssima Se- 
ñora haya querido colocar su assiento en Cervera, 
ciudad de nuestra Diócesi; en cuante esto toca 
privadamente á Nosotros, nos confessamos del todo 
indignos de tan grande honra. No obstante por el 
Oficio Pastoral, que aquí tenemos, no podemos por 
aquello mismo dexar de reconocernos muy espe- 
cialmente obligados, á establecer, y extender por 
todos los medios que podamos, la Devoción para 
con la misma Señora del Cielo, v de la Tierra en 
esta Venerable imagen suya, que en alguna ma- 
nera se ha dignado encomendar á nuestro cuydado. 
Y esta ha sido la causa, por la cual nos ha pare- 



— 312 — 

cido, que debíamos con alguna mayor extensión 
explicar las cosas en este Decreto. 

En el cual á más de lo dicho, rogamos á todos 
en el Señor, y exhortamos más especialmente á los 
que tenemos en nuestra Diócesi, que á la Santíssi- 
ma Virgen María Madre de Dios, aunque en otras 
tantas imágenes, y con tantos otros Títulos Glorio- 
sa; la veneren también mucho en esta sagrada ima- 
gen, y con este Gloriosíssimo Título, que con el 
sello, y vestigios de un tan gran milagro lleva im- 
preso la misma imagen: es á saber, r|ue la misma 
Puríssima Virgen, como Hija de Dios Padre, como 
Madre desde la eternidad escogida de Dios Hijo, y 
como Esposa de Dios Espíritu Santo, huvo de ser 
librada, y fué del todo libre del General Incendio del 
Pecado original: antes bien que ya en el instante de 
su Concepción, quebrantó la cabeza de aquella ser- 
piente, que con su aliento infernal havía excitado 
tian grande Incendio. Lo que si hicieren con devo- 
ción y perseverancia; esperen certíssimamente que 
por la Poderosíssima y Clementíssima Reyna; la 
cual no sólo es verdadera Madre de Dios, sino jun- 
tamente Misericordiosa Madre nuestra; serán tam- 
bién ellos librados del Incendio del Infierno, y de 
la Concupiscencia, y de todo fuego de Tribulación, 
que no les conviniere: y al contrario con perpetuos 
beneficios serán para la vida eterna fomentados y 
recreados, y aun encendidos de aquel inmenso In- 
cendio de Caridad, con el cual ella, ya también en 
el instante de su Concepción felicíssima y diviníssi- 



— 313 — 

mámente se abrasó. Porque, á más de serle muy 
agradable la devoción al Mysterio de su Puríssima 
Concepción; por cuanto este Mysterio no sólo la 
hace libre de tanta fealdad, y deshonra por tanta 
gracia, sino que también en cierto modo ya contiene, 
y maravillosamente exalta la Divina Maternidad y 
sus demás privilegios: y á más de serle más agra- 
dable, como también más debida de los Españoles; 
pues son en el mismo Mysterio sus Clientes, enco- 
mendados de su Hijo por el Vicario de éste: á más 
de todas estas cosas, decimos: no es posible, que 
la misma imagen consagrada con tan grande mila- 
gro, y enviada á nosotros desde tan lexos, y por 
Providencias tan singulares; no sea una Prenda Di- 
vina de írrandes v continuos favores. 

I para que la misma Piedad, que de todo corazón 
deseamos, se haga más pronta, y fervorosa; confia- 
dos en la Divina Bondad, y según nuestras facul- 
tades: á todos los que, ó con el cuerpo, ó en cual- 
quier distancia corporal, con el espíritu presente á 
la sagrada imagen de la Madre de Dios, ó de la 
Virgen del Incendio; hicieren oración devotamente, 
ó con la Salutación Angélica, ó con la Antífona 
Salve Regina, ó con cualquier otro piadoso afecto 
para con la Santísima Madre de Dios, concedemos, 
que todas las veces que lo hicieren, ganen cuarenta 
días de Indulgencia, y remisión de sus pecados. I 
es de nuestra voluntad, que en testimonio de todo 
lo que decretamos, se expidan estas Letras, que 
como á Nuestras firmamos de nuestra mano y se- 



— 314 — 

llamos con nuestro sello. Solsona en el Palacio de 
nuestra habitación, día veinte y uno del mes de 
Octubre, año del Nacimiento del Señor mil siete 
cientos sesenta y cinco. 

Fr. Joseph Obispo de Solsona. 



Por Mandamiento de mi Ilustrísimo Señor Obispo 
Antonio Cantons^ Presbítero Notario)). 



CAPÍTULO XII 



La Yirgeo de Lágrimas 



Sumario:— Enunciación ligera del suceso— Documentación re- 
producida—Hechos verificados— La Virgen como objeto 
de amor — Fiesta de las Nieves — Simbolismo de la 
nieve— Angustias y tristezas— Suceso producido— Re- 
petición del hecho— Inquirimiento de causas naturales 
—La estampa de la Virgen— Su procedencia- Exhorto 
del Cabildo al P. Rector acerca del suceso— Respuesta 
del R Rector— Relato in extenso del caso— Remisión 
de documentos - Comisión del Obispo— Repetición del 
suceso— Auto de Comisión- Abundancia de pruebas- 
Remisión del proceso— Certificación del Gobernador — 
Auto declaratorio del Obispo— Colocación Ae la ima- 
gen en la Catedral— Cultos anuales. 

Apenas enunciamos en la «Historia de las Imá- 
genes del Milaf?ro» el suceso de la Virgen de Lá- 
grimas, y nos concretamos á publicar en apéndice, 
por la premura del tiempo, los documentos relati- 
vos al acontecimiento. 

Como deseamos reunir todas las memorias, en un 



— 316 — 

solo cuerpo, de los acontecimientos que bordaron el 
siglo XVIII con relación á Salta, reproducimos aquí 
aquellos documentos que dan completa noticia del 
hecho. 

Hemos dejado comprobado ya que las manifesta- 
ciones de la Virgen del Milagro se produjeron én 
Septiembre de 1692; lo que se relaciona con N. Se- 
ñora de la Viña en 1735; lo de la Virgen del Incen- 
dio en 1745; y el acontecimiento de que vamos á 
ocuparnos actualmente lleva la fecha de 1749. 

Siempre es la Virgen, la madre cariñosa de los 
hombres, la que agita dulcemente el corazón hu- 
mano y se atrae los devotos afectos de la ciudad 
de Salta; ella la que recibe los cultos fervorosos de 
sus hijos, y lleva al corazón del hombre la saludable 
amargura de la penitencia con su ejemplo al inun- 
dar sus maternales ojos con lágrimas de tristeza. 

Bendita sea la gloriosa Virgen, Madre de Dios y 
de los hombres! 

Acercábase la festividad de las Nieves, que la- 
Iglesia celebra anualmente el día 5 de Agosto, con- 
memorando el hecho prodigioso producido en Roma, 
con que manifestó la Santísima Virgen María su 
voluntad para que se levantase el templo hoy exis- 
tente en su honor, llamado Santa María la Mayor, 
sobre el monte Esquilino, cubriendo el espacio de 
terreno escogido con gruesa nieve, en pleno ve- 
rano. 

La blancura de la nieve es símbolo de la pureza 
de la Inmaculada Madre de Dios; ella, pues, escoge 
la víspera del día en que la Iglesia hace mención 



— 317 — 

de esla prerrogativa y celebra el hecho que la sim- 
boliza, para manifestar las angustias que añigen á 
su corazón de madre por algo que se relaciona con 
los intereses espirituales de los que adoptó por hi- 
jos en la tierra. 

¿Qué era lo que laceraba su corazón? ¿Por qué 
se cubren sus ojos de lágrimas? ¿Quiénes son los 
que la afligen de tal modo? No hay duda, las in- 
gratitudes de los hombres mueven sus sentimientos, 
y el castigo decretado que ella ve ha de cumplirse 
irremisiblemente, arranca lágrimas á sus ojos y hace 
brotar gruesas gotas de sudor de su rostro, pidiendo 
con ellas penitencia á los mortales de la tierra para 
aplacar la justicia del cielo. 

Así, en la noche del 4 de Agosto de 1749, se ob- 
servó en una estampa de pa|)el de la Purísima, pin- 
tada al óleo y reforzada con tela, que el P. Juan 
Arisaga tenía para su devoción, desde algunos años, 
en su mesa de estudio, colgada en medio del es- 
tante de libros, que la santa imagen estaba comple- 
tamente humedecida, y siguió por el espacio de dos 
horas, en todas las partes visibles de la cara, ojos, 
cuello y manos, de donde se desprendían gotas de 
una agua clara que rodaban hasta la varilla terminal 
de la estampa. La abundancia de las gotas que caían 
hacía rebalsar el recipiente de la varilla, que siendo 
rolliza podía contener mayor cantidad de dicha agua 
extendida á lo largo de la varilla. 

El suceso volvió á repetirse en la noche siguiente 
del día 5, y continuó todo el día 6, en presencia de 
numerosas personas que acudieron á cerciorarse 



— 318 — 

con sus propios ojos, entre lo más respetable de la 
vecindad, desde el Gobernador D. Juan A. líspinosa 
de los Monteros y demás autoridades civiles y ecle- 
siásticas, hasta personas de todas edades, estado y 
condición. El día 7 solo manifestó algunas gotas 
reunidas en diversos puntos del cuerpo, y el 8 
apareció completamente enjuta. 

Todos los medios se habían extremado para en- 
contrar una explicación natural del hecho; pero fué 
imposible hallarlo: la imagen hacia sus manifesta- 
ciones en la celda y fuera de ella, en el templo, se 
la colocaba sin el apoyo de la pared y á la vista 
de cuantos querían contemplar y comprobar el ma- 
ravilloso suceso. Se tentó secarla con algodones 
y lienzos, y en efecto se [)racticó esta operación, las 
gotas de agua formados se deshacían con los dedos; 
pero todo resultaba inútil, ponjue luego volvía á 
reaparecer la humedad acompañada de nuevas go- 
tas con mayor abundancia. 

La estampa mide, en su parte dibujada, 30 cen- 
tímetros por 25, y la fisonomía de la imagen tiene 
una ex()resión de melancolía, pero muy devota; es 
copia de otra que existió en la iglesia del Colegio 
Máximo de Córdoba, sacada |)or el Hermano José 
Grimau, de la misma Compañía. 

Dada, pues, la novedad del caso que asumió gran- 
des proporciones, el Cabildo dirigió al P. Rector 
del Colpgio de la Compañía el siguiente exhorto: 

«El Cabildo Justicia y Regimiento de esta ciudad 
de Salto, que abajo firmamos, con axistencia de 
nuestro Procurador General— Al R. P. del Colegio 



- 319 ■ - 

de la Compañía de Jesús de esta ciudad— Hacemos 
saber que habiendo concurrido los individuos del 
Cabildo y otras personas principales eclesiásticas y 
seculares de esta República, conmovida del extra- 
fio, sobrenatural y milagroso suceso del sudor y 
lágrimas que se reconoció en una imagen de la 
Santísima Virgen Nuestra Señora, que tenía en su 
aposento el Padre Juan de Arisaga, contando la 
novedad que se hará comprender á vista de ser 
una pintura en estampa pequeña de papel, de una 
tercia, con poca diferencia, sobre que se actuaron 
las diligencias que la humana prudencia puede 
arbitrar, para venir como se vino en conocimiento 
de que era el. caso novísimo y sobrenatural, y con 
todas las circunstancias que Ip hacían asombroso y 
admirable, impeliendo los ánimos de V. P. y de- 
más Padres de este Colegio á la piadosa demos- 
tración de una solemne novena, con misa y plá- 
ticas misionales, correspondiendo todo el vecindario 
compungido y penitente para aplacar la ira divina 
justamente indignada por nuestros pecados, á la 
que con tan singular demostración se demostraba 
su maternal amor, clemente piedad y particular in- 
tercesora. Y para que quede perpetua memoria 
de este especialísimo suceso, exhortamos y reque- 
rimos en la forma que pedimos á V. P. R. se sirva 
certificar en manera que haga fe con los demás 
Reverendos Padres de este Colegio, que recono- 
cieron el prodigio y todas las circunstancias que en 
él ocurrieron, desde el día cuatro de Agosto en la 
noche en que parece se manifestó, hasta en el que 



— 320 - 

cesó, y se nos devuelva para pasar á las demás 
diligencias conducentes, ó autenticarlo con las otras 
personas que lo vieron . y admiraron; pues hallán- 
dose esta ciudad obligada con esta plausible de- 
mostración, é innegable dignación de tan soberana 
protectora, debe ser en lo posible correspondiente 
el agradecimiento á tamaño beneficio; quedando de 
él á los venideros perpetua memoria para fervorizar 
la devoción y reconocimiento, que en hacerlo así 
(como llevamos expreso), obrará V. P. R. con la 
obligación de su ministerio religioso, y al tanto 
practicará este Ayuntamiento cumpliendo con la 
suya, siempre que la de V. P. R. viésemos. Que 
es fecho en nuestra Sala Capitular de esta ciudad 
de Salta á 29 de Agosto de 1749 años -Domingo 
de Isasmendi — Agustín Castellanos — José Cabrera — 
José Burela.» 

Respuesta del P. Rector. 

«El Padre Pedro Lisoain de la Compañía de Je- 
sús, Rector del Colegio de esta ciudad de Salta, 
al muy ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento de la 
misma ciudad de Salta: Hago saber como por par- 
te de V. S. se me ha intimado un exhorto proveído 
en su Sala Capitular el día 29 de Agesto de 1749, 
cuyo contexto se dirige á que como testigo ocular 
y doméstico, dé certificación de una imagen de N. 
Señora que estaba en el aposento, y testimonio que 
haga fe en juicio y fuera de él, como también los 
demás sujetos de este Colegio que fueron asimismo 
testigos oculares del extraordinario y prodigioso 



— 321 — 

sudor y lágrimas que se notaron en una imagen 
de N. Señora que estaba en el aposento inmediato 
ala Sacristía de este Colegio, /hoy se venera sobre 
el Sagrario en el Altar mayor de esta santa igle- 
sia, para que sobre este fundamento se puedan 
actuar las otras diligencias que fueren necesarias y 
convenientes para autenticar este singular suceso, 
con las circunstancias notables que sucedieron en 
é\ á mayor honra y gloria de Dios N. Señor y de 
su Santísima Madre la Virgen María, cuya protec- 
ción y singular amor á esta Ciudad se ha mani- 
festado otras veces con tan repetidos y {patentes 
milagros, que le ha merecido justamente entre sus 
habitantes el nombre de Nuestra Señora del Mila- 
gro, título con que se venera en esta iglesia Matriz 
una imagen de N. Señora, jurada por singular Pa- 
(rona y Abogada de esta ciudad desde el año de 
1692 del siglo pasado, en que experimentó la sin-^ 
guiar milagrosa protección de esta Soberana Se- 
ñora en el caso del temblor, vís|)era del dulcísimo 
Nombre de María, y ahora añadiendo nueva obli- 
gación y mayores estímulos á nuestra gratitud, 
víspera de N. Señora de las Nieves, se ha servido 
N. Señor obrar en otra imagen suya, otro nuevo 
prodigio, compuesto de muchos prodigios tanto más 
admirables, cuanto parece del instrumento más 
constante y desproporcionado para. •el los. 

Informe: Es esta imagen de N. Señora una es- 
tampa de papel pintada al óleo, aforrada con un 
poco de bretaña que sirve de refuerzo. a la debilidaé 
del papel; tiene más de anatema de- largo, y algo 



— 322 — 

más de un palrao de ancho, y es copia de una ima* 
gen de N. Señora que está colocada sobre el Sa- 
grario de N. Iglesia del (Colegio Máximo de Cór- 
doba, de donde la copió el hermano José Grimau» 
sujeto de esta Provincia. Y para que en todos 
tiempos conste, y se conserve viva la memoria del 
singular caso que acaba de suceder en esta Santí- 
sima imagen^ que con él y otras semejantes intenta 
la Divina Providencia: Certiñco en la mejor forma 
que puedo y debo, y haya lugar en derecho, que 
el caso es como sigue: 

Caso: E\ día 4 de Agosto de este presente afio 
de 1749 se reparó en esta imagen un copioso y ex* 
traordinario sudor y lágrimas, tanto más dignas de 
extrañarse cuanto menos podían ocasionar seme* 
jantes efectos, el tiempo, lugar, el aire y la materia 
deque estaba formada la imagen. El primero que 
advirtió esta prodigiosa novedad, fué el P. Juan de 
Arisaga, que tenía colgada y arrimada á la pared 
en medio del estante de los libros, y siempre á la 
vista, como estampa que era y había sido algunos 
años de su uso y devoción. Tenía la Santa imagen 
el rostro, ojos, cuello y lo demás que se descubría 
del cuerpo, bañado de una especie de agua clara y 
cristalina, que causó en el Padre, á la primera 
vista, mucha ternura y admiración. Las gotas que 
caían llegaban al pie de la estampa, en donde las 
detenía y hacia rebalsar una varilla torneada que 
pegada al lienso, servía para enrollarla á sus tiempos, 
habiéndose así mantenido por espacio de dos ho- 
ras. Llamó el Padre Juan al Padre Alberto Araoz 



— 323 - 

para que este reconociera también la imagen y ayu- 
dase á limpiarle el sudor, en efecto, tomando unos 
algodones y un poco de bretaña, entre curiosos y 
admirados, comenzai*on á limpiar la imagen, aña* 
diendo el P. Alberto: «veamos si mañana sucede lo 
mismo, y si sucediere, digo que es una cosa ma- 
ravillosa». Con esta diligencia quedó la imagen 
limpia, enjuta y restituida á la antigua serenidad. 
El dia siguiente, cinco de Agosto, fueron ios mis- 
mos Padres á reconocer si en la imagen había al- 
guna novedad, y habiéndola registrado con mayOr 
curiosidad, cuidado y atención, la hallaron siempre 
enjuta y con la misma apacible serenidad en que la 
dejaron la noche antecedente. Pero á cosa de las 
siete de la noche de este mismo dia quinto, levan- 
tando el Padre Juan los ojos á su imagen, reparó 
que estaba no sola bañada como la noche antece- 
dente, sino que era mayor y copioso el sudor en 
el cuello, menos en el rostro y lo restante del cuer- 
po: dejó así sin tocar la imagen, y sin avisar ana- 
die por espacio de dos horas y media; pero viendo 
que iba siempre continuando ese irregular prodi- 
gioso suceso, se determinó á llamar á los Padres 
Baltasar Villafañe, Andrés Delgado y Alberto Araoz, 
los cuales vieron, observaron y admiraron todo lo 
que acabo de referir. En esta ocasión me dieron 
aviso; y fui ó ver lo que pasaba, al principio no más 
que con una especie de curiosidad y por condes- 
cender con el Padre que me vino á llamar; pero des- 
pués que vi, observé algún rato aquella soberana 
imagen y pude hacer reflexión cotejando aquel ex- 






- 324 — 

traordinario sudor y lágrimas con las causales que 
naturalmente podían influir en aquellos efectos, me 
persuadí enteramente que en ello había encerrado 
algún gran misterio, aunque oculto á nuestra gran 
cortedad, porque las cosas naturales que allí con- 
currían habían de obrar precisamente efectos, no 
solo muy distintos, sino muy contrarios á los que 
nosotros veíamos y tocábamos con las manos. El 
a|x>sento en que sucedió el caso, entre todos los 
que hay en el Colegio, es uno de los que hay más 
preservados de toda humedad, y el aire que corría 
esos días, propio para no conservar humedad, si 
para desecar la que había. El calor que en este día 
hizo, y el antecedente, y aun el subsiguiente, fué 
extraordinario é irregular, y propio de verano; por 
otra parte no se podía recurrir ó que el calor ú 
otra cosa natural hubiese irritado los colores, por- 
que si esto fuese así, necesariamente los colores se 
hubiesen movido de su lugar mezclándose y con- 
fundiéndose entre sí, y forzosamente se habían de 
haber desfigurado, y aun, borrado la imagen, y 
mucho más habiéndose limpiado como se limpió el 
sudor la noche antes, y la imagen se mantenía en- 
tera y perfecta, en la misma perfección y claridad 
que antes del sudor. Tocábamos con los dedos el 
cuerpo de Ja imagen, y los dedos salían mojados 
con una agua clara y cristalina, experiencia que la 
hicimos los de casa y los de afuera repetidas veces, 
y siempre con el mismo efecto, y para que fuese 
más justa nuestra admiración^ se observó que es- 
tando el cuerpo de la imagen bañado en ese sudor 



- 32fe - 

y lágrimas, no había ninguna humedad en toda la 
circunferencia, estando también piulada, como el 
cuerpo de la imagen, sobre todo el sudor y lágrimas 
eran sobre toda la circunferencia, tan perfectos, 
tan vivos y tan naturales que ni podían ni debían 
ser de otra manera, si el caso sucediese en otro 
cuerpo humano. Todo finalmente mostraba con 
claridad á los ojos, que allí obraba alguna mano 
primorosa y superior á todas las causas naturales, 
y que el agregado de todas esas observaciones y 
experiencias bastaba para persuadir á cualquier jui- 
cio cristiano y prudente que el suceso era sobre- 
natural y milagroso; con todo eso se hicieron algunas 
otras diligencias para examinarlo con mayor aten* 
ción y vigor. Apartóse la imagen de la pared para 
registrar si en ella había alguna humedad que se 
comunicase á la estampa, y la pared estaba seca, 
como está ahora, y suele estarlo siempre; miramos 
el espaldar ó bretaña que sirve de refuerzo y toca- 
ba inmediatamente á la pared, y se halló la bretafia 
seca como la pared misma. Hízose la diligencia de 
despegar con .cuidado la estampa de la bretaña 
hasta donde correspondía el sudor de la imagen 
para ver si entre una y otra se reconocía alguna 
humedad, y no se halló ninguna, con que sirvieron 
todas estas diligencias para asegurarnos más de que 
el autor de este suceso era solo Dios, obrador de 
semejantes maravillas. Por última diligencia hice 
que la imagen quedase aquella noche colgada y 
arrimada á los libros, para ver si mudado el sitio 
había alguna mudanza en lo demás, y dejándola asi 



— 326 — 

nos mudamos y nos recogimos todos en nuestros 
aposentos con aquellas reflexiones que engendra el 
ánimo más tibio un objeto lleno de tantos y tan 
grandes misterios. Y yo con la determinación (si 
á la mañana permaneciesen las mismas sefiales), 
de llamar al maestro don Gabriel Gutiérrez, Clé- 
rigo Presbítero, famoso estatuario, pintor, y como 
tal inteligente en materia de pintura y colores, para 
ver si este en fuerza del arte de pintura y de sus 
largas experiencias descubría alguna causa natural 
que no podíamos alcanzar nosotros. 

«El día seis por la mañana, después de primera 
misa, acudimos á ver la santa imagen todos ios 
que la vimos el día antecedente. Asistieron tam- 
bién en esta ocasión los padres Diego Hurtado, 
Juan Tomes Araoz, Pedro de Castro, y los herma- 
nos Pedro de Echesarraga y Pedro Andreu, y todos 
miramos con mayor admiración y asombro el es- 
tado mismo en que se vio la noche antecedente, 
igualmente copioso el sudor y las lágrimas, siempre 
con la misma viveza y perfección, corriendo de la 
frente para aquella parte á donde más inclinaba la 
cabeza, más copiosamente, y por todas las abertu- 
ras de los dedos, hasta llegar á rebalsar en varias 
partes, entre la estampa y la varilla, bañada con el 
sudor lo restante del cuerpo. Después que la vimos 
los de casa, vino llamado el primero de todos, 
€l que parece podía formar más seguro y cabal 
concepto en la materia, que fué el referido don Ga- 
briel Gutiérrez, que habiendo éste celebrado el san- 
to sacrificio de la misa y encomendádose á Nuestro 



- 827 — 

Señor 7 á la Santísima Virgen, entró á examinar 
el caso: hizo delante de muchos que estábamos 
presentes las experiencias y observaciones que le 
parecieron necesarias y convenientes; y después 
de todas ellas, ninguno veneró con más señales de 
más veneración y asombro este suceso que el dicho 
don Gabriel, porque tomando la dicha santa imagen 
en sus manos, puestas las rodillas en tierra y de- 
rramando copiosas lágrimas de sus ojos, principió 
con estas palabras: 

«Que nos cansamos aquí padres mios! Este es un 
{nilagro cierto, claro y sin rastro de duda; porque 
las causas naturales que podían aquí ocasionar al- 
guna humedad, debían obrar efectos contrarios á 
los que vemos y palpamos con las manos. Y de- 
jando á parte todo lo demás, es tan natural, tan 
vivo y tan perfecto este sudor y lágrimas que el 
pincel más delicado y primoroso del mundo, no es 
capaz de imitarlo con tanta perfección». 

«Esto, juzgo, que es aviso de Nuestro Señor con 
que nos previene de alguna calamidad para^ que re* 
paremos el golpe con la penitencia, y que esta So- 
berana Señora, como abogada nuestra, pide por 
nosotros con este sudor y lágrimas en el tribunal 
de la divina justicia. Así lo siento, y así lo publico». 
Este fué el sentir de don Gabriel Gutiérrez» quien 
después de habérsele leído esta relación la aprobó 
y ratificó de nuevo. 

(¡(Habíamos deterniinado, aunque con gran recelo; 
enjugar segunda vez el sudor, y habiéndosele ofre* 
cido para este efecto algunos algodones al dicho 



— 828 — 

don Gabriel, se resistió á hacerlo, diciendo: ^pues 
no se hizo antes de anoche esta diligencia, para que 
se ha de hacer otra vez? 

Dios obra esas maravillas por sus altos flnes. de- 
jémoslo asi para que lo vean todos. 

((Fuerónse después llamando las personas de ma» 
yor distinción y categoría, para que la noticia de 
un suceso como este no careciese de toda aquella 
autoridad que puede recibir para la propia autori- 
dad y carácter de los testigos. Vino el seflor doc- 
tor don Francisco Ruiz de Villegas, cura rector y 
Tice vicario de esta ciudad, por estar gravennente 
enfermo el señor don Francisco Castellanos, concu- 
rrió en compañía suya el señor Veedor don Manuel 
de Frias; asistió en la misma ocasión el señor Al- 
calde de segundo voto don Agustín Castellanos, 
don José Saravia, don Miguel de Salas, don Tomás 
Toranzos, don Santiago Rúales, y todos hicieron 
á su satisfacción las observaciones y experiencias 
que á cada uno le sugería su prudencia, y aplican- 
do los dedos á la santísima imagen, y haciendo 
experiencias del gusto y olor de aquel sudor pro- 
digioso, sin que resulte de todas estas experiencias 
y diligencias más efecto que el de una singular 
ternura y admiración, reverencia y temor del se- 
creto grande que se encerraba en aquel misterioso 
duceso. 

<cA cosa de dos y media de la tarde, vino el se^ 
ñor Alcalde de primer voto, el General don Domingo 
de Isasmendi; en ocasión que, á juicio de los que 
habían visto y observado el suceso desde sus prtn« 



cipios, fué más copioso el sudor y lágrimas: es 
observación que hizo el seflor Alcalde^ que no soló 
corrió el sudor y tógrimas, sino que brotaban dé 
nuevo en tanta copia que mirada la estampa por 
los ladoSy no se distinguía nada de la imagen de 
Nuestra Señora sino el sudor y lágrimas. Asistió 
en la misma ocasión el señor Alcalde de la Santa 
Hermandad, don José Zavala; concurrieron otras 
muchas personas de todas edades y estados, que 
iban y entraban todo el día á ver y admirar el su- 
ceso, y tocar rosarios en la Santísima Virgen. Fal- 
tó este día la singularmente apreciable y autorizada 
presencia del señor Coronel don Juan Espinosa de 
tos Monteros, gobernador y capitán de esta provin- 
cia^ por estar su señoría indispuesto. A cosa de 
las cinco de la tarde, de este mismo día, se advir^ 
tió que había ya secádose y como congeládose el 
sudor, pero quedando el cuello, rostro y manos 
salpicado de unas gotas menudas que todavía hu- 
medecían cualquier cosa que llegaba á tocarlas, 
con lo denlas, con el rostro tan apacible y sereno 
que entonces más que nunca se echaba de ver 
había sido extraño y milagroso el suceso antece- 
dente. 

ccY de esta suerte quedó la santa imagen esta 
noche del día seis. Por la mañana del día siete 
amaneció la misma imagen rociada con las mismas 
gotas de la noche antecedente, y por haber tenido 
noticia de que el señor gobernador estaba ya en 
pie, aunque absolutamente indispuesto, deseando 
que no faltase un testigo tan autorizado y superior de 



-. 890 — 

toda excepción para autenticar este suceso con ia 
mayor solemnidad, pasé á rogar á su señoría to- 
mase el trabajo de venir al colegio, y confiado en 
que el singular amor y devoción tiernísima que 
profesa á la Santísima Virgen empefiartan á su 
señoría á una accitm (aunque molesta por las cir- 
cunstancias), pero que podía contribuir á la gloria 
de esta soberana señora; y, en efecto, pasó luego 
su señoría al colegio, aunque con incomodidad y 
trabajo Vinieron en su compañía el Veedor don 
Manuel Fríns, el comandante don Martín de Jáure- 
gui y don Francisco Fernández, don José Infantes, 
don Francisco Moreno, y todos vieron con admi* 
ración claras y recientes todas las señales del co- 
pioso sudor y lágrimas que habían corrido los tres 
días antecedentes; vieron allí mismo con igual ad- 
miración, salpicada la imagen de aquellas gotas 
menudas que humedecían los dedos de quien las 
tocaba. Lo que hubo por espacio de aquel día, 
como lo vieron y experimentaron otras muchas 
personas de todas condiciones y estados. 

<rEl siguiente día, ocho de agosto, se reparó es- 
taba ya enjuta la imagen, y que en lugar de aque- 
llas gotas menudas sucedieron unos puntos res- 
plandecientes como estrellitas menudas, y asi per- 
severan hasta la hora presente. Quedan, asimismo, 
claras y patentes las señales por donde corría el 
sudor, quedan también manifíestas en varias par- 
tes las señales del sudor que estuvo rebalsado en- 
tre ia imagen y la varilla. Quedan, finalmente, el 
rostro, cuello y manos, de la misma manera que 



^ 331 ^ 

6uele y debe quedar un cuerpo humano que no se 
ha lavado después de un copioso sudor. Y ha- 
biendo durado tanto tiempo esas señales, parece 
perseverarán perpetuamente para que permanezca 
siempre viva la memoria de este prodigioso suceso. 
Este día por la tarde se expuso la santa imagen 
á la pública veneración en la iglesia y se dio prin* 
cipio á una misión y novena ó Nuestra Señora. En 
ios días que dujró la novena cantaron los señores 
eclesiásticos por su devoción, á instancia suya, una 
misa solemne, continuando esta piadosa acción, las 
dos religiosas comunidades del seraneo padre San 
Francisco, y de Nuestra Señora de Mercedes. 

aDióse fin á todas estas piadosas funciones con 
una procesión que se hizo el día de San Bernardo, 
en la que asistiendo todo el pueblo, el clero y las 
comunidades religiosas, se sacó en procesión la 
santa imagen para satisfacer y consolar el pueblo. 
Fueron los primeros y más señalados en la asis- 
tencia» piedad y ejemplo entre ambos .cabildos ecle- 
siástico y seglar, coronando la piedad y ejemplo de 
todos el señor gobernador y capitán general de 
esta provincia. 

«El concurso, piedad y compunción que se re- 
conoció en todas estas funciones, fué al parecer la 
mayor que puede haber y mayor de la que se podía 
esperar en la presente constitución, de esta ciudad, 
afligida de Dios al presente con la epidemia del 
sarampión y otras graves enfermedades. Y no solo 
con los que han asistido á las f unciones, sino tam- 
bién en las personas que estaban ausenjtjes ha 



— 832 — 

causado extraordinarios efectos solo la noticia de 
este caso, que es la mayor seftal de que ha andado 
aquí la mano de Dios y la intercesión de Nuestra 
Señora la Virgen María. 

Este es el caso del sudor y lágrimas de la so- 
bredicha santa imagen. Y para que conste donde 
convenga y haga fe en juicio y fuera de él, juro 
verbo sacerdotis ser así como aquí lo reñero, y lo 
firmaron conmigo bajo de juramento los sugetos de 
este colegio que fueron testigos oculares, que irán 
abajo ñrmados— Salta y Septiembre 20 de 1749. — 
Pedro Lizoain, Rector del colegio. — Diego Hurtado. 
—Juan Tomás Araoz.— Baltasar de Villafafte. — Pe- 
dro de Castro — Andrés Botella.— Andrés Delgado.— 
José AFberfo Araoz.-— Juan Je Arísaga.— Pedro de 
Echesarraga. — Pedro Andreu». 

tCI Vicario de Salta, doctor Francisco Ruiz de 
Villegas se había apresurado á trasmitir al iltmo. 
obispo de Córdoba del Tucumán doctor Pedro Mi- 
guel de Argandoña, el hecho que nos ocupa con 
todos sus pormenores. Nada omitió, ni los testi- 
monios públicos de cuantas personas expectables 
presenciaron el maravilloso suceso. 

El obispo considerando con madurez el asunto, 
le dio toda la importancia que tenía: al efecto dictó 
auto de comisión para que se levantara la informa* 
ción canónica por el Vicario de Salta con las for- 
malidades de derecho. 

Mientras el auto de comisión llegaba á Salta, 
nuevos acontecimientos habían sobrevenido en la 
iníagen de la virgen, que comenzó á denominarse de 



— 338 — 

Lágrimas, desde el suceso del raes de Agosta. Ella 
misma quiso ratificar el suceso con idénticas ras- 
nifestaciones á las anteriores, de raodo que el pror 
ceso ¿ levantarse tuviera toda la coraprobación ne- 
cesaria de la verdad. 

El día 5 de Octubre siguiente, por la tarde^ apa- 
reció la imagen humedecida y con algunas gotas 
de sudor en el rostro, continuando así hastQ el día 
7 en que cesó del todo. 

Ya podrá comprenderse los movimientos de pie- 
dad que producían estos hechos, no ya solo en el 
pueblo sino en la sociedad entera de Salta, y aun 
fuera de ella. 

Pero no nos alejemos de la hilación natural de 
los sucesos. El auto de comisión que llegó al Vi- 
cario estaba redactado en los términos siguientes: 

«Nos el Dr. D. Pedro Miguel de Argandoña, por 
la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, 
del Consejo de su Magestad, obispo de la ciudad 
de Córdoba de la Provincia del Tucumán. 

«Por cuanto el Dr. D. Francisco Ruiz, nuestro cura 
rector en propiedad de la iglesia Matriz de la ciu- 
dad de Salta, nos tiene dado cuenta prolija en 
su carta misiva del misterioso suceso que se reco* 
noció en una estampa de la madre de DÍ03 Nues- 
tra Señora, pintada en papel, que s^ hallaba pren- 
dida en la pared de una de las viviendas ó aposen- 
tos del colegio de la compañía de Jesús de dicha 
ciudad, reconociéndose en la mencionada pintura 
muchas gotas de agua que parecían ó se aventaja- 
\^ñn á lágrimas ó sudor extraño, y habiendo la 



— 384 — 

prudencia de tos referidos padres advertido que pu- 
diese ser efecto de alguna casualidad no advertida, 
ó asimismo provenir de alguna humedad, aunque 
nunca se reparaba en la pared que servia de res- 
paldo, enjugando con un paflo el líquido que apa- 
recía para asegurarse con prudencial reserva, y 
examinar con la experiencia si procedía y se ori- 
ginaba aquella extraña novedad de alguna causa 
natural con precauciones premeditadas, y repitién- 
dose en los días subsecuentes lo mismo que repa- 
raron en el primero, con reflexión madura elevaron 
el discurso á que podía ser sobre natural aquel que 
se podía inferir fuese accidente, en cuyo presu- 
puesto y antecediendo para todo lo referido la vista 
ocular de muchas personas de carácter, y acredi- 
tado juicio, que con admiración percibían aquel 
prodigio, trasladaron y colocaron la expresada es- 
tampa en la iglesia de dicho colegio, exponiéndola 
á la veneración pública de los fieles, cuyo concurso 
y número crecido quedaron tributando los espiri- 
tuales ejercicios de piedad, recelosos y con temor 
de aquel suceso fuese anuncio y aviso del gran 
castigo que siempre amenaza por nuestras culpas, 
embarazándolo siempre la que se nos dejó por 
Amparo y Madre de pecadores, á cuya exhortación 
se dirigía y estaba haciendo una misión, cuyo efecto 
de penitencia es el eñcaz medio para embotar las 
justas iras de Dios ofendido. 

«Por tanto, y tocándonos por la suprema digni^ 
dad episcopal, que sin mérito servimos, averiguar 
é indagar la realidad de semejantes sucesos para 



— 336 — 

que en ellos no proceda nuestra encomendada grey 
con la ceguedad é inconsiderada adoración á que 
siempre provocan las novedades de esta naturaleza, 
siendo este negocio de tanta gravedad por termi- 
nar y tener por objeto la teologal virtud de nuestra 
Santa Fe^ es siempre de nuestro cargo y vigilancia 
pastoral el que se proceda á la formal averiguación 
que persuada y separe lo verdadero de lo falso; y 
hallándonos en el merecido concepto de las dis- 
tinguidas prendas, talentos, juicio maduro y litera- 
tura calificada que adornan al referido doctor don 
Francisco Ruiz, nuestro cura rector, le damos co- 
misión y le nombramos juez privativo para la infor- 
mación judicial del sobredicho suceso, delegando la 
nuestra facultad, y la que en derecho sea necesaria, 
como la de expedir censuras en caso necesario, 
por ante el notario de dicha vicaría, tome declara- 
ciones juradas de todas las personas de carácter y 
asentado juicio que hubiesen sido testigos de aquel 
que se discurre sobrenatural prodigio, y ha sido 
proveniente de los ocultos secretos de lo alto. 

«Y mandamos que á este nuestro auto y despa- 
cho formal se lo ponga por cabeza He las diligen- 
cias que se ordenan, y fechas con la circunspección, 
legalidad y formalidad prevenidas por derecho, nos 
remita un tanto autorizado para declarar lo que 
hallaremos por conveniente, y fuere arreglado á lo 
que nos suministrasen dichas dilígencins, entregan- 
do el original de cuanto se actuase al R. P. Rector 
para que lo tenga en custodia en el archivo de di- 
cho colegio, y que conste en los futuros, tiempos 



— 386 — 

no haberse omitido esta nuestra diligencia que tan 
de derecho nos toca ejecutar.— Así lo proveyó, 
mandó y ñrmó su S. iltma. el Obispo mi Señor, 
de que doy fe.— Dado en Córdoba en 18 de Septiem- 
bre de 1749.— Pedro Miguel, Obispo del Tucumén. 
—Por mandado de su S. iltma. el Obispo mi Señor, 
Don Pablo de Allende, secretario». 

El proceso informativo fué hecho con la amplitud 
á que se prestaba por la abundancia de testigos 
oculares y testimonios de las personas más expec- 
tables de Salta. Una vez terminado, se remitió 
copia legalizada, como en el auto de comisión se 
disponía, al obispo residente en Córdoba. 

Mientras tanto, léase el testimonio del nuevo go- 
bernador don Juan Victorino Martínez de Tineo, 
que sucedió á Espinosa de los Monteros, que se 
halló en Salta en los momentos de verificarse el se- 
gundo suceso en la imagen de la Virgen. 

Hé aquí el documento: 

«Don Juan Victorino Martínez de Tineo, Teniente 
Coronel de Infantería de Rs. Ejércitos de su M., 
Gobernador y Capitán General de esta Provincia del 
Tucumán, sus términos y jurisdicción, etc. — Certi- 
ñco haber oído decir á mi antecesor el Coronel don 
Juan Alonso Espinosa délos Monteros, y otras mu- 
chas personas de ser y dignidad, que se les debe 
dar entero crédito, como en el aposento del P. Juan 
Arísaga, residente en el colegio de esta ciudad, te- 
niendo en él una estampa é imagen de Nuestra 
Señora pintada sobre papel, y aforrada con lienzo, 
que era propia de dicho padre, la halló, húmeda el 



— 337 — 

día cuatro de Agosto de este año, y que atribuyén- 
dola á algún natural acaso la limpió, pero que no- 
tando que continuaba con la misma humedad, llamó 
á otros padres del mismo colegio, quienes después 
de varias observaciones lo consideraron por cosa 
misteriosa, y pasaron á dar parte al R. P. Rector 
Pedro de Lisoain, que igualmente hizo varias ob- 
servaciones y experiencias, por si pudiera ser efecto 
natural, y desengañado al parecer de que no era, 
hizo el siguiente día público el caso, colocando á 
la Señora en el Altar mayor, que vieron varios por 
haber continuado Nuestra Señora con su sudor \ 
lágrimas por espacio de tres días, contados el cua- 
tro, cinco y seis de Agosto, conmoviéndose el pue- 
blo á vista de este tan singular milagro, esforzados 
de una ediñcante misión que se hizo por el tiempo 
de quince días. Y habiéndome yo incorporado á 
^sta ciudad el subsecuente mes de Septiembre su- 
<5edió que el día cinco de Octubre siguiente, como 
entre cuatro y cinco de la tarde, vinieron á mi casa 
los RR. PP. Juan Tomás Aráoz y Baltasar de V¡- 
Uafañe con un recado del R. P. Rector Pedro 
Lizoain, que decía: estaba sudando la imagen de la 
Virgen, que si quería pasar á verla, é inmediatamente 
lo ejecuté. Y poniéndome una silla en el Altar 
mayor reconocí y comprendí clara y distintamente 
estaba todo el cuerpo de Nuestra Señora mojado, y 
el rostro enjuto, aunque en la parte derecha de él, 
que es donde está inclinada la cabeza, había una 
gota, de tal suerte que pregunté, si podía yo lim- 
piarla, y me respondieron los PP. que sí, dándome 



— 338 — 

• 

unos algodones. Yo mismo la enjugué quedando 
húmedos los algodones que repartí con algunos; y 
después de un rato me retiré á mi casa. Al si- 
guiente día pasé á la iglesia, pregunté á los pa- 
dres por la imagen y me respondieron que conti- 
nuaba sudando. Habiéndome puesto la silla volví 
á ver la imagen más mojada que la tarde antece- 
dente, y el ojo derecho húmedo también, y me 
pareció que estaba de un semblante melancólico. 
Luego dije al P. Rector que para consuelo y vista 
del pueblO; bajasen la imagen y se pusiese al pú- 
blico en la iglesia, y duró este sudor hasta el día 
siete que cesó. Por loque, y en vista de tan ma- 
ravilloso suceso, que según razón se atribuye é 
causa sobrenatural, y yo lo venero como milagro- 
so, visible favor de la Virgen de Nuestra Señora, 
se hizo una rogativa delante del Santísimo Sacra- 
mento, con misas y letanías, y se hicieron pláticas 
de parte de noche, exhortando á penitencia y se 
terminó con una misa solemne de desagravio á la 
Virgen Santísima, con el Santísimo Sacramento 
descubierto; y aunque en estos días reparé la fre- 
cuente asistencia á los sacramentos, en éstos de la 
misión fué grande la concurrencia, y por la noche 
fué una procesión de penitencia en que salió la 
imagen de la Santísima Virgen del sudor y det 
Crucificado, demostrando el pueblo su devoción, 
fervor, modestia y arrepentimiento en la gran con- 
currencia, que es lo mismo que me consta sucedió, 
pues lo vi el día cinco de Octubre á esta parte. 
Y para que conste donde convenga doy la pre- 



— B39 — 

senté 6 pedimento del Dr. D. Francisco Ruiz de 
Villegas, cura rector propietario de esta Santa 
iglesia Matriz, que firmo y sello con el sello de 
mis armas: fecha en la ciudad de Salta á 22 de 
Octubre de 1749. — Juan Victorino Martínez de Ti - 
neo. — Lugar del sello.)> 

El iltmo. obispo aprobó el proceso, y con vtsta de 
él dio el auto declaratorio del milagro, cuyo texto 
es el siguiente: 

«Nos el Dr. D. Pedro Miguel de Argandoña, por 
la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica,. 
Obispo de Córdoba, Provincia del Tucumán, del 
Consejo de S. M. — Siendo tan conforme á lo de- 
clarado por el Santo y General Concilio de Trento 
en la sesión 25 Veneratione Sanctorum Sacris Ima- 
ginibus^ ser privativo á los señores obispos el cono- 
cimiento y judicial indagación de los extraordina- 
rios sucesos, que se reconociesen en las imágenes 
de bulto ó pinturas de los Santos, que venera y 
adora nuestra fe, como canonizados por la primera 
cabeza y Vicario de Nuestra Santa Iglesia Católica- 
para que en virtud de lo actuado en la sumaria in- 
formación seguida y substanciada T5on la formalidad, 
precauciones y demás circunstancias que previene 
y manda el Concilio en la precitada sesión, lo que 
con mayor claridad explayan los autores que expo- 
nen y explican los decretos del Santo Concilio, 
para que en fuerza de lo que constase en la referida 
información se declare por milagroso ó se anuncie 
por naturaf lo extraño del suceso. Por tanto, y en 
atención á la noticia que por carta misiva nos dio 



— 340 — 

el Dr. D. Francisco Ruiz, nuestro Examinador si- 
nodal y Cura Rector en propiedad de la Matriz de 
Salta de nuestra diócesis, sobre el extraordinario 
sudor y lágrimas que se reconoció en una estampa 
de Nuestra Señora la Virgen María, pintada de co- 
lores, en papel forrado en lienzo, la que se hallaba 
en uno de los aposentos del Colegio de la Compañía 
de Jesús de dicha ciudad, pidiéndonos dirección 
para lo que se había de ejecutar en semejante caso, 
el que por haber sido público tenía conmovido al 
pueblo y vecindario con demostraciones de cristiana 
piedad y las demás de pública penitencia, consi- 
guientes al temor fundado de poder ser dicho suceso 
indicio y aviso proveniente de algún castigo con 
que siempre provocan nuestras culpas á la Divina 
Justicia. En cuya atención y usando de la expre- 
sada facultad que el derecho nos concede y para 
practicarla con la madura inspección que pide se- 
mejante asunto de tanta gravedad, acordamos des- 
pachar auto formal de comisión al referido Dr. D. 
Francisco Ruiz, delegándole toda facultad anexa y 
necesaria para substanciar la jurídica información 
sobre el mencionado caso y suceso, con la instruc- 
ción qué por entonces tuvimos por conveniente y 
<5onsta de nuestro auto al que nos remitimos. Y en 
<5onformidad de lo mandado y contenido, habiéndose 
dado cumplimiento á nuestra orden por dicho Juez 
<;omisionado, precediendo el obedecimiento y acep- 
tación en los demás exhortos y diligencias preveni- 
das en semejantes actuaciones, formada* y substan- 
<;iada la sumaria información de lo acaecido, y 



^ 341 — 

agregando á ella lo que por motu proprio, aunque 
sin jurisdicción firmó el Cabildo y Regimiento de 
dicha ciudad, con ánimo de que en lo futuro sir- 
viese ese suceso de público documento á los veni- 
deros vivientes para la corrección de sus costumbres 
y fervorosa devoción, á la que es siempre general 
Madre de piedades, sirviéndonos dichas declaracio- 
nes de reiteración á los dichos que constan de las 
declaraciones hechas en virtud de nuestra comisión, 
por ser unas y otras contestes y uniformes. Todo 
lo cual se ha actuado y llevamos mencionado, ha- 
biéndosenos remitido á nuestro superior Juzgado, 
sujetándolo al juicio que formaremos según lo prac- 
ticado V actuado. 

«Y habiéndose puntualizado lo que se previene y 
manda por la referida sesión conciliar, remitiéndose 
los formales procesos á los sujetos de toda nuestra 
confianza, en virtud religiosa, maduro juicio y es- 
colásticas teologales letras, calificadas con el minis- 
terio de Cátedras y Pulpitos, con cuyo acuerdo y 
parecer reflexional, y la relación que se nos ho hecho 
íntegra del mencionado; autos y vistos, y en aquella 
forma y vía á que solo se puede extender la facul- 
tud y jurisdicción de nuestro Pastoral y Episcopal 
Oficio, y sujetándonos con el debido rendimiento al 
indubitable juicio que puede formar, resolver y de- 
finir nuestro Universal Vicario y primera Cabeza 
de la Iglesia, pasamos á declarar, como por la pre- 
sente declaramos, haber sido el expresado sudor y 
lágrimas que se reconocieron en la referida estampa 
y pintura de Nuestra Señora, repetido suceso de dos 



- 342 - 

ocasiones, milagroso y con todas las circunstancias 
de que se viste el Mirum factum^ por no haber 
habido causa natural, motivo á que atribuirse lo 
extraordinario que se percibió, no solo por los tes- 
tigos declarantes de calificada fe y circunspección, 
más asimismo por otros muchos de igual ó menor 
carácter. En cuya atención, y por io que Nos te- 
nemos declarado, determinado y resuelto, para que 
sirva de despertar lo dormido de nuestra fe, mo- 
viéndonos á estar en vigilancia con el santo temor 
de Dios, y para excitar con mayor fervor la devo- 
ción de nuestros fieles al común refugio de Nuestra 
Madre y Señora la Purísima María, que como canal 
por donde corren sin cesar las misericordias divi- 
nas, no solo nos hace presentes con soberanas lá- 
grimas visibles, su continuo invisible patrocinio por 
nosotros, más también nos enseña con ellas á llorar 
nuestras culpas como rocío eficaz que apaga el rayo 
consumidor de la Justicia Divina. Y para que lle- 
gue á noticia de todos lo que por Nos tenemos 
declarado sobre lo milagroso y portentoso del su- 
ceso, mandamos al expresado nuestro Juez Comi- 
sionado que por medio de algún eclesiástico secular, 
se lea en público en dicha nuestra Matriz y en la 
iglesia de la Compañía de Jesús, este nuestro auto 
declaratorio, para que constándoles puedan nuestros 
fieles sin averiguar, adorar y venerar la mencionada 
estampa de Nuestra Señora con el título de las 
Lágrimas, dedicándole una solemne fiesta en el día 
primero del suceso, cuatro de Agosto del corriente 
año, en memoria de sus piedades, y obsequiándola 



— 343 — 

con lo que más le agrada: comuniones bien dis- 
puestas, en cuyos ejercicios espirituales y demás 
devociones que se actuasen á tan santo fin, conce- 
demos de nuestra parte á todas las personas utrius- 
que sexus que las hicieren, y visitaren á la santa 
imagen los 40 días de indulgencias, que nos son 
facultativos conceder, ad perpetuara rey memoriam 
y toties quoties lo practicasen (á la Santísima Ima- 
gen), rezando un Ave María y con la disposición 
de la gracia necesaria para ganarla. 

((Y mandamos al Notario Mayor de este nuestro 
Juzgado que sacando un tanto autorizado de este 
nuestro auto y despacho, lo remita á la ciudad de 
Salta para que el sobredicho nuestro comisionado 
lo mande agregar á los demás autos originales que 
sobre esta materia se forman, y por nuestra orden 
quedaron archivados en el sobredicho Colegio de la 
Compañía de Jesús, como asimismo se protocolarán 
en el archivo de este nuestro Juzgado, esos que 
por tanto autorizados se nos han remitido, con el 
presente auto original despachado. — Dado en Cór- 
doba, en 18 de Diciembre de 1749. — Pedro Miguel, 
Obispo del Tucumán. — Por mandato de S. S. Iltma. 
el Obispo mi Señor.— Dr. D. Pablo de Allende, Se- 
cretario». 

La estampa de la imagen de Lágrimas hoy está 
colocada en un altar de la Catedral de Salta dentro 
de un hermoso relicario de plata. Anualmente se 
le tributan solemnes cultos, y la devoción que se 
le tiene es digna de su maternal misericordia. 



CAPÍTULO XIII 



La Tírgen de Sieva 



I 



Sumario :— Devoción á la Virgen María— Descargas eléctricas 
mortales— Deliberación del Cabildo— Invocación á la 
Virgen de Nieva — Institución de su fiesta— Imagen 
encargada á España— Certificación de haber sido to- 
cada con la original de Nieva—Recepción en Salta- 
Extraordinarios regocijos — Cultos aprobados por el 
obispo— Entrega de la imagen por escritura publica- 
Condición impuesta al Convento de San Francisco— 
Un hecho reciente— Derecho de la imagen para volver 
á su primitivo local en la Iglesia. 

Lo que vamos á escribir no es más que un coro- 

■ 

lario de los cultos de devoción tributados en Salla 
á la Santísima Virgen María. No es posible dejar 
de consignar estos rasgos de fe, en tratándose de 
la Madre de Dios, que ponen de manifiesto las co- 
rrientes continuadas de piedad filial y de confianza 
hacia ella. 



— 346 — 

Desde muchos años venían deplorándose fatales 
accidentes de muertes violentas, ocasionadas por 
descargas eléctricas en las primeras tormentas de 
verano, en los meses de Noviembre ó Diciembre. 
Después de las últimas desgracias ocurridas en 
1786, el Cabildo de Salta, á instancias del Procura- 
dor, se reunió para tratar sobre varios asuntos, dice 
el acta capitular de la sesión de 29 de Enero de 1787, 
y « se expuso por dicho procurador, que hallándose 
esta dicha ciudad, ó bien por su situación entre 
serranías, ó por algún otro ignorado agente, com- 
batiendo anualmente en tiempo de lluvias, de tem- 
pestuosas tormentas, que deshaciéndose en rayos 
y centallas, causan funestos extragos en sus edi 
ñcios y moradores, no menos que en los ganados 
mayores y menores de su jurisdicción, repitién- 
dose cada año en el referido tiempo estos desgra- 
ciados sucesos como la experiencia lo publica en el 
que acaeció el 23 de Diciembre próximo pasado, 
que en las inmediaciones de esta ciudad fué muerto 
de un rayo don Pedro Castillo juntamente con 
tres hijas; dos indios en el paraje de San Agustín 
y otro en la Caldera, en diversos ocasiones, ade- 
más de otro que cayó en la torre déla iglesia de 
la Merced, destrozando parte de la cúpula de dicha 
torre y techo de la misma iglesia, cuyos infaus- 
tos acaecimientos dieron mérito á que la piedad 
y devoción del referido Señor Gobernador Inten- 
dente con la del Vicario de esta ciudad y este 
ilustre Cabildo, acordasen verbalmente ocurrir á 
implorar las divinas misericordias por medio de 



— 347 — 

» un novenarÍQ de misas cantadas que se celebra- 
» ron en esta santa iglesia Matriz, en obsequio de 
» la Santísima Virgen en su admirable advocación 
y> de Nieva, como singular abogada contra este terri- 
» ble azote, consiguiéndose por este medio en que 
» las posteriores tormentas que se han repetido des- 
)/ de aquel día, no se haya experimentado desgracia 
)) alguna. Le parecía muy conveniente el que á imi- 
i) tación de varias ciudades del Reino, se celebrase 
)) perpetuamente en cada año una fiesta votiva á 
» esta divina Señora en la propia iglesia Matriz, dán- 
» dose principio con un novenario de misas canta- 
» das, y terminándose el último día, que será el 20 
» de Noviembre en que se celebrará dicha fiesta, con 
}) misa cantada, sermón y asistencia del ilustre Ca- 
)) bildo y vecinos estantes y habitantes de la ciudad, 
* jurándose publicamente por de tabla con las acos- 
» tumbradas solemnidades». 

Un vecino de Salta don Juan Nadal y Guarda, 
movido de su piedad y deseando contribuir á hacer 
más eficaz lo resuelto por el Cabildo, hizo venir de 
España una imagen de N. S. de Nieva, tocada en 
la original que se venera en el Covento dominicano 
de la Villa de Santa María de Nieva, y bendecida 
allí mismo por el Prior del Convento, valiéndose de 
los buenos oficios de un hermano suyo residente 
en Madrid, don Ramón Nadal. Con la imagen se 
recibieron también todas las certificaciones de au- 
tenticidad, redactadas por dos escribanos del Ayun- 
tamiento de aquella Villa, según consta del expe- 
diente respectivo. 



— 848 — 

Solemne y grandioso fué el recibimiento que se 
hizo á la llegada de la imagen por la ciudad de 
Salta. El Gobernador Intendente don Ramón Garcia 
Pizarro nos ha dejado una ligera relación con mo- 
tivo de un incidente suscitado; dirigiéndose al obispo 
relata así el hecho con fecha 5 de Diciembre de 1793. 

« Al momento que llegó esta preciosa imagen á 
» las proximidades de esta ciudad, fué puesta en 
)) una mesa altar, dos cuadras más allá del puente 
» San Bernardo, y su entrada en la ciudad fué la 
» más solemne y devota que ha conocido entre los 
)) vivientes de ella. El clero sacó de la Matriz á 
)) los gloriosos patronos San Felipe y San Bernar- 
» do; la Comunidad de la Merced á San Pedro 
» Nolasco; y la Seráfica á San Francisco y Santo 
» Domingo, cada cuerpo con el ilustre Ayunta- 
)) miento, y todos los estantes y habitantes fueron 
)) á introducir á la Santísima Virgen desde fuera 
)) del puente. 

(í Visitó primero la Matriz, luego la Merced» y 
» después se colocó por unánime consentimiento de 
» todos en San Francisco... Desde que se colocó 
)) ha producido tan loable devoción, |)ues nadie ha 
)) muerto después de rayos y centellas, que les ha 
)) hecho fijar en ella toda su confianza». 

Instado el ilustrísimo obispo á tomar una deci- 
sión sobre todo lo actuado por el Cabildo, con fecha 
17 de Noviembre aprobó y confirmó los cultos vo- 
tivos á la Virgen de Nieva con las clausulas pues- 
tas en el acuerdo del Cabildo. 

Por su parte, el Señor Juan Nadal, entregó por 



- 349 — 

escritura pública al Convento de San Francisco, en 
el carácter de donación perfecta ó irrevocable en 
9 de Enero de 1790, la sobredicha imagen, que se 
colocó en uno de los altares de la iglesia de San 
Francisco, «con la condición que los Reverendos 
Padres la han de mantener en su referida iglesia y 
altar, con la mayor decencia, culto y veneración, 
sin que puedan disponer de su traslación á otra 
parte y lugar, reservándose para sí y sus herede- 
ros el patronato sóbrela referida imagen». 

La imagen ha permanecido cerca de tres cuartos 
de siglo dentro de la iglesia principal, en el altar 
que selle había dedicado, de conformidad con la 
cláusula que hemos transcripto; pero después ha 
sido trasladada á una capilla secundaria fuera de 
la nave principal del templo, lo que es verdadera- 
mente sensible, tanto porque contraría el pacto de 
donación, cuanto porque ha dejado de tributársele 
veneración pública y los cultos iniciados por el an- 
tiguo Cabildo colonial en unión del clero secular y 
comunidades religiosas de la ciudad. 

Hace pocos años— y ha sido una verdadera coin- 
cidencia — como si la imngen hubiera querido des- 
pertar los primilivos sentimientos de fe hacia ella, 
una descarga eléctrica cayó en el pararayo de la 
torre de lá iglesia del Convento, y desviándose la 
corriente del hilo conductor, tomó una direccií')n 
contraria, yendo á perforar una gruesa pared de 
las que forman la capilla donde se halla la imagen 
de N. S. de Nieva, y quemar dos ramos de flores 
artificiales que se hallaban colocados á su lado, 



— 360 — 

mientras sus vestidos que son de tela no sufrieron 
el más pequeño desperfecto. 

La imagen tiene un semblante muy agradable y 
es de una regular estatura. 

Ella tiene completo derecho 6 sus antiguos cultos 
y á la devoción que el pueblo le tributara en otro 
tiempo; para ello no hay más que reconquistar la 
primitiva posesión del local que se le había desig 
nado. 

Los entusiasmos de piedad y devoción hacia la 
Virgen María no habrían tenido intermitencia en su 
advocación de Nieva, si no se priva al pueblo de la 
presencia de la imagen, y se hace abandono de los 
votos del Cabildo colonial. 

Sin embargo, bajo de una advocación ó de otra, 
el culto á la Santísima Virgen sigue grabado en el 
fondo del corazón de la sociedad como la heredad 
más preciosa que se le ha trasmitido por sus fer- 
vientes antepasados. 



La Yirgen laría en la antigua Diócesis del Tucomán 



II 



Sumario:— Predilección de la Virgen manifestada en algunas 
ciudades— Protección patente— Gratitud de los pueblos 
—La Virgen de Río Blanco en Jujuy— Su santuario- 
Esperando la coronación— La Virgen del Valle— Época 
de su aparición— Primera capilla— Gracias dispensadas 
—Juramento del Cabildo por Patrona— Su coronación- 
La Virgen del Rosario de Córdoba— Su origen— La 
coronación. 



Lo que hemos escrito de Salta y la Virgen Inma- 
culada, podríamos decir de Catamarca y ia Virgen 
del Valle; de Jujuy y la Virgen de Río Blanco; de 
Córdoba y la Virgen del Rosario, y aun de Tucu- 
mán y la Virgen de Mercedes. 

No hay duda. Salta es una ciudad privilegiada 
por las manifestaciones de la Santa Virgen multi- 
plicadas bajo distintos aspectos; pero las ciudades 
anteriormente nombradas han unido también á su 
historia una hermosa página, destinada á enalte- 
cer las glorias de la Virgen Madre^ que bajo de 



— 352 — 

una ú otra advocación ha sensibilizado su amor para 
con ellas, recompensando así una piedad sincera, 
desbordante de filial devoción. 

La diócesis del antiguo Tucumán ha tenido ei 
señalado honor de ver surgir á su lado, casi en todas 
las ciudades que la componían, una imagen cari- 
ñosa de la Santísima Virgen María, como ángel 
tutelar de sus grandes destinos. Las corrientes de 
piedad se han dirigido naturalmente hacia ella, go- 
zosos los pueblos de poseer este bien celestial, este 
medio para ejercitar su fe y elevar hasta Dios los 
sentimientos más nobles y ardientes del corazón. 

Las imágenes de la amable Virgen, que así han 
unido su historia de gracias y favores dispensados 
á cada una de las ciudades que hemos consignado 
anteriormente, constituyen verdaderas fuentes de 
misericordia para las generaciones humanas, y los 
santuarios levantados en su honor, monumentos de 
la piedad cristiana, publican las maravillas miseri- 
cordiosas de la Madre de Dios como prenda de 
amor hacia los suyos. 

Esas imágenes seculares que, muchas de ellas, 
desenvolvieron su acción al lado de la conquista, 
y han llegado hasta nosotros con la evolución de 
los tiempos, siendo el ideal constante de esperanza 
de los pueblos y de las modernas sociedades, jamás 
han disminuido su acción benéfica sobre sus pro- 
tegidos. Se han perpetuado á través de los siglos 
rodeadas de las manifestaciones vivas de fe y de 
gratitud. Diganlo los santuarios marianos de Salta 
y Jujuy, de Catamarca y Córdoba. 



- 868 — 

De Salta, no tenemos pare que agregar una pala- 
bra mó8 á Lo que dejamos escrito en capítulos ante- 
riores. De la Virgen de Río Blanco de Jujuy, de 
quien hablamos en nuestra «Historia de las Imá-^ 
genes del Milagro»^ poco agregaremos á lo ya dicho. 

La bondadosa Virgen ha puesto su asiento fuera 
de los alares de la ciudad; allí se levanta su san*- 
4uario en el fondo de una pradera, circundada de 
•exuberante vegetación, solitario, convidando á las 
multitudes á aspirar así como el aroma de la selva, 
*ei perfume de su corazón dadivoso y maternal, no 
menos que al recogimiento del espíritu para elevar 
el corazón á Dios. 

Su historia arranca desde la época de la con- 
quista; y sus gracias las ha unido á las luchas del 
feroz enemigo, el salvaje del Chaco, para patentizar 
cuanto le interesa la salud de los que la invocan. 
Sus manifestaciones llevan así* el reconocimiento 
pleno de la gratitud de las generaciones que se han 
sucedido hasta nosotros; tiempo llegará en que la 
corona de oro, símbolo de su grandeza y de sus 
ternuras, brille sobre su frente inmaculada. 

Esperamos que ha de llegar el momento de rea- 
lizarse este acto solemne de homenaje hacia la Vir- 
gen solitaria de Río Blanco, que marcará una nueva 
era en los destinos religiosos de Jujuy. 

La Virgen del Valle hizo su aparición casi á me- 
ídiados del siglo XVII en el lugar de Choya en Gá- 
tamarca; no se conoce su primitivo origen. I^ms 
.primeros cultos le. fueron tributados, por los indíofs 
naturales ya convertidos á la fe en la gruta de Choya 



— 354 — 

situada entre los peñascos de una quebrada, Tras- 
portada por un devoto colono vizcaíno^ Manuel Sa- 
lazar, á su propia casa^ más tarde los vecinos 
de Catamarca en el Valle viejo le edificaron una 
capilla. A contar de esta fecha la Virgen cariñosa 
del Valle ha elaborado una cadena de misericordias, 
haciendo sensible su amparo ya sobre las nacien- 
tes poblaciones, ya á favor de las armas de la con- 
quista, ya de los que la invocan en sus múltiples 
necesidades, continuando en sus manifestaciones 
hasta en los tiempos modernos. Las corrientes de 
fe que se han sucesido desde aquellas remotas 
épocas, son también otros hermosos eslabones adhe- 
ridos á esa cadena formada por el amor cariñosa 
de la Virgen. 

El Cabildo de Catamarca la juró por Patrona en 
1688, y posteriormente se ha renovado esta cere- 
monia con esplendor inusitado. Coronada el 12 de 
Abril de 1891, sigue siendo el imán poderoso que 
atrae los corazones de todos los ámbitos de la Re- 
pública. 

La Virgen del Rosario de Córdoba data de la 
misma época del Cristo del Milagro de Salta, 1592, 
en que fué enviada desde Madrid por el primer 
obispo del Tucumán Fr. Francisco Victoria para el 
Convento dominicano de Córdoba. El pueblo Cor- 
dobés, siempre creyente y agradecido á los bepe- 
ficios de tan excelsa bienhechora, celebró con 
extraordinaria solemnidad el acto de su coronación 
por mano de su obispo el iltmo. Fr. Reginaldo Toro. 



El Sefior de Stunalao 



III 



Sumario:— Santuario popular —Ubicación— Origen del Cristo de 
Vilque— La capilla— Pintura al oleo del cuadro— His- 
toria conocida por la tradición— Modo misterioso de 
la elección del lugar— Edificación de la primera ca- 
pilla— Sumalao, asiento de una tribu indfgena— Hecho 
real— Pueblo á formarse. 



Dejaríamos una laguna sino complentáramos este 
capítulo, consignando algunas noticias sobre el Señor 
de Sumalao. 

Hé aquí otro santuario popular que atrae de to- 
dos los confines de la Provincia de Salta y de fuera 
de ella, una inmensa romería de fíeles, con particu^ 
larídad en los siete Viernes que preceden á la fiesta 
de Pentecostés. 

Sobre las últimas vertientes de la cadena oriental 
de montañas que forma el Valle de Lerma, como 
á diez leguas de la ciudad de Salta al Sud, se le- 
vanta una solitaria iglesia con sus flechas clavadas 



— 356 — 

en el espacio: es la capilla dedicada al Señor de 
Vilque en el paraje de Sumalao. 

No hemos podido encontrar la fecha de la funda- 
ción de este santuario que, con toda probabilidad 
se remonta al siglo XVIII. 

En el Perú existe el pueblo de Vilque, en donde 
anualmente se celebran grandes ferias para la venta 
de objetos y cosas de comercio; allt se venera el Cristo 
cruciñcado que lleva el mismo nombre del lugar. 

De aquí parece data el Señor de Vilque de Su- 
malao, traído por alguno de los muchos comercian- 
tes en muías que en aquel tiempo negociaban desde 
las provincias del antiguo Tucumán. Pudo ser traido 
por la piedad de algún devoto ó como recuerdo de 
familia, pues en ese tiempo, como lo dejamos dicho, 
había una corriente de viajantes no interrumpida de 
una y otra parte, es decir, tanto de las provincias 
de acá como de las del Perú. 

Respecto á la capilla, el dato más antiguo que 
hemos encontrado es este: Siendo Cura de Chicoana 
el Maestro Pedro López de Vera en 1773, á cuya 
jurisdicción pertenecía Sumalao, hizo servir la igle- 
sia de esta paraje de Viceparroquia, de donde dedu- 
cimos que mucho antes de aquella fecha ya existía 
el Señor de Vilque en el citado paraje de Sumalao. 

De un informe del referido párroco tomamos el 
siguiente dato: En 1775 finalizó él mismo la igle- 
sia de Sumalao, lo qtie hace creer que fué la pri- 
mera .6 la segunda que sustituyó á la primitiva ca- 
pilla. , 
En cuanto al Cristo de Vilque, hay una razón más 



— 367 - 

que aboga que fué traído del Perú, no solo por >lle* 
var el dicho nombre de Vilque, sino por las ferias 
establecidas en Sumalao á semejanza de las que se 
celebran en los mismos dfas en Vilque del Perú, 
especialmente en los últimos dfas que preceden á 
la Pascua del Espíritu Santo. Estas ferias son tan 
antiguas en Salta y tan mentadas como la devoción 
misma tributada al Cristo. 

Este es una pintura al oleo en un cuadro de un 
metro ochenta centímetros de largo, más ó menos» 
por un metro de ancho. 

Hé aquí, sin embargo, la tradición que se con- 
serva al derredor del Cristo de Sumalao, y que^ 
diremos así, forma su historia.' 

El cuadro del Señor de Vilque era conducido en 
una muía desde el Perú con destino á la Provincia 
de San Juan; dos hombres conducían la carga en-- 
tre otras de diferentes especies que formaban el 
convov. 

Al pasar por Sumalao, que en ese entonces era 
el camino ordinario de los viajantes, la muía con- 
ductora del cuadro quedó bajo de un corpulento 
algarrobo sin que fuera notada de nadie; los arrie- 
ros siguieron adelante hasta cinco ó seis leguas 
más en que recién la echaron de menos. Vuelto 
uno de los hombres sobre el camino andado, fué 
encontrada en el sitio referido. La pérdida de la 
muía se repitió hasta tres veces, notándose su des- 
aparición de lugares más ó menos distantes det 
primero, y siendo encontrada todas las veces en el 
mismo paraje de Sumalao y debajo del árbol ante^ 



- 368 — 

dicho, con la particularidad que la última vez la 
muía estaba echada al pie del algarrobo, y no hubo 
medio humano de hacerla mover de allí hasta que 
descargado el cuadro en el mismo paraje, la muía 
abandonó el local. 

La coincidencia de encontrarse por tres veces al 
animal conductor en un mismo sitio y debajo del 
mismo árbol, y el hecho de no caminar sino cuando 
fué descargado allí mismo el cuadro, dio motivo 
para que tomaran todas estas circunstancias como 
indicio de la voluntad divina, de que en ese paraje 
debía edificarse un templo al Cristo de Vilque. En- 
tonces los conductores ó dueños del Cristo bajaron 
á la ciudad y dieron cuenta de lo ocurrido. El he- 
cho se divulgó con facilidad, tomó las proporciones 
de un ncontecimiento sobrehumano, y la capilla fué 
levantada sin pérdida de tiempo. 

Lo cierto es que hoy tiene un espléndido templo, 
levantado exclusivamente con las ofrendas de los 
romeros que frecuentan el paraje de Sumalao atraidos 
por la devoción al Cristo. 

En ios tiempos de la conquista este paraje de 
Sumalao fué asiento de una antigua tribu indígena, 
como su mismo nombre lo indica 

Sea, pues, lo que fuere en cuanto á la historia 
del Cristo, un hecho real existe,palpable para todos: el 
Cristo, el templo y la corriente de piedad cristiana 
que viene, por lo que hemos llegado á conocer, 
desde siglo y medio á esta parte. 

En derredor de este santuario pupular ha podido 
formarse un respetable núcleo de población, atraída 



— 359 - 

por la devoción al Cristo; pero los terrenos que 
circundan la actual iglesia son de propiedad parti- 
cular, en los que no se ha iniciado pensamiento algu- 
no al respecto. Aún sería tiempo; falta solo la ini- 
ciativa para que pueda convertirse en realidad. 



CAPÍTULO XIV 



HaeYa faz del Obispado de Tacnmáo 



Suma RTo:— Palta de estabilidad— Decadencia de Santiago— Es- 
tado deplorable de las otras ciudades— Perspectiva de 
Córdoba— Primeros trabajos para trasladar la Cate- 
dral—Continuación de los mismos— Concesión— Tras- 
lación definitiva—Estado ruinoso del primitivo Templo 
Catedral— Residencia de los Gobernadores— Denomi- 
nación de los obispos diocesanos— Carácter esforzado 
de los prelados— El Obispo Mercadillo en Salta— So- 
licitud de los curas— Declaración de viceparroquia á 
San Bernardo— Designación de Patrono de la ciudad- 
Texto del acuerdo— Sínodos del obispo Mercadillo— 
Actividad y celo- Peligro en las ciudades— Circular á 
los Vicarios— Inercia de los Cabildos— Estado inde- 
fenso de las ciudades— Informe del Vicario de Salta- 
Relajación de costumbres — Males sensibles — Cédula 
real— Prohibición de llevar indios al Perú— Disposicio- 
nes sobre los casados— Efectos producidos en Salta- 
Conducta del Vicario— Ordenanza del Gobernador so- 
bre mal trato á los indios— Conducta del obispo en 
sus relaciones con el Gobernador y la Compañía— < 
Cuestiones sobre liturgia Cédula real sobre lo mismo 
—Muerte del obispo Mercadillo— Dos obispos que no 



— 362 — 

toman posesión — Sucesor del señor Mercadillo — El 
obispo del Pozo— Sus dotes sobresalientes— Juicio de 
Monseñor Eizaguirre— Cita del Dr. Qordillo— Otra cita 
del Dr. Domínguez sobre el obispo del Pozo— Su es- 
tadía en Salta— Traslación al arzobispado de Charcas 
—El obispo Sarricolea— Visita pastoral— Providencias. 



La sede episcopal de Santiago del Estero no al- 
canzó á tener estabilidad permanente. La ciudad 
capital, con el andar del tiempo, había perdido su 
preponderancia sobre las otras de la gobernación, 
sin embargo de hallarse éstas también en un esta- 
do deplorable: tanta fué su decadencia durante el 
siglo que actuó como cabeza del obispado del Tu- 
cumán, que se halló conveniente iniciar empeñosos 
trabajos para sacar la catedral de allí. (1) 

Las demás ciudades, como decimos, estaban en 
una situación relativa: la de San Miguel encontrá- 
base en comienzos con motivo de su reciente tras- 
lación; Salta quedó muy arruinada desde los terre- 
motos de 1692; Esteco había desaparecido por la 
violencia del mismo movimiento sísmico; la Villa de 
las Juntas no existía más porque se despobló tam- 
bién; Jujuy era una aldehuela de media docena de 
familias; la Rioja, apartada en un extremo opuesto, 
tenía un vecindario sumamente corto. Quedaba^ 
pues, Córdoba que ofrecía mejores perspectivas por 
la prosperidad de sus establecimientos educaciona- 
les, para el nuevo asiento de la sede episcopal. 

El iltmo. UUoa había dado los primeros pasos^ 



(I) Véase el Apéndice III. 



— 368 - 



♦' 



en unión oon el Capítulo eclesiástico^ en gestionar 
la traslación de la catedral á Córdoba; pero nada 
favorable obtuvo. Muerto el obispo, el Capítulo con- 
tinuó sus gestiones; dio poder al doctor José Garro, 
que emprendía viaje á Europa, con nuevas instan- 
cias, ante el supremo Consejo de Indias en España 
para obtener la traslación solicitada. Por esta vez 
el Consejo se preocupó del asunto y examinando 
detenidamente la petición, halló atendibles las ra- 
zones aducidas. Inocencio XII autorizó la trasla- 
ción y se encomendó de verificarla al nuevo obispo 
fray Manuel Mercadillo, por cédula de 15 de Octu- 
bre de 1696, que venía de España ó regir la dióce- 
sis del Tucumán. 

Por Julio de 1699 se llevó á cabo la traslación^ 
habilitándose la iglesia del convento de las monjas 
Catalinas para las funciones del servicio religioso, 
porque Córdoba no tenía otra iglesia más adecua- 
da; la catedral que comenzó á edificarse desde 1680, 
época en que parece ya había el propósito de acti- 
var la traslación, no llevaba miras de terminarse, 
como que un siglo después, en 1783, recién se 
puso fin á la obra; ni el templo que servía de 
Matriz tampoco era adaptable por su pequenez y 
estado ruinoso. 

Así todo pasó con el sentimiento natural de los 
vecinos de Santiago, que, con el hecho consumado 
de quedar sin capital civil ni eclesiástica, veían un 
enorme retroceso en tos intereses y progreso de la 
ciudad. El templo principal recobró su primitivo 
título de Matriz, reducido también á ruina por su 



— 864 ^ 

propia vejez, y por los deterioros sufridos é conse-* 
óuencia de un incendio anterior. 

La sede episcopal y la capital de la gobernación 
quedaron, pues, fijadas en Córdoba, y los goberna- 
dores del Tucumán alternaban su residencia pa- 
sando una parte del aflo en Salta y otra en la 
nueva capital de Córdoba. A partir de esta fecha, 
los obispos se denominaron indistintamente: Obispo 
del Tucumán ú obispo de Córdoba del Tucumán. 

La conveniencia de las cosas había alejado sen- 
siblemente la sede episcopal del centro del obispa- 
do; pero esto nunca fué ni constituyó un obstáculo 
para que los señores obispos dejaran de recorrer 
constantemente su dilatada diócesis en alas de su 
celo. 

Estos prelados no conocían lo que era el cansan* 
cío cuando se trataba de cumplir con sus deberes 
pastorales. 

Por el mes de Septiembre del mismo af\o de 1699, 
el iltmo. Mercadillo hallábase en Salta por primera 
vez; quiso solemnizar con su presencia las funcio- 
nes del pueblo salteño, las funciones del Milagro» 
como en efecto lo hizo, al propio tiempo que abría 
la visita pastoral en la ciudad. 

Aprovechando su estadía, los curas rectores de 
la Matriz solicitaron la declaratoria de vice parro- 
quia de la capilla de San Bernardo, levantada en 
honor del vice patrono de Snlla á principios de 
aquel siglo. Fué la primera providencia expedida 
por el obispo. El decreto respectivo está concebido 
en los términos siguientes: 



— 865 — 

«Vista esta información por su S. S. iltma., dijo 
que la aprobaba y aprobó en cuanto ha lugar de 
derecho, y dá por bien probada la posesión y dere- 
cho de los curas de esta ciudad á la Capilla de 
Saíi Bernardo, y la declara por vice parroquia para 
que se pueda proseguir enterrándose en ella; y 
vuélvase á poner en posesión á los dichos curas 
de la Matriz para que la posean y gobiernen con 
la superior dirección que deben al Vicario y juez 
eclesiástico^ y mandó S. S. iltraa. que ninguno sea 
osado á perturbarles en dicha posesión, pena de 
cincuenta pesos. Así lo proveyó y mandó S. S. iltma., 
estando de visita en esta dicha ciudad, en 25 de 
Septiembre de 1699.— Manuel, Obispo del Tucu- 
mán. — Ante mí, Juan Francisco Martínez, Notario 
público y de visita.» 

A propósito de San Bernardo y del Patrono de 
la ciudad, escribe el P. Lozano: 

«No consta cual fué el que en su fundación se le 
asignara á Salta, sino solamente que casi seis me- . 
ses después echaron suertes para elegir el que ha- 
bía de tener, y sacándolas por mano de una niña 
Petronita de Bobadiila el día 30 de Septiembre,, 
salió San Bernardo Abad, aunque hoy no le reco- 
nocen por patrón principal, sino menos principal, 
celebrando su fiesta con misa y sermón y asisten- 
cia del Cabildo en una hermita dedicada al santo, 
((ue está fuera de la ciudad, y el patrón principal 
es San Felipe Apóstol». 

He aquí el texto del acuerdo del Cabildo cele- 



— 366 — 

brado con tal motivo, que tomamos de los «Apun- 
tes Históricos» del señor M. Zorreí?uieta. 

«En la ciudad de Lerma á 30 de Septiembre de 
1582 se juntaron en Cabildo abierto la justicia ma- 
yor, alcaldes é regidores, conviene á saber: el capi- 
tán Antonio de Alfaro, tenienlede gobernador é los 
señores Gerónimo García de Jara, é Juan Vizcaíno, 
alcaldes ordinarios, é Pedro Payan, é Juan Fajardo 
é Francisco Moran, é Diego Martinez, é Juan Gon- 
zález Machado regidores, é el Alguacil mayor Ruiz 
Dibz de Guzm.ín, éJuan de Lara, procurador, con 
la mayor parte de los vecinos de esta ciudad: é 
estando acordados en hacer Devoción, Patrón é 
Abogación para esta ciudad de un santo que ante 
Dios N. Señor tenga cargo de rogar por sus bienes 
temporales é sementeras de esta ciudad que Dios 
N. S. se ha servido por su ruego é intercesión de 
las guardar en cada un año, de hoy en adelante, é 
llegar ó perfecta maduración é cosecha: é todos los 
dichos señores de unánime é conformidad, dijeron 
que se echasen suertes; é que santo cabría esta de- 
voción é Patrón: é asi todos los nombres de los 
santos bienaventurados del calendario se echaron 
en un vaso é por mano de una niña llamada Petro- 
nila» hija legítima de Rodrigo de B^badilla, la cual 
metiendo la mano en dicho vaso sacó por suerte el 
nombre del Bienaventurado S. Bernardo: é los di- 
chos señores con mucho recocijo, devoción é con- 
tento, tomaron á San Bernardo por su Patrón é 
Abogado, el cual sea servido ante la Divina Ma- 
jestad interceder por las sementeras é cosechas de 



- 367 — 

esta ciudad, por lo cual é por la devoción que se 
le promete, los dichos señores del Cabildo é demos 
personas prometieron que en su día, que es 20 de 
Agosto celebrado por la Santa Madre Iglesia, le 
guardarán su día y celebración con misa, vísperas, 
y para ellas se dará la limosna que convenga al cura 
de esta santa iglesia: y esto prometieron é juraron 
en cada un año, de lo guardar é lo cumplir, é lo 
firmaron sus nombres los dichos señores— Antonio 
de Alfaro — Gerónimo García de la Jara — Juan Viz- 
caíno—Pedro Payan — Juan Fajardo — Francisco Mo- 
ran de la Zerda — Diego Martinez— Juan González 
Machado - Juan de Lartur— Ruiz Diaz de Guzman— 
Ante mí, Rodrigo Pereyra, Escribano Público y de 
Cabildo.» 

El ilustrísimo Mercadillo, oriundo de España, de 
la Orden de Santo Domingo, se había consagrado 
en Madrid en 1695, y llegó á su obispado en 1698. 

Entregrdo á las tareas de su apostolado, visitó 
la diócesis como medida previa; regresado á Cór- 
doba celebró dos sínodos, según lo atestigua More- 
lli, en 1709 el primero, y el otro al año siguiente, 
aunque sus constituciones, parece, no estuvieron en 
vigencia por no haber obtenido el pase correspon- 
diente de la autoridad real. 

Con prontitud encomiable atendía las diversas ne- 
cesidades de su diócesis, ya en lo espiritual como 
en lo temporal. 

Precisamente en su tiempo fué cuando se des- 
encadenaron los avances más feroces de los indí- 
genas, que constituían un gravísimo peligro para 



— 868 -- 

las ciudades por las muertes que se hacían en sus 
proximidades, y las amenazas de caer sobre ellas 
el furor y el odio de aquellos contra el espaftol. 

Su vigilancia pastoral le hizo circular en la dió- 
cesis la siguiente carta dirigida á los Vicarios, para 
mover los ánimos y acudir oportunamente á la de- 
fensa poniendo en ejecución sus oportunas y urgen- 
tes instancias, allí insertas, sin escatimar sus recur- 
sos ni su propia vida. 

«A la noticia que se me ha dado,~dice al Vicario 
de Salta,— de las desdichas de esas fronteras, tengo 
puestas las diligencias que debo como Pastor y 
Prelado de esta Provincia: en lo que me toca de 
iglesia estoy haciendo deprecaciones públicas y ro* 
gativas para que Dios se apiade y detenga el brazo 
de su justicia, y que ese bárbaro enemigo reconozca 
en su castigo de nuestro Dios el poder. 

«En cuanto á lo que toca á la defensa de armas, 
tengo exhortado al Gobernador, aunque omiso á su 
obligación, ni á la Iglesia atiende, ni quizo le inti- 
maran el exhorto. 

«He sabido que el Cabildo de la ciudad de Tucu- 
mñn le ha requerido salga á la defensa de la Pro- 
vincia que se pierde. Vm. por sí haga rogativas en 
su iglesia y ruegue y encargue á las Religiones 
hagan lo mismo; y lo ordene así á los curas de su 
jurisdicción para que á vista de clamores de muchos 
se desenoje Dios. Y cada uno por lo que le toca 
me enviará certiñcación jurada de las muertes que 
ha habido en este gobierno, que será culpable omi- 



— 369 — 

si6n en mi no poner todas las diligencias por mis 
ovejas. 

«A los ilustres Cabildos de las ciudades, á quié- 
nes no escribo por la brevedad, se les hará notorio 
mi orden y mandato, y se les asegurará el buen de- 
seo que me instiga á su defensa, amparo y con- 
suelo; y se dé certificación de que así se les ha 
propuesto, y juntamente como quedo pronto para 
la defensa, para cuanto quieran pedirme, que alcan- 
cen mis fuerzas, sin perdonar lo más precioso que 
es la vida. 

«De ésta carta se sacará un tanto autorizado con 
los testimonios y certiñcacioues en cada ciudad, que 
se guardará en el archivo y pasará ésta original 
á las ciudades de Salta y Jujuy y fuerte de Esteco, 
y un traslado de ella será remitido á Gatamarca y 
Rioja, guardando en obedecimiento de ésta orden 
la puntualidad que pide negocio tan grave y de 
tantas consecuencias; y con tanto, dando á todos, 
mi bendición les alcance y guarde á todos muchos 
años— Córdoba y Marzo de 1702 años. — Fr. Ma- 
nuel obispo de Córdoba.— Señores Vicarios y Curas 
de éste obispado de Córdoba del Tucumán». 

Los Cabildos nada hicieron y menos el Goberna- 
dor Intendente General, como de costumbre, para 
secundar las disposiciones del obispo, con quien no 
andaban muy cordiales las relaciones del Goberna* 
dor y de algunos Cabildos. 

El fuerte que se levantó en Estero después de la 
ruina de la ciudad, carecia de elementos y de gente 
para prestar auxilios oportunos; en igual condición 



— 870 — 

86 hallaban los demás de la jurisdicción de Salta» 
completamente descuidados, de modo que las tribus 
indígenas del Chaco paseaban sus armas, sembrando 
la desolación y la ruina por todas partes. 

El Vicario de Salta, Señor Manuel Troncoso, al 
dar cuenta al iltmo. obispo Mercadillo de lo actuado 
en cumplimiento de sus ordenes, termina así su infor- 
me después de narrar los numerosos asesinatos, in- 
cendios y robos llevados á cabo por los indígenas. 

«De todo lo cual resulta que Su Majestad, sus 
iglesias y conventos que tiene en ésta Qiudad, han 
sido igualmente perjudicados y empobrecidos sus 
vecinos, así por faltar las dichas haciendas como 
por la continuada posesión de tan dilatada guerra 
defensiva que é expensas propias mantienen con 
dicho enemigo^ de más de haber quedado pobres y 
destruidos en las guerras que tuvieron con los in- 
dios enemigos del Valle Calchaquí, que conquista- 
ron arriesgando sus propias vidas. Y últimamente 
se ha reconocido en estos años próximo pasados 
tan osada avilantez en dicho enemigo mocobí, que 
ha infestado tanto ésta frontera, que es tanto el 
peligro que hay en los caminos, que para ir de ésta 
ciudad á la de Jujuy, catorce leguas, masó menos 
distante una de la otra, es necesario prevención de 
armas por haberse visto no pocas veces en ésta 
distancia. Por lo cual se hallan los vecinos de ésta 
ciudad con justos recelos, de que pasando 6 mayor 
audacia dicho enemigo, lo entre á sangre y fuego, 
cosa tan á numeroso y fíero gentío, fácil. Este es 



— 371 — 

el estado en que se halla reducida ésta ciudad y 
frontera». 

Para el celo del obispo, las costumbres públicas 
en las ciudades españolas dejaban mucho que de- 
sear. Este mal venía, ciertamente^ desde muy atrás: 
ya el ilustrísimo obispo Maldonado en su represen- 
tación al Rey en 1637 decía: «que necesitaba enviar 
á los pueblos numerosos de su diócesis predicado- 
res para trabajar en la reforma de las costumbres 
depravadas de los españoles, de los portugueses y 
de los mestizos, cuya vida libertina escandaliza á 
los indios». 

La visita pastoral en Salta y Jujuy le hizo co- 
nocer al ilustrísimo Señor Marcadilio, práctica- 
mente, los hombres y á la vez los negocios que se 
efectuaban en éstas regiones, con todos los abusos 
é injusticias que recaían sobre los naturales del 
país, especialmente por los negociantes en muías y 
ganado que viajaban al Perú. 

Las justas disposiciones de los prelados están 
recomendadas por sí mismas, amparando al indí- 
gena ya en sus intereses, en el servicio obligatorio 
á que se veía sometido, y hasta en su vida de ho- 
gar. De todos modos se lo explotaba: unas |)oc8s 
piezas de ropa, por lo regular, - recibía en pago de 
salario por cinco ó seis meses de servicio, al cual 
era inducido por fuerza ó con engaños. 

El Rey informado de éstos y otros abusos que 
se cometían con gran detrimento de los intereses 
generales de la gobernación, escribió al Gobernador 
de Tucumán: «D. Angelo de Peredo en carta que 



\ 



— 872 — 

me escribió desde la ciudad de Santiago del Estero 
en 13 de Agosto de 1675, reñere entre otras cosas 
del exceso ordinario que había,— aunque esté pro- 
hibidoy— en sacas de indios de esa Provincia para 
el Perú con tropas de ganado en que se ocupaba 
gran número de gente, la cual no volvía, hallándose 
en mejor tierra y más rica, y libre de la opresión 
de sus encomenderos, de que se seguia en aquella 
y otras ciudades la destrucción de las encomiendas 
y faltar quien sirviese en poblado y cultivase las 
haciendas . . . por lo cual os mando no consientais 
que los indios de esa Provincia salgan de ella á las 
del Perú, con tropas de ganado ni con otro pre- 
texto alguno, debajo de graves penas en que incu- 
rrirán los que los sacaren aunque sean sus enco- 
menderos, y es mi voluntad se guarden y hagáis 
guardar las leyes que permiten salir á los dichos 
indios hasta los límites y parajes que por ellas se 
les señalan». 

El obispo Mercadillo conocía ésta cédula y las 
demás sobre la materia; en presencia de semejantes 
males y de muchos otros que tiraban á echar raí- 
ces profundas si no eran cortados á tiempo, llegado 
á Córdoba de regreso de la visita de Salta y Jujuy, 
dictó el auto siguiente: 

«En la ciudad de Córdoba á 13 días del mes de 
Diciembre de 1700 años, el Ilustrísimo Señor D. 
Fray Manuel Mercadillo, mi Señor, Obispo de ésta 
dicha ciudad y su obispado, del Consejo del Rey 
nuestro Señor* etc. 

(cDijo que por cuanto muchos que siendo casa- 



— 378 — 

dos así en España como en las demás ciudades y 
lagares de estos reinos, vienen á éstas provincias 
y se están en ellas viviendo y pasando por mucho 
tiempo apartados de sus mujeres propias, y algu- 
nos con poco temor de Dios trayendo mancebas, 
diciendo que son sus legítimas mujeres, y por io 
que conviene al servicio de Dios Nuestro Señor y 
8 la buena y recta administración de Justicia. Por 
tanto: mandaba y mandó que todos los que se ha- 
llaren en esta Provincia, casados así en los reinos 
de España como en las demás partes y lugares de 
las indias y ciudades de esta Provincia, vayan á 
hacer vida maridable con sus mujeres dentro de 
quince días, y si tuvieren causa legítima para no 
hacerlo, dentro de tres dias de la publicación de 
de este Auto, den cuenta de ella á S. S. Ilustrísima, 
los que se hallaren en esta ciudad; y en las demás 
á los Vicarios Jueces eclesiásticos de ellas; y en 
los pueblos de indios á los Curas de ellos, para 
que dentro de cuarenta días la den á S. S. Ilustrí- 
sima para ver si son legítimas y bastantes, so pena 
de excomunión mayor laioe sententice una pro trina 
canónica monitione en derecho prcemisa ipso fado 
incurrenda^ con citación en forma para la tablilla. 
Y que los dichos Vicarios de las dichas ciudades 
se informen con mucha especialidad y todo cuidado 
de los que hubiere en sus distritos, casados así en 
los reinos de España, como en las demás ciudades 
de este reino de Indias, tierra firme y Chile, y den 
cuenta á S. S. Ilustríma para que la dé al Excelen- 
tísimo Sr. Virrey de estos reinos, Real Audiencia 



— 874 — 

de la Plata, Señor Gobernador y fustioias de esta 
Provincia, para que los remitan á Espafla eomo lo 
tiene mandado por las leyes de la Nueva Recopi- 
lación de estos reinos, y repetidas cédulas en que 
descarga su real conciencia con la de S. S. Ilustrf- 
sima, y muy en particular en lo tocante á los indios, 
pues por la mayor parte estos miserables viven 
apartados de sus mujeres por mucho tiempo, por 
tenerlos sus encomenderos ocupados en sus con- 
veniencias de trajines, arreos de muías al Perú, 
donde los más se quedan en aquellas partes dejando 
sus mujeres é hijos por no volver á sus malos tra- 
tamientos de sus encomenderos, causa porque se 
han disipado los de esta Provincia. 

«Por tanto: mandaba y mandó debajo de las mis- 
mas penas y censuras que ningún encomendero, ni 
otra cualquiera persona de cualquier estado y cali- 
dad que sea, aparte al marido de la propia mujer 
por mucho tiempo, y los que al presente tuvieren 
apartados los vuelvan á que hagan vida maridable 
con sus mujeres, dentro de nueve días, y que to- 
dos los fletadores así de carretas como arreadores 
de muías de ésta ciudad á la de Salta, y de aque- 
lla á las de arriba, que sacaren indios casados en 
esta Provincia, den ñanza de volverlos ó ella para 
que hagan vida maridable con sus propias muje- 
res, y que no lo cumpliendo, demás de las dichas 
penas, se haga de poder despachar una persona é 
costa de los dichos fletadores y arreadores á las 
partes y lugares donde estuvieron los dichos indios, 
para que los traigan para el dicho efecto, y sin esta 



— 376 — 

diligencia los dichos Vicarios, y en especial los de 
Salta y Jujuy, no los permitirán sacar so pena de 
cincuenta pesos, aplicados para la fábrica de sus 
iglesias. Y así lo proveyó, mandó y firmó.— Fray 
Manuel, Obispo de Tucumán. — Ante mi, D* Barto- 
lomé Bernal Gutiérrez, Secretario». 

La providencia del obispo había despertado un 
gran movimiento en Salta de parte del Vicario y del 
Teniente Gobernador, señor Viniegra. Espíritu in- 
quieto, el Vicario encontró buena coyuntura en las 
disposiciones episcopales para ejercitar su oficio de 
juez eclesiástico con todo el ardor de sus nervios 
en las causas matrimoniales que se le comisionó. 

Sin pérdida de tiempo abrió su tribunal y comenzó 
un largo sumario á los españoles radicados de algún 
tiempo. Ni el Gobernador General D. Juan de Za- 
mudio quedó libre de la pesquisa^ ni su Teniente 
en Salta D. José de Viniegra, para esclarecer cuanto 
convenía al respecto. 

La falta de prudencia del Vicario Troncóse con 
motivo de sus actos jurisdiccionales, levantáronle 
resistencias en el Cabildo y Gobernador; sus infor- 
mes exagerados al obispo previnieron á éste contra 
el mismo Cabildo, y en particular contra Viniegra. 
El ilustrísimo obispo con facilidad se dejó llevar de 
la fogosidad del Vicario, lo que á la vez, le trajo ma- 
las voluntades, cuyas consecuencias tuvo que sopor* 
tarlas en momentos azarosos. El Cabildo y Gober- 
nador ocurrieron á la Audiencia de Charcas por las 
cuestiones con Troncóse; pero el obispo llevó ade- 
iante su terquedad contra Viniegra, y ordenó al Vi- 



— 376 — 

oario notiñcarle su comparendo en un término 
limitadísimo, bajo severas penas, en el momento, de 
acabar su período gubernativo, para dar explicacio- 
nes sobre su conducta como infractor de las leyes 
de inmunidad. Viniegra obedeció sin réplica, y con 
su sometimiento terminó tan enojoso asunto que 
trajo tantos disturbios después de año y medio de 
duración. 

Reanudando el hilo de los hechos dispositivos 
del ilustrísimo Mercadillo, el Teniente Gobernador 
Viniegra secundando el auto del obispo en la parte 
referente al servicio de los indios, exigido por los 
encomenderos, expidió la ordenanza que insertamos 
más abajo. Ella es la prueba de la bondad de las 
disposiciones que venían dictándose en favor de los 
naturales por los señores obispos desde el primer 
sinodo del ilustrísimo Trejo. La condición desfa- 
vorable del indígena no podía tener otra sanción 
sino la más amplia condenación del duro látigo que 
caía bajo diversas formas sobre sus débiles espaldas. 

He aquí los párrafos más sobresalientes de la re- 
ferida ordenanza. 

«En la ciudad de Lerma, Valle de Lalta, en 15 
dfas del mes de Enero del año mil setecientos uno, 
el Maestre de Campo D. José Moreno Viniegra^ 
Teniente Gobernador, Justicia mayor y capitán á 
guerra en ella y su jurisdicción, por su Majestad, 
que Dios guarde, dijo: que en consideración al gran 
desorden que en esta ciudad se experimenta y ha 
experimentado con la saca de muías á los reinos 
del Perú, que conducen los indios serranos, domes- 



— 377 — 

ticos, desnaturalizados del Valle de Calchaquí y 
PulareS) cuyas reducciones y pueblos casi se hallan 
inhabitables, y otras de las ciudades de ésta Gober- 
nación, á causa de que los dichos dueños de mu- 
las, fletadores y algunos encoaienderos, los llevan 
por conciertos y otros motivos que pretextan para 
el arreo de dichas muías, valiéndose de diferentes 
medios, algunos no lícitos, á fln de conseguir te- 
ner gente para semejantes conducciones y arreos 
y asentado concierto; hasta el territorio de Jauja, 
Bombón, Cuzco y Chuquiago, hasta dar dispendio 
al ganado, y concluido los despiden, y como quiera 
qne los dichos indios por su miserable naturaleza y 
pobreza se hallan imposibilitados de poder volver 
á su pueblo y reducción, al abrigo de su mujer, 
hijos y ganados, por la grandísima distancia de 
trescientas ó cuatrocientas leguas de camino, á pié 
y sin efectos con qué costearse, porque el corto 
salario que ganan se les da en ropa aun antes de 
salir de esta ciudad, que es el motivo que tienen 
los dueños de muías y fletadores para aprehender- 
los y después compelerlos, y sin dar á sus muje- 
res ni hijos cosa alguna; sucede venderla á menos 
precio i>ara sus embriagueces, y siendo el viaje de 
más de seis meses hasta llegar á los confines de 
Jauja y Bombón, allá los apremian á que les sirvan, 
ó los tales fletadores hacen pacto y concierto con 
los dueños, de dejarlos por tiempo limitado para 
que cuiden de la guarda de las muías en segunda 
invernada, que dura más de un año. Resultando de 
la dicha imposibilidad de hallarse á pié, los creci- 



— 376 — 

dos salarios que en el Perú ganan, la tierra más 
pingüe y á propósito para sus embriagueces, el no 
volver á ésta Gobernación; y el mayor daño en 
qne se debe cargar la consideración de los que de 
estos se experimentan, es que dichos indios se 
vuelven á casar en aquellos valles, siendo este gen- 
tío diaguitas y juries, más á propósitos para el 
tráfico de leguas y trajines por sus fuerzas y ha- 
bilidad; con que sus mujeres quedan totalmente 
destituidas del sustento, y aun pasan á ejecutar 
ofensas de Dios Nuestro Señor con la cierta cien- 
cia que tienen y experiencia de no haber de volver 
sus maridos á la Provincia; reconociéndose de uno 
y otro el descrecimiento de- las labranzas y crías 
de ganados en ésta tierra, y la disposición de las 
encomiendas, quedando solo en muchos pueblos el 
nombre de reducciones y de encomenderos obliga- 
dos á las cargas y pensiones feudales, y aunque 
para atajar semejantes excesos se han dado dife- 
rentes medios y providencias, no han bastado á evi- 
tar este desorden por haberse reducido el trans- 
porte y flete de dichas muías á hacerse en cabeza 
de personas pobres, mozos sueltos y aun domés- 
ticos, con el pretexto de haber servido de capataces 
en otros tiempos, y no teniendo éstos raíces ni otra 
residencia en la tierra que la de bajar por los me- 
ses de Enero y Febrero á llevar dichas muías, es- 
tando prevenidos anticipadamente, no pueden ser 
habidos para compelerlos á dar fianzas del seguro 
y vuelta de los indios, siendo los rigores y malos 
tratamientos que experimentan de semejante gente 



— 379 — 

inexplicables, pues como quiera que saliendo á la 
Puna y viéndose libres de esta jurisdicción, ejecu- 
tan en los miserables todo su enojo al menor des* 
cuido, ó porque al tiempo de concertarse lo rehu- 
saron, y si intentan volverse ó sus pueblos, con 
pretexto de fugitivos pasan á ser crueles y otros 
excesos dignos de todo remedio, el cual no tiene 
respecto á ser en despoblado é inhabitable para que 
los indios puedan representar sus quejas á los Corre- 
gidores y Jueces de su Majestad, sin que como 
va referido haya bastado la prohibición de poder 
secar indios, siendo los límites que previene y 
asigna la Ordenanza 37 de las que para el buen 
gobierno y conservación de los indios de esta Pro- 
vincia hizo el Señor Dr. D. Francisco de Alfaro, 
Oidor de la Real Audiencia de la Plata, con espe- 
cial orden de su Majestad, en la cual da la forma 
que han de tener los trajines de unas ciudades á 
otras; declarando que á los de esta ciudad y juris- 
dicción solo se les permite conducir ganado hasta 
la Provincia de Chichas en el Perú, adyirtiendo se 
haya de ejecutar lo mismo con los indios del Para- 
guay y Chile, sin permitirles salgan de esta gober- 
nación y ciudades Ordena y manda á los 

encomenderos, dueños de muías y vacas, fletado- 
res y mayordomos que con ningún pretexto, causa 
ni motivo saquen ni puedan sacar indios de esta 
jurisdicción ni Provincia á los reinos del Perú, en 
arreos de dichas tropas, por conciertos ni en otra 
forma, y solo se les permite hasta la Provincia de 
los Chichas con la limitación que previene la Orde- 



-- 380 — 

nanza citada, lo cual sea y se entienda debajo de 
ñanza, que precisamente han de dar á satisfacción 
del Escribano de Cabildo, y con asistencia del Pro- 
tector General, para cuyo efecto han de estar las 
tropas dos dias en tablada» con apercibimiento que 
se les hace, que serán vueltos á su costa y pena 
de dos mil pesos, á los dueños de muías y vacas, 
y á los fletadores y mayordomos, de la misma 
pena, y dos años de destierro al presidio de VaU 
divia, y á los encomenderos de privación de feudo 
en caso se averigüe si tácita ó expresamente han 
consentido en la saca de dichos indios, con lo cual» 
asimismo, en que los mozos sueltos hagan dichos 
fletes y dejen la gente en el Perú para que que- 
den comprendidos unos y otros, se publica este 
auto en la plaza pública en concurso de gente y á 
toque de guerra, para que venga á noticia de todos 
y ninguno alegue ignorancia, y se pondrá por fe 
y testimonio su publicación para que conste. — Y así 
lo proveyó, mandó y firmó — D. José Moreno V¡- 
niegra — Por mandato de su merced— Pedro Pérez 
de Hoyo, Escribano Público y Cabildo». 

Celoso y trabajador mostróse el iltmo. Merca- 
dillo durante los pocos años de su gobierno; pero 
había un algo de irritante en los procedimientos, 
lo que no pocos dolores de cabeza y sinsabores 
debió ocasionarle. 

Con el Cabildo y Teniente Gobernador de Salta 
manifestó tirantez; con los Pndres de la Compañía 
dejóse llevar de profunda malquerencia, por la cual 
buscó medios para hacer pesar responsabilidades 



— 881 — 

sobre la bondad bien probada de la benemérita 
Compañía. 

En su espíritu agitado é inquieto fué hasta exco- 
mulgar al Superior del Colegio de Córdoba, según 
lo añrma el obispo Cevallos en su carta de 19 de 
Marzo de 1737 al Provincial de los franciscanos, 
elogiando la conducta del jesuita que, no obstante 
de no tener causa para creerse censurado, observó 
una actitud prudente. Estas son las palabras del 
obispo, hablando de un incidente ocurrido entre él 
y los padres franciscanos de Jujuy. 

aLos Prelados locales y demás religiosos parti- 
culares entiendan que no les es facultativo hacer 
resistencia formal en ningún caso de defensa de 
privilegio, bastándoles el protestarlo para conserva- 
ción del derecho y recurrir á sus superiores, siendo 
sabido que habiendo excomulgado el iltmo. Señor 
D. Fray Manuel de Mercadillo, mi antecesor, de 
gloriosa memoria, el R. P. Rector de este Colegio 
Máximo de la Compañía, se portó como tal por 
más opiniones que tuviese para no estarlo en el 
fuero interior, porque todo es menos que el escán- 
dalo que resulta á los ñeles, viendo dividida la tú- 
nica inconsútil de Jesucristo con diversidad de 
opiniones y jurisdicciones». 

Con el Gobernador Zamudio del Tucumán, había 
alterado las buenas relaciones y tenía cuestiones 
pendientes hasta sobre liturgia, cuestiones sobre 
las que, si tenía suñcíente razón el obispo, más el 
modo de dilucidarlas carecía de la prudencia con- 
veniente. El mismo Señor Mercadillo confiesa con 



-- 882 — 

ingenuidad que el Rey le había reprendido suave- 
mente con motivo de la antedicha cuestión. 

Hé aquí el documento que circuló á las Vicarías 
del obispado con inserción de la Cédula respectiva. 

«A Nuestros Hermanos los Señores del V. Dean 
y Cabildo de esta nuestra Santa Iglesia Catedral, 
Clero» Prelados de las Sagradas Religiones, Cabil- 
dos, Justicia y Regimiento y resto del pueblo cris- 
tiano de ésta y las demás ciudades de este nuestro 
Obispado, Salud en Nuestro Señor Jesucristo que 
es la verdadera Salud. 

((Hacemos saber como recién llegados á éste nues- 
tro Obispado, reconociendo el abuso en que estaba 
de decirse la Colecta al ñn de la misa, mudando el 
orden y forma de ella en contravención de los de- 
cretos pontificios, uso y costumbre recibida y obser- 
vada en todos los reinos de España, en presencia 
de la persona real en su real capilla, proveímos 
auto para atajar y quitar semejante abuso^ y que 
se dijese la dicha oración de la Colecta así en las 
misas privadas como en las cantadas, con la so- 
lemnidad y por el orden que se halla en los misales 
que nuevamente vienen impresos de los dichos rei- 
nos de España, lo cual tenido por novedad inquietó 
los ánimos de los vasallos; y de nuestra parte por 
los aquietar y buscar la paz cedimos á los exhor- 
tes que sobre ello nos hizo el Señor D- Juan de 
Zamudio del Orden de Santiago, Gobernador y 
Capitán General que fué de ésta Provincia, contra 
el' derecho d^ la protesta y dignidad en que Dios, — 
aunque indignos nos ha puesto, — dejando correr el 



- 383 — 

abuso oon usos de costumbre, por lo cual nos ha- 
llamos suavemente reprendidos de nuestro católico 
Rey, que Dios guarde. Y recurriendo para el ma- 
yor acierto de lo que se debía ejecutar, á su Ma- 
jestad en su Real Consejo de Indias, nos hallamos 
hoy con una Cédula real despachada en Barcelona 
en 20 de Noviembre del año pasado de 1701, la 
cual es del tenor siguiente: 

«El Rey — Reverendo en Cristo Padre, Obispo de 
la Iglesia Catedral de la Provincia del Tucumán, 
de mi Consejo. — En carta de 8 de Junio de 1699 
referis lo que habia pasado en cuanto á la Colecta 
de la Misa y exhortes que mi Gobernador os hizo 
sobre que pusieses en segundo lugar, inmediato á 
nuestro muy Santo Padre, pidiendo declaración 
según derecho de lo que se debia observar, y ha- 
biéndose visto por los de mi Consejo de las Indias 
con lo que escribió el dicho Gobernador de esa 
Provincia, y sobre todo dijo y pidió mi físcal^ ha 
parecido rogaros y encargaros, — como lo hago, — 
dispongáis que la Colecta y demás deprecaciones 
que se hacen en el Santo Sacrificio de la misa, se 
ejecuten conforme á las rúbricas del misal y á lo 
determinado por los Sumos Pontífices Pío V y 
Gregorio XIII, que dispusieron que después de 
haberse nombrado el Sumo Pontífice, se nombrase 
al Arzobispo ú Obispo y á mí en tercer lugar, cuya 
ceremonia se mandó guardar así en éstos como en 
esos reinos, sin embargo de cualesquiera costumbres 
en contrario. Y esta misma ceremonia se practica 
en mi capilla real aun estando yo presente, y en las 



' — 884 — 

demás iglesias de esta Corte y todo el reino. Y en 
ésta conformidad pudieras haber dado las órdenes 
para su ejecución, sin haberos' rendido á los ex- 
hortos del Gobernador por ser tan propio de la 
jurisdicción de vuestra dignidad, defendiéndola por 
los medios dispuestos en derecho. Y aunque por 
despacho de este dia se le advierte al Gobernador 
lo que debió y debe ejecutar, todavía por lo que 
conviene escusar controversias y discordias, os 
encargo os avengáis bien con él, pues en la unión 
de vuestra jurisdicción y la suya están interesados 
el servicio de Dios y mió, y así fio de vuestro celo 
que por vuestra parte concurriréis al logro de tan 
importante ñn, dándome cuenta del recibo de este 
despacho y de lo que en su virtud ejecutareis. — 
Fecha en Barcelona á 20 de Noviembre de 1701. — 
Yo el Rey.— Por mandado del Rey nuestro Seftor, 
Don Domingo de Calvo Mondragon». 

Lo demás del texto de la carta-edicto del iltmo. 
Mercadillo, se reñere á la ejecución de lo dispuesto 
en la Cédula real, ordenando en general á todos 
los sacerdotes la uniformidad en el rezo de la 
Colecta, de conformidad á las prescripciones litúr- 
gicas. Este documento está fechado en Córdoba 
á 19 de Agosto de 1702. 

Después de ruda labor bajó á la tumba el señor 
Mercadillo en 1704, no sin grandes amarguras, al 
parecer, por un sinnúmero de contradicciones que 
diñcultaron su gobierno hasta última hora. 

Dos obispos fueron nombrados sucesivamente en 
su reemplazo por el Papa Clemente XI: el Vicario 



— 885 — • 

General dei Arzobispado de Burgos, Dr. Manuel 
Virtus y el Dr. Juan Laizega Alvarado; el primero 
murió en Sevilla eh 1710 antes de embarcarse para 
América, y el segundo, después de su elección^ se 
le nombró para el obispado de Popayan. 

£1 sucesor del señor Mercadillo fué el Dr. Alonso 
del Pozo y Silva, oriundo de Chile; presentado á 
fines de 1711 al Papa Clemente XI, tomó posesión 
del obispado en 16 de Junio de 1715, año en que 
recién se consagró en la Catedral de Santiago de 
Chile. 

Once años hablan transcurrido hasta el lleno de 
la vacante dejada por la muerte del señor Mercadi* 
4lo; de modo que la llegada del iltmo. del Pozo á 
la diócesis del Tucumán fué celebrada con maní- 
testaciones del más vivo contento. Gobernó la dio- 
-cesis por espacio de diez años con prudencia y 
sabiduría; verdad es que su preparación y virtudes 
reconocidas le abrieron ancho campo para manifes- 
tar toda la bondad de su coraztm y sus cualidades 
intelectuales de buen gobierno. 

El escritor chileno, monseñor Eizaguirre, en su 
Historia Religiosa, Política de Chile ^ d\ce: «que fué 
tina de las notabilidades literarias que habían sa- 
lido del Convictorio de San Francisco Javier de su 
patria, según lo asegura el Dr. Ángel M. Gordillo 
-en sus Apuntes Cronológicos, mereciendo decidida 
-cooperación y apoyo del Gobernador del Tucumán, 
ürizar Arespaoochaga, notable también por sus 
virtudes y grandes dotes adn^inistrativas, tanto que 
después de llenar dos períodos de gobierno, mere- 



— ñ86 — 

oÍJó.que Felipe V Le hiciera gobernador vitalieío dé) 
Tneumán, y á su piedad jse debe la Matriz de JojUy 
y el eolegio que tos jesuítas tuvieron en Salta. De 
acuerdo ambas autoridades apoyaron el sistema de 
misiones saguido por el obispo Maldonado y el go- 
bernador Mendoza Mate de Luna, y ó ese ñn se 
establecieron Reducciones sobre el Río Pilcomayo 
y él Salado, bajo la dirección de los Padres de la 
Compañía de Jesús » 

«La peste sentida en Buenos Aires en 1717 biza 
estragos en Córdoba en 1718, dice el historiador 
'Domínguez. En esa ocasión el obispo del Tucumán^ 
Poso, pidió al Rey jesuítas para reemplazar á los 
que hablan muerto, asistiendo á los moribundos.» 

A fines de Julio de 1716 estuvo en Salta practi-r 
cando la visita pastoral: hizo ordenaciones muy 
prudentes; las misiones tuvieron un estímulo en su 
celo y labor, grangeándose el aprecio y admiración 
de cuantos le trataron por su carácter bondadoso 
y comunicativo. 

Trasladado al obispado de Santiago y más tarde 
al arzobispado de La Plata, últimamente se retiró 
de éste por renuncia que hizo en 1745 para volver 
á la vida privada, pasando sus últimos años en 
Santiago de Chile, donde falleció lleno de méritos. 

Con motivo, pues, de la traslación á Chile del 
iltmo. Pozo, vino á regir la diócesis del Tucumáa 
el Dr. D. Juan Manuel de Sarricolea y Olea, ins- 
tituido obispo por Inocencio XIII en 1724. Era 
canónigo Penitenciario de la Metropolitana de Lima 
y natural de la misma ciudad. Seis años después^ 



— 387 — 

trasladado á Chile para suceder al iltmo Pozo, 
ascendido á la Silla Metropolitana de Charcas, no 
tardó mucho en ser nuevamente promovido al obis- 
pado del Cuzco. 

No obstante su corta actuación, como se ve, al 
frente de la diócesis tucumana, recorrió todo su 
territorio. En los primeros días del mes de Febrero 
de 1726 ya le encontramos en los confínes de Ju- 
juy, practicando la visita pastoral en Yavi y Cochi- 
noca; en Abril abría la visita en «Salta, y dejóse 
estar en esta ciudad hasta fínes del mes de Julio, 
en que pasó á Tucumán, en cuya ciudad comenzó 
también la visita en 27 de Agosto del mismo año. 

Mientras estuvo en Salta dictó providencias opor- 
tunas para el mejor ejercicio del ministerio parro- 
quial de los señores curas; trató de que se em- 
plearan las rentas destinadas para el hospital en su 
verdadero fin, á cuyo efecto no habiendo obtenido 
una aclaración satisfactoria durante la visita, desde 
el lugar del Rosario de la Frontera envió comisión 
al Vicario de Salta, Dr. Juan Pablo de Olmedo 
para hacer la investigación respectiva. 

Desde Tucumán organizó el cobro de los diezmos 
en mejor forma, é hizo participar de sus obras de 
pastor solícito al resto del obispado^ donde conti- 
nuó hasta terminar la visita emprendida. 



CAPÍTULO XV 



Trabajos por la caridad 



Sumario:— Olvido de la designación de terreno para hospital— 
El primer Cabildo de Salta— Donativo— Aplicación de 
la renta del hospital — Disposición del Vicario del 
Obispado— Obra de la Catedral— Renta del hospital 
de Salta— Texto del Acuerdo del Cabildo— Efectos 
negativos— Aplicación de la renta— Auto del Obispo- 
Nueva disposición real— Contribución de Salta, Tucu- 
mán y Rioja— Auto del Obispo* San Alberto sobre los 
bienes del hospital— Exposición del Procurador- Re- 
conocimiento del edificio'— Parte utilirable — Senti- 
mientos generosos del Obispo Moscoso— Donativo de 
20 mil pesos— Persona] directivo del hospital— Padres 
Beletmitas— Inauguración del hospital -Regocijos pú- 
blicos—Aspiración cumplida. 

En el repartimiento de solares al tiempo de fun- 
darse la ciudad de Salta, no se tuvo en cuenta el 
establecimiento de casas de beneficencia ú hospitales 
para la clase desheredada; el primer Cabildo for- 
mado á raíz de la misma fundación, vino é llenar 
esta deñciencia, celebrando el interesante acuerdo 



— 390 — 

que insertamos como un documento histórico, que 
viene de aquellos lejanos tiempos, en el que se to- 
maron importantes resoluciones al respecto^ con el 
propósito de aprovechar un legado existente para el 
hospital que se abriese en Salta, dejado por el fun- 
dador del hospital de Santiago del Estero. 

Con esta base y las rentas propias que tenían 
esta clase de establecimientos por leyes reales, la 
aplicación del noveno y medio de los diezmos, el 
Cabildo deliberó en 1586 ordenando la fundación del 
hospital, al cual se le dio el nombre de San Andrés, 
y se nombró á Gonzalo de Torres Hinojosa admi- 
nistrador de sus rentas, con poderes amplios para 
representar al Cabildo en todo lo concerniente á la 
fundación y marcha del establecimiento, reserván- 
dose aquel el patronato en lo futuro crpara lo que 
conviniere mirar, quitar y poner ó remediar acerca 
de la hacienda y bien y pro del dicho hospital.» 

Veinte años habían pasado y no llegó á colocarse 
una piedra; las reñías se destinaban á otros ñnes 
y el entusiasmo perdió toda su fuerza. 

A mérito de esto, el Vicario gobernador del obis- 
pado, en ausencia del obispo Victoria, D. Juan de 
Ocampo Jaramillo, con fecha 16 de Noviembre or- 
denó se aplicase á la reediñcación de la Iglesia Ca- 
tedral de Santiago la mitad de la renta de todos los 
hospitales de las ciudades hasta la terminación del 
trabajo, y la otra se empleara en cada ciudad en 
edificar las casas en que debían abrirse los hos- 
pitales. 

La obra de la Catedral pronto terminó y los Ga- 



— 891 — 

bildós quedaron libres de la carga de \b . contribuí 
ción; pero éstos no volvieron á preocuparse más 
de tales hospitales én ninguna de las ciudades^ sin 
embargo de cobrárselas rentas del noveno y medio 
de loa. diezmos. 

A estar á la exposición del iltmo. obispo Sarri^ 
colea en su auto de comisión, de que hicimos men- 
ción en el capítulo anterior, 130 años después del 
primer acuerdo del Cabildo, el hospital de Salta, 
en proyecto, llegó á tener ochenta mil pesos de 
renta, cuya inversión dio lugar á serias investiga- 
ciones por parte del obispo. 

Para no adelantarnos á los hechos, insertamos á 
continuación el Acuerdo del Cabildo en 1586. 

«En la Ciudad de Lerma del Valle de Salta en 
seis dias del mes de Noviembre de mil é quinientos 
y ochenta y seis años, los Ilustres Señores Cabildo, 
Justicia y Regimiento de ésta ciudad, se juntaron 
á Cabildo como lo han de uso y costumbre, con 
asistencia del Ilustre Señor Capitán Lorenzo Rodrí- 
guez, Teniente, Justicia Mayor de ésta dicha ciudad; 
Juan Morillo, Alcalde Ordinario; Gonzialo de Torres 
Hinojosa^ Aparicio de Iniesta, Juan de Chaves, Juan 
Farfán Marmolejo^ Regidores; y estando juntos en 
sú Cabildo y Ayuntamiento trataron de cosas con- 
venientes á ésta ciudad é República, dijeron: Que 
por cuanto en ésta ciudad desde la fundación de 
ella no se ha señalado ni nombrado hospital ni mar 
yordomo de él, ni sitio de solares para la funda- 
ción; y porque es necesario que en ésta ciudad lo 
haya cómo en las demás ciudades de los ñele9 



— 392 — 

cristianos, y que haya mayordomo y Patrón de él 
para que io tenga á cargo y se vea el aumento y 
sustento de lo que es necesario para el buen re- 
caudo y cuidado de la hacienda y bienes que ansí 
tuviere, y que la casa del tal hospital se haga é 
vaya aumentando, y asimismo para que se traiga al 
dicho hospital cierta hacienda de ganados é otras 
cosas que le pertenecen del de la ciudad N. Señora 
de Talavera, é de otras partes donde quiera que 
estuvieren, conforme ó la capitulación que hubiere 
hecha del fundador del hospital de Santiago del 
Estero; y para que lo susodicho tenga efecto y prin- 
cipio de ello: en el nombre de Dios Nuestro Señor 
y de la Virgen Benditísima María su gloriosa Ma- 
dre, dijeron los dichos señores Cabildo, Justicia y 
Regimiento que presentes están, que señalaban, 
constituían y ordenaban en esta dicha ciudad, hos- 
pital ó casa para él, la cual harían y ediñcarian á 
donde por el Señor Capitán Lorenzo Rodríguez Te- 
niente de Gobernador en ésta ciudad, é por otra 
persona que tuviese para ello poder, le señalase 
solares ó sitios para ello, ó á donde á los dichos 
Señores de Cabildo les pareciere adelante convenir 
y ser más cómodo, y para ello los dichos señores 
se nombraban é nombraron por Patrón de dicho 
hospital, y lo mismo sei^á los años adelante que 
siempre el dicho Cabildo sea Patrón del tal hospi- 
tal para siempre jamas, el cual dicho Cabildo que 
nuevamente entrare en cada un año después de 
haber nombrado y hecho los oñciales de Cabildo, 
nombre asimismo mayordomo del tal hospital, y la 



— 39B - 

tal persona sea del Cabildo, uno como sea sufi- 
ciente para el tal mayordomazgo y de cuidado que 
para ello se requiere, y así el tal mayordomo que 
entrare el tal año con el Alcalde que fuere de pri- 
mer voto, tomen las cuentas en pago al mayordomo 
que hubiese sido del año pasado, y esto se entiende 
ha de ser en cada un año, como dicho es, quedan- 
do por Patrón este dicho Cabildo para lo que con- 
viniere mirar, quitar y poner ó remediar acerca de 
la hacienda y bien y pro del dicho hospital; y así 
los dichos señores en conformidad de lo susodi- 
cho y principio de ello dijeron: Que nombraban é 
nombraron por mayordomo de dicho hospital este 
año presente é lo que resta de él á Gonzalo de 
Torres Hinojosa, vecino de esta ciudad, al cual los 
susodichos como tal mayordomo le dieron poder y 
facuJtad para entrar en su poder y cobrar todos é 
cualesquiera bienes é haciendas pertenecientes al 
dicho hospital é adelante le pertenecieren, y lo co- 
brar y sacar de cualesquiera personas de poder en 
quien estén, y sobre ello pueda parecer en juicio 
ante todos é cualesquiera justicias de su Majestad, 
y presentar cualesquiera escritos y escrituras y 
probanzas, y hacer todas las demás diligencias que 
convengan, que para todo ello le daban su poder 
cumplido, tal cual en tal caso se requiere y ha 
lugar en derecho con todas sus incidencias y de- 
pendencias, anexidades y conexidades y con libre 
é general administración; y mandaron que este di- 
cho nombramiento del tal hospital é mayordomo se 
saque un traslado como este, y firmado y autori- 



— 394 - 

zédo de los señores de esté dicho Cabildo se le dé 
al dicho Gonzalo de Torres Hinojosa, para que lo 
ponga por principio y cabeza, de las. demás orde- 
nanzas é libro que se hiciere y se ha de hacer para 
el dicho hospital; y ñrmáronlo de sus nombres.-^. 
Lorenzo Rodríguez— Juan Morillo — Gonzalo de To- 
rres Hinojosa — Aparicio de Iniesta — Juan de Cha- 
ves—Juan Farfén.— Ante mí, Antonio NOñez, Es- 
cribano Público.» 

Sensible es que después de lo acordado por el 
primer Cabildo no se hubiese llegado á la realiza- 
ción de una aspiración tan noble. 

Se había adquirido el terreno contiguo á la Ca- 
pilla de San Bernardo para el ñn deseado» y aún 
se hicieron algunas tentativas de emprender algún 
trabajo, levantando hoy un muroy después otro hasta 
la época de 1726; todo esto sin resultado alguno prac- 
tico. Los Cabildos distribuían alguna parte déla renta 
en limosnas á los pobres, mucha parte de ella se 
perdía porque no se cobraba ó los mayordomos, po- 
co escrupulosos, la aplicaban á diferentes destinos, 
ágenos de la caridad. 

Es con este motivo que el iltmo. obispo Sarri- 
colea envió la siguiente •comisión desde el Rosario 
de la Frontera al Vicario de Salta Dr. Pablo Ol- 
medo. 

«Nos el Dr. Juan de Sarricolea y Olea, por la 
gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obis- 
po de la ciudad de Córdoba de esta provincia del 
Tucumán, del Consejo de su Majestad, etc. 

«Por cuanlo en la visita que hicimos en laciudad 



^. 395 — 

de Salta.de su iglesia^ cofi^adí^is y obras pias, de- 
jamos abierta la que debimos hncer del hospital de 
San Andrés, que antiguaniente. estuvo fundado en 
dicha ciudad^ y hoy se conserva con el título de 
socorrer con sus rentas á los pobres de dicha cíu^ 
dad) por no haber comparecido durante el tiempo 
de nuestra asistencia en ella el Mayordomo de él, 
siendo citado y requerido para que diese sus cuen- 
tas por el libro que debe tener de carga y descat^go; 
que tampoco se presentó ni exhibió para que por 
él se pudiese reconocer el modo de proceder en 
ellas y el estado en que al presente se halla la di-' 
cha obra pía, que por público y notor'io en dicha 
ciudad consta haber tenido de primera dotación y 
fundación ochenta mil pesos, y hoy se dice no lle- 
gar á ocho mil los que tiene en ser, de los cualeá 
no nos pudo constar su aplicación y uso legítimo 
por la referida ausencia de dicho Mayordomo, y 
no haber habido persona que en su lugar compare- 
ciese á éste efecto;— por tanto, y porque nos halla- 
mos informados del abuso y mal gobierno que se 
ha tenido de muchos años á esta porte en ia ad- 
ministración de las rentas de dicha obra pía, ha- 
biendo cesado el fín para que se instituyeron y 
asignaron por el piadoso testador; entre tanto que 
con consulta del Sefior Gobernador de ésta Provin- 
cia, Vice patrón en ella por su Majestad, resolvié- 
remos otra cosa, tuvimos por bien de mandar co- 
mo mandamos, que el Administrador de dicha obra 
pía suspenda cualesquiera limosna y aplicaciones 
que de sus rentas se acostumbran hacer, y que lo 



— 396 — 

procedido en ellas que hubiere cobrado y fuere co- 
brando en adelante, lo deposite en poder del Maes- 
tre de Campo D. Marcos de Arambulo, y se reser- 
ve en él para lo que con la referida consulta pare* 
ciere más conveniente aplicar y destinar, corforme 
á la mente del fundador y á la de su Majestad, 
mientras le damos cuenta de la ruina del dicho 
hospital y del miserable estado á que ha llegado 
su dote y fundación. Y mandamos al Dr. D.Juan 
Pablo de Olmedo, Cura de la dicha ciudad y nues- 
tro Vicario en ella, notiñque este nuestro auto al 
Mayordomo y Administrador de dichas rentas, y 
le haga exhibir el libro corriente de su administra- 
ción, y siente á la letra éste nuestro auto, copián- 
dolo según y como en él se contiene, y devolvién- 
donos el original con las diligencias hechas en su 
cumplimiento, y á su continuación; el que asimismo 
hará saber al dicho Maestre de Campo D. Marcos 
de Arambulo, por lo que respectivamente le toca, 
para lo cual le damos la facultad y poder que es 
necesario y que por derecho se requiere sin limita- 
ción alguna, y lo ñrmamos en el Rosario en 27 de 
Julio de setecientos y veintiséis años. — Manuel, 
obispo de Córdoba. —Por mandato del obispo mi 
Señor, Juan José Zegarra, Not. de Visita.» 

La providencia anterior tampoco dio resultado, 
continuando las cosas sin variación alguna. En 1738 
el illmo. obispo Cevullos solicitó del Rey una nue- 
va aplicación de las rentas del hospital para conti- 
nuar los trabajos de la Catedral de Córdoba, por el 
término de cuatro años; pero el Rey. más pródigo, 



— 397 - 

ordenó por cédula de 18 de Ootubre de 1749, se des- 
tinaran las rentas del noveno y medio de las ciu- 
dades que no tuviesen hospital, entre las cuales se 
hallaban la mayoría de ellas, Salta particularmente; 
y que de Tucumán, Santiago y la Rioja se llevarán 
además por turno, los indios necesarios hasta ter^ 
minar la obra por completo. 

Durante treinta y tres años pesó esta nueva con- 
tribución sobre la ciudad de Salta, sirviendo, por 
consiguiente, de pretexto y causa para que se re- 
tardase más la fundación del hospital. 

Los .obispos que se habían sucedido en la dióce- 
sis del Tucumán, en las visitas que verificaron, pu- 
sieron los medios para garantir y conservar lo que 
pertenecía á los hospitales; más la incuria de los 
Cabildos era la verdadera remora que entorpecía 
aquellos mandamientos, que luego perdían su vi- 
gor y se consideraban como letra muerta. 

El iltmo. obispo, Señor San Alberto, expidió á 
éste propósito el auto siguiente, que insertamos, 
amparando y asegurando los bienes que poseía el 
hospital de Salta. 

Dice así: 

«En la ciudad de Salta en 24 de Diciembre de 
1782, el iltmo. Señor D. Fray José Antonio de San 
Alberto, obispo del Tucumán, haciendo la visita en 
esta ciudad, en continuación de la general de su 
diócesis, y habiendo visto este libro y los demás 
pertenecientes á la administración de la obra desti- 
nada para hospital en esta ciudad, cuyo patronato 
está á cargo del muy ilustre Cabildo. Justicia y Re- 



— «OtO ■^*— 



gimiento de ella^ reconocidos y examinadas las 
cuentas que han dado los mayordomos y enterado 
su iltma. del estado de sus fondos y rentas, dijo: 
debía mandar y mandó que en adelante con nin- 
gún pretexto ni motivo, se expendan las rentas de 
ésta pía memoria en limosnas particulares como se 
ha hecho hasta ahora en grave perjuicio de ella, 
sino que se reserven integramente pnra el ñn á que 
están destinadas y que se va á poner en ejecución 
como está mandado por auto de éste día, encargan- 
do como encarga á dicho ilustre Cabildo que cele 
con la mayor vigilancia sobre la mayor seguridad de 
los capitales de esta fundación.— Que se den las 
cuentas anualmente por los mayordomos con toda la 
expresión y claridad necesaria. Que jamás dejen estos 
de dará continuación de ellas, como se han hecho en 
los últimos años una razón de todos los censos y 
una relación de las resultas ó atrasos de réditos de 
ellos, ordenando á dichos mayordomos que siem- 
pre que algún censualista se atrase en más de dos 
pagos ó conozca que la hipoteca vá á menos, lo 
ejecute por el principal y corridos, como también 
que haga reconocer los censos y mejorar las hipo- 
tecas, si fuere necesario, siempre que hayan pasa- 
do diez años de su imposición, ó aunque estos no 
hayan corrido, siempre que pasen sus ñncas áotro 
poseedor, y que igualmente se practiquen cuantas 
diligencias sean posibles para aclarar el derecho 
que pueda tener ésta obra pía ú otras fincas. Y 
que contemplando su iltma. que la frecuente mu- 
tación de mayordomos la puede ser perjudicial. 



— f899 — 

procure en cuanto, sea ppsFble no variar de mano 
para este ministerio, siempre, que alguno lo ejercite 
con la ñdelidad, celo y caridad que es menester y 
corresponde al santo ñn dé esta fuiídación. Y por 
este auto asi lo proveyó, mando y firmó su S. iltma. 
el obispo mi Señor por ante mi el infrascripto No- 
tario de. Visita, que de ello doy fe. — Fray José An- 
tonio de San Alberto, obispo del Tucumán. — Ante 
mi, Patricio Torrico y Giménez, Notario de Vi- 
sita. 

En 1784 el Procurador General D. Nicolás León 
de O^eda hizo una extensa exposición al primer 
Gobernador Intendente de Salta, Señor Aiidrés 
Mestre, sobre lo concerniente al hospital; ó mérito 
de ella se pasó á un reconocimiento de las obras 
y se halló que el terreno donde se levantaba el 
edificio tenía una extensi<')n de 150 varas de Este 
á Oeste y 46 de Sud á Norte; un salón para enfer- 
mos de 24 varas de largo por 7 de ancho, á la al- 
tura de enmaderar, para 13 camas, pues constaba 
de 13 divisiones para camas separadas; además 
tres piezas de 4, 5 y 6 varas, sin techo. Este de- 
partamento se destinó para hombres. El de muje- 
res constaba de un salón de iguales dimensiones 
que el anterior, sin techo, y tres pequeños cuartos 
viejos. La capilla existente de San Bernardo, in- 
mediata al hospital, tenía 34 varas y dos tercias 
por siete y media. Con estos informes el Gober- 
nador Mestre se dirigió al Rey en Septiembre de 
1787 adjuntando los documentos «que comprueban^ 
dice, no haber en esta Provincia, después de su 



ri 



- 400 — 

división, un hospital siquiera en que se atienda á 
la curación y alivio de ios muchos enfermos po- 
bres». 

Las deligencias practicadas |K)r el Gobernador 
encaminaron el asunto á mejor resultado, y pudo 
contarse en su tiempo con el edificio destinado para 
hospital, ya terminado; pero el tiempo pasaba en 
trámites entre el Cabildo, el Gobernador, el Obispo, 
el Rey y los Alcaldes, respecto ó la renta; más al 
hospital no le había llegado el turno de su aper- 
tura. 

El iltmo. obispo Dr. Ángel Mariano Moscoso, di- 
rigiéndose al sucesor del señor Mestre, D. Ramón 
García Pizarro, en Marzo de 1796, decía en su ofi- 
cio: «No es una vez sola en que he manifestado 
mis ardientes deseos de ver realizado en esta ca- 
pital el hospital de que se trata, ni en que he dado 
pruebas del anhelo con que procuro aumentar los 
fondos de su subsistencia para que cuanto antes 
disfrutase de este común consuelo la desvalida hu- 
manidad». 

Estos generosos sentimientos fueron comprobados 
con el importante donativo que hizo á favor del 
hospital de Salta de veinte mil pesos fuertes. 

Desde Córdoba escribía el mismo obispo al Go- 
bernador de la Luz en Febrero de 1800, cuando las 
obras del hospital tocaban á su fin para su aper- 
tura: ((Es esta virtud me ha parecido oportuno su- 
plicarle á Usía, como lo hago, se sirva hacerse car- 
go de ésta obra echando mano para ello de los 
réditos que le hayan producido los principales des- 




— 401 — 

de el tiempo de mi visita; y en caso de no ha- 
llarse estos prontos ó de no ser suñcientes^ del 
donativo que á su favor de esta fundación hice él 
año de noventa y seis, cuya cantidad tendrá á dis- 
posición de Usía mi Vicario Dr. D. Vicente Isas- 
mendi». 

Terminado, pues, el ediñcio con gran contento 
público^ se pensó primeramente entregarlo á los 
religiosos de San Juan de Dios; pero la facilidad 
de obtener personal de la orden Beletmita, radica- 
da ya en Córdoba y al frente de su hospital, se 
contrataron tres religiosos de la última. 

El 20 de Agosto, flesta de San Bernardo, del año 
1805, abrió sus puertas, por fín, el hospital á cargo 
de los religiosos beletmitas Fray Ignacio de San 
José, Fray Manuel del Carmen y Fray José Antonio 
del Espíritu Santo, Hermano enfermero, recibiéndose 
ese mismo día seis enfermos. 

En los anales de Salta, es uno de los aconteci- 
mientos que se celebró con el entusiasmo y rego- 
cijo que traen las grandes obras, realizados á fuerza 
de sacrificios y de constancia. 

La ciudad toda se había dado cita; la Matriz fué 
el punto de reunión, en donde se organizó una pro- 
cesión conduciendo al Patrón San Bernardo hasta 
su templo, anexo al hospital. Un enfermo era con- 
ducido en su camilla, en hombros délos religiosos, 
al propio tiempo, con el que se inauguró aquel, 
agregándose más tarde cinco enfermos, cuyos nom- 
bres conserva la acta de inauguración que tenemos 
á la vista. 



— 402 — 

«La bendición fué hecha por el Dp. Vicente Anas- 
tasio Isasmendi, dice el acta, y concluida se dio ei 
correspondiente refresco á los señores concurrentes, 
y en la noche de este día vino el Cabildo á éste 
real hospital con música, y hubo luminarias y fue- 
gos artificíales que costeó este ilustre Cabildo». 

Así, después de 220 años, Salta pudo contar con 
su hospital, único en las ciudades que componían 
la intendencia, debido al esfuerzo de los Goberna- 
dores Mestre, García Pizarro y de la Luz; pero, más 
aun al ilustre prelado el itmo. Dr. Ángel Mariano 
Moscoso, obispo de Córdoba del Tucumán, bajado 
á la tumba desgraciadamente el año anterior de la 
solemne inauguración del hospital de San Andrés, 
por el cual tanto empeño había puesto en su rea* 
lización para que Salta contara con un estableci- 
miento de beneñcencia, di^no de su ardiente ca* 
ridad. 



CAPITULO XVI 



Después de Ciento Cincuenta Ifios 



Sumario: —Sucesión de doce obispos—El Iltmo. Cevallos— Ca- 
racteres distinguidos— Su espíritu— Gobierno laborioso 
—Época de contradicciones — Medidas enérgicas— 
Reclusión de una monja- Los Padres de la Merced— 
Los Franciscanos de Jujuy — Agravios al obispo — Garfa 
de satisfacción del P. Visitador— Otra del Provincial 
— Trabajos del obispo— Pedimento al Virrey en favor 
de los indios— Informe favorable— Recursos para la 
obra de la Catedral— Disposición real— Autos sobre 
disciplina y administración— Promoción al Arzobispado 
de Lima— Fundación de una Misión— Disposición tes- 
tamentaria—Otras disposiciones— Obispos que le su- 
cedieron—El Iltmo. Argandoña— Cuidados preferentes 
—Las misiones— Carta al Vicario de Salta— Fundación 
de una casa religiosa en Salta— Auto de aprobación— 
El Presbítero Torres nombrado Patrón— Donativo de 
. 20.000 pesos— Reconocimiento jurídico del suceso de 
la Virgen de Lágrimas— Proyecto de un Sinodo— San- 
ción de la Regla consueta del Capítulo de Córdoba- 
Traslación al Arzobispado de Charcas— Sinodo metro- 
politano— Sucesor en la diócesis— Cargos desempefla- 
dos por el Iltmo. Abad— Confirmación sobre la casa 
religiosa de Salta— Cambio de propósito del sefíor 
Torres— Carta del obispo— Propósitos irrealizables— 



— 404 — 

Disposiciones en Salta por auto de visita pastoral^ 
Juicio* del obispo sobre la piedad de la mujer saltefia 
—Consejo sobre vestidos para asistir ai templo— Qo- 
bierno agitado— Acción sin efectos— Causas— El hos- 
pital de Córdoba— Traslación del obispo— Su muerte 
en Arequipa— Sucesor en Arequipa— Vicario Capitular 
en el Obispado de Córdoba del Tucumán. 



El tiempo había corrido. Doce obispos se ha- 
bían sucedido en el gobierno de la diócesis del 
Tucumán. Espíritus fortalecidos por la unción sa- 
grada, formados por la gracia del Paráclito para 
gobernar y regir esta porción de la Iglesia de Dios, 
después de siglo y medio los encontramos con las 
mismas energías; su acción no había decaído un 
ápice porque estaba inspirada y movida por un 
mismo celo y por una misma fuerza que traían su 
origen de Dios. 

El iltmo. Dr. D. José Antonio de Cevallos, ele- 
gido en 1730 por su Santidad Clemente XII, vino 
á regir la diócesis del Tucumán en 1733 en que 
tomó posesión de ella. Aunque de origen español, 
residía en Lima por aquellos tiempos desempeñan- 
do el cargo de Inquisidor. Era un prelado muy 
ilustrado, lleno de celo apostólico como el que más 
y dotado de un espíritu vigoroso para todas sus 
empresas. Recorrió en diversas ocasiones toda la 
diócesis, dejando el bien por todas partes; fundó 
misiones conversoras entre los iníieles; fomentó las 
existentes, y su palabra dejábase sentir en ciuda- 
des y aldeas ya de viva voz, ya por escrito. 

Por la mención que hemos hecho de este prelado 



— 405 — 

en capítulos anteriores, el lector ya tiene una idea 
cabal del temple de espíritu de que estaba dotado. 
Su gobierno fué un gobierno de labor, teniendo 
que soportar^ en muchas ocasiones, dificultades y 
contradicción por su ministerio de pastor vigilante^ 
cuando para cortar abusos y restablecer la disci- 
plina y observancia de las leyes eclesiásticas, im- 
primía á sus ordenaciones un espíritu inflexible. 

El año de 1738 fué una época azarosa para el 
iltmo. señor Cevallos, tuvo que oponerse á medi- 
das del gobierno civil sobre censos ó padrones que 
se levantaban de las reducciones y pueblos de in- 
dios sin ajustarse á las leyes reglamentarias de la 
materia, y con menoscabo de los derechos de los 
párrocos y curas doctrineros. Ciertas medidas 
adoptadas en la visita de un monasterio, le produ- 
jeron acusaciones y demandas ante el tribunal me~ 
tropolitano de Charcas; pero el arzobisto aprobó su 
conducta y cuanto fué ordenado por el obispo, cu- 
yas disposiciones decía el Fiscal líclesiástico me- 
tropolitano, ser santísimas y muy conformes al es- 
píritu de la Regla del monasterio aludido, no obs- 
tante la dureza de las medidas adoptadas, como la 
de recluir á la superiora de un monasterio en otro, 
donde permaneció cerca de un año. 

Los padres de la Merced de la ciudad de la 
Rioja habían cerrado su convento y lo abandona- 
ron por medidas que juzgaron lesionaban sus de- 
rechos. 

El obispo había procedido sobre puntos que caían 
bajo su jurisdicción por las reglas del Derecho, y 



— 406 — 

los padres erróneameiUe apelaron á la autoridad 
civil en demanda de justicia, lo que agravó más la 
mala situación en que se habían colocado. 

Por el norte del obispado, otros asuntos conmo- 
vían su espíritu: los padres del convento francis- 
cano de Jujuy en 1736, habían acudido también al 
Metropolitano de Charcas por agravios de parte 
del obispo; pero, en realidad de verdad, el agra- 
viado era el misto obispo. E\ P. Guardián Fray Fran- 
cisco de Mena y sus religiosos, habían hecho des- 
precio público de su autoridad episcopal, en pleno 
templo, levantándose con estrépito y desprecio del 
obispo. Tal vez esto respondía á medidas ante- 
riores, ndo()tadas por el prelado con diversos indi- 
viduos de la misma orden; las cartas cambiadas 
entre el obispo, el Padre Visitador y Provincial 
franciscanos, ponen de maniñesto la culpabilidad de 
los padres de Jujuy. 

Publicamos las dos cartas del Visitador y Pro- 
vincial, no solo porque corroboran lo que dejamos 
consignado, sino por el interés que ellas encierran 
sobre otros puntos de aquella época. Las cartas 
del obispo son explicativas del hecho y fundadas 
en espíritu de caridad, contentándose con llevar á 
conocimiento de los prelados regulares el incidente 
sie pedir cosa alguna contra los ofensores, á quie- 
nes otorgó su perdón. 

Dice así el P. Visitador: 
«Ilustrísimo Señor: 

«Yo me daba los plácemes al partir del Puerto 
de Buenos Aires por haber acertado el punto' ñjo 



— 407 — 

de mi derrota para esa ciudad de Córdoba, princi- 
pio con que empezó á lisonjearme el apetito de mi 
propio deseo, el que es siempre ponerme personal- 
mente en la presencia y obediencia de V. S. Iltma., 
y dar en parte, sino en todo satisfacción á mi 
propia obligación, que por indigno prelado de toda 
esta Provincia de V. S Iltma.^ obtengo, me ba es- 
caseado el tiempo mi fortuna; pues al hallarme en 
esas con medio de Buenos Aires y Córdoba, tuve 
& costa de mi pesar una noticia como tan adversa, 
infausta, que los indios bárbaros hostilizaban los 
países del Río Segundo con sus insultos de mu- 
chas muertes y no pocos robos, y habiendo sido 
tan pocas, 6 ninguna, las prevenciones conducidas 
para el seguro mío, y de toda mi comitiva, y pa- 
recerme temerario arrojo proseguir mi camino para 
ese convento de V. S. Iltma., discurrí prudente 
dictamen retrocederlo para este de Santa Fe, lo 
que por el sociego en que se halla, parecióme pro- 
metía algún seguro en su tránsito. 

aEn ñn, iltmo, fué Dios servido el que yo arríba- 
se á esta ciudad el día 1^ del corriente, donde de- 
termino celebrar mi capítulo provincial, el que me 
será lisonja y especial consuelo principiarlo y con- 
cluirlo el día 30 de Abril con la direccipn y pruden- 
cia de y. S. iltma., ejecutando todo lo que se 
dignare ordenarme, como también en todo lo que 
yo pudiere y valiere en esta ciudad. Y aunque me 
hallo bastantemente quebrantado de salud, lo que 
atribuyo así á la molestia del camino, como por ha- 
berlo principiado convaleciente de mis achaques, de 



— 408 — 

to que espero mucho alivio ejecutando 6rdenes de 
V. S. illma. 

«Ilustrísimo señor: vuelvo á reproducir en esta 
ocasión la gratitud grande en que me hallo á V. S. 
iltma. por la piedad, caridad y amor con que ha 
atendido á esos pobres conventos y sus comunida- 
des, olvidando con tan noble pecho y piedad cris- 
tiana los agravios ejecutados contra su dignidad 
suprema y dignísima persona, por las imprudencias 
é inconsideraci(^n grande de algunos pocos sujetos, 
los que me alegraron se restituyesen á esta su pro- 
vincia en este tiempo de mi gobierno, para que así 
quedara en todo satisfecho V. S. iltma., y yo con- 
solado de haber castigado excesos de tantos desór- 
denes, cuyo deseo espero (si Dios no dispone de 
otra cosa) manifestarlo á V. S. iltma. en persona 
porque espero verme en ese su convento de Cór- 
doba, respecto que nuevamente he tenido duplicado 
despacho del M. R. P. comisario general Fray 
Alonso López de las Casas, confirmándome la visita 
general y procedencia del capítulo de esta su pro- 
vincia, y á estos despachos otros adjuntos en que 
me confiere su P. M R., comisión y facultad para 
tomar la residencia al M. R. P. Fray Antonio Cor- 
dero ex comisario general de este reino; lo que todo 
junto vuelvo á sacrificar al obsequio de V. S. iltma. 

«Esta última comisión puede ser que me abra 
camino para esa ciudad y logre yo la dicha de me- 
recer comunicar á V. S. iltma , único deseo con que 
siempre he vivido, el que saciará en algo su apeti- 
to si V. S. iltma. me da materia en que emplearme. 



— 409 — 

Y no ofreciéndoseme otra cosa ruego á V. S. iltma. 
el no ir ésta de mi puño por lo quebrantado de sa- 
lud en que me hallo* — Dios guarde muchos años á 
la noble persona de S. S. iltma. con los ascensos 
que se merece. — Santa Fe y Febrero 16 de 1737. — 
Iltmo, S.— b. I. m. de V. S. Iltma. su grato siervo y 
seguro capellán. — Fray Antonio Areistondo.» 

El P. Provincial por su parte decía : 
(dlustrísimo señor: 

«Hallóme con carta de Y. S. iltma. su fecha 3 
de Abril del año pasado de treinta y seis, de que 
me hizo entrega el día 12 del corriente con un le- 
gajo de autos que constan de 106 fojas, obradas 
por V. S. iltma. contra el P. Guardián de Jujuy y 
otros individuos de dicho convento por los desa- 
catos y excesos perpetrados contra su nobilísima 
persona y alta dignidad. Y en este punto siento 
en el alma hayan demorado en llegar á mis manos, 
retardándola providencia y pronta satisfacción que 
demanda el caso; y aunque en la congregación que 
celebré en Buenos Aires me participaron por cartas 
misivas algo de lo sucedido, no mereciendo por 
entonces carta de V. S. iltma., ni resultado de la 
visita de mi comisionado cosa de sustancia contra 
dicho guardián y religiosos^ no hallé comino para 
aplicarles la pena condigna á sus excesos por no 
estar justiñcados, hachóles cargo de ellos y oídas 
sus exenciones y descargos, requisitos todos nece- 
sarios en derecho para privar de oñcio á cualquier 
guardián canónicamente electo, y solo me pareció 
por entonces extraer de dicha conventualidad al 



— 410 — 

guardiAn y predicador, como consta de la tabla de 
congregación; y reservando su castigo para cuando 
constase jurídicamente la culpa, que supongo pro- 
bada en los autos recibidos, y cuando eltos falta- 
sen, faltaba la carta informativa de V. S. iltma. 
Uno y otro ofrezco presentar al capítulo que por el 
mes de Abril se celebra en este convento, concu- 
rriendo de mi parte á lo que tan justamente de- 
manda V. S. iltma. por la suya, como en lo demás 
que fuere servido mandar. Y entre tanto Dios 
guarde á V. S iltma — muchos años.— Santa Fe, y 
Febrero 18 de 1837 afios. — Iltmo. señor.— A ios pies 
de V. S. Illraa.— rendido subdito.— Fray Alonso Me- 
'endez.» 

El iltmo. señor Cevallos buscó todos los medios 
para hacer un episcopado benéñco: la obra de las 
misiones, como ya lo insinuamos en otro lugar, 
constituía uno de sus principales anhelos, su pros- 
peridad, y convertir la desgracia que oprimía al 
])obre indígena, sino en su felicidad temporal supre- 
ma, en algo que le hiciera mas llevadero su desgra- 
ciada condición. 

En 1735 presentó un memorial al Virrey de Lima 
pidiendo privilegio de exención de tributos y cargos 
para los recién convertidos á la fe. El memorial 
fué presentado por el coronel don Gerónimo de 
Rosa y Solís, Alcalde de Lima, apoderado del iltmo. 
obispo en aquella corte. El señor Solís reforzó la 
solicitud con una representación bien fundada, pa- 
trocinándola para obtener una concesión amplia, 
como la obtuvo en favor de los indios. 



- 411 — 

Tramitado el asunto, el tribunal de la audiencia 
informó favorablemente^ y á cuyo dictamen se unió 
el del Fiscal General, lo que decidió favorablemente 
para la concesión que otorgó el virrey sin limita- 
ción de pueblos ni de tribus en la gobernación del 
Tucumán . 

Merece que se conozca los puntos principales del 
pedimento sometido á la audiencia del virrey, ó sea, 
como dice el escrito: 

aEl privilegio de relevarse de pagar tasas y tribu- 
tos, ni contribuir con mitas á las ciudades por el 
tiempo que está prevenido en las leyes reales de 
este reino, pues además de que ésta pretensión es 
conforme á ellas, está ejecutoriada con otra nación 
de los Lules de dicha provincia (del Tucumán), á 
quienes libertó de esta paga don Esteban de Urizar, 
siendo gobernador de ella; y parece conforme á 
justicia y á la equidad que debe practicarse para 
atraerlos con suavidad al yugo del Evangelio y 
vasallaje del Rey, porque no habiendo encomen- 
deros que los extraigan de su veciiidod, lo recibi- 
rán mas gustosos y se verá conocido aumento en 
las reducciones, lo cual fuera mas eñcaz si á otras 
encomiendas que están consignadas se suprimiesen 
por ser perjudiciales al servicio de Dios, y los mis- 
mos que los gozan son los mayores enemigos que 
aniquilan á los indios, sacándolos á notables dis- 
tancias de su habitación y á diferentes temples 
contrarios á su naturaleza, á que sigue el mal trato 
que les dan y la total carencia que tienen de la 
instrucción y enseñanza de la Doctrina Cristiana.— 



— 412 — 

A V. E pido y suplico se sirva conceder á las ex- 
presadas naciones y á las demás parcialidades que 
se reunieren á éstas, el privilegio de que no paguen 
tasas ni tributos, ni contribuyan con mitas algunas 
por el tiempo que previenen las leyes reales, dando 
las providencias convenientes en orden & dichas 
encomiendas para el remedio que necesiten por ser 
bien y merced que esperan de la piadosa mano de 
V. E.» 

El informe del tribunal sigue á este escrito, que 
insertamos también, porque es el fundamento que 
sirvió al dictamen del ñscal y á la concesión otor- 
gada por el Virrey. 

((Excelentísimo señor: 

((Habiendo visto el memorial presentado por parte 
del ilustrísimo señor Dr. D. José Antonio de Ceva- 
llos^ obispo de la santa Iglesia de Córdoba, en que 
pide que los indios inñeles recién convertidos, se 
les guarde el privilegio de no pagar tasas ni tri- 
butos, ni obligárseles á que miten, lo que el tribu* 
nal puede informar á V. E. es que: por la Ley 3, 
lib. 6, (ít. 5, de la recopilación de indias está man- 
dado que los indios inñeles reducidos á nuestra 
Santa Fe Católica que reciben el sncramento del 
bautismo, no sean encomenderos, ni paguen tasas, 
ni se les compela á servicio alguno por el tiempo 
de diez años, y que las justicias tengan cuidado de 
que no se les haga agravio, ejecutándose lo dis- 
puesto por la Ley 20 del mismo título 1, y así po- 
drá V. E. siendo servido mandar que se ejecuten 
sus decisiones.— Tribunal, 29 de Julio de 735.— Don 



— 418 — 

Agustín Carrillo de Córdoba.— El Marqués de Casa 
Calderón. — D. Cayetano Gaspar de Mansilla y de la 
Cueva.— Dr. D. José de Borda.— D. Manuel Feijó 
de Sosa. — D. Gabriel de Echevarría y Saloaga. 

Debido ó su actividad la obra de la Catedral de 
Córdoba pudo contar con recursos suñcientes hasta 
su terminación, por las concesiones reales que ob- 
tuvo en favor de la referida obra. La cédula real 
de 18 de Octubre de 1749 dice: «En 12 de Abril 
de 1738 participó el señor obispo D. José de Ceva- 
llos, vuestro antecesor^ que en el discurso de ocho 
años no se había trabajado nada en la fábrica de 
esa dicha iglesia, que estaba á la mitad ó menos, 
de su nueva planta, después de cuarenta años que 
se comenzó.» 

Los recursos arbitrados consistían en la aplica- 
ción del noveno y medio de los diezmos, pertene- 
cientes á los hospitales á fundarse en todas las 
ciudades de la gobernación, para continuar la obra 
de la Catedral hasta su terminación. 

Entre los autos recopilados por el Vicario capitu* 
lar Dr. D. Miguel Ignacio Alurralde, y publicados 
en segunda edición por el iltmo. obispo Fray Bue- 
naventura Rizo, están en primera línea los del se- 
ñor Cevallos, fechados en Salta, sobre materias dis- 
ciplinarias aún en vigencia. 

Dada su preparación fué promovido al arzobispa- 
do de Lima en 1742, dejando inconsolable á la 
iglesia tucumana por el alejamiento y ausencia de 
tan querido como celoso pastor. 

En sus momentos de labor, cuando se había en- 



— 414 — 

tregado de lleno á la obra de las misiones, fundó la 
de San José de Petacas, entregada al celo de los 
padres jesuítas. El cariño que conservó á la dió- 
cesis tucumana, en donde empleó sus grandes 
energías con tan provechosos resultados, lo ha ma- 
nifestado hasta sus últimos momentos, cuando se 
hallaba investido del Palio Arzobispal. Quiso que 
su corazón, después de su muerte, se conservara en 
su primera diócesis, en la capilla de la misión fun- 
dada con sus fatigas. Allí se ha conservado, efec- 
tivamente, hasta la época de la extinción de los pa- 
dres. Incantados los vasos sagrados de la misión 
por la junta de temporalidades, se trajo también el 
precioso tesoro al depósito de las cajas reales de 
Salta; aquí permaneció hasta 1794 en que el Gober- 
nador Intendente D Ramón García Pizarro con mo- 
tivo de solicitar algunos ornamentos de la extingui- 
da misión para proveer á la ciudad de Oran, fun- 
dada recientemente por el mismo señor Pizarro, 
decía en informe especial al obispo Moscoso al ce- 
derse los vasos y ornamentos: «reservando solo el 
corazón subsistente en dos cajas, una de ])lomo y 
otra de plata, del predecesor de S. S. Iltma. doctor 
don José Gutiérrez de Cevallos, arzobispo de Lima, 
que deberá depositarse en una de las paredes prin- 
cipales del presbiterio de esta Sunta Iglesia Matriz, 
con las ritualidades, ñrmeza y aseo que merece la 
memoria y respeto de tan digno prelado, por el ac- 
tual señor Vicario, cura rector y clero, según que 
así se sirva disponerlo el expresado iltmo. señor 
obispo.» 



— 415 ^ 

En 31 de Enero de 1795 el obispo Moscoso, al 
conceder por auto de la fecha los ornamentos y 
vasos solicitados, terminaba su disposición con lo 
siguiente: «Y por lo que respecta al lugar en que 
debe depositarse el piadoso corazón de dicho iltmo. 
fundador (déla misión de Petacas), y las ritualidades 
con que debe acompañarse este acto, siendo como 
es asunto de nuestra única y peculiar inspección, 
se entregue é nuestro Vicario Foráneo de la ciudad 
de Salta^ á quien damos las disposiciones que nos 
parecieren más convenientes.» 

No sabemos ñjamente el lugar que se designó por 
el obispo, pues no hemos encontrado el documen- 
to de referencia. 

La humildad del ilustre obispo hizo qae su co- 
razón permaneciera en una humilde capilla del de- 
sierto; hoy lo ha velado á los ojos de los que 
fueron sus hijos y ha dejado únicamente el re- 
cuerdo de su memoria como prenda de su amor. 

El sucesor, nombrado por Benedicto XIV, Fray 
Feliciano Palomares, de la Orden de la Merced, 
español, no tomó posesión del obispado por muer- 
te que le sobrevino. Le siguió el doclor Fernando 
de la Sota, cuyo gobierno fué de entrada por salida, 
como se dice, porque en 1745 lo había reemplaza- 
do el doctor don Pedro Miguel de Argnndoña, pre- 
conizado obispo de Córdoba del Tucunián por S. S. 
Benedicto XIV. El Dr. Argandoña había nacido 
en la misma ciudad de Córdoba, y educado en Li- 
ma, ocupó diversos cargos ya de párroco, canónigo 
magistral y provisor en aquella arquidiócesis. Es 



- 416 — 

una de las grandes ñguras del' episcopado tucuma- 
Ho, talento vastísimo/ organizador hasta en lo pe- 
queño y revestido como sus predecesores de ver- 
dadero celo apostólico, hizo un gobierno fructuoso. 

Dos cosas absorbieron su atención: la visita pas- 
toral para poner remedio á todas las necesidades 
de la diócesis y las misiones entre los indios Ín- 
fleles para procurar su conversión á la fé. 

Practicó la primera con un tino exquisito; sus 
ordenaciones revelan tanta prudencia como ciencia 
en el conocimiento y manejo de las cosas eclesiás- 
ticas. Sus disposiciones sobre reforma en materia 
de costumbres y disciplina, son tratados que arro- 
jan luz y verdad en bien de la religión y de los in- 
dividuos. Muchas de aquellas disposiciones se 
conservan todavía en vigor no obstante el tiempo 
trascurrido. 

Al Cabildo de su Catedral le trazó una regla di- 
rectiva para el mejor cumplimiento de los oficios; 
dictó la constitución por la cual debía regirse el 
Seminario Conciliar y aceleró, en cuanto pudo, la 
obra de la Catedral. 

La visita pastoral á las misiones le hizo conocer 
la necesidad de nuevas instalaciones de centros 
para la formación de pueblos y doctrinas, princi- 
palmente entre las tribus abipones. No contando 
con los recursos suficientes para abordar esta em- 
presa, llamó á la caridad en su ayuda dirigiéndose 
á sus diocesanos por intermedio de los vicarios de 
las ciudades del obispado. 



— 417 — 

Hé aquí los párrafos principales de la carta que 
dirigió al vicario de Salta. 

«Señor Cura y Vicario Maestro don Francisco 
Castellanos: 

«Con ñel impulso y piadoso celo se mueve mi 
pluma á recomendar á Vm. y poner en sus manos 
esta demanda ó fuente de limosna, para que se 
consiga un fin tan santo, que teniendo todas las 
vistas de causa común, provoca á todos, y en cier- 
to modo obliga á que concurran, contribuyendo lo 
que puede servir á facilitar una empresa de que 
resulta la mayor gloria de Dios y 'beneficio tempo- 
ral de toda esta oprimida provincia. 

«Por la que tengo recibida del R. P. Maestro 
Diego Horbegoso, Rector del colegio de Santa Fe, 
en la que su religioso celo me hace presente los 
felices anuncios de reducirse al gremio de nuestra 
Santa Iglesia la gentilidad de los indios abispones 
por pedir con instancia se les asigne lugar ó sitio 
en que formen su pueblo, donde se impongan en 
los rudimentos de nuestra cristiandad, prometiendo, 
como consiguiente, una estable y segura paz. Y 
teniendo señalado el tiempo que es el de fin de 
Mayo paro concurrir á el ajuste de los tratados 
que han de preceder, pasa el referido R. P. á mover 
los ánimos de todos, para que con sus limosnas 
tengan parte y mucho mérito en una obra tan del 
agrado de ambas majestades, y de tanta utilidad 
para el común. 

«Y siendo este negocio, como á todos consta, de 
tal manera que para ejecutarlo por menos gastos 



— 418 — 

hasta su perfección, no se podrá dar principio á él 

por la total falta de medios para emprenderlo, 

no dudo se aplique con fervor á persuadir á su 
feligresía motivándoles que de ello depende la uni- 
versal quietud de sus casas y seguridad de sus 
bienes. Y siendo los eclesiásticos los que deben 
ser primeros en el ejemplo me prometo se alenta- 
rán hacerlo en la contribución . . . 

«Córdoba y Marzo 4 de 1748.— Pedro Miguel, 
obispo del Tucumán.» 

A fínes de 1760 se halló en Salta practicando la 
visita general del obispado. El presbítero don José 
Gabriel Torres, cura de Cochinoca y Casavindo, 
tenía desde mucho tiempo atrás, el laudable propó- 
sito de fundar una casa religissa con ñnes espiritua- 
les y caritativos en la ciudad de Salta, para cuyo 
efecto hizo una donación de 20.000 pesos. La fun- 
dación debía verificarse en terreno de su propiedad, 
inmediatos á la capilla de San Bernardo, que cedía 
con el ñn expresado. 

Llenados los trámites del expediente seguido, el 
iltmo. obispo Argandoña expidió el siguiente auto 
de fundación y título de Patrono en favor del pres- 
bítero Torres. 

Hé aquí el respectivo documento: 

«Nos el Dr. D. Pedro Miguel de Argandoña, por 
la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, 
obispo de esta provincia del Tucumán, del consejo 
de su Magestad, etc. 

«Por cuanto hallándonos en la presente nuestra 
visita general, se nos presentó don José Gabriel de 



-- 419 — 

Torres, nuestro domíciliurio, cura propietario y vi- 
cario pedáneo del beneficio de Cochinoca y Casa- 
vindo, proponiéndonos que de considerable tiempo, 
anterior al presente,* se ha hallado ejemplarmente 
movido, y con más fervor se mantiene resuelto á 
que tenga efecto ia tan útil y laudable fundación 
de Casa de Recogidas, que por cláusula testamen- 
taria mandó se fundase el Maestre de Campo don 
Bentura Carvajal, ya difunto, con el residuo de sus 
bienes, que por ser limitados para tan costosa obra 
no son bastantes, cuya causal teniéndola presente 
el referido cura, ofrece de su parte aumentarla con 
la cantidad de 20.000 pesos en las especies y mo- 
neda corriente que especifica en su escrito y re- 
presentación, afianzando su oferta con los bienes 
propios de fincas y muebles, que consta de la es- 
critura pública, que en tanto autorizado nos tiene 
presentada, y la que mandamos se agregue á los 
autos de la materia, en cuyo presupuesto pretende 
que se le nombre por Patrón principal de la refe- 
rida fundación y Casa de Recogidas. 

Por tanto: y usando de la facultad que en Nos 
reside, como obra tan piadosa y terminada á la 
utilidad espiritual y común de nuestros fieles, de- 
claramos que el expresado maestro don José Ga- 
briel de Torres tiene derecho y mérito correspon- 
diente para que se le nombre, como por las pre- 
sentes lo nombramos por Patrón principal de la 
sobredicha fundación y Casa de Recogidas, y que 
deba gozar y goce de todos los privilegios tempo- 
rales y espirituales que por ambos derechos están 



— 420 — 

declarados gozar los patronos de semejantes obras 
pías, y como á tal patrón principal le concedemos 
la facultad de manejar todos los bienes que están 
aplicados y pertenecen á la mencionada obra pía de 
Recogidas, puntualizando todo lo instructivo que 
consta de nuestro despacho aparte, instructivo, y 
le damos nuestra licencia para que pueda dar prin- 
cipio á la obra, abriendo los cimientos según el 
pitipié y delineación que se hiciere, y no usará de 
esta licencia ni del nombramiento de Patrón sin 
que pase con este título y lo haga presente al se- 
ñor Gobernador de esta Provincia don Joaquin Es- 
pinosa y Dávalos, para ejercitando las facultades 
del více patronato, que dignamente ocupa, se sirva 
confirmar y corroborar por su parte dicho nom- 
bramiento, y dar licencia para que se principie la 
obra, la que desde ahora, según la voluntad de los 
fundadores, la destinamos por Casa de Recogidas 
con el título de «Bernardas» por el santo San 
Bernardo el patrón de la capilla que está aplicada 
para la fundación. Asi mismo se destina dicha 
casa y fundación, no solamente para que en ella se 
recojan á seguir vida espiritual las personas devo- 
tas que del sexo femenil, fuesen llamadas por la 
piadosa vocación del divino Salvador de nuestras 
almas, más asimismo servirá la sobredicha casa 
para que fabricada en el segundo patio una pieza 
capaz, puedan los jueces eclesiástico y real depo- 
sitar á las mujeres escandalosas y divorciadas, pe- 
nándolas á proporción de sus delitos. 
«Y siendo preciso declarar, como por la presente 



— 421 — 

declaramos^ por patronos menos principales al ex- 
presado Maestre de Campo don Bentura Carvajal 
y á su primera esposa doña María Moyano, ya di- 
funtos, como que destinaron el residuo de sus bie- 
nes para tan piadosa fundación, como queda dicho 
y relacionado en instrumento aparte. 

((Y mandamos que el referido patrón principal 
ponga en noticia de este ilustre Cabildo lo conte- 
nido en este título, para que como padres de la 
República amparen y fomenten tan útil fundación, 
terminada á la común utilidad. En testimonio de 
lo cual mandamos dar y dimos el presente, Arma- 
do de nuestra mano, sellado con el sello de nues- 
tras armas, y refrendado del infrascripto nuestro 
Secretario de Cámara, en Salta á 15 de Diciembre 
del760años.— Pedro Miguel, obispodel Tucumán. — 
Por mandado de S. S. Illma. el obispo mi señor. — 
Martín de Gurmendi, secretario.» 

El lector no habrá olvidado la actuación del ilus- 
trísimo Argandoña con ocasión de los sucesos de 
la Virgen de Lágrimas, de que nos ocupamos en 
el Capítulo XII, á cuya solicitud se hizo el recono- 
cimiento jurídico del hecho. 

Al practicar la visita del Capítulo eclesiástico, en 
su auto terminal de 10 de Julio de 1748, insinúa la 
necesidad de celebrar un sínodo para tratar y re- 
formar lo que se halla anticuado de las sinodales 
diocesanas dictadas por el iltmo. Trejo. «Tenemos 
formado dictamen y resuelto, dice, el que termi- 
nando la visita general de todo el obispado que at 
presente emprendemos, juntar á sínodo para que 



— 422 — 

en él con maduro sociego se asienten y determi- 
nen los puntos que se hallasen necesarios para el 
acertado gobierno de este obispado, y siendo en él 
el primer objeto de respetuosa atención éste nues- 
tro Cabildo eclesiástico, lo citamos para que en ese 
entonces, con la consideración de los sinodales que 
asistiesen^ se asienten y declaren todos los puntos 
contenidos en la erección primera de ésta santa 
iglesia, mas también le asigne método y norma que 
sirva de consueta para que en lo |)osible se observe 
con la puntualidad debida». 

Por el mes de Noviembre del siguiente año con- 
vocó ai Capítulo para tratar acerca de la consueta 
por la cual debía regirse el mismo. Dilucidados los 
puntos y materias fué puesta en vigencia por el 
iltmo. Argandoña el 21 de Noviembre de 1749. 

Suponemos que á esta reunión se le dio el nom- 
bre de sínodo, aunque solo fueron convocados los 
señores Capitulares, pues no hemos encontrado otros 
datos de que hubiese celebrado alguna otra asam- 
blea con pi'opósilos más vastos ó generales. 

En 1753 tomó posesión del Arzobispado de la 
Plata, á donde fuera trasladado por S. S. Clemente 
XIII; celebró allí, siete años después, un sínodo tan 
vasto en materias, y éstas fueron dilucidadas con 
tanta erudición, que no solo llevó la aprobación 
de la Audiencia de Charcas, sino también el bene- 
plácito regio. Forma un volumen manuscrito de 
500 páginas en folio. 

La Sede tucumana tuvo por pastor al iltmo. señor 
Dr. Manuel Abad y Llana, nombrado por S. S. Cíe- 



— 423 — 

mente XIIÍ en 1762, para suceder al iltmo. Argan- 
doña. Creemos que á principios del año 64, entró 
recién á su obispado el señor Abad, pues las pri- 
meras disposiciones que encontramos de este Pre- 
lado, datan del mes de Octubre de ese año. 

El nuevo obispo era español de nacionalidad, 
canónigo Premostra tense, habiendo ocupado los 
puestos más altos en su Orden, como Abad, al 
mismo tiempo que desempeñaba diversas cátedras 
en la Universidad de Salamanca, de cuyo claustro 
formó parte. 

Como lo hemos dicho anteriormente, el fundador 
de la casa de Recogidas ó «Bernardas)) en Salta, 
era el párroco de Cochinoca, señor Gabriel Torres, 
á quien el obispo confirmó con fecha 29 de Agosto 
de 1766 su título de Patrono, y las demás provi- 
dencias dictadas por su antecesor en favor del es- 
tablecimiento, que, á esa fecha, se hallaba la obra 
con mucha parte terminada. 

El señor Torres cambió á poco de propósito res- 
pecto á los ñnes de la casa: pretendió que se esta- 
bleciera un monasterio en debida forma para monjas 
Catalinas, semejante al de Córdoba, y en su pedi- 
mento al Prelado que, á la sazón se hallaba en 
Jujuy, ofrecía además de los 20.000 pesos donados 
con anterioridad, dos mil vacas y algo más si se 
necesitara hasta terminar la fundación. 

Hé aquí la resolución del Prelado á sus nuevas 
instancias: 

í<Jujuy, y Octubre 22 de 1766. 

«Por presentada con los adjuntos instrumentos^ 



— 424 - 

ó que se agregará: Y vistos por S. S. Iltma, que 
así su inmediato antecesor, el Iltcno. Señor actual 
Arzobispo de la Plata, Dr. D. Pedro Miguel de Ar- 
gandoña, como el señor Gobernador de ésta Provin- 
cia D. Joaquín de Espinosa y Dávalos, asienten á 
que se edifique la casa de Recogidas tan necesaria 
en la ciudad de Salta, somete en un todo su de- 
terminación y la de dichos señores ó la voluntad 
tan piadosa del Rey nuestro Señor, quien si no 
tuviese por bien de conceder la licencia que S. S. 
litma. pedirá para tan santa obra, y tan del agrado 
de Dios, lo edificado se aplicará para usos profa- 
nos, en lo que nada habrá perdido la ciudad de 
Salta y sus vecinos. S. S. Iltma. se hace cargo de 
promover tan santa obra pidiendo á su Majestad 
todas las licencias necesarias, y hacienda- presente 
al real Consejo y Cámara de Indias todas las razo- 
nes y congruencias que puedan mover el piadoso 
ánimo de nuestro Rey Católico, á que asienta á los 
deseos del suplicante. 

((Y en cuanto al número de recogidas y religiosas, 
en caso de que la casa llegue á ser monasterio, 
como lo espera del piadoso corazón de su Majes- 
tad, proveerá S. Iltma. lo conveniente, si su Majes- 
tad se digna favorecer ésta obra piadosa con su 
licencia, arreglado á la real voluntad, á las fincas 
de dicha casa y otras circunstancias que puedan 
ocurrir, quedando cierto el suplicante de que S. S. 
Iltma. le concederá todo cuanto gracioso quepa en 
su arbitrio. Así lo proveyó, mandó y firmó S. S 
Iltma. D. Manuel Abad y Llana del Consejo de su 



— 426 — 

Majestad y obispo de Tucumán, mi Señor, en dicha 
ciudad de Jujuy, á que yo el infrascripto Secretario 
de Cámara, Notario Público y de Visita hago fe.— 
El obispo de Tucumán.— Ante mí, Maestro Lucas 
Martinez, Notario Público y de Visita». 

El monasterio no pudo realizarse ni la casa de 
Recogidas, ignoramos las causas que obstaculiza- 
ron tales instituciones. La parte edificada con al- 
gunas reformas que se hicieron, más tarde sirvió 
de base para el hospital de San Andrés que allí se 
abrió, como lo hemos referido en el capítulo ante- 
rior. 

El Iltmo. Abad y Llana dos veces practicó la 
visita general del obispado: en 1766 y 1769. Nume- 
rosas disposiciones se hallan de este Prelado sobre 
materias diversas^ y entre ellas el auto terminal de 
la visita de Salta en 1766, que contiene cerca de 
treinta puntos mandados observar. Nada deja sin 
tocar: son los deberes del párroco en asuntos con- 
cretos y de práctica diaria; son las obligaciones del 
sacerdote, de aquellas que le son exigidas por su 
propio estado en su amplia esfera de acción; ya 
sobre usos y costumbres populares; sobre materias 
de disciplina y de religión; y aun más sobre abu- 
sos que debían extirparse á todo trance. 

Al recomendar á los párrocos mayor asiduidad 
en el desempeño y servicio inmediato de la iglesia, 
dice: «Atendiendo á que la de ésta ciudad de Salta 
es muy asistida por los fíeles, y en ella se frecuen- 
tan mucho ios Sacramentos», lo que hace ver que 



— 426 — 

la piedad cristiana ha sido siempre la preciosa here- 
dad de sus antepasados. 

La mujer salteña ha tenido un distintivo parti- 
cular en su traje sencillo para asistir al templo, 
especialmente la manta con que cubre la cabeza, 
símbolo de modestia y de humildad. Pues bien: 
él ha sido un consejo dirigido por el obispo Abad 
y observado por las señoras de Salta, como se verá 
en las líneas siguientes. 

((Y S. S Iltma. dice el auto pastoral, encarga 
mucho en el Señor á las señoras de Salta la ho- 
nestidad y compostura de aquel adorno que, con 
el nombre de manto ha distinguido siempre á nues- 
tras españolas de las mujeres de otras naciones, y 
las ha hecho reputar por todo el mundo por hones- 
tas y recatadas, y querría S. S. Iltma. que deste- 
rrada del templo de Dios la variedad de sus polleras, 
que solo sirve de distraer los ánimos de los miro- 
nes con tanta diversidad de colores, asistieren con 
el uniforme del dicho manto, y lo demás que co- 
rresponde en el vestido, en un lugar que debe ser 
el teatro de la humildad cristiana, y cuyos objetos 
mad deben ser para compungir que para relajar el 
ánimo. S. S. dará muchas gracias á Dios de que 
las señoras tomen su consejo, y se lo agradecerá y 
pagará con el retorno de sus oraciones y sacrifi- 
cios». 

Los pocos años que gobernó la diócesis fueron 
agitadísimos para este Prelado: los acontecimientos 
de que fué teatro la vasta diócesis del Tucumán 
con motivo de la extinción de la Compañía de su 



— 427 — 

territorioy le trajeron grandes odiosidades en todas 
las ciudades; bien es cierto que en su ánimo fogoso 
é inquieto había manifestado públicamente su des- 
afecto por los Padres y su labor en las misiones, 
mostrándose partidario de la medida inconsulta con- 
tra la Compañía de Jesús. 

En esta situación en que se había colocado, como 
se comprende, su acción carecía del vigor necesa- 
rio y hasta de la obediencia á sus mandatos, pues 
en más de una ocasión se eludían con cualquier 
pretexto. 

En el capítulo siguiente el lector encontrará al- 
guna de las razones, ligeramente explanadas, que 
dieron causa para la situación creada, la cual tenía 
forzosamente que producirle graves dificultades en 
su misión pastoral. 

La fundación del hospital en la ciudad de Córdoba, 
hecha por el Dr. Diego Salgueio, y á cargo de los 
Padres Beletmitas, la fomentó con su autoridad. En 
todos los documentos que tenemos á la vista, nada 
más aparece de cuanto dejamos relatado, referente 
á este Prelado. 

Dado el ambiente qne le rodeaba, su traslado se 
imponía como una ncesidad, y no es aventurado 
creer que el mismo obispo lo hubiese solicitado, 
dada también su intimidad con la corte de España, 
especialmente con el conde de Aranda. 

En la diócesis no estaba contento: esto lo mani- 
fiesta en sus cartas al conde, ya por el clima y 
otras causas que le produjeron una verdadera des- 
ilusión. 



— 428 ~ 

Trasladado al obispado de Arequipa en 1770^ allf 
terminó sus días. El Dr. Diego Salguero, Dean de 
la Catedral de Córdoba le sucedió en aquella dió- 
cesis. 

En su ausencia quedó gobernando la diócesis del 
Tucumán el Dr. José Antonio de Ascasubi, como 
Vicario Capitular hasta ñnes de 1773 en que tomó 
posesión el nuevo prelado que le sucedió. 



CAPÍTULO XVII 



Bttinas y Escombros 



Sumario:— Desastre de las misiones religiosas— Causas— Re- 
probación general—Consecuencias— Causa aparente- 
Desengaño— Supresión del misionero jesuíta— Partici- 
pación del obispo Abad— Acción temida— Juicio sobre 
los jesuítas en la Argentina— Cédula de extinción eje- 
cutada por Bucareli— Juicio del Dean Funes— Ejecu- 
ción en Córdoba — En Salta — Tumultos populares- 
Malquerencia del obispo á la Compañía— Informes en 
contra— Primeras medidas— Noticias sobre la prisión 
del Gobernador en Salta— Reemplazo de misioneros- 
Fin de las misiones— Tesoros— Personal del Colegio 
de Salta— El P. Villafañe de Tucumán— Los bienes de 
la Compañía— Aplicación de los objetos de culto— Co- 
misión Eclesiástica— Acta de las resoluciones— Nuevo 
Colegio— Fin de los bienes de la Compañía— Incauta- 
ciones paulatinas— Estado actual del Chaco. 

Un acontecimiento producido durante el episco- 
pado del iltmo. Abad y Llana, vino á echar por 
tierra la gran obra civilizadora de las misiones, le- 
vantada por el celo de los obispos y el sacrificio 



— 430 — 

perseverante de la muy benemérita Compañía de Je- 
sús, durante dos siglos, en la diócesis del Tucu- 
man; nos referimos á la extinción de la Compañía 
decretada por Carlos III de todos sus dominios, 
que trajo el abandono y la ruina completa de todas 
las misiones conversoras de América, implantadas 
en favor de la raza originaria. 

Crimen de lesa civilización,— como ya tuvimos 
ocasión de clasifícarlo en otro lugar, — sobre el cual 
se ha pronunciado claramente la historia con la 
protesta de una justa reprobación, lleva en sí el es- 
tigma de las obras que no tiene más fundamento 
que la violencia para dañar la acción fecunda y ci- 
vilizadora del sacerdote católico, muy especialmen- 
te de los miembros de la Compañía de Jesús que 
habían llegado al mayor desarrollo en sus trabajos 
apostólicos de evangelización en esta parle de 
América. 

No hacemos apología, porque, como lo acabamos 
de decir, la historia ha hablado ya, esto basta; pe- 
ro si hemos de juzgar las cosas por los escombros 
y ruinas que se han producido con tal hecho, en 
los pueblos y misiones que se levantaban florecien- 
tes antes de la fecha nefasta en la diócesis y go- 
bernación del Tucumán, no es aún para menos de 
deplorar los grandes males infligidos á la raza po- 
bladora del territorio del Tucumán. 

La medida adoptada, se dijo, respondía á preve- 
nir un mal: la absorción de un poder que llegaría á 
ser incontrastable en la Compañía, nacido de sus 
bien organizadas misiones ó pueblos reducidos á 



— 4S1 — 

la vida cristiana civilizada, bajo de su inmediata di- 
rección, evitando los males sociales que se origina- 
rían de semejante régimen, y los desórdenes en 
las instituciones de la monarquía real. 

Pero, ¿por qué tanto temor? ¿Los Jesuitas de- 
bían declararse reyes en América? Nada más pueril. 

Otras aspiraciones dejábanse traslucir á través 
del fantasma del dominio imaginario de la Compa- 
ñía: apoderarse de los cuantiosos tesoros de que 
se les creía poseedores en América. Por esto se les 
asestó el golpe en oculto; pero, ¡oh, desengaño ía- 
lal! Todo el tesoro encontrado se redujo al pro- 
ducido que se obtuvo de las ventas de sus propie- 
dades y de los colegios! 

El espíritu sectario y de codicia siempre andan 
juntos: minaron la pacíñca labor de siglos y de- 
rrumbaron toda una obra de sacriñcios sin alcanzai* 
6 saciar sus ambiciones. 

El misionero jesuita fué suprimido por un acto 
autoritario, sin consideración de ningún género, y 
los bienes de la Compañía quedaron confiscados 
en beneficio del tesoro real. 

Sensible es que el obispo Abad y Llana se hu- 
biese dejado sorprender por las opiniones de los 
que buscaban la perdición de la Compañía, y creyera 
en su regalismo odioso, como el Conde de Aranda 
y sus secuaces, en la absorción de un poder in- 
contrastable por los Padres misioneros, que vie- 
niera á producir la creación de un nuevo imperio 
con menoscabo de la corona de España, aparte de 
otros males que se les achacaba. 



— 482 — 

Lo curioso es, que mientras por un lado se pre- 
tende anular su acción por ineficaz, por otro se 
temen los efectos y resultados de la misma, esto 
es, los pueblos formados por el esfuerzo propio 
entre las tribus bárbaras, á donde ellos fueron los 
primeros en abrirse paso y derramar la semilla de 
la civilización, hasta constituir verdaderos centros 
de vida civilizada, en contraposición ó la errante 
y salvaje que dominaba en la raza originaría. 

f^Estamos tentados de .reproducir aquí la opinión 
de uno de tantos hombres adversos á la Compañía, 
que estudió de cerca en la Argentina la obra de 
las misiones, y no pudo menos que confesar: «Los 
Jesuítas, sino los primitivos (y son ellos como los 
que les sucedieron), fueron los verdaderos conquis- 
tadores de América para la civilización; los prime- 
ros que, despreciando los peligros, el martirio y 
aún la muerte que millaroa de ellos sufrieron, se 
internaron en países desconocidos ó inexplorados, 
y sin otras armas que la Cruz, ni otros medios que 
la predicación, consiguieron catequizar innumera- 
bles hordas de indígenas, con los cuales formaron 
pueblos, que, por ellos amaestrados en el trato so- 
cial y en el trabajo y cultivo de su feraz suelo, vi- 
nieron á ser los cimientos de estados hoy poderosos, 
ilustrados, y que llegarán acaso un día á dictar le- 
yes á la misma Europa, que los sacó de la bar- 
barie. 

«Las misiones, que, por todas partes donde arri- 
baron, fundaron los Jesuítas, eran, no solo centros 
de instrucción para el pobre desvalido, como para 



^ 433 — 

el hijo de la más pudiente familia, sino que ood3- 
tituían otros tantos centros de civilización y poder, 
cuyos arbitros eran ios misioneros.» (1) 

La cédula de extinción y confiscación lleva la le- 
cha de 27 de Febrero de 1767, puesta en vigencia 
ese mismo año, ó lo que es lo mismo, fué ejecutada 
por el Gobernador de Buenos Aires D. Francisco de 
Paula Bucareli en todo el virreynato de su mando. 

Oigamos como se expresa un testigo presencial 
de aquella época, el Dr. Gregorio Funes, sobre este 
trascendental acontecimiento. 

«No ignoraba Bucareli, dice, que con este golpe 
de autoridad se daba al mundo un grande espe- 
táculo de que podía murmurar, y que era preciso 
mantener los pueblos en ese letargo, que bajo el 
despotismo hace las veces de tranquilidad. 

«Conformándose á sus instrucciones dirigió sus 
oflcios al obispo diocesano, á los prelados regulares, 
al cuerpo consistorial, y publicó un bando lleno 
de amenazas haciendo notoria la voluntad del Rey 
y la justicia de su resolución. No es de nuestro 
instituto examinar esta justicia; pero si reflexionamos 
que los Jesuítas nunca fueron citados; que en ellos 
hubiera sido un nuevo crimen la menor queja, y 
para condenarlos no se dieron más causas que las 
reservadas en el real ánimo^ seános lícito decir 
que nada pudo perder su reputación por una 
vía tan detestable, y que la fuerza jamás se burló 
con más insolencia délos débiles. Ningún hombre 



(1) Colección de documentos reUtlvog á la expulsión de los Jesailas 
por Francisco Javier Bravo, pag. LXVII. 



— 434 — 

ha recibido de la naturaleza, ni menos de la con- 
vención, facultad para disponer á su arbitrio de la 
suerte de sus semejantes. Rehusar la corte el 
ministerio de escucharlos, fué dar muy mala idea de 
su causa. Las formas legales son las reglas de los 
juicios. Solo el despota hace consistir su poder 
en no conocer ninguna. 

«Si los Jesuítas no fueron oídos ¿por dónde nos 
consta que no influyeron en su pérdida la negra 
calumnia, las intrigas sordas, los complots inquie- 
tos, las ligas secretas y las cébalas poderosas? Los 
jueces de Sócrates fueron seducidos y corrompidos. 
¿Por qué no pudo serlo el Rey de España? A pe- 
sar de todo, los raciocinios de Bucareli en sus ofi- 
cios y su bando, sostenidos por el cañón, no ad* 
mitían réplica. Todos se apresuraron á contestar 
oon la más sumisa conformidad, y aún aplaudir 
este hecho como el triunfo de la justicia. Así ha- 
bablan porque sabían que en este caso era un de- 
lito el coraje de la virtud.» (1) 

«En la noche del 11 de Julio de aquel año eje- 
cutó la orden de prisión, dice el Dr. A. M. Gordi- 
ilo en sus «Apuntes», D. Fernando Fabro, Tenien- 
te real, á los residentes en Córdoba. Los sabios 
Padres Guevara, autor de la «Historia de América» 
y Falkner de la «Patagonia», fueron apresados en 
su Colegio de Jesús María, donde con los precio- 
sos manuscritos y documentos que guardaba su ri- 
ca biblioteca, estaban contraídos á estas importan- 
tes obras. 



(1) Ensayo, Tomo. pág. ISO. 



— 436 — 

En Salta se ejecutó ia misma orden el 3 de Agos* 
to siguiente por el Gobernador D Juan Manuel 
Fernández Campero; pero aquí no pudo, pasar en 
silencio medida tan inconsulta. Divulgada la no- 
ticia de la expulsión de los Padres, el pueblo se 
amotinó encabezado por los hombres principales de 
la ciudad, y corriendo en tumulto á casa del gober- 
nador^ fué este apresado y conducido ante la Au- 
diencia de Charcas. Los tumultos populares se re- 
novaron en Jujuy con la presencia del Gobernador, 
como autor principal del atentado contra los Padres, 
si bien no era más que un ciego ejecutor de las 
órdenes de Bucareli, y á su vez del Rey Carlos 
III de España. 

El obispo á la sazón del Tucumán, nada adicto á 
la Compañía, trató de empequeñecer la obra de las 
misiones, y se hizo eco de dichos y cosas que más 
bien tiraban á chismes, ante el Rey, en sus dos 
cartas informes de 6 y 13 de Junio de 1768, informes 
que suministró á título de buen amigo del Conde 
de Aranda, por cuyo medio hacía llegar sus comu- 
nicaciones al Rey. 

La malquerencia del obispo hacia la Compañía no 
es un cargo que formulamos de nuestra cuenta: 
desde su arribo á la diócesis hizo su entrada con 
espíritu prevenido; en su carta de 13 de Junio ma- 
niñesta la satisfacción de haber contribuido el ex- 
trañamiento de los Padres por los informes envia- 
dos al Conde de Aranda. «Cuando se estaba en 
Madrid fraguando, dice, el decreto de su expulsión, 
escribía yo un informe muy circunstanciado de las 



— 486 — 

maniobras de los P. P. en sus reducciones, y él es 
tal, que, si no pudo servir de motivo al decreto, 
creo tenia actividad para ejecutar su ejecución.» (1) 

Ya en 1764 comenzó por obligar á los Padres é 
pagar el derecho de diezmos por sus estancias, y 
á cuantos habitaban en sus tierras, revocando las 
excepciones hechas por sus predecesores, lo que se 
llevó á efecto en Salta, Jujuy, Córdoba, Catamarca 
y demás ciudades. 

Es el mismo obispo quién nos suministra los 
datos de lo que pasó en Salta, referente á la pri- 
sión de Gobernador. En la carta anteriormente 
citada dice: «Los agresores de este atentado fue- 
ron tres favorecidos por la Audiencia de Chuqui- 
saca y su Presidente que es más jesuita que to- 
dos.» (2) 

La prisión del Gobernador Campero se verificó 
al amanecer, por los principales autores del suble- 
vamiento D. Francisco Toledo Pimentel, Juan An- 
tonio de la Barcena y José Antonio de Zamalloa. 
Sorprendido á hora tan intempestiva, «su mujer, 
agrega la citada carta, tuvo que salir de la cama y 
echada de casa, dejaron á la miserable gobernadora 
á merced de la limosna del Obispo.» 

Hablando del Señor de la Barcena, agrega: <ce8te 
tiene espíritu de alquitrán; él solo puede hacer que 
arda la provincia», dada su gran actividad y la ani*- 



(i) Fntaeiftco Jarler BraTO. Coleeelón de doeumentot citados. 

{%) Se refiere al Sr. Joan Victorino Martines de Tineo, gue fné ffober 
nador intendente de Salta. 



- 487 — 

mosidad que manifestaba contra el Gobernador 
Intendente Campero. 

Producido el extrañamiento de los Padres, se 
hicieron todos los esfuerzos posibles para llenar el 
vacio dejado en las misiones. Por el momento se 
creyó que el nuevo personal sacado de los conven- 
tos franciscanos, había reemplazado con ventaja ál 
antiguo, según la opinión del obispo. 

Algunas otras misiones se encomendaron á sa- 
cerdotes del clero secular; más todo fué pasajero: 
en el trascurso de veinte años, más ó menos, des- 
aparecieron la mayor parte, quedando solo las rui- 
nas y escombros de los primitivos edificios, y las 
fatales consecuencias que naturalmente debían expe- 
rimentarse en el orden moral y religioso de los in- 
dios conversos. 

De tesoros nada se encontró, como siempre, 
aunque la leyenda vulgar asegura que la Compañía 
era poseedora de cuantiosas riquezas. (1) 

El personal del colegio de Salta en el día del 



(1) A titulo de carlosidad pabllcamOB el siguiente documento acerca 
del cual se ba formado una recreativa leyenda entre los buscadores de los 
tesoros, aun hoy dfa, de la Compañía de Jesús. Con su extrañamiento 
se creyó que las imaginarlas riquezas quedaron sepultadas en las entra- 
ñas de la tierra, y el documento era un derrotero magnifico para dar con 
ellas; ninguno ha conseguido tal cosa, pero la obstinación sigue firme 
en creer que los tesoros existen. 

Omitimos la leyenda y los comentarlos que se ban bordado al derre» 
dor de este asunto, para abreviar. Dice asi el escrito: 

In superiori loco cnobii Valbuense (8; constitutus, non longe ad meri- 
diem septem vel leucarum, asplcitur mons qui hunc bolüs appelatur. 
Hlnc ad orlentem pergens sexenta passuum. invenietur lignum aptatum 
operi et signatum inscriptione quam tibi ostendet locum in quo factum 
fuit aurigentum, cujus cúspides sunt signati parvis cumulis lapldum, et 
in ejus media parte sita est magna copia auri et argén ti, aseen dens ad 
dúo milia mlUium nnmmorum. Hoc depositum factum fult anno milles- 
simo septingentessimo sexagessimo séptimo & religioso patre et auditore 
Ordinis Jesús.— Joanne Baptista. 

(2) Misión de los Padres Jesuítas sobre las márgenes del Rio Pasaje ó 
Juramento. 



extrañamiento, constaba de 17 individuos, de ios 
cuales eran once sacerdotes y seis hermanos coad- 
jutores. Entre los primeros se contaban: Rector, 
Andrés Delgado, Baltazar Villafafie, Andrés Astina, 
Juan del Castillo, Domingo Roca, Pedro Antonio 
Garay, Román Arto, Domingo Navarro, Francisco 
Ruiz Villegas, Luis de Toledo, Procurador de Pro- 
vincia con el Hermano coadjutor Andrea Estela, y 
el P. Miguel Tarriba, Procurador del colegio; entre 
los coadjutores estaban presentes: Manuel Rodrí- 
guez, Juan Cristiani Maiz, Juan Birquen, Antonio 
Ferreira y Pedro Juan Andreu. Los Padres Nava- 
rro y Villegas quedaron por enfermos; el último 
era hijo de Salta, laureado en la Universidad de 
Córdoba. Entró en la compañía después de haber 
desempeñado los cargos de Párroco y de Vicario 
en Salta durante varios años. 

En el Colegio de Córdoba habían otros dos Je- 
suitas sáltenos y un tucumano: los Padres Fran- 
cisco Urias, Pedro Nogal y Diego Villafañe, respec- 
tivamente. 

Este último regresó de España en 1820 al seno 
de su familia en Tucuman, secularizado tempora- 
riam^nte, hasta el nuevo restablecimiento de la Or- 
den, murió ya muy anciano en 1830, pocos años 
antes de la admisión de los Padres en la Repú- 
blica. 

La Comisión real de temporalidades, dígimos, 
cargó con todo lo que perteneció á la Compañía, 
yendo á engrosar el fondo de las cajas reales. 

Los objetos de culto que encerraba la iglesia y 



— 489 — 

los enseres del Colegio, habían quedado sin aplica* 
oión hasta el año 1774. 

La Junta ordenó su aplicación por un oñcio del 
Virrey de Buenos Aires, de 19 de Octubre de 1773, 
por el cual procedió el Vicario de Salta á formar 
una comisión eclesiástica para tratar sobre el asunto, 
cuya acta orignal aun se conserva, de las resolu- 
ciones adoptadas con tal motivo. 

Trascribimos íntegro éste documento porque per- 
tenece á la historia, y es útil que se conozca lo 
que se aplicó al servicio del culto, tal vez para 
paliar en algo el atentado perpetrado con la Com- 
pañía. El edificio del Colegio, sin embargo, más 
tarde quedó en poder de la Junta de temporalida- 
des y fué enagenado por fracciones, como fueron 
las demás propiedades raíces que se incautaron. 

He aquí el documento referido: 

üEñ la ciudad de Salta, Provincia del Tucumán 
en diez y nueve dias del mes de Noviembre de 
mil setecientos setenta y cuatro años, se juntaron 
en la sacristía de la Santa iglesia Matriz de esta 
ciudad los señores Dr. D. Fernando Arias Renjei 
Cura Rector más antiguo de ésta santa iglesia, y 
Vicario Foráneo, Juez Eclesiástico y Abogado de 
la Real Audiencia de la Plata; el Dr. D. Gabriel 
Gómez Recio, Cura Rector de ésta santa iglesia. 
Examinador Sinodal, Juez de diezmos y Comisario 
del Santo Oficio, y Defensor de obras pías, y el 
Dr. D. Miguel Alonso de Visuara, Comisario de la 
Santa Cruzada, y Colector General de Rentas Ecle- 
siásticas, y los demás individuos eclesiásticos que 



^ 440 — 

abajo irán fírmados con el Sacristán Mayor Maes- 
tro D. Pedro Celestino Ponce, para tratar y conferir 
sobre el oñcio que con fecha de seis de Diciembre 
del año próximo pasado de setecientos . setenta y 
tres^ dirigió á ese Cabildo Eclesiástico los señores 
Presidente y Vocales de la Junta Municipal de 
Temporalidades, con la carta orden de diez y nueve 
de Octubre de dicho año, del Señor Mariscal de 
Campo Don Juan José de Vertiz, Presidente de la 
Junta Provisional de aplicaciones de la ciudad y 
Puerto de Buenos Aires; y las Reales Cédulas de 
nueve de Julio de mil setecientos sesenta y nueve, 
y seis de Marzo de setecientos setenta y tres, para 
que proceda á la aplicación del Colegio que man- 
Ifenfan en ésta ciudad los regulares de la extinguida 
Compañía, y distribuir los vasos sagrados y alhajas 
que no sólo estaban adictos inmediatamente al culto 
divino, sino que tenían contacto físico é inmediato 
con lo más sagrado de la religión, como son cali* 
ceSy patenas, custodias y viriles en que se exponía 
el Sacramento, copones y adornos de reliquias: y 
de aquellas alhajas que aunque no tuviesen inme- 
diato contacto físico con lo más sagrado, estaban 
adictos al culto para las funciones ordinarias ó so- 
lemnes más religiosas ó de frecuente ejercicio del 
templo, cuales son vinajeras con sus platillos, sa- 
cras palabras y evangelios, candeleros de altar; 
como también las lámparas que servían cotidiana- 
mente al Sacramento, y los adornos de imágenes 
y santos, como son coronas, diademas, laureolas, 
y otras semejantes que en cierto modo se acercan 



— 441 — 

• 

é lo sagrado; excluyéndose solo de la aplíoación 
que se debe hacer las demás alhajas que ni tenían 
contacto fisíoo con lo sagrado ó cuasi no eran adic- 
tas al preciso y decente culto, y sí solo servían á 
su magnificencia y mayor pompa, como son flore* 
ros^ ramilletes^ aparadores, fuentes, bandejas, ja- 
rras, arañas y aun los blandones extraordinarios 
para que las dichas alhajas que estaban adictas al 
culto y las que tenían contacto físico con lo más 
sagrado se reparta entre parroquias é iglesias po- 
bres; como igualmente se aplicaran los libros de 
la librería de dicho colegio, separado, y los libros 
morales teológicos que contengan doctrinas laxas 
y peligrosas á las costumbres y á la quietud y 
subordinación del pueblo, teniéndose entendido que 
la dicha Junta Municipal habrá remitido á la Ilus- 
tre Provincial un extracto circunstanciado y pun- 
tual de la fundación y cargas impuestas en ella 
que tiene el dicho Colegio, y de las memorias pías 
de las dotaciones ó rentas destinadas para su cum- 
plimiento; y de las dotaciones de los estudios que 
tenían los dichos regulares extinguidos, y de todo 
lo demás que hubiese estimado por conveniente 
conforme al artículo trece de la dicha Real Cédula 
de nueve de Julio, y llevando por norte la Real 
Cédula de catorce de Agosto de mil setecientos 
setenta y ocho, y todo lo que corresponde á los 
dos principales objetos de las doctrinas y misiones, 
y de los estudios ó enseñanza é instrucción pública 
que deben ser inseparables de la atención de éste 
Eclesiástico Cabildo, con relación á la colección 



— 442 -- 

• 

de providenoias libradas en ésta razón; propuso el 
dicho señor Vicario que en vista de lo que va 
expuesto voten los individuos aquí congregados, y 
que se oiga al dicho señor defensor de obras pías 
sobre el destino ó establecimiento que convenga 
dar á dicho Colegio y su iglesia; aplicación, con- 
mutación ó cumplimiento de sus obras pías, ejer- 
cicio de sus estudios y reglamento de sus misio- 
nes ó doctrinas, con lo demás concerniente á ello, 
extendiéndose el dictamen con relación bastante de 
todos los hechos en que se haya fundado, y expre- 
sión de lo que expusiere el Señor defensor de 
obras pias, como también de cualquier voto parti- 
cular cuando lo hubiere, que en todo ó en parte 
discordase de los demás, teniéndose presente que 
la masa general de rentas ocupadas á los dichos 
regulares, debe quedar reservada para suministrar- 
les las pensiones alimenticias que les están seña- 
ladas por un efecto de piedad por nuestro Rey y 
Señor natural (Dios le guarde), y que por lo mis- 
mo no deben de faltar ni aplicar más cantidades 
que las que sean absolutamente precisas para el 
cumplimiento de las cargas que sean claras y po- 
sitivas, y especialmente las de misas, misiones y 
estudios, y que estos se provean á oposición, y de 
que solo se establezcan los proporcionados á este 
pueblo para la dotación de los maestros y ma- 
nutención de los seminaristas ó estudiantes, sea 
de los fondos y rentas de las obras pias estable- 
cidas por el P. Alonso de Osma, clérigo y presbí- 
tero, y la hecha por el Capitán Francisco de Ayala 



— 443 — 

y Murgia, y por el Maestro D. Enrique de Li- 
zondo y Buitrón, presbítero, á este colegio, incor- 
porando en ellas los pesos que tiene á réditos Don 
Juan José Arias Velazquez» pertenecientes á la 
congregación que en la iglesia de dicho colegio 
mantenían los dichos Regulares, por deber cesar 
dicha congregación conforme a! artículo 24 de di- 
cha real cédula de 9 de Julio, y de otras rentas 
que se pudieren extraer de las procuradurías y ofi- 
cios de misiones, y de otros bienes que poseían 
los citados Regulares con esta carga ó destino, se* 
gún el artículo 35 de la mencionada real cédula, y 
que se procediese á dicha votación con toda la 
armenia que debe esperarse, y amor al real servi- 
cio, evitando desavenencias en puntos impertinen- 
tes ó de poca substancia, reservando dicho señor 
Vicario el dar su voto después de que lo hayan 
dado los demás individuos. 

«Y después de conferido el asunto con la gra- 
vedad y circunspección que se requiere, y haber 
oido al referido señor defensor de obras pías, to- 
dos de unánime conformidad fueron de parecer que 
la iglesia que está incorporada con dicho colegio, 
se aplique para vice parroquia por no haberla en 
esta ciudad, con todos los ornamentos y vasos sa- 
grados que estén inventariados, y tenían contacto 
físico é inmediato con lo más sagrado, y aquellas 
alhajas que aunque no tuviesen inmediato contacto 
físico con lo más sagrado, estaban adictas al culto 
para las funciones ordinarias ó solemnes; y en el 
caso de que algunos de los dichos vasos sagrados 



— 444 — 

y alhajas se hayan remitido por el ejecutor comi- 
sionado del real decreto^ se hagan reponer é costa 
de las temporalidades ocupadas & dichos regula- 
res, disponiendo se fabriquen otras de igual peso 
y bondad; exceptuándose de estos vasos sagrados 
y alhajas las que sean pertenecientes á la estancia 
de la Caldera y su capilla, y á la de la Quebrada» 
ambas haciendas y capillas que mantenían los ex- 
presados regulares, por estar una y otra capilla 
erigidas en curatos por Patrón y Prelado, y nece- 
sitan la decencia correspondiente al culto, como 
iglesias matrices, y aplicando un terno á esta san* 
ta iglesia Matriz, de que tiene necesidad. Que el 
primero y segundo claustro de dicho colegio con 
su librería se aplique para escuelas de primeras le- 
tras, aula de gramática y cátedras de filosofía y 
teología, y vivienda de los cuatro maestros, que 
sean clérigos de buenas costumbres y doctos para 
el ejercicio á que se destinen, y naturales de esta 
ciudad, y que se puedan ordenar á título de la 
congrua que se les deberá asignar, á lo menos de 
trescientos pesos de renta en cada un año; y lo 
mismo al maestro de primeras letras. Que estas 
capellanías, dotaciones y fundo pió hayan de estar 
situados en Ancas raíces redituables, como son en 
las tiendas y casas que están al derredor del cita- 
do colegio, y eran de los regulares expatriados; y 
que se fabriquen de nuevo otras tiendas y casas 
en los solares y huerta que se hallan en la cerca 
de dicho colegio para que reditúen para las dichas 
pensiones; y siendo necesario se compren solares 



y edifiquen otros establacimientos hasta el cumpli- 
miento de lo que importasen las dichas obras pías 
fundadas en dicho colegio por los referidos presbí- 
teros Alonso dé Osma y Maestro don Enrique de 
Lizondo y Francisco de Avala, y la de la congre- 
gación citada, y que solo se insuman en las cuatro 
dotaciones veinticuatro mil pesos, cuyos réditos de 
mil y doscientos pesos al año, sean para los dichos 
maestros, y lo sobrante de principal y réditos ai 
cumplimiento de dichas obras pías, haya de estar 
afecto en caja separada y cuenta aparte, para la 
reparación de la dicha iglesia, cátedra, escuela y 
cnsa de maestros, y las mismas fincas, y para que 
á los niños y estudiantes pobres se les suministre 
pnpel, plumas, tinta y libros para que puedan estu* 
diar cómodamente, y se logre la juventud; pues por 
la pobreza de este vecindario y la distancia de dos* 
cientas leguas á la capital de Córdoba, no siguen 
la inclinación de los estudios, ni el giro de las le- 
tras á que son inclinados, y habiendo en esta ciu- 
dad las dichas cátedras de filosofía y teología, y la 
aula de gramática y escuela de primeras letras^ se 
facilitará la mejor instrucción de la juventud en 
esta dicha ciudad, donde no hay ninguna de las 
dichas dotaciones pagadas, y por lo mismo no puede 
subsistir, no siendo con un establecimiento formal y 
})io, como el que se propone. 

«Y que respecto á que la hacienda de los ejerci- 
cios, funcTada en la jurisdicción de Córdoba de esta 
provincia, está destinado su principal y frutos para 
los ejercicios espirituales que se daban en todas 



— 446 — 

Ids ciudades de esta provincia por los dichos re- 
gulares» pedían y pidieron se aplique la parte que 
corresponda á esta ciudad, de la dicha obra pía, 
para que se den ejercicios de hombres y mujeres, 
remitiéndose á manos de los señores curas recto* 
res su importe, para que con su dirección se hayan 
de dar y den los dichos ejercicios, manteniéndose 
las personas que en ellos estuviesen los días que 
se les señalase por los directores espirituales. Y 
oído y entendido lo expuesto por . dicho Cabildo 
Eclesiástico, el referido señor Vicarjo dijo: que se 
conformaba y conformó con el dicho parecer, y que 
sacándose testimonio de este acuerdo y el oflcio 
correspondiente, se pase á los señores presidente y 
vocales de la Junta Municipal de temporalidades de 
esta ciudad, quedando archivado eí original, y lo 
firmaron, de que yo el presente Notario público 
eclesiástico doy fó. — Dr. Fernando Arias — Dr. Ga- 
briel Gómez Recio.— Dr. Miguel Alonso de Visuara. 
— Maestro Juan Francisco de Cabrera.— Maestro 
Carlos de Hoyos. — Maestro Enrique Cuello. — Licen- 
ciado José Manuel Martínez. — Maestro Miguel Díaz 
de Zarobrano. — Maestro Pedro Celestino Ponce de 
León. — Ante mi, Rafael de Hoyos, Notario público 
eclesiástico.» 

«En dicho mes y año saqué testimonio del ante- 
cedente acuerdo, que entregué al señor Vicario y 
juez eclesiástico para que lo mandase pasar con el 
oficio correspondiente á la Junta Municipal de tem- 
poralidades de esta ciudad, y para que conste lo 
anoto y de ello doy fé. — Hoyos, Notario.» 



-447 - 

« 

Como se ve por la precedente acta^ el clero de la 
ciudad, después del extrañamiento de la Compañía, 
habia echado las bases del primer colegio de ins- 
trucción con rentas ñjas sacadas de los mismos 
bienes pertenecientes á aquella. Esta fué, sin duda, 
una de las medidas más equitativas para salvar 
parte de los intereses cuyo camino estaba abierto 
hacia las arcas reales con dirección á España. Sin 
embargo^ tarde ó temprano, todas las propiedades ca- 
yeron en manos del ñsco; lasque pudieron librarse 
de la junta de temporalidades, cayeron porterior- 
mente en manos de los gobiernos de provincia que 
se sucedieron después de la independencia argen- 
tina; y aquellas como todas las demás que tuvieron 
carácter eclesiástico, por la naturaleza de su institu- 
ción, como capellanías, patrimonios y otras obras 
pías, fueron incautadas paulatinamente hasta no 
quedar una sola, para responder á las exigencias 
del erario público. Con este fin se dictaron leyes 
expoliatorias bajo cualquier pretexto para llegar con 
apariencias de legalidad á disponer de lo ageno. 

Ya tendremos ocasión de hablar sobre este tema 
en su lugar oportuno con mayor detención. 

Lo cierto es, viniendo á la idea principal de este 
capítulo, que abandonadas las misiones por los 
Padres de la Compañía, no se avanzó un paso más 
ni pudo sostenerse mucho de lo existente. El Cha- 
co no ofrecería hoy en día la triste presencia de su 
estado primitivo con sus tribus errantes y salvajes 
en pleno siglo XX! 



CAPÍTULO XVIII 



Ultima Labor de los Obispos d«l Tucmián 



Sumario— Contento por la traslación del obispo Abad y Llana 
Promoción del iltmo. Manuel Moscoso— Dotes intelec- 
tuales-^Cargos desempeñados— Primer Auto de visita 
—Territorio recorrido— Convocatoria para un Conci- 
lio Provincial— Regreso á Charcas desde Jujuy— Dis- 
posiciones generales diocesanas — Nombramiento de 
Vicario y Gobernador del obispado— El Dr. Domingo 
Frías— Cualidades sobresalientes— Causas desconoci- 
das de su estadía prolongada en Charcas— Conjetu- 
ras probables— Demora del Dr. Frías en Salta— Marcha 
¿ Córdoba— Cuestiones suscitadas por la traslación 
del obispo Moscoso — Poca simpatía del Cabildo al 
obispo— Acogida desfavorable al Dr. Frías— Nombra- 
miento indebido de un Vicario Capitular— Consecuen- 
cias deplorables — Méritos personales del obispo 
Moscoso - Causa de la actitud del Cabildo- Reunión 
Capitular— Novedad producida— Protesta del Gober- 
nador Frías— Oficios cambiados con el Cabildo— Reac- 
ción en las opiniones del Arcediano — División— El 
litigio ante el Virrey— Apelación al Metropolitano- 
La razón de parte de Frías— Ascasubi no dimite su 
cargo— Nuevos conflictos— Final de la cuestión— En- 
trada al Chaco por el Gobernador Matorras— El Ca- 
nónigo Suarez de Cantillana, Capellán militar— Per- 
sonas que tomaron parte eti la expedición— Itinerario 



— 460 — 

Tratado de paz— Reducciones fundadas ^ Muerte del 
Qobernador— Croquis de los acampamentos del ejér- 
cito—Creación del Virreinato de Buenos Aires— Poder 
del obispo San Alberto— Posesión del obispado— Ex« 
pedición de bulas— Viaje postergado— Arribo á la dió- 
cesis — Cargos desempeñados — Dotes personales — 
Aprovechamiento de medios —Visita pastoral— Funda- 
ción de un Colegio de huérfanas en Córdoba— Comuni- 
dad religiosa — Otro Colegio en Catamarca — Promo- 
ción al Arzobispado de Charcas— Apertura del Colegio 
por el obispo Videla— Otras fundaciones en el Arzo- 
bispado—Consagración de la Catedral de Córdoba- 
Visita á Salta y demás ciudades— Oraciones pedidas 
—Oficio del Vicario de Salta ¿ las Comunidades reli- 
giosas—Carta congratulatoria desde Jujui— Aconteci- 
mientos civiles diversos— Creación de Intendencias- 
La Audiencia de Buenos Aires— Estado de la dióce- 
sis—Sucesores del obispo San Alberto — El Dr. Calvo 
—Su muerte— El Dr. Ángel M. Moscoso — Su prepa- 
ración para el episcopado — Institución— Toma de po- 
sesión — Su viaje — Apertura de la visita pastoral — 
Comisión al Dr. Funes— Estadía en Salta— Juicio lau- 
4atario— Caridad del obispo— Donativos— El hospital 
de Salta— Recuerdo de gratitud— Retrato— Leyenda- 
Ordenaciones al Cabildo — Fundación de Oran— La 
misión de Centa— Carta de felicitación al Goberna- 
dor Pizarro— Ultimo Prelado diocesano del Tucuman 
—Número de obispos americanos y espafioles— Cargo 
infundado contra los Reyes de Espafla— Sentimientos 
y labor en pro de la raza americana— Fomento de las 
Letras— Progresos y civilización. 

La diócesis del Tucumán había quedado un tan- 
to agitada á la salida del obispo Señor Abad y Lla- 
na, los ánimos descontentos y encontrados, ya por 
el hecho consumado de la expatriación de los pa- 
dres Jesuítas, ya por la parte que le cupo desem- 
peñar en este odioso asunto, ó por voluntad pro- 



— 451 — 

pia la puso, de modo que su alejamiento en lugé^r 
de dejar aquellas impresiones naturales desenti- 
mientOy como había acontecido con muchos de sus 
antecesores en circunstancias análogas, solo produ- 
jo un contento manifiesto que no pudo ocultarse. 

Después de tres años de vacancia de la sede epis- 
copal, recibióse la noticia en el Tucumón de la 
promoción del Dr. Juan Manuel Moscoso y Peral- 
ta para suceder al iltmo. Abad y Llana. El Señor 
Moscoso era toda una personalidad por sus rele- 
vantes virtudes y su vasta preparación en las cien- 
cias, que le abrían ancho y lucido camino en el 
gobierno de la diócesis. 

Cuando fué promovido á la sede tucumana, ya 
desempeñaba el cargo de obispo auxiliar de Are- 
quipa, de donde era oriundo, con el título de obis- 
po de Tricomi. En su país desempeñó también 
los cargos de Vicario General, las canongías Ma- 
gistral, Tesorero, Maestre-Escuela, y de Arcediano, 
reteniendo esta dignidad mientras ejerció de auxi- 
liar en aquel obispado, según lo expresa el Dr. 
Gordillo en sus «Apuntes Cronológicos,» así como 
los oficios de Examinador sinodal, Comisario, Juez 
Apostólico de Cruzada y Calificador del Santo 
Oficio. 

Su primer auto de visita al entrar en su obispa- 
do, lo encontramos fechado en 2 de Agosto de 
1773 en la parroquia de Cochinoca. En el largo 
camino que tuvo que hacer desde Arequipa á Char- 
cas y de Charcas al Tucumán, Cochinoca y Casa- 



» 



I I 

I 

I 
.1 



\ 



^ 462 ^ 



4 vindo era la primera parroquia en territorio de su 



jurisdicción. 

i El Señor Moscoso y Peralta, versadísimo en doc- 

trina y práctica eclesiástica, en sus disposiciones 

4 diocesanas, abarca todas las materias legislables 

sobre puntos generales de disciplina y de los que 
particularmente miran á cada localidad ó parroquia. 
Apenas había tenido tiempo para recorrer una 
parte del territorio de Jujuy, cuando ya se vio obli- 
gado á regresar á Charcas en cumplimento de otros 
deberes imprescindibles; pero, así ausente de su 
grey, como pastor vígi lautísimo no perdió ocasión 
para enseñar é instruir por medio de pastorales y 
autos sobre materias diversas en bien de la dió- 
cesis. 

Mientras practicaba la visita pastoral en las pa- 
rroquias y capillas intermedias en el camino de 
Cochinoca, ó cuando hubo llegado á la ciudad de 
Jujuy, recibió aviso de convocatoria del Metropoli- 
tano de Charcas para asistir á un Concilio Provin- 
cial que debía celebrarse en esta ciudad. Su re- 
greso, desde luego, fué cosa resuelta; suspendió la 
visita pastoral y dictó las medidas más conducentes 
al mejor gobierno de la diócesis. 

Regresado de Jujuy por el mes de Noviembre, 
en los primeros días de Febrero de 1774 ya en- 
contramos disposiciones datadas desde la ciudad de 
Charcas. De aquí ha dictado las numerosas pro- 
videncias, que se conservan de este Prelado, para 
mantener la disciplina y la observancia de las le- 
yes de la Iglesia, cortar abusos, reformar las eos- 



— 4fi8 — 

tumbres y fomentar el celo por la religión entre 
los ñeles, párrocos y sacerdotes. 

Muchísimas son las disposiciones que existen del 
iltrao. Moscoso y Peralta, y se conservan como 
preciosos destellos de su clara inteligencia. 

Mientras su estadía en Jujuy nombró por su Vi- 
cario General y Gobernador del obispado al Dr. Do- 
mingo Frias, que desempeñaba el cargo de Cura 
Rector de la ciudad^ El Dr. Frías, sacerdote Heno 
de celo y virtud, era incansable en el trabajo asi- 
duo del ministerio sacerdotal; desde muy joven 
había ejercitado sus fuerzas ya en misiones ó re- 
ducciones, ya en parroquias rurales ó urbanas^ 
siempre pronto á la voz de su prelado, reunía á 
todo esto una preparación no común en letras, co- 
mo doctor en ambos derechos. 

Hacemos estos ligeras pinceladas biográficas por- 
que sobre él recayó todo el peso del gobierno da 
la diócesis, en el cual demostró no solo tino v acier* 
to en los asuntos más arduos, sino que supo re* 
vestirse de la energía necesaria cuando las circuns- 
tancias lo reclamaron. 

El iltmo. Moscoso no llegó á conocer su Catedral 
por que no volvió más desde Charcas. Ignoramos 
las causas que prolongaron su estadía allá, aunque 
conjeturamos que hubo algún retardo en la aper-^ 
tura del Concilio, ó sea que teniendo antecedentes 
de la traslación que se proyectaba hacer de su 
persona á otro obispado, prefirió quedarse para no 
reanudar un camino tan penoso como largo regre* 



— 454 — 

sendo á su diócesis, y luego volver por el mismo 
para dirigirse al Cuzco á donde se le destinó. 

El Gobernador del obispado demoró algunos me- 
ses en Salta, hasta Mayo de 1774, después de la 
marcha del Señor Moscoso á Charcas, en que re- 
cien se puso en camino á |a capital de la diócesis, 
á Córdoba, de cuyo Sagrario se hizo cargo como 
Cura Rector, al mismo tiempo que asumió la su- 
perintendencia del Colegio de Loreto. 

Así las cosas corrieron hasta 1778. Las emer- 
gencias que acontecieron con motivo de la trasla- 
ción del iltmo. Moscoso al obispado del Cuzco, los 
documentos que tenemos á la vista nos informan 
con todos los detalles y nos hacen palpar la verdad 
del hecho. 

E\ obispo Moscoso no era persona grata, al pa* 
recer, pnra algunos miembros del Cabildo eclesiás- 
tico, pues sus providencias y mandatos se reci- 
bían con desagrado maniftesto, bien porque muchos 
no le habían tratado, ni conocían su carácter emi- 
nentemente bondadoso, ó se tomó como un desaire 
la circunstancia casual de su regreso desde Jujuy, 
y particularmente su demora prolongada en Char- 
cas. El nombramiento del Dr. Frías no tuvo 
igualmente acogida favorable, de modo que su au- 
toridad arrastraba pocas simpatías en la capital del 
obispado, lo cual vino á evidenciar la delicada cues 
tión que suscitó el Cabildo eclesiástico, adelantán- 
dose al desarrollo de los acontecimientos, con el 
nombramiento extemporáneo de un Vicario Capi- 
tular que subrogara al obispo y al Gobernador 



_ 456 — 

delegado en la administración y gobierno >de la 
diócesis. 

Este hecho que afectaba profundanáente las leyes 
de la Iglesia, importaba una intromisión violenta, 
como la causa originaría que en otros tiempos dio 
margen á no pocos cismas y rebeliones que des- 
garraron á la Iglesia. Verdad es que aquí no tu^ 
YO tan fatales consecuencia por el corto tiempo que 
duró la anarquía producida. 

Se buscó una causa aparente para dar visos de 
legadidad al hecho en el cual se persistió con obs- 
tinación, aunque la luz derramó sus claridades y 
destacó la verdad obscurecida; pero aquel siguió 
su camino. 

Los méritos del iltmo. Moscoso habían tomado 
gran ascendiente en la corte de España, por cuyas 
instancias S. S. Pió VI lo trasladó de la sede tu- 
cumana al obispado del Cuzco, para llevarlo más 
tarde al Arzobispado de Granada en España, que 
fué como el remate con que se enaltecieron más 
las hermosas cualidades que adornaban á tan exí* 
mió Prelado. 

La legislación civil de la época, puro regalismo, 
dio margen ó fué el pretexto de la causa á que 
nos hemos referido. La noticia de la presentación 
para la silla del Ouzco llegó á Córdoba con cele- 
ridad admirable, lo mismo que la de la expedición 
del documento regio, — Carta de ruego y encargo,— 
para el Señor Moscoso, concerniente al gobierno 
de la nueva diócesis. Nada más se esperó, ni se 
quiso saber si el Papa había aceptado la designa- 



— 466 — 

ción, ó el nuevamente promovido quedó desligada 
del vínculo que le unía á la diócesis tueumana por 
la expedición de las bulas respectivas de traslación. 

El Cabildo mandó tocar á vacante á las 10 de la 
mañana del día 6 de noviembre de 1778, y se reu- 
nió capitularmente para proceder al nombramiento 
de un Vicario. Bajo la presidencia del Arcediano 
Dr« Pedro José Gutiérrez deliberó y resultó elegido 
el Chantre Dr. José Antonio de Ascasubi. La reu- 
nión capitular fué una sospresa para el púbHco por- 
que no se dio á conocer que podría veriñcarse ese 
mismo día, ni nadie lo esperaba; pero una vez rea- 
lizada y en posesión del resultado, el Cabildo man- 
dó echar á vuelo las campanas de la Catedral y 
demás iglesias de Córdoba, lo que produjo la no- 
vedad consiguiente en todos los ámbitos de la ciu- 
dad, en toda la masa de aquella sociedad, que tuvo 
tema para discutir, durante muchos meses, el pro 
y el contra de la cuestión. 

Notificado del acontecimiento el Gobernador Dr. 
Frías, protestó enérgicamente sobre su validez, 
manifestando las responsabilidades que seguirían á 
los actos nulos y las consecuencias de estos por el 
ejercicio de una jurisdicción ilegal del nuevo Vica- 
rio capitular. La cuestión estaba planteada; exten- 
sas notas se sucedieron de una y otra parte; más 
la reflexión llevó pronto el convencimiento de la 
nulidad de lo obrado al Arcediano, que se negó á 
extender el título de Vicario al Dr. Ascasubi, y ni 
aun quiso proceder á las demás formalidades del 
caso, como tomar juramento al nombrado; pero el 



— 457 -^ 

Dr. Ascasubi dio por válido su nombramiento» lo 
comunicó ó las autoridades civiles y eclesiásticas 
del obispado y entró en pleno ejercicio de su cargo. 

La división en las ideas no se hizo esperar, se 
formaron dos bandos y el cisma comenzó á pro- 
ducir sus efectos, fomentado por un folleto que 
patrocinó la causa del Dr. Ascasubi: 

Llevado el litigio en apelación al virrey de Bue- 
nos Aires por el Gobernador delegado, y en el de- 
seo de acelerar la terminación de tan delicado asun- 
to, se marchó á Charcas, sin esperar respuesta, á 
interponer igual apelación ante el Metropolitano, 
subdelegando su cargo de gobernador en otro sa- 
cerdote, según instrucciones recibidas del iltmo. 
Moscoso. 

El virrey ordenó la reposición inmediata del Go- 
bernador por medio de un comisionado y la cesa- 
ción de Ascasubi; pero sus órdenes no dieron re- 
sultado alguno ante la tenacidad de Ascasubi que 
se aferró en conservar su autoridad. El Metropo- 
litano á su vez la conminó con censuras y ordenó 
también la re|30sicíón del interino dejado por Frías: 
todo fué inútil: el Chantre no consentía en el 
despojo de su autoridad y la mantuvo á través de 
todas las conminaciones y mandatos. 

Nuevas emergencias volvieron á suscitarse con 
el Vicario Ascasubi con motivo de la liquidación 
de los haberes del iltmo. Moscoso, correspondien- 
tes al tiempo corrido desde que el Cabildo lo de- 
claró cesante, cuestiones en que intervinieron nue« 
vamente el Metropolitano y la Audiencia. 



Lá promoción del íitmo. Seftor San Alberto para 
obispo del Tucumán, vino á encauzar los asuntos 
de la diócesis después de cuatro ó cinco meses de 
agitaciones y de lucha. 

Otro suceso de diversa índole se había llevado 
á cabo durante el episcopado del iltmo. Moscoso, 
en el cual si no tuvo una parte directa el obispo^ 
en algo pudo intervenir para facilitar su realización 
y contentar las voluntades de las personas dirigentes. 

Daremos una ligera noticia de la entrada que se 
hizo al Chaco con todo el aparato de una gran con- 
quista. 

A mediados de 1773 llegaron de Córdoba á Ju- 
juy el canónigo Dr. Lorenzo Snárez de Cantiliana 
Y el Dr. Pedro José Gutiérrez, Magistral de la mis- 
ma catedral, con el objeto de dar la bienvenida al 
prelado señor Moscoso y presentarle los respectos 
del Cabildo eclesiástico, según creemos. Regresa- 
dos á Salta, permanecieron los dos canónigos has- 
ta 1774 en esta ciudad, cuando el gobernador in- 
tendente del Tucumán D. Gerónimo Matorras daba 
la última mano á los preparativos de una impor- 
tante expedición al Chaco, organizada con el auxi- 
lio de las otras ciudades. El Dr. Suárez, que más 
tarde ocupó la sede episcopal del Paraguay, se 
alistó como capellán con el beneplácito del obispo, 
y esperó los primeros días del mes de Mayo, para 
incorporarse, en que la expedición se puso en marcha 
con dirección al Fuerte del Río del Valle. Bntre 
los expedicionarios, además del Sr. Matorras, alma 
del movimiento, se contaban D. Joaquín Brizuela, 



— 459 — 

procurador general, D. Gerónimo Romero Maeatre de 
campo de la ciudad de San Miguel de Tucurpán, el 
ingeniero D. Julién Bravo de César, y 400 soldados 
comandados por D. Francisco Gavino Arias. 

Del referido Fuerte, primera escala del itinerario, 
avanzó la expedición hacia el interior del desierto, 
recorriendo no menos de doscientas cuarenta le- 
guas hasta llegar á la Canea vé. Aquí el goberna- 
dor firmó la paz con el cacique Paiguin, uno de 
los más poderosos de la nación toba ó mocovi. 

Algunas reducciones llegaron á fundarse como 
consecuencia de la paz obtenida; en ellas trabajó 
con verdadero celo el Dr. Suárez de Cantillana, más 
sus esfuerzos resultaron pasajeros por falta de pro^ 
tección á las misiones, á consecuencia del falleci- 
miento prematuro del gobernador Matorras, acaeci* 
do á su regreso en la misión de Miraflores sobre 
el rio Pasaje. 

El canónigo Suárez nos ha dejado una planta ó 
croquis de la disposición y forma del real, en el 
figuran diez y seis tiendas de campaña armadas y 
cuatro piezas de cañones en los ángulos del cam- 
pamento, con las municiones y demás pertrechos 
de guerra al centro. 

El croquis tiene este encabezamiento: «Plan de 
los acampamentos del Sr. gobernadoi* del Tucu- 
man D. Gerónimo Matorras en la expedición del 
gran Chaco que se compone de 4fK) hombres^ con 
víveres y municiones para seis meses». 

Debemos consignar también que durante el epis- 
copado del iltmo. Moscoso, fué creado en 1776 por 



— 460 — 

cédula real el Virreinato de Buenos Aires, que- 
dondoy por consiguiente, desligado de la corte de 
Lima, igualmente que la gobernación del Tucumán 
que pasó á formar parte del nuevo virreinato. 

Hemos consignado que la promoción del iltmo. 
obispo San Alberto vino á poner término á la cues- 
tión jurisdiccional del Vicario Ascasubi Efectiva- 
mente, en el poder que remitió el nuevo obispo 
para tomar posesión de la diócesis, decía: cNom- 
bramos y diputamos por nuestros procuradores y 
actores generales, en primer lugar al Sr. D. Anto- 
nio González Pavón, Dean; en segundo, á D. Pe- 
dro José Gutiérrez, Arcediano; y en tercero á D. 
Lorenzo Suórez de Cantillana, canónigo. Este po- 
der llegó por Marip de 1779 y fué ejecutado acto 
continuo, asumiendo el gobierno del obispado el 
Dr. Pedro José Gutiérrez, ascendido á Dean por 
muerte del titular. 

Las bulas del iltmo. San Alberto se expidieron 
en 27 de Septiembre de 1778; más él postergó su 
viaje por un cúmulo de asuntos importantes que 
debía concluir en la misma corte de Madrid, de^ 
mora que la prolongó hasta 1780. A principios 
de Octubre de este año arribó á la capital de la 
diócesis en medio del contento general que lo acla- 
mó por su justa fama y bien merecidas virtudes. 

Antes de ser instituido obispo desempeñaba el 
cargo de procurador general de la Orden carmeli- 
tana, de quien era digno hijo, como fué digno su- 
cesor del iltmo. Moscoso. Puede contársele como 



- 461 — 

una eminencia entre ios más grandes obispos del 
Tucumán. 

Escritor ascético y de un criterio elevadísimo 
en la organización del gobierno de la diócesis, ha 
dejado hermosas producciones que constituyen una 
verdadera guía pastoral para los prelados. 

A parte de que el celo pastoral siempre encuen- 
tra medios oportunos para manifestarse, y el obispo 
San Alberto lo tenía y exteriorizaba en sumo gra- 
do, supo aprovechar el tiempo y cuanta oportuni- 
dad se le ofrecía para dirigir sus iniciativas á cuanto 
interesaba al orden religioso y administrativo de 
su obispado. 

Sus predecesores habían trabajado como buenos 
soldados de Cristo, según la frase del Apóstol, enca- 
minados muchos de ellos sino por un celo ma- 
yor, con una competencia igual; pero la extensión 
dilatada de la diócesis era un verdadero motivo 
para redoblar cuidados y vigilancia en el cumpli- 
miento de ordenaciones y mandatos para el buen 
gobierno de párrocos y fíeles, puesto que todo esta- 
ba librado á la acción individual del párroco, sin 
estímulos inmediatos, diarios, que animen y den 
vigor á su espíritu, se comprende las muchas de- 
fíciencias que debían producirse en todo tiempo, y 
las necesidades á que se debía acudir con nuevos 
y oportunos medios para regularizar la buena mar- 
cha y orden de las cosas. 

Nada extraño es entonces, con estos anteceden- 
tes, que el iltmo. San Alberto hubiese hallado en 
la diócesis del Tucumán un vastísimo campo de 



— 462 — 

acción para ejercitar su celo y su ilustracinn, ma- 
nifestados en sus obras, en sus providencias y 
consejos, en su palabra escrita y oral, en sus au- 
tos y pastorales tan llenos de ciencia y de un es* 
pirita verdaderamente apostólico. 

La visita general de la diócesis fué la que le sir- 
vió de teatro para manifestar sus hermosas cuali- 
dades de hombre de Dios y llevar el beneficio á 
todas partes. 

De espíritu austero, como educado en la Orden 
carmelitana, avivó más el celo en la observancia 
de las reglas y constituciones de los monasterios 
que encontró fundados en la capital del obispado, 
ya de monjas Teresas, ya de Catalinas, y empren- 
dió la fundación de un Colegio para niñas huérfa- 
nas en Córdoba, cuya educación é instrucción fue- 
sen lo más completo posible, regido por constitu- 
ciones propias que dictó en 1785, y bajo la direc- 
ción de religiosas carmelitas, nueva institución 
creada por él mismo, que llevó su espíritu, su celo 
y su competencia para formar el corazón de la 
mujer. 

En Catamarca debió hacer una fundación análo- 
ga posteriormente; pero no llegó á realizarla á con- 
secuencia de su promoción al arzobispado de Char- 
cas por bula de S. S. Pío VI de2ü de Septiembre 
de 1784; sin embargo, dejó los recursos con- 
venientes para que se efectuara cuando llegase la 
autorización regia solicitada por el mismo obispo, 
palpados los excelentes resultados que dio el cole- 
gio de Córdoba. 



La fundación ó apertura la verificó veinticuatro 
años después, el iltmo. sefior obispo Videla en su 
primera visita pastoral á Catamarca en 1808, bajo 
las reglas y Constituciones de la casa de Córdoba 
y con personal directivo de la misma. Posterior- 
mente, en 1874, el iltmo. señor obispo Rizo le dio 
nuevas reglas para su marcha y administración. 

El benemérito prelado, dicen sus biógrafos, hizo 
dos fundaciones más, es decir, abrió otros dos Co- 
legios de Educandas en Cbuquisaca y Cochabamba 
respectivamente^ y fundó la casa de San Felipe 
Neri eñ la primera ciudad, que ha dado sacerdotes 
tan ilustrados y eminentes entre el clero boliviano, 
como el extinto arzobispo doctor Miguel Taborga 
y otros que le han precedido. 

Consagró la Catedral de Córdoba de 1783, que 
recien se terminaba; hizo modificaciones de gran 
conveniencia en el presbiterio, y la paramentó debi- 
damente. 

Su visita á Salta la verificó por Enero y Febrero 
de 1780, pasando de aquí á Jujuy; en Junio de este 
mismo año estuvo en Tucumán; en Octubre si- 
guiente en La Rioja, y sucesivamente en las ciu- 
dades restantes del obispado. 

Cuando hizo su primera entrada ó la diócesis, 
apenas desembarcado en el puerto de Buenos Aires, 
se dirigió á los Vicarios de las ciudades pidién- 
doles oraciones públicas. El Vicario de Salta, con 
tal motivo, pasó el siguiente oficio á las Comuni- 
dades religiosas de la ciudad. 



— 464 — 

«M. Reverendos P.P. Prelados, Guardián de San 
Francisco y Comendador de ia Merced. 

ccPor carta que acabo de recibir con fecha de 22 
de Agosto próximo pasado del corriente año de 
nuestro Iltmo. y Reverendísimo señor doctor don 
José Antonio de San Alberto, dignísimo obispo de 
esta diócesis del Tucumán, en asunto á que todos 
los cuerpos eclesiásticos así seculares como regu- 
lares, le encomendamos en nuestras oraciones muy 
de veras á Dios para la felicidad y buen logro de 
su salud y arribo á su iglesia Catedral y Capital 
de Córdoba, se han de servir V. R. R. y cada uno 
por su parte y su santa Comunidad^ concurrir en 
cada semana de este presente mes con las fervoro- 
sas preces y rogativas que son tan debidas y se 
acostumbran en semejantes casos, para impetrar de 
Dios la feliz llegada de tan digno Prelado á su 
diócesis, como así lo espero del religioso celo de 
V. R. R. á quienes guarde Dios por muchos años. 
—Ciudad de Salta y Octubre 5 de 1780— Dr. Ga- 
briel G. Recio». 

De Jujuy se le envió la siguiente carta congra- 
tulatoria á su arribo á Córdoba por el sacerdote 
que la Arma: 

(dlustrísimo señor: 
((Muy señor mío: Aun antes de la llegada feliz 
de V. S. iltma. al puerto de Montevideo, eran muy 
públicas y generales las dilatadas noticias que en 
estas partes remotas tuvimos de las distinguidas y 
apreciables prendas con que la Divina Majestad 
había adornado la persona de V. S. iltma., las que 



- 466 — 

corroboró y acreditó su pastor al que hemos visto 
con aquel respeto y veneración que se merece; en 
cuya inteligencia mutuamente nos hemos dado 
aquí mil congratulaciones, todos los que nos lison- 
jeamos de ser sus subditos. 

Yó, como uno de los más humildes, y empleado 
en la Vicaria de esta ciudad, fuera desaire de mi 
atención dejar de insinuarme con la debida enhora- 
buena que presenta mi pequenez á la deseada lle- 
gada y arribo de V. S. iltma. á esta su Provincia, 
deseoso continúe en ella con aquellos felices su- 
cesos que le previene mi ancioso deseo, para poder 
merecer repetidas ocasiones de manifestar mi sin- 
cera y verdadera voluntad en obsequio y servicio 
de V. S. iltma — N. Señor guarde á V. S. iltma. 
muchos años— Jujuy, 23 de Octubre de 1780— Señor 
— B. las manos de V. S. I. su más atento subdito 
— Antonio Araoz— Iltmo. Señor D. Fr. José Antonio 
de San Alberto». 

En la época del episcopado de este apostólico 
Prelado, se produjeron diversos acontecimientos en 
el orden civil, relacionados con la gobernación del 
Tucumán, de que vamos á hacer mención aunque 
romeramente. 

En 28 de Enero de 1782 se dictó la Ordenanza 
de Intendencias en la corte de Madrid para el Río 
de la Plata, por la cual la gobernación del Tucu- 
man quedó dividida en dos intendencias: Córdoba 
con las subdelegaciones de la Rioja y Cuyo, que 
se componía de los Corregimientos de Mendoza, 
San Juan y San Luis, separados de Chile por dic- 



— 466 — 

támen del virrey Cevallos; y la de Salta con las 
subdelegaciones de San Miguel de Tucumán, Cata- 
marca, Jujuy y Santiago del Estero, quedando asf 
el virreinato de Buenos Aires compuesto de ocho 
intendencias ó la vez: La Paz, Potosí^ Cochabarnba, 
Charcas, Buenos Aires, Córdoba, Salta y el Para- 
guay. Por cédula de 5 de Agosto de 1783, fué 
constituida la ciudad de Salta en capital de la in- 
tendencia de este nombre, que comprendía las ciu- 
dades ya mencionadas anteriormente. 

Fué creada también en 1785 la Audiencia de Bue* 
nos Aires, de la cual vino á quedar dependiente 
en lo judicial la gobernación del Tucumán, como 
antes estaba sujeta en lo político y civil á su 
virrey. 

Tales eran las circunstancias en que se hallaba 
la diócesis del Tucumán, cuando entró el sucesor 
del iltmo. Señor San Alberto. Primeramente había 
sido nombrado para reemplazarle en 1786. el doctor 
Mariano Calvo, natural del Perú, Vicario general del 
señor San Alberto en 1784, y del cual se hallan 
algunas disposiciones en esa fecha; desgraciada- 
mente no llegó á consagrarse por haberle sorpren- 
dido la muerte en Chuquisaca. Entonces vino el 
antiguo Cura de Tarata, parroquia del obispado de 
Santa Cruz de la Sierra, que la sirviera por el es- 
pacio de treinta años con los asiduos cuidados de 
vigilante pastor, y en donde dejará recuerdos im- 
perecederos en los dos suntuosos templos que su 
celo y actividad levantaron para mayor gloria de 
Dios. El doctor Ángel Mariano Moscoso y Oblitas 



— 467 — 

^s el designado para la diócesis tucumana, muy 
avezado en asuntos de gobierno por haber ejercido 
el cargo de Provisor durante el episcopado de 
cuatro prelados diocesanos, lo que le puso al co- 
rriente en los negocios eclesiásticos para desem- 
peñarlos con la competencia que lo hizo. 

Instituido obispo por el Papa Pió VI en 1788, 
tomó posesión de la diócesis por Procurador en 
1789, delegando el gobierno de ella en el Cabildo 
Eclesiástico de Córdoba, uno de cuyos miembros, 
el doctor José Antonio Ascasubi, asumió el go- 
bierno por el Cabildo. 

El nuevo obispo puesto en camino en 1790^ llegó 
á fines de Junio á la hacienda de Paracaya en Co- 
chabamba, y de allí con fecha 6 de Julio siguiente 
dirigió el primer auto pastora!, anunciando la vi- 
sita á las ciudades de Salta y Jujuy con sus res- 
pectivas jurisdicciones, mientras tanto, con igual 
fecha, daba comisión al doctor Gregorio Funes, ca- 
nónigo de Merced entonces de la Catedral de Cór- 
doba para proceder á su apertura y dar comienzo 
en todo lo concerniente á ella. 

El obispo salió en Agosto de Paracaya y traia 
un camino sumamente lento. El doctor Funes, á 
su vez, en Mayo del año siguiente arribó al norte 
de Jujuy y comenzó la visita por Casavindo y Co- 
chinoca^ parajes en |donde se le unió el Prelado 
viajero é inició la visita conjuntamente con el doctor 
Funes. 

Llegado á Salta por Enero de 1791, demoró más 
de un afio en esta ciudad, ocupado en el despacho 



— 468 — 

de diversos asuntos, yá también por motivos de sa* 
lud. En este mismo tiempo visitó las misiones 
jesuíticas sobre el Pasaje, de las cuales hemos ha- 
blado en capítulos anteriores, del estado ruinoso 
en que las encontró, veinticinco años después de la 
expatriación de los Padres; en Mayo y Junio de 

1792 permaneció en Jujuy, siguiendo después á 
Tucumán y á las otras ciudades hasta ñnes de 

1793 en que llegó á la capital de la diócesis. 

«El señor Moscoso, escribe el doctor Gorditlo en 
sus Apuntes Cronológicos, fué un celoso Prelado 
de los derechos y fueros de su iglesia, yendo hasta 
sostener una ruidosa competencia con el Marqués 
de Sobremonte que desempeñaba el gobierno de 
Córdoba, cuya competencia llevada hasta el rey, 
fué resuelta á su favor. 

«El señor Moscoso era de gran autoridad para 
ante el rey y mereció de él la confianza de impor- 
tantes comisiones, como fué la de informar sobre 
los establecimientos literarios del virreinato y del 
estado de la población, sobre lo que dio detallados 
informes que hoy sirven de base á nuestros his- 
toriadores y publicistas para apreciar el estado so- 
cial y literario de aquellos tiempos». 

Ya en el capítulo XV tuvimos acasión de hablar 
de los sentimientos de caridad de este Prelado con 
motivo de la fundación del hospital de Salta. El 
iltmo. Moscoso disponía de abundantes bienes de 
fortuna, así lo dicen los 20.000 pesos fuertes de su 
donativo para el dicho hospital, el hermoso taber- 
náculo de plata con relieves de oro, obsequiado á 



— 469 — 

SU Catedral^ y ei servicio de plata para las fünoio-^ 
nes pontificales que dejó de su propio peculio para 
la misma iglesia, fuera de otras instituciones que 
aun conservan su memoria, para socorrer é niñas 
pobres con los censos de un capital de diez mil 
pesos, dejados en Córdoba con este fin. 

Como principal benefactor y fundador que fué 
del primer hospital del Salta, se conserva un gran 
retrato al oleo, de cuerpo entero, en la galería de 
obispos del palacio episcopal de Salta, que pertene- 
ció al referido hospital como un recuerdo de gra- 
titud al caritativo prelado. 

La siguiente leyenda, que copiamos íntegra del 
antedicho retrato, puede considerarse como un re- 
sumen biográfico de su vida. 

«El iltmo. señor Dr. D. Ángel Mariano Moscoso 
y Pérez, natural de la ciudad de Arequipa, nació 
el 2 de Octubre de 1737 de D. Gaspar Moscoso y 
de D. Petronila Pérez Obiitas. Fué secretario de 
cámara del iltmo. señor obispo de Santa Cruz de 
la Sierra, Dr. Fernando Pérez Obiitas, quien lo hi- 
zo cura y Vicario de Tarata, cuyo beneficio sirvió 
el espacio de 30 años con la mayor vigilancia y es- 
mero^ habiendo edificado un suntuoso templo en 
su parroquia y otro en el anejo del Paredón. Por 
el mismo tiempo de 30 años y bajo el gobierno de 
cuatro obispos ejerció en aquella diócesis el cargo 
de Provisor con general aceptación. Electo obispo 
de la Santa iglesia Catedral de Córdoba en 10 de 
Marzo de 1788, y tomado posesión por medio de 
apoderado en 12 de Marzo del siguiente año, la 



— 470 - 

gobernó como tierno padre de loe pobres, oeloao 
defensor de sus derechos y vigilante pastor de su 
rebaño. Fué especial bienhechor de este real hos- 
pítaly y falleció en Córdoba del Tucumán en 3 de 
Octubre de 1804.JO 

En el gobierno de la diócesis, con fecha 6 de 
Abril de 1802, mandó poner en práctica al Cabildo 
de su Catedral la Regla Consueta, dictada en el úl* 
timo Concilio Provincial de Charcas para la Metro- 
politana de la misma, y para que los prelados dio- 
cesanos en lo que sea adaptable á su juicio, man- 
den observar en sus Catedrales. 

Mucho ayudó y facilitó, en cuanto pudo de su 
parte, pnra la fundación de la nueva ciudad de Oran 
especialmente en lo tocante ó relacionado con lo 
eclesiástico y religioso^ que el gobernador in- 
tendente de Salta D. Ramón García Pizarro había 
llevado á feliz término en 1794, aprovechando las 
facilidades que le ofrecía la misión de Centa, fun- 
dada quince años antes según lo consigna el P. A. 
Cerrado en sus ((Noticias Históricas,)) por misione- 
ros de Tarija, para la conversión de los indios ve- 
joses y mataguayos; de esta misión fué infatigable 
organizador el benemérito padre Estevan Primo de 
Ayala. Oran absorbió á la misión y un decreto del 
general Martín Quemes la suprimió en 1820 por 
inútil, pues ella tenía su asiento á pocas cuadras 
de la ciudad. 

He aquí el oficio de felicitación que el iltmo. Mos* 
coso pasó al fundador de Oran. 

((Señor gobernador intendente. 



— 471 — 

«Con la mayor compiaciencia veo en el testimo- 
nio de las dos reales órdenes que acompañó á sn 
oHcio de 29 del pasado Agosto, aprobado por su 
majestad^ el celo con que V. S. ha promovido el 
establecimiento de la nueva población de Oran, pues 
este honor le es bien merecido por los trabajos 
que ha tenido que superar en esta obra por las 
cristianas miras que á ella lo han conducido, y 
por la utilidad que reportará á esta provincia de 
una población de que puede esperar muchas ven- 
tajas, y ser yó, no por pocas razones, participe de 
estas satisfaciones. — Córdoba, 3 de Octubre de 1796. 
— Señor gobernador intendente. — ^Miguel Mariano^ 
obispo del Tucumán. — Señor gobernador intenden- 
te D. Ramón García Pizarro.» 

Con el iitmo. señor Moscoso cerramos la her- 
mosa serie de once obispos americanos y de ocho 
españoles que gobernaron la antigua diócesis del 
Tucumán en el espacio de cerca de dos siglos y 
medio. 

El número total de obispos nombrados para es- 
ta diócesis se eleva á veinticinco; pero de los seis 
que completan este número ó no aceptaron ó no 
llegaron á tomar posesión por causas diversas^ en- 
contrándose en ellos, igualmente, americanos y e&» 
pañoles. 

Este dato que acabamos de consignar, es prue- 
ba evidente que destruye los cargos tantas veces 
formulados contra los monarcas de España por es- 
píritus apasionados, acerca de odiosas preferencias 
para mantener el dominio del elemento ibérico con- 



— 472 — 

tra el americano en los cargos públicos honoríficos, 
civiles ó religiosos. 

Justo es reconocer á través de las inculpaciones 
hechas, que el espíritu dominante en los reyes es- 
taba marcado por sentimientos de alta equidad y 
de justicia: en la elección de los hombres siempre 
buscaron la competencia y la integridad^ y lo que 
vemos realizado en la diócesis del Tucumán desde 
sus primeros orígenes, lo vemos también en los 
demás estados americanos, en todas las circuns- 
cripciones eclesiásticas del Continente. Y en el 
orden civil, ¿no podríamos hacer un razonamiento 
análogo, sin que importen las excepciones de casos 
más ó menos concretos ? 

Los monarcas fomentaron el estudio de las le- 
tras en su mayor amplitud en bien de la raza ame- 
ricana: así lo publican las universidades fundadas 
y los colegios que se abrieron bajo sus cuidados 
paternales en las principales ciudades americanas, 
adelantándose á la época, si se quiere, para ganar 
tiempo á la evolución tardía del progreso que de- 
bía operarse en la civilización que comenzaba á 
iniciarse en la raza indígena, y en las primeras inte- 
ligencias que descollaron en el suelo americano des- 
pués de la conquista. 



CAPÍTULO XIX 



Florescencia del Clero en el Siglo IVIH 



Sumario— Recuerdo de sacerdotes ilustres de la diócesis del 
Tucumán— Cuidado de los otjispos por la instrucción 
Protección de Dios— Época de su figuración —El clero 
como auxiliar en la independencia argentina— Ostra- 
cismo por la instrucción*- Privación de ella en el país 
—Materia de este capítulo— El Maestro Chaves de 
Abréu— Sus virtudes y actuación— El maestro Tron- 
coso 'S Agustín de Armas— Caracteres diferentes— El 
maestro F. Castellanos— £1 maestro Gabriel Torres- 
Empleo de su fortuna— El doctor Peflalva— El doctor 
P. Ruiz de Villegas— Sus cualidades personales— El 
doctor Fernando Arias— Caracteres sobresalientes— 
El doctor F. Javier Fernández — Autor de la novena 
del Milagro— Sus trabajos— El doctor Arias Renjel y 
Qomez Recio— Su característica— El doctor Vicente 
Anastasio Isasmendi — Sus méritos — El doctor José 
Miguel de Castro— Reconocimiento de ios méritos del 
clero diocesano— El doctor Alonso Zavaia— Sus senti- 
mientos patrios— El doctor Manuel A. Acevedo, Ora- 
dor y diputado ai Congreso de 1816 — Sacerdotes de 
Tucumán— El doctor Mateo de Avila y Maestro Barto- 
lomé Bello— El maestro Iríarte— Peligro de su vida— 
Zarate y la familia Iriarte— Capillas edificadas — El 
doctor Gerónimo Sánchez y Pedro Bazan— El doctor 



— 474 — 

Miguel Martin Laguna—Pasión por el estudio — Su 
obra— Resumen de ella— Coasecuencias de su rigoris- 
mo—Errores teológicos— El doctor José E. Colom- 
bres, diputado y obispo— El doctor Agustín Molina, 
Obispo titular— Sus poesías— El doctor Muñecas— Su 
patriotismo y recuerdo en Tucumán— El doctor Pedro 
Miguel Araoz— Su actuación cívica— Figuración de 
otros sacerdotes en el siglo XIX— El doctor Agustín 
Colombres y el doctor Lucas Córdoba — El doctor 
Ignacio Alorralde— Tiburcio López— Cornelio Santi- 
llan— Zoilo Domínguez- El iltmo. obispo de Berissa, 
Miguel M. Araoz— El presbítero Luis Alfaro— F. Ma- 
nuel Pérez— El P. Argaliaraz y Romero, franciscanos 
Obra del P. Romero — Obra del doctor Alurralde— El 
clero de Jujuy— El doctor Calvimonte— El arzobispo 
Mendizábal — El doctor Zamalloa y José Leanlz — El 
doctor Juan I. Qorriti — El doctor Saraclvar — doctor 
Manuel Egula— El doctor M. Barcena, Quintana y 
Portal— El doctor Bustamante, Otero y Zegada— Mé- 
ritos sobresalientes del seflor Zegada— Su acción sa- 
cerdotal— Monseflor Pablo Padilla— Clero de Santiago 
—El doctor Juan Bravo y Saavedra Qramajo— El doc- 
tor Domingo Frias— El doctor Pedro León Qallo— 
Juan A. Neyrot, Alcorta, Qorostiaga y SantlUan— El 
El iltmo. obispo Achával— Clero de Córdoba— El doc- 
tor Pablo Allende— El doctor Q. Funes— Su persona- 
lidad descollante— El doctor Calixto del Corro— Car- 
gos desempeñados — El iltmo. obispo Videia — Los 
doctores Learte y Baigorri— El iltmo. arzobispo Cas- 
tellanos—Frutos abundantes recogidos de la Universi- 
sidad— Clero de la Rioja— El doctor Pedro I. de Castro 
Barros. Su espíritu sacerdotal— Clero de Catamarca 
—El Presbítero Centeno— Los sacerdotes Seguras— 
El iltmo. obispo Rizo y Fray Mamerto Esquiú, obispo 
de Córdoba. Causas que hacen más ostensible al clero 
—El talento como principal agente. 

Abrimos este capítulo llevados del deseo de 
recordar la memoria de muchos hombres ilustres que 



— 476 — 

descollaron por su inteligencia en el clero diocesano 
del Tucumán. No haremos una biografía, pero sí 
un ligero recuerdo, por lo noenos consignar los 
nombres de todos aquellos de quienes hemos po 
dido adquirir alguna noticia, como un homenaje á 
su ilustración y no pocas virtudes en que empapa- 
ron su espíritu sacerdotal. 

El desarrollo de los estudios eclesiásticos y lite- 
rarios, las facultades completísimas que funciona- 
ban, abiertas en los colegios fundados por los ilus- 
trados obispos del Tucumán, que supieron crear 
y mantener con preferencia en su afán laborioso de 
pastores en bien de la juventud, secundando la 
gran aspiración de los reyes de España, de ins- 
truir y civilizar, fueron de tan excelentes resultados 
que es de admirar la hermosa pléyade de hombres 
talentosos que orlaron las siete ciudades de la dió- 
cesis del Tucumán, salidos de las universidades 
americanas, ya de Córdoba, Charcas ó Lima. 

Dios proporcionaba estos medios consoladores 
conforme á las necesidades de la época, estos hom- 
bres llenos de ciencia y de dotes peculiares para 
enseñar y dirigir á nacientes sociedudes; llenos de 
virtud para estar prontos al sacriñcio. Para las 
dilatadas parroquias que paulatinamente se iban 
instituyendo á enormes distancias de las capitales, 
era una necesidad contar con hombres bien prepa- 
rados, á quienes pudieran los prelados entregarles 
su administración y vigilancia con la certeza de 
recoger opimos frutos de su arduo ministerio. 

Por cierto, que apenas vamos á consignar una 



1 



— 476 — 

efímera parte de lan distinguidos sacerdotes, y esto 
solo de aquellos que florecieron en el siglo XVIII» 
de algunos que llegaron en su actuación á la pri- 
mera y segunda década del XIX, y de otros pos- 
teriores que dejaron memoria no menos grata por 
sus dotes intelectuales. 

La preparación del clero en el siglo XVIII, ante 
todo, es bien notoria; de aquí que el movimiento de 
Mayo de 1810 al echar las bases de la independencia 
argentina, encontró en él un auxiliar poderoso en 
su ilustración que le colocó en primera línea en las 
asambleas que sellaron el ideal de libertad procla- 
mado por aquel; y como puso el contingente de 
su talento, contribuyó también con la modestia de 
sus recursos en la posibilidad de sus medios de 
vida, y se sometió voluntariamente á las situacio- 
nes difíciles que imponía el estado de cosas de la 
época con sincero patriotismo. 

Posteriormente, cuando el país vióse envuelto en 
la anarquía de nuestras luchas intestinas, los es- 
tudios perdieron grandemente su brillo, sin alcanzar 
reacción saludable aun mucho después de su orga- 
nización completa. Sucedió entonces como un des- 
bande general en la juventud que fué á tocar las 
puertas del extrangero: muchos marcharon á Bo* 
livia, otros á Chile, á buscar sus Universidades, y 
no pocos buscáronse á duras penas en el suelo 
patrio los medios de obtener la suficiencia necesa- 
ria para el desempeño del ministerio. 

Cuando la enseñanza superior recobró fuerza de 
vida, el único establecimiento que le perteneció al 



— 477 — 

clero y le dio grados ó títulos de suficiencia en las 
letras humanas y sagradas, la Universidad de Cor- 
doba, ésta no pudo continuar suministrándole sus 
benéficos servicios por la dirección contraria que 
se le imprimió con los fines de la ilustración del 
clero. De este modo quedó privado de sus aulas, 
se le despojó de un derecho propio en buena ley, 
como ya lo hicimos notar en uno de los primeros 
capítulos con las causas determinantes que vinieron 
á obstruir su carrera. 

Hoy, todavía^ el clero tiene las puertas cerradas 
en su propio país, y sigue despojado de lo suyo, 
obligado á volver sus pasos al extrangero, para 
habilitarse y obtener allí con ingentes sacrificios lo 
que en otros tiempos había alcanzado con lustre en 
un establecimiento creado exclusivamente por la 
grandeza de miras y la munificencia de sus obispos. 

Pero descendamos al asunto principal. 

Ya hemos dicho que no es una biografía lo que 
vamos á hacer; queremos simplemente dejar cons- 
tancia de ios nombres de aquellos sacerdotes cuya 
actuación se hizo más notable por sus luces en el 
ejercicio de funciones y cargos desempeñados, aun- 
que de algunos hemos de ocuparnos en adelante 
con más detención por los acontecimientos que re- 
quieran mayor amplitud de estudio. 

Entre los vicarios y párrocos de Salta ha figu- 
rado desde el último tercio del siglo XVII, el Maes- 
tro Pedro Chaves de Abreu, descendiente de la 
familia del rival de Lerma, Gonzalo de Abreu. Era 
todo un sacerdote por su espíritu adornado de her- 



— 478 — 

raosas cualidades: celoso por la gloria de Dios em- 
belleció la iglesia Matriz después de la ruina de 
1692, reediñcándola casi por completo; dotado de 
un carácter dulce y afable unía la piedad ó la aus- 
teridad de costumbres en alto grado, lo que le gran- 
geaban el respecto y aprecio común de los fieles 
y de las autoridades civiles. Dos veces vicario de 
Salta, cargo que desempeñó durante largos años 
en cada período, tiene además el mérito de que por 
sus instancias se efectuaron las certificaciones re- 
ferentes á las imágenes del Milagro. 

El Maestro Manuel Troncóse que le siguió, de 
genio inquieto y caviloso, tuvo un vicariato agita- 
dísimo á consecuencia de las innumerables cues- 
tiones que debió afrontar con los gobernadores, 
Cabildos y otros. El Maestro Agustín de Armas, 
de espíritu más reposado no obstante llevar un 
apellido de guerrero, trabajó con eficacia en el mi- 
nisterio como párroco y vicario. Más tarde vino el 
Maestro Francisco Castellanos, contemporáneo ai 
gobierno del iltmo. señor obispo Cevallos, de quien 
fué un excelente auxiliar en el espíritu emprendedor 
que caracterizó á este Prelado. A esta misma época 
ó poco después, perteneció el Maestro Gabriel de 
Torres, antiguo párroco de la Rinconada y Cochi- 
noca, al cual se debe la idea de fundar la primera 
casa religiosa para mujeres en Salta. Dotado de 
una abundante fortuna, además de los muchos mi- 
les empleados en la realización de sus proyectos, 
fundó veinte capellanías eclesiásticas á razón de 
dos mil pesos, por término medio, cada una. 



— 479 — 

Con el doctor José de Peñalva comienza el pe- 
riodo de los doctores^ nueva era que se abre para 
la iglesia de Salta. £1 Vicario doctor Francisco Ruíz 
de Villegas actúa en las informaciones judiciales 
de la Virgen de Lágrimas; de espíritu recogido, 
timorato, para vivir entre los vaivenes del mundo, 
luego lo dejó para buscarse una celda en la Com- 
pañía de Jesús. El doctor Fernando Arias le siguió 
en el vicariato: carácter pacífico, recto, aunque algo 
tímido, es un excelente sacerdote por su celo y sus 
virtudes. El doctor Francisco Javier Fernández, 
cura de Humabuaca durante una veintena ó más 
de años^ autor de la Novena del Señor del Milagro, 
es un asiduo obrero evangelizador, sometido á las 
rudas tareas del ministerio, incansable como el 
misionero para someterse al sacrificio que ellas 
demandan. 

Los Dres. Juan José Arias Renfel v Gabriel Qómez 
Recio, son dos figuras austeras, celosas del prin- 
cipio de autoridad que ejercen para conservarlo sin 
menoscabo á todo trance. 

El doctor Vicente Anastasio de Isasmendi, canó- 
nigo de la Catedral de Córdoba y secretario del 
iltmo. señor Moscoso, fué muy estimado de este 
Prelado. Vicario de Salta á la entrada del siglo 
XIX, ocupó más tarde el deanato de la Catedral 
del nuevo obispado. 

Un oficio remitido al virrey don Baltasar Hidalgo 
Cisneros en 1810, haciendo referencia 6 los méritos 
del doctor Isasmendi, dice: «Por los documentos 
que remitimos á V. S. consta que el Dean después 



de haber seguido su carrera escolástica completa- 
mente en las Universidades de Córdaba y Chuqui- 
saca, abrazó el estado eclesiástico, en el que tía 
desempeñado diferentes empleos de importancia por 
espacio de más de 27 años, sin que jamás haya sido 
reprendido por los señores obispos, antes sí re-^ 
munerado con los honores y recompensas desti- 
nados para los primeros sujetos del obispado. 
Consta igualmente que obtuvo por oposición la 
canongia Magistral de Córdoba y que en sus fun- 
ciones literarias de cátedra y pulpito, acreditó cum- 
plidamente sus talentos y suficiencia, del mismo 
modo que lo había hecho en otras ocasiones; que 
los iltmos. obispos y gobernadores que sucesiva* 
mente lo han sido, han informado á S. M. los dis- 
tinguidos servicios y especialmente nuestro iltmo. 
Prelado, que siendp obispo del Paraguay, asegura 
io considera digno de una Mitra, en virtud de los 
conocimientos que había adquirido de su persona 
en el gobierno que tuvo nueve años del obispado 
de Córdoba». 

Hablando del doctor José Miguel de Castro, pri- 
mer canónigo de esta Catedral, el oficio antes men- 
cionado, agrega: «Del mismo modo, el canónigo más 
antiguo, siguió su carrera en la Universidad de 
Córdoba con aprovechamiento y general aplauso de 
los profesores; ha obtenido después de tres opo- 
siciones dos beneficios creados en aquel obispado, 
con toda la aprobación y confianza de sus respec- 
tivos prelados; ha sido examinador sinodal, visitador 
de varios curatos, y tiene finalmente contraídos, 



— 481 — 

» 

ahora de 29 años de Cura^ los méritos que constan 
de su relación formada en la Secretaría del Es- 
tado». 

«La ilustración de aquel clero noble y activo, 
distaba en directa consonancia con la notable cul- 
tura de su inteligencia, dice el autor de la His- 
toria del General Güemes, mérito de primera mag- 
nitud, si se tiene en cuenta que poseía, á más de 
las ciencias eclesiásticas, todas las ciencias profanas 
que era posible adquirir bajo aquel régimen de 
fuerza, basado en la prohibición y el monopolio. 
Porque es justo recordar que el clero entonces, que 
había cursado Universidades, era casi todo buen 
conocedor de los textos jurídicos; algunos ostentaban 
hasta título de abogados» (1). 

El doctor José Alonso Zavala, fígura patricia, si 
descuella por sus méritos sacerdotales, también 
por sus sentimientos de espíritu patrio por la inde- 
pendencia de su país. En Salta hace el oñcio de 
verdadero centinela por la causa de 1810. La ca- 
beza talentosa del doctor Manuel Antonio Acevedo, 
-el orador fogoso del Congreso de Tucumán en 1816, 
reúne lar nota más alta de inteligencia bien preparada 
y de civismo. Abrió un colegio en Salta en el que 
enseñó fílosofía; párroco en Cachi, más tarde el 
movimiento de 1810 lo tomó siendo Cura de Belén, 
de donde salió para Tucuman como diputado por 
Catamarca en 1816. Sus méritos le hicieron poseer 



(1) Historia del General Martin Güemes por el Dr. B. Frías, pig. 146. 



- 482 — 

una canongia en la Catedral de Buenos Aires 
en 1819. 

Equivocadamente le hicimos aparecer como de 
origen catamarqueño, en la Historia de las imá- 
genes del Milagro, lo que hoy nos complacemos en 
rectificar, mejor informados de su persona. 

De los sacerdotes y Vicarios de la ciudad de 
Tucumón, hemos encontrado pocas noticias, ver- 
dad es que no hemos ocurrido á otras fuentes fue- 
ra del archivo del obispado de Salta. En 1700 es- 
taba al frente de la parroquia y como Vicario de 
la nueva iglesia y ciudad, trasladadas por D. Fer- 
nando Mendoza Mate de Luna» el Dr. Mateo Gó- 
mez de Avila. Hay una laguna hasta llegar al 
Maestro Bartolomé Bello que figuró hacia media- 
dos del mismo siglo XVIII. Posteriormente, y con 
un intervalo de tiempo, desempeñó el cargo de 
cura y Vicario el Maestro Felipe Martínez de Iriarte, 
oriundo de Salta. El Maestro Iriarte reedificó á 
sus expensas la iglesia Matriz, y tomó parte como 
Capellán, aunque con anterioridad á su cargo de 
Vicario, en un cuerpo de ejército formado en Tu- 
cumán para batir á los indios del Chaco en 1736. 
El ejército fué derrotado completamente por los 
indios, salvándose el Capellán á pie por entre los 
bosques con gran peligro de vida y después de 
grandes trabajos. La familia Iriarte poseía el fun- 
do de Zarate á tres leguas de Trancas, más ó me- 
nos, en donde trabajó una cómoda capilla dedicada 
á la Virgen en el misterio de su Inmaculada Con- 
cepción, el Maestre de Campo Juan Martínez de 



— 483 — 

Iriarte, casado con D. Felipa de la Cámara, de cuyo 
matrimonio resultaron dos hijos: Juan Silvestre y 
Felipe Antonio, sacerdotes, sobrinos del Maestro 
Felipe Martínez. Este, á su vez, «levantó otra ca- 
pilla, dice el memorial de donde tomamos estos 
datos, en la hacienda nombrada N. Señora de A.ran- 
zázu, alias el «Corral de Barracas», con el predicho 
título». Ignoramos si la hacienda se refiere á Go- 
lalao ó á algún otro paraje denominado Corral de 
Barracas que haya existido en esas cercanías. La 
familia Iriarte después se trasladó á Salta. 

El Dr. Miguel Gerónimo Sánchez de la Madrid 
sucedió al Maestro Iriarte, y poco después el Dr. 
Pedro Bazan. A fines del siglo XVIII encontramos 
al Dr. José Santos del Pino, en el episcopado del 
iltmo. Moscoso. El Dr. del Pino nunca cayó en 
gracia al Cabildo del Tucumán, quien continuamen- 
te le molestaba por las funciones de iglesia para 
que las celebrara á su placer. Por este tiempo fi- 
gura también como Párroco de Trancas el Dr. Mi- 
guel Martín Laguna. Este excelente sacerdote te- 
nía una pasión extremada por el estudio que con- 
cluyó por debilitar sus facultades, y precipitarlo en 
gravísimos errores en materias teológicas. 

En su retiro de Trancas, parroquia que desera- 
peñó por más de veinte años, en su austeridad y 
misticismo se puso á trabajar una obra en tres grue- 
sos volúmenes, que terminó, y cuyo resumen el 
mismo autor lo hace en una carta original suya, 
dirigida á un intimo amigo, que tenemos á la vista, ' 
con las siguientes palabras: 



— 484 — 

aBn el primer tomo doi una traducción íntegra^ 
explicada y comprobada de todo el Apocalipsis has- 
ta el capítulo 2^. Los tres primeros capítulos com- 
ponen el prefacio á la historia en que se nos avisa 
el estado futuro de la Iglesia en el reino del An- 
tecristo. Desde el capitulo 4 hasta el 7 se anuncia 
el empeño del Antecristo para establecer su reino 
y su Iglesia sobre la ruina de la nuestra, y los 
padecimientos del cristianismo secular. El capitulo 
11 es otro prefacio á la segunda parte de la histo- 
ria, donde se habla principalmente de los hechos 
del Antecristo en su entrada á Jerusalen; contra 
los sacerdotes, contra las imágenes y el santuario, 
como se insinúa V. 1. Metire templum Dei et 
adorantes in eo, etc. Después de muertos los Profetas 
comienza la narración desde el capítulo 12; en el 20 
se anuncia su prisión y su escape para volver 
después contra la ciudad dilecta (Roma). 

«En el tomo II se explican y comprueban los 
capítulos 21 y 22. El 21 habla de una nueva Je- 
rusalen; el 22 habla de la última suerte de los mortales 
en el reino del Padre. Sigue el segundo con la 
impugnación á Lacunsa, sin omitir una sola difi- 
cultad; y se agrega una disertación histórica del 
cristianismo, que comienza desde la vocación de 
Abrahan. 

((El tomo III comprende un prospecto de una 
teología nueva. En 14 capítulps está escrita toda la 
teología como nadie lo ha imaginado hasta hoy.» 

Precisamente, lo que nadie se ha imaginado cons- 
tituye sus errores, tales como los ha asentado. 



— 485 — 

La carta autógrafa del Dr. Laguna, que conser- 
vamos en nuestro poder, se extiende en un sinnú- 
mero de consideraciones relativas á la interpreta- 
ción que hace de los 22 capítulos del Apocalipsis 
de San Juan. Trabajo sumamente arriesgado es in- 
terpretar en su verdadero sentido la profundidad 
de los misterios que encierra la revelación del Vi- 
dente de Patmos, sin lesionar la doctrina y los 
principios que los rigen. El Dr. Laguna perdió su 
tiempo y su salud, y malogró su obra por el rigo- 
rismo exagerado á que se sometió en sus medi- 
taciones y estudios, en los cuales solia pasar casi 
de ordinario, hasta veinte horas continuas, resultan- 
do así que sus esfuerzos intelectuales sean más 
bien el fruto de un espíritu enfermizo. 

Al llegar á la línea terminal del siglo XVIIl, [qué 
grandiosas personalidades se destacan en el clero 
tucumanol 

Comenzamos por el Dr. José E. Colombres, obis- 
po electo de Salta en 1856; diputado al congreso 
de 1816 tiene la gloria de haber firmado la acta 
de independencia de su país, proclamada por aquel 
memorable congreso. En un capítulo á parte nos 
ocuparemos de su actuación como prelado de 
Salta. 

Luego viene el Dr. Agustín Molina, obispo titu- 
lar de Camaco, vate místico, cultivador de las mu- 
sas, que cantó en estrofas inspiradas y brillantes 
las glorias del Divino Salvador de los hombres; 
poeta de gran vuelo entonó en coro con Fr. Caye- 
tano Rodríguez^ los himnos y salmos mas entusias- 



— 486 — 

tas á la patria argentina en loor de su independen- 
cia y libertad! 

Hay otra fígura culminante que surge inspirada 
en el más elevado talento y sincero patriotismo, el 
Dr. Muñecas, de quien Tucumán conserva memo 
ria grata y de admiración, bautizando una de sus 
principales calles con el apellido patricio de un hi- 
jo esclarecido, que lejos de su patria murió vícti- 
ma de sus ideas de regeneración y de independen- 
cia por su país. El Dr. Pedro Miguel Araoz es 
otro cultivador de las letras, otra alma cívica, 
ardiente, instigador de la batalla del año 1812, cu- 
ya victoria tanto le pertenece como á los soldados 
y oficiales que la obtuvieron con su arrojo y sus 
armas. 

En la centuria del siglo XIX se destacan otras 
personalidades nO menos notables, como el Dr. 
Agustín Colombres Thames, canónigo magistral de 
Salta; el Dr. Lucas Córdoba^ el Dr. Miguel Igna- 
cio Alurralde, Vicario capitular de Salta, el Dr. Zoi- 
lo Domínguez, el Dr. Tiburcio López, D. Cornelio 
Santillán, el iltmo obispo de Berissa^ Miguel Moi- 
sés Araoz, Vicario general de Salta, y el simpático 
é inolvidable D. Luis B. Alfaro. 

Entre la comunidad dominicana ha descollado Ih 
figura austera y talentosa del padre Fr. Manuel Pé- 
rez: este hombre de extraordinaria ciencia y vir- 
tud era el consejero íntimo del clero tucumano. 
La comunidad franciscana ha tenido un Abrahau 
Argañaraz y un padre Romero, y cuantos otros 
más! El P. Romero dejó una obra manuscrita so- 



— 487 — 

bre Derecho, y el Dr. Alurralde una refutación al 
«Derecho público eclesiástico del Dr. D Velez Sars- 
field. Esta última sin terminarse por la muerte 
que lo sorprendió al autor. 

En el clero de Jujuy hay una brillante lista que 
no desmerece del hermoso conjunto de sacerdote^ 
ilustrados del artiguo Tucumán. 

El Dr. Joaquín José Calvimonte, entre otros, co- 
mienza á ñgurar con lustre en los párrocos y Vi- 
carios de la ciudad; luego aparece la notable per- 
sonalidad del arzobispo de la Plata el Dr. Ángel 
Mariano Mendizabal, hijo de Jujuy, llevado á aquel 
puesto por sus relevantes méritos. El Dr. Pruden- 
cio de Zamalloa, el Dr. José Leaniz y el Dr. Juan 
I. de Gorriti, el gran patricio del norte, tribuno 
y jnandatario en la epopeya de nuestra emancipa- 
ción política; el Dr. José Tonaás de Saracivar, Dr. 
Manuel de Eguía, oriundo de Yavi, el Dr, José Ma- 
riano Barcena, Dr. M. Quintana é Ignacio del Por- 
tal, tienen tan alta reputación en el mundo de las 
letras como el Dr. Bustamante y Escolástico Zega- 
da. Este último ha sido un apóstol infatigable, sa- 
cerdote lleno de celo, emprendedor de cuantas obras 
podía recoger algún fruto en favor de los fíeles. 

La instrucción la fomentó con la fundación de co- 

• 

legios; la caridad con los hospitales; la enseñanza 
religiosa con la propagación de libros, especialmente 
con el voluminoso catecismo que escribió. Restable- 
ció la comunidad franciscana para tener auxiliares 
en el ejercicio del ministerio, pues desempeñaba los 
cargos de cura y Vicario Foráneo de la ciudad. 



— 488 — 

Cierra este brillante conjunto de sacerdotes ilus- 
trados el actual obispo de Tucumán, Monseñor Pa- 
blo Padilla y Barcena, uno de los obispos mejor 
preparados en la República. 

De Santiago del Estero sentimos no consignar 
todos los grandes hombres que han florecido, como 
en las ciudades que acabamos de mencionar, por 
falta de datos y noticias al respecto. Solo hemos 
encontrado el nombre del Dr. Juan Bravo en 1735, 
entregado á las misiones de los indígenas en los 
primeros años de su sacerdocio; del Dr. Saavedra 
Gramajo, cura doctrinero de Chiquiligasta, Simoca, 
Belicha, etc., de Tucumán; del Dr. Domingo Frias, 
Vicario general y gobernador del obispado por el 
iltmo. Mariano Moscoso en 1774; del Dr. Pedro- 
León Gallo, diputado al congreso de Tucumán en 
1816. Una calle de Buenos Aires está bautizada 
con su apellido. Juan A. Neirot y otros como los 
Alcortas, Gorostiaga y Santillán de más de recien- 
te fecha, se unen á ese clero distinguido, gloria de 
la Iglesia y del suelo patrio en que nacieron. 

Nos falta mencionar al iltmo. obispo Fr. W. Acha- 
val, que rigió los destinos de la iglesia de San Juan, 
como una corona de remate de clero tan eminente. 

En Córdoba encontramos al doctor Pablo de 

• 

Allende, antes de la mitad del siglo XVIII, y á su 
ñnai al doctor Gregorio Funes, personalidad des- 
collante como escritor y hombre de talento, que 
había recorrido toda la escala de los cargos más 
honoriñoos de la Catedral. Es una alma patricia 
de un temple excepcional; al doctor Calixto del 



— 489 — 

Corro, cura de la ciudad de Salta en 1807 y 1808, 
y diputado por Córdoba al Congreso de 1816; al 
doctor Nicolás Videla del Pino, obispo del Paraguay 
y trasladado é Salta para erigir este nuevo obis- 
pado; y por fin á los doctores Leerte y Baigorri, y 
al iltmo. Castellano, malogrado arzobispo de Buenos 
Aires. Tantas son las eminencias intelectuales, los 
sacerdotes ilustres que han salido de Córdoba, que 
basta decir, su Colegio de Loreto y su Universidad 
han sido por más de dos siglos, los proveedores de 
obispos no tan solo para la diócesis de Córdoba, 
sino para otros muchos diferentes obispados de 
América. 

La Rioja dio al esclarecido doctor José Ignacio 
de Castro Barros, uno de los sacerdotes más emi- 
nentes por su ilustración, por su celo por la reli- 
gión, por la pureza de su doctrina y la austeridad 
de costumbres. Diputado al Congreso de 1816 ha 
brillado con los fulgores de un patriotismo que 
agiganta más su persona. Citaremos este solo nombre 
por todos. 

De Catamarca qué diremos? Nada sabemos de 
los tiempos antiguos; pero sí. hemos oído hablar de 
un sacerdote Centeno, sacerdote en toda la extensión 
de la palabra; de los dos sacerdotes Seguras: uno 
obispo del Paraná y el otro don Facundo Segura, 
Vicario Foráneo de la ciudad de Catamarca, á cu- 
yos esfuerzos piadosos se debe el extraordinario 
suceso de la coronación de la Virgen del Valle. 
Dos obispos franciscanos han salido de allí: Fr. 
Buenaventura Riso Patrón, dignísimo obispo de 



— 480 — 

Salta y el eminente Fr. Mamerto Esquiú, obispo 
que fué de Córdoba, dechado de humildad y de 
saber. 

En el siguiente tomo hemos de ocuparnos con 
más amplitud de algunos de los sacerdotes ya men- 
cionados, por su actuación en asuntos ya eclesiás- 
ticos en que desenvolvieron su acción con relación 
á los intereses de la iglesia y de la religión, ó en 
su roce con la independencia argentina, á cuya 
causa pusieron la fuerza de su talento y el civismo 
ardiente del sincero patriota. 

Sentimos, verdaderamente, poner término á este 
capitulo por los nombres tan ilustres que en él se 
evocan, cuya memoria por sus hechos de tanta 
gloria, traen la satisfacción más íntima al espí- 
ritu. 

Cada uno tiene su hermosa historia, se eleva v 
agiganta á medida que se lo estudia, y se palpa 
el bien que derramaron á manos llenas sobre los 
pueblos y las sociedades en que actuaron. 

El talento se impone por sí mismo^ hé aquí porque 
han llegado sus nombres hasta nosotros, laureados 
de honor y de gloria^ 



Il.TMO. Sr. DK. 

Nicolás Videla del Pino 



CAPÍTULO XX 



EreccióH del laeTo Obispado de Salta 



Sumario— Informe al Rey sobre la conveniencia de la división 
del obispado del Tucumán— Diversas consultas al res- 
pecto—Determinación de proceder á la división— Difi- 
cultades subsanadas en el orden civil— La división 
eclesiéstica concorde con la civil— Negación á la ciudad 
de Mendoza— Nuevo obispo para Córdoba— Poder del 
obispo para el gobierno de la diócesis— Cuestión sus- 
citada entre el Vicario Funes y el Cabildo— Primeras 
medidas para la división del obispado— Cédula Real al 
obispo del Paraguay— Presentación á S. Santidad del 
obispo Videla para ser trasladado á Salta— Com|kón 
para administrar la nueva diócesis— Cédula para pro- 
ceder á la división y erección de la Catedral y su 
Coro— Extensión del nuevo obispado— Segregación de 
las Provincias de Cuyo del obispado de Chile— Extra- 
vío de la Bula de Erección de la Catedral— Bula de 
traslación del obispo Videla— Informe del obispo de 
su actuación— Aprobación del Virrey de la Erección de 
la Catedral— Disposiciones acerca de su inauguración 
—Postergación de la ceremonia— Certificado de haber- 
se erigido solemnemente la Catedral— Cédula aproba- 
toria de la Erección— Aprobación de los actos del 
obispo— Asuntos diversos considerados en la misma 
cédula— Satisfacción del Prelado por la buena acogi- 
da que merecieron sus actos— La nueva Catedral— 



— 492 — 

Restauración de la iglesia de los P. Jesuítas— Reco- 
lección de limosnas por el Presbítero Almonte— Can- 
tidad recolectada— Condición en que se hallaba la 
iglesia en tiempo del Iltmo. Videla— Funcionamiento 
irregular de la nueva Qatedral—Causas originarias. 

El Rey de España había sido perfectamente in- 
formado de la conveniencia de proceder cuanto 
antes á la división de la vasta diócesis del Tucu- 
man, consideradas las múltiples diñcultades que 
ocasionaba su extensión, extremadamente dilatada, 
para su buena administración y los muchos bienes 
que de ella resultaría: así lo informó en su minuciosa 
representación el Marqués de Sobremonte al Rey, 
el cual había sido consultado al respecto ya por el 
Supremo Consejo de Indias con fecha 19 de Octu- 
bre de 1805; consultadas también y recibido el pa- 
recer de las dos audiencias de Charcas y Buenos 
Aires, quedó desde luego, decidida la erección del 
nuevo obispado de Salta. Ei gobierno civil del Tu- 
ci^án había tropezado para la pronta administra- 
ción con diñcultades análogas; pero creadas las dos 
Intendencias de Córdoba y Salta, quedaron, á su 
vez, subsanadas aquellas. 

Era, pues, muy razonable que la división de la 
nueva diócesis siguiera á la circunscripción civil: 
así se hizo, agregándose la ciudad de Tarija, y su 
jurisdicción, que también quedó bajo el gobierno de 
la Intendencia de Salta. 

Resuelto así este asunto, con negación á la ciu- 
dad de Mendoza, que había gestionado para sí ser 
cabeza de una nueva diócesis, compuesta de las 



— 493 — 

provincias de Cuyoi se trató por otro lado de llenar 
la vacante dejada por muerte del iltnio. Hoscoso 
con el doctor Rodrigo Antonio de Orellana, pre- 
sentado en 1806 para la diócesis de Córdoba. 

Este PreladOi á poco de su designación, remitió 
sus poderes, con la cédula de ruego y encargo al 
Deán del Cabildo eclesiástico v al Gobernador ó 
Gobernadores del obispado, para ser representado 
en el gobierno, viniendo á recaer aquellos en la 
persona del doctor Gregorio Funes, que ejercía á 
la vez el cargo de Deán y de Vicario Capitular por 
el fallecimiento del iltmo. Moscoso, circunstancia 
que vino á salvar la nulidad de los actos que ema- 
naban de una jurisdicción que había comenzado á 
compartirse con el Cabildo por reservas terminantes 
de éste. 

Graves diñcultades se suscitaron por parte del 
Cabildo, que hizo competencia de autoridad al Vi- 
cario Capitular doctor Fúnes^ alegando derecho al 
gobierno de la diócesis por motivo de haberse re- 
servado el Cabildo las facultades de expedir dimi« 
sorias y entender en los concursos de provisión de 
parroquias, cuando hizo la elección de Vicario Ca- 
pitular en la misma persona del doctor Funes. 

La tal reserva, importaba una extralimitación en 
las facultades del Cabildo; éste era su título, sin 
embargo, para alegar el derecho de coadministrador 
en el gobierno de la diócesis. Una larga contraver- 
sia se formó al derredor de éste asunto entre el 
Cabildo y el Vicario Funes. 

Uno de los oñcios del Vicario al Cabildo, reba. 



— 494 — 

tiendo las pretensiones de éste, decía en 21 de Oc- 
tubre de 1806 — «He recibido el oficio que U. S. me 
dirigió con fecha 10 del presetite, en contestación 
al que le pasé exhibiendo los poderes del iltmo. 
señor don Antonio Rodrigo de Orellana, y solici- 
tando en su virtud, se sirviese U. S. conferirme á 
su nombre, el suyo, según el tenor de la Real Cé- 
dula de ruego y encargo, la que, igualmente exhibí, 
respecto á hallarse reunidas en mí persona las ca- 
lidades de Dean Gobernador del obispado en Sede 
vacante, que apetecen los poderes del iltmo. señor 
otorgante. En su citado me dice U. S. que aten- 
diendo la pluralidad de sujetos con quienes hablan 
ios expresados poderes, no cabe la menor duda en 
que estos le confieren en consorcio mío al Cabildo, 
quien también se halla revestido con la calidad de 
Gobernador en Sede vacante: bajo cuyo concepto, 
no solo se resiste á conferirme exclusivamente el 
indicado poder, sino que, por su parte, acepta el 
de su iltma. y se constituye en unión conmigo 
apoderado suyo». 

(cMe ha sido preciso toda la evidencia de este 
hecho para poderme persuadir fuese V. S. capaz de 
extender la confusión sobre las cláusulas más con- 
cluyentes de los poderes. 

«Así lo hace U. S. cuando desviándose de su 
verdadero sentido se halla en contradición positiva 
con la mente de S. S. iltma. Dice este iltmo. Pre- 
lado, que dá todo su poder cumplido, el que de 
derecho se requiere, 8^1 Deán para que lo ejerza en 
unión con el Gobernador ó Gobernadores elegidos 



— 495 — 

en sede vacante: U. S. adhiriendo al dictado del 
señor Chantre se considera en ésta clase en razón 
de haberse reservado al tiempo de mi elección (como 
dice U. S.) las altas facultades de proveer los cu- 
ratos y dar dimisorias». 

Solo hemos insertado los primeros párrafos de 
esta nota que dá noticia cabal de la controversia. 
Los oficios cambiados entre el Vicario Funes y el 
Cabildo, son alegatos q\ie abarcan una extensión 
considerable; no creemos necesario abundar más 
en esta cuestión; pero si diremos que el doctor 
Funes apeló en defensa de su jurisdicción absoluta 
en el gobierno ante el Metropolitano de Charcas^ 
como que le pertenecía con legítimo derecho. 

La división del nuevo obispado se llevó adelante : 
practicadas las gestiones del caso ante la Santa 
Sede, ésta cometió el encargo al Rey de proceder 
á su ejecución, con cuyo motivo expidió la cédula 
de 17 de Febrero de 1807. 

Antes de insertar éste importante documento, 
transcribimos la cédula de igual fecha en que se 
participa al iltmo. señor obispo del Paraguay las 
medidas conducentes al nuevo obispado. Dicho sea 
que el decreto aludido de la Santa Sede no lo he- 
mos encontrado: pero la cédula de comisión lo 
menciona^ y en virtud de él procedió el Rey. Léase 
la primera cédula de aviso. 

El Rey — Reverendo en Cristo Padre doctor Nico- 
lás Videla del Pino, obispo de la Santa Iglesia del 
Paraguay, de mi Consejo. 

ccPor los buenos informes con que me hallo de 



— 496 — 

vuestra persona, líteratara y virtud, he tenido á 
bien presentaros á Su Santidad para el naero 
obispado de Salta del Tucumán, que he resuelto 
erigir de nuevo por el bien y utilidad que resultará 
á la Iglesia y al Estado en la división del obispa- 
do de Córdoba en dos, quedando el uno en la mis- 
ma ciudad, y el otro en la de Salta, para cuya 
división y demarcación he tenido á bien nombra- 
ros (como se os comunica en cédulas de la fecha 
de ésta) esperando que en ésta provisión Dios Núes* 
tro Seflor será servido y dicha Iglesia bien regida 
y administrada; y á fin de que la precisa dilación 
que baya hasta la expedición de las bulas no oca* 
sione daño, ni desconsuelo á las almas de los feli- 
greses de ella y su diócesis por faltarles su pre- 
lado, os ruego y encargo, que luego que recibáis 
éste despacho os encaminéis á la expresada Iglesia, 
y os ocupéis y entendáis en su gobierno, según lo 
fío de vuestro celo al servicio de Dios y mío, ase- 
gurandoos tendré presente la forma en que proce- 
diereis para vuestros adelantamientos y en todas 
las cosas que se ofrezcan — Dado en el Prado á 17 
de Febrero de 1807— Yo el Rey— por mandato de 
nuestro señor — Silvestre Collar». 

Ahora insertamos la cédula de división dirigida 
al mismo íltmo. obispo Vidala con todas las comi- 
siones honrosas de que se le hizo objeto por parte 
del Rey, ya para demarcar los límites de la nueva 
diócesis, ya para erigir su capítulo catedral y for- 
mular los estatutos para su régimen. 
He' aquí el documento : 



— 497 — 

«El Rey— Reverendo en Cristo Padre, obispo de 
ia iglesia catedral del Paraguay, electo para la nueva 
Mitra de Salta, de mi consejo. Siendo gobernador 
intendente de Córdoba del Tucumán el Marqués de 
Sobremonte, me propuso la utilidad que resultaría 
é ia Iglesia y al Estado la división del obispado 
de Córdoba en dos, quedando el uno en la misma 
oiudad con todo el distrito de la provincia de su 
nombre y los tres partidos de Mendoza, San Juan 
y San Luis de la Punta de la provincia de Cuyo, 
pertenecientes al obispado de Chile; y el otro en la 
ciudad de Salta, compuesto de toda ia provincia de 
«ste nombre y de. los partidos de Chichas y Tari- 
ja pertenecientes al arzobispado de Charcas, expo- 
niendo muy circunstanciadamente las ventajas que 
de esta separación recibirían aquellos mis vasallos 
en las frecuentes visitas de su pastor, de que care- 
cen por la situación local de su terreno, añadiendo 
que siendo los interesados en la división las igle- 
sias de Charcas y Chile, no dudaba de que sus dig- 
nos prelados querriari mejor separar de sus res- 
pectivas diócesis las mencionadas provincias que 
retenerlas, cuando por su excesiva distancia no 
pueden ser atendidas de su pastoral solicitud. 

((Esta instancia que apoyó y repitió al R. obispo 
difunto de Córdoba don Ángel Mariano Moscoso, 
se remitió el informe de mis virreyes del Perú y 
Buenos Aires, á los presidentes de Charcas y Chile, 
á sus respectivas audiencias, y á la de Buenos Ai- 
res, y se rogó y encargó al muy R. Arzobispo de 
Charcas y R. R. Obispos de Santiago de Chile, Cor- 



— 498 — 

doba y Buenos Aires y al Cabildo de aquella igle- 
sia Metropolitana, y estas tres catedrales, para que 
bien enterados de dicha solicitud informase cada 
uno lo que se le ofreciese, acompañando así las au- 
diencias como los cabildos los dictámenes ó votos 
particulares con expresión de las razones en que lo 
fundaren. En vista de estos informes, de los que 
presentó la ciudad de Mendoza, en solicitud de 
la erección de obispado en ella, y de lo que me con- 
sultó mi Consejo de Indias en 29 de octubre de 
1805, después de haber oído á su Contaduría Gene- 
ral, y lo que expuso mi Fiscal, y examinando este 
asunte con la detención que exige su importancia; 
he tenido á bien declarar por útil y necesaria la 
división del obispado del Tucumán, y erección de 
uno nuevo que se titula de Salta, quedando ambas 
Mitras suficientemente dotadas, según resulta de 
los últimos cuadrantes de diezmos que se han te- 
nido presentes, y en mandar que disfrute por ahora 
el nuevo Obispo de Salta el mismo privilegio que 
le conservo al de Córdoba, dé hacer la división por 
terceras partes Ínterin se aumenta la masa deci- 
mal, con prevención de que en la provincia de Cuyo 
queden los cuatro novenos beneficiados á beneficio 
de los curas de Mendoza, San Juan y San Luis de 
la Punta, como se ha verificado siempre y que me 
informe el R. Obispo con justificación, después de 
hecha la visita, y á la mayor brevedad si convendrá 
se aumenten curas en estas provincias. Y para la 
certeza de la jurisdicción de los dos obispados serán 
sus límites: los de Córdoba, al que me he servido 



— 499 — 

agregar la provincia de Cuyo (negando la solicitud 
del nuevo Obispo que pretendió la ciudad de Men: 
doza), teniendo también por territorio y jurisdicción 
suya todo lo respectivo á la Intendencia de Cór- 
doba según la división hecha y constantemente 
observada al tiempo de su establecimiento; que es 
además de la provincia de Cuyo, la capital de Cór- 
doba y la Rioja con sus respectivos distritos. El 
nuevo obispado de Salta tendrá todo el terreno y 
jurisdicción de ¡a Intendencia de este nombre, que 
es la capital de Salta, San Miguel del Tucumán, 
Santiago del Estero, San Ramón de Nueva Oran, 
Catamarca, Jujuy á que he mandado se agregue todo 
el partido de Tarija de la Intendencia de Potosí, 
que pertenecía al Arzobispado de Charcas, cuyo 
partido he resuelto se ponga bajo la jurisdicción 
del nuevo Obispo de Salta y de la Intendencia, se- 
parándole de la de Potosí y de dicho arzobispado, 
haciendo más útiles sus desvelos por su inmedia- 
ción al Chaco y sus Reducciones. 

«Y habiéndome servido mandar á mi Ministro en 
la Corte de Roma impetrar las bulas pontificias 
correspondientes, con arreglo á la instrucción que 
á este fin le dirigí, remitió el decreto en que Su 
Santidad concedió la referida división y la ejecu- 
ción de todo al R. Obispo que fuese de mi real agra- 
do. En consecuencia, habiéndome servido presen- 
taros por mi real decreto de 10 de septiembre del 
año último para el nuevo obispado de Salta, he ve- 
nido en encargaros la demarcación de límites de 
esta nueva diócesis, y que para ello procedáis con 



— 500 — 

asistencia y aouerdo de mis Intendentes de Córdoba 
y Salta, mis Vice patronos, y Vos á la erección de 
la Iglesia Catedral y su Cabildo, para el cual he 
mandado se nombren por ahora un Dean y dos 
Canónigos, á la formación de sus estatutos, reglas 
de coro y demás que convenga á los ñnes á que 
se dirige, importantes al servicio de Dios y al mío, 
y al bien de aquellos vasallos, de que respectivamente 
me darán cuenta como se les previene en cédula de 
la fecha de ésta; y he resuelto al mismo tiempo 
que mi Virrey de esas provincias arregle precisa- 
mente dentro de un año el ramo de sisa destinado 
á fronteras; y que el R. Obispo de Chile no quede 
exento de la pensión de la Orden de Carlos III, pues 
aunque se le segrega la provincia de Cuyo, le que- 
do suficiente renta para su dotación prorateándose 
el subsidio de millones, lo que á cada uno le co- 
rresponda para no perjudicar este ramo, encargán- 
doos hagáis la visita diocesana cuanto antes, á fin 
de que con conocimiento de todo *y la cuenta que 
debéis dar, se puedan ir proporcionando las venta- 
jas consiguientes á la referida división, y á dicho 
mi Virrey que cuide se verifique todo por aquellos 
medios de suavidad proporcionados al intento, por 
ser así mi voluntad.— Fecha en el Pardo á 17 de 
febrero de 1807. — Yo el Rey. — Por mandato del 
Rey nuestro señor. — Silvestre Collar. — Hay tres 
rúbricas» . 

Una otra cédula^ análoga en sus términos á la 
anterior, fué remitida al Virrey de Buenos Aires. 

La bula de erección del nuevo obispado así como 



— sol- 
ías que instituían al iltmo. señor Videla, vinieron 
por ia vía de Lima. En Lisboa se habían demorado 
muchos meses por la inseguridad de las comuni- 
caciones; otro retardo tuvieron hasta llegar á ma- 
nos del Virrey de Buenos Aires y luego á poder 
del obispo. La bula de erección no recibió el señor 
Videla, con cuyo motivo solicitó del Virrey una 
copia del original que hubiera quedado en el ar- 
chivo del Virreinato; pero sea que allí se extravió 
ó la pérdida del original fué anterior, lo cierto es 
que no se ha llegado á conocer la bula original de 
la erección de la Catedral de Salta, y el iltmo. señor 
Videla para cumplir con el mandato de la cédula real 
de 17 de febrero, se valió de la bula de su institución 
de obispo, que hace referencia á la de la erección 
de la Catedral con estas palabras: (cSane Ecclesia 
Saltensís provincise Tucumanee in indüs occidenta- 
libus nuper in Cathedraiem erecta et instituta», para 
encabezar la erección del Cabildo eclesiástico con 
sus dignidades,- canongias, prebendas y demás oñ- 
cios y beneficios. 

He aquí la bula de institución referida, que in- 
sertamos porque ella sirve, como lo hemos dicho, 
de encabezamiento á las actuaciones posteriores que 
se hicieron por el iltmo. obispo Videla, é inserta- 
mos también en Apéndice el texto de la erección 
de la Catedral y de su capítulo eclesiástico, cuyas 
partes principales están tomadas de las erecciones 
de los capítulos de las otras Catedrales de América, 
muy en especial de la primitiva del Tucumán, y por 



— 602 — 

ñn la Regla de Coro dictada por el mismo obispo (1). 
La traducción de la bula es rigurosamente exacta; 
el original de que nos hemos servido es el dupli- 
cado enviado de Roma que puede consultarse en 
el archivo del obispado. 

Bttla de instltnción del iltmo. Videla 

((En el nombre del Señor — Sea notorio á todos 
que en el año del nacimiento de N. S. Jesucristo 
de 1807^ en el día 25 de marzo, año octavo del 
pontificado de nuestro S. S. Papa Pío VII, yo el 
oficial comisionado he visto y leído unas letras 
apostólicas expedidas bajo sello de plomo del tenor 
siguiente, á saber: 

((Pío Obispo, siervo de los siervos de Dios — Al 
venerable hermano Nicolás Videla del Pino, poco 
ha Obispo del Paraguay, electo Obispo de Salta, 
salud y bendición apostólica. — La solicitud del Ro- 
mano Pontífice á quien el Obispo y Pastor celestial 
de las almas, con la plenitud de la potestad que le 
fué dada, ha puesto al frente de todas las iglesias, 
requiere que de tal manera medite con vigilancia 
acerca del estado de cualquier iglesia, y de tal ma- 
nera cuide con diligencia, que por una providencia 
circunspecta, ya á beneficio de una simple provisión, 
ya también por medio de una traslación acomodada, 
según lo exige la calidad de las personas, lugares y 
tiempos, y lo aconseja la utilidad de las mismas 
iglesias, se les proporcione un Pastor idóneo, y se 

(1). Véase Apéndice IV. 



— 603 — 

les destine un Rector próvido que dirija é instru- 
ya saludablemente al pueblo sometido á su cuidado» 
y no sólo administre los bienes de la iglesia á él en- 
cargada y la gobierne útilmente^ sino que también los 
mejore con incrementos de todo género. En verdad la 
iglesia de Salta de la provincia del Tucumán en las 
Indias occidentales, poco ha erigida é instituida en 
Catedral, por solicitud del carísimo en Cristo nues- 
tro hijo Carlos Rey Católico de las Españas, por el 
derecho de patronato que por privilegio apostólico 
ejerce, y no le está derogado, la cual erección é 
institución asimismo ha sido hecha por nuestra 
apostólica autoridad, y encontrándose aún la pre- 
dicha iglesia destituida del consuelo de Pastor, Nos 
teniendo en vista con paternales y solícitos afanes, 
por evitar los inconvenientes de una larga vacancia, 
la pronta y feliz provisión de la misma iglesia de 
Salta; después de una diligente deliberación que tu- 
vimos con nuestros venerables hermanos los car^ 
denales de la Santa Iglesia Romana, acerca de poner 
al frente de esta iglesia persona útil y provechosa, 
dirigimos por último los ojos de nuestra mente á 
tí Obispo poco ha del Paraguay, en consideración 
á los méritos de las grandes virtudes con que abun- 
dantemente adornó tu persona el Altísimo dador de 
ellas, no menos que en atención á que tu, al pre- 
sente, habéis regido laudablemente la iglesia del 
Paraguay, sabrás, querrás y podrás, con ayuda del 
Señor, regir saludablemente y gobernar felizmente 
la enunciada iglesia de Salta. Por consiguiente, 
proponiéndonos proveer saludablemente, tanto á la 



— 604 - 

dicha iglesia de Salta como á su grey cristiana» 
absolviéndote, aunque ausente, y con acuerdo de 
los mismos hermanos y con la plenitud de la po- 
testad apostólica, del vínculo que te liga á la iglesia 
del Paraguay que presides, en razón de haberos 
presentado el predicho Rey Carlos por sus respec- 
tivas letras para la predicha iglesia de Salta, con 
igual acuerdo y apostólica autoridad os traslada- 
mos á la referida iglesia de Salta, y te constituímos 
su Obispo y Pastor, confiriéndote plenamente el 
cuidado, régimen y administración de la misma 
iglesia de Salta en lo espiritual y temporal, y dán- 
dote el libre permiso de pasar á dicha iglesia, con 
la firme esperanza y confianza de que asistiéndote 
propicia la diestra del Señor, la predicha iglesia de 
Salta por la industria y provechoso anhelo de tu 
circunspección, será regida útilmente y prósperamen- 
te dirigida, y recibirá alhagúeño incremento en lo 
espiritual y temporal. 

(íY queremos que antes de intervenir en el régi- 
men y administración de dicha iglesia de Salta, emi- 
tas la profesión de la fe católica, en manos de nues- 
tro amado hijo el Dean de la dicha iglesia de Salta, 
según la una, y prestes el acostumbrado juramento 
según la otra de las acostumbradas fórmulas que 
enviamos bajo diversas bulas nuestras inclusas, y 
procures enviarnos cuanto antes las fórmulas de la 
profesión emitida, y del juramento prestado deesa 
manera por ti, al cual Dean por otras letras nues- 
tras encargamos y mandamos que él mismo te reciba 
dicha profesión y juramento, según las mismas fór- 



— 506 — 

muías á nombre nuestro y de la Iglesia Romana. 
Por lo cual, mandamos á tu fraternidad por letras 
apostólicas que encargándote con la gracia de nues- 
tra bendición de la predioba iglesia de Salta^ pro- 
cures ejercer el cuidado y administración con tal 
solicitud^ fidelidad y prudencia, que de ello preven- 
gan los expresados frutos, y el olor de tu buena 
fama^ por tus loables actos^ se difunda á lo lejos, 
y la misma iglesia de Salta se goce de ser confiada 
á un administrador próvido y fructuoso, y tú, á 
más del premio de la eterna retribución, merezcas 
por ello conseguir más ampliamente nuestra gracia y 
bendición de la dicha sede. 

((Queremos también que atiendas, según tus fuer- 
zas, á la construcción de la casa episcopal é insti- 
tuyas en dicha iglesia las prebendas Teologal y Pe- 
nitenciaria, y según la prescripción del Concilio 
Tridentino te apliques con solicitud á la erección del 
Seminario y Montepío, recargando sobre ello tu 
conciencia. 

ccDada en Roma, en Santa María la Mayor, en el 
año de la Encarnación del Señor de 1807 en el día 
23 de Marzo, de nuestro Pontificado año octavo. — 
Lugar del sello de plomo— Concuerda con el origi- 
nal — C. Fiocco como Not. Apostólico —A. Card. Pro- 
datario — Ast es— José Bataglia, Notario Apostólico 
— Visto bueno por el Agente General Nacional de 
S. M. C. en Roma Marzo 30 de 1807, Antonio de 
Bargas.» 

Con fecha 31 de enero de 1810 el iltmo. Videla 
había pasado al Rey de España la relación completa 



— 506 — 

de todos sus trabajos apostólicos en cumplimiento 
de los mandatos reales por la cédula de 17 de fe- 
brero de 1807. 

Como era de esperar, sus actos merecieron la más 
completa aprobación tanto del Virrey de Buenos 
Aires como del Monarca español. 

Tratándose de documentos que interesan á la 
iglesia de Salta, insertamos dos providencias del 
Virrey, lo actuado por el obispo al inaugurar la Ca- 
tedral Y la cédula aprobatoria de los trabajos veri* 
ñcados por el mismo. 

He aquí todos los documentos: 

Aprobación del Virrey de la Brección de la Catedral 

Buenos Aires, 22 de junio de 1800. 

cVista la Regla de Coro y erección de la nueva 
Catedral de Salta, con lo que expone el R. Obispo 
en este oficio sobre las tres dificultades que deben 
ocurrir para desempeñar dignamente las funciones 
de iglesia y demás actos religiosos, sin la precisa 
dotación de las seis sillas que propone, habiendo 
rentas competentes para ellas; pidiendo, en conse- 
cuencia, la aprobación de este Superior Gobierno & 
efecto de que los nominados por su iltma. se pon- 
gan inmediatamente en actual servicio y posesión 
del Arcedianato al Dor. D. Pedro Alcántara Arre- 
dondo; de la Chantria al Dr. D. Estanislao López; de 
una canongia al Dr. D. José Gabriel Echenique; de 
otra canongia al Dr. D. José Gabriel de Figueroa; 



- 507 - 

de una media Racit'^n á D. Juan Amancio de Videla, 
las rentas que según la erección debe correspon- 
derles, y con voz y voto en el Cabildo para su me- 
jor régimen^ fundando además esta solicitud en las 
inevitables demoras que de lo contrario padecería 
este grave negocio por los embarazos de la presente 
guerra, y el no poder aventurarse á abrir su iglesia 
sin allanar primero los mencionados obstáculos y 
demás á que se contrae en su citado ofício. 

«Enterado, pues, de todo y deseando que las re- 
ligiosas intenciones del Rey tengan su pronto y de- 
bido cumplimiento, y que desde luego sean expe- 
ditos todos los medios que sean necesarios y con- 
ducentes al mejor gobierno de aquella iglesia, edifí- 
oación y aprovechamiento de los ñeles, apruebo 
interinamente todo lo que con las rectas y cristianas 
intenciones me propone como de absoluta necesi- 
dad el R. Obispo: entendiéndose que la provisión 
de las sillas no sea en título sino ad nutum amo- 
vible, bajo cuya cláusula explícitamente compren- 
dida, podrán ejercitar sus funciones en los términos 
indicados por el Prelado hasta que su Majestad se 
digne resolver otra cosa; rogando y encargando el 
exacto cumplimiento de las reales cédulas agrega- 
das^ como la puntual observancia de la ley 12, tít. 2, 
lib. 1 de estos dominios; y sacándose los corres- 
pondientes testimonios para dar cuenta á su Ma- 
jestad, y que recaiga su soberana determinación, 
devuélvase el original al R. Obispo, á quien se con- 
testará con este proveido, quedando un ejemplar en 
la secretaría de este Superior Gobierno — Liniers». 



— 608 — 



Disposiciones para inaujarar la Catedral 

Buenos Aires, 5 de mayo de 1810. 

«Vistos: se aprueban por este Superior Gobierno 
y Vice-Patronato real los nombramientos de cape- 
llán rezante al cumplimiento del cuarto prebendado, 
de capellán de Coro para la Kalenda y Capitulas, 
de diácono y subdiácono, y de sochanti'e, verifica- 
dos por el R. obispo de Salla, en D. Inocencio 
Torino, D. José de Silvestre y Castellanos, D. Pe- 
dro Gurruchaga, D. José Gavino Ormaechea y don 
José María Gómez, según consta del testimonio re* 
mítido por aquel Prelado, á quien se avisará de esta 
resolución, rogándole y encargándole que les libre 
y haga librar los correspondientes títulos con de- 
signacipn de la renta de que respectivamente deban 
gozar, para que tomada razón en la Contaduría de 
diezmos, y dada cuenta á esta superioridad para la 
aprobación, se les haga el abono correspondiente 
por ahora y hnsta tanto que Su Majestad, á quien 
también se dará cuenta con arreglo á la real cédula 
de la materia, se sirva determinar lo que sea de su 
real agrado. 

«Y por cuanto de dicho testimonio resulta que 
la erección y apertura de la nueva iglesia no se ha 
hecho con las solemnidades y formalidades que en 
iguales casos corresponden, se encargará también 
al mismo Prelado que podrá el día del Rey nues- 
tro señor D. Fernando 7*", que Dios guarde, convo- 



— 509 — 

que por medio de oñcios al señor Gobernador In- 
tendente, al ilustre Cabildo, á las comunidades reli- 
giosas y al cuerpo militar, jefes de oficinas y nobleza 
de aquella capital de provincia, á fin de que congre- 
gados en la santa iglesia se lean á presencia de 
todo el pueblo el Breve de Su Santidad, la real cé- 
dula de erección y la Regla de Coro, formada en 
consecuencia de ambos rescriptos pontificio y real, 
y en seguida termine la función con la misa so- 
lemne de acción de gracias y Te Deun acostumbrado 
en tales días; procediendo en la tarde del que queda 
designado, después de las horas canónicas, á dar 
colación é institución al Dean y canónigos presen- 
tados por Su Majestad, precediendo la protestación 
de la fe, juramento y demás ceremonias general- 
mente usadas en las Catedrales de estos dominios, 
sin que sea necesario el examen á que ha querido 
sujetarles, ni que tampoco deba haber diferencia ó 
distribución en las sillas de los tres prebendados, 
pues las de todos ellos deberán ser iguales, y estar 
colocadas en la testera del Coro, á excepción de la 
del R. obispo que se colocará en lugar preeminente 
como se ejecuta en esta santa iglesia y en las de- 
más del reino. Cuya determinación, por lo tocante 
al examen se entenderá con la calidad de interina, y 
hasta que su majestad, á cuya real justificación se 
dará igualmente cuenta con testimonio de lo ante- 
riormente actuado desde fs. 91, se digne de expedir 
lo que conceptuase arreglado y conducente á evi- 
tar esta clase de dudas que no son de extrañar 
en toda nueva erección, ni rebajan en lo más leve 



— 610 — 

el alto conceplo que merece aquel digno Prelado 
por su literatura, virtud y demás relevantes cuali- 
dades que le han hecho gradar á tan elevada dig- 
nidad^ y el que por su parte se han grangeado los 
demás individuos que componen el Cabildo de 
aquella santa iglesia, en la cual por lo tocante á la 
Regla de Coro, rúbricas y decretos de la S. Congre- 
gación preventivos del número de misas que deban 
celebrarse, se observará la costumbre de las demás 
del reino, en donde es corto, como en ella, el nú- 
mero de prebendados, quedando de esta suerte en- 
teramente terminada toda clase de controversia, 
á cuyo ñn no se admitirán instancias algunas ó re- 
clamaciones contra el tenor de las resoluciones 
de este Superior Gobierno y Více -Patronato real, 
sino que así el Prelado como el Dean y canónigos 
deberán aguardar obsecuentes y sumisos la que su 
Majestad sobre todos los puntos pendientes tuviese 
á bien expedir.— Cisneros— Almagro— Don José Ra- 
món de Basavilbaso.» 

Ceremottia postergada 

«Por recibida esta superior providencia de S. E. 
hoy 29 de Mayo alas 12 del día, víspera del glorioso 
Rey de las Españas San Fernando, y no habiendo 
el tiempo competente para disponer la función que 
ordena S. E. para el día de mañana; y que éste es 
ocupadísirao con la Misa solemne, con Te Deum, y 
la procesión de rogaciones y su misa, y ser el día 
siguiente la solemne fiesta de la Ascensión del Se- 



— 511 — 

ñor, en que las religiones deben estar ocupadas en 
sus respectivas iglesias; diñérase para el día primero 
de junio el más inmediato, desocupado, en que se 
practicará dicha función en los mismos términos y 
bajo las condiciones y reservas que S. E. lo pre- 
ceptúa, á cuyo efecto nuestro Secretario de Cámara 
aprontará inmediatamente la erección de esta santa 
iglesia y la Regla de Coro para su lectura y pu- 
blicación.— Nicolás, obispo de Salta.— Proveyó, dictó 
y firmó el anterior auto S. S. iltma. el obispo mi 
Seftor.— Doy fe.— Dr. Pedro Alcántara Arredondo, 
Secretario de Cámara.» 

Itianguración de la Catedral 

Circunstancias imprevistas retardaron hasta el 
cuatro de junio la ceremonia solemne de la inau- 
guración de la Catedral, pues á última hora resultó 
haberse extraviado el original y copia de la erec- 
ción del Cabildo; salvado este inconveniente, y aun- 
que se habla ocurrido por una copia que existía en 
el archivo de Buenos Aires, con anterioridad, se 
ejecutaron extrictamente las órdenes del Virrey, 
según lo testifica el siguiente certificado. 

((Hoy día 4 de Junio de 1810, por la mañana, se 
hizo en la iglesia Catedral la función prevenida por 
S. E. en su citada providencia de 5 de Mayo, sin 
faltar un ápice de lo mandado, dando S. S. iltma. 
la colación y canónica institución de sus respecti- 
vas prebendas al Dean y canónigo Castro, con for- 
mal protesta de su nulidad y sin perjuicio de las 



— 512 — 

resultas de la Corte, donde pende todo este nego« 
cío. Igualmente se Íes dio posesión del altar y de 
la silla correspondiente en el Coro. Para que conste 
lo anoto. — Dr. Arredondo, secretario.» 

Cédula aprobatoria 

«El Rey D. Fernando 7^ — Y en su ausencia y 
cautividad el Consejo de Regencia de España é In- 
dias, autorizado interinamente por las Cortes Gene- 
rales y Extraordinarias.— Reverendo en Cristo Padre 
Obispo de la iglesia Catedral de Salta del Tucu* 
món, de mí Consejo. En carta de 31 de Enero del 
afio próximo pasado^ disteis cuenta con testimonios 
de que habiéndoos propuesto llevar á efecto la erec- 
ción de esa santa iglesia que por Real Cédula de 
17 de Febrero de 1807, me digné cometeros, deseoso 
del acierto lo veriñcasteis teniendo á la vista las 
erecciones de México, Lima^ Charcas^ Cuzco, Chile 
y Tucumán, que habían sido examinadas y apro- 
badas en mi Consejo de las Indias. Que para llenar 
de un modo más digno mis religiosas intenciones, 
incrementar el culto divino y solemnizar las fun- 
ciones eclesiásticas erigisteis, siguiendo el ejem- 
plar de la última erección hecha de iglesia Catedral 
de Indias en 1786, el número de sillas que creísteis 
indispensable, creando tres dignidades^ á saber: 
Dean, Arcedean y Chantre; cuatro canongias, una 
Ración entera y otra Media, y dejando á mi arbi- 
trio el establecimiento de estas sillas ó aumento de 
otras, porque la experiencia os ha hecho conocer 



— 618 — 

que cuancte el número de ellas se reduce á cinco ó 
seis (como sucede en las de Córdoba, Buenos Aires 
y Paraguay), es insoportable su peso, y que á pre- 
texto de esto se omiten las más características fun- 
ciones del Coro, y aun las Misas que por Ley es- 
tán determinadas; con otros inconvenientes como 
el de que por enfermedad, ocupación ú otras causas 
se ven aquellos asistidos muchas veces de dos, y 
aun de un solo individuo, con menoscabo del culto 
divino, y poco decoro de las funciones de iglesia, á 
que se agrega que los Coros regularmente conti- 
núan en el pie en que se establecieron en sus prin- 
cipios: pues aunque las erecciones previenen que 
l&s sillas suprimidas se vayan dotando según crez- 
can las rentas, esto no se veriñca á causa de resis- 
tirlo ya con intrigas, ya con empeños los mismos 
del Coro para trabajar rhenos y ganar más. 

((Que atento á esto, y sin descuidar la decente 
subsistencia de los capellanes, impuesto de las 
circunstancias locales de ese país, y del precio co- 
mún de sus abastos y demás efectos, para lo cual 
pedisteis á ese Cabildo secular el informe que acom- 
pañasteis á vuestra citada carta, procedisteis á ha- 
cer con arreglo á él la regulación de lo qua debían 
gozar de renta los prebendados de esa iglesia^ re- 
sultando que venían á tocar á razón de mil y dos 
cientos pesos anuales á cada uno, excepto á el Ra* 
cionero y Medio Racionero, y al Dean el corres- 
pondiente superávit. 

«Que habiendo concluido la erección el día 14 de 
Abril de 1809, como las circunstancias de la gue- 






— 514 - 

rra y otros se opusieran á realizarla ouUnto antes, 
resultando de ello que no podía abrirse la iglesia 
con solo el número de las tres sillas provistas, y 
que vendría aquella á estar sin ejercicio ni servicio 
mucho tiempo, dispusisteis consultar el aumento de 
dichas seis prebendas ámi Virrey de esas provin- 
cias del Río de la Plata, á quien creisteis autorizado 
para una providencia interina, acordando al propio 
tiempo que cada uno de los dos debiais darme parte, 
cuando la guerra y demás circunstancias lo permi- 
tiesen, y que convencido aquel jefe de vuestras re- 
flexiones, accedió á ellas contestándoos le propu- 
sierais sujetos. 

«Que así lo ejecutasteis en 17 de Mayo del mismo 
año acompañando la erección y propuesta de los 
sujetos que creisteis más idóneos y más útiles al 
benefício público espiritual de vuestros diocesanos, 
y que atendiendo dicho mi Virrey á la imposibili- 
dad de ocurrir par entonces á mi Real Persona, y 
á los perjuicios que resultaban de tener suspenda 
por más tiempo la erección y formación del Coro, 
en 22 de Junio de dicho año aprobó interinamente 
todas vuestras operaciones, mandando que los suje- 
tos que le habláis propuesto para servir como inte- 
rinos las prebendas aumentadas fuesen puestos in* 
mediatamente en posesión, con la expresada condi- 
ción de ser amovibles ad nutum, y de no adquirir 
á ellos más derecho que el que yo me dignase 
darles. 

«Que á los tres días de vuestro arribo á esa Ca- 
pital aun no publicada la erección, el Dean D. Anas- 



— 615 — 

tnsio de Isasmendi y el canónigo D. Miguel José de 
Castro ocurrieron clandestinamente á dicho mi Vi- 
rrey con una representación (cuya copia acompañas- 
teis) llena de calumnias y falsedades, y para evitar 
los funestos efectos que éstas podían producir en el 
ánimo de aquel jefe^ suspendisteis la ejecución de 
su providencia dirigiéndole otra representación docu- 
mentada con la idea también de hacerle conocer las 
fatales resultas que se seguian de la suspensión; pero 
enterado Vos de que la citada providencia se dila- 
taría más de lo que quisierais porque el Virrey em- 
barazado en la resolución de unos casos poco fre- 
cuentes, había consultado al Real Acuerdo, y éste 
devuelto el expediente al Fiscal; habiendo por una 
parte cesado los motivos que retardaban el parte 
que según Ley debíais darme con las dos copias 
de la erección, determinasteis enviar á España con 
todos los documentos respectivos, con inmensos 
gastos y molestias, y privándoos del gran alivio 
que os ha proporcionado en el despacho del go- 
bierno del obispado, á vuestro Notario Mayor don 
Francisco Malbrán y Muñoz, sujeto de extraordi- 
naria actividad y de vuestra mayor confianza, é im- 
puesto á fondo en todos los pasajes ocurridos acerca 
de la erección y demás de vuestro manejo y go- 
bierno de él y en que había trabajado con el mayor 
celo y eficacia, acompañándoos en los despoblados 
y riesgos que habláis tenido que sufrir para desem- 
peñar mejor mi Real confianza. Y concluísteis su- 
plicándome que, pues habláis trabajado infatigable- 
mente para el más exacto desempeño de lo que se 



— 516 — 

os encargói me dignase aprobar cuanto habíais 
hecho, y los nombramientos de los Doctores don 
Pedro de Alcántara Arredondo y D. Estanislao Ló- 
pez para las dignidades de Arcediano y Chantre de 
esa iglesia, y los de D. José Gabriel de Echenique 
y D. José Gabriel de Figueroa para las dos canon - 
gias aumentadas, por ser todos ellos sujetos de li- 
teratura y de relevantes méritos, constantes en las 
relaciones que acompañasteis; habiendo llevado á 
los tres primeros, con aprobación de mi Virrey, de 
más de trecientas leguas de distancia. Asimismo 
solicitasteis me dignase aprobar la propuesta que 
me hacéis del Dr. D. Agustín Molina, joven de 
excelente conducta y superior instrucción para la 
Ración entera, y para la Media al Dr. D. Antonio 
González de San Millán, igualmente idóneo por su 
talento, servicios personales y los de sus mayores. 

«También disteis cuenta con sus testimonios en 
otras cartas de la misma fecha de haber hecho la 
visita de ese nuevo obispado, dictando las provi- 
dencias que conceptuasteis necesarias para asegurar 
el buen régimen de los curas de campaña, y la re- 
forma de abusos introducidos por el descuido ó la 
ignorancia; y hacéis presente las dificultades que 
tuvisteis que vencer para el arreglo y fomento del 
colegio de educación para niñas huérfanas, y de 
una casa de ejercicios, y otras muchas tareas apos- 
tólicas, y entre ellas la de haberse confirmado á mu- 
chos miles de individuos que carecían de este Sa- 
cramento. 

«Que en cuanto á los límites de ese obispado 



- 517 - 

promovisteis el que se llevase á efecto lo que so- 
bre demarcación de las dos Intendencias se pre- 
vino en otra Real cédula para las de Córdoba y 
Salta: más no habiéndose decidido nada en el asun- 
to, me consultáis acerca de él exponiendo que de 
tiempos muy antiguos es tradición en ese país que 
el arroyo de San Miguel era el divisorio de una y 
otra; además de que si la jurisdicción de Córdoba 
ha de tener cincuenta leguas á cada viento^ debe 
precisamente dicho arroyo ser el divisorio por la 
parte del Norte; y que corresponde declararse para 
poner fin á este punto, que su paralelo á Oriente y 
Poniente divida las dos jurisdicciones. 

(rQue habiéndose erigido ese obispado con el te 
rritorio propuesto por el Marqués de Sobremonte, 
y se expresa en el exordio de la Real cédula de 17 
de Febrero de 1807, segregado de los obispados 
de 'Córdoba, Santiago de Chile y el arzobispado de 
Charcas, no estando en la división de ella clara y 
terminantemente dicho que el partido de Tarija com- 
prende el de Chichas aunque por el todo que se 
sienta debe entenderse en los mismos términos que 
lo propuso aquel, y se tiene por uno solo en la 
Ordenanza de Intendentes de ese virreinato: para ♦ 

evitar toda duda y dilación, solicitasteis me digna- 
se declarar que se segregó del arzobispado de Char- 
cas el partido de Tarija comprendido en el de Chi- 
chas; y concluistéis solicitando medios para la cons- 
trucción de una Catedral interina, y la de un Semi- 
nario, absolutamente indispensable para la educa- 
ción de esa juventud. 



— 518 — 

aY últiraaniente en carta de 3 de Febrero del 
mismo año me hacéis presente que habiendo pro- 
cedido ó la visita de testamentos de vuestro obis- 
pado, el Gobernador interino de esa ciudad D. Ni- 
colás Severo de Isasmendi, se opuso á ello, previ- 
niéndoos por un oñcio poco decoroso á vuestra 
dignidad, suspenderla á pretexto de mi Real cé* 
dula de 20 de Noviembre de 1801, que inhibe á los 
jueces eclesiásticos del conocimiento del valor y 
nulidad de ios testamentos, formación de inventa- 
rios y ejecución de las mandas piadosas y legados, 
sobre cuyo particular deseáis me sirva dar mi Real 
declaración. 

«Visto y examinado todo en mi Consejo y Cá- 
mara de Indias, con lo informado por la Contadu- 
ría y lo que dijo mi fiscal, habiéndome consultado 
cuanto tuvo por conveniente en 19 de Diciembre 
del año próximo pasado; y como en virtud de lo 
resuelto por mis Cortes generales y extraordina- 
rias en 1* del mismo mes, sobre que quedaba sus- 
pendida la provisión de todos los prebendos y be- 
neficios eclesiásticos de España é Indias que no 
tuviesen anexa la cura de almas hasta que tuviese 
á bien resolver otra cosa, fué preciso consultarme 
en ellas para la más sólida y justa determinación, 
se pasó á las mismas Cortes el expediente, y con- 
formándose con el parecer de la comisión fué san- 
cionado en ellas en 15 de Enero cuanto han pro- 
puesto los referidos Consejos y Cámara de Indios 
en todos los puntos de que se va hecha relación, 



— 619 — 

y otros que por cédulas de esta fecha se expre- 
sarán . 

«En su consecuencia apruebo cuanto habéis prac* 
ticado para llevar á efecto la insinuada erección, 
mandando se os devuelva para los fínes de la ley 
uno de los ejemplares de ella certificado por mi 
infrascripto secretario, que remitisteis para mi apro- 
bación: declaro que dicha erección está hecha con 
arreglo á las leyes y principios de la materia, y 
los ejemplares de otras erecciones aprobadas, que 
tuvisteis á la vista para realizar la de esa iglesia: 
Apruebo como más correspondiente al culto divino, 
y para mayor decoro de ella la creación de las seis 
prebendas que habéis propuesto; pero es mi expresa 
real voluntad^ que las dos canongías aumentadas 
á las otras dos que. ya existían sean de oficio, la 
una Doctoral y la otra Magistral, proveyéndose por 
oposición en los términos ordinarios: también he 
venido en aprobar el nombramiento que habéis 
hecho de don Pedro de Alcántara Arredondo, y 
don Estanislao López para las dos dignidades de 
Arcediano y Chantre; y en nombrar para la Ración 
á don José Gabriel de Echeníque, cura vicario de 
Tulumba, y para la medía Ración al Dr. D. José 
Gabriel de Figueroa, que son los que me propusis- 
teis; las dos canongías que han de ser Doctoral y 
Magistral, deben proveerse precedida oposición, 
y he resuelto se expidan á dichos agraciados mis 
reales presentaciones como así se ejecuta. 

aAsimismo he venido en manifestaros me son 
muy apreciables los trabajos que habéis experi- 



— 520 -^ 

mentado para veriñoar la visita de ese obispado, 
mereciendo igualmente mi Real aprobación cuantas 
providencias os ha dictado vuestro apostólico celo, 
por el bien temporal y espiritual de vuestros dio- 
cesanos, y el afán con que ha cooperado á vuestros 
planes, tanto en la visita como en lo concerniente 
á la erección, vuestro sobrino y notario mayor don 
Francisco Malbran y Muñoz, que diputasteis ante 
mi Real persona para que como enterado á fondo 
de vuestras disposiciones me instruyese de todo lo 
concerniente á los puntos indicados para el acre- 
centamiento del culto divino y mayor decoro de 
esa iglesia. 

«En cuanto á la demarcación de límites de ese 
obispado he resuelto procedáis á ella, en unión de 
los Intendentes de Córdoba y Salta, como se os 
previno en la Real cédula sobre este punto: arre* 
glandoos á lo que en el particular se expresa en la 
del arreglo de limites de las intendencias para las 
dos citadas especialmente; entendiéndose que debe 
considerarse incluido en el territorio de ese nuevo 
obispado el partido de Tarija con Chichas, pues tal 
fué mi real intención cuando rae digné resolver su 
división y demarcación, conforme en todo á lo pro- 
puesto por el Marqués de Sobremonte, Gobernador 
é Intendente entonces de Córdoba del Tucumán. 

«Por lo respectivo á que se os faciliten medios 
para la construcción de un Seminario y de una Ca- 
tedral interina, he resuelto que instruyáis ambos 
puntos con todos sus datos en expedientes sepa- 
rados ante el virrey de mis provincias del Río de 



— 521 — 

la Plata, á quien se previene que con vista de lo 
que resulte acuerde lo conveniente con la brevedad 
posible, para que no se demoren tan útiles estable- 
cimientos, y que dé cuenta con justificación para 
mi real aprobación. 

((Y por último en lo tocante á la inteligencia de 
la Real cédula de 20 de Noviembre de 1801 que 
prohibe á los jueces eclesiásticos el conocimiento 
sobre valor ó nulidad, formación de inventarios y 
ejecución de obras pías y legados, he venido en dé* 
clarar que esta real resolución no os prohibe el uso 
de la facultad de visitar testamentos y codicilos al 
solo efecto de averiguar si se han cumplido las 
misas y otras disposiciones piadosas, lo que se pre- 
viene con esta fecha al Gobernador Intendente in- 
terino de esa ciudad don Nicolás Severo de Isas- 
mendi. Todo lo cual os participo para vuestra in- 
teligencia y satisfacción; y para que así Vos, como 
os lo ruego y encargo^ como todos los Magistrales 
seculares y eclesiásticos á quienes toque ó tocar 
pueda las mencionadas mis reales determinacio- 
nes, las cumpláis y ejecutéis y hagáis cumplir y 
ejecutar que asi es mi real voluntad. 

«Dado en Cádiz á dos de Marzo de 1811— Yo el 
Rey— Joaquín Blake, Presidente — Por mandado del 
Rey nuestro señor — Pedro Telmo Iglesias — A el 
obispo de Salta. Aprobándole sus tareas apostó- 
licas y trabajos en la erección de aquella iglesia y 
visita de su obispado con las propuestas que hizo 
de los sujetos que se citan para las prebendas que 



« 522 — 

creyó necesario aumentar, y lo demás que se ex- 
presa», (1). 

El iltmo. obispo, como se ve, no podía quedar más 
satisfecho con la sanción aprobatoria de todos sus 
actos en el cometido de su misión: había organiza- 
do el Cabildo eclesiástico, inaugurado la Catedral 
con todo el ceremonial que se le previno, y cono- 
ciendo las diñcultades que traería para la buena 
marcha el diminuto número de canónigos designa- 
dos en la Cédula de 17 de Febrero, solicitó del vi- 
rrey, aunque con el carácter de interino, el nom- 
bramiento de otras dignidades y canónigos en nú- 
mero de seis, hasta que fueran confirmados por el 
Rey, lo que se veriñcó por la cédula anterior que 
hemos insertado. 

Utilizó para iglesia Catedral el templo de los Pa- 
dres Jesuitas que servía de Matriz desde 1794, por 
el estado ruinoso de la vieja iglesia Matriz primitiva, 
que fué abandonada. 

El señor obispo Moscoso había tomado esta me- 
dida, de convertir en Matriz la iglesia de los Padres, 
cuyo estado necesitaba mejorarse, y á lo que con- 
tribuyó poderosamente en su reediñcación y amplia- 
ción, porque no se le había hecho reparo alguno 
desde que fué dejada por los Padres Jesuitas desde 
su expatriación en 1767. (2). 

A este respecto el mismo señor Moscoso decía 



(1) otra Cédula fué dirigida al Virrey de Buenos Airea, en términos 
mis ó menos análogos. 

(8) Bn la «Historia de las Imágenes del Milagro» está eqalToeada esta 
feeha en la página 184, que dice 1776, como también la de 1800 por 1810 
en que se inauguró la Catedral. 



- 523 — 

en 1796: <(En la visita que practicamos de su igle- 
sia Matriz, reconocimos la necesidad que habla de 
hacer una iglesia nueva ó alargar y reparar la que 
fué de los expatriados que, además de ser chica 
para aquel vecindario, se hallaba bastante arruina- 
da, y sin embargo del considerable gasto que de- 
mandaba esta segunda obra, tuvimos á bien dedi- 
carnos á ella haciéndole varias aplicaciones con que 
hasta el presente han corrido sus precisos gastos, 
asi en su principal nave como en las otras dos que 
se le han agregado.» 

Estas reparaciones se habían ejecutado sin dila- 
ción alguna; pero necesitaba aún de otras obras 
complementarias para las cuales no se contaba con 
recurso alguno: entonces el Vicario Foráneo doctor 
Isasmendi solicitó autorización del obispo Hoscoso 
para enviar al sacristán mayor de la Matriz, Licen- 
ciado presbítero D. Tomás Almonte, á las parro- 
quias limítrofes del arzobispado de Charcas con el 
fin de reunir limosnas para terminar las obras y 
paramentarla de ornamentos convenientes. El Pres- 
bítero Almonte recorrió la Intendencia ^e Charcas, 
pasó á Potosí, á la Paz, y últimamente á Santa Cruz 
de la Sierra, empleando en su gira cerca de dos 
años. Las dádivas recogidas correspondieron á los 
penosos trabajos de viajes que se vio obligado á 
hacer: cerca de dos mil pesos en efectivo, fué el 
fruto recolectado, sin contar las pérdidas sufridas 
por robos que le hicieron, y gran cantidad de va- 
liosas alhajas y hermosas telas de brocato para la 
confección de ornamentos. 



- 624 — 

Este auxilio que recibió la Matriz de Salta vino 
á dejarla en las condiciones que tenía al arribo del 
illmo. Videla en 1809, para ser declarada ó institui- 
da en Catedral mientras se edificaba una nueva, 
como lo había pedido al Rey en su informe dirigido 
desde Salta. 

La nueva Catedral funcionó de una manera irre- 
gular en los primeros años de fundación, ya porque 
muchos de los canónigos últimamente nombrados 
no alcanzaron á recibirse por causas diversas, ya 
porque, con motivo de la revolución del 25 de Mayo 
<de 1810^ el país entero sintió conmoverse con el 
grito audaz de libertad é independencia, lanzado 
desde Buenos Aires, y naturalmente el trastorno y 
lucha producidos en las ideas políticas, llevó el en- 
torpecimiento á la marcha regular del orden reli- 
gioso, ya también por motivos de ausencia del iltmo. 
señor Videla. 

En el tomo siguiente tendremos ocasión de ha- 
blar con mayor amplitud sobre este tema. 



Fin del Tomo primero 



APÉNDICES 



APÉNDICE I 



Primeras Asambleas Sinodales de la Diócesis del Tnctunán 



1597—1606—1607 



I 



cíNos D. Fray Fernando de Trejo y Sanabria, pop 
la misericordia divina y de la Santa Iglesia de 
Roma> Obispo del Tucumán y del Consejo del Rey 
nuestro Señor. 

«A los muy R. y amados Hermanos nuestros» 
Cabildo y Presbíteros de N. Santa Iglesia, y á los 
vicarios, curas doctrinantes, beneñcios y capellanes, 
y las demás personas eclesiásticas y seglares de 
nuestro obispado de cualquiera calidad y condición 
quesean, salud y bendición de Nuestro Señor Je- 
sucristo. 

«Teniendo delante de los ojos de nuestra consi- 
deración la obligación que tenemos de procurar la 
salvación de todos los ñeles, especialmente indios 
de nuestro obispado, y que debemos atender con 
solicitud, como dice San Pablo, á las almas que 



— 628 — 

el Espíritu Santo nos ha encomendado y las ganó 
y adquirió el Hijo Jesús con su preciosa sangre; 
aunque deseábamos ante todas cosas acabar de vi- 
sitar por nuestra propia persona todos los pueblos 
de indios y también de los españoles^ que ya están 
regenerados en Cristo por el santo Bautismo, y 
reducidos por la Majestad católica para ver mejor 
el remedio y lo que han menester para encaminar- 
los ai cielo, viendo por otra parte lo mucho que 
hay que andar y que había de gastar el tiempo en 
ello, y con esto dilatarse el sínodo diocesano que 
los cánones mandan y encargan á cada uno de los 
obispos que hagan sínodo á su tiempo, determina- 
mos antes de salir de nuestra Catedral á proseguir 
la visita, celebrar sínodo, considerando también que 
no se ofrecería otra ocasión más propicia que pu- 
diese ocurrir, ni se ofrecerá tampoco ocasión tan 
presto donde ocurrieran juntamente muchas per- 
sonas y religiosos, de cuyo consejo mucho nos he- 
mos ayudado para el sobredicho efecto. Júntase 
también con esto la mucha necesidad que hay en 
este obispado de poner en orden muchas cosas, 
para el remedio de las cuales era mejor remedio 
que se tratasen, confiriesen y se eligiesen en sínodo 
para que quedasen más bien sentadas y más bien 
recibidas; para lo que despachamos nuestra con- 
vocatoria á todos los lugares, curas y vicarios de 
nuestro obispado, é intimamos á las ciudades en- 
viasen aquí á los Procuradores, porque uno de los 
puntos principales que en él se habían de tratar, 
era distribuir las doctrinas y señalar estipendio su- 



— 529 — 

ñciente á los doctrinantes, porque por falta de doc- 
trina y sacerdotes que doctrinasen perecían muchas 
almas sin haber recibido los sacramentos, y care- 
cían casi todos de quien se los administrase, y del 
pan de doctrina que habían menester para ser sus- 
tentados con el conocimiento de doctrina y obser- 
vancia de la divina ley; y para que todo lo que hu- 
biese fuese ordenado á mayor gloria de Dios y el 
de las necesidades y misericordias, que dá buen 
espíritu á los que se lo piden de corazón, y es 
fuente de luz, nos comunicase su luz y buen espí- 
ritu, ordenamos se hiciesen solemnes procesiones, 
concurso universal de pueblo, como se hicieron 
desde nuestra Catedral á las Iglesias de San Fran- 
cisco, N. S. de las Mercedes y Compañía de Jesús, 
en las cuales los hermanos exhortaron al pueblo 
en nuestro nombre se apartase y pidiese con ora- 
ción particular á nuestro Santo Dios que nos diese 
su santo favor y socorro, asistirme desde lo alto; y 
concedieron en nuestro nombre cuarenta días de 
indulgencia para todos los que cada día hiciesen 
oración por esta intención; y verdaderamente se ha 
experimentado el efecto de la oración en común y 
|)articular que se ha hecho por muchas personas. . . 
de este nuestro sínodo diocesano para bien de 
las. . . descargo de la conciencia de todos, como se 
verán en . . . van escritas ... en ellas contenidas . . . 
que como dice el Apóstol: Ninguna cosa aprove- 
chará la ley al que no la guardare, antes sí será 
de mayor condenación al que la sabe y no la 
cumple. 



— 580 — 

<¡(Hab¡endo, pues, congregado para el día seña- 
lado, que fué el día nativo de N. Señora, á todos 
los que convocados al sínodo, la víspera á esta 
ñesta, que fué la dominica décima quinta después 
de Pentecostés, estando presentes su iltma. y el muy 
ilustre señor gobernador don Pedro Mercado y 
todo el concurso de pueblo, así eclesiásticos como 
seglares, predicó el P. Rector de la Compañía de 
Jesús de la disciplina eclesiástica y de los divinos 
misterios y reformación de las costumbres, según 
lo que dispone el Pontifícal, y luego el día siguien- 
te que fué, como dicho es, de la Natividad de N» 
Señora, predicó su iltma. encargando á todos la 
enmienda de sus vidas y reformación de sus cos- 
tumbres, y la continuación de súplicas á N. Señor 
para que ilumine los entendimientos y ablande las 
voluntades de todos para hacer todas las cosas con- 
forme á su divina voluntad. 

((Después del sermón y misa pontifical hubo pro- 
cesión al rededor de la iglesia, y dicha la letanía y 
demás preces, himnos y oraciones conforme al uso 
de la santa Iglesia, y á lo que tienen dispuesto los 
magistrados, congregaciones, para dar principio á 
los concilios y sínodos; y señalóse por lugar para 
las juntas comunes la iglesia Catedral, todos los 
días por la mañana desde el día siguiente^ que se 
contaron nueve de Septiembre, desde las nueve á 
las once horas, y para las consultas secretas se 
señaló la casa de su iltma., y para que más noti- 
cia se tuviese de todo y del orden de los asientos 
que se había de tener, se leyó esta declaración y 



— 631 — 

mandato de su S. Iltma, que es la forma que si- 
gue, la que va inserta aquí para que en adelante se 
sepa el orden que se ha de guardar... está dis- 
puesto y determinado; y así para este efecto desde 
luego nombramos por nuestros consultores al muy 
ilustre señor don Pedro Mercado y Peñalosa, go- 
bernador y capitán general de estas provincias por 
su M., á quien de parte de la Iglesia exhortamos y 
requerimos y de la nuestra pedimos y suplicamos 
se preste por ministro del dicho oñcio; así mismo 
nombramos por tales consultores al Licenciado don 
Pedro Farfan, Arcedián de la Catedral; al P. Fran- 
cisco de Ángulo de la Compañía de Jesús y Comi- 
sario del Santo Oñcio; y al Maestre Escuela don 
Francisco de Aguilar, y al P. Fr. Baltasar Navarro, 
Custodio de la Provincia de la Orden de San Frajn- 
cisco; al P. Fr. Antonio Marchena, Provincial de 
N. S. de las Mercedes; al P. Juan Romero, Rector 
de la Compañía de Jesús; al P. Maestro Fr. Pedro 
Guerra, Comendador de N. S. de la Merced; al P. 
Vv. Alonso de la Torre, de la Orden de S. Fran- 
cisco; al Maestre de Campo, don Francisco de Lu- 
gones, vecino y Alcalde Ordinario de esta ciudad, 
para que con los pareceres de los dichos consulto- 
res, como dicho es, todo se trate, comunique y de- 
termine como más convenga al buen gobierno del 
bien espiritual y reformación de la vida y costumbres 
y buena enseñanza de los naturales y demás ñeles. 
((ítem para que las personas que han ocurrido á 
este sinodo tengan en las juntas, quienes sus asientos 
y puestos ciertos y determinados, y que en esto 



— 632 — 

no haya disenciones ni alteraciones, sino que cada 
uno se siente y ponga en ei lugar que le señalare- 
mos en este caso, usando de toda nuestra autoridad, 
mandamos que el orden que se ha de tener sea el 
siguiente : 

((Primeramente, el muy ilustre señor gobernador 
tendrá su asiento y se pondrá su silla en prefe- 
rente lugar, junto á la nuestra, y después más abajo 
se pondrá entre ambas partes en las juntas que hi- 
ciéramos, todas las demás que fueran menester, y 
en el de la mano . . . está el dicho Arcediano, suce- 
sivamente los dichos Comisarios, el Maestre Es- 
cuela, el P. Juan de Robles Cornejo... el P. Cus- 
todio y el dicho P. Provincial de la Merced; el P. 
Prior Pedro Guerrero, el P. Guardián de N. P. San 
Francisco, Fr. Pedro Muñoz; el P. Maestro Fr. Pedro 
Guerra, Comendador de la Merced; el P. Fr. Alon- 
so de la Torre, de N. P. San Francisco; el P. Her- 
nando Murillo; el Cura y Vicario de la parroquia de 
la ciudad del Tucumón; el Cura y Vicario de la 
ciudad de Esteco; el Cura y Vicario de la ciudad de 
Córdoba; el Cura y Vicario de la ciudad de Salta; 
el Cura y Vicario de la ciudad de la Rioja, el P. 
Juan de Viana, Ministro de la Compañía de Jesús; 
el P. Fr. Bartolomé de la Cruz, Guardián de la 
ciudad de Esteco; el P. Presidente Fr. Diego de 
Ruiz; el Bachiller Rafael Castro; el P. Francisco 
Gutiérrez; el P. Añasco, de la Compañía de Jesús. 

ítem— En el escaño de la mano derecha, digo iz- 
quierda, se han de sentar por el orden que sigue 
las personas de que se hace mención. 



— 533 — 

Primeramente el capitán Juan Jerez, teniente go- 
bernador, y el capitán Alonso y el licenciado Diego 
Fernández de Andrade, Procurador de esta ciudad; 
el gobernador de la ciudad de San Miguel del Tu- 
cumán y de la de Esteco, el de Córdoba, el de Salta, 
el de la Rioja> el de Jujuy, el de las Juntas; y si 
en juntas generales se hallare presente el Maestre 
de Campo don Francisco Lugones, consultor suso- 
dicho, se sentará sucesivamente en este lugar, y 
luego el P. Antonio de Saa, el P. Antonio de Godoi, 
el P. Juan Gutiérrez, el P. Tomás de Chacarreta, 
Cura de las Piezas de esta ciudad; el P. Miguel de 
Milla, Cura y Vicario de los naturales de Córdoba, 
y luego los beneficiados Miguel Jiménez, Diego 
Ortiz de Peralta, Antonio de Velasco, Cristóbal de 
Escobar, el Bachiller Domingo de Ascorella, el se- 
ñor don Pedro Jiménez, el Bachiller Chaparro, el 
Bachiller Juan Rical, el P. Juan Gutiérrez de Ama- 
ya, y últimamente el Licenciado Antonio Rosillo 
nuestro secretario, á quien para este sínodo le 
nombramos por nuestro secretario, se sentará á la 
parte y lugar que señaláremos, y mandamos á nues- 
tro Fiscal general haga en las dichas juntas oficio 
de portero, guarde dicha orden según que de suso 
va declarado se ha de guardar y cumplir, según 
dejamos ordenado, señalando para las dichas juntas 
generales desde las nueve de la mañana, diez de 
este mes, la Catedral de esta ciudad, donde cada 
uno podrá pedir y alegar lo que conviniere; y para 
las juntas secretas y proveer en ellas lo que fuere 
justicia, señalamos la casa de nuestra morada, y 



— 584 — 

la hora será por las tardes, de dos á cuatro, donde 
eoosuitarén las cosas que hubiesen pedido en las 
dichas juntas generales, y se cumplirá y guardará 
lo que por los dichos consultores con nuestro pa- 
recer se determina. Y para que lo contenido en 
esta nuestra Carta venga á noticia de todos^ man- 
damos públicamente se lea y publique en la dicha 
Iglesia Catedral, y después de así leida y publicada 
se ponga en una de las puertas de ella, en donde 
nadie la quite so pena de excomunión. En testimo- 
nio de lo cual mandamos dar y dimos la presente 
en forma. Fecha en Santiago del Estero en 9 de 
Septiembre de 1595. — El Obispo. — Por mandato de 
S. S. ¡Urna., el Licenciado Antonio Rosillo, Secre- 
tario.» 

«En 9 de Septiembre de 1597, en la iglesia Ca- 
tedral de esta ciudad de Santiago del Estero, como 
á las nueve horas del día se sentó S. S. iltma. y 
el muy ilustre señor D. Pedro de Mercado y Pe- 
ñaloza. Gobernador y Capitán General por su M. de 
estas provincias, y las demás personas eclesiásticas 
y seculares conforme al orden que se les había 
dado, y arriba queda declarado, antes de comenzar 
otra cosa hizo el iltmo. una breve plática y exhor- 
tación, declarando el ñn de aquellas juntas y los 
buenos efectos que de ellas se esperaban, pidiendo 
á todos los presentes para los buenos aciertos, cada 
uno á procurar... hacer la protestación de la fe en 
la forma del Concilio Provincial, y juntamente la 
fueron haciendo todos los demás que se habían 
congregado, habiéndose concluido el juramento y 



-^ 586 — 

las demás cosas según el uso de los sínodos provin- 
ciales y diocesanos se suelen guardar, se comenzó 
el sínodo en nombre de la Santísima Trinidad; luego 
se levantó el Gobernador, nombrado por los l^o* 
curadores de las demás ciudades, que fué el Li- 
cenciado Diego Fernández de Andrada. y en nom* 
bre de ellos hizo una elegante oración latina, que 
en suma contenía el derecho que tenían los vecinos 
moradores de estas provincias del descargo de sus 
conciencias y de que se ordenasen cosas con que 
N. S. Dios fuese más servido, y reformadas las 
costumbres de todos los eclesiásticos y seculares, 
y para que los indios naturales de estas provincias 
quedasen más bien doctrinados. 

Luego el Licenciado Antonio Rosillo, Secretario 
de S. Rma. y de este dicho sinodo, hizo diligencia 
de manera que constase de los poderes que los 
gobernadores de las ciudades traían, para leerlos en 
presencia de todos los de la dicha congregación» 
y parecieron por gobernadores de las ciudades, 
villas y lugares de españoles de esta dicha gober- 
nación los siguientes: 

«De la ciudad de Santiago del Estero» el Capitán 
Alonso de Tibad, y el Licenciado Diego Fernández 
de Andrada, Procurador que fué general de todas 
las ciudades; de la ciudad de San Miguel del Tu- 
cumán, el Capitán Juan de Espinosa; de la ciudad 
de N. S. de Talavera de Esteco, el Capitán Pedro 
Lazarte; de la ciudad de Córdoba, el Capitán Pedro 
Yasquez Pestaña; de la ciudad del Valle de Salta, 
Francisco de Aguirre, vecino de ella; de la ciudad 



— 686 — 

de la nueva Rioja, el Capitán Juan Díaz del Casti- 
llo, vecino de ella; de la ciudad de San Salvador 
de Jujui, Pedro de Rivera, Alguacil mayor de esta 
gobernación; de la nueva Villa de Madrid de las 
Juntas, Cristóbal de Torres, vecino de ella... con 
las demás personas que fueron llamadas anterior- 
mente á tomar darte en este sínodo. Luego el Li- 
cenciado D. Miguel de Milla cura Vicario de los 
naturales de Córdoba, leyó la erección de esta 
iglesia, y luego en las juntas siguientes se fueron 
leyendo los cánones provinciales, aunque ahora pocos 
días el Rmo. los había mandado leer en algunos 
días festivos en esta dicha iglesia Catedral, convo- 
cando para esto todo el pueblo, porque no se había 
publicado el sobredicho Concilio en esta dicha 
Catedral, como dicho es, llegado su S. Rma. á esta 
Santa Iglesia lo mandó publicar. 

Parte Primera 

De las constituciones sinodales donde se trata y 
manda se guarde el Concilio provincial, y se con- 
tiene todo lo que se ha ordenado en este santo 
sínodo acerca de la doctrina y modo de enseñar á 
los naturales de estas provincias. 

Constitución 1* — Que se guarden los Concilios 
provinciales. •— Por cuanto el Concilio limense que 
se celebró el año de ochenta y tres está aprobado 
por la Sede Apostólica y mandado guardar por el 
Rey N. Señor, mandamos se guarde y cumpla en 
este nuestro obispado enteramente; y así mismo el 



— 687 — 

Concilio provincial que se celebró en la misma ciu- 
dad de Lima el año de setenta y siete, so las penas 
en ellos contenidas; y que todos los Curas y Vica- 
rios de españoles é indios tengan el traslado de 
dicho Concilio que se tuvo el año de 67, porque no 
los hay de molde; y porque no todas las cosas or- 
denadas por ellos se pueden guardar en estas pro- 
vincias de una misma manera, explicamos en algu- 
nas de nuestras constituciones sinodales el modo 
como se debe guardar, según que fuere mejor, para 
el fín que se pretende. 

Segunda — Qué doctrina y Catecismo se ha de en- 
señar — La doctrina y catecismo que se ha de en- 
señar á los indios sea el general que se usa en el 
Perú en la lengua del Cuzco, porque ya gran parte 
de los indios lo reza y casi todos van siendo ladinos 
en la dicha lengua, y por haber muchas lenguas en 
esta provincia y muy dificultosas, fuera confusión 
hacer traducción en cada una de ellas, y muchos 
indios poco capaces entenderían que cada una de 
aquellas es diferente de la sustancia de la otra, y 
también habría pocos sacerdotes que hiciesen la 
doctrina por no saber las lenguas nativas de estas 
naciones, encargamos y amonestamos ó todos los 
doctrineros las vayan aprendiendo, pues harán gran 
servicio a Dios en explicar la doctrina en la lengua 
que mejor los indios la entiendan, y por este ca- 
mino les oirán con mayor gusto y amor, y podrán 
confesar en lengua general, y para que los tales en 
la hora de la muerte no carezcan del remedio de 
la confesión, mandamos á todos los sobredichos 



curas sepan tres ó cuatro preguntas de los vicios 
más usados entre los indios que doctrinasen en la 
lengua propia de ellos para que así puedan darles 
materia para absolverles en aquel artículo. Asi- 
mismo mandamos sepan explicar en su lengua na- 
tiva á los indios algunos misterios de nuestra santa 
fe^ y para poder bautizar algún adulto en caso de 
necesidad, aunque faltase interprete, pues como dice 
el Apóstol: fides per auditum^ y el que en esto 
fuere descuidado, demás de ser negligente en cosa 
de tanto peso y de que dará cuenta á Dios de mu 
chas almas, será castigado á nuestro arbitrio, y de 
los nuestros visitadores. 

Tercera. — Qué suficiencia de lengua deben tener 
los curas para enseñar la doctrina por sí mismos. 
Todos los que se nombraren por curas de indios 
sepan por lo menos la lengua general del Cuzco 
con suñciencia para poder administrar los Sacra- 
mentos, y tengan la doctrina y Catecismo, y sepan 
de memoria para que todos los domingos y ñestas 
las digan y enseñen á los indios por sí mismos 
sino estuvieren legítimamente impedidos, porque 
encomendarla á los muchachos para que la digan, 
resultaría que los caciques, indios ladinos, tengan 
por afrenta el oiría, pareciéndoles cosas de mucha- 
chos, y en caso que por alguna indisposición no 
la pudiesen decir, el cura, debe en aquel tiempo 
asistir, velar con atención y gravedad^ y no gastar 
el tiempo en hablar con el poblero ó pasajero, de 
'o que se sigue escándalo y mal ejemplo en los 
indios; y deben temer aquella maldición del Profeta: 



— 589 — 

((Maldito sea el hombre que hace las cosas nej2[l¡- 
gen temen te». 

Cuarta. — Que todos los indios hagan la doctrina 
los domingos y fiestas,— Tengan los curas de indios 
mucho cuidado de requerir sus ovejas y apacen- 
tarlas de doctrina, mandándolos juntos á todos, 
para que la recen los domingos y fiestas, y exa- 
minar los que saben, una vez á unos y otra vez á 
otros, alabando é los diligentes y conminando á los 
descuidados con espíritu de paz y mansedumbre, 
y de quien está en lugar del que derramó su san- 
gre por ellos, mirando por el libro que debe tener 
de los nombres de todos, chicos y grandes, los que 
fuesen y faltan, inquiriendo la causa, y para que 
otro día no falten, dándoles si fuere menos, según 
la calidad de su culpa, una reprensión ó man- 
dándoles dar un verdadero castigo, y manden á los 
fiscales que los domingos, y todos los que faltaren 
de aquel pueblo, los junten á la doctrina, y tengan 
memoria de los que faltaren para que les avisen de 
ello. 

Quinja. — Que los muchachos menores de catorce 
años tengan cada día dos horas de doctrina. — 
Mandamos que los muchachos y muchachas que 
están reservados del trabajo, según la ordenanza 
del gobernador Gonzalo de Ábrego, tengan doctrina 
dos horas cada día: una por la mañana y otra á la 
tarde, á horas convenientes, de suerte que los de- 
más puedan servir á sus padres, y tenga el fiscal 
cuidado de congregarlos á la doctrina aunque el 
Padre no esté en el pueblo; y hasta entablar esto 



— 540 — 

tengan los padres gran diligencia porque en ello 
harán gran servicio á Dios^ 

Sexta. — Que den á los indios tres diat^y antes de 
confesarse para disponerse. — Que cuando un cura 
halla de confesar por esta primera vez, tres días 
sean reservados de todo trabajo, y gasten aquel 
tiempo en prepararse para confesarse, en guardar 
y aprender lo más necesario de la doctrina, deján- 
doles tiempo para que acudan para su sustento, y 
las mujeres para servir á sus maridos, y el poblero 
ó encomendero que lo impidiere será castigado 
con pena pecuniaria. 

Séptima. — Que haya reducción de indios. — Por- 
que hay muchos indios cristianos que no pueden 
ser enseñados, unos por estar en partes muy incó- 
modas para poder ser visitados, otros por estar re- 
partidos en diversos lugares por sus encomen- 
deros, por lo que sabemos que la codicia es raiz 
de todos los vicios y males, pedimos y suplicamos 
al muy ilustre Sr. gobernador los mandase reducir 
á partes cómodas para ser doctrinados, pues el bien 
espiritual ha de ser preferido á todo interés t.erreno, 
de suerte que los indios pudiesen ser visitados y 
doctrinados de sus curas: el que dijo mandaría ha- 
cer la dicha reducción con brevedad y cuidado. 

Octava. — Como se ha de nombrar el fiscal — Es 
muy necesario que en todos los pueblos haya fis- 
cales que se ocupen en servicio de dichas iglesias 
y de los padres, y para que puedan cumplir con 
sus obligaciones que son muchas, como es ir por 
ios indios á las chacras, buscar los amancebados, 



— 641 — 

hacer barrer y limpiar las iglesias, juntar cada día 
lop muchachos á la doctrina, visitarlos para saber 
si rezan y señalarles tiempo para salir de ella, se- 
gún lo que arriba queda dicho del... muy ilustre 
Sr. gobernador, sancta synodo approbante^ ordena- 
mos que en el pueblo donde los indios no llegaren 
á ciento no haya más de un fiscal, y de ciento 
arriba hayan dos, los cuales haya de señalar el 
]>adre; que sean indios de buen ejemplo, casados... 
de cuarenta años... y el encomendero ni poblero ño 
les puedan mandar como dueños mientras estuvie- 
ren en dicho oficio, sino del todo se ocupen en 
servir á la iglesia y al. padre que los doctrinase, y 
el encomendero ó poblero que los ocupare, de 
más de ser inobediente á la ordenación de la s.anta 
sinodo, será castigado con pena pecuniaria, y otras 
penas según nuestro arbitrio y de nuestros visita- 
dores. 

Novena — El estipendio de los curas de indios. — 
Porque como dice el Apóstol: el que sirve al altar 
del altar es preciso que sea sustentado, ordenamos 
y mandamos con el parecer del muy ilustre go- 
bernador, que por cada uno de los indios sea obli- 
gado el encomendero á pagarle un peso de esti- 
pendio, y el número de indios que se han de pagar 
ha de ser según la copia de ellos que trajeren los 
procuradores y doctrinantes á esta santa sinodo, y 
en caso que no concordasen en número se ha de 
partir el exceso por medio del que señale más in- 
dios, como si el gobernador señaló en un pueblo 
treinta indios y el doctrinante cuarenta, se entiende 



— 542 — 

y es de razón que han de pagar el estipendio de 
treinta y cinco indios, porque si espera semanas á 
que de nuevo se hiciere la numeración, sería dar 
causa á nuevos testigos, y en caso que los dichos 
^gobernadores y doctrinarios hubiesen dejado de 
traer el número de los indios de algún pueblo, se 
ha de estar á lo que se averiguare al P. doctrinante, 
y en lo que toca al estipendio que ahora le toca á 
cada un pueblo, no ha de haber alteración aunque 
los indios se disminuyan y se multipliquen, por un 
año entero; pero al fín de este año que se cuenta 
desde el día de esta publicación, harán la misma 
numeración el encomendero y el doctrinante y cada 
un año adelante se ha dei tener este orden para que 
conforme los numerados se pague por cada uno, 
y este estipendio lo han de pagar los encomen- 
deros al P. doctrinante pro data en dos pagas... y 
demás de esto, cada semana una misa por todos 
los indios de su doctrina, vivos y difuntos, con los 
cuales los indios reciben oraciones, grandes bene- 
ñcios, y los encomenderos descargan sus con- 
ciencias. 

Décima. —Qae los curas de indios tengan un mes 
para hacer ausencias y las demás faltas se des- 
cuenten pro rata de sus estipendios. — Algunas veces 
tendrán necesidad los curas de indios de acudir 
á algún pueblo de españoles, para lo que le damos 
licencia, que en diversas veces del año cuando se 
le ofreciere alguna ocasión forzosa puedan hacer 
ausencia de un mes, y de todos los demás días 
que por su culpa faltaren de su doctrina se les 



— 548 — 

descuente el estipendio (pro rata) que se les debía 
y lo hubiesen cobrado: el gobernador ó vicario se 
los mande restituir porque en conciencia están obli- 
gados á ello, y demás de esto sean condenados A 
alguna pena pecuniaria, y lo uno y lo otro se apli- 
que por tercias partes para la iglesia más necesitada 
de su doctrina, juez y denunciador. Y exhortamos 
por las entrañas de Jesucristo á todos los doctri- 
neros y curas asistan á sus doctrinas, no tanfo por 
temor de la pena, cuanto por lo que le deben á Dios 
Nuestro Sefior, y al oficio que se les ha encomen- 
dado, y repartan el tiempo á los pueblos de su 
doctrina como buenos dispensadores de los bienes 
de Dios, mirando más en esto á la conveniencia de 
los indios que ¿ la suya propia. 

Undécima. — Que los vecinos hagan iglesias — Or- 
denamos y mandamos que todos los vecinos de 
esta gobernación hagan iglesias dónde decentemente 
puedan los indios ser enseñados y sacramentados, 
porque es gran lástima ver que para dispensas de 
comidas y aun para otras cosas menores, y habi- 
taciones de animales, hay muchas veces en los 
pueblos mejores edificios y tiempo |)ara hacerlos, 
que i)ara edificar casa para Dios donde sea cono- 
cido y adorado, y sepan y entiendan todos que á 
más que serán de Dios N. Señor castigndos los que 
tuvieren en esto descuido, les repienderemos y 
puniremos severamente. 

Duodécima — De los dios de fiesta. — Hay grande 
desorden en algunas partes de nuestro obispado en 
hacer trabajar los indios y las indias en los días' 



— 544 — 

que la Santa Madre Iglesia ha determinado para el 
culto divino, y así nos incumbe remediarlo con 
todo cuidado y vigilancia, por lo que ordenamos y 
mandamos que ninguna persona mande á sus in- 
dios é indias á hacer carbón, ni por leña, cernir, 
amasar, lavar, ni hacer otros oñcios á estos seme- 
jantes sino fuere en caso de grande necesidad, y 
esto después de haber oído misa, y en caso que 
por la pequenez del trabajo no haya pecado, porque 
de ocupar los indios nace que los que los ocupan 
ofenden á Dios gravemente, y los indios no oyen 
misa ni van á rezar la doctrina, ni oir la palabra de 
Dios que es el sustento de sus almas y el medio 
por donde han de tener conocimiento de la ley 
síinta que profesan. 

Parte Segunda 

Donde se trata de la administración de los Sa- 
cramentos. 

Constitución primera — Que los curas de los espa* 
ñoles empadronen sus feligreses. — Ordenamos y 
mandamos que los curas de españoles empadronen 
sus feligreses cada año conforme al uso de la Santa 
Iglesia, y reciban las cédulas de sus confesiones y 
también de las comuniones si acaso hubieren co- 
mulgado en algún monasterio por sus privilegios. 

Segunda. — Que no confiesen sino los aprobados 
por el Ordinario.— ^o den licencia los curas á los 
que no son aprobados en el Obispado para que 
confiesen & sus feligreses, pues no la pueden dar 



— 545 — 

para sustitutos en ausencia ó enfermedad que ten- 
gan sin licencia expresa para ello del Ordinario^ ni 
consientan decir misa á los que no trajeren letras 
dimisorias, según lo que mandan ios santos conci- 
lios, ni dejen predicar á los que no tuvieren licen- 
cias en este nuestro Obispado, y el Vicario que con- 
tra-hiciere será castigado con pena pecuniaria. 

Tercera — Que los curas digan misa en Oratorios 
aprobados—Msndamos y ordenamos que los curas 
no digan misa sino en Oratorios aprobados por el 
Ordinario como disponen los Santos Concilios, 
aunque sea para que algún enfermo oiga misa y 
reciba el N'iático, y el sacerdote que lo contrario 
hiciere será castigado con pena pecuniaria por ia 
primera y segunda vez. y por la tercera se proce- 
derá con más rigor; y rogamos y encargamos á 
todos los religiosos guarden lo establecido en estn 
constitución, pues es cosa más que justa y debida, 
que no sólo con limpieza del alma sino también de 
limpieza exterior se celebre y administre tan alto 
Sacramento. 

Cuarta. — De las informaciones para los matrimo- 
nios. — Los forasteros así españoles como indio» 
antes de casarse, den suñcientes informaciones que 
son hábiles para el matrimonio; apruébelos el Or- 
dinario según lo manda el Concilio general y pro- 
vincial último, y no dispensen los curas en las 
am«>nestacione8, ni alguna de ellas, como disponen 
los sobredichos concilios sino es con las causas qué 
en ellos se (j»tí. 

Quinté. — Que tengan tos curas de indios /acuitad 



— 646 — 

de dispensar' en las amonestaciones, — Cuando entre 
los indios que se hubieren de casar constare que 
no hay impedimento, y por otra parte tuviere el 
cura temor que se han de juntar como de ordina- 
rio lo suelen hacer antes de desposarse, pueda dis- 
pensar en las amonestaciones, tanteando con pru- 
dencia las cosas sobredichas, y cuando casare los 
indios en tiempo que no están cerradas las-vela- 
ciones, los despose y vele juntamente, porque cuando 
pasa algún tiempo se están muchos años sin reci- 
bir las bendiciones de la Iglesia y si los desposare 
en tiempos prohibidos para las bendiciones, luego 
que se abran los vele; sobre lo que les encargamos 
la conciencia á los dichos curas. 

Sexta. — Que confiesen los curas á los que hubie- 
ren de casar, —hos curas de indios no casen á sus 
feligreses si primero no se hubiesen confesado so 
pena que si por culpa de los tales curas no se 
confesai'en antes de casarse, por la primera vez 
paguen dos pesos, y por segunda cuatro, y por 
tercera veinte, aplicados por tercias partes á la igle- 
sia, juez y denunciador; pero si ios tales indios no 
siguieren la lengua general, cumplirán los sacerdo- 
tes con moverles á contrición por sí ó por intér- 
pretes: con esto les podrán casar. 

Séptima. — Del tiempo de las confesiones de los 
indios. — El mayor cuidado que debe tener un cura 
de indios es que sus feligreses vayan bien y estén 
en gracia de N. Señor, para lo que es el medio 
más principal y más eficaz, y aun el único, el Santo 
Sacramento de la Penitencia, y así ordenamos y 



— 547 — 

mandamos que todos los curas de los indios co- 
miencen la santa cuaresma v confesiones desde el 
principio de adviento hasta la pascua del Nacimiento, 
en el cual tiempo darán una vuelta á sus pueblos, 
oyendo á todos los indios de confesión, mirando 
si falta alguno por el libro en que los tiene inscrip- 
tos, y mandamos á nuestro gobernador y visita^ 
dor tengan particular cuidado de informarse é in- 
quirir si se cumple esta constitución, usando de 
los medios que hubiere más convenientes para 
certificarse de esto, y á los curas que en el cum- 
plimiento de esto se hallaren descuidados, los cas- 
tiguen más ó menos según la proporción del descuido. 
Octava — Que se dé el Viático y Extremaunción á 
los indios. — No debemos negar á los indios lo que 
Cristo instituyó también para ellos con entrañas de 
inmenso amor, pues acerca de Dios no hay excep- 
ción de personas y no desprecia su Majestad al 
corazón contrito y humillado, y así ordenamos que 
se dé el Viático á los indios dispuestos á recibirlo, 
y los dispongan para recibirlo sus curas y pasto- 
res, pues en tiempo de tener necesidad han menes- 
ter tan grandemente de tan grande socorro y ayuda; 
y asimismo mandamos se les déá todos los adultos 
la Extremaunción en artículo de muerte en tiempo 
de que sepan el bien que reciben, y todos los po- 
bleros tengan en los pueblos algunos paños limpios 
y decentes que no sirvan en otra cosa y estén 
guardados en la iglesia con el ornamento y un 
crucifijo para componer y adornar la casa del indio 
que hubiere de repibir alguno de los dichos sacra- 



— 648 — 

mentoSy so pena que los descuidos serán multados 
con pena pecuniaria. 

Novena. — Que hayan en las doctrinas Ornamentos 
y Crismeras. — Haya en las doctrinas un ornamento 
completo y decente, de todo lo necesario para de- 
cir misa con limpieza y decencia, para el que-con- 
tribuyan todos los vecinos que tuvieren indios en 
aquella doctrina, cada uno por iguales partes, sino 
según los indios que pagare al sacerdote; y decla- 
ramos que el vecino que tuviere ornamentos en su 
pueblo, no sea obligado á contribuir para el otro 
que se ha de comprar, que sea como para todos, 
y este ornamento lo compren dentro de seis meses 
de esta publicación; y asimismo compren por el 
mismo tiempo crismeras, so pena que serán mul- 
tados los negligentes en doblada cantidad que lo 
habían de contribuir para lo sobredicho 

Décima. — Que los curas confiesen á los enfermos — 
Muchas veces se veriñca en algunos encomiendas 
con mucho dolor nuestro lo que dice el Apóstol: 
los que no tienen cuidado de su familia son peo- 
res que inñeles, y si en algnna cosa su descuido 
se debe sentir mas, es que á la hora de la muerte 
se descuida de sus enfermos y que mueren en su 
servicio, sin excitarlos á la confesión y llamarles 
confesor para que los confiesen, y cierto de averi- 
guar al principio de cualquiera enfermedad, hacerlo 
por el poco regalo que estos indios tienen, con 
poca enfermedad se raiierefi; y asi ordenamos y 
mandamos para que tos que no se mueven por 
amor se muevan por temor de la pena, que estando 



— 549 — 

el indio ó india eniermo8, en cualquier parte ó pue- 
blo que sea en servicio de españoles^ luego avise 
al señor ó señora de la india ó indio /enfermo al 
cura ó á otro confesor para que los confíesen, so 
pena de que por el primer descuido en esta cosa 
de tanta importancia^ serán condenados en cuatro 
pesos, porque si en adelante pasase semejante ne- 
gligencia, procederá el Ordinario contra el tal con 
más rigor; y si el cura llamado no quisiera venir, 
demás de la cuenta estrecha que dará á Dios, se 
procederá con él de la misma manera, aplicando 
las dichas penas, mitad para el denunciador y mi- 
tad para el juez que setenciare; y requerimos por 
reverencia de Dios á todos los gobernadores de 
indios tengan cuidado con ellos en sus enferme- 
dades, tratándoles como á hijos de Dios y herma* 
nos suyos, y cuidándoles con buenos ejemplos y 
exhortaciones á sufrir con paciencia las enferme- 
dades, y á morir como cristianos, y principalmente 
les exhortamos les manden decir siquiera una misa 
á cada uno de los indios é indias que murieren en 
su gobierno. 

Undécima — De las personas y casos reseroados. — 
Aunque es verdad que todos los confesores que 
confesaren en nuestro obispado, así españoles como 
indios, han de ser examinados por nuestros exa- 
minadores para que nos conste de su suñciencia, 
para esto hemos suspendido á todos los confeso- 
res de este obispado de cualquier estado y condi- 
ción que sean, hasta que, como dicho es, sean exa- 
minados, con todo eso, porque no todos son de 



— 650 — 

igual suñciencia, y hay estado y calidad de perso- 
nas que la pide muy grande, por eso nos ha pa- 
recido renovar algunos casos y estados para todos 
aquellos á quienes dieremos licencia particular para 
ello. 

Los estados que reservamos son mercaderes en 
grueso ó pobre trato» encomenderos caudillos de 
malocas, nuevos conquistadores y descubridores, 
y pobladores. Los casos reservados son: 1° Im- 
pedir matrimonios de indios — 2® Casarlos por fuer- 
za— 3° Hurtar las indias — 4° Abrir cartas sin con- 
sentimiento del dueño — ^5" Consultar hechiceros ó 
usar de hechicerías— 6° Escribir libelos infamato- 
rios — 7° Falsificar escrituras — 8^ Jurar falso en jui- 
cio— 9® Ayuntamiento con infiel — 10. Pecado nefan- 
do y el incesto— 11. Blasfemia pública — 12. Procu- 
rar el aborto ó ayudar á él. Todos los cuales casos 
se entienden reservados solo para los españoles y 
no para los indios, porque se ha prevenido de re- 
medio para muchos abusos que hay en algunos de 
los dichos casos, no se ha hallado por otras vías, 
y por eso intentamos ahora que por este nuevo 
medio esperamos en Nuestro Señor que aprove- 
chará. 

Duodécima — Contra los que impiden 6 fuerzan 
los casamientos de los indios. 

Habiendo considerado el ordinario atrevimiento 
que algunos tienen en traspasar el derecho natural 
y divino y las leyes eclesiásticas, que sin temor de 
las excomuniones que el concilio general y pro- 
vincial ha prevenido contra los sacerdotes tempo- 



_ 651 — 

rales que fuercen é impiden los matrimonios, con 
todo esto los hacen cada día violentamente* v los 
impiden, hemos diligentemente buscado algún me- 
dio para ocurrir ó tan grande maldad, para lo cual 
vistas las sobredichas penas (las cuales reserva- 
mos á todos en esta santa sínodo), pedimos al muy 
ilustre gobernador hiciese una ordenanza, y Nos en 
cuanto podemos hacemos la misma, por la cual 
diese y damos por perdido el derecho que tuvieren 
de servirse de los indios ó indias, 6 los cuales vio- 
lentamente casaren ó maliciosamente impidieran 
sus matrimonios, de suerte que por el mismo caso 
que el encomendero ó cualquiera persona señor 
de indios impidiere á algún indio suyo el matrimo- 
nio, constando de ello con suñciente probanza, pier- 
de el derecho que tiene de servirse de él, y el 
mismo pierde cuando por fuerza lo casare; y á 
nuestro pedimento y súplica dijo el muy ilustre 
gobernador haría ordenanza de lo que dicho es, y 
los encomendaría en el denunciador cuando suñ- 
ciente se probase. 

Décima tercia — Que no trasquilen las indias. — 
Algunas personas que no guardan proximidad con 
los indios é indias, antes por ligeras ocasiones 
gravemente los castigan y algunas veces por an- 
tojos, ejecutando en ellos el ímpetu de su ira, y 
particularmente las mujeres que naturalmente sue- 
len ser piadosas y compasivas, muchas de ellas, en 
estas personas con cuanta crueldad usan de ex- 
traordinarios castigos en lo«3 indios é indias las 

que viéndose perseguidas procuran y desean la 



- 552 — 

muerte^ y plegué á Dios algunas no se hayan ahor- 
cado y tomado bebidas mortíferas; bien se vé cuan- 
to deben temer la muerte las personas que accio- 
nes tales — la justa indignación y castigo del Om- 
nipotente Dios, que dice el Profeta que libra al 
pobre que no tiene ayuda del poderoso y tirano, y 
asi deben irse á la mano y ser piadosos con los 
indios; y porque el trasquilar las indias casadas es 
hacer infamoso al matrimonio, porque los maridos 
pierden por eso algunas veces el amor á sus muje- 
res, y las indias trasquiladas, entre ellas grande 
afrenta, pierden la misa y la doctrina y otros bienes 
espirituales, mandamos á todos los vecinos y mo- 
radores de este obispado, hombres y mujeres, que 
ninguno trasquile india casada, solo que el delito 
en algún caso io mereciere, sea por justicia, y el 
que lo contrario hiciere sea castigado en que le 
quiten la tal india y su marido por tiempo de seis 
meses, y la depositarán en el hospital ú otra parte 
donde la justicia ordene; y así lo mandó el muy 
ilustre señor gobernador á todos los tenientes de 
esta gobernación. 

Décimacuarta — Que los indios hagan vida mari- 
dable con sufi mujeres — Procuren los encomenda- 
dos y encomendadas que las indias hagan vida 
maridable con sus maridos, y no anden perdidas, y 
no les den ocasión para ello, por que los |>ecado6, 
especialmente los adulterios hacen miserables los 
pueblos, como dice la Santa Escritura; les manda- 
mos no los aparten por cualquiera menudencia ni 
el uno ni el otro, ocupándolos en cosa de poco in- 



— 653 — 

teres porque con exceso se amanceban con otro y 
pierden el amor conyugal el uno al otro; y asimis- 
mo les mandamos que no encierren á las indias 
para que duerman aparte de sus maridos, porque 
las han menester para que les sirvan en vestirles 
y desnudarles^ porque demás de la ofensa grande 
que hacen á Dios Nuestro Señor, se procederá con- 
tra los tales que separaren del matrimonio. 

Décimaquinta— Qae antes de enviar al pueblo los 
indios enfermos^ se con/iesen—Algnuos por no te- 
ner cuidado de sus indios enfermos, habiendo en- 
fermado trabajando en sus casas, los envían á sus 
pueblos, antes de llegar á los cuales mueren sin 
confesión: deben estos, los que han sido descuida- 
dos sentirlo muy de corazón y enmendarse en lo 
porvenir, y si algunos de los indios enfermase, cu- 
rarlo con caridad, y si por alguna ocasión estuvie- 
re el indio mejor irse á su pueblo, no lo consien- 
tan salir del pueblo hasta que se haya confesado, y 
el que por su culpa lo contrario hiciere pague cua- 
tro pesos de pena, la mitad para el juez y la otra 
mitad para el denunciador. 

Décima sexta— Que los casados vayan á hacer 
vida con sus mujeres. — Todos los casados en Cas- 
tilla ó en cualquiera otra parte de esta gobernación, 
vayan hacer vida con sus mujeres dentro de seis 
meses de esta publicación, y si tuvieren algún im- 
pedimento vayan á dar razón, y los pobleros casa- 
dos tengan á sus mujeres en los pueblos, ó no lo 
sean, so pena que serán castigados lo contrario 
haciendo. 



^ 554 -^ 

Décimaseplima— Qwe se señale padrino de los in- 
¿¿os—En cumplimiento de lo que ordena el Con- 
cilio provincial de que en los pueblos donde hubie- 
re españoles, señale el cura por padrino de indios 
que saque de pila á los bautizados, y donde no 
hubiere españoles señale un indio i^apaz y ladino, 
y de edad madura, por los muchos inconvenientes 
que podría haber si fuese mozo, y la misma orden 
guarde el cura para bautizar á algún niño en caso 
de necesidad en ausencia del Padre, instruyendo 
al español ó indio lo que debe hacer en semejante 
caso. 

Décimaoctava — Que los curas lleoen libros — Or- 
denamos y mandamos que todos los curas de nues- 
tro obispado asi de españoles como de indios, ten- 
gan libros de los bautismos, casamientos y entie- 
rros, y pondrán de todos los indios grandes: es- 
criban en un papel que esté junto al altar la obligación 
de los indios y las de los españoles, y sepan de 
todo lo susodicho les tomarán cuenta nuestros vi- 
sitadores. 

Parte tercera 

Donde se trata de cosas diferentes de reforma- 
ción de costumbres. 

Constitución primera — Que se ponga una cruz 
donde hubiere habido iglesia. 

Tengan los curas particular cuidado que donde 
hubiere habido iglesia, ni se hagan corrales de ga- 
nado, ni se use de aquellos lugares para cosas in- 



— 555 — 

decentes, más antes hagan allanar las paredes que 
hubieren quedado, y poner allí una cruz. 

Segunda — De la observancia de las fiestas. — Las 
ñestas que señaló el Concilio Provincial las guar- 
den los españoles en este nuestro obispado y ios 
señores de las religiones de los conventos donde 
hubiere ios dichos conventos, y guarden los indios 
las fiestas asimismo que de necesidad les señaló el 
Concilio Provincial, y queda á su voluntad el guar- 
dar las fiestas de los españoles, ¿cuya observancia 
ellos no están obligados; y ningún encomendero ó 
poblero ocupe contra su voluntad a ningún indio ni 
india en trabajar los tales días, y mucho menos en 
los días qne los indios deben alguno de obligación, 
y ordenamos y mandamos que el encomendero ó 
encomendera ó poblero que lo contrario hicieren, 
y los ocupare en alguna obra servil, ó los enviare 
á traer miel en tales días, pague por la primera vez 
un peso de pena por cada indio que así ocupare, y 
la segunda lo castigarán con más rigor, y dicha pena 
aplicamos para la iglesia del pueblo de tales indios, 
juez y denunciador. 

Tercera — De lo que deben hacer los pobleros.-- 
Muchos pobleros hay que pudiendo servir á Núes* 
tro Señor, haciendo oficios de ángeles, del todo 
hacen como si fuesen demonios, sirviendo como 
dice San Pablo, de causa para que el nombre de 
Dios sea blasfemado entre las gentes, á los cuales 
fuera mejor los echasen en lo profundo del mar, 
con una piedra de atahona al cuello, que escanda- 
lizan á uno de estos pequeñuelos recién convertí- 



— 556 — 

dos, con muchas crueldades, codicia y desenfrena- 
rniento de carne, aunque saben que viven otros 
con mucho temor de Dios y dan buen ejemplo; pero 
para que en los malos haya ejemplo, ordenamos y 
mandamos, y en nombre de Dios requerimos que 
no se sirvan de indias mozas, ni solteras, ni las 
lleven á las tales de noche á sus casas, ni en otros 
tiempos á solas, y el poblero que se sirviera de in* 
dia moza casada ó soltera, como dicho es, será 
castigado severamente por nuestro Provisor ó Vi- 
sitador; bástele al tal que se sirva de indios ó de 
muchachos, ó de indias viejas. Ítem mandamos 
á los dichos pobleros que no den el guara que di- 
cen, ni reciban hilado, que dicen, en domingos ó 
días de fíesta, so pena de un marco por cada vez 
el que lo contrario hiciere, aplicado por mitad al 
juez y denunciador. 

Cuarta — Que no se tomen los bienes de indios 
rf/'/tt/iíos.— Ningún encomendero ni poblero tome los 
bienes de los indios difuntos porque son de sus 
herederos, ó para hacer bien para sus ánimas, y 
teniendo herederos no los tome el cura por su au- 
toridad con decir que ha dicho misas por su ánima, 
y pague otro tanto de pena por tercias partes, á 
la iglesia, juez y denunciador, restituyendo por los 
bienes que hubiere tomado. 

«Quinta— Que no se sirvan los curas ni sacerdotes 
de personas sospechosas -Los que Dios ha dotado 
ó llamado al estado sacerdotal, no solamente deben 
vivir delante de los ojos de Dios sino también dar 
buen ejemplo delante de los hombres, como dice 



^ 557 — 

el Apóstol, por io cual importa mucho quitar toda 
sospecha y ocasión de juzgar mal á los hombres 
que en estos tiempos miserables malean mucho las 
cosas, y asi ordenamos y mandamos que ningún 
sacerdote se sirva de india moza casada ni vsoltera, 
ni entren á barrer, ni regar las casas, ni traerle 
agua, ni cosas semejantes^ ni tenga cohabitación 
con mujeres sospechosas según lo prohiben los se* 
grados cañones, y el que lo contrario hiciere, ultra 
de las penas por ellos impuestas, pague la primera 
vez veinte pesos, aplicados por tercias partes ut 
supra. 

«Sexta— Z)e/ sustento de los Curas y que no jue- 
guen con los pobleros — Porque es parte del esti- 
pendio de los curas de los indios que sean susten- 
tados por los encomenderos, y no en todos los 
pueblos podrá el sacerdote tener comida para comer 
en su casa, podrá si quiere comer con el poblero 
en la suya, y sino el poblero le envié la comida 
como se suele dar, lo que mandamos á los poble- 
ros comparecer y con el consentimiento del muy 
ilustre gobernador, mandamos á los dichos padres 
no juegen los naipes con los pobleros, aunque sea 
en poca cantidad, porque de ello resultan muchas 
pesadumbres y desestima de sus personas y faltan 
en la obligación de su oficio, y el que lo contrario 
hiciere ultra de las penas por el coneiiio provincial, 
será castigado en pena pecuniaria, y el poblero 
también que con él jugare, aplicada por tercias partes 
ut supra. 

«Séptima— Qae se quiten las borracheras y supers' 



— 658 — 

liciones de los indios^ Que tengan los curas cuida- 
do de inquirir y castigar los indios hechiceros por- 
que son pestilencia que inficionan los pueblos, y 
quitar las danzas y ritos que son supersticiosos, 
que tienen en la muerte de los indios, y así les 
encarecemos que procuren cortar en cuanto pudie- 
ren las borracheras que son ocasión de idolatrías 
y horribles incestos principalmente en el tiempo 
que comen algarroba, en el que suelen matarse y 
herirse m;^s con las borracheras. 

«Octava — Que no vayan muchachos y muchachas 
juntos, á coger A/er^a— Manden los curas de indios 
á sus fiscales que no consientan ir muchachos y 
muchachas mesclados por hierba ni agua, porque 
en siendo grandesillos suelen resolverse en este 
tiempo en amancebamiento que les duran por mu- 
chos años: podrán enviar por la mañana los mu- 
chachos y á la tarde las muchachas, y este cuida- 
do tengan también los pobleros. 

«Novena — Que manifiesten los indios casados — 
Algunas personas hay que por servirse de indios 
los tienen apartados de sus mujeres y á las muje- 
res de sus maridos; por lo cual mandamos so pena 
de excomunión mayor que cualquiera persona que 
tuviere indio ó india de la manera que dicho es, 
en su casa, chacra, pueblo ó estancia, lo manifies- 
ten luego al Teniente de la ciudad ó ante el que 
estuviere en su lugar, para que lo envíe á hacer 
vida con su compañera ausente, á donde el indio 
debe servir, lo cual ordenamos y mandamos á todos 



— 569 — 

los Tenientes y Justicia de esta gobernación con 
esta sola dicha pena. 

«Décima — Acerca de los diesmos — Sabido hemos 
que con mucho detrimento de los bienes eclesiás- 
ticos algunas personas poderosas toman los diez- 
mos, y así no corren las pujas libremente, por lo 
cual ordenamos y mandamos que los Tenientes de 
Gobernador, curas y vicarios de toda esta goberna- 
ción, cada uno en su distrito por sí ni por interprt- 
sita persona, no pueda tomar ni arrendar los diez- 
mos, ni despachos de remaíadores en personas par- 
ticulares puedan tener parte ninguno de ellos en 
las tales personas, so pena de excomunión mayor 
y de pérdida de la parte de los tales diezmos en la 
moneda en que los arrendaren, en la cual pena pe- 
cuniaria los damos desde luego por incursos, y la 
aplicamos á la fábrica de nuestra Catedral, partiendo 
la tercia parte entre el juez y el denunciador. ítem 
mandamos bajo las dichas penas que al tiempo que 
se paguen los diezmos, ni antes ni después no haya 
concierto entre los susodichos, ni otras algunas 
personas de cualquier estado y condición que sean 
para que no suban ni pasen los dichos diezmos, 
antes si mandamos que se traigan libremente en 
pregones, y se rematen sin fraudes ni engaño 
alguno. 

«Undécima— Z>e lo sobredicho— A los encomen- 
deros que no quieren sembrar en su nombre sino 
mandan que siembren los indios en el suyo, y des-^ 
pues toman á los indios lo que han menester gastar 
en su casa, y no pagan diezmos de ello, á los cua- 



— 560 — 

les mandamos so pena de excomunión mayor pa- 
guen diezmo de todo lo que gastan en sus casas y 
familias, aunque como dicho es, la sementera se 
haya hecho en nombre de los indios para que de 
ella no paguen este diezmo, se sigue mucho... ala 
Iglesia en quitarle su diezmo cautelosamente. 

«Duodécima -Qa6 acudan todos á los edictos^ 
Todos los poblaros y encomenderos españoles, mon- 
tañeses, negros y mulatos, acudan los domingos y 
ñestas, á menos distancia de cuatro leguas sino es- 
tuvieren legítimamente impedidos, y los que no lo 
hicieren sean por ello castigados. Otro si les man* 
damos á nuestros curas y vicarios les avisen con 
tiempo, y sino vinieren los castiguen severamente, 
y cuando el Visitador faltare haga el Vicario 6 el 
Cura leer cada un año los concilios provinciales so- 
bredichos y este nuestro diocesano; pero si el visi- 
tador visitare, á él le pertenece el mandar leer los 
sobredichos concilios. 

«Décimatercia — Que vayan los clérigos algunas 
veces á Af a/oca— Aunque el Concilio provincial or- 
denó justicimamente que no fuesen clérigos á nue- 
vas entradas que hicieren los españoles porque 
muchos de ellas se han hecho contra justicia, y 
por otras muchas razones, declaramos en esta cons- 
titución que no por eso se entiende no vayan á 
algunas provincias de indios que hacen grave daño 
á los españoles contra justicia, ó para reducir á al- 
gunos que habiendo dado en obstinarse á la ley y 
á la Majestad católica, se han rebelado en estas 
malocas, serán de mucha importancia los buenos 



— 561 — 

sacerdotes para el remedio y consuelo de muchas 
almas, y para impedir muchas crueldades que al- 
gunos soldados y caudillos hacen, excediendo los 
límites de la justicia humana y piedad cristiana, y 
causando en los indios horror y espanto de los es- 
pañoles, y opinión de que es gente cruel y ñera; 
por lo cual pedimos y entrañablemente rogamos á 
todas las justicias que están en nombre del Rey N. 
Señor, den instrucciones justas y cristianas ó los 
caudillos que nombraren por las cuales se dirijan, 
comunicando primero la causa de la maloca, y las 
instrucciones que den en persona de ciencia y con- 
ciencia, porque de no hacerlo así cometerán graví- 
simos pecados, y todo lo que se hiciere contra jus- 
ticia contra los indios se les imputará delante del 
tribunal de Dios, y quedan obligados á restituirles 
los daños, así como lo mismo que lo hicieron. 

((Dócimacunrta — Que se acresciente el beneficio 
simple de los curatos pobres--PoT cuanto las pobla- 
ciones que de nuevo se funden merecen nuevo pre- 
mio, los curas que trabajan en ellas en ayudas de 
los españoles, por los muchos peligros y |)oca co- 
modidad que tienen para la vida humana, deseamos 
honrar y favorecer á los tales en cuanto pudiére- 
moS) y así les aplicamos de lo que les pertenece lo 
que cupiere en el beneficio simple, y de esto deben 
gozar hasta que otra cosa se altere en otro sioodo, 
08 curas de Salta y Jujui, de las Juntas y de la 
nueva Rioja. 

«Décimaquinta — Dei Colegio Sem/nario-^EI con- 
cilio provincial manda que en cada un obispado 



— 56*2 — 

haya un colegio seminario donde puedan ser cita- 
dos los mancebos en enseñanza de virtud v letras, 
para los que aspiran á la dignidad sacerdotal, co- 
miencen temprano á ser cultivados en el temor 
santo de Dios y en los estudios en que se han de 
emplear, pues según lo que dice el sabio: el man- 
cebo según los caminos de la juventud, cuando 
viejo no sé apartará de ellos. Y porque en particu- 
lar tenemos una cédula del Rey N. Señor en que 
nos manda que con toda brevedad erijamos y fun- 
demos el dicho colegio seminario en la Villa de la 
nueva Madrid de las Juntas, por ser un lugar puesto 
como en centro de todas las ciudades de esta go- 
bernación, y porque tiene buena comodidad para el 
sustento, y juventud que se requiere para estudian- 
tes, desde luego ordenamos y mandamos comience 
á correr todo" lo que le pertenece de tres por ciento, 
según lo que le señaló el dicho Concilio provincial, 
y desde luego aplicamos y damos para el dicho 
seminario, y mandamos lo cobre y haya la persona 
que para ello señaláremos; y porque todo lo que 
pertenece y cabe al dicho seminario es muy poco 
para lo que el dicho colegio ha menester, exhorta- 
mos á todos los que quisieren poner sus hijos en 
el dicho seminario, les provean del sustento nece- 
sario para que puedan sustentarse hasta que haya 
alguna más abundancia en los frutos y rentas de 
esta tierra, pues es beneficio y particular de todos, 
y honra de esta gobernación; y suplicamos á la Ma- 
jestad católica del Rey N. Señor nos mande apli- 
car lo que cabe de los novenos en que se reparte 



— 663 — 

la tercera parte de la gruesa y alguna parte de las 
penas de su cámara; y pedinios también á las Rea- 
les Audiencias destinen también algunas condenas 
de las pecuniarias para el dicho efecto. (1) 

aDécimaxesta — Que asistan los Prebendados á los 
oficios ca/ioAí/c*a/es— Porque como dicen los sagrados 
cañones: el beneficio se da por el oficio, y si esto 
falta no se le debe premio, ordenamos y mandamos 
que los prebendados y beneficiados asistan á cantar 
las horas según lo dispone el concilio provincial, y 
tenga el sacristán de la iglesia cuidado de apuntar 
las faltas que cada uno hiciere para que se le quiten 
las distribuciones cotidianas y se acrezcan á los 
demás que asistieren; pero queremos que la tercia 
parte de lo que quedase se le dé al dicho sacristán 
por el cuidado que debe tener en apuntar las faltas, 
como dicho es. 

((Décimaseplima— Z)e la Cuarta y obligaciones que 
se deben al Obispo — Cosa sabida es en derecho, y 
asf lo aprobó el Concilio provincia!, pertenece al 
Obispo la cuarta de todo lo funeral y porción canó- 
nica, y la cuarta también de todas las ofrendas, la 
cual cuarta están obligados á pagar y dar á su tiem- 
po todos los capitulares, curas y demás clérigos, y 
á su tenor deben las sobredichas cuartas y porción 
canónica, por lo cual mandamos al Colector que 
tenemos nombrado, que en esta Catedral es nuestro 



(1) Bs una novedad el dato histórico, consignado en este canon, acerca 
de la erección del Seminarlo en la ciudad «Villa de Madrid de las Jan>- 
tas» por reunir facilidades j otras condiciones aparentes para el funcio- 
namiento del colegio; de aqni se deduce que Villa de las Juntas no ca- 
recía de importancia como ciudad, aunque el Seminario se fundó des- 
pués en Santiago por otras razones de di versas conveniencias. 



— 564 — 

Provisor cobre desde luego las sobredichas cuartas, 
y en las demás partes de nuestro obispado asimis- 
mo las cobren las personas que para eso tenemos 
señaladas, y declaramos que no queremos, ni es 
nuestra voluntad introducir ni innovar cosa alguna 
contra los privilegios de las Religiones que recta- 
mente se usan y guardan, ni en esto ni en otra cosa 
alguna de las que tenemos establecidas, antes que- 
remos se les guarden enteramente según y cómo 
son concedidas por la Sede Apostólica. 

((Décimaoctava — Qué deben guardar tos médicos 
cuando visitan los enfermos — Renovamos la deter- 
minación del capítulo Si inñrmitas y la del motu 
proprio del Papa Pío V, de buena memoria, que 
dispone: que los médicos y cirujanos luego al prin- 
cipio de la enfermedad hagan que se conñesen los 
enfermos so las penas en ellos contenidas. 

«Décimanona— Qae se reparen las Iglesias — Or- 
denamos y mandamos que todos los Vicarios y 
Curas hagan reparar las iglesias, y para ello se 
aplique lo que se cobrare de la fábrica después de 
haberse acudido al reparo de los ornamentos y á 
lo que han menester para cera y vino, y manden 
con brevedad poner puertas en todas las iglesias 
que no las tuvieren, así de españoles cómo de 
indios. 

«Vigésima — Que los edictos y censuras se den por 
un estilo — Ordenamos y mandamos que todos los 
Vicarios v Guras lleven un frasíado de los edictos 
que se han de leer y según la forúia que les diere 
nuestro Secretario por orden de esta santa sínodo, 



— 665 — 

y para leer las censuras se guarde la forma que 
diere el sobredicho Secretario por el dicho orden. 

«Vigósimaprima — Que la cera de los entierros y 
honras se den á sus dueños — Aunque se ha tenido 
la costumbre que toda la cera así de hachas como 
de candelas que se lleva á los entierros y honras 
se quedase en Ja iglesia donde se hacían y se re- 
partían entre los que hacían el oñcio, ordenamos y 
mandamos que de aquí adelante se queden sola- 
mente todas las candelas, pero las hachas que so- 
braren se las lleven á sus dueños que las pusieren, 
y porque hay mucha profanidad y exceso en el 
modo de hacer las exequias y honras de los di- 
chos, ordenamos y mandamos á todos los vecinos 
y moradores de esta gobernación que en semejan- 
tes casos tengan más atención al bien de las almas 
de los dichos que al cumplir con el humo de la 
honra mundana. 

«Vigésimasegunda— Z)^ la limosna de misas de 
Cofradía — Guárdese la costumbre que se ha tenido 
en la limosna que se da por la misa cantada al 
Santísimo Sacramento y por las demás misas de 
cofradías de la limosna de tres pesos corrientes, y 
por lo demás que se juntare de limosna se quede 
para la dicha cofradía; la misma limosna de los 
tres pesos se dé por la misa cantada de N. Señora; 
pero queremos que por la misa cantada y todo el 
ofício de las vísperas que se hacen en las Hermi- 
tas se pa^ue de aquí adelante la limosna como 
se solía pagar; asimismo mandamos que por las 
procesiones generales que hacen los pueblos por 



— 566 — 

alguna necesidad de guerra ó enfermedad, ó male^ 
temporales, ó cosas semejantes, no se lleve limosna 
alguna, sino es que antes los Vicarios y Curas las 
hagan luego que los pueblos las pidieren, pues no 
es razón que entre ramo de intereses donde la ne- 
cesidad pide, haga ese oñcio con toda caridad y 
devoción cristiana. 

«Vigésima tercera — Que eviten los libros vanos — 
Una de las cosas más dañosas ó la república cris- 
tiana es la elección de los libros torpes y de caba- 
llerías, lo que no sirve de algún buen afecto sino 
de revivir las imaginaciones de torpes y lacivos 
deseos y de vanas y mentirosas fábulas, y princi- 
palmente se imprimen estas vanidades en gente 
moza con gran detrimento de sus almas, las cuales 
se corrompen con los dichos libros y se encienden 
en fuegos, y por ellos comienzan á aprender é in- 
tentar lo que no sabían ni habían oído por otras 
vías; por lo cual mandamos á todas las personas, 
hombres y mujeres de todo nuestro obispado de 
cualquier estado y condición que sean, que, so pena 
de excomunión mayor, dentro de cuatro días de la 
publicación de esta constitución sinodal, nos traigan 
ó envíen á las casas de nuestra morada todos los 
libros que se intitulan Dianas, de cualquier autor 
que sean, y el libro que se intitula de Alestina, y 
los libros de caballerías, y las poesías torpes y des- 
honestas; y lo mismo mandamos se lleven á nues- 
tros Vicarios y Guras, ó cunlquiera de ellos en los 
dichos oficios, dentro de dicho tiempo de la publi- 
cación en cada parte de esta gobernación, para que 



- 567 — 

los dichos libros sean quemados, porqué cierto es 
de cosa indigna que habiendo tantos libros histo- 
riales y provechosos en nuestro tiempo, se permi- 
tan y lean los vanos y deshonestos, que aunque 
para alguna persona no serán tan dañosos, son 
muy perjudiciales para todo el común de la gente. 
Asimismo mandamos á todos los mercaderes que 
hubieren empleado en los dichos libros, no los ven- 
dan en este nuestro obispado, so pena que pagarán 
lo que por ellos les dieren, y otro tanto aplicado 
por tercias partes. 

cíVigésimacuarta — Que se quiten los bailes y can- 
tares tor/)gs— Ordenamos y mandamos so pena de 
excomunión mayor que ninguna persona baile, dan- 
ce, taña ni cante bailes ni cantos lacivos, torpes, 
ni deshonestos, que contengan cosas lacivas, y los 
introdujo el demonio en el mundo para hacer irre- 
mediables daños con torpes palabras y con me- 
neos. 

cVigésimaquinta — Qae no se traten las leyes del 
duelo — En algunos hombres vive todavía la memo- 
ria del detestable duelo fabricado por el demonio 
para perdición de las almas, como dice el Santo 
Concilio de Trenlo, y lo que más es de dolor las 
tienen escritas, y los obligan á que se rijan por 
fueros tan malos y tan contrarios á la ley evangé- 
lica, precisándose más de vengarse y regirse como 
gentiles, que perdonando las injurias y vivir como 
cristianos; por lo cual mandamos so pena de exco- 
muni<»n mayor á los que, cualquiera persona que 
tuviere las dichas leyes ó algunas de ellas^ aunque 



- 568 — 

sean escritas de mano^ las quemen ó hagan peda- 
zos, 7 les eneargamos y amonestamos á todos que 
por temor de Dios N. Señor las borren de su me* 
moria y no traten de ellos, ni imiten á otros que 
se descargan ó satisfagan conforme á ellas, antes 
perdonen á todos para que en el juicio de Dios 
sean perdonados. 

Aunque por el Santo Concilio de Trento está 
instituido y determinado que todos los años haga 
cada uno de los obis|)os en su obispado, sínodo 
diocesano; pero porque las diócesis de las indias 
son más torpes y diñcultosas de visitar que las de 
Europa, y hay declaracipn de nuevo que los sínodos 
diocesanos se hagan en estas provincias de dos en 
dos años, y principalmente es menester esta dila- 
ción en este nuestro obispado de Tucumán por ser 
como queda dicho arriba de mucha distancia y lar- 
gos caminos, por lo cual usando de nuestra auto- 
ridad episcopal, mandamos en virtud de santa obe- 
diencia y so pena de excomunión mayor á todas 
las personas que tuvieren obligación de venir á la 
dicha celebración, vengan para el día de N. Señora 
de la Asunción del año que vendrá de noventa y 
nueve (1), á quienes para el dicho efecto los cita- 
mos en forma, y mandamos, como dicho es, se 
hallen presentes en esta nuestra Catedral, y para 
que venga á noticia de todos, mandamos leer esta 
nuestra convocatoria, que es fecha en Santiago del 
Estero en 29 de Septiembre de noventa y siete 



U) No obstante lo dlspaesto, el segando sínodo volvió á reunirse 
recién en 14K)6, 



— 569 — 

años. — El Obispo. — Por mandado de S. S. iltma , 
el Licenciado Antonio Rosillo. 

«En 29 días del mes de Septiembre de este so- 
bredicho año de 97, el P. Miguel de Milla, Cura y 
Vicarios de los indios de Córdoba, acabó de leer 
esta sinodo y su itima. habiendo hecho una breve 
plática, echó su bendicipn episcopal á todos los pre- 
sentes y los envió en paz y exhortó á los vecinos, 
moradores, estantes y habitantes de esta ciudad de 
Santiago del Estero, que todos acudiesen á esta 
Catedral este sábado próximo siguiente, que se con- 
tará 4 de Octubre, que es la fíesta del Bienaventu- 
rado Padre San Francisco, para que desde ella 
vaya la |)rocesión de acción de gracias á la dicha 
iglesia de San Francisco por el buen suceso de 
esta santa sínodo, la cual duró desde la víspera de 
la Natividad de N. Señora hasta el día de hoy, en 
abertura, de San Miguel Arcángel, y durante este 
dicho tiempo predicaron la víspera de N. Señora el 
P. Juan Romero, Procurador de los Padres de la 
Compañía de Jesús, de esta gobernación; el día de 
la Natividad de N. Señora, ocho del dicho mes, su 
¡lima.; el día siguiente nueve, el P. Fr. Tomás de 
Letandi del Orden de Santo Domingo, que pasó de 
camino; el domingo siguiente, el P. Presentado Fr. 
Diego Ruiz del Orden de N. Señora de la Merced; 
el domingo, luego, siguiente, que fué la fíesta de 
San Mateo, predicó el P. Fr. Matías Navarro, cus- 
todio de esta Provincia del dicho Seráfico P. San 
Francisco; el domingo siguiente que se contaron 
veintiocho de dicho mes, predicó el P. Francisco 



-- 570 — 

Yiana de la Compañía de Jesús, en el cual día se 
leyeron la primera y segunda parte de esta santa 
sínodo, y el día siguiente que fué la ñesta de San 
Miguel Arcángel, predicó el P. Maestro Fr. Pedro 
Guerra, Comendador de N. S. de la Merced de esta 
ciudad, y luego su iltma. hizo la plática que de 
suso se hace mención, y en este día se acabaron 
de leer las constituciones sinodales de esta dicha 
sínodo, su Señoría los disolvió y dio su bendición, 
como dicho es, y se hizo la convocatoria para el 
sínodo siguiente, que será para la ñesta de N. Se- 
ñora de la Asunción del año de 1599, y yo el Li- 
cenciado Antonio Rosillo, Secretario de su S. iltma. 
y de esta santa sínodo que presente fué á todo lo 
que dicho es, doy fe y verdadero testimonio de todo 
lo contenido en dicha santa sínodo, y lo hize es- 
cribir según de la dicha manera que de suso se 
hace mención, y lo firmé fecha ut supra. — El Li- 
cenciado Antonio Rosillo». 

Los procuradores de las ciudades presentaron al- 
gunas reclamaciones á las constituciones 8 y 9 de 
la primera parte y 13 de la segunda. El de Salta 
abogó por los indios putares, obligados é pagar un 
peso anual de doctrina, y los demás sobre el número 
de fiscales determinados. Esto dio lugar á las si- 
guientes declaraciones que se incorporaron á las or- 
denanzas del sínodo. 

«Nos D. Fr. Fernando de Trejo y Sanabria, obispo 
de este obispado del Tucumán, del Consejo de su 
M. etc.— Por cuanto habiéndose apelado por los 
procuradores de las ciudades de este obispado de 



— 571 — 

algunas cosas ordenadas en la santa sínodo que se 
celebró en esta ciudad este presente año, como fué 
de mandarse que los indios putares pagasen un peso 
de doctrina y de que el sacerdote eligiese doctri- 
nante en los pueblos de cien indios abajo, un ñscal, 
y de cien arriba, dos, y de que si los encomende- 
ros trasquilasen las indias casadas, se entregasen 
ellas y sus maridos por tiempo de seis meses al 
hospital, y de que se pagase á los sacerdotes el es- 
tipendio sin liquidación, añadiendo vivos y quitando 
muertos, y de que en las constituciones que se pu- 
sieron penas pecuniarias se les hacía agravio por 
decir les compelían á tener dos juzgados, temporal 
y espiritual, según más largamente en las dichas 
apelaciones se inserta, lo cual por Nos visto y con- 
sultado con los consultores que para que se halla- 
sen presente en la dicha sínodo nombramos, parti- 
cularmente nos fué pedido por el muy ilustre señor 
D. Pedro de Mercado y Peñaloza, que para quitar 
pleitos y evitar gastos y costos y otras diferencias 
que de ello suelen resultar, Nos hubiésemos piado- 
samente en alguna de las cosas que de suso se 
hará mención, acudiendo en ellas á la voluntad de 
los procuradores, supuesta la cual y que los pre- 
lados y pastores tenemos obligación aunque sea á 
costa de nuestras personas y vidas, suavemente 
apacentar nuestras ovejas de tal manera que, en 
cambio de ganarlas y conseguir el fin principal que 
se pretende, aunque se pierda de nuestro derecho, 
acudamos al verdadero remedio de la paz y quie- 
tud de las almas cristianas, con acuerdo de los 



— 572 — 

dichos consultores nos ha parecido que en algo de 
las cosas en que los dichos procuradores han re- 
parado se hagan declaraciones nuevas en la forma 
y manera siguiente: 

í^. Es declaración que lo ordenado en la consti- 
tución 8 de la primera parte del dicho sínodo que 
dice: que en los pueblos de cien indios abajo haya 
un físcal, y de allí arriba haya dos; condescendien- 
do con la voluntad de los procuradores, ordenamos 
y mandamos que en cada pueblo de cualquier can- 
tidad de indios que sean, solo haya un ñscal y que 
éste se nombre por el encomendero y doctrinante» 
y en todo lo demás contenido en la dicha cons- 
titución 8 no innovamos cosa alguna, sino quere- 
mos que se guarde y cumpla como en ellas se 
contiene, fuera de lo que es esta declaración. 

2^. También es declaración que lo dispuesto y orde- 
nado en la constitución 9 de la primera parte de dicho 
sínodo, que es la siguiente: en que se señala al sa- 
cerdote doctrinante por cada un indio un peso, con 
parecer y consentimiento que hubo del muy ilustre 
Señor Gobernador, en esto mismo condescendiendo 
con la voluntad de dichos procuradores, ordenamos 
y mandamos que los encomenderos de los indios 
pu lares y de otros que son de poco provecho, solo 
sean obligados á acudir á los sacerdotes doctrinan- 
tes con medio peso de estipendio en la razón de la 
doctrina que hicieren á los dichos indios. 

3^ ítem es declaración que lo dispuesto y orde- 
nado en la constitución 13 de la segunda parte del 
dicho sínodo que no se trasquilen las indias casa- 



— 573 — 

das por los encomenderos con pena de que por seis 
meses se entregarán al hospital para que sirvan en 
él juntamente con sus maridos^ accediendo en esto 
también á la voluntad de los dichos procuradores, 
con parecer del muy ilustre Gobernador, ordenamos 
y mandamos que de aquí en adelante el encomen- 
dero ó encomendera que trasquilase á las indias 
casadas, sea penado por la primera vez en veinte 
pesos, y por la segunda en cincuenta, los cuales se 
aplican desde luego al hospital, que serán entrega- 
dos por seis meses como dicho es al dicho hospi- 
tal. Las cuales dichas declaraciones fueron consul- 
tadas con los dichos consultores, y admitidas y 
consentidas por los dichos procuradores con todo 
lo demás asentado en la dicha sínodo, y para que 
venga á noticias de todos, y de cómo se accedió 
y condescendió con la voluntad de los dichos pro- 
curadores, mandamos que se le lean y publiquen en 
la nuestra Catedral hoy dia de la fecha, y que asi 
leídas y publicadas el Secretario de la dicha sínodo 
las ponga y junte con las demás, y todo ello junto 
con autoridad lo entregue á las personas á quienes 
tenemos mandado lo tengan en su poder so las 
penas que en ello tenemos puestas. 

Que es fecho en la ciudad de Santiago del Estero 
en 19 de Octubre de 1597— El Obispo. 

«El sobredicho Secretario que presente fué á todo 
lo que dicho es, lo hito escribir este traslado, y va 
ciefto y verdadero conforme al original, y de man- 
(tamieñto de dicho Señor iltmo. lo entregué al Pro- 
visor Jitan de Robles Cornejo, y lo firmé de mi 



— 574 — 

nombre y rubricado con mi rúbrica. Que es fecho 
en Santiago del [estero en 22 días del mes de Oc- 
tubre de 1597 aflos. — En testimonio de verdad: El 
Licenciado Antonio Rosillo, Secretario. — Yo Juan 
Luis Serrano, Escribano Público del Juzgado Ecle- 
siástico de esta ciudad de Santiago del Estero y 
Obispado del Tucuman, hice sacar este traslado de 
su original que está en el archivo eclesiástico, con 
el cual corregí y concuerda, y á pedimento del P. 
Pedro Martínez de la Compañía de Jesús y de 
mandamiento del Señor Licenciado D. Pedro Car- 
minatis Jover, Chantre de esta Santa iglesia Cate- 
dral, que aquí firma, interpuso su autoridad y ju- 
dicial decreto, di el presente en la ciudad de Santiago 
del Estero en 30 días del mes de Octubre de 1635 
años. — D. Pedro Carminatis Jover.— En testimonio 
de verdad.— Juan Serrano, Notario Público», 



SÍNODO DE 1606 



II 



((Nos D. Fr. Fernando de Trejo y Sanabria, por 
la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica de 
Roma, Obispo del Tucumán, del Consejo de su 
M. etc. 

((Por cuanto á nuestro pastoral oficio pertenece 
componer y consertar, establecer y ordenar las co- 
sas pertenecientes al culto divino, y sabiendo que 
estas cosas más cómodamente se asentarán cele- 



— 575 — 

brando sínodo diocesano en el cual comunicando 
con nuestros venerables hermanos Dean y Cabildo 
de esta Santa Iglesia, para que confiriendo y deli- 
berando en aquellas cosas que más al servicio de 
Dios y de esta Santa Iglesia y de las demás de 
nuestro obispado conviniere, se trate lo que se ha- 
ya de hacer. —Por tanto: citamos, llamamos y em- 
plazamos á nuestros venerables hermanos el Dean 
y Cabildo, conviene á saber: D. Tomás de Salinas, 
Dean; D Miguel de Milla, Arcedian; D. Pedro Par- 
ían, Chantre; D. Pedro de Aguilar, Maestre Escuela, 
y D. Francisco Salcedo, Tesorero; el canónigo Pedro 
Guerrero, cura de los españoles; á Antonio de Saa, 
capellán, y á Bartolomé de Godoy, cura de las pie- 
zas; y porque es necesario asentar algunas cosas 
necesarias y pertenecientes á la doctrina así de los 
religiosos como de los clérigos, conforme á lo que 
el Rey Nuestro Señor por sus reales cédulas últi- 
mamente ordena, y á lo dispuesto por el Santo 
Concilio límense, confirmado por su Santidad, cita- 
mos asimismo al P. M. Fr. Pedro Guerra, Provin- 
cial de esta Provincia del Tucuman, del Orden de 
N. S. de los Remedios; al P. Fr. Lázaro Díaz, cus- 
todio de esta custodia del Tucuman, del Orden de 
dicho P. San Francisco; al P Juan Romero, Rector 
de las casas de la Compañia de Jesús de estas pro- 
vincias, para todos los dichos nombrados en esta 
convocatoria se hallen presentes al sínodo que que- 
remos celebrar en esta ciudad de Santiago del Es- 
tero el lunes después del segundo domingo de pas- 
cua de Quasi modo, primero venidero, y lo contarán 



— 676 — 

veinticuatro de este presente mes de Abril, para 
que todos juntos, juntándose en las salas de nues- 
tras casas, y morada que les señalamos por Tribu- 
nal y lugar de nuestros Estados, para celebrar el 
dicho sínodo, el dicho día lunes veinticuatro hasta 
el sábado veintinueve de dicho mes. Todos estos 
días por la mañana dos horas, desde las nueve 
hasta las once, y á la tarde otras dos horas desde 
las tres hasta las cinco á una señal de campana que 
se hará á las dichas horas, se junten en las casas 
de nuestro morada que como dicho es le señalamos 
como lugar donde el dicho sínodo se celebre, y por- 
que al Patronato Real queremos en todo se cumpla, 
es necesario se halle presente el Gobernador Justi- 
cia Mayor de esta ciudad, citamos y llamamos al 
M. L Sr. Alonso de Ribera Gobernador y Capitán 
General de esta provincia por el Rey Nuestro Señor, 
y en su ausencia á D. Francisco de Lugones Oso- 
rio su lugar Teniente, y declaramos que los pre- 
sentes suplan por los ausentes, de manera que sea 
ñrme y estable lo que en el dicho sínodo celebrare- 
mos y no puedan alegar de nulidad en ningún tiem- 
po, y si alguno de los Prelados de las dichas Reli- 
giones no está presente para poderse hallar en ei 
dicho sínodo, damos licencias y facultad para que 
el convento de su Orden que residiere en esta ciu- 
dad, nombre persona que representando la del dicho 
Superior ausente, se halle presente en este dicho 
sínodo, y mandamos que esta nuestra convocatoria 
se lea en la Iglesia Catedral á horas de Misa Ma- 
yor, el tercer domingo después de Paseua y se fije 



- 577 — 

en la puerta de dicha Iglesia para que venga á no- 
ticia de todos. Dada en Santiago del Estero, pro- 
vincia del Tucuman, en quince días del dicho mes 
de Abril de mil y seiscientos y seis años. — El Obispo 
de Tucuman— por mandato de Su Sría. iltma.— 
Tomás Pereyra, Secretario. 

«La cual convocatoria está sellada con un sello 
sobre cera blanca, y yo el presente Secretario y 
Notario doy fé leí en la dicha Iglesia el día y hora 
en que ella se hace mención y á los veintitrés de 
este dicho mes, Domingo, S. S. iltma. con los di- 
chos capitulares y beneficiados de esta santa iglesia 
se juntaron en ella y en presencia de mucha parte 
del pueblo, después de haber dicho la Misa mayor 
y haber hecho otras ceremonias que manda se ha- 
gan al principio del sínodo, predicó el P. Juan de 
Viana de la Compañía de Jesús, y el dicho Señor 
Rmo. hizo una plática en latín y la profesión de fé, 
y en el libro Misal al fín de ella, la juró y los di- 
chos capitulures y beneficiados lo hicieron de la 
misma manera, y la confirmaron y juraron en un 
libro Misal, en manos de S. S. Rma.; que dijo á 
todos si tuviesen algo que pedir contra algún clé- 
rigo lo dijasen en el presente sínodo, sin tener miedo, 
que se les haría justicia, y luego el día siguiente, 
veinticuatro de dicho mes, se juntaron los dichos 
capitulares y el capitán D. Francisco de Lugones 
en la sala de S. S. Rma., lugar señalado para el 
fin dicho, y estando juntos, como dicho es, se leyó 
y vio la erección de esta santa iglesia Catedral, y el 
tercer día siguiente que fué día de San Marcos, el 



— 578 — 

dicho Señor Rmo. con los dichos Capitulares y Jus- 
ticia Mayor fueron en procesión al Convento del 
Señor San Francisco, donde habiéndose hecho las 
ceremonias que el Pontiñcial manda se hagan el 
segundo día del sínodo, predicó S. S. Rma. sobre 
los dichos tres puntos, y porque por las ocupacio- 
nes que se ofrecieron urgentes en el tiempo, no se 
pudo acabar ni fenecer el dicho sínodo en el tiem- 
po que por la convocatoria está determinado, S- S. 
Rma. dijo que prorrogaba el término para tratar y 
conferir en el dicho sínodo las cosas que convienen 
fenecerlas del todo por el tiempo que fuere necesa- 
rio y ó su Señoría le pareciere, y en esta confor- 
midad, se determinó lo siguiente: 



Capítulo Primero 

Que se toquen las campanas para los oficios divi- 
noSy y el Orden que se ha de tener — «Para que los 
oficios divinos y horas canónicas se digan con con- 
cierto hay horas señaladas, y porque en esta ciudad 
no hay reloj concertado para saber á las horas que 
los prebendados han de acudir á los oñcios divinos, 
se manda que por la mañana se llame á prima con 
una campana un poco despacio, cosa de media hora, 
y con otra más á prisa cosa de un cuarto de hora, 
para que con esta señal se junten los prebendados 
á la iglesia, y se digan los oñcios con concierto, y 
lo mismo será para llamar á vísperas. 



— 579 - 

«Capítulo 2^ — Que los Prebendados asistan á los 
oficios divinos 

«Por cuanto las rentas que tienen los prebenda- 
dos de las iglesias Catedrales de las indias, son 
distribuciones cotidianas, y particularmente en las 
de esta santa iglesia, y estas no las pueden llevar 
en buena conciencia no asistiendo á las horas ca- 
nónicas, se ordena y manda que los prebendados 
asistan á las dichas horas en el coro, y porque las 
campanas de esta santa iglesia son pequeñas, y no 
se oyen en toda esta ciudad, se permite por ahora 
hasta que haya reloj que los prebendados que asis- 
tieren á cualquiera de las dichas de por la mañana, 
gane las distribuciones de por la mañana por entero, 
y lo mismo á lus horas de vísperas, y el que no 
asistiere ó ellas las pierda; y el semanero diga mai- 
tines sobre tarde y no por la mañana. 
«Capítulo 3*.— Qae los Prebendados asistan á la 

iglesia en las fiestas, so las penas que han de tener 

las faltas qoe hicieren. 

«Y porque para el buen ejemplo de los fieles y 
autoridad de esta santa iglesia conviene que los 
prebendados no falten de ella los días de fiesta, se 
determina y manda que cualquier prebendado que 
faltare del Coro á las horas canónicas y divinos ofi- 
cios, fiestas de primera clase, Domingo de Ramos 
y cualquier día de la Semana Santa, pierda, demás 
de las distribuciones, un peso, y este y las dichas 
distribuciones se repartan entre los presentes. 
Capítulo 4o — Que haya Apuntador para que apunte 

las faltas que los Prebendados hicieren. 



— 580 - 

c(Y para que los prebendados que asistieren á las 
dichas horas tengan el preipio que por su asisten- 
cia ganan, y los que faltaren de ello pierdan lo que 
pudieran ganar, se determina que haya apuntador 
(jue con el semanero al fín de las horas de por la 
mañana y tarde en un libro que para esto haya, 
señale los ausentes, porque esta santa iglesia no 
tiene renta suficiente para pagar ai multador, se 
dispone ahora que uno de ios sacristanes lo sea, 
al cual se le dé de la tercera parte de las faltas 
que hubiere y apuntare 

S*' Del hábito con que han de entrar al Coro los 
Capitulares. 

« Costumbre es de los santos concilios que los 
prebendados entren al coro á los oficios divinos con 
sobrepellices, y en adviento y cuaresma con capas 
de coro, lo que se debe guardar inviolablemente 
para que en todo con mayor decencia y solemnidad 
>e celebren; y por el excesivo calor que en los di- 
chos tiempos en esta tierra hace, se permite por 
ahora que las dichas capas de coro las traigan so- 
lamente los Domingos, días de sermón y demás 
que se anotaren en los divinos oficios. 

6° Que los curas beneficiados y demás ministros 
y clérigos de la iglesia entren en el coro con so- 
brepellijs y hábito decente, 

«Porque es justo que los curas beneficiados y 
demás clérigos y ministros de la iglesia acudan á 
ella los Domingos y demás días de fiestas y víspe- 
ras de ellas, y esto con hábito decente, se ordena 
y manda que entren en el coro con sobrepelliz, y 



^ 581 — 

se encarga al Dean ó al que presidiere el hacerlo 
cumplir, y al Provisor, que anden en hábito decen- 
.te, de manera que en todo se guarde el capítulo 25 
del Consilio limense» que así lo manda, y se prohi- 
be con mucho rigor el traer los clérigos seda. 

7° Que haya en esta santa iglesia los oficiales 
forzosos que por su et^ección están señalados, 

«Para que en esta santa iglesia se sirviese con 
más autoridad y se acudiese á todos sus ministe- 
rios con la decencia y cuidado que conviene, or- 
denó su erección que hubiese organista para que 
en las fiestas se celebrasen los divinos oñcios con 
más solemnidad, á quien señala de salario en todo 
un año cien pesos ensayados de á cuatrocientos y 
ochenta y cinco maravedis cada uno, y para que el 
Cabildo sea servido con más decencia, haya sacris* 
tan de Cabildo, á quien asimismo señala otros cien 
pesos de salario, y al Mayordomo de la iglesia otros 
cien pesos, y al Pertiguero otros cien pesos, y al 
Secretario del Cabildo cincuenta pesos de la dicha 
plata; al portero cuarenta pesos en cada un año, 
los cuales dichos salarios se han de sacar de la 
tercia parte de los diezmos á los dichos prebenda- 
dos, y por ser estos oficios necesarios que no puede 
esta santa iglesia ni dicho Cabildo estar sin ellos, 
nnanda esta santa sínodo se cumpla y guarde la 
dicha erección de manera que todos los ministros 
aquí señalados no falten del servicio de ella, y á 
quien com()ete el nombrarlos, los nombre luego; 
porque de no hacerlo así los nombrará S. S. Iltma. 



— 582 - 

8^ De las misas que están obligados á decir los 
Prebendados, 

«El capítulo I"" folio 20 de la Constitución 1^ del. 
Concilio II límense dispone las misas que están 
obligados á decir los prebendados de las iglesias 
Catedrales y la erección de esta santa iglesia 
lo mismo, y porque las rentas de éstos son tenues 
y los prebendados pocos y cargados de muchas 
obligaciones, se determina por ahora: el prebendado 
que hiciere semana esté obligado á decir todos los 
días de ésta, misa propia de ñesta, feria ó tiempo 
en que fuere, por el pueblo; y si en la dicha se- 
mana dijere misa de obligación por sus Majesta- 
des ó ánimas del purgatorio, que en todo un af\o 
son treinta y seis, cumpla con la misa que dijere 
por sus Majestades ó ánimas* con la de la se- 
mana. 

9® Que los Prebendados tengan dos meses en cada 
un año de recle. 

«Por cuanto el continuo trabajo de la asistencia 
a los divinos oñcios de esta santa iglesia Catedral 
está repartido entre pocos prebendados, y confor- 
mándose esta santa sínodo con los santos concilios 
y su erección, se determina que los prebendados 
de ella tengan para su recreación dos meses en 
cada un año, interpolados ó corridos, en los cuat- 
íes ganen las distribuciones cotidianas como si es- 
tuviesen presentes; que los dichos dos meses no 
los cuenten por horas, ni á un mismo tiempo haga 
ausencia mayor del Cabildo, y el particular que es-* 
tuviere enfermo, para que gane las distribuciones 



— 5d3 — 

cotidianas» envfe á avisar al Dean ó al que presi- 
diere en el coro para que le cuenten por tal, y en 
teniendo salud, la primera visita que hiciere ha de 
ser á la iglesia, so pena que el tiempo que estuvo 
enfermo no gane las tales distribuciones. 

10. Como se ha de dar paz á los seglares. 
«Por cuanto el Concilio limense en el capitulo 

11 de la sección 4^ manda que en ninguna manera 
se permita dar la paz á los seglares con patena 
consagrada, ni á ninguna mujer de cualquiera ca* 
lidad que sea, con ministro de orden sacro, y sien- 
do conñrmado por su Santidad y recibido ya por 
sacro cañón no se podrá dejar de incurrir en pe- 
cado mortal lo primero haciendo, y conformándose 
esta santa sínodo con el dicho capítulo, manda que 
de aquí adelante dé la paz al Gobernador el subdía- 
cono que está revestido en el altar con la patena 
que para esto está dedicada, sin consagrar, y á la 
Señora Gobernadora un acólito con sobrepelliz y 
porta-paz. j 

11. Que el ciernes de cada semana se haga Ca- 
bildo. 

a Porque las cosas que tocaren al buen gobierno 
de esta santa iglesia y administración de dichas 
rentas eclesiásticas, se traten en lugar inalado con 
el secreto y autoridad que conviene, ordena su erec- 
ción que todos los días en la semana los prebendados 
de ella se junten en Cabildo, y por la incomodidad 
que para hacerlos hay ahora por la pobreza de 
tierra, dispensa esta santa sínodo en un día, y man- 
da que el Viernes de cada semana por la mañana, 



— 684 — 

acabada la misa mayor« se haga Cabildo en el coro^ 
en la parle que el Cabildo señalare; en el que se 
traten de negocios; que no estando enfermo ó le- 
gítimamente impedido (de lo cual conste á todo el 
Cabildo), sea multado en un peso; las cuales partes 
se repartan entre los asistentes por el orden que 
las multas en el oficio divino; y se nombre secre- 
tario que dé fe de las cosas que en dicho Cabildo 
se trataren, y haya libro donde se asiente lo que se 
determinare, v no viniendo el Dean sea el dicho 
Cabildo por el prebendado que le sucediere en la 
presidencia de él. 

12. Que las casas excusadas de este obispado sean 
como son de la fábrica de esta iglesia^ y por de 
ella se cobren. 

c( Conforme á la erección de esta santa iglesia 
las casas excusadas de este obispado son las de la 
fábrica de ella, y así lo declara y manda esta santa 
sínodo; y por la pobreza de la ciudad de la Rioja* 
ciudad de Salta y Villa de Madrid de Ips Juntas, se 
permite por' ahora que la mitad de lo que montare 
la casa excusada de las dichas ciudades y villa, sea 
primera su iglesia, y con la otra mitad se acuda al 
mayordomo de esta santa iglesia mayor, y asimis- 
mo se permite que la renta de la casa excusada de 
la ciudad de Jujut la lleve y sea primera la fábrica 
de su iglesia hasta tanto tenga otras rentas con que 
sustentarse, y la ciudad de San Miguel del Tucu- 
mán y la ciudad de Esteco y la de Córdoba acudan 
la renta de toda la casa excusada al mayordomo. 



— 685 ^ 

13 De la oración de la misa que se canta por 
el puebloy como ha de ser. 

«Costumbre tiene esta santa iglesia, como todas 
]as demás Catedrales y Colegiatas rogar á Dios por 
sus Reyes y Príncipes, en los sacrificios y oficios 
divinos, y así se ordena y manda que la oración 
que se dice en la misa por el Pontífice, sus Ma- 
jestades, vsea esta: 

«Fámulos tuos summum Póntificem A^. Antisti- 
tem nostrum N. Regem noslrum Philippum. Regi- 
nam. Principem cum prole regia, Gubernatorem et 
civitatem istam ab omni adversitate custodi: pacem 
et salutem nostris concede teniporibus, et ab Eccle- 
sía tua cunctos repelle nequitiam, et gentes indorum 
gratia lun illuminentur et in fide catholica confir- 
mentur et gentes paganis et haereticis dextera tua 
potentia conterantur, et fructus terrae daré et con- 
servare digneris. Per Dominum ótc, y se envíe 
un tanto de ella á todas las ciudades y Villas de 
este obispado^ y curas de indios y Religiones de este 
obispado, para que se use dei ella y no de otra. 

14. Que los curas de este Obispado tengan libro 
donde asienten las personas que en las iglesias se 
entierran, 

«Porque las íábrieas de las iglesias de este obis- 
pado son muy pobres y la limosna que se da por 
las sepulturas es suya, y es bien que se entienda 
y sepa quien se muere y entierra en ellas; se orde- 
na y manda que: todos los curas de este obispado 
tengan libro donde asienten los que mueren y se 
entierran en sus iglesias, poniendo con claridad la 



— 686 — 

limosna que dan por las sepulturas^ y de donde son 
naturales, para que esta limosna se aplique por la 
fábrica de la iglesia donde se entierren y se sepa 
los que han muerto y enterrado en cualquiera igie- 
siSy y la limosna que han recibido Los Curas de 
indios tengan también libro en que asienten todos 
los que mueren en sus doctrinas, así casados como 
solteros, lo cual hagan los dichos curas, pena de 
excomunión mayor ipso fado incurrenda, y serán 
castigados por el obispo. 

15. — Que se estorbe la mala costumbre que hay 
para que á los niños sin grave causa y necesidad^ 
no se les eche agua de Bautismo en ca^a de sus 
padres, sino que los traigan á la Iglesia. 
«Para estorbar al abuso grande y poca reveren- 
cia que se tiene al sacramento del Bautismo, siendo 
la puerta de nuestra salvación, y que se debe hacer 
con la solemnidad que la Santa Iglesia Católica Ro- 
mana tiene ordenada, ordena y manda esta santa 
sínodo: que ninguna persona de cualquiera condi- 
ción, aunque sea cura y vicario, bautise fuera de 
la Iglesia, en casa particular y oratorio, ningún niño 
• sin grave necesidad, sino que lo traigan á la Igle* 
sia, donde se le eche agua de bautismo, donde asien- 
tan á los que bautizan, poniendo los nombres de 
los bautizados, padres y padrinos, y de donde son 
naturales, con pena de excomunión mayor ipsofacto 
incurrenday y de cincuenta pesos al que lo contra- 
rio hiciere, además que será castigado por el Ordi- 
nario. 



— 587 — 

16. — Que las ceras de los funerales se repartan entre 
el Cura y el que lo mandare hacer 

«Habiendo sido costumbre muy antigua de esta 
tierra, desde que se pobló, que toda la cera que se 
ponía en los entierros, cabos de año y por misas 
que se hacen por los difuntos, aun de hachas como 
de candelas, se quedase para la Iglesia, pareciendo 
en el sinodo pasado que se hizo en esta ciudad, ser 
grave esta carga para los que mandaban hacer las 
tales exequias, se ordenó y permitió: que partiesen 
la cera de manera que las hachas llevase el que 
hiciese el entierro, y las candelas quedasen á la 
Iglesia, porque se ponían tantas candelas, que equi- 
valían á las hachas, y habiendo entrado la malicia 
en los entierros de suerte que después de esta 
constitución, ponen muchas hachas y pocas candelas, 
y porque visto el fraude han reclamado los intere- 
sados de las Iglesias; deseando esta santa sínodo 
obviar el daño que ellas reciben y juntamente co- 
municar el favorecer la parte de los que mandan 
hacer los entierros, declara y manda, y de aquí 
adelante en todos los funerales, partan la cera por 
mitad, y tantas hachas y candelas como llevare el 
que hace el funeral queden á la Iglesia. 
17. — Que ningún Prebendado vaya con sobrepelliz á 
eníierroy no siendo en forma de Cabildo 

((Para que la autoridad de los prebendados de 
esta santa Iglesia vaya en aumento, y cuando se 
hallaren en entierros sea con la decencia y grave- 
dad que conviene, se ordena y manda: que ningún 
prebendado vaya á entierro ninguno con sobrepe- 



— 588 — 

liiz, sino fuere en forma de Cabiido, aunque el di>- 
funto sea hermano ó pariente. 

iS— Que los que impiden los casamientos de los 
indios prueben el impedimento 
«Porque muchas personas ponen impedimentos 
improbables para estorbar los casamientos de los 
naturales, y esto es contra los sagrados Cañones 
y S. S. Concilios, se ordena y manda: que si alguna 
persona diere causa para que los tales casamientos 
no se hagan^ se oigan por el Juez Ordinario, y si 
dentro de un término breve no las probare y se 
viere la malicia de querer impedir el matrimonio, 
la tal persona caiga en la pena de excomunión ma- 
yor ipso /acto y sea condenado en cincuenta pesos 
corrientes y so la misma pena manda á ios Vica- 
rios, ante quien las tales causas pasaren lo hagan 
cumplir y ejecutar. 

19. — Que se hagan Aranceles 
«Porque están en confuso los derechos que se 
deben á los Jueces Eclesiásticos v á sus Ministros, 
Iglesias, curas y sacristanes y visitadores, y no hay 
aranceles en este Obispado por donde se gobiernen, 
ae ordena y se manda, los hayan de hoy en ade- 
lante, y se haya de estar por ellos en este. Obis- 
pado. 

20. — Que la ofrenda del Jueves Santo sea para la 
fábrica de la iglesia^ y la del Viernes Santo de 
la Adoración de la Cru^^ y la de todos los San- 
tos para el Cabildo^ y las demás para el Cura. 
«Para que con más comodidad la fábrica de esta 
santa Iglesia, pueda acudir á hacer con la autoridad 



— 589 — 

y solemnidad que conviniere, los oficios de la Se- 
mana Santa, monumentos y gastos de ella que son 
forzosos, y otros que hay entre año, esta santa sínodo 
ordena y manda: que la ofrenda de jueves y viernes 
santo sea de la fábrica de esta ¿santa Iglesia, y la 
del mismo día de la adoración de la cruz, y de la 
festividad de todos los Santos sea de los Prebenda- 
dos, por el trabajo que tienen de acudir á los oficios 
de los dichos tiempos, se reparten entre las partes, 
como distribuciones cotidianas, y todas las demás 
ofrendas, que por año hubiere de entierros, cabo de 
años y honras sean para el cura. 
21. — Que la Cofradía del Santísimo Sacramento sea 
de los Prebendados de esta Iglesia 

«Por cuanto la misa y procesión que cada mes 
se hace del Santísimo Sacramento lo dicen los 
Prebendados en el Altar Mayor, y en él no la 
puede decir clérigo [)articular, no lo siendo, se man- 
da que la dicha cofradía y la limosna de las misas 
de ella sea de los dichos Prebendados y vayan sub- 
secuentemente, por su orden, diciendo las misas 
cada mes. 
23».— Que se reciban los confesores extraordinarios 

«Están tan nuevos en la fe y en los misterios de 
nuestra santa Religión los naturales de esta tierra, 
que previniendo los S. S. Cañones que se debe hacer 
aun con los que tienen más uso de razón, ordenaron: 
que á las monjas, se les enviasen, por sus obispos 
y superiores confesores extraordinarios, con quienes 
á lo menos dos ó tres veces al año, se confesasen 
y el Concilio limense conformándose con esto ad- 



- 590 — 



vierte á los señores obispos: que á los indios den 
este socorro para salvación de sus almas, porque 
por* miedo ó vergüenza ú otros respetos no encu- 
bran, á sus curas los pecados graves que frágiles 
cometen, y se confiesen con quien les descargue 
las conciencias, y considerando la variedad de las 
lenguas de los naturales de esta Provincia, que con- 
viene darles sustento á las almas y que los iluraine 
é instruya de las cosas de nuestra santa fé católica, 
se ordena y manda que los clérigos y religiosos 
doctrinantes, de todo este Obispado reciban en sus 
doctrinas a los sacerdotes, clérigos y religiosos, que 
sn Sría. el señor Obispo diere, para confesar y pre- 
dicar; sin que en esto se les ponga impedimento 
alguno, so pena que serán castigados por el Or- 
dinario. 
23,— Que tos Curas Religiosos sean examinados y 

aprobados y visitados por el señor Obispo ó su 

delegado. 

«Por cédulas particulares de la M. del Rey N. 
Señor ahora nuevamente despachadas, ordena y 
manda: que el orden que se ha de tener en el exa- 
men y visita de los religiosos, que son curas de los 
indios, y para que de aqui adelante se guarden y 
cumplan, se ha dado noticia á los superiores de los 
religiosos que hay en este Obispado; para que ios 
religiosos que nombraren y tienen nombrados por 
curas de las doctrinas que están á su cargo^ exa- 
minen y en cuanto á curas se visiten por el señor 
Obispo á la persona que su Señoría nombrare^ lo 
que esta santa sínodo confirma y manda se cumpla 



- 591 - 

y guarde, y que dentro de dos meses de su publi- 
cación, se presenten ante su Señoría ó ante el Or- 
dinario para que siendo aprobados de la lengua y 
suñciencia que tienen, adnainistren los S.S. Sacra- 
mentos á sus subditos; y pasando dicho tiempo^ no 
teniendo aprobación no los administren, ni las per- 
sonas á cuyo cargo está la paga del estipendio de 
las dichas doctrinas, les acudan con él, so pena de 
excomunión. 

24. — De la 4^ funeral que se ha de pagar á los 

señores Obispos 

«Por el cap. 2 de la Sec. 4 del concilio lim. se 
declara pertenecer las cuartas funerales á los seño- 
res Obispos; y porque hasta aquí se han ido pa- 
gando sin haber distinción en algunas cosas; se 
ordena y manda: que los curas de este Obispado 
saquen de todos los funerales, entierros, honras, 
novenarios y cabo de años, dos pesos de la limosna 
de la misa que dijeren por los difuntos y de lo res- 
tante y misas de testamento se pague la cuarta á 
su Señoría Rma. 

25. — Como se han de librar las libranzas á los 
Prebendados y en que tiempo 

«Para que con igualdad cobren los interesados en 
las distribuciones cotidianas, lo que les perteneciere, 
conforme á la asistencia que hicieren á los oficios 
divinos, y la parte de los novenos que pertenecen 
á S. M. se pague y en todo haya puntualidad y 
buena cuenta y razón; ordena y manda esta santa 
sínodo: que el Prebendado á cuyo cargo estubiere 
el cobrar y distribuir los diezmos, y de ella se haya 



— 592 — 

sacado lo que |)ertenece al Colegio Seminario, y 
hecha tres partes, de la tercera parte que queda á 
ios otros prebendados, se saque el salario de los 
oficiales y ministros contenidos en el cap. i^ de esta 
sínodo, y luego se saquen setecientos y treinta pe- 
sos de á ocho reales de la limosna de las misas, 
que en todo el año han de decir los prebendados 
para el que fuere semanero y no dijere la misa del 
día, sea multado en dos pesos y estos los lleve el 
prebendado que la dijere, 6 á quién el semanero seña- 
lare habiendo comenzado hacer el oficio de la semana, 
porque de otra manera estando ausente 6 enfermo, 
lo seré el que le sucediere por su turno, y haga la 
cuenta por San Juan y Navidad de las faltas, y de 
lo que á cada uno pertenece, por la asistencia que 
ha tenido, se les dé libranza á todos los interesados 
en los dichos diezmos á un tiempo, y porque para 
otras cosas que se han de tratar es menester se 
haga y celebre sínodo general en este nuestro Obis- 
pado, en el cual se han de hallar todos los curas 
y vicarios de este nuestro Opdo.; y los procurado- 
res de las ciudades, con asistencia del señor Go- 
bernador, se ordena y manda: que de aquí á un 
año en el tiempo que su Señoría Rma. por su con- 
vocatoria señalare, se celebre el dicho sínodo en 
esta ciudad, y con esto se cerró esta á honra y gloria 
de Dios N. Señor y de su bendita Madre y de los 
Bienaventurados Apóstoles San Pedro y San Pablo 
y de toda la Corte Celestial, en la ciudad de San- 
tiago del Estero, en diez días del mes de Julio de 
mil setecientos y seis años, y lo firma su Señoría 



— 693 — 

con los otros capitulares— El Obispo del Tucuman 
— Don Tomás de Salinas — Don Miguel de Milla — 
—Don Pedro Farfan— el Mre. Escuela, Francisco 
de Aguilar — El Tesorero, Francisco de Salcedo— 
Por mandado de su Señoría Rma. Tomás Pereira, 
Secretario — En la ciudad de Santiago del Estero, 
en once días del mes de Junio, de mil seiscientos 
y seis años, yo el presente secretario leí la santa 
sínodo de arriba en la Iglesia Mayor Catedral de 
esta ciudad, á horas de misa mayor, en concurso de 
Ja mayor parte del pueblo, que para eso se junt > en 
la dicha Iglesia, y este mismo día por ñn de la ce- 
lebración de esta dicha sínodo predicó el P. Juan 
de Vinna de la Compañía de Jesús; y tocó en el 
sermón los puntos que el pontiñcal manda se traten 
en el último día del sínodo, y su Señorid hizo una 
plática en latín, y los demás sermones necesarios 
en semejante día de que doy fé— Tomás Pereirn, 
Secretario. 

aYo Juan Luis Serrano, Escribano Público del 
Juzgado Eclesiástico de esta ciudad de Santiago del 
Estero y Obispado del Tucuman, hice sacar este 
traslado de su original que está en el archivo ecle- 
siástico, con el cual lo corregí y va cierto y verda- 
dero, y de pedimento del P. Pedro Martínez de la 
Com|)añía de Jesús, y de mandamiento del señor 
licenciado D. Pedro Carminatis Fober, Chautre, y 
Provisor y Vicario General de este Obispado, que 
aquí ñrma é interpuso su autoridad y decreto judi- 
cial, di el presente en la ciudad de Santiago del Es- 
tero en treinta días del mes de Octubre de mil seis- 



— 694 -^ 

cientos treinta y cinco años; y fueron testigos Don 
Francisco de Acosta y Pedro de Acosla, presentes. 
—Y en fe de ello lo firnna el licenciado Don Pedro 
de Carminatis Fober — En testimonio de verdad— Juan 
Luis Serrano, Notario Público.» 

A este sínodo siguió una reclamación del procu- 
rador de la ciudad de Santiago sobre la cera de los 
funerales puesta por los interesados, y se ordenó 
quedase la mitad para la Iglesia, como se vé en el 
mandato 16; luego se queja de no haber sido invi- 
tado á la asamblea, ni el Cabildo secular, conclu- 
yendo por pedir la revocación del citado mandato ó 
en su defecto apelaba al Papa. 

El obispo no hizo lugar á la petición y ordenó 
mantener el vigor de la constitución 16 como ha- 
bía sido sancionada por el sínodo. 

A la vez el Provisor, por su parte, presentó una 
reclamación sobre ei mandato 18, y el Capítulo Ecle- 
siástico otra sobre el séptimo. Una aclaración bastó 
para el objeto solicitado por el primero, y conside- 
rándose la imposibilidad de llenarse el punto recla- 
mado por el Capítulo, se dejó en suspenso los efec- 
tos de la constitución séptima. 

No hemos creído de importancia el texto de las 
peticiones presentadas y las resoluciones adoptadas 
por el obispo, de acuerdo con la comisión sinodal, 
por esto no insertamos las piezas respectivas, así 
como los dos aranceles, eclesiástico y civil, sancio- 
nados por este mismo sínodo, de conformidad á la 
constitución 18, cuyas materias también creemos de 
poca importancia, y, por otra parte, sus numerosos 



— 595 — 

y minuciosos artículos abaicarian muchas páginas 
más, inútilmente, que harían demasiado pesada la 
lectura de este apéndice. 



SÍNODO DE 1607 



III 



((Nos D. Fernando Trejo y Sanabria. por la gra- 
cia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo 
de estas provincias del Tucuman y del Consejo de 
su Majestad, etc. 

«A todos los vecinos moradores, estantes y ha- 
bitantes en este nuestro Obispado. — Salud y gracia 
en el Señor Dios Nuestro. 

«Así como los ojos en el cuerpo tienen por oñcio 
dirigir sus pasos y todas las operaciones de él para 
que no vayan erradas, así el ofício de los obispos, 
que son los ojos del cuerpo de la Iglesia, deben 
encaminar los miembros de ella por los senderos 
que llevan á la felicidad eterna, que es el fín para 
que nacimos, y quitar los tropiezos, y allanar los 
malos pasos, alentar los tibios y arredrar los pre- 
cipitados, y enderezar las obras de todos así ecle- 
siásticos como seculares 6 mayor gloria del Señor 
y provecho espiritual de las almas. Para lo cual, 
después de haber celebrado el primer sínodo de 
de este Obispado en los principios que entramos 
en él, el cual fué visto y tenido en mucha estima 
del Rey Nuestro Señor y su Real Consejo; visita- 



— 696 — 

mos todo este nuestro Obispado, procurando se 
ejecutasen y cumpliesen las nuestras constitucio- 
nes sinodales. Pero cuanto ellas fueron más útiles 
y provechosas, lanto más se esforzó el demonio á 
<lestruirlas, y como fuerte armado procuró defen- 
der su puesto y no perder su ganancia, y sem- 
brar zizaña sobre la buena semilla cura dormirent 
hominesy cuando vio más descuidados á los que 
habían de velar para guardar la sementera del Se- 
ñor; y advirtiendo Nos este mal tan grande cele- 
bramos el año pasado otro sínodo en esta nuestra 
Catedral, no tan general como el primero^ sino sólo 
perteneciente al buen gobierno y disciplina ecle- 
siástica de ella, y en él convocamos el sínodo que 
al presente celebramos, habiendo suplicado á nues- 
tro Señor, que dé buen espíritu á los que se lo 
piden, con procesiones y plegarias, nos alumbrase 
á todos los entendimientos y ablandase las volunta- 
des, y dispusiese los corazones con la divina gracia 
para que acertásemos en todo lo que se tratase en 
él, y reforzásemos el cumplimiento de los sagrados 
cánones y constituciones provinciales y sinodales, y 
declarásemos las que hubiesen menester declara- 
ción, moderásemos y limitásemos las que conforme 
al estado del presente tiempo pidiesen esto; y así 
diésemos asimismo las que fuesen necesarias y con- 
venientes. Todo lo cual se ha hecho y después de 
muy consultado, mirando y disputado, aprobado y 
establecido las sanciones sinodales, que no son mu- 
chas, suplicamos al Señor nos dé el espíritu de 



__ 597 - 

humildad, de obediencia y amor cual es menester 
para el cumplimiento de ellas. 

Capítulo 1°. — En que se manda se guarden las 

sinodales 

«Las constituciones sinodales que con maduro 
consejo se determinaron y con discurso de tiempo 
están firmemente establecidas, se deben guardar y 
cumplir como en ellas se contiene, y así de nuevo 
las establecemos y confirmamos so las penas en 
ellas contenidas, y las que de nuevo agravamos en 
las que convino para que más inviolablemente se 
observen. Pero no se debe juzgar por cosa repren- 
sible que alteremos algunas cosas y deroguemos 
otras, y declaremos lo que estatuyeremos, princi- 
palmente lo que estuviera obscuro, según la varie- 
dad de los tiempos por alguna evidente utilidad. 
Capítulo 2«>.— Que se señalan más doctrinas para que 
los indios sean mejor enseñados 

«La falta de sacerdotes y el poco asiento y segu- 
ridad que ha habido en las provincias de los indios 
de este nuestro Obispado, ha sido el total impedi- 
mento para que las doctrinas de él hayan estado 
muy desacomodadas para que los doctrinantes pu- 
diesen requerir sus ovejas, y ellos pudiesen reque- 
rir el pasto de la doctrina evangélica para tener vida 
sus almas, y porque vemos ya que los ministros 
del Evangelio son más, y que aunque los indios 
son menos están más dispuestos para ser enseña- 
dos, considerando que el fin de las doctrinas no es 
la ganancia temporal de los doctrinantes sino el 
fruto espiritual de los que son doctrinados; movi- 



T 



- 598 — 

dos de la obligación de nuestro oñcio y de la ins- 
tancia que por su parte nos ha hecho el muy ilus- 
tre señor Alonso de la Rivera, Gobernador de su 
Majestad, por el descargo de la Real conciencia y 
de la suya, y juntamente de algunos curas de in- 
dios y procuradores de algunas ciudades» celosos 
del servicio de Nuestro Señor; ordenamos y man- 
damos que se dispongan las doctrinas de manera 
que ninguna pase de quinientos indios^ y que las 
dispongan las personas de experiencia que tenemos 
diputadas para este efecto en la forma más con- 
veniente, para que los doctrinantes las vean y vi- 
siten con frecuencia, y no mueran los indios sin 
recibir los Santos Sacramentos más ó menos según 
su capacidad, y lo que dispone el Concilio provin- 
cial; y deseamos mucho que los indios se pudieran 
reducir á menos tierra, y á menos número de in- 
dios para un doctrinante, en conformidad de lo 
dispuesto en la constitución provincial que con gra- 
vísimas razones dispuso no pasase el número de 
cuatrocientos indios que un doctrinante tuviese á 
su cargo, de cuatrocientos cuando más. Pero, como 
es fuerza que el cura tenga competente estipendio, y 
no hay pié de altar por ser los indios de esta tierra 
muy pobres, nos ha parecido que hasta que las 
cosas de esta Provincia se pongan en mejor orden 
se pase con esta disposición, atendiendo á que tam- 
bién los indios tienen ayudas extraordinarias de 
religiosos. 
Capítulo 3°.— jDe/ estipendio que se ha de pagar 
por la doctrina de los indios 



— 699 — 

«Según la doctrina deL . . se le debe al que tra- 
baja en lo espiritual, la remuneración temporal. 
¿Quién hay, dice, que milite y guerree sin estipen- 
dio? ¿Quién apacienta el ganado y no come de su 
leche? Y más adelante: pues no es razón que quien 
se ocupa en sembrat* en el espíritu coja fruto, sus- 
tento y pasadía de su cuerpo. Pues como los padres 
doctrinantes que se ocupan con los indios pasen 
grandes y continuos trabajos en este ministerio, 
principalmente en muchos caminos que tienen de 
ordinario que andar en visitar sus doctrinas, es 
cosa debida que le proveamos de estipendio con 
que puedan vivir y cumplir con lo que deben; y 
porque aunque ya en el sínodo que celebramos está 
señalado que se dé un peso por cada indio; en al- 
gunas doctrinas por ser de muchos indios permití* 
mos, hasta celebrar este sínodo, no se i^xagase más 
de hasta seis reales por cada indio. Pero habiendo 
ya ordenado la disposición de ellas, como queda 
dicho, mandamos que en toda esta Provincia pa- 
guen» como ya está determinado un peso por cada 
indio, excepto en las estancias de las Juntas y en 
las de Salta, que han de pagar un peso y medio 
por cada indio, porque son los indios pocos y de 
otra manera no se podrán sustentar los doctrinan- 
tes de las dichas estancias; y á los unos y á los 
otros les queda tan moderado estipendio que el 
mayor no llega á quinientos pesos. Declaramos así 
mismo que el estipendio de la doctrina de los in- 
dios de Humaguaca, se pague como al presente están 
concertados los encomenderos con el doctrinante. 



^ 



— 600 — 

Capítulo 4*. — De las monedas en que se ha de pagar 
el estipendio de los doctrinantes 

«Para quitar diferencias que suele haber en los 
precios de las monedas en que se pagan los esti- 
pendios de las doctrinas, declaramos que en esta 
ciudad de Santiago han de ser las pagas en lienzo, 
calcetas y alpargatas por tercias partes: el lienzo á 
cuatro reales; tres pares de alpargatas á peso; y 
tres pares de calcetas á peso, y ha de quedar en 
la elección del vecino, sino quiere pagar las cosas 
sobredichas, que pague en reales. 

En San Miguel del Tucuman hay lienzo y carre- 
tas: el lienzo corra ai precio dicho; las carretas que se 
han de dar y recibir^ á treinta y ocho pesos por cada 
una, con la misma elección al vecino. En Córdoba 
hay lienzo y sayal: háse de pagar vara por medio peso, 
y si fuere el sayal abatanado, vara por seis reales; 
y sino en cuatro reales. En todo lo demás de la 
Provincia en lienzo ó en reales. Y declaramos que si 
á los padres doctrinantes les quisieren pagar en otras 
monedas, no sean obligados á tomarlas sino es que 
voluntariamente se concierten; y así lo ordenamos 
y mandamos en esta nuestra constitución. 

Capítulo 5®. — De la residencia de los doctrinantes 

«Lia residencia de los doctrinantes en sus doctri- 
nas es de derecho divino y estrechamente se enco- 
mienda en los sagrados cánones y constituciones 
apostólicas^ como se verá en muchos decretos del 
sagrado Concilio de Trento, y en una decretal de 
buena memoria de Pío V que comienza Cupientes^ 
y está en el cuerpo de los Motu proprio; y así ha- 



~ 601 — 

hiendo encomendado en el sínodo pasado á nues- 
tros curas y doctrinantes la residencia en sus doc- 
trinas, declarando que sólo un roes repartido en 
todo un año puedan hafter ausencia de ellas por ser 
aquel tiempo forzoso para acudir á repararse á la 
ciudad de cosas necesarias que habrán menester; 
con todo eso haheemos sahido con grande dolor 
nuestro, que algunos oividndos de sus obligaciones 
y de lo que tienen que restituir, prorata, si el tiempo 
de sus ausencias lo hacen por más espacio del que 
les es concedido; severamente les mandamos á to- 
dos los sobredichos, y exhortamos y rogamos por 
las entrañas de Jesucristo Nuestro Señor, residan 
en sus doctrinas acudiendo á la doctrina y admi- 
nistración de los santos sacramentos, sobre lo que 
lo contrario haciendo, ultra de la gravedad de la 
culpa que cometen y del castigo que recibirán de 
Nuestro Señor, serán gravemente punidos por nues- 
tros visitadores, y si fueren denunciados por cual- 
quier poblero ó encomendero ante nuestro Vicario 
de aquel distrito de que han estado ausentes por 
algún tiempo, mandamos que el dicho nuestro vi- 
cario hecha una breve v sumaria información dpj 
tiempo que faltó, le descuente las faltas, pro rata, y 
se aplique á las iglesias de su doctrina y nos dé 
aviso de ello óá nuestro Provisor para que sepamos 
las culpas que se cometieren en tan importante caso. 
Y si conviniere suspender de la doctrina ó quitár- 
sela al dicho doctrinante, se haga así. Y mandamos 
á nuestros vicarios no se descuiden en caso tan 
grave, sobre lo cual les encargamos sus conciencias. 



— 602 — 

Capítulo 6*.— -De las personas que deben doctrina 

«Ordenamos y mandamos que por ninguna mu- 
jer viuda, ni soltera, ni que tenga el marido huido 
sin culpa del encomendero/ por más tiempo de un 
año, ni por los niños menores del tiempo que dis* 
ponen las ordenanzas y el sínodo de la edad en 
que han de trabajar, no se lleve doctrina. Pero de- 
claramos que si por orden de ó mandado del en- 
comendero estuvieren algunas mujeres sin maridos, 
aunque sea por largo tiempo, se pague el estipen- 
dio de la doctrina por aquella como si estuviera su 
marido presente hasta que conste ser muerto; por- 
que no es razón nadie reciba provecho por su 
delito. 

Capítulo T.^De las Misas que han de decir los 

doctrinantes 

<(Han de decir Misa los doctrinantes por sus fe- 
ligreses todos los domingos conforme á la obliga- 
ción del derecho canónico; y así mismo todas las 
fíestas que los indios están obligados á guardar 
conforme á la Constitución Provincial, y cada semana 
otra misa por los difuntos de aquella doctrina; y 
si concurriesen algunas velaciones de casamientos 
en los domingos ó días de ñestas, diciendo la Misa 
de obligación por los casados cumpla con la suya. 

Capítulo 8*. — Que los doctrinantes administren 

con decencia 

«Las cosas santas, santa y decentemente deben 
ser hechas, y en la administración de los santos 
sacramentos no sólo se han de atender á la asis- 
tencia sino también al modo. Y así mandamos á 



— 603 — 

todos los doctrinantes que para la administración 
de los santos sacramentos Bautismo y Matrimonio, 
y para enterrar á los muertos, se pongan sobrepe- 
lliz y estola, y lleven óleo y crisma para el bautis- 
mo como está mandado, y hagan con grande reve- 
rencia los ritos y ceremonias eclesiásticas, porque 
conforme á esto lo tendrán los indios en la debida 
veneración y recibirán el debido fruto que se desea 
en sus almas, so pena que por cada vez que lo 
contrario hicieren, pagarán cuatro pesos para el 
juez y denunciador por mitad. Así mismo manda- 
mos que todos los sacerdotes cuando salgan á Misa, 
cumplan la regla del misal, llevando bonetes pues- 
tos y no haciendo acatamiento á nadie, pues repre- 
sentan á Cristo Nuestro Señor. 

Capítulo 9**. — Que no aparten los casados 
((Es grande y pernicioso el desorden que hay en 
muchas partes de este obispado en apartar á los 
maridos de sus mujeres, y á las mujeres de sus 
maridos con injuria notable del sacramento del Ma- 
trimonio, y de los fínes para que Dios le instituyó, 
porque ilegítimamente se impide la generación y el 
lícito ayuntamiento conque se. socorre á la flaqueza 
humana de la carne, y los oficios comunes y recí- 
procos que se deben los casados, y se pierde el 
amor conyugal y se llenan las repúblicas de hijos 
adulterinos, por lo que exhortamos á todas las 
personas de este nuestro obispado, y que en esto 
están incursos, que adviertan y ponderen la grande 
ofensa que hacen á Nuestro Señor, y el miserable 
y desventurado estado de sus almas, y encarecida- 



— 604 — 

mente suplicamos y si necesario es, requerimos al 
muy ilustre Gobernador mande moderar los trajines 
y corretajes de estas provincias, de suerte que haya 
remedio en cosas que tanto importan. Y Nos, por 
ser cosa que esté muy ó nuestro cargo la inmuni- 
dad y defensa del Matrimonio, en virtud de santa 
obediencia y so pena de excomunión mayor, latee 
sententice ipso Jacto incurrenda^ que todos los que 
tuvieren apartados los maridos de las mujeres, los 
maridos en los pueblos y estancias y las niujeres 
en sus casas, que dentro de tres meses después de 
la publicación de esta constitución en las ciudades 
viviendas de los españoles, que les damos por téi"- 
mino competente, pongan á los mandos con las 
mujeres y á las mujeres con los maridos para que 
llagan vida maridable; y lo contrario haciendo los 
damos por incursos en la dicha excomunión ma- 
yor. Y mandamos á nuestros vicarios, así mismo, 
en virtud de santa obediencia, que sabiendo que 
algunos son rebeldes y contumaces, habiéndolos 
citado para que cumplan con este mandato, y dán- 
doles término competente para que lo cumplan, si 
pasado el dicho término fueren inobedientes, los 
publiquen y pongan en la tablilla por públicos ex- 
comulgados, y los aparten de la participación y co- 
municación de los sacramentos y de los fíeles. Y 
mandamos á todos los padres doctrinantes que den 
aviso á nuestros Vicarios de los excesos que en 
esto hubiere en sus doctrinas para que constándoles 
de ello, hagan y cumplan lo sobredicho. 



— 605 — 

Capítulo 10. — De las informaciones para los 

Matrimonios 

«Muchos matrimonios se dejan de hacer por di- 
latarse ó por esperar información de testigos au- 
sentes, y así ordenamos y mondamos que cuando 
alguno se quiera casar y hubiere vivido en la misma 
ciudad ó pueblo, ó el uno ó el otro fuere del mismo 
distrito de la ciudad de donde es el otro, basten 
las tres moniciones y el testimonio de que se han 
hecho en el pueblo donde vivió el otro. Las cuales 
hará cuaiqujera de los curas doctrinantes luego 
que fuere requerido por el que ha de hacer el ca- 
samiento; pero si los dos que se hubieren de casar 
fueren de diferentes distritos, traígase información 
del que se hubiere de casar en el distrito ageno; y 
el que fuere viudo traiga testimonio é informacirm 
de que lo es, al modo que queda dicho. Y manda- 
mos á todos nuestros doctrinantes no retarden los 
casamientos, sino que casen ó los hábiles para el 
matrimonio, habiendo hecho las tres amonestacio- 
nes en tres días de fiesta no interpolados, ó dispen- 
sando en alguna ó en algunas de ellas, en los casos 
que la Constitución del Concilio Provincial lo per- 
mite y ordena. Y adviertan el gravísimo daño que 
hacen á sus conciencias en diferir los matrimonios. 
Capítulo 11. — De la jurisdicción eclesiástica 

«En lo que toca á la jurisdicción eclesiástica no 
hay cosa que establecer de nuevo, que es cosa sa- 
bida lo que determinan los sagrados cánones y las 
leyes del Reyno; y la práctica ordinaria lo enseña á 
nuestros curas y vicarios que no se entrometan en 



— 606 — 

cosas que no son de su jurisdicción ni están á 
nuestro cargo. 

Capítulo 12. — Que se pague diezmo de lo silvestre 

((No debemos limitar el pago de los diezmos que 
Dios Nuestro Señor mandó dar ó sus... zan los 
campos y prosperan los rey nos; y así ordenandos 
y mandamos se cumplan en nuestro obispado la 
Constitución del Concilio Provincial que se pague 
de lo silvestre, y lo establecido ya en esta pro- 
vincia. 
Capítulo 13. — Que digan misas por Jos difuntos 

((Cosa lastimosa es que después de haber servido 
UM indio ó india toda su vida, muera sin tener, de 
cuanto tiene, para una misa, y no le mande decir su 
encomendero siquiera qna misa; y así era justo, para 
los que son tan inhumanos, se pusiera eñcaz reme- 
dio; y más considerando que no todas las cosas se 
han de hacer por rigor, les exhortamos por reve- 
rencia del Señor que dio la sangre por ellos, les 
hngan decir cuando mueran una misa á cada uno 
de los indios ó indias que murieren en su servicio 
ó en los pueblos. 
Capítulo a.— Que hagan plegarias por las ánimas 

«Santa y provechosa cosa es hacer oración por 
los difuntos^ dice la Sagrada Escritura, y costum- 
bre muy loada y usada en la Santa Iglesia que 
todas las noches, á media hora de noche, más ó 
menos, se tañan las campanas de las catedrales y 
parroquiales para ese efecto; y queremos y manda-* 
mos se haga así en todo nuestro obispado^ y los 
sacristanes tengan este oñcio muy á cargo y hagan 



^ eo7 — 

In plegaria por el orden que dieren nuestros vica- 
rios; y pedimos afectuosamente á todos los ñeles 
cristianos, que cuando se haga la señal, rezen |)or 
las ánimas del purgatorio, y crien á sus hijos en 
esta santa devoción, y enseñen á estos naturales á 
tenerla; porque es buena sementera que siembran 
en esta vida para coger el fruto de buena cosecha 
en la otra. Y manden nuestros vicarios en sus igle- 
sias que no se repiquen las campanas en tiempo 
de adviento y cuaresma, pues la iglesia nuestra 
madre hace distinción de tiempos, y lo mismo en- 
cargamos á tos religiosos en sus iglesias. 

Capítulo 15. — Que no se abran las cartas 
«No menos obliga el secreto de una carta cerra- 
da que el secreto que se dice para que se guarde, 
y es abuso indigno de gente política y cristiana, y 
cosa muy perjudicial á la comunicación y buena 
correspondencia, y ocasión de muchas pérdidas de 
haciendas y amistades, la que tienen algunos hom- 
bres desalmados hurtando pliegos y abriendo car- 
tas, y sabiendo los secretos ágenos é impediendo 
el comercio que introdujo el derecho de las gentes, 
y que corre en todo lo bueno del mundo; y háse 
buscado remedio para obviar todos estos daños, y 
no ha bastado, y es fuerza acudir al cuchillo más 
agudo y penetrante que tiene la iglesia. Por tanto: 
mandamos en virtud de santa obediencia y so pena 
de excomunión mayor latee sententice en que lo con- 
trario haciendo, les damos por incursos y reserva- 
mos la absolución de ella á Nos ó á nuestro Pro- 
visor, que ninguno abra cartas agenas sin tener 



1 



— 608 — 

licencia expresa ó á lo menos interpretativa de la 
persona para quien van, sino es en caso que sean 
cartas que van dirigidas ¿ personas que están de- 
bajo de su dominio y doméstico cuidado^que de estas 
no se entienden hablan nuestras censuras. 

Capítulo 16. — Que no se pronuncien fácilmente 

excomuniones 

<rSiendo la excomunión pena grave, no se puede 
fulminar sin grave culpa; y así mandamos á nues- 
tros curas y vicarios no pronuncien excomuniones 
para cobranza de poca cantidad, sino que primero 
intente otros medios mh^ suaves: cuando la hayan 
de poner sea guardando el orden judicial. 

Capítulo 17.— Qae no ocupen los doctrinantes 
á los fiscales ni á sus mujeres 

«Ordenamos y mandamos á todos los padres doc- 
trinantes que no ocupen en sus tierras á los ñscales, 
ni é sus mujeres, sino fuere en servicio de la igie* 
sia y ayuda de la doctrina, y de las cosas pertene- 
cientes á ella y al servicio del padre. 

Capítulo 18. — Que los fiscales estén reservados 

«No se cumple en muchos pueblos lo que está 
impuesto en una sinodal de este obispado, que ios 
ñscales y sus mujeres sean reservados de todo otro 
trabajo; y así mandamos que ningún encomendero 
ni poblero los ocupe so pena de seis pesos por cada 
vez que lo contrario hiciere, aplicados á la iglesia 
de su pueblo. Y vea nuestro visitador en que se 
emplearán para el servicio y adorno de dicha 
iglesia. 
Capítulo 19. — Que se junten los niños á la doctrina 



— 609 — 

«Júntense los niños y las niñas menores de ca- 
torce años, cada día dos veces, como está mandado 
en una constitución del sínodo pasado, y encargo 
la conciencia de los padres doctrinantes para que 
así lo cumplan. Y mando á los encomenderos y 
pobleros que no lo impidan so pena que serán mul- 
tados, porque es obligación de derecho divino dar 
el mantenimiento espiritual á los hijos de la iglesia, 
V si los indios no lo reciben cuando niños, no co- 
bran amor á la doctrina cuando la reciban. Y esta 
es obligación nuestra y de nuestros curas y doc- 
trinantes por lo cual los castiguen con moderación 
á los físcales que en su ausencia fueren en esto 
descuidados, y nos den aviso de los impedimentos 
que para esto tuvieren, sobre que les encargamos 
las conciencias. 
Capítulo 20. — Que todos los doctrinantes y curas de 

pueblos de españoles, y también los vicarios^ 

tengan estas constituciones autori^xadaó de nuestro 

Notario de este sínodo. 

«Ordenamos y mandamos que todos los visitado- 
res de pueblos de españoles y curas de indios, ten- 
gan estas nuestras constituciones sinodales autori- 
zadas del Secretario de este nuestro sínodo, y 
rubricado de nuestro Provisor |.)orque no se podrán 
guardar si no se saben y se ven, y los que no las 
tuvieren como dicho es, serán castigados jtor núes-* 
tros visitadores; y a9í mismo mandamos que ten* 
gan lae sinodales de este ni>estro obispado, como 
esté mandado en una constitución del sínodo pa- 
sado. Y asi míemo tendrán la institución de con- 



- 610 — 

íesores que nos les daremos, y el consultor del 
Concilio provincial que se dará también autorizado 
del presente Secretario; y mandamos á todos los 
vicarios de este nuestro obispado, que publiquen 
y hagan publicar este nuestro sínodo y sus cons- 
tituciones en las ciudades y villas de sus vicarias^ 
en la iglesia parroquial de cada una de ellas, jun- 
tando para el dicho efecto la gente del pueblo un 
día de fiesta porque venga á noticia de todos y 
ninguno pretenda ignorancia. 

Capítulo 2i.— Del cuidado que deben tener ios en- 
comenderos en sus pueblos en el sustento de los 
doctrinantes. 

«Obligación tienen los encomenderos de dar de 
comer en sus pueblos á los doctrinantes, conforme 
á nuestro sínodo pasado, y somos informados que 
algunas personas tienen en ello notable descuido. 
Por tanto exhortamos y requerimos, y si es nece- 
sario mandamos á los dichos encomenderos pro- 
vean acerca de lo susodicho lo necesario, de manera 
que el tal doctrinante tenga congrua y bastante 
sustentación, y pueda comer á sus horas cuando 
quisiere. Y por cuanto en el santo Concilio de 
Trento está determinado y estatuido que todos los 
obispos en su obispado celebren sínodo diocesano 
cada un año, en los cuales se asiente y determine 
lo que más convenga al servicio de Nuestro Señor 
so cargo de la conciencia, y en este nuestro obis- 
pado por el largo distrito que hay y sus incomodi- 
dades, no se podrá celebrar tan á menudo, sino 
cuando mejor conviniere; por la presente usando de 



— 611 — 

nuestro derecho ordenamos y mandamqs en virtud 
de santa obediencia y so pena de excomunión ma- 
yor, á todas las personas que tuvieren y tienen 
obligación de acudir á la dicha celebración, vengan 
y acudan á él para el día que por nuestra convo- 
catoria señaláremos y citáremos, á las cuales para 
el dicho efecto, desde luego los citamos en forma 
y mandamos, como dicho es, se hallen presentes en 
nuestra iglesia Catedral Y para que venga á noti- 
cia de todos mandamos se lean en nuestra Catedral 
todas las constituciones de este nuestro sínodo pú- 
blicamente. Que es fecho en Santiago del Estero á 
28 de Septiembre de 1607 años. Yo el presente Se- 
cretario doy fé y verdadero testimonio que leí las 
constituciones y capítulos contenidos en esta santa 
sínodo en la junta secreta, todo como en ello se 
contiene, estando presentes, á saber: el señor Go- 
bernador Alonso de Rivera, el Arcediano don Mi- 
guel Milla, el Tesorero don Francisco Salcedo, 
Comisario del Santo Oficio; el Maestre Escuela don 
Francisco Aguilar, el Licenciado Juan de Ocampo 
Jaramillo, Provisor y Vicario General; el P. Fray 
Juan de Venalcazar, Vicecustodio de esta Custodia; 
el P. Juan Romero Viceprovincial de la Compañía 
de Jesús; el P. Fr. Bartolomé Muñoz, Predicador 
de San Francisco; el Licenciado Diego Fernandez de 
Andrada, consultores; y habiéndose leído y enten- 
dido todas por ellos, su S, Rma. preguntó al muy 
ilustre señor Alonso de Rivera y á los demás con- 
sultores, si les agradaba todo y cada parte de lo 
dispuesto en esta dicha santa sínodo, á lo que res- 



— 612 — 

pondió el muy ilustre señor que le agradaba, y le 
parecía que el Espíritu Santo había alumbrado á 
S. Rma. por lo determinado y estatuido en ella, y 
lo mismo dijeron todos los demás consultores» res- 
pondiendo todos y cada uno de ellos placet. Des- 
pués de lo cual dijo su Señoría Deo gratiaSy y 
mandó que se hiciese junta pública para que ma- 
ñana sábado día de San Miguel, veintinueve de 
este presente mes, haciéndose las ceremonias que 
el Pontifical manda, en la iglesia Catedral de esta 
ciudad, en ella se volviesen á leer públicamente y 
se diese ñn y remate á esta santa sínodo á mayor 
honra y gloria de Dios Nuestro Señor, á quien se 
dé gloria por todos los siglos Amén. Y para que 
conste di el presente testimonio de verdad.— Diego 
de Rojas, Secretario. 

«En la ciudad de Santiago del Estero en veinti- 
nueve días del mes de Septiembre de mil seiscien- 
tos y siete años, yo el presente secretario en cum- 
plimiento de lo mandado por S. S. Rma. leí y pu- 
bliqué el sínodo diocesano de supra y sus consti- 
tuciones, públicamente, en voz alta é inteligible en 
la iglesia Catedral de esta ciudad, y después de 
acabada la misa mayor estando haciendo las cere- 
monias que el Pontiñcal manda, y acabado el ser- 
món estando congregado casi todo el pueblo para 
el dicho efecto convocado. Y para que conste di el 
presente de que doy té. — Fecho ut supra. En testi- 
monio de verdad.— Diego de RojaS) secretario. 

Yo Juan Luis Serrano, Notario Público del Juz- 
gado Eclesiástico de esta ciudad d^ Santiago del 



-^ 613 — 

Estero, y Obispado del Tucumán, hice sacar este 
traslado de su original que está en el archivo ecle- 
siástico, con el cual lo corregí y concuerda con él, 
y de pedimento del Padre Pedro Martinez de la 
Compañía de Jesús, y de mandamiento del señor 
Licenciado don Pedro Carrainatis Fover, Chantre de 
la Catedral, Provifeor y Vicario General en este Obis- 
pado del Tucumán, que aquí firma é interpuso su 
autoridad y decreto judicial, di el presente en la ciu- 
dad de Santiago del Estero en treinta días del mes de 
Octubre de mil seiscientos treinta y cinco años; 
y fueron testigos don Francisco de Acosta y Pedro 
de Acosta, presentes, y en fé de ello lo firmé y 
autorisé. — El Licenciado don Pedro Carminatis 
Fover. — En testimonio de verdad: Juan Luis Serrano, 
Notario Público». 



APÉNDICE II 



Ecos de la coronación de las Imágenes del Hílalo 



Los cultos celebrados en nuestra iglesia Cate- 
dral, con motivo de la coronación de las imágenes 
del Señor del Milagro y de Nsestra Señora del Mi- 
lagro, ceremonia efectuada el día 13 de Setiembre 
del corriente año de 1902, han revestido extraor- 
dinaria solemnidad, más para ser vistos y admira- 
dos, que descritos por la pluma. 

De antemano se había confeccionado un extenso 
programa, en donde figuraban multitud de comi- 
siones formadas por sacerdotes unas, otras por ca- 
balleros y otras más por damas de nuestra alta 
sociedad, para el desempeño de diferentes cargos 
en la organización de las fiestas á celebrarse. 

Asi comenzaron los preliminares para dar uni- 
formidad á los trabajos. 

El interior de la Catedral presentaba un golpe de 
vista ex|>léndido, imponente y severo, á la vez que 
elegante, por el arreglo que en ella se había veri- 
ficado. 



— 615 - 

La amplia nave central, repleta con artísticos y 
cómodos bancos de cedro del país, en dos hileras^ 
daba paso por una calle intermedia hasta el cru- 
cero, en cuyas columnas torales, las más próximas 
al presbiterio, se destacaban dos ricos doceles de 
rojo terciopelo con sus anchos marcos dorados, que 
cubrían las imágenes del Cristo y de la Virgen del 
Milagro. 

Colgaduras de igual tela caían hasta los zócalos 
desde los capiteles dorados de las columnas, en 
toda la extensión de la nave principal. 

De la cúpula central caían igualmente ondas si- 
métricas, formadas por largas tiras de damasco y 
de terciopelo. 

El altar mayor con su tabernáculo de formas de 
hermoso torreón, recientemente decorado, y dé un 
gusto exquisito como es, repleto de cirios en cince- 
lados candelabros de bronce, tenía un explendor y 
belleza admirables, que arrojaba torrentes de luz, 
realzada por el brillo del oro de sus elegantes 
adornos. 

La nueva pavimentación de mármol colocada en 
la iglesia y el dorado de sus altares, venía á dar 
mayor realce á todo el conjunto artístico que for- 
maba el arreglo interno del templo. 

El primero de Setiembre dieron comienzo los 
solemnes cultos preparados, oñciando el Capítulo 
de la Catedral como en los días sucesivos, hasta 
que fué reemplazado por los ocho obispos presen- 
tes al acto de la coronación, venidos de las diver- 



— 616 — 

sas diócesis de la República con el digtio Metropo- 
litano de nuestra Capital Federal. 

Esta reunión numerosa de prelados realzaba so- 
brennanera las funciones religiosas: allí estaba el 
infatigable arzobispo de Buenos Aires monseñor 
Dr. Mariano Antonio Espinosa; el ilustrado obispo 
de Tueumán monseñor Dr. Pablo Padilla; el celoso 
obispo de Santa Fe monseñor Juan A. Boneo; el 
evangelizador y obispo misionero del Paraná mon- 
señor Dr. Rosendo de la Lastra; el dignísimo obis- 
po de La Plata monseñor Dr. Juan N. Terrero; 
monseñor Dr. Filemón Cabaniilas obispo auxiliar 
de Córdoba; monseñor Marcolino Benavente, obis- 
po de San Juan de Cuyo, y el ilustrísimo obispo 
diocesano monseñor Matías Linares. 

Un doble motivo había reunido á tontos obispos 
en Salta: asistir ó los solemnes cultos de la coro- 
nación de las imágenes del Milagro, invitados por 
el diocesano y Capítulo de la Catedral, y celebrar 
el primer congreso episcopal argentino, ordenado 
por el concilio P. L. Americano. 

Al aproximarse la llegada de los prelados, el Ca- 
pítulo de la Catedral comisionó á uno de sus miem- 
bros, al Canónigo Teologal Presbítero G. Romero, 
para darles la bienvenida, lo que efectuó en un 
conceptuoso discurso, una vez que fueron recibidos 
por el Capítulo en la iglesia; discurso que fué con- 
testado por el Excmo, señor arzobispo con frases 
llenas de celo por la gloria de Dios, y de agradeci- 
miento por la acogida de que eran objeto. 

El día ocho de Setiembre oñció de pontiñcal mon- 



— 617 — 

señor Matías Linares, estaiido á cargo del señor 
Vicario General J. Toscano el sermón sobre la Na- 
tividad de la Santísima Vir^^en. 

El coro de cantores lo componía la comunidad 
franciscana, que ejecutó una de las mejores misas 
de su abundante repertorio. 

El muy R. P. Guardián Fr. Leonardo Bianchi 
quiso asociar de este modo á la V. Comunidad de 
Propaganda Fide, de la cual es digno prelado, á 
las solemnidades religiosas del Milagro, y pidió 
los días ocho y diez para que oficiara en el coro 
la Comunidad mencionada. 

El día anterior, ó sea el siete, el presbítero S. 
Rocca cumplía un voto al Señor del Milagro, de 
predicar sus misericordias, como lo hizo en un 
apropiado discurso. 

Monseñor Benavente pontificó el nueve, con ser- 
món por el señot* Canónigo H. y cura vicario de 
Mercedes de la Provincia de San Luis, presbítero 
José Gómez, que galantemente se había ofrecido á 
ocupar la cátedra sagrada. 

El 10 y 11 ofició el Capítulo con sermón por el 
R. P. Ensebio Lardiz.ibal, Canónigo R. Lateranen- 
se y Fray U. Quinzio, respectivamente. 

El 12 oficiaba en el altar monseñor de la Lastra, 
pontificando en presencia de todos los demás obis- 
pos que habían llegado en el día anterior. El coro 
de la Catedral había desempeñado hasta hoy su 
larga tarea interpretando sus mejores misas con 
acompañamiento de órgano, al cual se \e había he- 
cho una prolija afinación por el muy competente 



— 618 — 

constructor de órganos; Donato Sangaletti, aumen- 
tándole además, el número de sus registros y la 
potencia de sus voces. En la mañana de este día 
había terminado con una numerosa comunión ge- 
neral, la misión predicada por los R. R. P. P. 
Iglesias y Sahun, misioneros de la Congregación 
del Inmaculado Corazón de María, llamados expre- 
samente desde Buenos Aires. 

Las naves de la Catedral, desde el día tres del 
mes de Setiembre, siempre han estado repletas de 
ñeles, que acudían á las distribuciones diarias, des- 
de las primeras horas de la mañana hasta la últi- 
ma que terminaba á eso de las ocho de la noche. 

De admirar ha sido el trabajo hecho especialmen- 
te por el padre Iglesias que, á no estar dotado de 
una salud robusta, no habría resistido tan magna 
tarea, haciendo las más de las veces cuatro sermo- 
nes diarios y ocupando el resto de tiempo en aten- 
der al confesonario. I^sta es la mejor recompensa 
del misionero, cuando asi recoje el fruto de su la- 
bor hecha por la gloria de Dios y por la salvación 
de las almas. 

A las cinco de la tarde de este mismo día, mon- 
señor Linares en presencia de los obis|)os, del Ca- 
pítulo y clero hizo la bendición solemne de la co- 
rona de oro de la Virgen del Milagro y de la diade- 
ma real, igualmente de oro, del Cristo del Milagro; 
recibió el juramento al Capítulo, como custodio de 
las imágenes y coronas y se entonó una solemne 
Salve Regina con la Letanía Lauretana por la or- 
questa y coro de cantores, contratados expresa- 



- 619 — 

mente en Buenos Aires para las funciones de los 
tres días siguientes. 

Con estas ceremonias habían comenzado las pre- 
liminares de la coronación, ceremonias anticipadas 
para hacer menos pesada la función del día 13 

La ciudad estaba de gala. El estampido de las 
bombas y de los cohetes, las dianas de las bandas 
de música alegraban los aires y despertaron á los 
habitantes de la ciudad en la madrugada de este 
día. 

Todo respiraba contento y alegría. Las calles es- 
taban embanderadas y las casas con sus frentes 
perfectamente decorados; por la noche, el comercio, 
las casas particulares, los edificios públicos, entre 
éstos la fachada de la Catedral, la pirámide de la 
plaza principal, todo estaba iluminado con profu- 
sión, con instalaciones especiales de luz eléctrica. 

La ciudad había cambiado completamente de as- 
pecto, enormes masas de gente llenaban sus calles: 
peregrinos, personas invitadas, curiosos, gente de 
las catorce provincias argentinas se veía allí que 
había acudido atraída por las solemnidades de las 
fieatas. 

Así se explica el dicho del señor Morales, gefe 
de la estación del ferrocarril de esta ciudad: que 
había tQnido hasta catorce trenes diarios de movi- 
miento de pasajeros, que venían exclusivamente á 
las ñestas de la coronación. 

Creemos nada exagerado si añrmamos que el 
mínimun de concurrentes en los días 13, 14 y 15 
de Setiembre ha sido de 20 mil personas. 



1 



— 620 — 

Para el Excmo. señor arzobispo estaba reservado 
pontiñcar el día 13, como en efecto sucedió. Mon- 
señor Padilla, antiguo obispo de Salta y trasladado 
á la nueva diócesis de Tucumán^ hizo ei sermón 
alusivo al acto de la coronación. 

Pasada la misa se organizó una procesión con las 
imágenes del Cristo y Virgen del Milagro desde el 
lugar donde éstas se encontraban hasta ei vestíbulo 
exterior del templo, en donde se celebró la impo 
nente ceremonia de la coronación de ambas imá- 
genes por monseñor Linares, acompañado de todos 
los obispos, revestidos á la sazón de pluvial y mi- 
tra; de los altos poderes públicos de la provincia* 
de jefes y militares del ejército y de inmenso con- 
curso de pueblo, que llenaba todas las avenidas 
de la plaza. 

El pueblo que parecía recogido al verifícarse tan 
imponente acto estalló en gritos delirantes de ¡Viva 
María, la madre de Dios! viva el Cristo del Milagro! 
al entonarse el Regina Cceii por el coró de canto- 
res, y luego el Te Deum^ acto que fué saludado 
con el eco armonioso de las campanas que se echa- 
ron á vuelo en todos los templos de la ciudad.. 

Fué aquello un momento verdaderamente solem- 
ne y conmovedor. 

El Cristo y la Virgen recibían el homenaje de 
toda una nación, puesto que, además de los altos 
dignatarios de la iglesia, los prelados argentinos, 
allí hacían acto de presencia también innumerables 
personas de lo más distinguido y espectable de las 
14 provincias argentinas, miembros del foro y del 



— 621 — 

cuerpo médico, caballeros de la alta sociedad, se- 
nadores y diputados nacionales y provinciales. El 
Excmo. señor Presidente de la República estaba 
representado por el señor Gobernador Ángel Zerda, 
así como los demás gobernadores de las provincias 
del antiguo obispado de Salta, que lo eran Tucu- 
mán, Santiago, Catamarca y Jujuy, por otros dis- 
tinguidos caballeros. 

Con el canto del Te Deum las imágenes volvie- 
ron a sus primitivos y respectivos puestos. El se- 
ñor Gobernador Zerda ofreció, como un acto de 
demostración v testimonio de fé un hermoso cirio, 
que fué colocado delante de la imagen del Cristo 
en los días siguientes 

Monseñor Padilla pontificó el día 14; el sermón 
fué pronunciado por monseñor Benavente, de cuya 
palabra elocuente el público estuvo pendiente du- 
rante- una hora y diez minutos. 

El elocuente obispo había tocado incidentalmente 
algunas cuestiones sociales, de actualidad, en rela- 
ción con el tema que desarrollaba, por lo cual se 
le hizo aparecer como fustigador del actual orden 
político de la Nación, por algunos miembros de la 
Cámara de Diputados del Congreso en la Capital 
Federal, lo que motivó una minuta de comunica- 
ción al gobierno para la averiguación del hecho. 

El obispo había dado la voz de alerta á los cató- 
licos argentinos con el doble derecho que le asiste, 
como á obispo y ciudadano católico de su país, 
cuyas tradiciones gioriosas^ cuyos príncipiod de es- 
tabilidad debía sostener conforme á los principios 



— 622 — 

de fe y de liberalidad de los patricios que la fun- 
daron. 

Monseñor Boneo pontiñcó el día 15. La cátedra 
sagrada fué ocupada por el presbítero Yani, quien 
historió las maravillas y portentos del Cristo y de la Vir- 
gen del Milagro, con la palabra fácil que le es peculiar. 

Durante estos tres últimos días á las 5 de la 
tarde y con asistencia de los Rvdmos. obispos se 
cantó la Salve Regina y la Letanía Lauretana, con 
exposición del Santísimo Sacramento. 

El coro especial de cantores y la orquesta habínn 
preparado himnos al Redentor, Letanías de la Vir- 
gen, Salves, etc. etc., de música clásica y del mejor 
gusto. 

La gran procesión de las imágenes debía verifi- 
carse en la noche de este último día, como así se 
efectuó, recorriendo un trayecto de diez cuadras. 

Su organización nada ha dejado que desear% La 
enorme masa humana que había afluido desde las 
primeras horas del día, pudo desarrollarse perfec- 
tamente en todo el trayecto recorrido, y la que no 
cupo en las calles quedó estacionada en el local de 
la plaza principal. 

Fué un acto verdaderamente emocionante, cuando 
el sagrado Cristo del Milagro y la imagen de la Vir- 
gen coronada descendían del vestíbulo de la Cate- 
dral. Había en este acto una majestad que no es 
para describirla! Reinó profundo silencio; las ro* 
dillas se doblaron instintivamente, y mientras par- 
tía de la enorme masa humana una mirada de amor 



— 623 — 

y de veneración hacia las imágenes, todas las fren- 
tes se inclinaron respetuosas. 

Creemos de más enumerar en detalle, aunque 
por otra parte debemos hacerlo para constancia del 
acto, las comunidades y asociaciones religiosas que 
vimos desñiar ó lo largo de las calles mientras re- 
corría la procesión. Allí estaban los Canónigos R. 
Lateranenses, la comunidad franciscana de propa- 
ganda fide de esta ciudad, P. P. del Santísimo Re- 
dentor, comunidad de padres dominicos venidos de 
Córdoba y de Tucumnn, el seminario con la dele- 
gación del de Córdoba, el clero secular diocesano 
y párrocos, el Capítulo de la Catedral y los seño- 
res oDispos, El Excmo. señor Gobernador acom- 
pañado de altos funcionarios, cerraba este hermoso 
acto de fé pública de homenaje á Jesucristo y á ia 
Santísima Virgen María. 

Numerosas asociaciones, con sus estandartes é 
insignias, como la de las Hijas de María, estaban 
allí tannbién, las peregrinaciones venidas de Cata- 
marca y Tucumán, la Tercera Orden franciscana, 
diversas cofradías y colegios de niños y niñas, como 
los de Santa Rosa, el Huerto, Sacramentarias y otras. 

La procesión seguía una marcha lenta entre can-, 
ticos piadosos populares, que diversos coros de 
niños y niñas entonaban en los intervalos que de- 
jaban las marchas triunfales de las bandas de mú- 
sica, cánticos que eran respondidos por la enorme 
ola humana que marchaba con cirios encendidos, 
llenando las calles que recorría la procesión. 

Después de dos horas de esta lenta marcha triun- 



— 624 — 

fdl, todo había terminado, es decir, quedaban clau- 
suradas las expléndidas ñestas que el pueblo ar- 
gentino había presenciado en la ciudad de Saita^ 
con motivo de la coronación de la Virgen del Mi- 
lagro, invocada con toda verdad con este hermoso 
título por sus prodigios maniñestos, y del Cristo 
del Milagro, ángel tutelar de Salta y de los hombres. 

Cuando las sagradas eñgies se hallaron de regre- 
so en el vestíbulo del templo, los señores obispos 
de pie delante de las imágenes, bendijeron en alta 
voz al pueblo. 

Monseñor Terrero y Monseñor Cabanillas pon- 
tiñcaron en los días siguientes, habiendo en estos 
días ocupado la cátedra sagrada el señor presbí- 
tero Orzali, cura de Santa Lucía de la Capital Fe- 
deral, y el presbítero Pedro M. Oviedo, director de 
la peregrinación catamarqueña. 

Durante las noches de los días 13. 14 y 15 se 
quemaron variados fuegos artiñciales, que sin duda 
fueron un elemento más que contribuyó al regocijo 
del pueblo. Las bandas militares, cedidas galan- 
temente por el coronel López, lo mismo que la del 
piquete de policía por el señor intendente, dejaron 
oír las armonías arrebatadoras desús mejores pie- 
zas durante noches sucesivas. 

No cerraremos esta crónica hecha á grandes 
rasgos, sin manifestar el auxilio decidido prestado 
por los poderes públicos de la provincia, por el la- 
tendente Municipal Sr. Abel Zerda y por el vecin- 
dario de la ciudad^ para imprimir el mayor reaiee 
posible á las ñestas del Milagro. 



— 625 — 

Una cosa nos queda por agregar, el acto de re- 
paración y desagravio ofrecido por los obispos al 
jefe de la cristiandad, á Su Santidad León XIII, el 
día 20 de Setiennbre. 

Después de una misa solemne oficiada por el Ca- 
pítulo con asistencia de los Rvdmos. obispos, se 
expuso el Santísimo Sacramento, cantándose en 
seguida las letanías de la Virgen Coronada. El 
Excmo. señor arzobispo recitó las preces litúrgicas 
y terminó dando la bendición con el Santísimo. 

Hé aquí la ligera crónica que hemos escrito para 
constancia de los solemnes cultos celebrados en la 
Iglesia Catedral de Salta, con motivo de la coro- 
nación de las imágenes de Nuestro Señor del Mila- 
gro y de Nuestra Señora del Milagro. 

Los discursos que se han pronunciado durante 
los cultos celebrados, con excepción de los dos 
últimos, los publicamos separadamente. 

Remitimos á ellos al lector, á cuyo ilustrado cri- 
terio dejamos la consideración de esos capítulos 
de oratoria sagrada. 



APÉNDICE III 



Reproducimos el siguiente artículo que publica- 
mos después de impresos los primeros capítulos del 
presente libro, en vindicación de la memoria del 
Iltmo. obispo Victoria, é insertamos en él una caria 
del obispo Trejo en la cual hace mención de la 
translación de la Catedral, y de otros asuntos de 
aquellos lejanos tiempos, dignos de ser conocidos. 
Insertamos también el Memorial á que se refiere en 
la carta. Es un documento de verdadero interés 
histórico sobre la creación de obispados é intenden- 
cias, en el que el prelado tucumano expone al Rey 
un juicioso dictamen. Sus indicaciones fueron acep- 
tadas casi en su totalidad, lo que evidencia la jus- 
ticia que se hizo á su palabra. 

Sigue el artículo á que nos referimos. 



EL PRIMER OBISPO DEL TUCUMÁN 

Fray Francisco Victoria 

Hawta hace poco no habíamos leído un escrito 
publicado en la «Revista del Arzobispado», corres-; 



- 627 — 

pondiente al mes de Septiembre último, que trata 
de la «Llegada de los primeros jesuítas á la Re* 
pública Argentina», escrito sobre el cual se nos ha 
llamado la atención por el apocamiento que se hace de 
la memoria del exclarecido obispo Victoria, digna 
de mejores recuerdos. 

Y no es la primera vez que esto pasa con el ilus 
tre obispo, siempre sobre el mismo tema que forma 
el proceso de su delito: anteriormente se publicó, 
no recordamos si en Córdoba, algún otro escrito 
basado en documentos ó cartas de la época, en los 
que aparece interviniendo en negociaciones como 
el primer comerciante de su tiempo. Hoy se repite 
el cuento, aunque se descartan los documentos co- 
mo de fuente sospechosa; se deja en pie. sin em- 
bargo, su afán por el lucro, sus empresas comer- 
ciales, que lo apartan del cuidado de su iglesia, su 
genio áspero que en él, se afirma, constituye un 
doble defecto, no por ser obispo como más observa- 
dor práctico de las virtudes, sino por razón de ex- 
tranjero; queda, pues, la misma acusación. 

Se nos envía copia de una carta del obispo Trejo, 
sacada del Archivo General de Indias v fechada á 
8 de Abril de 1607, que levanta la persona del obispo 
Victoria, haciendo conocer, aunque incidentalmente, 
el empleo que este daba á su afán por el lucro^ 
con que se lo tilda, por el medio de que se vale 
para arbitrar recursos en favor de las grandes obras 
que estaba llamado á emprender en su vasta dió- 
cesis. 

El documento es precioso en todo sentido, pues 



— 628 — 

por él se viene también en conocimiento que la 
¡dea de trasladar la sede episcopal á Córdoba, co- 
menzó á formarse de tiempo muy atrás, casi un 
siglo antes de haberse ella verificado. 

Lo (jue nos extraña sobremanera, es el criterio 
con que hoy se quiere juzgar la conducta de aquel 
prelado, maltratada por una acusación que si es 
apasionada en los motivos que le dan base, no es 
menos ligera en la crítica del que la expone. 

Nadie ignora que para juzgar á la luz de la his- 
toria los acontecimientos de otra época, y muy es- 
pecialmente de los que miran al tiempo de la 
conquista, no es el criterio de hoy el que ha de 
formar la responsabilidad de los actos desarrolla- 
dos en ese entonces, sin darse cuenta, ante todo, 
del medio ambiente en que actuaron los hombres 
cuyos actos hoy se pretende fustigar con una crí- 
tica severa. 

Nada más fácil de encontrar, en aquellos tiempos, 
espíritus adversos á todo lo que podía obstaculizar 
al verdadero lucro, desmedido en todas sus formas, 
para acaparar las mayores riquezas que llenaran la 
bolsa del insaciable encomendero. Si el obispo, si 
el misionero no sancionaban con su palabra, ó de- 
jábanse arrastrar por el celo de la justicia para 
condenar la ilicitud de sus actos, ese obispo y ese 
misionero eran mártires de su deber por los odios, 
intrigas y persecuciones que se desencadenaban 
contra sus personas y fama. 

De este modo se han multiplicado documentos 
con acusaciones de todo género, que á la vuelta 



— 629 — 

de siglos tras siglos, han venido á desenterrarse 
como fundamentos de verdad, ignorados, por cier- 
to, por las mismas víctimas, por las circunstancias 
excepcionales de los tiempos que los envolvían en 
el secreto de las distancias y de las intrigas. 

Esas acusaciones suben de punto si el obispo ó 
misionero se permite dentro de los límites de su 
acción, recoger algún resultado favorable por una 
transacción cualquiera con que intenta dar vuelo á 
sus obras y mejorar una situación que, de otro 
modo, acabaría por una ruina completa, aún en lo 
espiritual, por el abandono natural de aquellas, al 
no contar con medios de vida para poder soste- 
nerlas. 

En estas apuradas circunstancias hallábase el ilus- 
tre obispo del Tucumán, Fray Francisco Victoria, 
cuando vino á regir y organizar su diócesis Nos 
imaginamos un hombre colocado en medio de un 
desierto^ destituido de todo elemento de acción, á 
quien se le ha encomendado no solo la propagación 
de la fe en las tribus errantes, salvajes, la organi- 
zación de misiones y la florescencia de un culto, 
sino la formación de centros sociales, de civilización, 
de desenvolvimiento y progreso con el impulso ma- 
terial, moral y cientíñco ó las ciudades. 

El ilustre obispo escaso en bienes de fortuna, nada 
encontró en su diócesis, porque nada había en ella, 
no digo en organización religiosa, sino en elemen- 
tos de vida y estabilidad; encontró sí aldeas en 
formación, que se dio en llamarlas ciudades, con 
elementos isociales degenerados por la depravación 



— 630 — 

de las costumbres, y también por el afán verdadero 
del lucro que siempre dominó al odiado encomen- 
dero ó conquistador. 

Encontró la ruina y la desolación por los asaltos 
.de los naturales; la miseria en toda la extensión de 
la palabra, que rodeaban las pocas iglesias ó ranchos 
fabricados para templos; las misiones, en perspec- 
tiva, que debían establecerse, y reclamaban una 
pronta organización, con los obreros que debían 
evangelizar el corazón inculto de los millones de 
inñeles r|ue poblaban el extensísimo obispado del 
Tucumán. 

En tal situación, ¿cómo debía desenvolverse el 
fustigado obispo? ¿Cómo atender tantas necesidades? 
¿Cómo llenar lo imperioso de tantas obras que se 
agolpan á la vez y reclaman vida y aliento del celo 
a|)ostólico del exclarecido obispo Victoria? 

Por cierto, en su actividad encontró el medio que 
hasta hoy le vale una condenación, tal vez el único, 
para facilitar el viaje de los misioneros, por una 
parte, y procurarse, al propio tiempo, algunos re- 
cursos para hacer venir otros por distinta vía, como 
sucedió que unos misioneros trajo por la vía del 
Perú y otros del Brasil para llenar sus deberes pas- 
torales; y, además, poder emprender otras obras, 
como lo hizo, de abrir la primera escuela en la ca- 
pital de su diócesis y los cimientos de su Catedral, 
digna del culto, de la religión y de Dios. 

El íifán por el lucio, como se le quiere hacer apa- 
recer, no es ciertamente el lucro del avaro, es el 



— 631 — 

Zelus domus tuce que devora á los verdaderos pas- 
tores que se afanan por el decoro de la casa de Dios. 

Este es el verdadero afán y lucro que absorbe al 
Iltmo. Victoria: convertir los pueblos y civilizarlos 
por la fe. 

Cargas tantas y tan onerosas pesan únicamente 
sobre el obispo; él solo, en sus apurados momen- 
tos, debía proveer á esas múltiples demandas; y 
para esto no necesitaba dejar mal parado su nom- 
bre por su afición al comercio y amor al lucro, por 
su avaricia de mercader insaciable en negocios ilí- 
citos; bastaba el buen sentido para s;ervir de gufa, 
en lo que se ha llegado á clasificar de indigno en 
un prelado de la talla del memorable obispo del 
Tucumán, cuyos tratos nada tienen de reprochables, 
como hoy podrían hacerse con la misma licitud con 
que procedió, en su época, si no hubiesen cambiado 
los tiempos, las costumbres y las leyes. 

El negocio vituperable consiste en la inversión 
que dio á sus pocos ahorros, en fletar naves mer- 
cantes para impulsar la introducción de mercaderías 
en las comarcas de su obispado y de Potosí, medio 
arbitrado por la miseria y las restricciones que su- 
fría el comercio, monopolizado, como se comprende, 
por unos cuantos explotadores. Alguna nave llegó 
á comprar, y entre el cargamento que traía á bordo, 
se dice, había sesenta negros esclavos embarcados 
en las costas de África, como mercadería corriente 
de expendio. 

He aquí el crimen que lo arrastra por el suelo 
según los documentos contemporáneos y la crítica 



— 632 - 

de hoy. El obispo compró un barco con toda su 
carga; pero nadie sabe el destino que tuvieron ios 
sesenta negros que hacía parte de ella; y aunque 
hubiesen sido puestos en remate público, nada hay 
de vituperable, desde que lo autorizaba el uso co- 
rriente de la época^ — y es por esto que, según las 
crónicas, la Aduana de Buenos Aires les dio entrada 
como parte del cargamento de ultramar. Nadie ex* 
traña, sin embargo, que antes y después de este 
hecho, por más de dos siglos, ha continuado en- 
trando la misma mercadería, como la esclavitud 
continuó hasta los tiempos de nuestra indepen- 
dencia. 

En lo demás, el prelado tucumano facilita las tran- 
sacciones de los comerciantes, abarata los fletes en 
benefício del consumidor y provee con mayor am- 
plitud á las necesidades que se sienten en su dió- 
cesis. 

Hacer, pues, un capítulo de acusación por este 
hecho transitorio, señalado por la dura necesidad, 
masque por espíritu de lucro, por el bien general 
de los habitantes del Tucumán, sancionado con la 
licitud de las leyes, es una aberración singularizarse 
con el obispo por ser obispo, y dejar impune á lo8 
que traficaron durante siglos y siglos con el mis- 
mo cargamento de ébano. 

Bendito lucro, es de exclamar, bendito afán, por- 
que á medida del celo y de la ardentía de ánimo 
para dotar á su diócesis de los mejores obreros 
evangelizadores, que cultivaran la heredad confiada 
á su gran laboriosidad, así ha dado muestras de 



— 633 — 

un desprendimiento excepcional, de ese desprendi- 
miento que no cabe en el corazón del avaro y del 
mercader que solo aspira al lucro para sí, sino en 
el verdadero pastor que todo lo sacrifica en bien de 
la grey que dirige. 

Con ese afán abrió, como ya lo hemos indicado, 
la primera escuela que mñs tarde se había de con- 
vertir en el primer seminario diocesano. 

¿Qué hicieron los célebres gobernadores del Tu- 
cumón para difundir la enseñanza y hacer conocer 
siquiera la o por redonda? Es inútil entrar en esta 
tesis: nada hallaremos. 

Con su afán emprendió la magna obra de su Ca- 
tedral, cuya amplitud no desmerecía de su rango 
de iglesia madre. Sus paredes ruinosas las hemos 
conocido cerca de tres siglos después, que aun ma- 
nifestaban la buena plata empleada por el ilustre 
obispo 

Y es el Iltmo. Trejo quien hace conocer este dato 
precioso, cuando escribe al Rey de España en Abril 
de 1607, así como la miseria de la pobre Catedral 
que no contaba con un ornamento con que poder 
celebrar la santa Misa. 

Léase el documento que transcribimos, y se verá 
al interesado obispo Victoria, primer negociante de 
su época, dejando su plata para levantar la Cate- 
dral de su diócesis! 

Publicamos íntegro el documento por la impor- 
tancia de otros datos que también contiene. Dice 
así : Señor : 

«Satisfaciendo á lo que V. M. me manda en ra- 



— 634 — 

zón del colegio seminario y lo demás de esta iglesia 
Catedral, como por memorial parece, y por los de 
vuestro gobernador Alonso de Rivera y don Fi-an- 
cisco Salcedo, tesorero de esta iglesia, conviene po- 
ner diligencia en que haya seminario, para que los 
que hubieren de acudir al culto divino y al servicio 
de la iglesia esta, tan pobre y necesitada, que es la 
mayor compasión del mundo ver cuan falta está 
de ornamento y de otras cosas muy necesarias para 
su ornato y decencia, que es justo tenga una igle- 
sia Catedral, y remitiéndome al orden y parecer de 
los dichos vuestro gobernador y tesorero, no diré 
más en este caso sino solo suplicar á V. M. la 
tenga en memoria porque no tiene fábrica ninguna; 
y soy de parecer que no se mude de esta ciudad la 
Catedraly porque al presente se va acabando con la 
plata que el Reoerendísirno de este obispado don 
Fray Francisco de Victoria dejó, y las limosnas 
con que yo he acudido, y también los vecinos han 
ayudado con indios y con lo que han podido.» 

«Vuestro gobernador Alonso de Rivera y yo he- 
mos comunicado la orden, que se podría tener, en 
que las cosas de la guerra de Chile fuesen bien 
aviadas de gente y poca costa de V. M., y parecién- 
donos ser el mejor medio mandar que los vecinos 
de todas las provincias y gobernaciones del país 
que quieran ir a Chile a servir á V. M. llevando cada 
uno tantos soldados á su costa por tiempo seña- 
lado conforme la renta de su vecindad, V. M. le 
aumentara una ó dos vidas en su repartimiento, 
conforme al tiempo que hubieren de acudir, y la 



— 635 — 

gente que hubieren de llevar, yo entiendo que esta 
es una advertencia muy esencial para el aumento 
de aquel reino y provecho de vuestra Real hacienda, 
que mandándolo V. M. así, todos los vecinos se 
animaran hacer este gasto á trueco del aumento de 
sus vecindades. V. M tomar deber, ha se entendido 
en esta ocasión, que V. M. manda poner audiencia 
en Chile y sugetar á ella estas gobernaciones de 
Tucumán y Río de la Plata, que es total destrucción 
de ellas, alcancen justicia con brevedad y sin costa, 
les ha de ser muy al contrario porque para ir á 
Chile, está en medio una cordillera que la mayor 
parte del año no se pasa por las muchas nieves que 
hay, después de ser muy largo camino, fragoso y 
despoblado, y con estos inconvenientes la gente ha 
de querer más dejar perder su justicia que no po- 
nerse en riesgo de la vida, lo que no hay estando 
sujetos á la de las Charcas, que aunque es largo el 
camino va se por poblado y en todo él los vecinos 
tienen deudos y amigos, aviándose de caballos, co- 
mida, y van á tierra donde hallHU plata para seguir 
su justicia, y el que tiene algún posible saca lo que 
puede de los frutos de tierra y halla quien se los 
compre, lo que no tiene Chile, porque si los veci- 
nos de aquí van pobres, allá lo estarán mucho más, 
y será total destrucción de estas gobernaciones el 
sujetarlas á aquella audiencia por las razones que 
tengo dichas. V. M. tomar de ver y considerar que 
yo condoliéndome la mucha pobreza de la tierra me 
ha parecido significarlo para que mandándolo con 
cuidado se ponga remedio.» 



— 636 — 

«Vuestro gobernador Alonso de Rivera es tan 
puntual en las cosas de su cargo, que acude con 
gran celo al servicio de Dios nuestro Señor y de 
V. M , como se echa de ver en hacer que estos 
pobres naturales tengan libertad y que sean bien 
tratados y amparados en justicia.» 

«Esta gobernación está tan quieta, gracias sean 
dadas á Dios nuestro Señor, que se podría ocupar 
en ella otra persona, y la de vuestro gobernador 
Alonso de Rivera en la mísera de Chile, porque tan 
buen soldado es bien emplearle en cosas semejan- 
tes, y donde hay tanta necesidad de su persona, y 
hasta deja muy bien entender, porque después que 
V. M. le quitó de ella por la siniestra relación que 
le hicieran, se ha perdido lo que dejó ganado, y 
mucho más, que es cosa lastimosa, y el último y 
eñcaz remedio de aquella tierra sería volverle V. 
M. á ella por la mucha experiencia que tiene de 
aquella guerra, y está tan perdida.» 

«Nuestro Señor á V. M. guarde en aumento de 
mayores estados como la cristiandad le á menes- 
ter. De Santiago de Estero, gobernación de Tucu- 
man, y Abril 8 de 1607 años.— Señor— Fr. Hernando 
de Trejo, obispo de Tucumán.» 

Omitimos el memorial á que se refiere el Iltmo. 
Trejo, que también tenemos en nuestro poder, por 
su extensión, creyendo suficientes las palabras que 
preceden como un homenaje á la ilustre memoria 
del primer obispo de la antigua diócesis del primi- 
tivo Tucumán. 

En cuanto á las asperezas de genio de que ado- 



— 637 — 

lecía el Illmo. Victoria, tal vez pudo tenerlas; pero 
hay una cosa cierta en esto: que nunca chocó con 
sus misioneros. El genio altanero de Lerma nece- 
sitaba una firmeza de carácter, no la irascibilidad 
del obispo, para ser dominado en su infatuada so- 
berbia, de la cual triunfó el Iltmo. obispo del Tu- 
cumán por las vías legales de la justicia, como lo ha 
comprobado la historia. 

Hemos escrito estas líneas, llevados del único ob- 
jeto de volver por la deprimida memoria de un obispo 
que colocó la piedra fundamental de la civilización, 
hoy podemos decir, en todo el territorio de la Ar- 
gentina, con la magnitud de su celo apostólico y 
sus obras, que rechazan ambiciones bajas en el 
misterio de labor que desenvolvió el muy exclare- 
cido obispo Victoria. 

J. TOSGANO. 



Señor : 

Memorial del Obispo de Tucumán para el Rey 
nuestro señor en su Real Consejo de Indias. 

Esta Iglesia Catedral de Tucumán es tan pobre, 
que no tiene posibilidad para estar servida de or- 
namentos decentes y necesarios á la decencia con 
que conviene lo esté, y tener colegio seminario para 
que se instruyan en él las personas que hubieren 
de acudir al ornato y culto divino, que ésta es una 
de las cosas más convenientes á la autoridad de 



— 638 — 

una Catedral y descaríro de vuestra Real conciencia 
que redunda en más servicio de Dios Nuestro Señor. 
Para esto ha dado parecer vuestro gobernador de 
esta provincia, y D. Francisco de Salcedo, tesorero 
de esta Catedral, el que me parece ser acertado, y 
acudiendo vuestra A. á hacer merced de esta Igle* 
sía se remediarán muy bien todas sus necesi- 
dades. 

Por haber caminado toda la tierra del Perú des- 
de Quito, donde me consagré, por no haber en otra 
provincia obispo hasta el Kío de la Plata, que son 
cinco obispados y el Arzobispado de Lima, y tam- 
bién siendo provincias de la Orden de mi padre San 
Francisco, y visitado toda la tierra, y después de 
Obispo haber confirmado desde Quito hasta el obis- 
pado del Paraguay, y en todos estos dichos obis- 
pados tener tanto curso y experiencia de toda la 
tierra, me ha parecido no descargara mi conciencia 
si no daba aviso á vuestra A. para poder dividirse 
en obispados acomodados, conforme á su dignidad 
y descargo de vuestra Real conciencia; y aunque 
otros habían dado memoriales hablaron de oídas, y 
si de vista, será de alguna parte de estos dichos 
obispados, y ninguno puede dar mas entera rela- 
ción que yo, hablo de vista ellos; y así me pareció 
que la división que se hizo de las Charcas en el de 
Chuquisaca y Santa Cruz hicieron siniestra relación 
á vuestra A., por quedar los obispados muy cortos 
y pobres para poder mantener la dignidad episco- 
pal, y siguiendo este memorial creo será más acer- 
tado. 



— 639 — 

Lo primero que del obispado de las Charcas y 
del Cuzco, Arzobispado de Lima y parle del obis- 
pado de Quito, se pueden hacer seis obis|)ados muy 
acomodados, asi en la distancia de las leguas para 
que puedan ser visitados de los obispos, como 
para que puedan sustentarse conforme su dig- 
nidad. 

Y porqué la metrópoli de Lima está muy dis- 
tante de los obispados de Tucumán y Río de la 
Plata, de qué resultan muchos inconvenientes, po- 
dría vuestra A. añadir otra metrópoli con los obis 
pos sufragáneos que por su orden ponía habiéndose 
de hacer la división que en este digo. 

El obispado de las Charcas se haga Arzobispado, 
quedándole de tierra y distrito las provincias de 
las Charcas, Villa de Potosí, las fronteras del Valle 
de Mizque, Jauja, Tomina y Chichas, como lo tiene 
al presente por aquesta parte, y por la del mar, 
Pasco, Atacama y el puerto de Arica con la costa 
de Sacia, Chile y Carangas, Quillaca y Tomeques, 
y quedará un arzobispado muy bueno para que el 
Arzobispo lo pueda visitar y descargar vuestra real 
conciencia. 

Otro obispado en la ciudad de la Paz con todo 
su distrito, que son: Pasajes, provincia de Oma- 
suyo, los Andes, Larecaja y valles de Chuquiabo, 
minas de Oruro que entran en el corregimiento de 
Paria, y valle de Cochabamba y pueblo de Pucana, 
con todos sus Andes, y los tres pueblos que están 
poblados en la Barranca, que son San Lorenzo cíe 
la Frontera, Santa Cruz de Sierra, y otro que fun- 



- 640 — 

dó vuestro físcal de la Real Audiencia de la Plata; 
y si la Catedral se fundase en la villa de Oropesa, 
valle de Gochabamba, sería más acertado por estar 
más en medio de su distrito. 

Otro obispado es la ciudad de Arequipa, que aun- 
que ha estado todos estos años trabajoso respecto 
del volcán que reventó, ya va en muy á mejoría y 
esperanzas de que volverá á su ser. A este obis- 
pado se le pueden aplicar las provincias de Chu 
cuito y |)ueblos del Callao queconfinan con la dicha 
provincia, desde Pancar colla hasta Huana y Ca- 
barella, que es distrito de Arequipa, la provincia 
de los Collaguas, toda la costa de Arequipa, desde 
Arica inclusive hasta la Masca exclusive, donde 
entra el valle de Moque.í,^ua, Cámara y los demás. 

Otro obispado, que es el de Cuzco, con todo su 
distrito, que tiene quitado lo que se da á Arequipa, 
y quede con el restante del Callao, Canas y Can- 
chas, Carabaya con el distrito de Guamanga, Co- 
tabambas, Omasuyas, Parina, Cochas con todo lo 
demás que confina con el Arzobispado de Lima. 

Otro el Arzobispado de Lima con toda la costa de 
la Nasca hasta Saneta y la sierra, como la tiene el 
dicho Arzobispado y las provincias de Ilacuillo. Jau- 
ja con la ciudad de Huanuco hasta confinar con 
Guamachuco y Cajamarca. 

Otro obispado en la ciudad de Jucarillo con los 
llanos todos y costa de la mar, desde Saneta hasta 
Paita y Tumbes inclusive, y la sierra que son las 
provincias de Guamachuco, Cajamarca y Cajamar- 
quilla, Chaupi y Yungas, y ciudad de Chachapo- 



— 641 — 

yas, con todo su distrito, pueblo de Mocabamba, 
y la ciudad de Santiago de las Montañas, la que 
con los llanos de Jayanca hasta paita y Tumbes, se 
quita al obispado de Quito por estar más cerca de 
Trujillo. 

El obispado de Quito se queda con todo lo que 
tiene quitado la parte que se señala, y con esto 
quedan muy acomodados. 

Y para los obispados sufragáneos que se han de 
hacer á los arzobispados de las Charcas y Lima, 
serán: á las Charcas, cuatro obispados, que son el 
de Arequipa, Chuquiabo, Tucumán y Río de la Pla- 
ta; y al Arzobispado de Lima, seis obispados, que 
son: Cuzco, Chile, Trujillo, Quito, Panamá y Nica- 
ragua. Y de esta manera quedan bien acomodados 
y sin tan prolijos viajes. 

Condoliéndome de la desventurada provincia de 
Chile, y como cada día va en mayor disminución, 
considerando de la suerte que pudiera V. A. acudir 
á ella con abundancia de gente y sin costa de la 
real caja, es que los vecinos de esta provincia del 
Perú que quisieran ir á servir á V. A. á Chile, con la 
cantidad de gente que se les señalare y tiempo li- 
mitado, conforme á rentas, se les aumentare una ó 
dos vidas, como pareciere convenir, y pues vues- 
tros reyes y gobernadores las dan á quien quieren, 
será de mayor servicio y aumento á vuestra real 
hacienda se haga, como digo, y no habrá vecino 
que no quiera ir por aumentar su vecindad, que con 
ser esta provincia tan pobre, tratándolo con algu- 
nos vecinos me han dicho irán con gran ánimo á 



servir á V. A. Paréceme que es negocio de con* 
sideración : V, A. lo mande ver. 

DeseaiKio siempre el aumento de es4a tierra, que 
taiita necesidad tiene de él, y oonociendo cuento lo 
proveerá V. A. sea entendido mande poner Audien- 
cia en Chile y á ella sujetas estas dos gobernacio- 
nes deTucumán y Río de la Plata, que es gran des- 
trucción de ellas, que de mes de haber tan lai*go 
camino, despoblado y fragoso, está en media la cor- 
dillera, que la mayor parte del año por las muchas 
nieves no se pasa y yendo de aquí á las Charcas es- 
tos pobres vecinos van por poblado, y aunque el 
camino es largo, es seguro y sin impedimento, adon- 
de tienen deudos y amigos que les favorecen con 
caballos, comida y lo necesario para su viaje, y van 
á tierra donde se acomodan y hallan plata para sus 
negocios, y si tienen algún posible sacan los frutos 
de la tierra y hallan quien se los compre— de todo 
esto carecen en Chile, y antes querrán los vecinos 
de estas tierras perder su justicia que la vida, ha- 
biendo de pasar tantos trabajos y peligros en ir á 
Chile; yo como padre de esta tierra compadecién- 
dome de la pobreza de ella y queriendo dar aviso ?> 
V. A. para que no pase cosa semejante, que es total 
destrucción de estas provincias— /femando rfe Trejo^ 

m 

Ob¡s()0 de Tucumán— {Hay una rúbrica). 



APÉNDICE IV 



Ereción de la Iglesia de Salta 



Nos Don Nicolás Videla del Pino, Obispo y Co- 
misario Apostólico, habiendo recibido las anteriores 
Letras Apostólicas, y Reales, y deseando cunriplir 
las superiores órdenes que ellas contienen con el 
respeto y obediencia que corresponde, como es 
nuestro deber en razón de nuestro cargo y oficio; 
por tanto, usando de la Autoridad Apostólica, y 
•Regia de que estamos investidos en esta parte, para 
instituir en dicha nuestra Iglesia Catedral de Salta, 
en honra y gloria de Dios, y de la Inmaculada 
Virgen María, y de los bienaventurados Apóstoles 
S. Felipe y Santiago, bajo cuyo título fué erigida 
por S. Santidad el Papa Pió VII, en conformidad al 
método y forma de las demás Erecciones aproba- 
das por la Sede Apostólica, y Nuestros Reyes Ca- 
tólicos, las Dignidades, Canongias, Prebendas, 
Raciones, y demás Beneficios y Oficios Eclesiás- 
ticos, en el número y forma que creyéremos con- 
venientes, tanto en la Ciudad, como en toda la Dio- 



— 644 — 

cesis^ por el tenor de las presentes letras erigimos, 
creamos, é instituimos. 

1— En primer lugar el oficio de Dean, el que que- 
remos que sea la primera Dignidad, después de la 
del Obispo, y que cuide de que el oficio Divino, y 
todo lo concerniente al Culto de Dios, se desem- 
peñe debidamente, con el silencio, honestidad, y 
modestia que conviene, asi en el Coro, como en el 
Altar, y en las procesiones dentro y fuera de la 
Iglesia, en el cabildo, y en cualquiera parte que se 
reuniere el Capítulo: pertenece también al Dean, el 
dar licencia á los que hayan de salir del Coro, con 
tal que tengan justa causa para ello, y no de otra 
manera. 

2 - Creamos también el oficio de Arcediano de la 
misma Iglesia, á quien incumbe el examen de los 
que han de ordenarse, y el deber de asistir al Pre- 
lado» cuando celebra solemnemente, y hacer la vi 
sita de la Diócesis, si el Prelado se lo mandare, y 
desempeñar otros objetos, que por derecho común 
le incumben: el Arcediano debe ser graduado en 
alguno de los derechos, ó á lo menos, de Bachiller 
en Sagrada Teología. 

3 — Instituimos así mismo el oficio de Chantre, al 
cual ninguno puede ser presentado, sin que sea 
docto y perito en el canto llano, cuyo oficio será 
cantar en el facistol, y enseñar á cantar á los que 
sirvan en la Iglesia, y ordenar, enmendar, y corre- 
gir en el Coro, y en cualquiera parte todo aquello 
que es relativo al canto, por sí mismo, y no por 
otra persona. 



— 645 -- 

4— Establecemos también el ofício de Maestre- 
Escuelas, al que ninguno debe ser presentado^ sin 
que sea graduado en alguno de los derechos, ó 
Bachiller en Artes por alguna Universidad Gene- 
ral, el cual estará obligado á enseñar la gramática, 
por sí, ó por otra persona á los Clérigos, y á los 
que sirven en la Iglesia, y á todos los diocesanos 
que quisiesen oir. 

5 — Instituimos del mismo modo, el ofício de Te- 
sorerOy á quien incumbe el deber de cerrar y abrir 
la Iglesia, hacer tocar las campanas, y disponer las 
cosas necesarias del uso de la Iglesia, guardar las 
lámparas, y cuidar de las luces, pan y vino, y de 
las demás cosas necesarias para celebrar, que se 
han de costear de las rentas de la fábrica de la 
Iglesia, debiendo en todo consultar al Cabildo. 

6— Así mismo establecemos diez canongias, y 
Prebendas, las que queremos que estén totalmente 
separadas de las dignidades. Y ordenamos, que 
ninguna se pueda obtener junta con alguna Digni- 
dad; y ninguno sea presentado á dichas canongias, 
y Prebendas, sin que sea primero ordenado de Pres- 
bítero; á los canónigos les incumbe el deber de de- 
cir la misa todos los días, con excepción de las 
fiestas de primera y segunda clase, en las cuales 
debe celebrar el Prelado, ó estando él impedido, to 
hará alguna de las Dignidades. 

7— A más de esto, instituimos seis Raciones, y 
otras seis medias-Raciones: los que fueren presen- 
tados á dichas Raciones, deben estar ordenados de 
Diáconos, en cuyo orden deben servir cada día en 



— 646 — 

el Altar, y cantar además, las Pasiones: y los que 
fueren presentados para medias Raciones, sean or- 
denados de Subdiáconos, los cuales deben cantar las 
Epístolas en el Altar, y en el Coro las Profesias, 
Lamentaciones, y Lecciones. 

8— Queremos también, y establecemos, que no 
pueda ser presentado á las anteriores Dignidades, 
canonicatos, Raciones y medias Raciones, ó á otro 
cualquier Beneficio Eclesiástico de nuestra Dióce- 
sis, aquél que este exento de nuestra jurisdicción 
ordinaria, sea por razón de orden, privilegio, ú 
ofício; y si algún exento llegase á ser presentado ó 
instituido, sea nula por Derecho tal presentación 
ó institución. 

9 — Y, como no es cosa de poco momento nombrar 
Rectores, ordenamos, que podamos nombrar todos 
los Rectores que fueren necesarios |>ara el servicio 
de nuestra Iglesia Catedral, (observando siempre el 
derecho del Real Patronato) los que deben desem* 
penar bien, y rectamente su oficio en dicha núes* 
tra Iglesia, celebrando las Misas, y oyendo confe* 
siones, y administrando los demás Sacramentos con 
solicitud y prudencia. 

10— Instituimos también seis Acólitos, que de- 
sempeñen dicho oficio, y se ejerciten cada día por 
su orden. 

11 —Además instituimos seis Capellanes, á fin de 
que alguno de ellos, asista pei^sonalmente, así en 
las horns diurnas como nocturnas en el facistol 
en el Coro, y en el Altar en la solemnidad de las 
Misas: y que en cada mes celebre veinte mieas por 



— 647 — 

la intenctón de Nuestro Católico Rev. á no eetaí 
tejitiiviameiite impedido, por enfermedad ú otra 
grave causa. 

12— Reservamos, empero, para los Reyes Cató- 
licos de España, y sus sucesores, según les- co- 
rresponde por derecho y Autoridad Apostólica, la 
presentación de dichas dignidades, Canongias, y 
Raciones. 

13— Determinamos que á Nos pertenece, y á 
nuestros sucesores^ de acuerdo con el Cabildo, el 
nombramiento de Acólitos y Capellanes. Y es nues- 
tra voluntad que dichos Capellanes, que en ade- 
lante se eligieren, no sean familiares del Obispo, ni 
aun en tiem|>o de vacaciones. 

14 — El oficio del Sacristán será ejercer lo que 
pertenece al oficio del Tesorero, estando este pre- 
sente, lo hará por comisión de él, y en su ausen- 
cia, lo hará al arbitrio y parecer del cabildo. 

15— El oficio del organista es tocar por deber el 
órgano en los días festivos, y en otros^ tiempos, se- 
gún la voluntad del Prelado, ó del Cabildo. 

16— Elofieío del Pertiguero será poner en orden 
en las procestones al PreJado, al Pi^esbHero, al Diá* 
cono, y Subdiáeono, y á los demás Miiiistt^os del 
Altar; y asi mismo ir acompañando por detante á 
los que van. del Coro á la Sacristía, ó ai Altar, ó á 
los que se vnielven del Altar 6 lai Ssrorífítía, ó al 
Coro. 

17— El oRclo de Mayordbrao, ó Procurador de FA*^ 
erica, y Hospital, será presidir á lo9 Arquitecítós, 
AlbaAiles^ Carpkiteros, y otros oficfales- que,' trsttia- 



— 648 — 

jan en la Iglesia: y, así misn>o tendrá obiigaoión de 
recoger, y expender por sí, ó por otros las rentas 
é ingresos anuales, y cualesquiera emoluoientos, y 
obvenvacione^? pertenecientes á la Fábrica, y al Hos- 
pital, dando cada año cuenta al Obispo de lo que 
hubiere recibido y gastado. Dicho Mayordomo ha 
de ser elegido^ y removido por el Obispo, debiendo 
ofrecer las suñcientes garantías al encargarse del 
desempeño de dicho oñcio. 

18 — El oñcio del Notario de la Iglesia y Cabildo, 
sea poner en su archivo cualesquiera contratos en- 
tre la Iglesia, y el Obispo, el Cabildo, y todos los 
demás, escribir también las actas capitulares; poner 
ademasen el Archivo, y en sus escritos las dona- 
ciones, posesiones, censos, feudos, y las mandas, 
que por ruego se hubieren hecho al Obispo, al Ca- 
bildo, y á la Iglesia, y los que se hicieren en lo 
sucesivo, dando y tomando razón de todo lo in- 
dicado. 

19 — El oñcio del perrero será echar de la Iglesia 
los perros; y barrer, y limpiar la Iglesia todos los 
días Sábados, y vigilias de los días festivos, y to- 
dos los días en que lo mandare el Tesorero. 

20-- Más, queremos que los oñcios de Organista, 
de Pertiguero, Ecónomo, y Perrero se provean por 
solo el Prelado á su arbitrio, pero el oñcio de No* 
tario, ó Secretario debe ser provisto por el Prelado 
de acuerdo con el Capítulo, y el de Sacristán por 
concurso, según la Real disposición, observando el 
Supremo Patronato. 

21 — Aunque en las antiguas Erecciones de las 



— 649 — 

Iglesias de América, se acostumbró suprimir algu- 
nas de las Dignidades, Canongias, Prebendaos, 
Raciones, y oñcio de los instituidos en ellas^ por 
razón de la escasez de rentas, no existiendo esta 
causa en nuestra Iglesia, reservamos á nuestro Ca- 
tólico Rey, y á su Supremo Consejo de Indias, el 
derecho de rafificar, ó disminuir su número, y de- 
signar las rentas correspondientes á cada uno de 
estos empleos. 

22 — Y, por que según el Apóstol, el que sirve al 
Altar, debe vivir del Altar, aplicamos y señalamos 
á todas, y cada una de las Dignidades, personas. 
Canónigos, Prebendados, Racioneros, Capellanes y 
Acólitos, y á los demás empleados, según el nú- 
mero sobredicho, todos, y cualesquiera frutos, ren- 
tas, y emolumentos que les pertenecen, asi por dis- 
posición Real, como por derecho de Diezmos, ó de 
otro cualquier modo, de presente, ó de futuro, para 
que se distribuyan, y dividan entre los mismos, 
más no en igual cantidad, sino en proporción de lo 
que á cada uno le pudiera caber, según una equi- 
tativa regulación. Verbi gratia, 

23 — Al Dean doscientos cincuenta pesos, de á 
cuatrocientos cincuenta maravedís de la moneda 
española. 

24 — A las otras cuatro Dignidades, es decir al 
Arcediano, Chantre, Maestre Escuelas, y Tesorero 
doscientos veinte pesos del mismo valor. 

25— Y, á los Canónigos doscientos á cada uno. 

26 — A los Prebendados de Ración ciento cin- 



— 650 - 

cuenta pesos, y á los de media Ración, sesenta y 
cinco. 

27— •Corresponden asi mismo al Sacristán cien 
pesos; á cada Acólito cincuenta; al organista cien 
[>esos; otros cientos al Pertiguero; cien al Ecónomo; 
cincuenta al Notario, ó Secretario; y finalmente ai 
Perrero, cuarenta. 

28 — Y, como por el oñcio se dá el Beneficio, es 
nuestra voluntad, y en virtud de santa obedienci)^, 
con rigor mandamos, que los dichos estipendios 
seirn con distribuciones señaladas, que se distri- 
buyan cada dia á los que asistan ó cada una. de las 
horas, asi nocturnas, como diurnas, y á los ejer- 
cicios de dichos oficios; de suerte que desde e( 
Dean, hasta el Acólito inclusive^ el que no asistie^ 
re á alguna hora en el Coro, caresoa de estipendio, 
ó distribución de aquella hora; y el empleado que 
faltare al desempeño y ejercicio de su oficio, see 
multado igualmente en cada vez que faltare, con 
arreglo ó en proporción á su sueldo. 

29— Asi mismo queremos, y con la misma auto- 
ridad mandamos, que toda^ y cada una de las^ 
Dignidades, Canónigos, y Racioneros de nuestra 
Iglesia Catedral, estén obligados á residir, y ser- 
vir en dicha nuestra Iglesia por diez meses con^ 
tinuos, ó interpolados en ca€Ía año; y si asi no lo 
hieieren, quedamos obligaéosr Nosotros, y nuestros 
Sucesores, y aun el capítulo en Sede Vacante^ á 
imponerleís una multa, en caso de que la a^iseilcia 
no hubi>ei*e sido |.>or una justa y^ razonable causa. 
Queremos, pues, que dichas multas, sean precisa- 



— 661 - 

mente para la Fábrica de la Iglesia, ahora, y en 
lo sucesivo para siempre. Disponemos asi mismo, 
y mandamos, que si fuere adelante la contumacia 
de las personas inasistentes, se declaren vacantes 
sus Sillas, en conformidad al decreto del Santo 
Concilio de Trenlo, y que se presenten á la Ma- 
jestad Real, otras personas idóneas para que sean 
provistas. Declaramos en este lugar por justa cau- 
sa para la ausencia, la enfermedad, con tal que el 
enfermo permanezca en la Ciudad, ó en lugares 
inmediatos á ella, ó si estando lejos de la Ciudad, 
se enfermare al regresar á ella, ó al disponer su 
viaje de regreso, y con tal que esto pueda acredi- 
tarse con legitimas pruebas, también si la ausen- 
cia fuere por mandato del Prelado, ó el capítulo, y 
por causa, ó utilidad de la Iglesia. 

30— Es además voluntad nuestra, y de consenti- 
miento, beneplácito, y privilegio de dicha Serení- 
sima Majestad; y con la misma autoridad Apostó- 
lica establecemos^ determinamos, y mandamos, que 
los frutos^ rentas, y proventos de todos los diez- 
mos, asi de la Catedral, como de otras Iglesias de 
la Ciudad, se dividan en tres partes iguales, de las 
cuales la una tengamos Nos, y nuestros Sucesores 
para siempre, desde hoy en adelante, para susten- 
tar la carga del Ministerio Pontifical, y |>ara que 
con mas decoro podamos sostener nuestro estado, 
según lo exije nuestra Dignidad, y sin menoscabo 
de nuestra mesa Episcopal. Mas, el Dean, y ca- 
pítulo tengan la otra tercera parte, la que del modo 
dicho debe dividirse entre todos ellos. 



— 652 — 

31 — Aunque la Majestad Católica, por concesión 
Apostólica, y uso de largo tiempo^ y costumbre 
aprobada, ha acostumbrado á tener y recibir ínte- 
gra la tercera de dichas partes, que en España se 
llama vulgarmente Tercias, queriendo alargar para 
con Nos la mano de su liberalidad^ como la extiende 
á cerca de otras partes, ha querido que de aqui 
en adelante, Nos, y nuestros Sucesores, y el di- 
cho Cabildo, quedemos libres y exentos desde hoy 
para siempre del pago de nuestra tercera parte, y 
de la de nuestra iglesia respecto á los Diezmos, 
á fin de hacernos mas deudores y agradecidos con 
tan señalado beneficio. 

32 — Determinamos, ademas, que la otra tercera 
parte se divida en nueve partes, y cuatro de ellas, 
se dediquen para los Rectores y beneñcíados de 
las Iglesias Parroquiales en la forma siguiente, á 
saber: como en cada pueblo ó lugar erigimos una 
Iglesia Parroquial, en la que deben haber dos Be- 
neñcios, uno con Cura de Almas, y otro simple, ó 
sin Cura de Almas, que deben desempeñar dos 
Clérigos seculares, de los cuales el Rector ó Cura 
perciba una parte íntegra de las cuatro en razón 
del Rectorado y de la obligación que les incumbe 
de administrar los Sacramentos, y después de esto 
dividanse las otras tres partes con igualdad entre 
ei mismo Rector y el otro Beneñciado que tiene 
el Beneficio simple. 

33 — A mas de esto el Rector tenga y haga suyas 
todas las primicias de la Parroquia, de las cuales 



— 653 — 

dé al sacristán la octava parte, la cual le asigna- 
mos desde ahora. 

34— Asi mismo de las cinco partes que restan 
de las nueve mencionadas, divídanse tres en dos 
partes iguales, de las cuales, una dedicamos al Hos* 
pital de cada pueblo con el cargo de que estos Hos- 
pitales den la décima parte de ella al Hospital ma- 
yor, que debe existir en la ciudad de Salta. La 
otra parte dedicamos para la Fábrica de la Iglesia. 

35— Disponemos por ñn, y declaramos que, las 
otras dos partes restantes de las cinco menciona- 
das, las dedicamos á la misma Serenísima Majestad 
en señal de reconocimiento de su superioridad, y 
del Derecho de Patronato, y adquisición de esta 
provincia, para que la aperciba y goce en los tiem- 
pos sucesivos. 

SG—Con la misma autoridad dedicamos también 
para siempre á la Fábrica de nuestra mencionada 
Iglesia de San Felipe, y Santiago, todos y cada 
uno de los diezmos de un parroquiano de la mis- 
ma Iglesia y de las demás Iglesias de la Dióce- 
sis, con tal que el tal parroquiano no sea el pri- 
mero, el mayor, ó el mas rico de nuestra Iglesia 
Parroquial, y de las demás Iglesias de nuestra 
Diócesis, sino el segundo después del primero, el 
que debe ser elegido por el Ecónomo de la Fábrica 
de nuestra mencionada Iglesia. 

37— Con la misma Apostólica concesión y dis- 
posición Real, aplicamos á la Fábrica de la misma 
nuestra Iglesia Catedral, desde ahora para siempre, 
todos y cada uno de los diezmos de ladrillo y tejas 



— 654 — 

de esta ciudad; y para las demás Iglesias Parro- 
quiales dedicamos también los mismos diezmos de 
ladrillos y tejas que se fabricaren en sus respec- 
tivos distritos, á fin de que mas fácil y cómoda- 
mente puedan edificarse dichas Iglesias, y aun re- 
pararse, las ya edificadas; prohibiendo estrictamente, 
y bajo de excomunión ó nuestros sucesores, al 
Dean, al Capítulo, é los Rectores y demás benefi- 
ciados, el que ni en lo presente, ni en lo sucesivo, 
se atrevan por ningún pretexto á impugnar la tai 
disposición, ni proteger, ó ayudar a los que la im- 
pugnen, ni aun aconsejarlos para ello. 

38— Ordenamos también, que el oficio, asi diurno 
como nocturno, tanto en la Misa, como en las 
horas canónicas, tenga lugar siempre, y se diga 
según la costumbre de la Iglesia de Sevilla, hacien- 
do siempre uso del canto á la manera de dicha 
Iglesia. 

39— Ademas de esto queremos, y ordenamos, de 
instancia y petición de la misma Alteza, que los 
Racioneros tengan voz en el capítulo, asi en cosas 
temporales como espirituales, fuera de las elec- 
ciones, y otros casos que el derecho les prohibe, 
reservándolos expresamente para los Canónigos 
en especial. 

40— Queremos también, y lo ordenamos, de ins- 
tancia y petición de la misma majestad, que en 
la dicha nuestra Iglesia Catedral, excepto los días 
de fiesta, en los cuales se celebra una sola misa 
solemne á hora de Tercia, se celebren dos cada 
dia, una de las cuales sea á hora de Prima en los 



— 656 — 

primeros dias Viernes de oeda mes, y sea de ani- 
versario por Carlos V de feliz menioria (nuestro 
conquistador), y por Felipe nuestro Católico Rey, 
y demás Reyes difuntos de Castilla, y demás Re- 
yes de España, y sus sucesores. iMas en los dias 
Sábados, sea la Misa en honor de la gloriosa Vir- 
gen María por la sdlod é incolumidad de la pre- 
dicha Majestad Católica. 

41 — Mas el primer Lunes de cada mes, debe 
celebrarse la misma Misa solemnemente por el des 
canso de las Almas del Purgatorio. Pero, en los 
demás dias la tal Misa, puede aplicarse por cual- 
quiera persona que quisiere encomendarla, pudien- 
do el Obispo y los Canónigos recibir el estipendio 
que cualesquiera personas quisieren dar por la 
celebración de dicha Misa. 

42 — La otra Misa debe celebrarse á hora Tercia, 
de la Fiesta, y Feria ocurrente, según el estilo de 
la Iglesia de Sevilla; y cualquiera que celebrase la 
Misa mayor, fuera de la común distribución, ó esti 
pendió señalado á todos los que asistan á dicha 
Misa, gane tres tantos mas que el que asiste á 
cualquiera otra hora del dia, y el Diácono dos, y 
el sub'diácono uno, y cualquiera que no asistiere 
á la Misa mayor, no gane la Tercia, y Sexta de 
aquel dia, sino es que estuviere ausente con justa 
y razonable causa, ó con licencia del Dean, ó del 
que hiciere sus veces en su ausencia, sobre lo 
cual encargamos la conciencia tanto del que pide, 
como del que otorga la licencia. Y, asi mismo 
quien asistiere á los Maitines y Laudes en dicho 



^ 



— 666 — 

día, gane tres tantos mas que el que asistiere é 
cualquiera otra de las horas, y ademas de esto, el 
estipendio de prima, aunque no asistiere á ella. 

43— Queremos ademas, y mandamos, que se reú- 
na el Capítulo dos veces por semana: el dia Mar- 
tes para tratar alli mismo de los asuntos que ocu- 
rran; y el Viernes para ocuparse exclusivamente 
de corregir y enmendar las costumbres, del modo 
de predicar el Evangelio á los neófitos, y de aten- 
der á la conversión de ellos. Trátese también de 
todo aquello que concierne á celebrar dignamente 
el culto Divino y á conservar el decoro del Clero 
en todos sus actos, tanto dentro como afuera de 
la Iglesia. Queda prohibido reunir el Capítulo en 
cualquier otro dia que los prefijados. 

44 — Asi mismo, y con la mismo autoridad y be- 
neplácito de su Majestad Católica, ordenamos y 
mandamos, que cualquier clérigo de primera tonsu- 
ra de nuestra Iglesia, y Diócesis, para que pueda 
gozar del previlegio Clerical, lleve corona abierta 
de tamaño de un real de moneda española, recorte 
los cabellos dos dedos mas abajo de las orejas por 
la parte de atrás, y lleve vestidos honestos, como 
sotana cerrada, ó abierta, y capa (que vulgarmente 
se llama manteo), que llegue hasta el suelo, y que 
no sean de colores vivos, sino de otros honestos, 
y de ello use asi en los vestidos interiores, como 
exteriores. 

45 — Asi mismo, por la misma autoridad Apostó 
lica, y por consentimiento de su Majestad Católica; 
por cuya disposición encontramos erigida la predi- 



— 657 — 

oha Provincia, y la ciudad de Salta, y en esta la 
Iglesia Catedral en honor de los Santos Apóstoles 
Felipe y Santiago; señalamos y designamos por 
parroquianos de dicha Iglesia, las familias, habitan- 
tes, estantes, y vecinos residentes en lo presente, 
y en lo futuro dentro de la ciudad, y en los su- 
burbios; á cuya Iglesia deben ofrecer sus primi- 
cias y oblaciones, y de cuyo Rector deben recibir 
el Sacramento de la Penitencia, Eucaristia y de- 
mas Sacramentos. Autorizamos, v facultamos al 
mismo Rector para administrar dichos Sacramen- 
tos, y percibir las oblaciones de sus parroquianos. 
46— lOs nuestra voluntad, y por la misma auto- 
ridad Apostólica determinamos, y mandamos, que 
después de este primer nombramiento, todos y 
cada uno de estos Beneñcios, ya sean con Cura ó 
sin Cura de Almas, si llegaren á vacar, se provean 
solamente en los hijos paternos de los habitantes 
de esta provincia que hubieren venido hasta enton- 
ces de España ó en lo sucesivo vinieren, ó de sus 
descendientes, previo examen y aprobación según 
la forma hasta acá observada en el Obispado é 
Iglesia Palentina, entre los hijos patrimoniales, mas 
no de los hijos de los naturales que existieron en 
estas islas antes que habitasen ios cristianos esta 
provincia, hasta que nuestro Rey Católico Fernan- 
do, ó sus sucesores dispusieren otra cosa. Mas, 
cuando dichos hijos patrimoniales hubiesen sido pro- 
vistos de esta manera, después de la provisión, ó 
colación hecha en la persona de ellos por la Ma- 
jestad Católica, queden obligados á presentar, y 



— 658 -. 

presenten ante Nos, y ante nuestros Sücesoi^s, los 
0bis|K)9 de Salta^ la ratiñcación ó aprobación de 
dichas provisiones y colaciones de los mencionados 
Beneíicios, dei«tro d